bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Saffron x Severus = COM!
Youko x Draco = COM!
Laia x Lucius = COM!
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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· miércoles, diciembre 31, 2003

" Frío y calor " por Laia ( 8:18 PM )
 
Laia salió de la clase de Flitwick completamente dormida. Las clases por la tarde le parecían horribles. ¿Por qué había cogido asignaturas extra? ¿A quien quería engañar con ese cuento de estudiante aplicada?
De repente, en mitad del claustro encontró a su gata blanca esperándola toda tiesa, con mirada ansiosa. Laia se acercó a ella y sintió lo que ésta quería decirle.

“Está aquí”

La gata empezó a correr, y Laia la siguió todo lo rápido que podía hasta llegar a las mazmorras.

Al llegar al despacho de Snape, Laia abrió rápidamente la puerta, sin pensar siquiera en llamar.

En el interior de la habitación se encontraba Snape, Bahn.

Y Lucius Malfoy.

Se quedó allí parada, mirando fijamente al señor Mafloy. Se encontraba mal, realmente mal. Y nerviosa.

“¿Y ahora que hago?”

Pero la voz del profesor de pociones la sacó de sus pensamientos.

- ¿Qué hace aquí Wallravenstein?

Antes que pudiera contestar, Lucius se acercó a la recién llegada.

- Señorita Wallravenstein ¿Cómo se encuentra? Justamente ayer hablé con su abuela.

Y dicho esto le tendió su mano. Laia acercó la suya, sin poder evitar un ligero temblor, y se la estrechó. No supo cuanto tiempo le estuvo dando la mano, pero a ella le parecieron años, ya que parecía que no pudiera soltarle. Una sensación agradable y desagradable a la vez le recorrió el espinazo.
Snape la sacó de sus pensamientos.

- El señor Malfoy y yo debemos aclarar algunos asuntos, si nos disculpan.

Laia miró a Snape aún sin haber tenido tiempo de borrar esa expresión extraña de anhelo y miedo de su cara, y se dirigió a la salida junto a Saffron Bahn, con la sensación de estar flotando.
El portazo la devolvió a la realidad. Se recostó contra la pared emitiendo un discreto suspiro y miró de reojo a Saffron, que ahora estaba cruzada de brazos delante de la puerta, levemente turbada.

- ¿Qué tal tu trabajo?

Saffron se giró, sorprendida que Laia le hubiera dirigido la palabra preguntando algo tan arbitrario... o no tanto ¿Cómo fiarse? Sonrió, pero era una sonrisa un poco triste, y contestó:

- Apenas he empezado, en realidad.

Se hicieron unos segundos de silencio. Laia volvió a hablar.

- Sabes... Me sorprende que el profesor Snape haya accedido a ayudarte con tu trabajo.

Laia miraba fijamente a Saffron, que en ese mismo momento se balanceaba lentamente, como intentando encontrar sentido a la frase que Laia le acababa de soltar. Luego disimuladamente Saffron giró la cabeza a un lado. Estaba bastante colorada, mucho más que antes, y se fijó en Mary-Sue, que se paseaba cerca de ella.

- ¿Es tu gato?

Laia afirmó con una expresión neutra.

- Si, es gata. Tiene el don de teletrans...

Pero en ese preciso instante se abrió la puerta violentamente y salió Lucius Malfoy con el rictus forzado, alejándose de las mazmorras con paso rápido y seguro, no sin mirar fijamente a Laia durante unos segundos, algo que a ella le produjo un cierto malestar.

Las dos chicas se miraron un poco desconcertadas, y se oyó la voz de Snape.

- Señorita Bahn, señorita Wallravenstein, hagan el favor de entrar.

Una vez dentro del despacho, Snape se levantó de su silla y se dirigió a Saffron Bahn.

- Vaya al armario a buscar lo que le he dicho. Le he dado la llave ya ¿Cierto?

Saffron asintió, se metió una mano en uno de los bolsillos y se dirigió a otra habitación a buscar lo que el profesor le había pedido.
Luego Snape dirigió a Wallravenstein una mirada crítica.

- ¿Y bien? ¿A qué había venido Wallravenstein? A tenor de la prisa que se daba debe ser algo importante.

Laia abrió los ojos desconcertada.

Lo había fastidiado. Sus impulsos la habían dejado al descubierto... o casi.

- Venía por lo de McGuillan profesor... Está enfermo.

Snape levantó una ceja.

- Eso lo sabe todo el colegio.

- No... no, es que está peor.

- ¿Qué tiene?

- No sé... algo de fiebre.

Laia no sabía si Snape se lo había creído, pero parecía satisfecho, así que la despidió y ella pudo salir del despacho y respirar tranquila.

En el frío pasillo hizo una valoración de lo sucedido. Bahn estaba visiblemente alterada, pero ella tampoco había controlado mucho la situación. Y la excusa... ¿Cómo sabía que esa poción que le había dado a McGuillan había dado resultado? Apretó el paso y se dirigió al recibidor. Si se daba prisa quizás alcanzaría a Lucius.

Afortunadamente Filch no estaba por allí, así que pudo dirigirse a las puertas principales y abrirlas suficientemente como para colarse por la rendija.

Ya había oscurecido y el clima era especialmente frío, a juzgar por el vaho que desprendía por la boca. Empezó a andar por el centro del patio y se dirigió al campo de quiddich, en una de las zonas con menos iluminación de los terrenos de Hogwarts.

La verdad es que no esperaba encontrarle, pero cuando ya iba a volver al colegio rozó una sombra negra y sé hecho hacía atrás en posición defensiva. Se oyó una risa apagada y la sombra habló.

- Sabía que vendrías, eres muy previsible.

La voz le delataba, Lucius Malfoy la había estado esperando. Él dio unos pasos y la luz de la luna iluminó sus cabellos y su rostro, el cual ahora sonreía con sorna. Laia susurró:

- No soy previsible.

- Para mi si.

Lucius Malfoy siempre la exasperaba. Laia bajó la mirada controlando su ira, pero él continuó, mientras daba vueltas a su alrededor.

- Así que Youko Silvara, la auror... Si te fijaras más, te darías cuenta que hay otra persona a quien deberías controlar.

Laia levantó la vista extrañada.

- ¿Quién? ¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo ha dicho?

Lucius se paró ante ella, y la miró fijamente.

- Tengo mis contactos.

- ¿Cuáles?

Lucius se echó para atrás otra vez. Estaba jugando con ella.

- No te lo puedo decir. Pero si, tengo espías.

Laia frunció el entrecejo y le miró rabiosa, muy rabiosa.

- Pues tus espías no se han fijado en cosas en las que si me fijo yo.

Lucius borró su irónica sonrisa. Laia sonrió esta vez y empezó a andar alrededor de él. Se habían invertido los papeles. Lucius la miró exasperado, pero intentando dominarse.

- ¿En qué?

Dijo, intentando demostrar que no le importaba.

- Vigila a tu hijo, no se meta en problemas.

Lucius abrió los ojos y se echó a reir con ese particular tono Malfoy tan desdeñoso. Laia mostró un rictus irónico.

“Lucius Malfoy siempre tan seguro de todo”

Silenciosamente se acercó a ella y pasó uno de sus dedos por la mandíbula de la chica, haciendo que ésta se turbara.

- He de irme. No te portes muy mal.

Y dicho esto se internó entre las sombras y ya no volvió a aparecer.

“Qué no me porte muy mal... Cómo si él fuera un ejemplo a seguir”

Dicho esto, Laia suspiró hondo y se dirigió a la escuela. Ya no hacía frío sino calor, mucho calor.  
· martes, diciembre 30, 2003

" Pensando... " por Youko ( 8:57 PM )
 
Para cuando Youko llegó a su habitación estaba a punto de ahogarse por la falta de aire. Definitivamente, correr desde la biblioteca hasta su dormitorio en la Torre Serpens y subir escaleras a toda velocidad no era buena idea si quería vivir muchos años... aunque con la habilidad de Malfoy para provocarle un fallo cardiaco también la llevaba clara. Dejo sus cosas sobre la mesa y se dejó caer boca abajo en la cama. ¿Por qué demonios tenía que ser así? ¿Por qué no podía reaccionar como una persona normal? Noooo, ella o reaccionaba convirtiéndose en un trozo de hielo con patas o le daba el ataque de pánico. Y como estaba visto que con Malfoy no funcionaba la versión polo de Youko, su cerebro decidía por si mismo y optaba por el pánico.

