
10. Pompeya (I) � Termoli (I)
Antes de entrar en el recinto arqueol�gico nos pasamos por la oficina de correos de la estaci�n de ferrocarril a mandar unas cuantas postales a los amigos.
Comprobamos con alegr�a que a los profesores y estudiantes nos hacen un importante descuento en las taquillas de entrada. El lugar es impresionante. Plano en mano fuimos edificio por edificio, inclu�do el puticlub con sus reservados, viendo los cuerpos de las personas tal y como quedaron en el momento de su muerte.

Visitamos las piscinas cubiertas (y descubiertas), las termas,

y los gimnasios, palestrae,

cruzamos por los pasos de cebra,

y nos introdujimos por alguno de los patios porticados de las casas privadas, peristilum.

Y muchas cosas m�s con las que no es necesario aburrir a quienes no sientan especial predilecci�n por el mundo romano.
En los accesos al lugar, algunos campers comerciales hacen su agosto.

Nosotros, ya con bastante hambre, nos aprovisionamos all� muy cerca en el hipermercado San Genaro (es el santo que, seg�n los lugare�os, les protege del Vesubio y cuya sangre se lic�a milagrosamente en su relicario catedralicio varias veces al a�o), y nos pusimos a comer mientras hac�amos una peque�a panor�mica de la Costa Amalfitana.
Repostamos en Nocera y, despu�s de perdernos por Avelino, localidad natal de una buena amiga, cenamos en otro �rea de sercivio. Finalmente, conseguimos alcanzar Foggia y despu�s, ya casi noche cerrada, Termoli, en la cosa del Adri�tico.

Es febrero: la mar estaba embravecida, con oleaje col�rico y mucho viento del noreste. As� es que nos posamos en el borde de la duna dando la espalda a tierra firme. La marea estaba bajando. Sent�amos en los cristales y en la chapa el azote de las turbulencias de arena... pero �craso error� s�lo nos quedamos con el lado buc�lico del fen�meno. Y nos dormimos a merced de los elementos.
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