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La venganza estaba servida y a media ma�ana nos despierta a nosotros el maniobrar de una autocaravana portuguesa. Tienen m�rito porque Portugal est� m�s lejos todav�a de Gdansk.
Un rato despu�s, nos explicar�an que en octubre ya est�n cerrados todos los campings de la zona y que no les qued� m�s remedio que hacer lo que nosotros.
De verdad que merece mucho la pena llegar hasta aqu�. Es un sitio m�gico, como los reflejos amarillentos, ocres, dorados, melosos que irradian las joyas de �mbar expuestas por cualquier escaparate, muy especialmente los de la calle Mariacka.
Aunque pretend�an cobrarnos por dejar las chupas en el perchero �dentro del restaurante!, comimos muy bien, ya no tan econ�mico como en otros lugares de Polonia del sur, en Pod Lososiem (Szeroka 54) donde destac� un estupendo salm�n del B�ltico con verduritas torneadas.
Tambi�n fue muy ir�nico el brindis que cinco ancianitos de la mesa de al lado, todos varones (�militares retirados?), propusieron a los postres.
�F�r Deutschland!� vociferaron.
Brindar por Alemania en voz alta no tiene mayor importancia. El detalle est� en que fue justamente aqu�, donde cayeron las oleadas de toneladas de bombas incendiarias y de fragmentaci�n m�s virulentas de la guerra. Tantas, que la ciudad qued� arrasada.
Las primeras, dirigidas al polvor�n del monte Westerplatte, frente a los actuales astilleros, las impulsaron las bater�as del nav�o acorazado nazi Schleswig�Holstein veinti�n minutos, como sabemos, despu�s de machacar el cable polaco en los puentes de Dirschau. Exactamente a las 4:47 horas del primero de septiembre de 1939.
Es como brindar por Israel en una taberna de la franja de Gaza. M�s o menos.
Un paseo para bajar tanta grasilla nos llev� por toda la ciudad, muy animada por la tarde. Una cafeter�a con internet llevada por una pareja de chicas hacendosas, unas postales echadas al correo... fueron consumiendo los ratos.

En uno de los cuales dos polic�as, con gran corrillo de turistas, se llevaban al coche patrulla a lo que parec�a un raterillo sorprendido in fraganti, el �nico atisbo de delincuencia evidente que hemos visto en 25 d�as, si no se considera delito el que en una pasteler�a de Garbary Tkacka hubiera seis o siete avispas columpi�ndose en una tarta de queso �dentro del escaparate refrigerado!
El vigilante del hotel se empe�� y consigui� cobrarnos 35 PLZ en lugar de los 25 convenidos aduciendo que pertenec�amos a otra tarifa por ser coche alto. La rid�cula diferencia de 2.25 � por todo el d�a no nos pareci� motivo suficiente para contrariarlo. Adem�s, le hab�amos despertado la noche anterior...
Nos fuimos por los alrededores, nos perdimos (literalmente) un rato por Sopot, pero al final encontramos la Casa Derretida (Krzywy Domek), que por dentro es un peque�o centro comercial con todo bien derecho.

Lo �ltimo antes de marcharnos de Gdansk fue visitar el citado Westerplatte donde los militares s�lo dejan ver el punto exacto donde cayeron las bombas y el airoso monumento conmemorativo.

En la Jet de Gdynia repostamos y en Rumia malcenamos dentro del Mc Drive. Con todas esas energ�as llegamos hasta la frontera alemana de Kolbaskowo, agotada la chatarra de zlotys en la gasolinera antes de pasar.
Apenas un r�pido vistazo a las papelas les bast� a los polic�as para dejarnos entrar en la autopista A11, cuya prueba demuestra que no s�lo en Polonia hay carreteras catastr�ficas. Tambi�n aqu� tienen que invertir todav�a mucho en asfalto nuevo.
Ya amanecido, nos paramos a dormir en la diminuta pero bien aprovechada estaci�n de servicio de Hoheng�stow.
Cuando ya ten�amos colocado el set isot�rmico de parabrisas y ventanillas delanteras, el encargado nos recoloc� del aparcamiento de pesados (casi sin camiones) al de ligeros: estamos ya en el pa�s de las cabezas cuadradas. Cada cosa en su sitio.
Pernocta n�mero 222�: Bonita cifra.
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