
Este viaje nos llev� durante 8476 km (recorridos mar�timos aparte) con el viejo Renault 21 camperizado hasta la isla de Irlanda y a las Highlands de Escocia desde el 16 de junio al 11 de julio de 2003.
Nos cost� (dos personas 26 d�as, pensi�n completa, extras inclu�dos, 4 ferries, carburante y entradas a monumentos) 3000 �. Vimos 39 ciudades y recorrimos 4 pa�ses.
Poco menos de un mes metidos ah� dentro. Una gozada llena de sorpresas que enseguida empezamos a contar.

1. Salamanca (E) � Iru�a/Pamplona (E)
Preparado el recorrido en su fase de gabinete, utlizando tornillos pintados con laca para bombillas de distintos colores puestos sobre los lugares del mapa que apetece visitar, discutidas las etapas y los desv�os,

despu�s de despachar por la tarde del 16 de junio de 2003 con un buen amiguete que acababa de abrir un bar con zona internet para estudiantes en el barrio del campus universitario, abandonamos Salamanca tras repostar a tope en la gasolinera de El Tr�bol, que a la saz�n era la que ten�a la s�per con plomo de 97 m�s econ�mica.
Antes de llegar al final de la circunvalaci�n de Vitoria/Gasteiz hay un �rea de servicio en la que cenamos. Luego aparcamos muy bien el coche para que pasara la noche de la forma m�s segura posible en un discreto �ngulo del parque de La Taconera de Iru�a/Pamplona, donde nos esperaba un viejo colega cuya hospitalidad aceptamos en su refugio a una manzana de la calle Estafeta.
Las bicis tambi�n estaban inclu�das en el pack. Era mejor no dejarlas sobre el coche sin vigilancia.
Hay que empezar el periplo bien relajados. Hasta ma�ana.

2. Iru�a/Pamplona (E) � C�zac (F)
Una ducha comme il faut, un desayuno rayano en la gula en la conocida cafeter�a Belagua, en Estafeta, y algunas compras por el centro nos despiden de la capital foral rumbo a Francia, previa parada en el �rea de Zuasti, por la A15, autov�a de Berastegui, donde la polic�a aut�noma estaba asistiendo una salida de la v�a que nos hizo tocar madera casi como por resorte.
Las mon�tonas perspectivas de las rectas de las Landas nos fueron invitando a descansar y picar algo de vez en cuando entre pinares en los numerosos aparcamientos que los jalonan. El objetivo, al final, se cumpli�: llegar con luz a la Gran Duna de Pylat.

O sea, sesenta millones de metros c�bicos de arena puestas por el viento en 87 hect�reas hasta alcanzar m�s de cien de altitud, la m�s elevada de Europa, que cada a�o se adentra unos tres metros en el pinar de las Landas. Una experiencia extenuante subir, en vez de por las escaleras de madera por donde iremos cuando volvamos con veinte a�os m�s, desde el bosque por la empinada ladera de sotavento hasta la cresta.
Todav�a tenemos agujetas desde aquel d�a.
Que termin� un poco m�s tarde, despu�s de pasear la costa de Arcachon,

reponer v�veres en su E.Leclerc urbano, cen�rnoslos en el �rea de servicio de Cestas, en la A63, disfrutar al norte de la capital del entorno en el bosque du Lac y, finalmente, dar unas panor�micas de la propia Burdeos,


esa ciudad que se empe�a en imitar la grandeur de Par�s.
Termin� concretamente en la autopista A10, en el �rea de descanso a la altura de C�zac, camino del norte.

3. C�zac (F) � Quimper (F)
Nos aseamos en la siguiente �rea de la que hab�amos dormido, porque era mucho m�s completa. Luego almorzamos en la de Gript-sud, un poco antes de Niort, donde una panda de bichitos voladores se empe�� en hacernos la vida imposible. Es, aparte del calor, una de las cosas malas que tiene viajar en verano.
M�s adelante, en el aparcamiento de Auzay, empienzan ya las mesas para comer a estar dotadas de techo. Los frentes atl�nticos por aqu� ya son m�s pertinaces.

Breve parada en Nantes para disfrutar un poco y hacer unas compras en el Carrefour de la isla. Todo lo fresco nos lo cenamos m�s tarde cerca de Vannes, en el �rea de Marzan, antes de repostar en la circunvalaci�n oeste.
Al final, nos dormimos en una zona verde un poco apartada del �rea de servicio de Quimper, en plena Breta�a, aprovechando la tranquilidad de la gasolinera, que no era de las de 24 horas.

4. Quimper (F) � Rosslare (IRL)
Ese hecho (el estar un poco apartados) propici� por la ma�ana que unos chavales que deb�an de estar de excursi�n con el instituto se pusieran a nuestro lado a echar un partidillo de f�tbol en la hierba mientras el ch�fer repon�a gas�leo, desayunaban y todo eso... los ve�amos desde la cama sin mucho entusiasmo.
Como en Francia ya es completamente normal tener una cultura camper generalizada, entendieron perfectamente lo que est�bamos haciendo all� posados y, cuando el autob�s empez� a pitarles porque reemprend�an la marcha, unos cuantos pasaron corriendo dando voces al lado y golpecitos entre cari�osos y gamberros a nuestra carrocer�a diciendo
� Bonnes vacances!
As� es que fue un despertador adecuado para aprovechar bien el d�a desde temprano. De hecho, lo primero que hicimos es acercarnos a Brest, base francesa de submarinos nucleares, a ver el museo de la Marina

en el castillo, resto de un pasado glorioso en franca decadencia desde la destrucci�n del puerto y gran parte de la ciudad durante la II Guerra Mundial,


que ahora es una capital provinciana nueva, sin mucho inter�s, con mucho olor a sables.
En un �rea de las afueras con el del esti�rcol con que seguramente se estaban abonando los alrededores como protagonista, comimos camino del puerto de Roscoff donde adquirimos sin casi esperas un pasaje combinado turismo+dos personas con destino al puerto irland�s de Rosslare con la compa��a Irish ferries.


A bordo disfrutamos de las atracciones del barco y de la siempre agradable experiencia de ver alejarse la costa del continente, de ver caer el ocaso, de cenar con una suave zozobra... hasta que descubrimos que las butacas eran incomod�simas para dormir. Adem�s, ten�amos reciente una p�sima traves�a nocturna desde M�laga a Melilla en la que no pegamos ojo y acabamos con un considerable dolor de espalda.
As� es que se nos encendi� la luz... ya sab�is que las grandes ideas aparecen de repente... nos miramos... y dijimos:
��Pero nosotros no ten�amos una c�moda cama de matrimonio unas cuantas cubiertas m�s abajo?
As� es que, contraviniendo todas las normas de seguridad y prohibiciones de permanecer en los veh�culos; conscientes de que, de haber habido un golpe de mar que inundara las bodegas, hubi�semos sido las primeras galletas en ablandarse con todos los compartimentos estancos sellados; sabedores de que seguramente nuestra osad�a estar�a penada con una buena multa a abonar en el acto so pena de inmovilizaci�n; bueno, pues a pesar de todo, como lo prohibido atrae sin saber exactamente por qu�, sin ser vistos, con la excusa preparada por si nos pillaban (dir�amos que �bamos a recoger unas medicinas), conseguimos meternos en nuestra cama, cerrarlo todo y no ser descubiertos.
Bien es verdad que nuestra aventura como polizones tuvo su precio: est�bamos junto a las m�quinas y cada rato que pasaba o�amos ruidos sordos; adem�s la temperatura en medio del Atl�ntico y de noche lleg� a subir hasta 35�C. Menudo calent�n...
De tiempo en tiempo pasaba alg�n empleado por nuestro lado sin percatarse de nada, ni siquiera del vaho del los cristales delanteros que no eran tintados, propio de la elevada humedad, de la respiraci�n, del ambiente enrarecido... y de todo lo dem�s...
Algo as� como el final de esta escena de Titanic.

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No es que fuera la mejor noche del mundo en cuanto a descanso, pero oye: mucho mejor que doblados como alcayatas en eso que llaman asientos en la sala de clase turista.
Cuando el ajetreo del resto de viajeros empez� a sentirse en el garaje a primera hora de la ma�ana, nos dio tiempo suficiente para atusarnos y hacer como que lleg�bamos, aprovechando el revuelo.

