
2. Pancorbo (E) � Carcassonne (F)
Uno de los m�s enigm�ticos despertares abre el tel�n de nuestros sue�os a la realidad de la ma�ana del domingo. 07:30: Nada de tr�fico. Nada de camiones. Nada de ruidos... excepto el motor de un misterioso Peugeot color rojo con matr�cula de Valladolid, cuya numeraci�n no anotamos.

En el interior, un var�n de nuestra edad, unos 35 a�os. Para sigilosamente en el arc�n izquierdo tras desviarse de su marcha sentido Ir�n. Muy despacito. Como escudri�ando qu� tipo de coche somos. Al ver las bicis en el techo descart� seguramente nada inconveniente.
Desciende del veh�culo, mira para todos lados y se dirige unos veinte metros hacia el talud junto al que estamos dormidos. Escudri�a certeramente entre la maleza, remueve unas piedras y toma una bolsa de basura negra algo abultada, como con peso. En un instante se vuelve a meter en el turismo y reemprende la marcha en el mismo sentido. Vuelve el silencio.
Las especulaciones sobre este tipo de tomas y recogidas de material os las dejo a vosotros. Nosotros tenemos formada una opini�n, pero carece de importancia.
Con estos bonitos roquedos, salimos del desfiladero y, antes de llegar a Miranda de Ebro,

nos desayunamos y compramos loter�a nacional (que no nos toc�, como podr�is suponer por la de tiempo que tardamos en encargar la Marco Polo) en el primer bar de carretera a nuestra derecha. El caf� nos espabila. Vemos que no hemos so�ado nada de lo de antes. Son las cosas que se ven cuando uno viaja a lo hippie.
Nos aprovisionamos la bodega en el Eroski de la localidad guipuzcoana de Tolosa y llenamos, camino de la cara Francia, la alacena de debajo de la cama.

Y ya en la autopista A64, cerca de Pau, por donde estuvimos frecuentando los locales m�s divertidos de la noche, nos agenciamos el mapa en curso de carreteras de Francia en la estupenda escala 1:200000, pastas duras, que acostumbra a publicar la Editorial de viajes Michelin por all�. Detallad�simo y recomendable.

Cenando por las �reas de descanso, alcanzamos Toulouse a tiempo de continuar la diversi�n y descansando en el aparcamiento de la isla du Ramier, junto a lo que hoy es el Casino y entonces era una inmensa escuela profesional de Qu�mica.
Luego otro estir�n hasta el �rea de descanso de Carcassonne, esa ciudad doblemente amurallada que parece un Exin Castillos de verdad.
As� la ver�amos a la ma�ana siguiente:
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