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Las estad�sticas:

Veh�culo: Mercedes-Benz Viano Marco Polo 3.2, versi�n 2004
Km totales: 9058
Duraci�n: 33 d�as (del 2 MAR al 3 ABR 2005)
Pa�ses en tr�nsito: 11
Monedas utilizadas: 4 (EUR, CHF, HUF, CZK)
Poblaciones visitadas: 56
Presupuesto �ntegro todo inclu�do 2 personas 33 d�as: 5200 � (78 � persona/d�a combustible, comidas, compras y extras)

Aunque va camino de haber sucedido hace dos a�os, �ste ha sido por el momento el viaje m�s largo que hemos hecho con la Marco Polo, con la que todav�a no superamos aquel otro de 2001 a Escandinavia de algo menos de 11000 km con el Renault 21 TXE 2.0.

He conseguido reunir la viejas notas y fotograf�as tomadas durante aquellos d�as y me pongo ahora a perge�ar la redacci�n para que pod�is hacer el recorrido virtualmente con nosotros.

1



Todo empez� a media tarde en cuanto acab� la compra grande en el supermercado del barrio. Que aqu� se llaman El �rbol.

Es una de esas etapas tontas, sin gracia. Para el que naci� fuera de Castilla, es probable que la sucesi�n de llanuras cerealistas sea una atracci�n. Pero para nosotros es un aburrimiento muy grande no ver monta�as, no ver �rboles por ning�n sitio...

Me acuerdo de un viaje hace como quince a�os, entre Guip�zcoa y Salamanca, en un departamento de tren, de aquellos de ocho plazas... Enfrente iba un chaval de Ermua, de carrillos sonrosados y mirada noble que seguramente hab�a viajado poco allende los prados y los valles de su comarca. Nada m�s pasar la estaci�n de Alsasua, cuando ya empieza la Llanada Alavesa, y desde luego en cuanto rebasamos el desfiladero de Pancorbo, donde la tierra empieza a nivelarse y a no tener horizonte, s�lo sab�a decir a cada momento con ojos grandes y chisporroteantes de ilusi�n mirando las fincas por la ventanilla:

��Jo!, �Menudo campo de f�tbol saldr�a de ese terreno...!

Una sola parada en la gasolinera de Villagonzalo, a las puertas de Burgos, nos transfiri� de la A62 a la AP1, que entonces no era tan arist�crata y se llamaba A1 a secas. Lo mismo le pasaba a la A68, que ahora los despachos de Fomento denominan AP68, para recalcarnos, por si alguno no se hab�a dado cuenta, la pe de pagar. Por ella circul�bamos cuando nos entr� el sue�o a la altura de Haro. Y, haciendo caso de los consejos de la DGT, all� mismo, en el �rea de descanso, nos quedamos dormidos.

Por suerte, esa noche fue todo muy bien y no nos pas� lo que meses despu�s, en la madrugada del 16 al 17 de octubre, nos ocurrir�a en una de las siguientes de la misma calzada, en Mall�n:

Cuando, reci�n cenados en la furgo, est�bamos parti�ndonos de risa en lo mejor de los sketches de �Vaya Semanita!, que para los que sois de fuera de Euskadi es el programa de humor de la ETB2 que luego se produjo con algunas variaciones y escasa audiencia en TVE1 bajo la denominaci�n Made in China, con algo menos de carga en la cr�tica pol�tica... pues cuando est�bamos viendo eso, completamente solos en el �rea, sin coches de ning�n tipo, a miles de metros del n�cleo poblado m�s cercano... de repente... apareci� una cara humana salida de la oscuridad en la ventanilla del copiloto, por fuera. Subi� el rostro para mirar el interior y volvi� a bajar. Nada m�s. Y nada menos...

Creo que fueron cinco los segundos que tardamos en arrancar y salir zumbando de all�. Acojonaos...

�Un psic�pata de alguna finca cercana? �Un ladr�n de caravanas preparando el asalto? �Un reflejo de nosotros mismos al movernos? �Una ilusi�n �ptica entre la luz del interior y la negrura de la calle?

Por el retrovisor no se ve�a a nadie, todo estaba vac�o... nunca sabremos si fue verdad lo que vimos. No quisimos comprobarlo. Hay que estar all� para creerlo. Fue simple instinto de superviviencia... Cualquier d�a le escribiremos al Iker Jim�nez, de Cuarto Milenio, para ver si sabe de casos similares...

Pod�is imaginar por qu� tard� tan poco en dise�ar este brico...

2



Un abrupto despertar por una llamada telef�nica para una cosa sin importancia del trabajo nos devuelve a la vida. Nos integran todav�a m�s en ella unos caf�s con leche y donuts� en el �rea de servicio de Sobradiel donde rellenamos el agua y la gasolina gastadas.

La chica de la estaci�n �cosas de los coches cuando est�n muy nuevos� se encaprich� con que le ense��ramos un poco en detalle el camper. Era una forofa de este tipo de vida.

El d�a de hoy y el de ma�ana van a ser un poco densos: tenemos por delante lo que pod�amos llamar unas jornadas gastron�micas que comenzamos almorzando con una rica degustaci�n en Calldetenes, adonde llegamos por las AP2 y C25, Eix Transversal de Catalu�a, in extremis, a las tres y cuarto de la tarde:



Lo que m�s nos gust� de este chef fue el Canel�n de pollo y un postre impresionante llamado Chocolate con chocolate.

Cumpliendo con la cita previa que ten�amos, nos pasamos por nuestra casa madre, Autosuministres Motor SA, el concesionario de Mercedes-Benz de Vic, donde hab�amos comprado la furgo meses atr�s.

All� recogemos un mont�n de accesorios de Westfalia que ten�amos todav�a pendientes de instalar (mosquiteras, barras interiores, disco del navegador de ese a�o...) y, con la ilusi�n de un ni�o con zapatos nuevos, los vamos acoplando camino de Barcelona.

Tomamos como base de operaciones el aparcamiento subterr�neo del n�mero 1 de la calle Casanova, en el Ensanche, y nos dedicamos a sacarle el jugo a la ciudad, como tantas otras veces. Barcelona siempre es Barcelona. Para nosotros, probablemente, una de las mejores plazas para vivir.

En un escondido espacio sin prohibiciones junto al cuartel de la Gu�rdia Urbana que hay en Montju�c, con la tranquilidad de ver pasar cada pocos minutos un coche patrulla, nos dormimos sin sospechar siquiera lo que nos iba a pasar al d�a siguiente.

3



13:43 h. Despu�s de una agradable ma�ana de librer�as por el barrio g�tico, cuando nos dispon�amos a entrar en el aparcamiento subterr�neo del Moll de la Fusta, en el Port Vell (junto a la estatua de Col�n) con la tranquilidad de que su g�libo estaba limitado a 2 m y nuestra altura es de 1.98� � rrraassss �� la barra met�lica de preaviso nos da un zarpazo en el techo. Y eso que �bamos con pies de plomo�



� Atenci�n, amigos !

No os pod�is imaginar la de miles de euros que puede llegar a valer el tener a mano siempe la c�mara fotogr�fica.

Tuvimos una r�pida reacci�n al notar el golpe: paramos en seco, uno hizo se�ales a los coches que iban llegando por detr�s para que utilizaran la otra entrada al recinto, y otro fotografi� el pastel con todo tipo de �ngulos y detalles.

La mala suerte quiso que la garita de los empleados estuviese justo a la otra punta del estacionamiento y tuve que correr � 400 m ! para avisar de lo que hab�a pasado.

Entonces el empleado, que justo terminaba su turno a las 14:00, con una clara vocaci�n de escaqueo y con muy malos modos se intent� hacer el sueco con todo tipo de excusas:

Lleg� con su c�moda moto el�ctrica (tipo campo de golf) mientras yo volv�a a hacer la carrera en sentido inverso otra vez corriendo hacia la entrada donde estaba atascada la furgo. Dec�a el julai que aquella barra la hab�an medido los ingenieros y que no pod�a estar mal. Que tendr�amos nosotros mal la altura, que a �l no le meti�ramos en problemas, que no pensaba pagar nada�

Tuvimos que tranquilizarlo nosotros a �l explic�ndole que el problema consist�a en que la barra estaba medida justo en el encuentro de la rampa con la parte plana del piso del aparcamiento y que por tanto no hab�an tenido en cuenta la longitud de los veh�culos altos, que durante un par de metros siguen teniendo el eje trasero m�s alto que el delantero mientras pasan bajo el medidor. Y que para eso est�n las aseguradoras, maxime en ese negocio que era un parking municipal.

Como el hombre �encima� se puso violento, se desentendi� del tema, y sus compa�eros, reci�n entrados de turno tampoco quer�an colaborar, no hubo m�s remedio que avisar a la polic�a aut�noma.

Los Mossos tardaron m�s de cuarenta minutos en llegar, les obligaron a dar sus datos y extender reglamentariamente la hoja de reclamaciones y levantaron un peque�o atestado de los hechos.

Y ahora llega la segunda odisea: �c�mo presentar en la Oficina Municipal de Consumo nuestra reclamaci�n un viernes por la tarde?

Primero localizarla en la ciudad. El navegador nos ayud� y all� fuimos, una vez metido el coche en el aparcamiento (levantando a mano la barra met�lica), � pagando dos horas de estancia ! y volviendo a salir por la puerta contraria, en la que no hubo el menor problema de altura.

Cuando llegamos a la dichosa oficina, naturalmente, no abr�an ya hasta el lunes.

Suerte el saber que por la Ley de Procedimiento Administrativo cualquier oficina p�blica de registro est� obligada a cursar los escritos de los ciudadanos y redirigirlos hacia donde est�n encabezados.

As� es que volvimos a localizar ahora la Subdelegaci�n del Gobierno (lo que antes eran los Gobiernos Civiles) y all� registramos la reclamaci�n, aportamos el tique y una factura expresa que hab�amos conseguido que nos hicieran en el parking delante de la polic�a.

Casualmente la encargada que nos atendi� era paisana nuestra y, entre chascarrillos sobre lo que se pueden complicar las vacaciones en un momento, nos hizo gratis todas las fotocopias y nos las compuls� para poder conservar nosotros los originales. Para que luego digan de las funcionarias de los ministerios...