5. Rosslare (IRL) � Urlingford (IRL)
Con el beneficio de no conducir por la patilla, ganamos nada menos que cinco grados de latitud norte en unas pocas horas. Al desembarcar el marcador de pa�ses visitados se colocaba exactamente en dos docenas con la excitaci�n a�adida de que conduc�amos por primera vez por la izquierda.
Lo cual no es nada traum�tico. En cuanto haces la primera glorieta al rev�s (�o somos nosotros los que las hacemos al contrario?), y te sales de las autopistas por el carril de la izquierda, ya todo te sale autom�ticamente: es f�cil pese a lo que pudiera parecer.
En la carretera convencional N25 que nos lleva a Wexford, de repente, los conductores que vienen de frente se detienen bruscamente aparentemente sin un porqu�.
Y si no llegamos a hacer nosotros lo mismo, casi pillamos a unos peatones poco habituales.

A la entrada de una finca muy boscosa y umbr�a, un poco m�s adelante del episodio de la pata con los patitos, nos comimos todo lo que compramos en un ultramarinos de carretera usando la tapa del maletero como mesa.
Antes de entrar del todo en Dublin por la N11 pillamos un mont�n de obras y un atasco verdaderamente madrile�o que empezaba a remitir. Por lo que nos apalancamos mientras en un �rea de servicio a la entrada para hacer labores de mantenimiento rutinarias durante un rato largo.
Escogimos para estacionar la puerta de un pub de barrio, no muy lejos de la catedral de San Patricio.

La verdad es que la capital de Irlanda est� llena de rincones bonitos que fuimos alcanzando c�modamente con las bicis: sus pintorescos puentes, la casa de Aduanas,


el c�ntrico complejo universitario en donde se incardina el Trinity College...


Disfrutamos much�simo del ambientillo. Hay que decir que es una ciudad donde b�sicamente no se come, sino que se bebe. Ya me entend�is. Nosotros nos metimos en el King de O'Connell y tambi�n recorrimos el Phoenix Park.
Luego por la N8 llegamos hasta una gasolinera de la cadena Texaco, en Urlingford, y en sus traseras nos acostamos tranquilamente.

6. Urlingford (IRL) � Moher (IRL)
Una visita r�pida en la peque�a localidad de Cashel al castillo que lleva ah� m�s de ocho siglos viendo pasar los tiempos,

y una comida en el �rea de descanso (con g�libo limitado a 2 metros) de Fermoy,

nos entretuvieron la ma�ana antes de llegar a Cork, la segunda ciudad del pa�s, que a esa hora bull�a en la zona comercial, a pesar de unas feas obras que ocupaban toda la calle principal del centro (St Patrick), sin duda para acondicionarse de cara a los fastos de la Capitalidad Cultural que se iban a celebrar en 2005.

Por cierto, para todos los que ten�is ordenadores Mac, es all� justamente donde est� la central log�stica de Apple Europa para servir los pedidos.
Se aparca muy bien en Cork. A pesar de eso, bajamos las bicis en la ribera opuesta a la estaci�n de autobuses (Penrose Quay) y cogimos fuerzas en este caf� llevado por una hacendosa parejita de chicas

para recorrer los brazos que forma el r�o Lee

a su paso por el centro, donde destaca la fotog�nica Catedral de St Fin.

Tambi�n para comprobar c�mo se las gasta el ayuntamiento para llevarse los veh�culos mal estacionados. Con dos cojones.

Hay que decir, a colaci�n de la se�al�tica de tr�fico, que en Irlanda se lleva mucho la serie romboidal, o sea, esas se�ales amarillas para todo, de dise�o mejorable, que apenas se ven en el continente.

De lo �ltimo que vimos antes de abandonar Cork, fue esta curiosa funeraria que, entre su parque m�vil, dispon�a de una amplia limousine para hacer m�s llevadero el �ltimo adi�s a la familia del finado.

Vimos la frondosa campi�a irlandesa en todo su esplendor

camino de Limerick, donde estacionamos en un cul de sac (fondo de saco, o sea, calle sin salida),

La zona est� enclavada en un emplazamiento privilegiado sobre la profunda r�a del Shannon,


fortificada por el Castillo del Rey Juan.

En otro rey, el de las hamburguesas de sabor estandarizado, engullimos algo de grasilla de la mala para dar calor�as a los pedales.
Anduvimos, adem�s de por lo t�pico del centro, un poco por los barrios, donde la vida cotidiana es m�s aut�ntica. Ves a la gente como es. No la ves comprando regalos ni haciendo papeleos en las oficinas. Bueno, en realidad, lo que vimos tampoco es cosa de todos los d�as... porque en una casa de planta baja hab�a lo que parec�an dos coches de la polic�a secreta plantados en la puerta y registrando la vivienda. Ya sab�is: rollito redada, gafas oscuras, planta de matones mirando alrededor... Optamos por no seguir presenciando aquella escena. Nos recordaba demasiado a cosas parecidas que suceden en algunos pueblos de EH.
Aunque tambi�n lo hemos visto en Suiza, no nos extran� nada que en un pa�s que le da con ganas al levantamiento de vidrio, haya prec�samente contenedores espec�ficos para los tres tipos de colores (marr�n, verde y transparente), aparte de los dem�s ya conocidos (papel, pl�stico...).

Algo m�s de comida parando por la carretera N85 y alcanzamos la fachada oeste de la isla. La noche era oscura. El espect�culo de la ma�ana siguiente ni siquiera se adivinaba. Muy cerca de la valla protectora de los escarpados cortes de los acantilados de Moher, a un kil�metro del negocio de su aparcamiento de pago, sin m�s compa��a que un viento cortante que ululaba a intervalos, nos acurrucamos bien calentitos.

7. Moher (IRL) � Maghera Cross (UK)
Al despertar a media ma�ana el lugar al que nos dirigimos con las bicis ya estaba atestado de coches, c�maras, poses para la posteridad, y, entre los m�s ni�atos, bravuconadas jugando con la muerte segura de despe�arse, seg�n zonas, m�s de doscientos metros de ca�da libre.


Como pasa en otras fotos de precipicios que aparecen en relatos de sitios parecidos, hay que decir que no reflejan ni una �nfima parte de la sensaci�n de v�rtigo que se siente al asomarse a estos balcones sobre el vac�o. Una corriente el�ctrica hormigueante te llega hasta la punta de los dedos, te estremece de arriba a abajo... con un sudor fr�o que empapa las manos...
Un lugar impresionante. No hay palabras. Te sientes peque�ito frente a la inmensidad de la naturaleza.
En la gasolinera de Kinvarra (en la cat�lica Irlanda los domingos se cierra todo) nos despacharon el pan y junto al coqueto cementerio, que comparte aparcamiento con la iglesia, nos comimos unos bocatas riqu�simos como lagartijas al sol.
Cuando �bamos a aparcar en una tranquila calle de casas unifamiliares a las afueras de Galway, cerca del puerto

apareci� la muy anglosajona creencia de que todo lo que est� delante de tu casa tambi�n es tuyo en forma de se�ora ofuscada que no pod�a creer que, estando toda la acera vac�a, aparc�ramos prec�samente nada menos que delante de su puerta, que por supuesto no ten�a garaje ni vado permanente ni nada de nada.
Nos corrimos un poquito hacia adelante justo delante de la vivienda siguiente, que ten�a pinta de estar vac�a y con signos de abandono: all� donde fueres, haz lo que vieres. Por si acaso.
La High Street del sitio ten�a una agradable animaci�n y nos tuvimos que apear de las bicis para no molestar.

Recordemos: domingo por la tarde. Fuimos de ac� para all�, nos pusimos tibios,

en fin, lo normal a la hora de merendar... luego alg�n local para apoyarse en la barra... hasta que nos apeteci� seguir viaje (repostando en Ballindine) hacia un sitio m�s bonito todav�a: Sligo.
Que no llega a veinte mil almas, pero es recogido, apacible, donde las comisar�as parecen casas de enanitos (all� nos regalaron un plano tur�stico),

las torres castillos de Blancanieves,

y las calles canales donde el tiempo discurre pausadamente.

Nos gust� este escaparate de hogares el�ctricos con brasas artificiales (el de la derecha no estaba mal por casi doscientos eurillos):

En una capilla del centro, unos ni�os sal�an de tomar por primera vez a Jes�s Sacramentado, con gran parafernalia de familiares disfrazados de bien vestidos. M�s o menos como hacen aqu� sus correligionarios.
En el fondo, todo se ajusta a un mecanismo social para evitar el rechazo: los ni�os hacen la primera comuni�n porque tambi�n la hacen sus compa�eros de clase; de adolescentes algunos frecuentan los grupos parroquiales porque se puede ligar m�s; y de mayores, las mujeres se casan por la iglesia para no disgustar a mam� y de paso para parecer princesas por un d�a. Como la Leti.
Y, claro: los maridos, si no comulgan con esta teor�a, tienen que aguantarse. Porque, si no, no copulan.
Esta teor�a, que me confes� hace tiempo un amigo, puede ser cierta o puede que no, pero no me negu�is que tiene su fundamento antropol�gico.
En la localidad de Bundoran, con un poco de hambre, no nos metimos en el restaurante chino de la traves�a porque nos pill� un poco a bocajarro para tomar la decisi�n, as� es que la cena la hicimos m�s adelante, por la N15, en Donegal.