¿Qué le diría su amiga Valerie de todo esto? Sí, podía imaginar a su amiga diciendo: “Tú solita te lo has buscado, que si el dichoso Potter atrae los problemas tu los buscas sola”. Y lo malo era que tendría razón, siempre llevando la contraria a los demás. Cuanto desearía poder hablar con su madre de todo esto, pero las relaciones con su familia habían ido de mal en peor desde que dijo que iba a entrar en la academia...

-“Bien, supongo que no tiene sentido preocuparme en exceso...”—dijo para sí misma mientras se incorporaba y se sentaba en el borde de la cama.—“Ahora, si Malfoy me está avisando... será cuestión de que me ande con ojo. Realmente no se que espera de mi Wallravenstein...”.

Decidiendo que era mejor no volver a la biblioteca y que no tenía ganas de aparecer por el comedor, optó por llamar a un elfo doméstico para que le sirvieran la comida en su habitación. El elfo no tuvo ningún problema y cinco minutos después Youko estaba disfrutando de una agradable comida caliente. Cuando terminó, consultó su reloj para ver si aún tenía tiempo hasta las clases de la tarde y, viendo que sí, cogió el planning para el taller de duelos y se puso a organizarlo. Así tendrían menos trabajo mañana por la tarde.

Una hora y media después y con un planning bastante bueno sobre la mesa, Youko salió de su habitación rumbo al aula de DADA. Por lo menos hoy no tocaban los 6º cursos de Slytherin y Gryffindor... Por lo menos...

******************************************************************

Las clases habían marchado muy bien aquella tarde. Lupin le había dejado dar una pequeña parte de la clase para que se fuera acostumbrando y aquello la había animado mucho. Después de una ducha refrescante y un cambio de ropa, Youko se encaminó al comedor para la cena. En uno de los pasillos se encontró con Saffron Bahn. Dudó un momento entre llamarla o no y al final optó por hacerlo.

-“¡Bahn! ¡Espera!”—llamó Youko en voz alta a la pelirroja mientras esta se para en seco y se giraba para verla acercarse con cara de curiosidad. ¿Qué querría Youko...? En un arrebato de *normalidad* cambió su sonrisa fría por una más amable mientras se paraba a su lado.—“Hola, perdona que te haya parado , pero como he visto que ibas sola... ¿Te importa si vamos juntas hasta el comedor?”.

-“No, en absoluto.”—respondió Saffron devolviendo la sonrisa. Empezaron a andar en silencio, hasta que Saffron preguntó.—“¿Qué tal has estado Youko? Nos hemos cruzado estos días por aquí pero no hemos tenido mucho tiempo para hablar”.

-“Cierto. Estoy muy bien, gracias. Las cosas no me van muy mal”—contestó mientras giraban una esquina.—“Por cierto, ¿qué pasó ayer con Snape? Porque los gritos que te estaba dando se oían desde la otra punta del castillo”—preguntó curiosa sobre la bronca en la cual había irrumpido la tarde anterior.

Saffron se sonrojó un poco... bueno dejémoslo, se sonrojó bastante, lo cual aumentó más la curiosidad de Youko, antes de contarle la pequeña confusión con las pociones. Cuando terminó Youko se quedó mirándola como si le hubieran salido antenas en el sitio de las orejas.

-“No te rías por favor”—pidió Saffron con un gimoteo, lo cual sólo consiguió aumentar más el entretenimiento de Youko, que al final se echó a reír.

-“¿Pero como no se te ocurrió prestar más atención a lo que te estaba diciendo?”—dijo cuando consiguió controlar un poco la risa.—“Lo que habría pagado sólo por ver la cara que puso Snape en ese momento...”

Para cuando llegaron al comedor, a Saffron parecía que le había caído pintura roja en la cara mientras Youko ahogaba unas risitas jocosas. Antes de entrar, respiró hondo y volvió a poner la máscara de fría normalidad que llevaba siempre. Hasta Saffron se quedó alucinada con el cambio en la expresión.

-“Bueno Saffron, ya hablaremos más tranquilamente otro día”—se despidió Youko mientras alcanzaba a Lupin, que estaba junto a las puertas.—“¡Remus!”—llamó al tiempo que se despedía de Saffron agitando levemente la mano.

-“Claro, cuando quieras”—respondió la pelirroja. “Después de todo, no es tan fría como parece”, pensó Saffron viéndola entrar con el profesor Lupin, que la saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa. Entró ella también y se sentó en la mesa de Ravenclaw.

Youko le empezó a contar a Remus como había planificado los horarios para las clases de duelo. Pero cuando llegaron a la mesa, percibió a otra persona más: Charlotte parecía que por fin hacía acto de presencia. Miró de soslayo a Lupin, que no se había dado cuenta. Se sentaron y entonces sí, cuando Remus se giró para saludar a Snape, la vio.

Un saludo torpe por parte de Remus, uno casi inexistente por parte de Charlotte y uno muy seco por parte de Snape. Youko fijó sus ojos en Charlotte y la saludó. Esta respondió con una ligera inclinación, apenas una sonrisa y siguió hablando con Snape. Y viendo que Remus se quedaba totalmente perdido decidió seguir charlando con él. Ciertamente tenía ganas de enterarse de lo que había pasado entre esos dos. Pero eso, quedaba en manos de Charlotte el decírselo. Ella ya tenía bastantes dolores de cabeza con sus propios problemas... 
· viernes, diciembre 26, 2003

" Inclinación de cabeza y media sonrisa " por Charlotte ( 4:13 PM )
 
Bueno, ya estaba, ¿o no era así? claro! ya está, se habían visto, habían hablado, y claro... no se había aclarado nada. ¿Pero qué esperaba que quedase aclarado? ¿El por qué de que él se fuese de ese modo? No se lo había explicado al irse, y ella no estaba segura de querer enterarse ahora.
Había logrado superar las cosas sobre ninguna base. Ella se había dado las explicaciones, los porqués, y a raíz de eso había hecho crecer un resentimiento dentro de ella. Pero ¿qué más podría haber hecho con sólo una nota con las palabras "Lo Siento"?. Bueno, poco más, lo único que sabía era que por lo menos había conseguido seguir adelante, y ahora veía lo adelante que había llegado, tan adelante que se había vuelto a encontrar con él.

El resto del día lo pasó inmersa en sus asuntos, intentando mantenerse apartada de ‘ese’ asunto, pero era difícil. Además, ahora estaba Youko, no es que supiese mucho, pero después de ellos dos, ella era la que más sabía.

Casi no comió, entre montones de pergaminos tirados por la mesa, sillas y cama, estuvo mordisqueando restos de comida rancia y chocolate que le quedaban en su bolsa.
Respiró hondo y miró el trozo de chocolate que tenía en la mano.

- "No vas a poder subsistir mucho más a base de esto. O bajas a las cocinas o vas al comedor..." - Se dijo en voz alta.

Pero sabía lo que conllevaba bajar al comedor...

¡Y eso QUÉ MÁS DABA YA!! ya no tenía que esconderse, andar como una infiltrada por el castillo con cuidado de que Remus no la viese. Ya le había plantado cara, y había salido viva del encuentro, además, ahora en lo único que podía pensar era en el hambre que tenía.

Apretó entre sus dedos el trozo de chocolate y Remus volvió a su mente, un arrebato de furia subió por todo su cuerpo y con todas sus fuerzas tiró el chocolate contra la pared de su izquierda.

- "Mierda!"- Dijo. - "Tienes que comer algo."

Miró el reloj y vio que si quería podía llegar a la cena. El pensamiento de una cena caliente hizo que se tranquilizara un poco. Ahora iría a ver a Dumbledore o a McGonagall y les preguntaría si aún estaba en pie la invitación de unirse a la cena.

Salió de su habitación y se encaminó a los despachos de los profesores, cuando llegó al aula en la que estaba McGonagall hizo sonar sus nudillos contra la puerta y la profesora la miró.

- "Buenas tardes Charlotte." - Dijo McGonagall. - "¿Todo anda bien?"

- "Sí, perfectamente." - Mintió Charlotte.

- "Me alegro. He oído comentarios de los alumnos, y creo que le alegrará saber que han quedado muy satisfechos con las charlas que ha dado."

Charlotte sonrió agradecida y por fin entró en el tema.

- "Me preguntaba, bueno, desde que llegué aquí ya he podido poner en orden bastantes cosas, y llegar a un estado anímico bastante bueno; ya sabe, después de todos los viajes y todo eso. Pues bien, me preguntaba si habría sitio en el comedor esta noche para uno más." - ¿Eso no sonaba estúpido? Claro que había sitio, pero de alguna forma tenía que informar que iba a presentarse en el comedor.

En ese momento alguien entró al despacho. Era Snape.

- "Buenas tardes." - Dijo Snape mirando alternativamente a Minerva y a Charlotte.