�Os imagin�is que adem�s hubi�semos tenido que empezar a buscar fotocopiadoras por el barrio?

Meses despu�s, enviadas desde casa las fotos del siniestro a trav�s de la asistencia jur�dica del seguro del coche, el aparcamiento, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, reconoci� su culpa y pag� al chapista 2000 � para dejarlo todo como nuevo.

La pr�xima vez que pas�is por Barcelona, si sent�s curiosidad, podr�is ver que han cambiado ya la se�al de 2 m por otra de 1.95 m. El gato escaldado no vuelve al agua...

Unas paradas en las �reas de servicio de Montcada y de descanso de La Roca del Vall�s, en la AP7, nos sirvieron para lavar la ropa y repostar un poco de todo. Luego, ya en Gerona, en la localidad de Mont-Ras, purgamos todos los sinsabores del d�a en el c�lido restaurante La Cuina de Can Pipes, donde dimos buena cuenta, por ejemplo, de unas Vieiras con c�tricos o unas Alb�ndigas de pescado. De postre ser� dif�cil de olvidar la Copa de lichis con calabaza.



Antes de dormirnos del todo en el �rea de descanso llamada Village Catalan, que recrea unas mas�as en medio del bosque mediterr�neo, un poco antes de Perpignan, en la A9 francesa, el oficial de la gendarmer�a (era un negrito con cara de poli americano) que pasaba patrullando nos pegunt�:

� �Cu�ntos sois?
� Dos
� �Y no sois tres?
� No. Somos dos.

As� es que con este di�logo de besugos se nos fue dulcemente la consciencia por unas horas. No s� qu� andar�an buscando...

4



La ma�ana empez� estrenando la lavadora Jata 582 de la que ya se ha hablado en este hilo, aprovechando que nos hab�amos situado muy cerca de los WC del �rea.



En la siguiente, la de Loupian, comimos. Y en la de Montpellier nos hicimos con la Gu�a Roja Michelin de Francia del a�o en curso. No s�lo es la Biblia gastron�mica (fue la de este pa�s la m�s antigua en publicarse, hace ahora casi 110 a�os), sino que resulta muy pr�ctica por la cantidad de mapas urbanos e indicaciones tur�sticas que ofrece de cada localidad.



Despu�s de darle de beber a la furgo en el Carrefour, nos metimos en el aparcamiento descubierto de Los Arces, bajo el imponente acueducto, para ver qu� hab�a de nuevo en la ciudad. Por aqu� pasamos con frecuencia, un par de veces al a�o, y siempre hay cosas por descubrir.

Por ejemplo una surtid�sima fruter�a llevada impecablemente por un francomagreb� en la que a buen precio hicimos la compra de frescos, o un bonito recorrido por la Promenade Peyrou, desde donde hay unas panor�micas estupendas de la ciudad.

Una vez de nuevo en la A7, cenados en el �rea de descanso de St Aun�s y descansados en otras, pusimos el huevo finalmente en la de Mont�limar, muy cerca de tres chavales que se preparaban tambi�n para dormir en una California T4.

La noche fue bastante fr�a y de ello se aprovech� un batall�n de streptococcus que se nos qued� a vivir unos d�as en las v�as superiores. Menos mal que en el armario peque�o solemos llevar una farmacia en miniatura.



5



Tras repostar en el propio �rea en donde hab�amos dormido, nos acercamos un poco m�s hacia Chamb�ry y almorzamos en el aparcamiento del Lago, antes del t�nel. Cuando est�bamos en ello se acerc� una furgoneta de gendarmes que de modo expeditivo sin mediar m�s aviso intentaron abrir sin �xito la manilla de la puerta del conductor.

Con flema brit�nica, que es lo que peor sienta en casos as�, abr� dos dedos la ventanilla y les pregunt� qu� quer�an. Luego ya nos obligaron a bajar y no hubo suerte: registraron lo que quisieron, porque en Francia, seg�n nos explicaron, la legislaci�n s� permite entrar en veh�culos-vivienda. Pero al final hubo buen rollito y dos de ellos se pusieron a jugar con los mapas en la pantalla de la Jenny, que es como llamamos cari�osamente a nuestro navegador Pioneer AVIC X1 con voz de mujer. Como Los Morancos.





Durante la visita a la ciudad de Chamb�ry nos acompa�a una buena nevada toda la tarde. Aqu�, justo empezaba:



Al final de la cual, con precauci�n (la Alta Saboya son plenos Alpes y estamos en invierno todav�a), nos acercamos hasta escasos dos kil�metros antes de la frontera suiza, cenamos en el Mc Donald's de Etrembi�res y en su aparcamiento, por cuanto �ramos clientes, pernoctamos sin m�s problema.

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Una de las marcas de distribuci�n a precio ventajoso en esta zona es la cadena Migros, que estaba justo enfrente de donde hab�amos dormido. Os pod�is figurar d�nde nos acomodamos a desayunar (aunque casi era mediod�a) al ver una humeante cafeter�a-obrador de bollos reci�n horneados al entrar al complejo.

All� mismo hicimos la compra grande de alimentaci�n, llamamos al agente de seguros para dar parte del siniestro del aparcamiento de Barcelona y, finalmente, junto a LIDL, lavamos a conciencia los bajos de la furgo para retirar la sal de la carretera. Creo que es muy importante para alargar la vida del recubrimiento anticorrosi�n hacer esto con regularidad cuando se circula en invierno.

En Anemasse nos sirvi� un centro de bricolaje para jardiner�a (aqu� los llaman Garden Center) para coger unas mangueras apropiadas para hacer m�s c�modos los vaciados del WC qu�mico, como se explic� en el foro en este brico.

Tras el control rutinario en la aduana, compramos la pegatina de 2005 para circular por las autopistas (la vignette) y guardamos la Marco Polo en el bien situado parking cubierto ginebrino de Villereuse. El centro de la ciudad que vi� nacer a Jean-Jacques Rousseau est� plagado de cosas originales como este suelo de adoquines luminosos con saludos en los idiomas m�s variopintos,





o bonitas tiendas de decoraci�n s�lo para sueldos helv�ticos.



Cenamos en el coche y enseguida enfilamos la autopista A1 hasta el �rea de serivico de Deittingen-Norte, que es la primera pasada la circunvaci�n de Berna. Como hab�amos hecho los deberes por el camino (repostar flu�dos y deshacernos de las aguas grises y negras), pues dormimos como cuando llegas de una caminata por el monte: ponerse en horizontal y fundirse el fusible, todo a la vez.

De vecinos de sue�o, una California con matr�cula rusa.

7



En el recorrido que media desde all� hasta Zurich aprovechamos al final de la ma�ana para atender nuestras necesidades de agua y gasolina. En la ciudad, es una buena opci�n el aparcamiento de varios s�tanos de la calle Beethovenstrasse, abierto 24 horas y con g�libo suficiente, aunque pasan de hablar ingl�s. Cada d�a veo m�s necesario tomarme en serio esos cursos de alem�n con cintas de casette (�qu� antiguo suena!) que andan abandonados por los estantes de casa. Hablar de filosof�a es jodido, pero las cien expresiones m�s �tiles al turista, creo que s� las podemos aprender poco a poco...

Se portaron muy simp�ticamente las de la pasteler�a del comienzo de Badenerstrasse, donde recargamos la mochila de bombones m�s de lo que la OMS fija como dosis diaria recomendada. En la acera de enfrente hay una curiosa joyer�a que luce en el centro una imagen en plata de � la Pilarica ! Parece que la emigraci�n de los pasados a�os sesenta dej� alg�n poso aragon�s.

All� al lado, en la Langstrasse, hay un restaurante chino al que hemos ido otras veces. Nos gusta el trato y la comida. No tiene molduras-barrocas-multicolores-con-escenas-de-dragones,-lagos-fant�sticos-y-tejados-c�ncavos. No parece un chino. Adem�s tiene horario non-stop y eso nos conviene a los que vivimos a nuestro ritmo en tierras lejanas. Pues all� que nos metimos a hacer comida-merienda.

Desde las cuatro de la tarde en Suiza ya es de noche. El d�a es muy fr�o. As� es que apetece meterse en nuestros ires y venires por la ciudad y sus deleites en uno de esos cl�nicos pero sin embargo acogedores Starbucks Coffee. Ricos caf�s de cualquier variedad ex�tica y mejores tartas de queso o de chocolate.

En el parque Arboretum, a orillas del lago de Zurich, nos despedimos de la extensa y adinerada capital financiera del pa�s para dirigirnos a la frontera de otro por el paso de Listenau adonde arribamos a medianoche. Pero, aunque compramos la pegatina de la vignette austriaca en la gasolinera Agip (los carburantes m�s caros en cualquier parte de Europa, confirmado), la estancia dur� apenas quince minutos en cuanto traspasamos la desierta raya alemana de Bregenz para acabar durmiendo en el primer aparcamiento de la A96 en Wangen.

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Bueno, pues aqu� la cosa se pone seria. �Veis esos follones de coches atrapados en la nieve que tenemos casi todos los inviernos en Espa�a? Pues en la parte alpina de Baviera cae el triple de nieve, pero son el qu�ntuplo de prevenidos. Carreteras perfectamente limpias, aunque con m�s de un metro y medio de nieve alrededor;



�reas de servicio que se limpian a conciencia todas las ma�anas; legiones de m�quinas esparcidoras de sal viaria, palas pasando sin cesar; veh�culos circulando a cien por hora con neum�ticos de pinchos donde aqu� har�amos trompos a 40 km/h... en fin... esto es Alemania.

Hay una ligera neblina a eso del mediod�a que todav�a no hab�a levantado. Probablemente por ello, a unos dos kil�metros m�s adelante se ha producido un accidente que ocupa el arc�n y parte del carril derecho de la autopista ocasionando una peque�a retenci�n que se va aliviando poco a poco. De todo ello, a trav�s del sat�lite y del sistema TMC, nos informa el navegador con la suficiente antelaci�n: Imagen 1.