Por esa estrecha franja de terreno por la que Irlanda del Norte (UK) no llega a tocar el oeste de la isla, avanzamos un poco m�s sin salir de la Irlanda republicana. Es la �nica frontera que no es mar�tima que tiene que defender Su Graciosa Majestad.
Luego, a la altura de Londonderry, entramos por fin en el Reino Unido de Gran Breta�a e Irlanda del Norte, que es como se llama oficialmente lo que todo el mundo conoce por las dos primeras palabras.
Un conflicto hist�rico largo y complejo atormenta de violencia a este territorio desde la divisi�n de la isla de Irlanda en 1921. Imposible de resumir, pero es algo as� como una lucha eterna entre los cat�licos republicanos de Irlanda contra los unionistas protestantes, partidarios de que Londres siga ejerciendo su soberan�a e influencia sobre este territorio que oficialmente pertenece al Reino Unido. Mezcla de pol�tica, religi�n e historia. Una bomba de relojer�a.
As� se ver�a por la ma�ana el aparcamiento donde de madrugada conseguimos llegar en medio de la lluvia, pasado Coleraine, en la A2, a la altura de Port Ballintrae, al borde del acantilado de Maghera Cross.
Adoramos dormir en los campers cuando llueve mucho. Es una gozada.

8. Maghera Cross (UK) � Cairnryan (UK)
Nada m�s abrir los ojos, se abri� tambi�n un espect�culo panor�mico ante nosotros con las ruinas del Castillo de Dunluce, el mayor vestigio medieval de toda Irlanda del Norte en este magn�fico emplazamiento mirando hacia el otro lado del parking:

Hay sitios en los que te acuestas pensando que son bonitos y con la luz del sol son una casta�a, y otros como �ste en los que piensas que est�s en un simple aparcamiento de carretera y amaneces as� de gozoso.
El viento fuerte no nos impidi� acercarnos hasta la curiosa formaci�n geol�gica llamada Calzada de los Gigantes. Resulta que en una erupci�n volc�nica sucedida hace 60 millones de a�os, se crearon por enfriamiento del basalto unas cuarenta mil columnas como �stas, la mayor�a con una curiosa cristalizaci�n hexagonal (tambi�n las hay de 4, 5, 7 y 8 lados).

La formaci�n va sumergi�ndose en el mar progresivamente como si se tratara de una carretera adoquinada.


Es un lugar bien protegido, que exige dar un buen paseo hasta llegar a �l desde el aparcamiento, y est� bien acondicionado.
En el supermercado Safeway de Coleraine, retrocediendo un poco por la carretera A2, reponemos vac�os en nuestra intendencia. Luego, en un enlace de la nacional A26 que lleva a la capital, a la altura de Ballymena, nos paramos a comer a una hora en la que los oriundos ya estar�an preparando la cena.
Cuando hubimos aparcado en uno de esos estacionamientos disuasorios que por toda Europa se han dado en llamar P+R (para que la gente deje all� el coche y tome el transporte p�blico al centro), y que result� ser gratuito a esa hora del atardecer, Belfast nos qued� a tiro de una con las bicis rodando por una ciudad sin apenas tr�fico. Y eso que era lunes.
Reivindicaciones pol�ticas por doquier, algunas con genio art�stico...

Un encanto de lugar. Buenos locales, buen ambiente, buen humor. Gente maja la de esta urbe portuaria, abierta, tolerante, muy fresca... Nos gust�.
Y tambi�n con atracciones bonitas. Vimos, entre otras cosas, el City Hall,


la Catedral protestante

y el puerto, que es muy activo,

y donde me gust� mucho por su minimalismo esta p�rgola que luego he tratado de imitar en la terraza de casa para hacer un peque�o cenador.


Por all� cerca estaban las oficinas de la naviera Stena Line.
Y, ni cortos ni perezosos, sacamos en hora valle el billete a la isla de Gran Breta�a y en un corto trayecto que dur� apenas dos horas estuvimos atracados en la localidad escocesa de Stranraer, en una profunda bah�a protegida del Canal del Norte.
El ferry era moderno y confortable. Tan valle era la hora que apenas �bamos cuatro gatos: todo vac�o. �Qui�n viaja entre islas un lunes a las tres de la ma�ana?

Cuando atracamos al amanecer, su gemelo del trayecto contrario ofrec�a de lejos este aspecto:

Con mucho sue�o atrasado, avanzamos un poco fuera de la zona aduanera y nos dormimos a las seis de la madrugada, con esa luz norte�a plomiza, en Cairnryan.

9. Cairnryan (UK) � Dumbarton (UK)
En la gasolinera de Girvan hacemos lo habitual (asearnos, repostar, lavar ropa y tenderla en la secadora del motor...)

Luego comemos tranquilamente en el �rea de servicio de la A77 en Symington y nos adentramos en la aglomeraci�n de la ciudad m�s grande de Escocia, Glasgow.
Nos parece muy c�modo estacionar en una zona mixta industrial-residencial que encontramos en la entrada por el Sur. Exactamente en esta calle:


Anotamos en el mapa el lugar donde hab�amos aparcado, pero cometemos un peque�o error...
C�mara en ristre y sill�n entre las piernas, volamos por la ciudad, por sus puentes,

por sus calles peatonales,

centros comerciales, usamos el metro...
Pillamos al vuelo el coche de alg�n nuevo rico...

Y vimos lo que ya nos hab�a llamado la atenci�n en Irlanda: la gente manga los conos naranjas de las obras de carretera y los coloca en sus jardines (quiz� una reivindicaci�n orangista) o en sitios inveros�miles como �ste:

Como indisciplinados espa�oles de pura cepa, nos saltamos los sem�foros en rojo menos importantes (cuando no hay cruce antagonista, por ejemplo), pero en uno de ellos nos llevamos una buena bronca de un poli municipal.
Apesadumbrados, nos metemos a engullir aros de cebolla en el Burguer King de la estaci�n desde donde sali� el tren correo con destino a Londres, adonde nunca llegaron las 2 631 784 libras esterlinas que transportaba la noche del 6 de agosto de 1963. Lo que la Historia conoce como el Atraco al tren de Glasgow.

Fue prec�samente en otro sem�foro en rojo, pero ferroviario, simulado alimentando la bombilla original con una bater�a mientras se tapaba con un guante la luz verde, donde se tuvo que detener ese tren.
Cuando el ayudante del maquinista baj� a utilizar el tel�fono de poste para averiguar la causa del par�n y vi� los cables cortados le empez� a oler la cosa a chamusquina y volvi� a la locomotora donde ya los asaltantes lo dejaron fuera de escena.
Entonces el famoso Ronnie Biggs, el cabecilla de los ladrones, que se llevaron un chasco al no saber conducir el tren di�sel que era diferente a los que hab�an conseguido dominar un poco familiariz�ndose meses antes con empleados de la compa��a ferroviaria inglesa, lo que hizo fue golpear con una barra de hierro al maquinista para que recorriera media milla con el tren hasta el puente Bridego, que veis en la imagen, en la diminuta localidad de Ledburn, cerca de Mentmore.
Las coordenadas, para los amantes del dato, son:
51�53'58.12''N 0�40'36.52''W
Y el enlace directo para verlo en Google Maps, �ste.

