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Los jardineros que cuidaban del aparcamiento nos despertaron con la serenata de sus cortadoras de c�sped. Y adem�s nos llamaron la atenci�n, unos instantes antes de abandonar el lugar, porque ten�amos el motor encendido m�s de dos o tres minutos mientras nos prepar�bamos�

Nos dieron en la oficina de turismo, plantada en medio de la zona de merenderos, unos planos de la ciudad e informaciones muy �tiles para sacarle provecho a la visita.

El impacto de tanta conciencia medioambiental nos hizo olvidar un peque�o detalle: cerrar bien el cofre portaequipajes antes de arrancar. Donde, adem�s de los maletines de pl�stico con la impedimenta, iba la fruta fresca.

Menos mal que unos centenares de metros despu�s del pasar el carril de aceleraci�n de la autopista, un coche que nos segu�a nos avis� pero para entonces el arc�n sueco estaba ya sembrado de nuestros melocotones y naranjas y otros objetos que tuve que recoger apresuradamente� antes de que siguieran rodando por la calzada� �qu� situaci�n!

Despu�s dimos un buen paseo panor�mico con el coche por los alrededores de la ciudad: Vimos el auditorio Scandinavium donde se celebr� la XXX edici�n del Festival de la Canci�n de Eurovisi�n. All� mandaron a Paloma San Basilio con su tema La fiesta termin�, que qued� en un triste 14� lugar.

Y luego decidimos aparcar para movernos con las bicis en un lugar que nos pareci� seguro: al lado de la garita de enclavamientos del final de la playa de v�as de la estaci�n de ferrocarril. El ferroviario estaba dentro y su coche aparcado debajo. �Qu� mejor lugar, aunque un poco solitario?

El malogrado Mc Donalds del complejo comercial Norden todav�a ten�a las huellas de la batalla campal del 15 de junio en sus cristaleras. Pero estaba funcionando. As� es que all� malcomimos y, helados en mano, fuimos recorriendo las bonitas calles del centro.

Cuando volvimos de nuevo al apartado extremo de la estaci�n (> Ver el lugar exacto en Google Maps), el coche y su funcionario ya no estaban. El nuestro tambi�n estaba. Es como si fuera el de la izquierda de estos cuatro.



Por suerte intacto. Pero justo en el de al lado dos t�os estaban hurgando en el maletero de un tercer veh�culo sacando peque�os objetos del interior de entre los revestimientos de moqueta, herramientas y alguna bolsa. Estaban muy afanados en ello cuando sigilosamente nuestras bicis llegaron al lugar, pasado el mediod�a.

Ellos ni se inmutaron. Eran profesionales. Siguieron desvalijando. Luego se fueron caminando tranquilamente con todo el bot�n dejando el coche sin cerrar. �Madre m�a!, �qu� cerca lo tuvimos!

Dudamos si avisar a la polic�a y tal. Pero �qui�n explica todo eso en sueco o en mal ingl�s? �Qui�n pierde medio d�a de vacaciones en algo que ni siquiera sabes si te va a salpicar de alg�n modo?

�Mejor v�monos por si acaso� fue la soluci�n final.

La tarde que pudo haber transcurrido declarando como buenos ciudadanos en una comisar�a, la pasamos en el IKEA local. �Qu� mejor IKEA que uno de Suecia? Por all�, en una gasolinera y en un supermercado cercanos nos acabamos de gastar las coronas que nos quedaban y, de nuevo a trav�s del costoso puente que une Malm� con Dinamarca, nos plantamos otra vez en Copenhague.

Como el hombre es el �nico animal que tropieza dos veces en la misma piedra, en un barrio de la capital, despu�s de utilizar una gasolinera en la que un coche con matr�cula de M�laga pasaba por el autolavado, al salir y dar una curva de 90�, otra vez un mel�n (que qued� para el arrastre) y varios objetos m�s se salieron del cofre mal cerrado y quedaron esparcidos por la calle. �Pod�is ver el estupor en nuestras avergonzadas caras? Esto s�lo nos pasa a nosotros� �qu� bochorno!

Igual que pasa en la Gran V�a de Madrid, donde se inaugur� en 1981 el primer Mc Donalds (en el tramo entre Callao y Pza. Espa�a), en Copenhague tienen tambi�n el restaurante decano del pa�s. All� cenamos y retrocedimos despu�s de pasar otro rato por la urbe hacia Odense. Unos 80 km antes de llegar, nos acostamos.

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