Cuando estamos a unos 500 metros, con los coches casi parados a la vista, indicamos la maniobra, aunque por el retrovisor no ven�a nadie, y nos cambiamos al carril izquierdo para avanzar m�s. Los coches del carril derecho estaban parados y los del izquierdo iban con cierta fluidez: Im�genes 2 y 3.

A los dos o tres segundos aparece como por encanto un potente Volkswagen Golf plateado matr�cula LU E 4347 a unos 180 Km/h. Imposible que fuese a menos, porque recorri� en dos segundos unos cien metros.

Lo �nico que recuerdo como imagen viva es que instintivamente di un enorme volantazo acelerando a fondo para cambiarme al carril derecho de nuevo, como intentando evitar el alcance de una vaquilla en el tentadero, pero a la vez frenando inmediatamente para no comerme la fila de coches parados de ese carril. Por el retrovisor se ve�a el terrible chillido de un frenazo en seco y el coche patinando sobre el asfalto y soltando una humareda azul de pastillas de freno casi incandescentes: Imagen 4.

A la d�cima de segundo siguiente, por la ventanilla del conductor vimos rebasar el coche por el carril izquierdo, todav�a patinando y envuelto en aroma a ferodo quemado: Imagen 5. Pensad en toda esa energ�a empotrada contra el culo de la furgo. Nos acab�bamos de salvar por segunda vez de unas vacaciones jodidas.

Cuando por el azar de la retenci�n volvimos a rebasar a ese coche porque moment�neamente qued� m�s lenta la cola de la izquierda que la de la derecha, se trataba de un � matrimonio de ancianos ! que mediante gestos no sab�an ya c�mo pedirnos disculpas... En fin... eso es lo que puede pasar en carreteras donde no existe el l�mite de velocidad gen�rico. Alemania tambi�n es eso.

Con el susto todav�a en el cuerpo, nos salimos a comer en un Burger King de carretera (AutoKing), plantado dentro de un �rea de servicio donde repostamos. Como no aparec�a el grifo del agua, tuvimos que cogerla de la toma del autolavado que estaba libre en ese momento. Y, sin m�s demora, continuar hasta el castillo de hadas m�s bonito del mundo. No me cabe la menor duda. El que se hizo construir el melanc�lico, atribulado y ab�lico Luis II de Baviera. Algo parecido a nuestro austria menor Carlos II, el hechizado. �Record�is la pel�cula Ludwig? Pues �se. Se trata del Schloss Neuschwanstein. La foto a�rea de la derecha, que no es nuestra, seguro que os suena m�s. Segu�a nevando a ratos intensamente y hubo que subir 2 km a pie desde el aparcamiento.



Esta otra, tomada desde dentro del bosque, cay� simp�tica y nos la public� la versi�n impresa de la revista Digital Camera unos meses despu�s, en el n�mero 31 de Julio-Agosto.



Volver desde all� hacia Munich no fue nada f�cil. Se trataba de carreteras secundarias, con el efecto de la sal de la ma�ana un poco retardado ya. Lo peor suced�a cada vez que un veh�culo precedente se deten�a en el centro de la calzada para iniciar el giro a la izquierda en alguna intersecci�n, esperando a que cruzasen los veh�culos del sentido contrario. Al intentar bajar la velocidad para rebasarlo con cuidado por la derecha, a pesar del ASR, la Marco Polo culea un poco por ser de propulsi�n. Hay que tener mucho cuidado con eso si no queremos tener sustos en la nieve cuando todav�a no est� como para montar cadenas.

La gente estaba saliendo de una funci�n de teatro en la Rudolfplatz cuando aparcamos sin problemas en las proximidades. �Qui�n coloca una bestia de cinco metros junto a un teatro de Madrid en hora punta? La diferencia est� en que aqu� la gente (de todas las edades y trajes) se marchaba para casa con sus bicis, caminando o en tranporte p�blico. Hac�a mucho fr�o y la nieve se acumulaba contra los bordillos... Una verdadera lecci�n de civismo y de sostenibilidad para los que dicen en Espa�a que las bicicletas son para el verano... o para los chavales... o para hacerse 40 km en carretera con los amigotes... y luego ir a trabajar o al gimnasio � en coche ! Algo falla en nuestra sociedad... Bueno, no insistir� en este tema, que me pongo malo...

Despu�s de disfrutar de la ciudad, muy animada y epic�rea, como todas las urbes meridionales con respecto a las del norte de su mismo pa�s, nos aventuramos por la helada autopista que conduce de nuevo a Austria por Salzburgo. Asustados por ser adelantados continuamente por camiones a velocidades de v�rtigo (y neum�ticos de invierno), nos acomodamos en la primera �rea de descanso que ten�a sitio libre. En este tramo son todas muy peque�as y llenas de veh�culos pesados. Adem�s, la nieve acumulada y endurecida por la fuerte helada restring�a todav�a m�s las posibilidades.

El ruidito de nuestra calefacci�n estacionaria puesta a tope nos arrull� en Piding, un poco antes de la frontera austriaca.

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Si no lo vemos, no lo creemos: Apenas hubo amanecido, de estar rodeados completamente por medio metro de nieve pasamos a un aparcamiento completamente expedito. Las m�quinas y los operarios se afanaron en media hora con toda profesionalidad y eficiencia, de forma que en algo m�s de otra media ya est�bamos situados en el s�tano -5 del parking de la ribera norte del r�o Salzach, que da nombre al bonito enclave donde naci� Mozart.



La gente no tiene empacho en jugar con ajedreces gigantes o en pasear unas calles para nuestro gusto demasiado prostituidas con recuerdos tur�sticos del m�sico. Aunque entre visitas a la catedral y al castillo,



no vienen mal unos ricos lazos hojaldrados de sabores diversos que venden las se�oras en improvisados puestos a la intemperie.

Junto a la casa natal del genio, encontramos por casualidad otra maravilla: la cadena de restaurantes r�pidos Nordsee.



A ver si me explico: imaginaos una mezcla entre la celeridad de una hamburgueser�a yankee, la calidad de una pescader�a del mercado central de nuestra ciudad y el sabor de unos pesca�tos fritos con oliva virgen extra en El Puerto de Santa Mar�a. Pues eso es Nordsee. R�pido, sano y rico. Los encontrar�is por toda Alemania, en las mejores calles peatonales. Y en Austria.

Tras aquellos Calamares con patatas riqu�simos, ten�amos las fuerzas suficientes para avanzar hasta Linz, supermoderno centro con todas las facilidades.



En sus calles, para evitar patinar con el hielo, el ayuntamiento no echa sal, sino piedrecitas muy finas, entre gravilla y m�rmol molturado como el que se emplea para proyectar sobre los morteros monocapa (Cotegr�n, Weber, Cemarksa...). Es muy curioso. Lo guardan en arcones de pl�stico por las equinas y, en el momento oportuno, lo palean por los sitios m�s peligrosos (rampas de minusv�lidos, pasos de cebra...).

El aparcamiento del Neues Rathaus nos sirvi� muy bien para recorrer el centro, de rabioso capitalismo de escaparates junto a edificios p�blicos y religiosos que ya empiezan a anunciar la arquitectura de la Europa del Este.

Viena est� todav�a muy lejos. As� es que, nos cenamos lo que hay por la furgo en la autopista, y, tras repostar all� mismo, a orillas del Danubio, con unas bonitas vistas de la Abad�a de Melk,



nos dormimos en soledad en la explanada congelada del comienzo de un sendero de ribera, evocando las voces de la famosa Escolan�a del monasterio. Lo m�s parecido a la de El Escorial, pero con mucho m�s renombre si cabe. �Os acord�is del novicio de El nombre de la rosa, el fiel escudero de Sean Connery? Su nombre completo en la ficci�n era Adso de Melk. Lleg� a ser monje de esta abad�a y, ya en la vejez, cuenta el relato novelado en t�cnica flash-back por la pluma inimitable de Umberco Eco.

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Como si se hubiera tratado de una premonici�n, justo al entrar en la abad�a, tras desayunarnos los pasteles que m�s nos entraron por los ojos en la coqueta calle mayor del pueblo, por las ventanas abiertas de un sal�n de ensayos o�mos las voces blancas de los ni�os cantores, en cortas frases musicales que se repet�an y volv�an a rectificarse bajo �rdenes en alem�n de alg�n maestro... La Operaci�n Triunfo de los presbiterios... en directo.

Volvimos a lavar el coche en la gasolinera de BP y, a las puertas de Viena, vuelta a llenar de agua, otra vez en la toma de un lavado autom�tico, porque no hab�a grifo a la vista.

Dando por buena la idea de que una ciudad nueva se conoce mejor si de primeras dadas se le hace un tour panor�mico, como esos autobuses tur�sticos de doble piso, hicimos lo propio antes de ser fagocitados por el m�s caro aparcamiento subterr�neo de todos los tiempos. � Ni en Amsterdam hab�amos visto que se cobrara a 4 � la hora ! Eso s�: en el centro de los centros, junto a Weihburggasse, y con clientes de la talla de este bonito Hummer:



:-O

Entre palacio y palacio, calles peatonales tan preciosas como heladas,





nos metimos a cenar en un chino en una primera planta de Karntnerstrasse, a las tantas, cuando todo estaba ya cerrado. Muy majos. Me gusta la gente china porque son muy trabajadores.

El caf� con dulces, en este caso, el caf� vien�s como Dios manda, nos lo tomamos en el Starbucks Coffee de la �pera, inmejorablemente situado y a rebosar de gente interesante. Cosas de los viernes por la noche.



La ciudad no dejaba de dar de s� por todas partes: San Carlos Borromeo, la Rathaus...





pero nuestro hogar est� a miles de kil�metros y a�n hay que alejarse todav�a m�s para luego volver dando un gran rodeo... hay que marcharse. Hungr�a nos espera.

Al salir hacia la autopista, recordando las escenas de El Tercer Hombre, vemos a lo lejos la Noria del Prater y tambi�n la Torre de Comunicaciones del Danubio (Donauturm) y, sobre todo, nos llama la atenci�n una largu�sima hilera de tractocamiones (las cabezas, sin los remolques) circulando entre Bratislava y Viena. Poco despu�s ver�amos la explicaci�n: es m�s barato mover por s� mismos los propios camiones para exportaci�n (Eslovaquia tiene una importante industria automovil�stica deslocalizada de pa�ses con mano de obra menos barata), que cargarlos en otros medios (plataformas de tren, por ejemplo). Es como si las Mercedes-Benz Vito fuesen rodando desde la f�brica de Vitoria hasta el puerto de Bilbao en vez de cargarlas en trailers.