Por cierto, qu� casualidad que en la foto del sat�lite justo estuviese pasando un tren...
Para no despertar sospechas en los dem�s viajeros y a la vez evitar que pudieran intervenir, lo avanzaron desenganchando s�lo el furg�n y la locomotora que quedaron desvinculados del resto del convoy. La gente es lista, �eh?
All� vaciaron sin mucho esfuerzo, por gravedad, todas las sacas en camiones que esperaban bajo el puente, en la carretera. Se llevaron en un momento 3 484 797 �, o lo que en aquella �poca ser�an casi 580 millones de pesetas de hace 45 a�os. Hecha la comparativa de lo que val�a entonces la vida, con ese dinero se podr�an haber comprado en Espa�a unos 1 200 pisos de 100 m2 en el centro de una capital de provincia de precio medio.
Una pasta gansa. Y sin pegar un tiro.
Cuando ya nos cansamos y volvimos al coche para continuar viaje, algo empez� a no cuadrar. El lugar donde presuntamente pon�a en el mapa que hab�amos estacionado no coincid�a. Est�bamos en el barrio, pero no eran esas calles. Muy raro. Dimos vueltas y m�s vueltas, algunas muy largas. Y al final nos rendimos y tuvimos que preguntar a una patrulla de la polic�a que hac�a esperas en la esquina de un parque rodeados de muchos mosquitos.
Fue gracioso porque, como no sab�amos a ciencia cierta el nombre del lugar, le ense�amos al agente la imagen de la c�mara digital con la primera foto que hab�amos hecho a una iglesia justo al lado del coche. �sa fue nuestra salvaci�n: una imagen. Enseguida nos dijeron por d�nde y era en un sitio completamente distinto a los que anduvimos merodeando.
A�n hubo fuerzas para comer algo en el parque Kelvingrove, bajo el famoso museo, y alejarnos de la ciudad hasta una tranquila �rea de descanso en Dumbarton, al lado de una oficina de turismo de �sas que te dan la bienvenida a las ciudades.

10. Dumbarton (UK) � Nairn (UK)
En esa oficina, a media ma�ana, una simp�tica ancianita de moral victoriana, como salida de aquellas series de televisi�n grabadas en tonos pastel, nos inform� correct�simamente sobre los atractivos de las Highlands que ahora enfil�bamos, nos aconsej� castillos, horarios, curiosidades... All� tambi�n nos hacemos con el mapa de Michelin actualizado de IRL y UK. As� da gusto.
Camino de ellas, paramos a comer en una agradable zona de descanso rodeada de cascaditas de ensue�o. Hay que decir ya, de entrada, que todo el norte de Escocia es furgoperfecto.
Al fondo, ya aparece la majestuosa silueta del Ben Nevis (1344 m)

que nos da paso a la famosa falla geol�gica del Glen More (la zona sombreada de amarillo), un hundimiento en anticlinal que conecta la costa noreste por Inverness con la suroeste por Fort William y que est� surcada por seis lagos muy alargados y dos r�os. Como sus separaciones son peque�as, se aprovech� en 1822 para construir el Canal de Caledonia y conectar ambos mares.


Uno de los puntos neur�lgicos de la regi�n es, por tanto, Fort William, al sur, que junto a sus colegas Fort Augustus, en el centro, y Fort George, al norte, eran plazas defensivas del canal que operaron muy bien durante las revueltas jacobitas del siglo XVIII.
Bueno, pues all�, en Fort William, pasamos a comprar al Safeway local un cargamento de chocolates y le dimos de beber su 97 octanos a nuestra sedienta m�quina. Luego vinieron unos agradables paseos por las d�rsenas y esclusas finales del canal

donde nos cruzamos con uno de los trenes que hacen el recorrido desde all� hasta Mallaig.

A nosotros ya no nos daba tiempo seg�n el c�lculo de d�as que llev�bamos hilvanado, pero hubiera estado interesante usar el tren tur�stico (llamado West Highlands Steam Train) que hace el mismo recorrido, porque es un verdadero almac�n de r�cords.

Para abrir boca, Mallaig (1) es el mayor puerto pesquero de Escocia y tiene al lado el lago Nevis, el de menos altitud de Europa; Arisaig (2) es la estaci�n ferroviaria m�s occidental de UK; el lago Morar (3) es el m�s profundo de Gran Breta�a y su r�o hom�nimo es tambi�n el m�s corto de la isla; los 21 arcos del viaducto en curva de Glenfinnan (4) lo hacen el mayor del mundo hecho en hormig�n y adem�s lo recordar�n los aficionados a las pelis de Harry Potter; y el Ben Nevis (5) es la cumbre situada a mayor altitud del Reino Unido. �Alguien da m�s en s�lo 84 millas?
Un poco m�s adelante, en el memorial de Spean Brigde, paramos a merendar. Ah� abajo se ve peque�ito el Renault 21.

Y, por fin, la leyenda nos viene al encuentro: el lago Ness. Que es una cosa como el de Sanabria, pero mucho m�s alargado (37 km). Decepciona un poco porque all� no hay monstruo ni nada similar, sino un peaso negocio en torno a �l de quitar el hipo. Eso s�: tiene m�s agua dulce que todos los lagos de Gales e Inglaterra juntos y adem�s son extraordinariamente opacas para el buceo por los arrastres que hace de las turbas cercanas.

Un �ltimo empujoncito por los tramos finales del canal

y alcanzamos el destino final del viaje: la capital de las Tierras Altas, Inverness. La Escocia en estado puro, los escaparates llenos de faldas kilt...

Est� en un hermoso lugar lleno de sabor

(justo frente al castillo aparcamos),

del que carec�a este supuesto bar espa�ol, especializado en �tapas?, y donde, haciendo honor al nombre del local, La Tortilla Asesina [sic], nos dieron una comida horrible pese a la simpat�a de Juan Ra�l, un apuesto camarero sudafricano que nos atendi� muy bien.
Y eso que a nosotros nos gusta casi todo...
Lo �nico que ten�an de ib�rico era el horario. Todos los dem�s comederos de la ciudad ya hab�an echado el cierre a esas alturas.

En el centro, mientras las gaviotas del cercano Mar del Norte se dejaban casi tocar entre las bicis, nos lleg� la pena de emprender el regreso a casa. Hab�amos llegado al punto de inflexi�n.
No nos fue sencillo encontrar un lugar adecuado para dormir hasta que, no lejos del aeropuerto, un poco antes de Nairn, milagrosamente apareci� un gran ensanchamiento, rodeado de jardines, sin casas cercanas, discreto, silencioso... parec�a el fondo de un �rea de descanso de autopista francesa. Para no molestar en el camino de gravilla, nos colocamos un poco entre la hierba y nos entregamos al sue�o. Era el sitio perfecto... pensamos.
11. Nairn (UK) � Thorntonloch (UK)
Hasta que los pitidos incesantes de un coche de la empresa nos sac� de la fase REM a primera hora de la ma�ana. Por la rejila mosquitera

pod�amos ver a un se�or muy enfadado, seguramente responsable del hotel en cuyo jard�n nos hab�amos metido a dormir. Dec�a constantemente en voz agria y destemplada:
� Do you normally sleep at people's gardens?
Una de nuestras cabezas desorientadas sali� por la ventanilla para confirmarle que enseguida nos �bamos, todo ello entreverado de distintos matices de la palabra sorry. El tipo se march� refunfu�ando y nosotros hicimos que nos tragara la tierra en escasos instantes.
�Nunca os ha pillado el novio de vuestro �ltimo ligue al amanecer en la cama? Pues debe de ser lo m�s parecido... a lo que los andaluces llaman entrarle a uno la fatiga. Fue muy fuerte.
Desde ese d�a recibimos ayuda psicol�gica...
Tras el abrupto despertar, alcanzamos el punto m�s septentrional del recorrido, en la localidad de Elgin, donde duchamos al coche y a las bicis, todo junto, y completamos nuestros vac�os comestibles y carburantes.
Antes de llegar a Aberdeen,

nos servimos el lunch en un �rea de descanso donde no tuvimos la menor duda de d�nde se encontraba la salida de nuevo a la carretera.

En la ciudad, que no es nada del otro mundo, hicimos unas vistas panor�micas, unas compras en el LIDL, unos paseos por la playa, e incluso nos dio tiempo a equivocarnos en una avenida y meternos por la calzada contraria. O sea, por nuestra derecha. No hubo heridos.
La autopista que conduce a Edimburgo nos pas� paralelos al segundo mayor puente del mundo construido por el sistema de m�nsulas, el Forth Bridge, sobre el estuario del mismo nombre.

En una zona elegante de la capital de Escocia en plan barrio de embajadas aparcamos sin mayor problema y bajamos las bicis. Esta foto reproduce el lugar, pero al final de la tarde, cuando volvimos a subirlas a la baca.

Nos pareci� un sitio bonito, animado,

con avenidas preciosas como la sucesi�n de calles del centro llamada Royal Mile.


El Castillo tambi�n nos pareci� precioso, muy escoc�s, con estampa igual de bella a cualquier hora,


en el que andaban preparando los grader�os para alguno de los festivales que se celebran durante todo el verano.