- "Ah, hola Severus." - Dijo McGonagall. - "Ahora mismo estoy contigo." - Y volvió la mirada a Charlotte. - "Claro que hay sitio para uno más en el comedor. A decir verdad ya nos sentíamos extrañados de tu ausencia, el director Dumbledore me había informado que te ibas a unir con normalidad al ritmo de la escuela."

- "¿Al final vas a bajar al comedor?" - Preguntó Snape.

- "Sí." - Contestó Charlotte mirando a Severus. - "Un poco de comida caliente no me sentará mal."

Charlotte dio las gracias, sonrió a ambos profesores, ambos le devolvieron la sonrisa y salió tranquilamente al pasillo.

____________


Horas después Charlotte ya estaba de camino al Gran Comedor, recorrió los pasillos y escaleras que estaban transitadas por alumnos con mochilas y libros que se apresuraban en llegar a sus respectivas habitaciones y darse prisa para llegar a tiempo a la cena. Cuando llegó a las puertas se encontró a sí misma mirando sin ver nada, se había puesto un vestido largo, negro y entallado, uno de los pocos vestidos que tenía, hacía tiempo que no lo llevaba y le pareció buena idea volver a ponérselo. Por todas partes los alumnos entraban al Comedor y se sentaban en sus mesas, incluso vio de refilón a Harry, Ron y Hermione charlar seriamente frente a los platos vacíos.

Ella estaba buscando a alguien, esperaba encontrar a Remus allí, en un sentido un tanto masoquista, lo esperaba.

De repente Severus Snape se acercó a ella:

- "Bien. Supongo que te podrías unir a la mesa de los profesores." - Dijo Snape. - "Ya tienes un sitio dispuesto en ella."

Charlotte siguió a Severus y tomó asiento junto a él. Permanecieron allí, hablando, mientras se fue llenando el comedor. Hablar con Snape era agradable, hacía tiempo que no le veía, y en cierto modo era como si estuviese de nuevo en casa, en una reunión de las que solía hacer su madre, con familia y amigos.

De repente Remus y Youko entraron hablando dirigiéndose tranquilamente hacia la mesa de los profesores. Por el rabillo del ojo Charlotte les fue observando, comprobando cómo Remus no se había dado cuenta del pequeño cambio que había. No fue hasta su llegada a la mesa hasta que se percató de todo.

Remus se sentó tranquilamente junto a Severus, absorto en sus propios pensamientos mientras Youko seguía hablando un tanto emocionada sobre, supuso Charlotte, algo importante de las clases, puede que incluso sobre ese famoso planning causante del entuerto que había vivido. Remus giró la cabeza para saludar a Snape, cuando la vio:

- "Severus,... hola."- Dijo torpemente Remus. Charlotte suposo que el 'hola' iba dirigido también a ella. Pero ella no saludó, se limitó a inclinar la cabeza.

- "Remus." - Dijo secamente Snape.

Charlotte vio cómo Youko la miraba y la saludó también. Inclinación de cabeza, media sonrisa, y vuelta a su conversación con Severus. 
" Inesperado " por Saffron ( 3:51 AM )
 
Aquella mañana, Saffron se despertó inusitadamente alegre. Hablar con Guenolee la noche anterior había hecho que se le aclararan muchas cosas. Lo primero que hizo nada mas levantarse fue descorrer las grandes cortinas, para que el sol saliente entrara en la habitación. Ein continuaba durmiendo en la cama y Saffron estaba abriendo el grifo de la enorme bañera cuando llamaron a la puerta.

- Un segundo- gritó ella, y corrió a ponerse una bata encima del camisón. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando, tras abrir la puerta, se encontró a Snape de frente.- Profesor... - fue lo único que atinó a decir.


- Buenos días, señorita Bahn- dijo agriamente Severus Snape- ¿Puedo pasar?

-Por supuesto- dijo Saffron desconcertada, abriendo la puerta del todo.- Disculpe el desorden, pero me acabo de levantar, y aun no me ha dado tiempo a arreglar nada...

Snape penetró en la habitación, y durante unos minutos permaneció en silencio, observando todo al detalle. La habitación tenía el sello inconfundible de Saffron Bahn: al lado de la enorme cama, se encontraba una pequeña mesa de estilo japonés, con un florero cargado. Justo debajo de uno de los ventanales, había un escritorio atestado de libros; y, repartidos por la habitación, diversos muebles de estilo árabe. En una de las esquinas del techo, flotaban unas pequeñas lunas y soles de porcelana. Snape identificó un olor ligeramente dulzón como el proveniente de unos pequeños incensarios colgados en diversos puntos del techo.

- No, Ein, deja al profesor... -la voz de Saffron lo trajo de vuelta al verdadero motivo de su visita. Lanzó una furibunda mirada al gato, que se alejó decepcionado por su poca calurosa bienvenida. La mirada interrogante de ella le hizo finalmente hablar.


- ¿Puedo ver sus manos, señorita Bahn?- Era evidente por la desconcertada mirada de ella que no tenía ni idea de a qué venía aquello. Aun así, ella asintió, mostrándole ambas manos con las palmas hacia arriba.


Cuando él cogió las manos de Saffron entre las suyas, no pudo dejar de observar que ella temblaba ligeramente. Pasó sus pulgares por su palma lentamente, preguntándose por qué nunca se había dado cuenta de lo pequeñas que eran sus manos.

- ¿Va a adivinarme el futuro, profesor?- preguntó ella en voz baja. Él clavó su mirada en los enormes ojos azules de ella, lo que hizo que se sonrojara y apartara la mirada. No contestó y prosiguió su inspección. Sin embargo, la mirada y la voz de ella habían hecho que crispara imperceptiblemente las manos, aumentando la presión sobre las muñecas de ella. ¿Adivinarle el futuro? Que ocurrencia. En todo caso, el pasado: el líquido en el que se sumergía la árnica dejaba unas manchas rojizas y alargadas a quien lo manipulaba. Estas manchas se marchaban pasadas unas horas, por lo que tenía el tiempo justo para saber si había sido ella quien había robado la árnica.

Continuó su examen, observando detenidamente cada centímetro de sus manos. Le dio la vuelta, para ver el dorso, y ella se dejó hacer como una niña buena. Recorrió cada uno de sus dedos lentamente con sus hábiles manos. De repente, los dedos de ella, al parecer inconscientemente, aprisionaron sus manos durante unas centésimas de segundo, respondiendo a una caricia que no era tal. Snape sintió un escalofrío, y se vio tentado de apartar sus manos, pero no lo hizo. Ella, al parecer, no se había dado cuenta, observando fijamente el sutil baile de sus manos con los ojos agrandados por el desconcierto.


Por un momento (que a él le parecieron años), Snape solo pudo fijarse en ella, en camisón, con una bata china encima, y el pelo rojo despeinado cayéndole a ambos lados de la cara. Continuó con las manos uniéndole a ella aun cuando sabía de sobra que el examen había concluido.

Súbitamente, él apartó sus manos. ¡Por Merlín! ¿Qué demonios estaba haciendo?.

- Le aconsejo que se dé prisa si quiere llegar al desayuno, Señorita Bahn- dijo y, no sabía porqué, la voz le quebró un poco. Ella asintió sin decir nada, visiblemente turbada; y cuando quiso darse cuenta, Snape ya se había marchado.


- Ahhhhhh, me he muerto, Ein- dijo suspirante dejándose caer encima de la cama, preguntándose si sería posible bañarse sin volver a mojarse las manos nunca más.


Ya fuera de la habitación, Snape se preguntó qué pensarían si alguien lo viera salir de allí a aquella hora. Segundos más tarde, se dijo que al cuerno con lo que dijeran, los rumores de pasillo no iban con él. De camino al Gran Comedor, continuó pensando: Era evidente que Saffron Bahn no había tocado la árnica (“como bien has comprobado tu mismo” le dijo una vocecilla impertinente en el interior de su cabeza). Entonces... ¿quién había sido? ¿Quién mas había tenido acceso a aquel armario el día anterior?

***********************

Mas tarde, debido al buen tiempo, Saffron decidió salir a leer fuera del castillo. Eligió un lugar cerca del lago, al lado de un enorme árbol, disfrutando del sol que ya empezaba a ser menos caluroso que antes. Evidentemente, leyó poco (apenas abrió el libro), y pensó mucho en lo que había ocurrido aquella mañana. Que el profesor Snape se hubiera presentado en su habitación, habría bastado para dejarla en estado catatónico durante el resto del día. Pero que encima le hubiera cogido las manos de aquella manera... ¡por Merlín! Por un momento, mientras él sostenía sus manos entre las suyas, ella creyó que iba a desmayarse. Había sido tan raro... una sensación extraña le había invadido mientras él le cogía las manos, como si del mundo se hubiera detenido.