La frontera de Hegyeshalom est� ah� a la vuelta... sacamos nuestros forints en billetes peque�os, nuestros folios de expresiones en h�ngaro, una de las lenguas m�s cr�pticas que existen... y la documentaci�n. Los polis, un encanto de amabilidad... nos preguntan algo que no sabemos qu� es, les contestamos en alem�n que es una autocaravana y una sonrisa mutua cierra el fugaz contrato. Estamos en nuestro pa�s visitado vig�simo octavo.

Ahora a cumplir las normas: en Hungr�a tambi�n hay que pegar una vignette por el interior del parabrisas para circular sin que te multen por las autopistas. Adem�s, estas Matrica, que es como se llaman aqu�, llevan un holograma detectable por unas c�maras l�ser situadas tras los p�rticos de se�ales de tr�fico, como si fueran nuestros radares fijos. Y al que no la lleva... �zas!, foto y a pagar con propina en el siguiente control. En la primera estaci�n de servicio, que como las polacas est�n abiertas incluso para comer 24 horas, compramos la pegatina v�lida para 5 d�as, que es la m�s sencilla, como en Austria. En Suiza hab�amos pagado la del a�o entero porque no hab�a otra.

A la altura de L�b�ny caemos rendidos.

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El Mc Donald's de la circunvalaci�n de Gy�r nos sirve para malcomer rodeados de un mont�n de chavales que ya se preparaban para salir de marcha la noche del s�bado.

Despu�s de dar muchas vueltas por la parte nueva de Budapest, es decir, por Pest



(la parte m�s antigua y elevada es Buda),



encontramos completamente de casualidad en un callej�n llamado Szep Utca, en pleno centro, un aparcamiento subterr�neo de pocas plazas (unas veinte), pero muy moderno y atendido por un t�o supermajo con el que no s�lo nos entendimos bien en ingl�s sino que, viendo las proporciones de la furgo, aun siendo peque�o el lugar, nos la hizo meter ocupando dos plazas y entre dos columnas para que nadie nos molestara. Impresionante la amabilidad.

En la ciudad de los balnearios, todo es muy bello a la ca�da de la noche, una verdadera capital imperial, como Viena o Praga.



E invita a disfrutar de todos los placeres. El primero que se nos vino a la boca fue sentarnos a la mesa del restaurante Cyrano, justamente recomendado por algunas gu�as por lo innovador de la cocina y lo moderad�simo de sus facturas. Tan moderadas son que ni siquiera te las traen cuando las pagas: las arrugan y las tiran. Y adem�s no te devuelven el cambio si abonas en efectivo. Hab�is o�do bien. No s� si ser� una jugadita a los turistas incautos o es que hay costumbre. En todo caso, se come bien y barato, en lo mejor de las calles comerciales de Pest. Desde luego, el mundo nunca te deja de sorprender, vayas donde vayas... Primero unas panor�micas del nuevo ensanche con ese Parlamento, digamos neog�tico;



y luego, aparcada la furgo en una pac�fica calle residencial y empinada de Buda, un largu�simo paseo por el Basti�n de los Pescadores y las calles de la ciudad alta, acabaron con la ya escasa temperatura de nuestros pies. El Gore-Tex tiene un l�mite. Y dimos el cap�tulo por terminado acost�ndonos en el parking de un motel muy tranquilo, junto al parque comercial de la autopista M1, de regreso hacia el Oeste, a la afueras de la capital.

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Gy�r es una tranquila poblaci�n del Poniente h�ngaro que hab�amos pasado por alto en el camino a Budapest. Ahora toca parar en ella. El patio interior, con piso de arena, de una manzana c�ntrica, junto a un peque�o centro comercial, es usado por todo el mundo para aparcar en el centro. As� es que nosotros hacemos lo mismo. No tiene vigilancia, pero parece un lugar apacible. Hay ambiente relajado de domingo por la tarde. Las familias pasean con pereza por las calles peatonales arriba y abajo. Si no fuera por las c�pulas de las iglesias con forma de cebolla, podr�a ser una ciudad provinciana de Castilla.



M�s tarde hubo que cenar. Nunca antes en un restaurante hab�amos elegido tan a ciegas el men�. Igual que si estuviera en caracteres cir�licos o japoneses, as� jugamos a la ruleta con la carta: esto, esto y eso. Y esto para beber. No entend�amos absolutamente nada. Ni al camarero, ni la televisi�n, ni lo que estaba escrito: Nada.

Al final vinieron un estofado con croquetas, un turco a la bruselesa con queso ahumado y calamares rebozados. Todo rico, abundante y a precio de risa. Dimos las gracias leyendo nuestra chuleta de h�ngaro y nos marchamos felices hacia un local que nos hab�a seducido horas antes en la calle mayor: una pasteler�a-sal�n de t� llena de se�oras poni�ndose tibias sin dejar de hablar... el ambiente era decimon�nico, con camareros impecables y diligentes, con l�mparas articulando las escaleras,



y con una aut�ntica piel de le�n decorando la bajada a los servicios.



Hungr�a es un para�so por descubrir. Definitivamente.

Los �ltimos forints nos los gastamos en la gasolinera previa a la frontera eslovaca de la carretera nacional 1. All�, aparte de gasolina y bombones, nos compramos esta pr�ctica manguera para aspirar l�quidos por vasos comunicantes con purgador de canica:



O sea: uno mete la parte met�lica en el l�quido a trasvasar, aspira con la boca por el extremo libre, el l�quido va llenando la manguera, y adem�s no puede retroceder porque su peso obliga a la canica a cerrar la v�lvula. As�, siempre purgada, la podemos dirigir hacia donde nos interese con un dedo tapando el extremo libre, con tal de que est� un poco m�s bajo del nivel del recipiente de origen. Un invento sencillo y muy pr�ctico.

Una fugac�sima visita a Eslovaquia de apenas tres horas es lo siguiente que hicimos, casi sin ning�n tr�mite: saludar en la frontera, pegar la matrica de las autopistas (abonada con tarjeta, porque no hab�amos comprado divisas), repostar, aparcar en el centro de Bratislava, que es un lugar bastante cuidado con vistas preciosas (que en absoluto parece una capital de estado),







y continuar hacia la Rep�blica Checa, casi sin fuerzas.

Vuelta a saludar en la frontera, vuelta a comprar la matrica checa y, puesta la cu�a niveladora en el aparcamiento del �rea de servicio de Lanzhot, all� dijimos adi�s a la vida entre dos remolques de trailer.

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Un camionero rumano, obnubilado por el sue�o, se estaciona delante de nuestra furgo que, recordemos, estaba encajonada entre dos remolques. Y nos cierra el paso. Cuando nos despertamos hubo suerte de no tener prisa porque nos cost� veinte minutos localizar a la polic�a que casi s�lo hablaba ese sencillo idioma checo y explicarle lo que pasaba. �Qui�n podr�a olvidarse de la cara ojerosa y despeinada de aquel hombre cambi�ndose con desgana de sitio?

Repuesta el agua gastada del dep�sito, Slakov n Brna nos espera. En su t�rmino municipal y durante nueve terribles y, como hoy, g�lidas horas



del 2 de diciembre de 1805, el emperador franc�s Napole�n Bonaparte gan� la m�s brillante, t�ctica y decisiva ocasi�n de su carrera militar contra la coalici�n austrorrusa comandada por el Zar Alejandro I: la Batalla de Austerlitz. El bonito monumento a la paz recuerda hoy ese episodio de nuestra historia reciente.

El fr�o no nos arredra porque en el pueblo hemos completado el est�mago con una pizza al modo de Moravia o un Steak Samaritana en un simp�tico negocio familiar de los que atienden casi a cualquier hora.

Del campo de operaciones pasamos a Brno, la capital regional, que hace gala de inmensas barriadas de torres de est�tica de proletariado socialista donde las calles no tienen nombre.

Lo aclaro: son una especie de edificios altos con planta en forma de ele o de ce o de u, m�s o menos cerrados sobre s� mismos abrazando patios semiinteriores a veces ajardinados pero muy descuidados y comunitarios. El primer miembro de una direcci�n postal es el nombre de ese complejo de viviendas, y el segundo miembro, lo que ser�a el n�mero de la calle, es en realidad el n�mero de portal de ese grupo de edificios. �Me explico? Sin embargo, las calles que rodean esos bloques, y que los separan de los de alrededor, carecen de nombre. Es curioso y desconcertante cuando uno busca un negocio o una casa particular.

Luego en el centro de la ciudad ya todo se vuelve m�s normal.



Incluso los Mc Donald�s exiben originalidades, que a esa fecha no hab�an llegado a Espa�a, como los chicken-roll, de pollo y verduras mitad rollo kebab, mitad mejicano.

Dos polic�as jovencitos reci�n salidos de la academia coquetean ajenos a su servicio en un oscuro entrante junto a la catedral, como adolescentes con calent�n, con dos rubias m�s aligeradas de prendas de lo que la noche de marzo aconseja en un clima tan continental.

Los escaparates exhiben ya sin pudor lo m�s granado de la artesan�a del cristal de Bohemia,



o preciosos sillones de madera tallada como �ste:



Vueltos a la furgo, que hab�amos aparcado en una plaza del centro, repostamos gasolina y empezamos a buscar un sitio adecuado para dormir.

Acertamos a la segunda, porque la explanada arbolada que elegimos en primer lugar, result� ser la parte de enfrente de un cuartel a juzgar por la visita que nos hizo un soldado con intercomunicadores colgando a escasos instantes de posarnos.

El sitio finalmente elegido fue el �rea de descanso de Chocerady en la autopista que lleva a Praga.