Gracias a ir en bici y no en coche, pudimos meter las narices hasta el fondo del asunto sin que nos dijeran nada.
Todo est� salpicado de pubs que compiten en decoraci�n

y un mont�n de lugares simp�ticos donde pasamos una buena tarde. Que termin� con unas raciones de espirales y pizza en un Hut diferente a los que solemos tener por Espa�a: son m�s bien restaurantes de mesa y mantel, tipo Vips, m�s que pizzer�as de mesitas tipo Mc Donald's y pedido en barra. En Polonia se estilan igual.
Cuando anocheci� del todo, pasamos a la monta�a de Calton Hill (aparcamos en la Royal Terrace) para disfrutar del espect�culo iluminado.

Enseguida nos retiramos a dormir, en un punto de la A1, paralelos al ferrocarril, en un �rea de descanso junto a la enorme central termonuclear de Thorntonloch cuyo circuito terciario se refrigera con el inmediato mar del Norte. Es una disposici�n pr�cticamente id�ntica a la de Vandell�s II, en Tarragona.

Como no solemos llevar en el coche contador Geiger, dorminos muy tranquilos.

12. Thorntonloch (UK) � Heddon (UK)
Jornada de transici�n, fastidiada por una lluvia pertinaz, muy de vida interior y de kil�metros feos. Una toilette r�pida nos despide del punto donde hab�amos dormido y nos lleva hasta el centro comercial Safeway de Newcastle, pero pasando antes por el punto exacto donde se encuentra la frontera entre Escocia (a la derecha) e Inglaterra (a la izquierda).

Lo que m�s nos gust� de la que oficialmente se llama Newcastle upon Tyne fue el precioso puente sobre el r�o Tyne, que ahora en 2008 cumple su octog�simo aniversario. Es lo m�s parecido al de Sydney.
En uno de los amarres de sus bajos, se celebraba a la saz�n una Carlsberg party superanimada llena de gente poco sobria

y por all� estuvimos pasando el rato. �Huy! Se nos ve en la aleta trasera el porrazo que le dimos a la chapa con una papelera de la plaza de Oriente, en Madrid...

Vimos tambi�n la pasarela de colores cambiantes (pasa por muchos diferentes) que centenares de metros m�s adelante reproduce la curvatura del arco principal del Tyne Bridge.


Como hab�amos decidido conocer el Muro de Adriano, al d�a siguiente, y segu�a lloviendo a mares, nos refugiamos en los bajos de un ancho puente de hormig�n dotado de berma bajo la A69, muy cerca de Heddon-On-The-Wall, as� con todos los guiones, donde cenamos tranquilos y secos en la zona del maletero y muy cerca de donde nos retirar�amos definitivamente de la circulaci�n en un �rea cercana.

13. Heddon (UK) � Liverpool (UK)
En el �rea donde hab�amos dormido, junto a una tranquila laguna, fue donde dimos los primeros pasos de la rutina de cada d�a. Por all� nos perdimos (literalmente) antes de alcanzar los distintos fuertes y fortines, en uno de los que comimos, de la Muralla que en el siglo II hizo construir uno de los emperadores romanos nacidos en lo que hoy es Espa�a: Adriano.
Se trata de un muro de unos cuatro metros de alto por tres de grueso que delimitaba el imperio por el norte de la isla de Gran Breta�a. Lo que veis a la derecha de la fortificaci�n ya no era de Roma. La parte de arriba de la imagen es uno de los fuertes mejor conservados: Househeads, donde nos hicimos con unas cuantas postales para mandar a los colegas.

Antes de que se marchara del todo la luz, nos acercamos hasta Blackpool, el centro de ocio masivo de la costa Oeste. Parece un parque tem�tico de la fiesta. Digamos que es como Lloret de Mar, Benidorm, Torremolinos o Playa del Ingl�s.
La gente, b�sicamente, pasa por all� para beber, bailar y follar con guiris, por ese orden de probabilidades. Se masca en el ambiente. Y m�s un s�bado por la tarde...

Nada m�s acabar de merendar en el casi vac�o aparcamiento de un centro comercial cerrado, con algunos botellones desperdigados, se nos acercaron dos rubias bastante desinhibidas. La diferencia era que all� los guiris, los ex�ticos, la novedad, �ramos nosotros.
Cuando terminamos de montar todo lo que quisimos, subimos las bicis y nos retiramos exhaustos a un rinc�n de la gasolinera del enlace 23 de la autopista (M = Motorway) M6, al lado de Liverpool. Por all� ya no hay campo: est� todo en conurbaci�n. Estamos en el meollo de la Revoluci�n Industrial, la cuna del primer ferrocarril moderno, la patria chica de los Beatles...

14. Liverpool (UK) � Newcastle-Under-Lyme (UK)
En el discreto rinc�n que hac�an dos edificios semi-industriales de un barrio a la entrada de Liverpool con los bajos de un taller mec�nico cerrado, con sumidero a la puerta, nos hicimos el aseo de la ma�ana.
Como hab�a parqu�metros tambi�n en domingo, retrocedimos unas cuantas calles hacia una zona de chal�s unifamiliares. Una madre y un hijo de mediada la veintena observaban c�mo aparc�bamos cerca de su puerta y baj�bamos las bicis mientras preparaban los proleg�menos de una barbacoa.
Fueron ellos mismos los que nos saludaron y nos dijeron:
� Dejad el coche justo en nuestra puerta y as� pensar�n que sois familiares nuestros.
Hay gente amable por todas partes.
Visitamos la oficina de turismo, que estaba dentro de la estaci�n,

donde el 1830 comenz� el primer servicio ferroviario de pasajeros de la Historia con destino a Manchester. Muy poco despu�s, en 1837, se inaugurar�an el primer ferrocarril espa�ol (La Habana � Bejucal) y en 1848 el primero peninsular (Barcelona � Matar�).
Cada una en su estilo, las catedrales son muy hermosas (una cat�lica y otra protestante).


Y las calles, donde se ve que nos aprecian,

tienen una modernidad viva y muy populosa. Con todo reconstruido despu�s de los terribles bombardeos nazis del verano de 1940.

En un restaurante chino de trato muy familiar a la entrada de su barrio repusimos fuerzas

antes de volver a ver a nuestros vigilantes gratuitos, con la barbacoa ya terminada, a quienes agradecimos tanta amabilidad.
En las proximidades de la estaci�n de destino de aquel primer tren, Picadilly Station, aparcamos sin buscar demasiado. Y nos pusimos a disfrutar de todo lo que ofrece la ciudad.
Acabamos con las bicis, por casualidad, en un buf� italiano gratuito que ese d�a estaba de promoci�n. En el local, que ten�a hasta internet, un simp�tico loro hac�a reir a la concurrencia.
Otros bombardeos, los que cayeron tambi�n aqu� en los mismos d�as, pero con m�s virulencia si cabe, han dejado el centro sin rastro de antig�edades. Casi todo es moderno,

a excepci�n de algunas construcciones notables como el Town Hall.

Mientras nos comemos unos Magnum de almendras (dichosa globalizaci�n...) por un carril-bici, alguien �no nos pregunt�is por qu� nos tira desde un coche en movimiento una hamburguesa mordida que no nos hizo da�o.
Visto lo m�s importante, nos salimos a la autopista M62 en una de cuyas �reas, dotada de contenedores adecuados, le renuevo su 20W50 por otros 4000 km m�s a nuestro camper; y a continuaci�n enfilamos la M6 hacia el sur, donde todas las �reas de descanso �tienen parqu�metros!
Huyendo de meter peniques donde no queremos y huyendo tambi�n de la lluvia, paramos bajo un puente en el enlace de Newcastle-Under-Lyme (para distinguirlo del del norte). All� ponemos el cub�culo en posici�n noche y, salidos a un discreto ramal sin salida, ya en carretera convencional, nos posamos al abrigo de unos frondosos robles, y tomamos la horizontal por unas horas.

15. Newcastle-UL (UK) � Oxford (UK)
Un grand�simo atasco bajo la lluvia nos acompa�� entre el lugar donde hab�amos pernoctado y los enlaces de la circunvalaci�n de Birmingham, la segunda aglomeraci�n del Reino Unido. Y como no hay mal que por bien no venga, pudimos ver en todo su esplendor a baja velocidad el c�lebre enlace de autopistas de la salida 6 de la M6, que los locales conocen como Spaghetti Junction por razones obvias.


El que quiera navegar un rato por esta mara�a, s�lo tiene que pulsar aqu�.
As� es que nos salimos un rato a comer en el �rea de Corley mientras se disipaba el tr�fico y pusimos proa a la peque�a localidad de Althorp, donde reposan en una peque�a isla los restos de la desventurada Diana F. Spencer, que fue princesa de Gales y protagonista de un cuento de hadas que no acab� nada bien.