Estaba sumida en sus pensamientos, que no oyó llegar al hombre.

- ¿Puedo sentarme?- preguntó Remus Lupin amablemente.

-¡Por supuesto, profesor!- dijo ella alegremente, la sonrisa bailándole en los ojos.- ¿No tiene clase?

- Tenía un momento libre, y quise aprovechar para salir un momento- ella asintió, y le pareció que él estaba dándole vueltas a algo en la cabeza. Él preguntó de nuevo- ¿Estas leyendo?

- No mucho, la verdad- dijo ella riéndose, y el también rió. A ella le pareció que no hacía aquello muy a menudo, y sintió una punzada de lástima- No, la verdad es que no... estaba pensando...

“Te comprendo” dijo él, y los dos se quedaron en silencio. Obviamente, él estaba preocupado por algo, pero Saffron no se atrevió a preguntarle el motivo.

- Profesor... - la voz de ella era vacilante. Él fijó la vista en ella- ¿Alguna vez ha estado enamorado de una persona y no le han hecho caso? ¿Y todo lo que usted hacía era malinterpretado por la otra persona?

Remus Lupin carraspeó y comenzó a hablar tartamudeando ligeramente.

- Esto.. Pues.. la verdad... bueno, yo... - por fin, pareció que tomaba un poco de valor, y dijo- bueno, si esto es algún tipo de declaración, yo...

Saffron se puso de un bonito color rojo encendido, y sus ojos se abrieron desmesuradamente por la sorpresa.

- NOOOOOO, estooo, no, no profesor, yo no... - y parecía que no atinaba con las palabras- es decir, yo no me refería a usted.. noo, noo... y no es que usted no lo merezca, pero yo no...

Remus respiró ligeramente aliviado, e intentó calmar a la turbada muchacha. Saffron casi se atragantó por la sorpresa... ¿Porqué siempre le tenían que pasar aquellas cosas a ella? Se sonrojó violentamente, cavilando en lo que Remus Lupin estaría pensando de ella en ese mismo instante. Lo cierto es que Lupin no hacía sino sonreír, envidiando aquella frescura que irradiaba la joven.

- Bien, aclarado ese punto- dijo él riéndose aun- te diré que no te desesperes. Tu tienes encanto mas que suficiente como para hacer que cualquiera se fije en ti. Y si no se fija en ti, es que es un pobre idiota que desde luego no te merece.

Saffron lo miró entre sonrojada y agradecida. Su puso en pie para marcharse, sacudiéndose la hierba del vestido, y poniéndose de nuevo el gorro.

- Profesor... - le dijo cuando estaba a punto de marcharse, con voz seria- ¿le duele mucho?


Remus Lupin supo al instante a qué se refería. Su expresión se volvió una mezcla de tristeza y seriedad.

- Más de lo que te puedes imaginar...

Saffron asintió tristemente; y cuando ya se estaba alejando, un repentino impulso cariñoso, le hizo volverse y besar ligeramente a Lupin en la mejilla.

- Es usted una gran persona, profesor Lupin- le dijo en voz baja a un muy sorprendido Remus.

Ella se marchó, sin volver la vista atrás. Él la vio alejarse, preguntándose cuando había perdido él aquella inocencia, o si acaso la había tenido alguna vez.


 
· jueves, diciembre 25, 2003

" Sin remordimientos " por Laia ( 8:42 PM )
 
Laia descendió de las alturas entumecida por el frío. No recordaba que los entrenamientos de quiddich en plena madrugada fueran tan duros. Las bajas temperaturas no eran lo único que la había atormentado, también los golpes de la quaffle cuando no la había podido parar más que con el cuerpo.

Había sido un principio de mañana desagradable. Jameson, el eterno perdedor como prefecto, había estado simpático, pero sus amigos de Ravenclaw, Hufflepuff y Gryffindor, le estaban dando una buena mañana. Habían hechizado objetos por todo el colegio, y cuando Laia pasaba ante ellos gritaban “¡Tongo! ¡Tongo!”, en relación al resultado de las elecciones el día anterior.
Es más, algunos de sus amigos de Gryffindor -la peor casa en cuanto a bromas- habían hechizado las escaleras móviles para que cuando Laia las pisara no se movieran cuando debían moverse o se movieran cuando no debían hacerlo. Con ese problema, Laia llegaba tarde a todas partes.
De acuerdo, Jameson como prefecto sería excelente, pero ella no lo hacía mal, tenía dotes de liderazgo y provenía de una familia de premios anuales y cum laude. ¡Sabía como hacer las cosas!
Pero lo que no sabían es que ella no había truncado las votaciones. Era prefecta porque así lo querían en Slytherin. Los motivos los ignoraba, pero esa era la verdad.

Todos creían que ella tenía motivos para hacer trampas en las elecciones. Sabían que ella se sentía obligada a mantener el listón alto de su familia. Debía ser prefecta, premio anual en séptimo y... capitana de quiddich. Esto último se le escapaba. Ese maldito McGuillan siempre en el titular ¡Suerte de su alergia a los gusarajos! ¡No podía desaprovechar esta buena jugada del destino!

Al terminar el entrenamiento se dirigió a su habitación corriendo. Abrió el baúl y sacó de él la lobalia, escondiéndola en la túnica de quiddich. Luego bajó a las cocinas. Allí estaba su elfo doméstico Binky.

- ¡Binky!

El elfo pegó un salto.

- ¿Tienes la infusión que te pedí?

Binky asintió efusivamente y le pasó una pequeña bota medio llena de agua hirviendo. Laia la abrió y la olió. Allí, dentro del agua caliente, había ciertos elementos a los que debía añadírsele la lobalia. No era una poción peligrosa... solo molesta. Laia abrió el sobrecito con la lobalia y lo vertió.

Antes de la comida tenían todos una media hora de descanso. Entonces iría a hacer una visita a McGuillan.

Por suerte los hechizos que habían lanzado los amigos de Jameson por todas partes iban menguando, y ahora solo se oían susurros cansados y esforzados. Otros objetos estaban tan débiles que ya sin poder hablar le echaban pedorretas o la abucheaban. A Laia ya no le importaba, subió las escaleras, que ya la trataban igual de mal que al resto de los alumnos -ya no peor- y entró en la enfermería.

McGuillan se encontraba en la última cama, cerca de la consulta de la señora Pomfrey. Parecía mortalmente aburrido, y lo más importante es que estaba solo. Se acercó lentamente a él e intentó sonreírle.
Cuando McGuillan la vio, no pudo evitar una sonrisa bobalicona.

“¡Oh, por favor!”

- Ho... hola Laia...

Laia alzó la varita e hizo aparecer una silla ante la cama de McGuillan, donde se sentó.

- Hola McGuillan.

McGuillan bajó la mirada avergonzado. Laia aprovechó la oportunidad para vaciar con un golpe de varita el contenido de la infusión que tenía el chaval encima de la mesita.

- Oh, vaya ¿Te has quedado sin infusión? Justamente te traigo una muy buena que te ha hecho mi elfo doméstico en las cocinas.

McGuillan la miró sonriente y esperanzado.

“No te hagas ilusiones, imbécil”

Pensaba Laia.

Abrió la pequeña bota y vertió su contenido en la taza de infusiones de McGuillan. La tapó cuidadosamente. Luego se la cedió, diciendo.

- Sabes... Estás muucho mejor de la cara McGuillan.

McGuillan enrojeció hasta tal punto, que solo pudo beber para disimular el bochorno.

- Está muy rico.

- Claro -dijo Laia con una sonrisa encantadora.

Una vez tomada la infusión, Laia le hizo el favor de devolver la taza a la mesilla, pero a medio camino se le cayó ¡Estaba muy caliente! e hizo que ésta cayera al suelo, rota en mil pedazos.

- ¡Ay! Lo siento McGuillan. Ahora lo recojo.

Y de un golpe de varita, desapareció cualquier rastro de la infusión.

Al salir de la enfermería, cualquiera pudiera haberse sentido aquejado por los remordimientos. Ella negó con la cabeza.

No, no se sentía culpable. Le había hecho a McGuillan el mejor regalo que pudiera hacerle... Honrarle con su presencia. El chico estaba locamente enamorado de ella. Se pondría un poquito enfermo... pero sería feliz. Y ella por fin sería guardiana... por lo menos para el partido Slytherin-Ravenclaw. 
" Una advertencia. " por Youko ( 6:41 PM )
 
Los minutos pasaron lentamente mientras Youko se quedaba en pie entre Lupin y Charlotte, mirándolos alternativamente sin saber que hacer. En vista de que nadie tenía la intención de romper el silencio lo hizo ella.