La llamada de un amigo de Salamanca, que no sab�a que est�bamos tan lejos, enrabieta el ambiente: nos ofrec�a un vuelo gratuito en globo aerost�tico para el d�a siguiente porque dos plazas hab�an anulado su reserva. �Qu� pena m�s grande! En fin� todo no puede ser�

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Otro abrupto despertar: la polic�a checa se acerca y nos obliga repitiendo sin parar:

�Hundred meters! Hundred meters!

a avanzar esa distancia dentro del �rea porque iban a montar un operativo de control de velocidad o algo as�. Y estabamos puestos justo donde a ellos m�s falta les hac�a.

Como dice el apotegma del c�lebre catedr�tico de derecho, ya fallecido, don Lamberto de Echeverr�a�

En cuestiones de criterio, huelga toda discusi�n: Siempre lleva la raz�n el que est� en el Ministerio.

Hacia las tres y media de la tarde estamos ya a las puertas de Praga, pero un gran complejo de mercados p�blicos de est�tica rusa en Chodov (balanzas de los a�os cincuenta, mostradores de azulejos, se�oras con sobrepeso y delantal blanco, puestos de verduras sobre sucias cajas de madera apiladas�) llama nuestra atenci�n.

El sitio coincide con un intercambiador de transportes y el gent�o es continuo. Los aparcamientos vigilados son barrizales vallados con un se�or a la puerta que te da un tique manuscrito a 15 CZK/hora, unos 0.40 �. Esto es la esencia del Este profundo. Mola.

En el centro de la capital, la cosa se estandariza y nos sumimos en el nivel -2 del subterr�neo de la calle Ostrovni, muy cerca del celeb�rrimo Puente Carlos. All� mismo, y puesto que no hab�amos comido todav�a, y los restaurantes abren a las 17:00 para servir ya las cenas, nos dispusimos a comer cuando ellos pensaban que �bamos a cenar. Divertido.



El sitio est� muy bien situado, aterrazado sobre el r�o Moldava y frente a los arcos del puente. Se llama Mlynec y sirven un jugoso Cordero de Nueva Zelanda. De postre nos encant� la Sopa de frutos rojos.

Para qu� contaros qu� sucede con el cambio al pagar la cuenta� Sencillamente, �se lo quedan y no te lo traen! �Alguien ha visto cosa igual?

La ciudad, paradigma de los viajes de cuatro d�as-tres noches de vuelo+bus, est� plagadita de hordas de viajes de estudios de instituto espa�oles e italianos. �Ser�amos justos si los llamamos maleducados y arrabaleros? �Eran peores que los hooligans ingleses en Lloret de Mar? �Nos estamos haciendo viejos y somos demasiado cr�ticos, o eran simplemente la embajada m�s vergonzosa que podemos enviar al extranjero? Bueno, ya sab�is de lo que hablo�

Todo esto pasaba en una de las m�s bellas plazas de Europa (la de la Ciudad Vieja), frente al reloj astron�mico cuyos aut�matas medievales nos bailaron las 22:30.



El Barrio Jud�o y un recorrido bastante largo subiendo a pie y volviendo a bajar de la catedral de San Vito



y de la fortaleza, desde cuyas ventanas fueron lanzados el 23 de mayo de 1618 dos gobernadores del Sacro Imperio Romano Germ�nico y un notario a manos de algunos arist�cratas de Bohemia, fue lo que toc� a continuaci�n.



Afortunadamente no se mataron porque cayeron en un mont�n de �esti�rcol! La Historia recuerda este hecho como la Defenestraci�n de Praga (en realidad fue la 2� de las tres que ha habido).

Es, salvando las muchas diferencias, como si en una visita al ayuntamiento de Bilbao de Aznar y Acebes, cuando mandaban, unos exaltados abertzales los tiran desde el balc�n hasta la r�a: Incruento, pero humillante.

Salimos del castillo en el cr�tico momento en que los militares estaban cerrando las puertas. El paseo por s� solo justifica el viaje hasta Praga.



Las caminatas, igual que el folgar, suelen dar hambre. Y esos cinco kil�metros largos de ida y vuelta tuvieron que verse compensados con unos cuantos perritos calientes aut�nticos en la zona de baretos de Plaza Wenceslao y en un globalizado local del KFC.

Sacamos el coche del aparcamiento subterr�neo, nos gastamos las coronas en gasolina y chocolates (es un vicio muy malo�) y nos acercamos a la frontera alemana de Sajonia.

Si Extremadura y Castilla-La Mancha son los para�sos de los grandes y frecuentados puticlubs de carretera, la parte checa de la que conduce a Dresde, lo es de las casitas de madera con escaparate de cristal, tenue iluminaci�n y bicho dentro. Como en el barrio rojo de Amsterdam.

Pena de camiones agobiando por detr�s y cunetas llenas de nieve, que si no os hab�amos hecho alguna foto curiosa�

En el carril para ligeros del check-point alem�n, una peque�a avalancha de nieve hab�a semisepultado la cabina de control, as� es que nos tuvimos que poner por la de camiones. Una risa: porque al t�o lo ten�amos que mirar de abajo para arriba, como cuando te sale en un peaje el tique por la ranura alta.

En el aparcamiento privado de unas tiendas del pueblo de Schmiedeberg, a pocas horas del alba, nos echamos a dormir.

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Aprovechado el par�n para repostar en la gasolinera del pueblo, continuamos hasta la siguiente, donde al echar agua �y es la primera vez que nos sucede� el encargado nos pregunta:

��Cu�ntos litros hab�is puesto?
�Unos cinco� ment�.

Y a�n as� se iba refunfu�ando.

Nos detuvimos a comer a los pies de esta bonita iglesia �ortodoxa? a la entrada de Dresde en cuanto lavamos la furgo en un autowasche de monedas.



Lo poco que dejaron en pie los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial (casi 135000 muertos por las bombas de los aliados la noche de 13 de febrero de 1945)



y lo que respetan cada varios a�os las peligrosas crecidas del r�o es escaso pero muy bonito. De hecho la llaman tanto la Florencia del Elba, como la Zona Cero del Este.

Desde la �pera hasta el mosaico La Procesi�n de los Pr�ncipes (de 102 metros),





hasta la catedral y el palacio Zwinger, todo merece una visita detallada.



El resto es todo muy moderno y funcional, como el centro comercial futurista Elbe Park, donde compramos accesorios para la furgo (cepillo para las alfombrillas, mangueras transparentes�) y cenamos al vuelo en una franquicia de nuestro querido Nordsee.

Desde all� llamamos a San Sebasti�n para fijar la reserva en Arzak para el pr�ximo d�a 31. Nos dan mesa por los pelos. Suerte que no era para viernes ni s�bado, porque si no hubiera sido imposible.

Luego nos marcamos una buena vuelta por el centro, aparcados junto al teatro de Ostra-allee. Y, a la sombra de la Frauenkirche, s�mbolo de la destrucci�n de la ciudad, y hoy completamente resurgida de sus cenizas seg�n los planos originales, nos tomamos unos capuccini en la cafeter�a del hotel Hilton, lo �nico abierto a esas horas (flecha azul).



Cerca de Chemnitz, pasada su circunvalaci�n por la A4, nos paramos a descansar en el �rea de Rabenstein.

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Tras hacer vida toda la ma�ana acampados en la Marco Polo hasta despu�s de comer, nos hacemos clientes del Gardencenter de Jena (necesit�bamos una goma gruesa para un brico de fontaner�a que perfeccionamos repostando agua en la gasolinera de Aral).

Fue prec�samente en esta localidad donde el 14 de Octubre de 1806, de nuevo victorioso, Napole�n Bonaparte aplast� a las tropas prusianas de Federico Guillermo III. La conquista de Erfurt y Berl�n fue un paseo triunfal desde esa fecha para los soldados franceses.

Nuestro encuentro en el sitio de la Batalla de Jena no iba a ser con ning�n galo, sino con el doctor F�lix M. Werner,



el insigne y polifac�tico neurofisi�logo, puntero en la investigaci�n sobre la enfermedad de Alzheimer, y que fue letrista de algunas de las canciones del grupo Queen. Aunque vive y ense�a en esta moderna ciudad universitaria, colabora habitualmente con la de Salamanca.

�Qu� mejor cicerone para mostrarnos la torre de la empresa �ptica Zeiss o la Galer�a Goethe?





O, en el terreno de lo pr�ctico, llevarnos al apropiado aparcamiento Rathaus, a conocer las calles a tiro hecho, o a sentarnos a la mesa del Ratszeise, un bonito restaurante ubicado en la planta baja del viejo ayuntamiento.

All� aprendimos a decir en alem�n un mont�n de cosas de las de comer, que por supuesto ya se nos han olvidado�

Una vez le acercamos hasta su casa en las afueras y tomamos algo de l�quidos inflamables en la Shell para que se tranquilizara nuestro V6, otro recorrido, esta vez por Weimar, nos corresponde a pocos kil�metros.



La peque�a aglomeraci�n contiene los lares donde vivieron Goethe y Schiller, en cuya Oda a la Alegr�a se bas� Beethoven para componer el c�lebre final de la Novena sinfon�a, hoy Himno de Europa.

Aqu� tambi�n se redact� la Constituci�n Alemana que rigi� entre la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del nazismo. Lo que se denomin� Rep�blica de Weimar.

La sobredosis de historia concentrada nos adormece no muy lejos de all�, al lado de Bad Hersfeld, en un �rea de descanso de la autopista A4.

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En cuanto hicimos la colada pusimos proa hacia Kassel. Pero nada m�s ver los logos de su IKEA nos metimos como son�mbulos a ver novedades. Si cre�is que todas las tiendas son iguales� acert�is a medias. Aunque s�lo sea en las comidas, ya hay cosas diferentes. Por cierto, la Lasa�a de br�coli estaba de rechupete.

Gris, as�ptica, ordenadamente industrial. Alemana simplemente. As� es la ciudad vista desde el mirador de H�rcules. En el LIDL de al lado nos aprovisionamos para continuar hacia Hannover, la ciudad de las ferias y exposiciones por excelencia.



La verdad es que el d�a hab�a tenido mucha carretera y pocos atractivos. As� es que nos acostamos no muy tarde en el aparcamiento libre del Zool�gico que est� en medio de un frondoso bosque que, a la saz�n, ten�a la carretera cortada en un punto. Lo cual nos benefici� para no tener ruidos de tr�fico durante la madrugada y parte de la ma�ana.