Repostamos comida en un s�per y gasolina tambi�n s�per en una estaci�n de servicio de Kettering. Luego, como alumnos que fuimos de la Universidad de Salamanca, y habiendo ya visitado la Sorbona de Par�s y la de Bolonia, vemos que es nuestra obligaci�n completar el elenco de las m�s antiguas de Europa paseando por las de Oxford y Cambridge.
En esta �ltima cumplimos el encargo de un amigo de llevar publicidad de su centro de ense�anza de espa�ol para extranjeros por distintos College de la ciudad.
Es un sitio donde dan ganas de estudiar nada m�s entrar.


En nuestro rodar por la localidad entablamos casualmente conversaci�n con dos chavales de �Salamanca! y de Palma. El mundo es un pa�uelo.

Luego salimos hacia Oxford y, tras equivocarnos sonadamente en un enlace de autopistas cerca de Northampton, tuvimos que rehacer kil�metros para acabar cenando ya muy tarde a las puertas de la ciudad.
En un acomodado barrio residencial, bajo un �rbol muy frondoso, cerramos por fin los ojos.

16. Oxford (UK) � Londres (UK)
No nos pareci� tan encantadora como Cambridge, pero Oxford es un sitio con clase. Bueno... y con clases. Much�simas. Hay muchos estudiantes y los servicios que se asocian a ellos. El que m�s nos interesaba en ese momento era una lavander�a de monedas. As� es que, despu�s de ver el centro en bici,



y comprobar la afici�n por el remo y las regatas,

volvemos a por la ropa al coche y la dejamos perfecta en un local de un barrio bastante animado que estaba, suponemos que no por casualidad, frente a un Kentucky Fried Chicken donde estuvimos malcomiendo mientras la colada progresaba.
Gracias a ser suscriptor de la revista de la Direcci�n General de Tr�fico que entonces se llamaba Tr�fico y que ahora se distribuye bajo el ep�grafe Seguridad Vial, nos enteramos de que muy cerca de all�, en la peque�a ciudad de Swindon estaba construido desde el a�o 1972 un experimento viario que se ha dado en denominar La Glorieta M�gica,
> Verla en Google

que est� debidamente se�alizada como tal.


Vamos a ver: se trata de una glorieta normal situada en una intersecci�n de cinco grandes v�as, varias de ellas de dos calzadas. Hasta aqu�, todo normal.
Lo gracioso de ella es que, de modo previo a entrar, hay tantas subglorietas peque�as como accesos. En este caso, cinco.
Para rizar el rizo, las rotondas peque�as, como estamos en el Reino Unido, se hacen en sentido horario, como todas las dem�s por esos lares. Pero la central, mira t� por d�nde, se hace como en la mayor�a del resto de Europa, en sentido antihorario. Y para acabar de fastidiar el invento, en la central hay que ceder el paso en cada tramo en lugar de llevar la preferencia si se est� girando. O sea, esto:

La cosa tiene un par de ventajas:
1. Que no hay que usar la rotonda central si simplemente se desea cambiar de sentido en una avenida de dos calzadas, como para ir de A a B.

2. Que tampoco hay que usarla si se pretende salir por la avenida situada inmediatamente a la derecha de por la que entramos. Como si vamos de A a D.

Lo complejo viene cuando queremos salir por la situada inmediatamente a la izquierda, porque entonces entran en concurso nada menos que tres glorietas seguidas y en giros alternos, como cuando vamos de A a C.

Entonces nosotros, como somos as� de atrevidos, le echamos valor y decidimos que de all� no nos �bamos sin probarlas todas a la vez. Y, dicho y hecho, hicimos exactamente este recorrido despu�s de tomar aire y tocar un trocito de madera...

�Uf! Fue un mareo que ni las curvas para bajar a Sa Calobra, en Mallorca...
En un brazo de esa rotonda hay un aparcamiento de clientes de la cadena Little Chef y en otro una gasolinera de Texaco. En el primer lugar cambiamos toda la ropa de cama del coche que ven�a reci�n limpita de la secadora de la lavander�a y en el segundo repostamos una vez m�s para poder alcanzar el siguiente objetivo: Windsor, en la periferia de Londres.
All� aparcamos junto a la peque�a estaci�n

y vimos el castillo m�s conocido de la familia real inglesa, ya reconstruido tras el incendio que lo asol� parcialmente en 1992. Un pueblo muy agradable de pasear.

Alguna equivocaci�n m�s al incorporarnos a la autopista M4, una larga circunvalaci�n de Londres (la M25) para entrar a la ciudad por el norte... y ya est�bamos dentro...
Como s�lo se vive una vez, pues nos liamos tanto a disfrutar de la noche brit�nica, que se nos pas� lo de dormir: Un fallo tonto. As� es que empalmamos con el d�a, unos minutos antes de que comenzara la hora exacta a la que para entrar al centro hay que pagar el nuevo peaje.

Una vez rebasada la se�al, ya no hay nada que temer.

17. Londres (UK) � Calnon (F)
No hay cosa m�s bonita que ver despertar a un gigante de su letargo. Cuando la megal�polis de catorce millones de habitantes, casi tres Madrid juntos, comienza a desperezarse, �ste es el aspecto:

Aprovechando la soltura que nos daba haber estado unos d�as alojados por all� en el a�o 2000, recorrimos en plan panor�mico el sector de la City en obras (al fondo, San Pablo, el segundo templo de la Cristiandad)

con la Torre Swiss Re (Vulgo Pepinillo) entonces ya a punto de caramelo.

Finalmente, dimos unas vueltas por la Torre y por su puente

para acabar saliendo de la ciudad (el tr�fico estaba espes�ndose) por los distritos de Kensington, Westminster y el Sur.

Hecha la salida por las M25 y M23, nos zampamos un op�paro desayuno ingl�s en el �rea de servicio de Crawley, donde tambi�n lavamos algo de ropa para no acumular demasiada sucia.
Y, de repente, all� apareci� Brighton, la playa de Londres.
Como llov�a, nos acomodamos a sestear un rato, que falta nos hac�a, en este pintoresco barrio costero, con vocaci�n de Pantone, que bien podr�a estar en el Boca bonaerense.


Tambi�n visitamos por dentro el Royal Pavillon, que parece salir de Las Mil y Una Noches,

en una de cuyas secciones ten�an una exposici�n temporal sobre mobiliario bastante interesante.

Pasamos una divertida jornada por esta ciudad de veraneo, a pesar de lo plomizo del cielo, y acabamos haciendo una peque�a excursi�n para ver los acantilados blancos que se extienden desde Dover hasta el cabo de Beachy Head, a esas horas en bajamar, donde la farera no nos dej� acercarnos demasiado a sus dominios.

La compa��a de ferries Transmanche ten�a un ofert�n de �sos en los que el billete de ida y vuelta era m�s barato que la ida sencilla en tarifa general. As� es que, por 75 libras esterlinas (unos 98 �), nos expendieron el pasaje turismo+2 personas con destino a Dieppe (F) que utilizamos horas despu�s

cuando hubimos cenado en el McAuto de Newhaven, localidad donde se encuentra el puerto.
Al desembarcar antes del alba, un poli franc�s mulatito, al ver que �ramos espa�oles, nos suelta un rollo que no entendimos sobre el tenista Juan Carlos Ferrero que �nos enteramos despu�s por la prensa� acababa de ganar la prueba de individual masculino del torneo de ese a�o en Roland Garros.
Alejados de la zona portuaria, conduciendo por la derecha, ya en la autov�a N27 que lleva a Rouen, nos acostamos en el �rea de descanso de Calnon.

18. Calnon (F) � Par�s (F)
Nos despierta a media ma�ana el rumor mon�tono de unas m�quinas segadoras. En el norte ya es tiempo de cosecha.
Cuando alcanzamos la puertas de Rouen, la capital de la Alta Normand�a, tras reponer gasolina, v�veres y mapas actualizados en E.Leclerc, notamos que hay un jaleo especial. Demasiado p�blico para ser normal. Todos los bajos de los viaductos (sombras muy anchas en verano) por los que la autopista entra en la ciudad est�n llenos de caravanas, furgos, muchos coches familiares... Aqu� hay tomate.
Era nuestra segunda vez en Rouen y la �ltima tambi�n estaban en fiestas. �Vaya lugar m�s animado!
Y es que resulta que se celebraba la cuarta edici�n de una exhibici�n de veleros de la Armada Francesa por el Sena, perfectamente navegable desde La Mancha, que se denomina Rassemblement de grands Voiliers, y que seg�n la prensa francesa reuni� en total durante los d�as 28 de junio al 6 de julio (nosotros aparecimos el 3 de julio) a siete millones de visitantes.