-"¿Quería algo más profesor?"—preguntó finalmente mirando a Lupin. Un pequeño suspiro de alivio se oyó a su lado.

-"Sí. Olvidaba decirte que... que te encargases tú de..."—parecía que Lupin se había quedado atascado con las frases.—“Mañana por la tarde después de la comida seguiremos con el planning. No hace falta que te apures. Ya te veré en las clases."—su voz no sonaba muy convincente en opinión de Youko, además de que ni siquiera la estaba mirando a ella. Finalmente le lanzó una mirada dándole permiso para retirarse.

Youko miró a Charlotte que justamente tenía en su cara la clase de mirada de “si te mueves te mato”.

-"De acuerdo. Bueno, supongo que ya nos veremos luego por ahí Charlotte..."— dijo finalmente y se giró levemente para irse. Realmente aquello era confuso... ¿qué les pasaba a aquellos dos?. En lo poco que conocía a Lupin nunca lo había visto en tal pérdida de palabras...

Ya empezaba a irse cuando la detuvo de nuevo la voz de Charlotte.

-“Youko...”—empezó la Gryffindor. Esperó unos instantes hasta que Charlotte siguió hablando.—“...nos vemos luego”.

Asintiendo levemente con la cabeza y todavía dudando en dejarla sola con Lupin, con el cual no parecía muy a gusto, siguió su camino. En cuanto dobló la esquina se paró y apoyándose contra la pared escuchó toda la conversación entre Charlotte y Remus. A medida que avanzaba la conversación Youko comenzó a entender que era lo que había sucedido. Una relación que no había terminado bien. Y por el tono de voz de Charlotte sabía que todavía no había terminado, que aún quedaba algo...

La discusión fue corta y Youko esperó hasta que Charlotte doblara la esquina en la cual se encontraba ella. La Gryffindor supo inmediatamente que Youko había estado escuchándolo todo.

-"Supongo que estarás llena de preguntas, y supongo que ahora serán más de las que tenías hace unos momentos."—dijo Charlotte. Aquella no era la Gryffindor que ella recordaba. Se parecía mucho a ella misma, hielo en la voz para no dejar que los demás vieran nada.

Pero Youko era una especialista en ese juego, lo llevaba haciendo toda su vida. Dudó unos instantes antes de hablar.

-"Puede que necesites hablar."—no es que ella fuera muy amigable pero sabía escuchar y también dar consejos. Y eso era justo que Charlotte necesitaba.

-"¿Contigo?"—la Gryffindor sonó escéptica.

-"Por ejemplo."—dijo Youko, asumiendo otra vez su apariencia fría e indiferente.

Charlotte sonrió. - "Quizás" -Dijo- "Pero ahora tengo prisa. Nos volveremos a ver, creo que me irá bien tener alguien con quién hablar." - Y se alejó de ella.

Youko la observó alejarse por el pasillo. “Charlotte Jenkins... ¿qué es lo que escondes?”, pensó para sí mientras se encaminaba a la biblioteca. Quería consultar algunos libros antes de la comida. Afortunadamente no había ninguna clase de DADA aquella mañana.

Entrando a la biblioteca saludó a la señora Pince, que tan seria como un ogro, ocupaba su escritorio junto a la entrada. Recogió los libros que necesitaba y buscó aquel rincón en el que siempre le había gustado sentarse. Estaba casi al fondo y era uno de los más tranquilos en toda la sala, tal vez porque al estar tan cerca de la sección prohibida los alumnos preferían no sentarse allí. Abriendo el libro de “Conjuros y Maldiciones a través de los siglos” se enfrascó en su lectura.

Absorta como estaba con el libro, no fue hasta demasiado tarde que notó la sobra tras ella. Se quedó literalmente helada cuando un par de brazos aparecieron a sus lados y la voz suave y lenta se arrastró a sus oídos.

-“¿Conjuros y Maldiciones? Pensé que un auror sabría bastante de eso”—Malfoy se había inclinado bastante peligrosamente sobre ella, haciendo que su aliento cálido le rozara el cuello.

Youko primero se puso lívida, después roja, y después blanca otra vez. ¡Mierda, mierda, mierda! Si se giraba ahora tendría a Malfoy pegado a su cara... De pronto dejó que el instinto tomara el control. Se puso en pie con rapidez y empujó hacia atrás, sin darle tiempo a Draco para reaccionar y con el impulso lo tiró al suelo.

-“No vuelvas a acercarte a mí de esa forma, Malfoy”—amenazó Youko con la respiración fuera de control. Apretando los puños y contando hasta diez intentó calmarse.—“La próxima vez te estaré lanzando maldiciones hasta el infierno, ida y vuelta”—añadió con un susurró helado, una vez había recobrado la compostura.

Malfoy se puso en pie sacudiéndose las túnicas y la miró.

-“Perdona si te he sobresaltado, pero no lo pude evitar. Tan solo quería hacerte una advertencia”—dijo mientras volvía a acercarse, arrinconándola esta vez contra la mesa y musitando en su oído de nuevo.—“Ten cuidado con Wallravenstein. Te observa demasiado. Y podría ocasionarte problemas”.

Dicho esto se apartó y observó la confusión correr libremente por el rostro de Youko.

-“¿Por qué me avisas? Tal vez seas tú el que se acabe creando problemas”—murmuró Youko mirando a su alrededor para ver si alguien se había dado cuenta del incidente, aunque parecía que no. Era casi hora de comer y la biblioteca estaba vacía.

-“¡Oh! Tengo mis propios motivos... Tu sólo obsérvala y te darás cuenta...”—le aseguró Draco tranquilamente.

-“Ya me he dado cuenta de que Wallravenstein me observa. Pero de todas formas gracias por la advertencia. Y ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer”—Youko recogió sus cosas precipitadamente y salió a paso ligero de la biblioteca.

Malfoy salió tras ella y la vio correr por el pasillo en dirección a las mazmorras.

-“Sí, yo también tendré cuidado... Pero lo que quiero lo consigo, y en este momento lo que quiero eres tu... Veremos quien gana este juego”—dijo Draco para sí, mientras se dirigía al comedor. Sí, este curso será de hecho muy interesante... 
" Decisiones sobre una investigación " por Charlotte ( 4:15 PM )
 
Durante la comida, Harry les comentó a sus amigos su encuentro con Charlotte.

- "¿Sí? ¿De Gryffindor? ¿De verdad es una Gryffindor?" - Preguntó Ron interesado.

- "Sí, eso es lo que dijo." - Afirmó Harry.

- "¿Pero lo dijo? Dijo: 'soy de Gryffindor', o algo por el estilo." - Quiso que le explicasen Ron.

- "Qué más dará!!" - Dijo Hermione con desgana. - "Podrá ser de Gryffindor, y todo lo que quieras, pero es amiga de Snape, y eso no se lo quita nadie."

- "Eso la hace un tanto sospechosa..." -Dijo Ron.

- "¿Sospechosa de qué?"- Preguntó Harry. -"por ahora no sabemos nada de ella, así que menos si es sospechosa de algo o no."

- "Y ¿cómo te dijo?"- Volvió a decir Ron. Hermione emitió un gruñido.

- "'Entre Gryffindors nunca se hacen esas cosas.', o algo por el estilo."- Dijo Harry.

- "¿Qué cosas?" - Preguntó extrañado Ron.

- "Bueno, se mostró interesada por Hermione, aunque no sé qué interés puede tener."

- "No me gusta." - Dijo tajante Hermione.

- "Eso fue lo que comentó ella." - Dijo Harry. - "Parece que te caló Hermione. Además volvió a decir que nos volveríamos a ver."

- "No, no y no. Es muy extraña. Amiga de Snape que huye de Lupin, un verdadero Gryffindor no hubiese hecho eso. Un verdadero Gryffindor no querría estar con un Slytherin en mil años!!" - Dijo Hermione exaltada.

- "Bueno, no todo es blanco y negro, Hermione." - Comentó Harry. - "Además, no creo que tengas que preocuparte, ni siquiera aparece por el comedor, ni se la ve por los pasillos. Posiblemente sólo haya venido al colegio a dar algunas charlas y se vaya pronto."

Harry no parecía muy convencido, pero ese comentario parecía acertado para decírselo a Hermione. Hermione en cambio, aunque no estaba muy segura, intentó no darle más importancia. Ron, por su parte puso cara de "Ya se acabó la diversión", "¿Tan pronto?"
Pero entonces tuvo una idea y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.

- "Si dices que acabó hace 5 años" - Dijo Ron a Harry. - "Entonces Hagrid puede que la conozca, ¿no es así?"