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En el centro hab�a algunas horteradas como �sta,



de la que sal�an turistas �vidos de experimentar sentirse Gerente de Urbanismo de Marbella por unos minutos.

Nosotros hab�amos guardado el buga en el aparcamiento de Goethestrasse para estar a tiro de piedra de todo.

La visita se articul� con dos comidas: la del mediod�a en el en�simo Nordsee; y la de la noche en un chino con las servilletas dobladas con escrupulosos pliegues de papiroflexia. Entre medias, a disfrutar de lo que se daba.

Hasta que tuvimos que abrirnos paso rumbo a las afueras de M�nster, la mod�lica capital hist�rica de la regi�n de Westfalia que da nombre, entre otras muchas cosas, a los brillantes carroceros de nuestros campers.

El nuestro pernoct� sin nadie que le hiciera compa��a, con la luna casi llena, inundado de luz blanquecina, en un pelado bosque de robles de formas inquietantes. Al fondo, el fragor apagado de la autopista A1.

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Antes de entrar en la propia ciudad, hechas las labores del hogar, repusimos el agua gastada en la gasolinera y nos dirigimos directamente al aparcamiento descubierto de la catedral.



La relativa cercan�a al mar del Norte y la falta de obst�culos orogr�ficos beneficia el clima de Renania. De hecho nos sentamos a comer en la terraza del Mc Donald�s sin ning�n problema. Legiones de estudiantes, toneladas de bicicletas, muchas de ellas sin atar en ning�n sitio, ni siquiera a s� mismas, casitas encantadoras�



Y una bomboner�a de esc�ndalo en el 24 de Salzstra�e. Se llama Grotemeyer.

Ma�ana tenemos programada una visita a la f�brica de las Viano Marco Polo, las Sprinter James Cook y las Ford Nugget en Westfalia Van Conversion, que es como se llaman oficialmente los chicos que nos hacen las furgos m�s habitables.

As� es que, r�pidamente nos vamos a reconocer el terreno hacia Rheda-Wiedenbr�ck por la carretera 64. Repostamos, vemos el entorno de la inmensa factor�a para no dar palos de ciego por la ma�ana y nos vamos a cenar al comedor del hotel Reuter donde por encima de la Brocheta de conejo o la Tarta de mango destac� la amabilidad de las chicas que nos atendieron.

Cuando ya nos alej�bamos despacito con el coche despu�s de salir, la voz a gritos de una de ellas que dec�a:

�Ihre jacket! Ihre jacket!

nos hizo comprender que nos hab�amos dejado una chupa en el respaldo de la silla.

En un rinc�n tranquilo del aparcamiento de camiones para proveedores de piezas, protegidos del ruido de la autopista por sus propias pantallas rugosas, dormimos hasta primera hora de la ma�ana con la emoci�n de ver al detalle dentro de un rato c�mo se habr�an fabricado cada pieza sobre las que ahora repos�bamos.

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Hecha la compra en el s�per y lavado y repostado el veh�culo, lo primero que llama la atenci�n a la puerta de la f�brica a las nueve de la ma�ana es la inmensa campa donde se acumulan las unidades ya listas para ser devueltas a los concesionarios que las encargaron.

�Ah� debi� de estar la nuestra� pensamos como quien vuelve al colegio de su infancia para recorrer las viejas aulas�

Al fondo las Marco Polo. En primer plano las James Cook.



Entramos t�midamente por la puerta de empleados y en las primeras oficinas nos hacemos entender en ingl�s con una amable recepcionista que nos emplaza para dos horas despu�s.

�La visita (exclusiva para nosotros dos) ser� a las once.

Un botones de dieciocho a�os justos, serio, responsable, con pecas en la cara y un correct�simo ingl�s modulado en voz grave, nos mete en su Mercedes Vaneo (el fe�simo modelo, de catastr�ficas ventas en Espa�a) y nos da una vuelta por los alrededores. La f�brica ocupa muchas manzanas y est� dividida en varias secciones.

El plano de toda la zona y otros detalles ya se explicaron en este hilo, que pod�is repasar.

Nuestro inter�s, sobre todo, era aprovechar ese tiempo para escudri�ar el Centro de Clientes (Kundencenter),



donde se exponen todos los accesorios en directo y se puede comprar con toda simplicidad cualquier referencia. O aclarar esa duda infernal sobre la que en nuestra ciudad nadie ha o�do hablar.

Que quieres, por ejemplo, cortinas de ducha para el port�n trasero� all� las tienen. Hechas y listas para ver o comprar.

Comprobamos con verg�enza ajena que las alfombrillas para toda la parte del maletero de la Marco Polo que en varias Mercedes nos hab�an dicho que �no exist�an!, aqu� simplemente las cogieron de la primera estanter�a del almac�n y las probamos perfectamente en la furgo.

El mismo chaval nos condujo de nuevo en plan taxi hasta la planta principal y all� ya nos esperaba un abuelete alem�n de ingl�s mejorable que empez� directamente a ense�arnos la factor�a.

En cuanto salimos de la oficina de recepci�n, donde como sillones de sala de espera hay �atenci�n� �el asiento-cama de la Marco Polo! sobre un soporte que imita los carriles del suelo, lo primero que vimos fue una cola de Vianos reci�n tra�dos de Vitoria con todo hecho menos lo que ellos iban a carrozar. Curioso ver as� las furgos.

Por supuesto, nada de fotos. Ni con el m�vil ni nada. Imposible hacer la pirula. Lo siento. No hubo picaresca que valiera.

La cadena de montaje se divide en estaciones. En cada una se monta un grupo de sistemas y cada varios minutos la fila avanza hasta el siguiente estadio.

Apilados a los costados hay cajas de componentes que van entrando por puertas laterales mediante los modos log�sticos Just-in-time (JIT) y Just-in-sequence (JIS), de forma que haya siempre lo necesario para instalar perfectamente todos los opcionales que la furgoneta concreta que se est� montando en cada estaci�n requiera por sus c�digos de pedido.

Impresionante.

Fotos en color de los principales defectos enviados por los clientes o descubiertos por los operarios (humedades, roturas, fugas, pandeos�) cuelgan en los carteles de anuncios de cada operario para ser evitados en el futuro y perfeccionar el ensamblaje. �Qu� gente m�s met�dica!

Es alucinante c�mo un robot coge todo el conjunto de muebles ropero-nevera-fregadero de una sola pieza y lo mete en el habit�culo haciendo giros imposibles.

Microfilm� con la retina todo lo que pude de lo que se ve por detr�s de los muebles antes de entrar en el veh�culo para poder saber c�mo van instaladas las cosas. Porque me esperan muchas intervenciones por ah� dentro� No tuve la suerte de disponer de estas fotos que se pusieron por el Foro con las tripas de los de la California T5 a la vista.



Nos encant� ver los moldes de madera del techo elevable donde un fino chorrito de fibra de vidrio l�quida va conformando la silueta final. Todo artesanal.

El encargado de la estaci�n que monta los bajos del asiento del copiloto nos regal� unas impresiones con las funciones de los cinco fusibles que en ning�n concesionario (por supuesto, no vienen en las instrucciones) nos hab�an sabido aclarar. Resulta que son los de los encendedores piezoel�ctricos de los fogones (1 y 2) y del cargador de bater�as (3 al 5)



Otro tanto gozamos en las cadenas de la Ford Nugget y de la Sprinter James Cook, (verdaderamente enormes) aunque con menos intensidad porque no eran nuestros modelos.

Tras otra pasada por el Kundencenter para recoger unos cat�logos, camino de D�sseldorf, comimos en un �rea de la autopista con el techo levantado, para m�s tarde empezar recorriendo los barrios perif�ricos y finalmente acomodarnos en la ciudad en un aparcamiento cuyo vigilante hablaba bastante bien la lengua de Cervantes.

Cenar en el Nordsee local, golosinear en otro Starbucks Coffee y pulsar el buen ambientillo que hab�a por las calles,





fue lo siguiente antes de recorrer el Hofgarten y salir hacia el Sur. No hab�a tiempo que perder.

En Aquisgr�n (Aachen), donde la nochebuena del a�o 800 fue coronado por el papa Le�n III el Emperador Carlomagno, cuyos restos se custodian tras estos muros,



no hicimos m�s que un corto reconocimiento de las zonas peatonales del centro y volver a sacar el Viano del aparcamiento. Lo programado era alcanzar la hist�rica villa de Maastrich, ya en Holanda.

All�, despu�s de mucho buscar, porque no es f�cil, encontramos una esquina rodeada de setos en la urbanizaci�n Amby.

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Conscientes de que aqu�, en Mastrique, a orillas del Mosa, se firm� el 7 de febrero de 1992 el Tratado de la Uni�n Europea por el que se consagra la unidad pol�tica del continente, nos imbuimos de ese esp�ritu de ciudadan�a com�n y nos lanzamos a sus calles, dejado el coche en la plaza del mercado.



Aunque en la oficina de turismo cobran por los folletos normales, en la tiendas son agradables y compramos un mont�n de cosas de comer y de vestir.



En el buf� de los grandes almacenes Grote Staat nos ponemos finos y �craso error� tomamos una A25 atascada hasta las trancas. Aunque al final conseguimos llegar a la localidad belga de Lieja, en cuya calle Sur la Fontaine hacemos una gran colada en la lavander�a (con un yonqui tirado a la puerta) de enfrente del aparcamiento vigilado tipo silo, todav�a bajo los c�micos efectos del baile por soleares que se marc� el de la garita en cuanto supo nuestra nacionalidad. Es incre�ble cu�nto identifican Espa�a con Andaluc�a fuera de nuestras lindes. De todas formas el tipo ten�a pinta de no tomar las comidas con agua.

Despu�s de ver por fuera, en la misma clave institucionalista, la Comisi�n Europea de Bruselas, nos relajamos por la inmensa capital que desde la �ltima vez hemos encontrado m�s limpia y con grandes obras terminadas.

Aparcar es jodido. As� es que optamos por el parking del hotel Bedford, no muy retirado de la Grande Place, especialmente bonita esa noche de fr�o y neblina.