La gente iba vestida de �poca y hac�an bailes... estaba todo muy ambientado.

Despu�s de sacar otros provechos a la ciudad y ver alguna cosa m�s con las bicis, como la Abacial de Saint-Ouen,

hicimos mutis por el foro hacia las afueras porque no nos van nada las aglomeraciones de ninguna clase. Nos gusta la tranquilidad, las compa��as escasas pero de calidad.
Como la que nos hizo una amable panadera-pastelera, cuyos productos consumimos encantados durante la escasa espera del transbordador-barcaza (nuestro cuarto y �ltimo ferry en este viaje) que cruza el Sena entre Duclair y Anneville.

En una de las rotondas para tomar la autopista hacia Par�s, un coche con una familia nos dice a voces:
� D�gonfl�, d�gonfl�!� se�alando a una de nuestras ruedas delanteras.
Como no ten�a pinta de ser el viejo truco para atracarte cuando te paras y la direcci�n, efectivamente, estaba un poco pesada, par� y hab�a perdido bastante aire.
En una gasolinera, que estaba a tiro de piedra, saqu� el spray reparapinchazos y en s�lo cinco minutos estuvimos como si no hubiera pasado nada. Adem�s, aguantamos todo el resto del viaje sin parchear la cubierta tubeless. Desde luego, llevar esos productos en el maletero siempre viene bien.
Una cena en una tranquila �rea de la A13 y alcanzamos Par�s, entrando por los t�neles de La D�fense, en plena madrugada.
Como siempre que visitamos la capital m�s bella del mundo, nuestro sitio en plenos Campos El�seos estaba all� esper�ndonos.

Un paseo relajante por los alrededores y a dormir en paz y gratis. En el hotel que est� justo enfrente, De Crillon, costaba ese a�o casi 900 � la noche en habitaci�n doble est�ndar. Glups.

19. Par�s (F) � Chalmont (F)


Aseados discretamente en plenos Campos El�seos en nuestro rinconcito preferido, desde donde casi se ve lo m�s emblem�tico, lo primero que hacemos es cumplir otro encargo.
En la localiad donde vivimos hay una creper�a de la que somos clientes hace muchos a�os. El t�pico sitio escondido, muy econ�mico, rico-rico y de trato familiar. Pues la due�a pas� su infancia en un caser�n de la rue M�rim�e y quer�a ver fotos actualizadas de aquel lugar. Y all� nos plantamos.
Nuestro principal vicio, aparte del otro, son los dulces. Y en una esquina de la avenida de Victor Hugo a la altura de la plaza Jean Monnet encontramos unas milhojas de crema de infarto.
Un buen rato en bici por Trocadero, donde vimos otra limousine m�s, esta vez de boda,

y luego, sorteando atascos unas veces, por carril-bici otras,

nos perdemos unas horas por el barrio del Marais y por las Tuller�as. Viviendo la ciudad, como si fu�semos vecinos normales.


�Sab�is qu� tipo de calles nos gustan en Par�s? Las que son normalitas, pero muy a lo lejos se ve la silueta... De �sas hay muchas.

Cuando volvimos al coche, toda la jornada a la sombra, estaba en orden.

Dejamos atr�s l'�toile, Bois de Boulogne y el boulevard P�riph�rique hasta alcanzar la A6 en direcci�n a Fontainebleau. Por los alrededores de la ciudad en donde indirectamente se desencaden� nuestra Guerra de la Independencia hace ahora dos siglos justos anduvimos cenando hasta que nos acostamos en el �rea de Chalmont.

20. Chalmont (F) � Auberives (F)
Una alarma de la agenda nos recuerda que hoy toca felicitar el aniversario de bodas de nuestros �seguramente� mejores vecinos, que son, en la pr�ctica, ama de llaves, regadera en la ausencia y personas de confianza plena.
En el mismo �rea donde se nos abre la boca pidiendo el desayuno, lavamos algo de ropa por la conocida t�cnica de la bolsa de basura en cuatro pasos:
1. Extender bien una bolsa de basura muy grande (las de jard�n) en el seno de un lavabo de �rea de descanso, por muy sucio que est�, dejando la abertura hacia arriba.
2. Poner en el fondo el detergente en polvo o, mejor, l�quido especial para lavados r�pidos en fr�o tipo Woolite, Perlan, Norit... y llenar el seno.
3. Meter la ropa sucia y remover suavemente de vez en cuando durante cinco minutos. Llevar guantes de cocina viene bien.
4. Agujerear levemente el fondo de la bolsa justo donde est� el sumidero del seno y aclarar dejando lo aclarado y escurrido en otra bolsa tipo Carrefour al lado para llevarla a la secadora del motor o a esa cuerda de tender al sol junto a la furgo si vamos a estar un buen rato estacionados. La de basura a continuaci�n nos servir� para los desperdicios de la jornada dada la vuelta como un calcet�n para no llevar toda la porquer�a de un lavabo p�blico a ning�n sitio de nuestro veh�culo.
Hecho esto, repostamos en la siguiente gasolinera de la A38 y comemos ya a las puertas de Dijon, la cuna de la mostaza que raramente falta de ning�n escaparate de la ciudad borgo�ona. Por cierto, no nos gusta mucho este condimento: es muy fuerte y creo que oculta a sabores m�s delicados.


Vistas en bici las cosas m�s imprescindibles, seg�n las gu�as, como St Michel

o el Palacio de los Duques, proseguimos el camino del Sur hasta un �rea de descanso

donde hicimos merienda-cena con un chaval�n de Valencia que acababa de hacer lo mismo al pie de su trailer de tres ejes, y empezaba el cigarrito de la risa.
Unos reflejos casualmente patri�ticos mecidos por el R�dano nos seducen nada m�s aparcar en sus riberas, en Lyon. La noche es algo fresca y tampoco insistimos mucho en repasar las novedades de una ciudad en la que muchas veces recalamos camino de Suiza o en otros viajes m�s largos.

Comemos algo rico junto a las pistas del Estadio Gerland y a dormir al �rea de descanso de Auberives, sobre la A7. Muchos de vosotros seguramente ya habr�is probado este oasis de paz a orillas del Var�ze. Los sitios m�s frescos, tranquilos y sombreados son los que est�n en la ribera.

21. Auberives (F) � Salses (F)
Como es domingo de verano, la autopista A7 va hasta los topes. Ya sab�is: los de Par�s que se bajan a la Costa Azul y a Espa�a. En cuanto notamos que se nos espesaba la mahonesa, lo cortamos de ra�z: nos metimos en el Autogrill de Valence y nos dimos al tapeo.
M�s adelante y m�s kil�metros feos... pasando por ese ni�o en la torre de condensaci�n de la central termonuclear de Cruas, refrigerada por el R�dano. �Ser� un mensaje subliminal para hacernos creer que es una energ�a m�s limpia?

Y al fin llegamos a N�mes. All� es muy agradable pasear en bici las antig�edades romanas, sobre todo las m�s desconocidas y menos c�ntricas como el dep�sito de aguas que abastec�a las canalizaciones de la ciudad (el Castellum Aquae), en la apartada rue Lamp�ze.

Muy agradable tarde de disfrute rematada con una cena ligera en la desenfadada terraza de L'Aventure, en la plaza del Mercado. En otra, la del Reloj, vimos c�mo iba cambiando por momentos su iluminaci�n... muy bonito.

En los soportales del anfiteatro nos hicimos amigos de un gato negro de pelo sedoso que se dejaba querer por cualquiera.

Y, c�mo no: all� estaba uno de los templos romanos mejor consevados del Imperio: la Maison Carr�e, frente a frente con un postmoderno centro de arte. Nos cost� un ratito esperar a que pasara el coche adecuado...

Un poco de descanso en el �rea de St Aun�s, sobre la A9, y, cuando ya no pod�amos m�s, a dormir en la del Chat�au de Salses.

22. Salses (F) � Vic (E)
La localidad de Salses y su castillo son un punto singular de lo que hist�ricamente conocemos como Catalanidad. Es el punto m�s septentrional de los Pa�sos Catalans (Guardamar del Segura es el m�s meridional), es decir, el conjunto de territorios y comarcas en las que est� presente la lengua catalana.

