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Esta fugaz excursi�n, monogr�fica de fiordos, transcurri� por paisajes indescriptibles. Es donde m�s fotograf�as tomamos de todo el recorrido.
El campo al principio constaba de bonitos bosques y praderas, muchas veces cubiertas de flores,

�reas de descanso (comimos en una de ellas) con techitos de cuento,

e iglesias de madera,

alguna de las cuales, como �sta del siglo XII en Borgund, son verdaderas joyas arquitect�nicas.

Por el camino, jalonado de pretiles bionda con m�stiles tambi�n de madera

que superan nuestras viejas discusiones sobre lesiones a motoristas entre el perfil met�lico en I o en C, una sucesi�n de estampas inolvidables como este embarcadero con el techo de hierba


o cascadas de todos los tama�os.


Como si fuera un paisaje lacustre escoc�s.

Detr�s de cada t�nel, en alguno de los cuales nos metimos destrangis

con las bicis para hacerle fotos a los escasos coches, aparec�a un universo cada vez mejor, con cruceros de turistas (se ve uno ah� al fondo) por profundos valles hundidos llenos de agua del mar, a veces adentrados hasta �200 km! desde la costa.

En algunas casas, como objeto decorativo de los jardines, se ponen mu�ecos de tama�o humano que desde lejos parecen gente normal,

y en las ventanas de muchas viviendas hay siempre (aunque no sea navidad) una peque�a lucecita o vela encendida tras los cristales. Es una gozada de detalles�
�sta es la foto m�s septentrional que hemos hecho nunca. La tom� en el Fiordo Sogne (de Los Sue�os, literal y justamente):
En este preciso momento llegamos al ecuador del viaje con esa pena de empezar a volver� Nos abrazamos (la foto que nos hicimos con el autom�tico no la pongo, que es un poco empalagosa), tomamos una peque�a piedra del camino por el que nos hab�amos alejado con las bicis� y hoy la tenemos en un sitio destacado en casa, como recuerdo de aquel lugar m�gico.
Y m�gico tambi�n iba a ser el tr�nsito de veinticuatro kil�metros y medio por el Laerdalstunnelen, tambi�n reci�n acabado el a�o anterior, por el que reemprendimos el descenso de nuevo hacia Oslo. De repente, sin sospecharlo, nos hab�amos metido nosotros solos (ni un solo coche pas� a esas horas en ninguno de los dos sentidos) nada menos que en el tubo carretero m�s largo del mundo.
La sensaci�n no es de agobio, sino de terror. Contribuyen a ello los numerosos carteles que te indican: le quedan 23 km para la salida� le quedan 22 km� le quedan 21�
A 5 km de cada boca, y tambi�n en el centro (foto superior), hay sendas c�maras de inversi�n de giro, abovedadas en la roca, para que en caso de problemas puedan maniobrar los veh�culos pesados.
Y claro, cuando no lo sabes, como en nuestro caso, esa luz azulada te parece lo m�s raro que has visto nunca acercarse cada vez m�s en el interior de un t�nel. Y sucede tres veces�
Para haceros una idea m�s pl�stica, imaginad el t�nel de Viella (5173 m), estrecho y claustrof�bico� pues s�lo un poco mejor es el de Laerdal. Y adem�s, tras recorrer esa distancia s�lo habr�amos llegado a la primera de las c�maras, nos quedar�a entonces m�s del doble para llegar apenas a la mitad del recorrido� no es apto para todos los p�blicos.
Cuando acabamos de pasarlo ser�a la una de la madrugada. Pero mirad qu� luz hab�a en el cielo. Eso es el alba de medianoche que dijimos antes�
Cenamos a esas horas intempestivas, cambiamos el aceite mineral al coche cerca de Gol, en una gasolinera provista de contenedores ecol�gicos (lo sol�a hacer cada 4500 km) porque ya le tocaba desde que salimos de casa, y all� mismo nos acostamos pesarosos de no haber aprovechado este inventito
que hab�amos visto por la tarde hac�a unos 100 km, cerca de una de las cascadas que se han mostrado antes. Pero, aunque estaba en una finca medio abandonada y abierta, no nos quisimos exponer a alg�n problema legal si nos pillaban metidos en harina en un sitio privado. Prefer� tirarme debajo del coche, pero en un sitio permitido. Que las leyes noruegas son como las suizas: Te pueden joder las vacaciones en un segundo.