En el escaparate de esta librer�a de viejo, como reclamo, lomos de vol�menes ensartados con tornillos y tuercas.



El �nico kebab (aqu� hay much�simos) que hab�a abierto por las callejuelas de la parte antigua, cerca de la estatua del ni�o meando (Manneken Pis),



nos dio de cenar antes de ver qu� tal hab�a quedado la anunciada reforma en profundidad del s�mbolo de la ciudad: el Atomium.



Pasados a Francia, antes de llegar a Valenciennes, levantamos el techo en un �rea y nos dimos las buenas noches.

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El ruidito infame de una cortadora de c�sped y un control policial dentro del aparcamiento nos hicieron decidir r�pidamente por el desayuno. En estas reacciones de la vida diaria uno necesita muchas veces de alg�n catalizador�

El Auchan (Alcampo) de la ciudad nos sirvi� para lavar el coche y repostar dulces. Luego, en la gasolinera de Graincourt lo rellenamos de agua y gu�as tur�sticas de las regiones del norte del pa�s.

Tras comer muy tarde en otra parada de la autopista, casi al ocaso, nos acercamos hasta el fotog�nico Chate�u de Chantilly.

Una de las cosas m�s recientes por las que es famoso este lugar fue el pantagru�lico y desaforado bodorrio que celebr� Ronaldo con la bien alimentada Daniella Cicarelli.

Aunque no le vali� de mucho a juzgar por la famosa folladita debajo del agua en la que la han pillado hace poco en este video:



Otro descanso en la concurrida �rea de Chennevi�res nos dej� a tiro de piedra de Par�s en donde entramos por el barrio de St Dennis, el del Estadio.

Plantamos la Marco Polo en el sitio que quisimos frente a �cole Militaire, desde donde seguramente mejor se ven los espect�culos nocturnos de iluminaci�n a colores o chiribitas del poste el�ctrico m�s famoso del globo (No, no tiene nada de Photoshop).



Y con esta vista cenamos en la furgo. Pocas veces en la vida se come tan barato y con tan buen decorado�

El dormir lo fijamos en el enorme Bois de Vincennes, un poco apartados de la zona de puter�o para estar m�s tranquilos.

Al igual que sucede en la avenida Carlomagno de Lyon, las cuquis viven en este bosque en sus furgonetas blancas y, si est�n libres para recibir, ponen una vela encendida en el lado interno del parabrisas. Si est�n entregadas a la faena o por el contrario no la tienen ni la quieren, pues la apagan. As� de f�cil.

Nosotros hicimos lo mismo: apagamos� y nos pusimos los tapones en los o�dos.

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De buena ma�ana, y por lo mismo, con horribles retenciones en lo que equivale all� por ejemplo a la M30 madrile�a (Boulevard P�riph�rique), y aunque no las pudimos ver directamente porque no ten�amos ni categor�a suficiente ni cita previa, nos acercamos a la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, en el barrio de S�vres. All� se conservan las unidades del sistema m�trico decimal materializadas en lingotes de platino e iridio. Tienen la barra de un metro, la pesa de un kilogramo etc, que sirven como referente patr�n en todo el planeta.

La conservadora que nos atendi� nos explic�, mientras nos obsequiaba con unos libros de la Oficina, que s�lo dejan ver estas joyas en estrictas circunstancias a cient�ficos o personalidades. Si a alguno le gusta el tema, el libro, en versi�n electr�nica, lo ten�is pulsando aqu�.

Como no somos nada de todo eso, nos marchamos, agradecidos, de Par�s hacia el Sur.

En el Auchan de Villebone, rellenamos de gasofa y le damos un poco de vidilla a la lavadora. Luego nos ensuciamos por dentro ingiriendo esas �comidas? que empiezan por Mac.

Francia vista de paso, cuando vas o vuelves de sitios lejanos, siempre se nos ha hecho cuesta arriba. Es demasiado plana y extensa. Ya se ha dicho antes que lo que nos gusta es la arruga herciniana o alpina. Es m�s bonita. Por eso pasan sin pena ni gloria un mont�n de lugares como Ch�teauroux, adonde llegamos por las A10, A71 y A20; el �rea de descanso de Avionneurs, motivo de esparcimiento por un rato; o Limoges, la capital de las finas porcelanas art�sticas.

En la Marco Polo hay de todo lo que se pueda necesitar en un periplo largo. Incluso una cortadora de pelo. As� es que le damos un repaso a nuestros occipitales y parietales para que luzcan bien aseados. Luego una cena aparcados frente al palacio del equivalente a nuestras diputaciones provinciales o forales, realmente bello,



y corriendo a conocer el lago Uzurat, camino del cual encontramos y ayudamos en la curva de entrada a la autopista a un t�o borracho con el coche cruzado porque se acababa de estrellar contra el pretil bionda. Suerte que el TIR que ven�a detr�s iba despacio y no se lo comi� con patatas.

Cada d�a, a base de miles de kil�metros de experiencia, nos damos cuenta de que la principal causa de los accidentes es el no respetar las limitaciones de velocidad. Yo mismo hago memoria de los accidentes (ninguno grave) que he tenido con coches y bicicletas y en todos ha intervenido el ir m�s deprisa de lo que se deb�a.

Y este chico qued� malparado seguramente por no ir a los 30 km/h que marcaba el enlace. Aparte del ceboll�n que llevaba.

Tomado su batido de 98 octanos en la A20, la furgo nos acerc� un poco m�s al Midi franc�s, concretamente a una vieja curva abandonada de la N140, en Cuzance, junto a la salida de Brive-la-Gaillarde. All� pusimos los garbanzos a remojo.

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Tras dejar a punto algo de ropa limpia en donde hab�amos dormido, nos reincorporamos a la A20 para comer en el buf� del Autogrill del �rea de las Causses du Lot.

Cualquier t�rmino orogr�fico franc�s que tenga la palabra causses, quiere decir que es una zona de mesetas (600-800 m de altitud) de suelos calizos. Por aqu�, cerca del Macizo Central, hay muchas as�. Aprovechad por lo menos la pr�xima edici�n del Tour en la tele para comprobarlo. A m� no me entusiasma nada ver retransmisiones de deportes, pero si hay vistas de helic�ptero me engancho. Son como las im�genes de sat�lite de Google Earth, pero en vivo.

Hablando de deportes y de buf�s, en el establecimiento hab�a todo un equipo de rugby reci�n bajado de su autob�s de concentraci�n dispuesto a arrasar con los v�veres que se le pusieran por delante�

Luego esquivamos (�benditos avisos del navegador!) el monumental atasco de la traves�a de Montauban, cuyo Leclerc nos vino bien para la compra y el repostaje.

Y de all� a Toulouse, capital del Midi, meca de la arquitectura de ladrillo rojo cara vista, al estilo del mud�jar aragon�s. Un poco de esparcimiento por el bosque de la �le du Ramier, a orillas del Garona, y a dormir all� mismo al arrullo de la corriente, que ma�ana el d�a es fuertecillo.

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La cita previa la ten�amos desde semanas antes. Con nuestro e-mail de confirmaci�n impreso en la mano, a la hora convenida, las 09:15, nos presentamos a la puerta de la Factor�a Airbus, junto al aeropuerto de Colomiers-Blagnac. La empresa que se encarga de las visitas programadas, por si alguien tambi�n es forofo de la ingenier�a, es Taxiway.



Los que viv�is cerca de la frontera francesa, ya no ten�is excusa si no os hab�is subido al Concorde o no hab�is visto c�mo se ensamblan las piezas de este gigante.



Es la t�pica excursi�n inolvidable de un d�a�

Con la incredulidad satisfecha de c�mo una cosa de 540 Tm, o sea, algo m�s de doscientas Marco Polo juntas, puede volar con hasta 853 pasajeros dentro, nos volvemos a las orillas del r�o a comer tranquilitos, pero un poco preocupados por las cosas que revolotean por ah� arriba...

Aparcados luego por la zona de la avenue de la Gloire, en el ensanche, nos dedicamos a internet en un ciber, a la compra en un super Casino y a una visita en profundidad del tramo urbano del Canal du Midi en el barrio de Rangueil.



Un anochecer lluvioso nos retir� al hogar de nuevo en las riberas de la �le du Ramier, magn�fico lugar furgoperfecto, donde los haya, hasta que despu�s de cenar all� nos aventuramos por la N20, directos hacia la vertiente septentrional del pirineo por Foix y El Castelet.

Un poco antes de llegar a Ax-les-Thermes, nos acostamos en un entrante ancho de la carretera en cierto tramo boscoso.



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Es celeb�rrima esta peque�a estaci�n balnearia, adem�s de por el Casino y las pistas, por la piscina cuadrada altomedieval, llamada de los Leprosos por sus propiedades curativas (Bassin des Ladres), que queda a 20 m de la carretera, desde donde puede verse siempre a gente, sobre todo esquiadores, con los pies metidos, especialmente en invierno, en las aguas sulfurosas medicinales que surgen a 77�C, las m�s c�lidas de la cordillera.

Pues all� que los metimos nosotros tambi�n. No somos los de la foto.





La pe�a no es masoca. Por eso, aunque la surgencia del manantial, por la esquina Suroeste, sale como para cocer macarrones, el p�blico se sienta por la parte opuesta del grader�o. Y da un gustito�

Como and�bamos mal de tiempo y ya conoc�amos los caballos salvajes del puerto del Pas de la Casa, entramos en Andorra por el nada econ�mico t�nel d�Envalira, echamos gasolina en Soldeu y lavamos el coche en Encamp. Finalmente nos resguardamos en la parte para veh�culos grandes del parking municipal del hipermoderno balneario de Caldea,



en Escaldes-Engordany, la segunda ciudad del principado.

Mientras la gente, sobre todo parejitas muy j�venes (ahora est� de moda ir de balnearios) se solazan en los jacuzzi colgantes y cada hora en punto comienza un espect�culo de luces y m�sica (momento que recoge la foto desde el restaurante acristalado),



uno puede degustar en el laureado Aquarius (una estrella) cosas como la Pera en texturas o una de las cartas de aguas m�s pioneras, cuando en Espa�a eso era ciencia-ficci�n.