Mientras la Pamplona que dejamos atr�s en este viaje se centra en sus encierros, hoy, d�a de San Ferm�n, nosotros avanzamos hasta el E.Leclerc de Banyuls-sur-Mer por la carretera de la costa para evitar las colas en el paso fronterizo de La Jonquera. All� estamos un ratito a la sombra de los �rboles de una degustaci�n de vinos cerrada. Pero en cuanto llega su propietario nos explica claramente que justo donde est�bamos puestos era la sombra que �l usa para su coche. Que nos pod�amos quedar, pero no en esa sombra, vaya.
Donde hay patr�n, no manda marinero.
La temperatura del motor en plena can�cula con el aire acondicionado a tope nos llega hasta l�mites no tolerables y tenemos que pararnos otro rato en medio de la ascensi�n hacia Port Bou.

En una terracita de Figueres nos refrescamos antes de dar una vuelta por el incomparable Museo Dal�,


donde seguramente lo que m�s nos gust� fue la joya que representa a un coraz�n cuyo interior de rub�es palpita realmente... una cosa admirable.

En el camino hacia Barcelona, comemos algo en uno de los aparcamientos de la actual AP7 a la altura de la Sierra del Montseny junto a esta furgoneta que seguramente hab�a sido incendiada para borrar alg�n tipo de huellas de un pasado reciente poco legal.

Pena de camper chulo que hubiera salido de ah�...
Como es natural, dedicamos toda la noche a divertirnos por la que, a nuestro parecer, es una de las mejores ciudades del mundo.
Acabamos al amanecer dormidos en las cercan�as de Vic, en un ramal de la C17, justo al otro lado de la misma sierra, en lo que a media ma�ana sabr�amos que era un camino particular.

23. Vic (E) � Barcelona (E)
Unas voces nos devuelven a la realidad:
� �Eeeeh, eeeeh!
Un tipo con una manguera en la mano nos aparece a lo lejos en la puerta de su finca dici�ndonos que el camino en el que est�bamos discretamente estacionados era un lugar privado, que no era del dominio p�blico y que no pod�amos estar all� sin autorizaci�n.
As� es que nos cambiamos a un descampado muy cercano donde ya nadie nos volvi� a importunar. Aunque no tardamos en levantarnos porque ese d�a fue uno de los m�s importantes de nuestras vidas en dos categor�as: en la de los campers y en la de la gastronom�a.
Nos esperaban en un concesionario de Mercedes-Benz que desde hac�a meses nos sonaba como referente de calidad en el mundo de las furgonetas y autocaravanas: Autosuministres Motor SA. A la hora convenida, un brioso comercial, resuelto y con extensos conocimientos nos estrech� la mano con decisi�n y simpat�a. Ninguno de los tres lo sab�amos, pero �l acababa de ganar un mont�n de euros a su cuenta de facturaci�n.

Probamos una Vito Marco Polo autom�tica, con la carrocer�a corta anterior a 2004. Era la primera vez que conduc�a un coche con esa caja... Vimos cat�logos, mil detalles, nos emplazamos para visitar la pr�xima feria del Caravanning en el oto�o siguiente porque ya se presentar�a la Viano Marco Polo y la podr�amos ver in situ...
Hasta junio del a�o siguiente no encargar�amos la nuestra, pero ese d�a se form� el zigoto.
Ese d�a, prec�samente, era martes. Y en la plaza mayor hab�a mercado. As� es que por all� anduvimos tapeando y de compras.

Y viendo los restos del templo romano.

En un �rea del Eix Transversal de Catalunya, la C25, comimos m�s en serio y vimos un cartel de direcciones que nos record� lo m�s reciente de la cr�nica de la Espa�a Negra: el secuestro de la farmac�utica y el triple crimen de Alc�sser.

Avanzamos de nuevo hasta Figueres por cuyo centro comercial Champion hicimos algunas compras y otras visitas antes de alcanzar Roses. En la playa, momento de la foto, nos pusimos un poco menos hawaiianos para quedar simplemente vestidos informales. Esa noche ten�amos mesa reservada desde hac�a ocho meses en Cala Montjoi, en El Bulli.

No os cre�is que fue tan f�cil porque primero nos perdimos por una urbanizaci�n antes de dar con el desv�o correcto hacia el precioso lugar en el que est� este restaurante. Al entrar, ya oscurecido, un letrero apenas iluminado da paso a un aparcamiento-jard�n zen.

Tomamos veintisiete platos cada uno. Inolvidables. Fue un espect�culo. Te sorprend�a todo, era otra dimensi�n. Completamente distinto al resto de establecimientos con estrellas. Decir creativo es poco: era sublime. Y, por supuesto, el mito de que te quedas con hambre lo pierdes a partir del plato decimoquinto... que, en muchos casos, est�n hechos con placas de pizarra fresada.

Al final tuvimos la fortuna de hablar con el mism�simo Ferran Adri� en y sobre su cocina y nos dedic� a cada uno el men� que hab�amos tomado. Aquel a�o ofrec�an uno distinto cada d�a. Despu�s de probar tales bocados, uno se puede morir tranquilo.
Es un t�o accesible, verdaderamente. Porque si con nosotros, que somos los �ltimos pringaos, estuvo tres o cuatro minutos charlando, �qu� ser� con los peces gordos?
�Qu� sensaci�n tiene un ravioli que te explota dentro de la boca? �Hab�is visto alguna vez un caf� capuccino ya servido en una taza boca abajo? �C�mo comer unos spaghetti de dos metros de largo y de una sola vez? �C�mo pueden saber rabiosamente diferentes cuatro almendras crudas puestas consecutivamente?
Bueno... es mejor ver la pel�cula...
�El precio? Pues el mismo que ir dos o tres d�as seguidos a restaurantes m�s corrientes. Merece la pena 100%.
Aquella noche fall� una mesa y llamaron por tel�fono a alguien de la lista de espera y se presentaron desde muy lejos, cerca de la hora del cierre, estresados pero felices.
Al acabar de cenar dimos un paseo por la solitaria cala, a orillas del mar, y por la ciudad de vacaciones contigua y nos volvimos a Barcelona a celebrarlo hasta tarde. Las sombras del jard�n de la parte alta de la calle Lleida, junto a una fuente, nos dieron cobijo cerca del amanecer.

24. Barcelona (E) � Martorell (E)
Pen�ltimo d�a: La fuente que ten�amos al lado nos vino muy bien para rellenar el agua gastada. Cuando nos despertamos ya no estaba el coche en el que hab�amos visto acostarse a dos chavales de aspecto magreb� utilizando los asientos delanteros reclinados.
Dejamos todo por all� y nos alejamos con las bicicletas para visitar las estaciones mar�timas del puerto y el centro de ocio Maremagnum donde nos ajustamos unos bocatas del Pan's & Company. Por la tarde volvimos a las zonas m�s altas de Montju�c a disfrutar del entorno y de las vistas.

El d�a lo terminamos con dos men�s-degustaci�n en otro templo de la ciudad, ahora venido a menos, Neichel, donde con algunos tintes creativos tomamos platos muy franceses.
De nuevo regresamos a la calle Lleida y de all� pasamos a dar unas vueltas para conocer Sant Boi de Llobregat. Finalmente, nos acostamos en el �rea de descanso de Martorell en la entonces A7.

25. Martorell (E) � Salamanca (E)
Un caf� bien rico en el �rea de servicio del Pened�s nos revitaliz� para hacer casi sin entretenernos la distancia que la separa de Tarazona, usando las entonces A2 y A68.
En una sombreada parada de la N122, en el mismo pueblo, estuvimos comiendo antes de, pasado Soria, subir hasta la Laguna Negra, donde nos dimos una caminata de cuatro kil�metros.
El sitio es encantador y su soledad y el misterio literario de esas aguas donde Alvargonz�lez fue enterrado por sus malvados hijos se masca por la atmosfera del pinar inmenso y las rocas desnudas...

En el camino hacia poniente por la carretera de Burgos, la N234, al coronar un cambio de rasante, vemos un crep�sculo tan subyugador que uno de nosotros se apea mientras el otro cambia de sentido unos centenares de metros m�s all� para hacernos esta fotograf�a de fin de viaje antes de rectificar la marcha de nuevo.

Haciendo un poco de conducci�n imprudente por las tortuosas revueltas del camino que nos une con Lerma por Salas de los Infantes y Covarrubias (ahora nos damos cuenta de que por llevar una prisa tonta puedes perder la vida), alcanzamos el reci�n inaugurado Parador Nacional

donde una cena a las �22:45!, densamente castellana, pone punto y final al goce de este periplo.
S�lo nos qued� pasear la digesti�n por el pueblo y llegar a Salamanca ya entrada la madrugada.