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En el recorrido que media desde all� hasta Zurich aprovechamos al final de la ma�ana para atender nuestras necesidades de agua y gasolina. En la ciudad, es una buena opci�n el aparcamiento de varios s�tanos de la calle Beethovenstrasse, abierto 24 horas y con g�libo suficiente, aunque pasan de hablar ingl�s. Cada d�a veo m�s necesario tomarme en serio esos cursos de alem�n con cintas de casette (�qu� antiguo suena!) que andan abandonados por los estantes de casa. Hablar de filosof�a es jodido, pero las cien expresiones m�s �tiles al turista, creo que s� las podemos aprender poco a poco...
Se portaron muy simp�ticamente las de la pasteler�a del comienzo de Badenerstrasse, donde recargamos la mochila de bombones m�s de lo que la OMS fija como dosis diaria recomendada. En la acera de enfrente hay una curiosa joyer�a que luce en el centro una imagen en plata de � la Pilarica ! Parece que la emigraci�n de los pasados a�os sesenta dej� alg�n poso aragon�s.
All� al lado, en la Langstrasse, hay un restaurante chino al que hemos ido otras veces. Nos gusta el trato y la comida. No tiene molduras-barrocas-multicolores-con-escenas-de-dragones,-lagos-fant�sticos-y-tejados-c�ncavos. No parece un chino. Adem�s tiene horario non-stop y eso nos conviene a los que vivimos a nuestro ritmo en tierras lejanas. Pues all� que nos metimos a hacer comida-merienda.
Desde las cuatro de la tarde en Suiza ya es de noche. El d�a es muy fr�o. As� es que apetece meterse en nuestros ires y venires por la ciudad y sus deleites en uno de esos cl�nicos pero sin embargo acogedores Starbucks Coffee. Ricos caf�s de cualquier variedad ex�tica y mejores tartas de queso o de chocolate.
En el parque Arboretum, a orillas del lago de Zurich, nos despedimos de la extensa y adinerada capital financiera del pa�s para dirigirnos a la frontera de otro por el paso de Listenau adonde arribamos a medianoche. Pero, aunque compramos la pegatina de la vignette austriaca en la gasolinera Agip (los carburantes m�s caros en cualquier parte de Europa, confirmado), la estancia dur� apenas quince minutos en cuanto traspasamos la desierta raya alemana de Bregenz para acabar durmiendo en el primer aparcamiento de la A96 en Wangen.
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