En la aduana espa�ola nos toc� discutir con un n�mero de la Guardia Civil con poca empat�a:

�No puede Vd registrar el veh�culo porque es autocaravana-vivienda.
�Entonces todos los comandos terroristas y narcotraficantes se comprar�an autocaravanas.
�Pues si no lo hacen no ser� porque no puedan�


Al final, como llev�bamos por ah� escondida una cosa que no nos interesaba que viera, le abrimos el port�n y se qued� m�s tranquilo.

Dejada atr�s La Seu d�Urgell, en el mirador que hay en las grandes pendientes de Guardiola del Bergued�, con una luna preciosa, regulamos por primera vez la posici�n de la cama mediante la correcci�n de la suspensi�n neum�tica y nos quedamos fritos.

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Como resulta que es lunes de pascua, festivo en Catalu�a, entre otros lugares, hay bastante tr�fico desde la monta�a hacia las ciudades. Se acaba el puente.

Mientras nos desperezamos en la intimidad de los cristales tintados, con este espect�culo rocoso por el lado del precipicio,



a escasos metros, en el arc�n, los hombrecillos azules� se montan el chiringuito auton�mico recaudatorio y coercitivo. Os pod�is figurar: iban cayendo como moscas. Y en un sitio ideal con grandes pendientes (la gente bajaba a tumba abierta), a la salida de una curva precedida de rectas y con �rea de descanso para ir administrando el control c�modamente. Y en un d�a as� les sobraba p�blico.

Comidos en el puerto de Vallfogona, con buenas vistas, nos encaminamos a Olot donde aparte de lavar el coche nos dimos la caminata hasta el volc�n, cuyo cr�ter es un buc�lico prado.



Antes de marcharnos, utilizamos la tristemente c�lebre farmacia cuya titular, Maria Angels Feliu Bassols, fue secuestrada durante 492 d�as entre 20 de noviembre de 1992 y el 27 de febrero de 1994. Se trata del cautiverio conocido m�s largo padecido por una persona en Espa�a sin m�vil terrorista.

Camino de Vic, bebimos las fresqu�simas aguas de la fuente del Santuario de La Salut, y en la capital de La Plana cenamos en una de esas pizzer�as franquiciadas de las que cierran tarde, como los VIPS, El Rac�, frente a la estaci�n de ferrocarril.

Aunque nos lo advirtieron, no les hicimos caso: el Flan del postre pesaba �500 g! y nos cost� acabarlo�

En el aparcamiento del LIDL se acab� todo hasta el d�a siguiente.

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Desped� a mi media naranja en el tren de cercan�as (se iba a hacer unas compras a Barcelona) y, puntual a la cita, me present� a las ocho en el concesionario de Mercedes.

Como ya estaban avisados (les llamamos desde Salzburgo para encargar el cristal retrovisor izquierdo que se nos hab�a gelifractado), pues todo empez� seg�n programa.

Para cuando os pase esta desgracia tan habitual que ya se ha comentado entre otros en este hilo, pod�is vosotros mismos cambiarlo como se explica.

Luego la cosa se complic� un poco. Como en cadena. Fij�os qu� pas�:

Hace unos meses ocurri� que una de las luces de matr�cula del port�n se inundaba de agua. As� es que me la sustituyeron y me aplicaron una medida se servicio creada por Mercedes para estos casos: hacer dos taladros inferiores a la moldura cromada que aloja estas l�mparas para que al lavar el coche tenga buen drenaje y no vuelva a reproducirse el problema.

As� lo hicieron, pero, como me toc� de chapista (o planchista, como se dice por all�) el tonto de la promoci�n, pues al desmontar la moldura por dentro del port�n me parti� un embellecedor y me rasg� la l�mina anticondensaci�n. Como les obligu� a reparar el da�o (porque ellos ya me lo dejaban as�) y no hab�a repuesto, pues este d�a que estoy relatando era el elegido para desfacer aquel entuerto.

�Qu� bonito hubiera sido que la cadena de desastres acabara ah�! Pero no. La vida es m�s complicada�

Cuando ya me las promet�a felices con todo renovado, �zas!, el experto empleado de la Marca se carga el cortinero del port�n por apretar de donde no deb�a al encajar las grapas�

El t�o dec�a que no importaba�. Y como de nuevo no volv�a a haber recambio� y el problema amenazaba con llegar al d�a del Juicio Final por la tarde� me puse serio y les hice desmontar la misma pieza a una Marco Polo de la exposici�n y pon�rselo a la m�a. Luego ellos ya se las arreglar�an� �Cre�is que el que tiene ahora esa furgoneta nueva, lleva la pieza renovada o la m�a rota?

No quiero ni pensar en las cosas que nos hacen, que no vemos, y que llevamos por ah� dentro descojonadas sin saberlo. �Qu� grandes profesionales del taller hay en Espa�a!

Llegu� con atascos a Barcelona justo a tiempo para reunirnos de nuevo a comer en un men� del d�a de la calle Casanova y divertirnos por la ciudad.

Cuando la enorme tromba de agua que cay� por la tarde nos lo permiti�, avanzamos hasta el �rea de descanso de Villafranca del Pened�s, tras el peaje de la AP7, donde cenamos.

Luego, ya en la AP2, en el �rea de L�Alt Camp, en el t�rmino de La Bisbal del Pened�s, bajo los techitos met�licos y estrenando el set isot�rmico de cinco piezas para los cristales delanteros reci�n adquirido en Vic, nos retiramos de un d�a tan duro.

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Hicimos la compra en el Sabeco de Fraga y repostamos en la gasolinera de la salida de Zaragoza, hacia donde proseguimos con alg�n alto para comer en Pina de Ebro. All� los hombrecillos verdes� estaban, con modales Rambo, interceptando un turismo en el peaje.

Sin detenernos en la Caesaraugusta romana, volvimos hacia el Norte. Esta vez hasta Pamplona, donde echamos unas risas con la gente que conocemos. Muy bien rematado ha quedado el aparcamiento subterr�neo de la plaza del Castillo. Y las meriendas en la pasteler�a Belagua de la calle Estafeta siguen como acostumbran. Nos gusta volver all�.

Como la noche acompa�a, recorremos el valle de Berastegui a ratos por la autov�a A15 y a ratos por las carreteras locales, como la que lleva a Areso.

Al final acabamos en San Sebasti�n, con la inmensidad del Cant�brico en las ventanas, aparcados en el Paseo Nuevo, a los pies del monte Urgull.

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Limpiamos el WC qu�mico en la alcantarilla sobre la que estrat�gicamente nos hab�amos situado y nos entregamos al poteo por la Parte Vieja, paradigma de los paradigmas del concepto de tapa. Eso s�: a precio de plato.

�Mi preferida? El Saquito de gambas con queso. Para el que no la haya probado, es una bolsa de delgada pasta filo rellena de crema de queso con el marisco y atada para que no se abra con hilo de puerro. Se fr�e fuerte un instante y se toma crujiente de un bocado. Que es dif�cil de olvidar.

Como no podemos olvidarnos de la degustaci�n que cenamos en casa de Arzak despu�s de dejar preparada la furgo, limpia y repostada en Anoeta.

Carabineros con morcilla, Merluza al cacao, o las Frutas pomposas, un postre que imita a un volc�n en erupci�n. �Qu� decir de esta casa que no se haya dicho ya?

Como las vacaciones a�n tienen unos d�as m�s, nos alargamos hasta Biarritz y Bayona para acabar durmiendo en la autopista a la altura de Labenne.

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En el Intermarch� de Labouhy�re, en plenas Landas, compramos lo que nos comemos un rato despu�s en otro aparcamiento y lo que el motor de la furgo se traga hasta Burdeos.

Guardada en el modern�simo parking excavado en la plaza de la Bolsa, a orillas del ancho Garona, nos lanzamos a vivir la ciudad, que se afana sin conseguirlo en imitar a Par�s.

Muy bien conseguida la reforma urbana que ha implantado el nuevo tranv�a.

Junto al Grand Th��tre,



la pizzer�a Casuccia, donde son un encanto, sirve un postre de vainilla llamado Dame blanche muy de recomendar. Y otras muchas cosas que nos dieron fuerzas para la noche de ese viernes que acab� con una visita al gran recinto ferial de Lac desde el que regresamos a la autopista. En el �rea de Cestas, con el techo elevado, plantamos finalmente el campamento.

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All� mismo desayunamos y comimos. Luego la tarde transcurri� conociendo el bosque de Chiberta, en Anglet.

Mientras cen�bamos de fast-food en Biarritz conocemos la noticia que recorre las redacciones del mundo entero: el papa Karol Wojtyla ha muerto en los palacios apost�licos del Vaticano a las 21:37.

Ser� dif�cil superar alguna vez los 127 pa�ses que visit� (m�s que todos sus predecesores juntos), pero no nos importar�a imitarlo un poco en esa faceta. Nosotros s�lo hemos estado en 33.

Camino del puerto de Etxegarate, tras rellenar tanques en el Eroski de Donostia, nos vamos acercando tristes para casa. El final est� cerca. En el ensanchamiento superior de la calzada sentido Burgos nos acostamos bien entrada la madrugada.

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A la hora que llegamos al centro comercial El Boulevard de Vitoria no se coc�a nada m�s que algo de kebab. Y es lo que comimos. Luego m�s rutina por las AP1 y A62 descansando un buen rato en Cigales, en la provincia de Valladolid.

Al llegar a Salamanca, como casi siempre, lavar y repostar la furgo en el Leclerc. Y, en este caso, un hecho luctuoso m�s:

El viejo Renault 21 TXE 2.0, completamente desreformado, es decir, vueltos a instalar todos sus asientos y elementos originales que fueron sustituidos



para hacerlo camper por varios a�os como expliqu� en este brico, sale por �ltima vez del garaje de casa para dejar sitio a la Marco Polo.

Ma�ana se har� cargo de �l su nuevo due�o.

Snif. :�-(



La vida es un conjunto de etapas y cap�tulos. Hoy se cierra uno y empieza otro. Y acaba el 33� y �ltimo de este relato.






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