- "¿Qué quieres decir?"- Dijo Hermione.

- "Que luego podemos ir a ver a Hagrid!!" - Exclamó Ron alegre.

A Hermione eso no le gustó, empezar a husmear sobre el pasado de una persona que no le caía bien podía acarrear problemas, pero con sólo mirar a Harry y a Ron vio que ya lo tenían decidido, iba a ir a ver a Hagrid. 
· martes, diciembre 23, 2003

" Coversaciones y Contradicciones " por Saffron ( 8:06 PM )
 
“¿Crees que creería antes a alguien de Ravenclaw que a una prefecta de su propia casa?”.

Sin saberlo, Laia había puesto el dedo en la llaga. Para Saffron era evidente que no. Severus Snape nunca confiaría en ella. El profesor le había gritado hasta quedarse afónico, y Saffron había temido que no la quisiera ayudar en su trabajo. Sin embargo, la había vuelto a citar para el día siguiente, por lo que, al parecer, no la había despedido del todo.

“Hace esto para ampliar la agonía, Saffron” se dijo en voz alta. Ella lo creía muy capaz..."Mañana mismo te dirá (otra vez) que eres una inútil, y que no va a ayudarte mas...”

Suspiró bastante deprimida. Por otro lado, estaba la misteriosa actuación de Laia en el pasillo. Había actuado demasiado a la defensiva. Pensó con lógica que si no temiera nada, no se habría preocupado por si ella había hablado con Snape o no. Evidentemente, escondía algo ¿pero que?. A Saffron no era algo que le preocupara especialmente. Nunca había sido una chivata y no iba a serlo ahora. Pero... Laia era Slytherin. Y era prefecta. Por lo tanto, conocía mas a Snape que ella.

Ummm. Quizás, después de todo, si que le podría ser útil...


Llegó a su habitación y se cambió de ropa. Se puso un largo camisón blanco y encendió la chimenea. No recordaba que en Hogwarts hacía mas frío que en Londres. Aun estaba sumida en sus pensamientos, cuando la cabeza de su madre apareció en la chimenea.

-Saffron, cariño, ¿estas ahí?? Acabo de hablar con Dumbledore y me ha dicho cual era tu habitación...


- Aquí estoy, mamá- dijo Saffron sonriendo. Su madre era incapaz de vivir sin hablar con ella al menos cada dos días.

-¿Llegaste bien? ¿Estas comiendo?

-Mamá, me preguntaste lo mismo durante siete años!! Ya sabes como es Dumbledore; antes permitiría que se llenase el colegio de trolls a que pasásemos hambre...


Continuó hablando con su madre durante unos veinte minutos. Hubieran podido estar horas así, pero su madre también quería hablar con una amiga.

-¿Y papá?¿No está por ahí?

- Ahh, ya sabes como es, odia hablar por las chimeneas- y girando la cabeza, gritó- Thadeus!!! Tu hija quiere verte!!


A los los pocos minutos, la cabeza de su padre apareció también en la chimenea. Saffron se despidió cariñosamente de ambos. Cuando sus padres desaparecieron de la chimenea, Saffron decidió que podía hablar con su amiga Guenolee. Al instante, su cabeza apareció en la chimenea de su amiga.

-Os he pilladooooooo!!- gritó Saffron alegremente a una turbada Guenolee y a un mas que turbado joven.

- Mierda, Saffron!! Que susto!!- el joven miraba embobado hacia la chimenea. Saffron dedujo que era un muggle. No sabía porqué, pero Guenolee parecía tener una extraña obsesión con ellos- Este es Billy, esta es Saffron. Ala, ya estáis presentados. ¿Y tu donde estas?? ¿Ya has llegado a Hogwarts??

Saffron asintió, y se dispuso a contarle todo lo que le había pasado en el día que llevaba allí.

- Chica, pues si que te cunde el tiempo- dijo Guenolee riéndose. Y después, mas seria, añadió- Así que Snape es el que lleva tu trabajo, ¿eh?

Saffron asintió vigorosamente y se sonrojó levemente. Guenolee suspiró profundamente y puso el grito en el cielo.

- ¡¡¿¿Aun estas con esas, Saffron??!! ¡¡No puede realmente gustarte Snape!!- dijo Guenolee horrorizada.

- ¿ A mí?? Anda que cosas tienes... Quita, quita... - dijo Saffron con un hilo de voz y sonrojada hasta la punta del cabello. Y no por la chimenea, precisamente.

- Mira, nena, te conozco desde que tenias siete años, y nunca has sabido mentir. Si lo miras y te sonrojas la mitad de lo que ahora, probablemente ya lo sabrá hasta el calamar gigante del lago.

- ¿De verdad?- añadió preocupada Saffron- ¿Tanto se me nota?

- ¿Con esos ojos? Ja!! Eres como un libro abierto, Saffron.- Guenolee siempre había sabido ver más en ella que cualquier otra persona. Continuó hablando- Bueno, ¿y cual es tu plan?

- ¿Mi plan? ¿Qué plan?- preguntó Saffron confundida.

Guenolee suspiró y entornó los ojos.

- Tu plan para cazar ocas.. ¡¡Que preguntas!!! Pues tu plan para conquistar a Snape, por supuesto!!.

- Ehhhh... ¿ser yo misma y esperar a que me diga algo?- dijo Saffron dubitativamente.

-¿Piensas ser inmortal o algo así? Vamos Saffron, despierta al mundo real!! Tienes que mostrarle tu interés, ¿verdad que sí, Billy?- Billy asintió distraídamente, sin saber muy bien de que iba la cosa- ¿ves?

- No sé, Guenolee... ya sabes como es Snape... - Guenolee asintió y puso cara de asco- Solo llevo un día aquí y creo que ya me quiere matar... solo se fijará en mi para gritarme...

Saffron parecía bastante abatida, y Guenolee sintió una punzada de lástima.

- Ay, mi pobre niña, enamorada de un viejo idiota. El no te merece ni en un millón de años... - Saffron le dio una sonrisa triste. De repente, los ojos de Guenolee se iluminaron. – Un momento!! ¿No dices que pillaste a una Slytherin hurgando entre sus cosas? Ella podría contarte cosas sobre él!! Así conocerías sus gustos y demás...

- Ya. Ya lo he pensado. Pero, no sé, no me fío mucho de ella... En fin, ya veré...

- Y si no- prosiguió Guenolee con una mirada pícara- siempre puedes presentarte en camisón en su cama...

- ¡¡Guenolee!!!

**********************

Aquella noche, Snape no le quitó ojo de encima a Saffron Bahn. Observó que la chica lo miraba repetidamente durante la cena, apartando la vista cada vez que él la miraba. Su posible relación con los Malfoy era ya suficiente como para tener un ojo encima de ella; pero su extravagante comportamiento y el excesivo interés que había mostrado por trabajar con él, hacían que Severus Snape tuviera una mas que firme intención en vigilarla estrechamente.

El hecho de que aquella misma noche Snape descubriera que le faltaba lobalia y árnica de su armario, hicieron que sus sospechas se volvieran aun más fuertes. ¿Le habría quitado Saffron aquellas hierbas? Si así era, ¿con que intención?. Severus Snape se acostó aquella noche dándole vueltas a la cuestión.

Afortunadamente, había una forma fácil de descubrir quien había estado manipulando la árnica. Al día siguiente, lo sabría. O al menos, sabría si Saffron Bahn se la había quitado.




 
" Encuentros en el pasillo " por Charlotte ( 4:12 PM )
 
Charlotte deseó poder decir: "Yo ya me iba." y salir así pitando. Pero ella no tenía ese personaje, esa podría ser la frase de Youko, ella podía irse, pero Charlotte no. Ahora ya no podía salir huyendo.

"Termina la frase, anda." - Pensó Charlotte - "Termínala, Remus. Termina algo en tu vida, aunque sea una frase."

Pero Remus no parecía que fuese a terminarla. Se había quedado más tieso que una estatua. Todos estaban en silencio. Youko miraba al uno y al otro con cara de no entender nada.

"Qué alguien hable ya, o yo me caigo redonda aquí mismo." - Se dijo Charlotte. Sentía cómo la sangre se había escapado de su rostro y cómo los pies se había fijado extrañamente en el suelo. - "¡Qué alguien hable!!"

- "¿Quería algo más profesor?" - Dijo por fin Youko.

Charlotte respiró aliviada. Bien. No tenía que soportar esto sola, por lo menos esta vez había alguien más.

