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Como si se hubiera tratado de una premonici�n, justo al entrar en la abad�a, tras desayunarnos los pasteles que m�s nos entraron por los ojos en la coqueta calle mayor del pueblo, por las ventanas abiertas de un sal�n de ensayos o�mos las voces blancas de los ni�os cantores, en cortas frases musicales que se repet�an y volv�an a rectificarse bajo �rdenes en alem�n de alg�n maestro... La Operaci�n Triunfo de los presbiterios... en directo.
Volvimos a lavar el coche en la gasolinera de BP y, a las puertas de Viena, vuelta a llenar de agua, otra vez en la toma de un lavado autom�tico, porque no hab�a grifo a la vista.
Dando por buena la idea de que una ciudad nueva se conoce mejor si de primeras dadas se le hace un tour panor�mico, como esos autobuses tur�sticos de doble piso, hicimos lo propio antes de ser fagocitados por el m�s caro aparcamiento subterr�neo de todos los tiempos. � Ni en Amsterdam hab�amos visto que se cobrara a 4 � la hora ! Eso s�: en el centro de los centros, junto a Weihburggasse, y con clientes de la talla de este bonito Hummer:

:-O
Entre palacio y palacio, calles peatonales tan preciosas como heladas,

nos metimos a cenar en un chino en una primera planta de Karntnerstrasse, a las tantas, cuando todo estaba ya cerrado. Muy majos. Me gusta la gente china porque son muy trabajadores.
El caf� con dulces, en este caso, el caf� vien�s como Dios manda, nos lo tomamos en el Starbucks Coffee de la �pera, inmejorablemente situado y a rebosar de gente interesante. Cosas de los viernes por la noche.

La ciudad no dejaba de dar de s� por todas partes: San Carlos Borromeo, la Rathaus...


pero nuestro hogar est� a miles de kil�metros y a�n hay que alejarse todav�a m�s para luego volver dando un gran rodeo... hay que marcharse. Hungr�a nos espera.
Al salir hacia la autopista, recordando las escenas de El Tercer Hombre, vemos a lo lejos la Noria del Prater y tambi�n la Torre de Comunicaciones del Danubio (Donauturm) y, sobre todo, nos llama la atenci�n una largu�sima hilera de tractocamiones (las cabezas, sin los remolques) circulando entre Bratislava y Viena. Poco despu�s ver�amos la explicaci�n: es m�s barato mover por s� mismos los propios camiones para exportaci�n (Eslovaquia tiene una importante industria automovil�stica deslocalizada de pa�ses con mano de obra menos barata), que cargarlos en otros medios (plataformas de tren, por ejemplo). Es como si las Mercedes-Benz Vito fuesen rodando desde la f�brica de Vitoria hasta el puerto de Bilbao en vez de cargarlas en trailers.
La frontera de Hegyeshalom est� ah� a la vuelta... sacamos nuestros forints en billetes peque�os, nuestros folios de expresiones en h�ngaro, una de las lenguas m�s cr�pticas que existen... y la documentaci�n. Los polis, un encanto de amabilidad... nos preguntan algo que no sabemos qu� es, les contestamos en alem�n que es una autocaravana y una sonrisa mutua cierra el fugaz contrato. Estamos en nuestro pa�s visitado vig�simo octavo.
Ahora a cumplir las normas: en Hungr�a tambi�n hay que pegar una vignette por el interior del parabrisas para circular sin que te multen por las autopistas. Adem�s, estas Matrica, que es como se llaman aqu�, llevan un holograma detectable por unas c�maras l�ser situadas tras los p�rticos de se�ales de tr�fico, como si fueran nuestros radares fijos. Y al que no la lleva... �zas!, foto y a pagar con propina en el siguiente control. En la primera estaci�n de servicio, que como las polacas est�n abiertas incluso para comer 24 horas, compramos la pegatina v�lida para 5 d�as, que es la m�s sencilla, como en Austria. En Suiza hab�amos pagado la del a�o entero porque no hab�a otra.
A la altura de L�b�ny caemos rendidos.
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