|
21
Conscientes de que aqu�, en Mastrique, a orillas del Mosa, se firm� el 7 de febrero de 1992 el Tratado de la Uni�n Europea por el que se consagra la unidad pol�tica del continente, nos imbuimos de ese esp�ritu de ciudadan�a com�n y nos lanzamos a sus calles, dejado el coche en la plaza del mercado.

Aunque en la oficina de turismo cobran por los folletos normales, en la tiendas son agradables y compramos un mont�n de cosas de comer y de vestir.

En el buf� de los grandes almacenes Grote Staat nos ponemos finos y �craso error� tomamos una A25 atascada hasta las trancas. Aunque al final conseguimos llegar a la localidad belga de Lieja, en cuya calle Sur la Fontaine hacemos una gran colada en la lavander�a (con un yonqui tirado a la puerta) de enfrente del aparcamiento vigilado tipo silo, todav�a bajo los c�micos efectos del baile por soleares que se marc� el de la garita en cuanto supo nuestra nacionalidad. Es incre�ble cu�nto identifican Espa�a con Andaluc�a fuera de nuestras lindes. De todas formas el tipo ten�a pinta de no tomar las comidas con agua.
Despu�s de ver por fuera, en la misma clave institucionalista, la Comisi�n Europea de Bruselas, nos relajamos por la inmensa capital que desde la �ltima vez hemos encontrado m�s limpia y con grandes obras terminadas.
Aparcar es jodido. As� es que optamos por el parking del hotel Bedford, no muy retirado de la Grande Place, especialmente bonita esa noche de fr�o y neblina.

En el escaparate de esta librer�a de viejo, como reclamo, lomos de vol�menes ensartados con tornillos y tuercas.

El �nico kebab (aqu� hay much�simos) que hab�a abierto por las callejuelas de la parte antigua, cerca de la estatua del ni�o meando (Manneken Pis),

nos dio de cenar antes de ver qu� tal hab�a quedado la anunciada reforma en profundidad del s�mbolo de la ciudad: el Atomium.

Pasados a Francia, antes de llegar a Valenciennes, levantamos el techo en un �rea y nos dimos las buenas noches.
|