- "Sí. Olvidaba decirte que... que te encargases tu de..." - Arranca ya de una vez! Ese fue el pensamiento que pasó por la cabeza de Youko y de Charlotte casi al mismo tiempo. - "Mañana por la tarde después de la comida seguiremos con el planning. No hace falta que te apures. Ya te veré en las clases." - Todo eso lo dijo sin ningún tipo de convicción, casi sin dejar de mirar a Charlotte. Sólo en el último momento echó una mirada a Youko como diciendo "Puedes irte".

Charlotte también la miró, pero ella quería decir "Ni se te ocurra moverte de ahí".

Y Youko por fín dijo:

- "De acuerdo. Bueno, supongo que ya nos veremos luego por ahí Charlotte..." - Y se giró levemente para irse. "¿Qué pasaba entre esos dos? Lupin no solía hablar de forma tan ilegible. A decir verdad, Lupin solía saber de qué hablaba. Pero, ¿qué era lo que estaba pasando?"

Charlotte deseó decir "Youko, quédate.", pero no lo hizo. Vio cómo la chica giraba sobre sus pies y comenzaba a caminar.

- "Youko..." - Dijo al fin Charlotte. Youko se giró a mirarla y esperó a que terminase la frase, pero ya esperaba algo tan extraño como el monólogo del profesor. Charlotte no tenía muy claro qué decir, pero se sentía sola. La única persona con la que hace tiempo hubiese dicho que era la mejor compañía, era de la única persona de la que ahora quería huir, así que por fin dijo: - "...nos vemos luego."

Youko asintió levemente entre intrigada y perdida, no debía de entender nada, luego siguió caminando.

Charlotte y Remus se quedaron mirando el uno al otro durante un buen rato. Ninguno de los dos dijo nada. Charlotte quiso gritarle, enfadarse con él, enfrentarse a él, incluso darle un bofetón... pero no podía, porque no podía moverse.

¿Cuál era la mejor forma de empezar una conversación entre dos personas que habían compartido algo más que una simple amistad y que se habían separado de esa forma?
Quizás un "Tu tienes la culpa." "Tenía que irme." "No podía haber hecho otra cosa." Todas las disculpas y explicaciones valían para los dos, se podían aplicar a los dos. Pero la verdad es que ÉL TENÍA TODA LA CULPA!

- "¿Quieres pasar a mi despacho?" - Preguntó Remus indicando la puerta a su derecha. Charlotte negó con la cabeza. No conseguía hablar, o quizá fuese que no conseguía encontrar las palabras adecuadas con las que dirigirse a Remus por primera vez casi en cuatro años. - "¿Qué haces aquí?"

- "¿Qué haces tu aquí?" - Preguntó ella como una acusación. Se suponía que ahora sería fácil, que iba a Hogwarts para que las cosas se volvieran más fáciles, pero con Remus ahí no veía nada prometedor.

- "Trabajo aquí. Soy el profesor de 'Defensa Contra las Artes Oscuras'" - Explicó. - "Es mi segundo año..."

- "Oh!"- Le cortó ella. - "Tu eres el loco."

- "¿Cómo?" - Dijo él extrañado.

- "Alguien me comentó que había que estar loco para impartir clases de DADA."

- "Sí, puede que así sea... Mira Charlotte " - La había llamado, había dicho 'Mira Charlotte' - " creo que tenemos que hablar. Debemos hablar."

- "¿De veras? No recuerdo que esa fuese tu opinión hace tres años." - Dijo Charlotte dolida.

- "Sí. Lo siento. Comprendo que estés dolida. Créeme que lo siento mucho." - Murmuró él visiblemente afectado.

- "Lo sientes. No, no creo que sepas bien hasta que punto lo sientes."

Tras estas palabras Remus se inquietó.

- "¿Por qué dices eso? ¿Por qué estás aquí?"

- "Por motivos del Ministerio." - Explicó Charlotte. - "Sólo eso."

- "Entra y hablemos." - Volvió a decir Remus. - "Por favor." - Pidió desde su corazón.

No. Ahora no podía entrar. No podía hablar con él. Él era el que se había ido. Ahora se iría ella.

- "Tengo trabajo." - Y se dispuso a irse.

- "¿Qué trae al Ministerio a Hogwarts? Espero que no haya ningún problema..." - Intentó comentar relajadamente.

Charlotte se giró y le miró.

- "Ningún problema de licantropía. Esta vez puedes estar tranquilo." - Charlotte no sabía si sonreír, recordar, salir corriendo... pero siguió con su mismo monótono tono de voz.

Remus asintió y su media sonrisa se fue borrando de su rostro. Vio como Charlotte se alejaba y giraba en una esquina, pero no pudo ver cómo ella se encontraba de frente con Youko. Había estado escuchando.

- "Supongo que estarás llena de preguntas, y supongo que ahora serán más de las que tenías hace unos momentos." - Dijo Charlotte. Parecía cambiada. ¿Una Gryffindor hablando tan a lo Snape con alguien? ¿Con una Slytherin?

Youko dudó unos instantes. - "Puede que necesites hablar."

- "¿Contigo?"

- "Por ejemplo." - Dijo Youko, volviendo a adquirir su normal compostura.

Charlotte sonrió. - "Quizás" -Dijo- "Pero ahora tengo prisa. Nos volveremos a ver, creo que me irá bien tener alguien con quién hablar." - Y se alejó de ella.

"Charlotte Jenkins... ¿qué escondes?" - Se preguntó Youko. 
" Sin control " por Laia ( 1:31 PM )
 
Salió del despacho de Snape y se recostó contra la pared. ¿Qué hacía la hija de los Bahn en el despacho del profesor de pociones?

Separó los brazos de su cuerpo y miró detenidamente la bolsita de yerbas y el bote que había conseguido coger.

“No está todo”

Para una poción si tenía, pero para la otra...

Lo guardó todo en los bolsillos de su túnica y apretó a correr, con el corazón saliéndole del pecho.

“¿Y si Bahn se lo decía a Snape? Al fin y al cabo esa era su obliga...”

Una sombra apareció ante ella y del impacto rebotó hacia atrás. Laia cayó al suelo y se quejó en su fuero interno, frotándose el moratón que ya tenía de la cena anterior. Miró al frente para ver con quien había chocado.

Youko Silvara estaba sentada en el suelo, tocándose también la frente, y mirando por debajo de su mano quien había sido la persona que la había tirado. Sus ojos fulminaban.

- Ya que está tan observadora últimamente señorita Wallravenstein, por lo menos podría mirar por donde anda. Las armaduras puede que no se quejen demasiado pero yo si.

Laia abrió bien los ojos ante una aclaración tan contundente y directa, y aún en el suelo, siguió con la mirada a Silvara, mientras ésta se adentraba más y más en las mazmorras.
Volvió la vista al frente y susurró, sorprendida:

- Menudo nervio.

Se levantó y, asegurándose que tenía bien guardados los ingredientes que necesitaba para las pociones, siguió alejándose de las mazmorras, esta vez andando tranquilamente.

Durante la cena tomó una determinación. Podía empeorar la situación, pero tenía que saber que hacía Bahn en Hogwarts y si tenía intención de contarle su intrusión en el despacho a Snape.
Salió del Gran Comedor justo antes que saliera Bahn y se dirigió hacia la sala común de Ravenclaw. No sabía si Bahn se dirigiría allí o volvería a las mazmorras, pero decidió probar suerte.
Se sentó en un banco del pasillo y esperó pacientemente. De pronto oyó voces lejanas. Se levantó y se escondió tras una arcada, escuchando con atención. Era una conversación. Más que una conversación, parecía un monólogo de Saffron Bahn.

- Bueno, esa poción es fácil, no te preocupes. Si tienes algún problema puedo enseñarte algunos trucos que me han servido de mucho para obtener buenos resultados.

Se oyó una tímida respuesta de lo que era sin duda un chaval. Se despidieron y por fortuna, el chico volvió por donde había venido.

Laia siguió escuchando y, cuando los pasos estaban ya lo suficientemente cerca, agarró la túnica y la empujó con determinación hacia donde estaba ella.

- ¡Aaaaaahhh!

La ravenclaw soltó un grito ensordecedor mientras miraba en todas direcciones intentando descubrir quien había tirado de ella tan bruscamente.
Ante ella aparecieron los sobresaltados ojos negros de Laia, instándola al silencio.

- Shhh... –Laia la miró fijamente y miró en todas direcciones, esperando que nadie se asomara a curiosear. Continuó, casi en un susurro:

- Oye...

Laia la evaluó y escudriñó en sus ojos azules, que la miraban sorprendidos.

- Oye... Bahn. –frunció el ceño- ¿Puedo saber que hacías en el despacho de Snape?

Saffron la miró con una expresión de desconcierto absoluto.

- ¿Por qué quieres saberlo?

Dijo sonriendo.

Justamente era Laia la que no debía estar hurgando en las estanterías de Snape sin permiso.

Saffron mantuvo su sonrisa, se apartó un poco de Laia y comenzó a explayarse, recorriendo un poco el pasillo.

- Verás, estoy en Hogwarts para realizar mi trabajo de investigación. Estoy estudiando Pociones Curativas. Bueno, al principio iba a realizar un estudio centrado en otro tema que no pudo llegar a ser. Estoy yendo al despacho de Snape... mejor dicho, espero ir a su despacho regularmente, para que me enseñe y me guíe en este trabajo. Quiero hacerlo lo mejor posible, y Sev... el profesor Snape es el mejor en ese campo.

Al terminar, sonrió alegremente a Laia, que estaba situada en un sombrío rincón, completamente desconcertada. La chica pelirroja continuó:

- ¿Ya has encontrado al profesor?

Laia se sobresaltó ante la pregunta de Bahn.

- Ehh... ¡Si! Si, pero no le he dicho nada. No. Al final... es que en la última clase de pociones me equivoqué y gasté demasiado... demasiada... damiana. Estaba buscando damiana, pero da igual, ya me han prestado.

Laia calibró el efecto que su patética excusa había causado en Bahn. Ésta la miraba con los ojos un poco abiertos.

“¿A que no se ha creído nada?”

- Ya... –asintió lentamente Bahn.

Laia se alteró.

“No se lo ha creído”

Laia se acercó a Saffron y le dirigió una de las más terribles miradas de sus ojos negros mientras adoptaba una actitud amenazante -y algo desesperada-.

- ¿Qué le dirás a Snape? ¿Qué he estado curioseando o algo por el estilo? ¿Crees que creería antes a alguien de Ravenclaw que a una prefecta de su propia casa?

Saffron sonrió no muy convencida. Estaba un poco impresionada por el carácter amenazador de Laia.

- No, supongo que a mi personalmente... no me haría mucho caso.

Bahn miró a Laia de soslayo.

De pronto se oyó un ruido y unos pasos que se acercaban. Laia observó a Saffron por última vez. Aún le quedaba la duda de su silencio. Bahn había jugado con la ambigüedad, no sabía si queriendo o sin querer, pero lo había hecho.

"¡Bah! La chica no parece una soplona, pero hay algo en su voz... algo extraño."

Laia no supo averiguar que, pero no le gustó. Cruzó el pasillo y deshizo el camino.

Cerró los ojos exasperada mientras se dirigía a la sala común.

“Oh genial, y encima le he dicho que buscaba damiana, que es para la impotencia sexual.”

Sacudió la cabeza y se dirigió con paso decidido a la sala común.

Jameson la estaba esperando en la entrada de la sala, sonriéndola.

- Felicidades.

Y le dio un toque en la espalda.

Laia ya se imaginó el porque de la felicitación. Había vuelto a ser elegida como prefecta, seguro. No estaba en condiciones anímicas para celebrar una victoria electoral. Estaba un poco mareada y todas esas caras del interior de la sala parecían flotar. Había muchas manos que se le acercaban con intención de felicitarla. Sonrió a todos y se disculpó, quería acostarse, olvidar este día tan largo y tan accidentado.

Se sentó en su cama y se descalzó. Ella sabía que volvería a ganar. Jameson no tenía posibilidades ante un Malfoy y una Wallravenstein. En Slytherin lo importante era un buen apellido, y Jameson... Todos en la casa sospechaban que procedía de una familia obrera irlandesa, y eso no era algo de lo que presumir allí. Algunos en Slytherin le llamaban Weasley, relacionando esa familia de hermanos tan numerosa con la facilidad en que los irlandeses tenían hijos.

Laia se sacó la túnica y rebuscó en los bolsillos. Allí estaban:

La drosera –o lobalia-, estaba metida cuidadosamente dentro de un sobre pequeño. Creía recordar que la usaba Snape para la poción mata-lobos de Lupin. No había cogido demasiada, solo un sobrecito. No tenía la intención que Snape se quedara sin ingredientes a la hora de aplacar a un hombre-lobo.
Luego cogió el botecito y lo sacudió bien. Era arnica, inmersa en un líquido para mantenerla en buen estado. Era una planta terriblemente delicada si se exponía demasiado rato fuera de ese asqueroso líquido.

Guardó ambas yerbas en una caja fuerte, la cerró con un hechizo y la guardó en un cajón de su mesilla de noche.

Se acostó en la cama y empezó a pensar en el día que había transcurrido. La entrevista con el secretario del señor Malfoy le había afectado mucho. Había estado notablemente nerviosa durante todo el día.

“Estoy perdiendo el control.”

Si, todo lo que le había sucedido durante esa interminable jornada era un buen ejemplo de ello. Cerró los ojos e intentó dormir.

Debía estar despejada al día siguiente. Tenía que causar una buena impresión durante el entrenamiento de quiddich. 
· lunes, diciembre 22, 2003

" ¿Alguien me explica que pasa aquí, por favor? " por Youko ( 9:11 PM )
 
Las clases de la tarde fueron tan bien como la última de la mañana. Ciertamente Lupin sabía como llevar las clases. Resultaban bastante amenas. Sin nada más que hacer durante el resto del día, y aprovechando que todavía hacía buen tiempo, decidió que unas vueltas en escoba por los terrenos de la escuela no estarían nada mal. Dicho y hecho, fue a su habitación y cogió su Nimbus 2001 (cortesía del padre de Draco, Lucius Malfoy, cuando su hijo entró a formar parte del equipo de Quidditch) y con ella en la mano se dirigió hacia las puertas del castillo.

Una vez fuera, montó en la escoba y empezó a ganar altura. No había nada más relajante que volar, dejar que el viento se llevara las tensiones acumuladas durante el día... Tenía muchas cosas en las que pensar: los comentarios por lo bajo de los Slytherins, la sorprendente técnica de Malfoy para el “acoso y derribo” al que se estaba viendo sometida (¡estaba en todas partes!) y ahora, para rematar, Wallravenstein no le quitaba ojo de encima. Y el problema venía con esta última. Youko no sabía que esperar de ella... ¿la observaba por curiosidad? ¿por manía (nah! Eso mejor se lo dejamos a Malfoy), ¿o había algo más...?. Lo cierto es que Youko empezaba a sentirse confusa y no le gustaba aquella sensación. Tal vez aquella no había sido la época adecuada para ingresar en la academia... con aquel monstruo suelto por ahí podía convertirse en un blanco fácil...

Dos horas después de estar dando vueltas y no aclarar nada (aunque sí que había ganado un ligero dolor de cabeza). Youko se encontró rumbo a su dormitorio para tomar una ducha y leer hasta la hora de la cena. Su camino pasaba inevitablemente por los calabozos, donde estaban el aula de pociones y las habitaciones de Snape. Justo cuando estaba a punto de doblar la esquina alguien la arrolló, chocando de frente contra ella y mandándola al suelo.

-“¡¡¡Ay!!!”—exclamó Youko tirada en el suelo y llevándose una mano a la frente, terriblemente adolorida por el topetazo con la otra persona. Levantó la vista para ver quien estaba en el suelo frente a ella, también quejándose. Se quedó de piedra cuando vio que era Wallravenstein. Si ya le dolía antes la cabeza el golpe lo empeoró. Fijando la mandíbula se puso en pie y con todo el veneno que pudo poner en su voz le soltó-“Ya que está tan observadora últimamente señorita Wallravenstein, por lo menos podría mirar por donde anda. Las armaduras puede que no se quejen demasiado pero yo si”—y con esto la dejó allí tirada en el suelo. ¡Por Salazar, que dolor de cabeza!. Pasando por el despacho de Snape pensó en entrar y pedirle una poción para aliviar su maltrecho cerebro pero se detuvo cuando escuchó los gritos provenientes del interior.

-“¡¡¿¿PUEDO SABER COMO DEMONIOS PIENSA USTED CURAR ULCERAS SANGRANTES CON UNA POCIÓN PARA ORZUELOS!!!???”—bramó Snape al infortunado alumno que había cometido tan monumental metida de pata. Decidiendo que si no le pedía la poción a Snape iba a pasar una noche horrible, llamó finalmente a la puerta, recibiendo un brusco “¡Quién es!” desde el otro lado.

-“¿Profesor Snape?. Me gustaría pedirle una poción para el dolor de cabeza, antes de que mi cabeza estalle...”—pidió Youko mientras entraba cautamente en el despacho. Arqueó una ceja ligeramente sorprendida cuando vio que el alumno en cuestión no era tal, sino Saffron Bahn, brillante cerebrito de Ravenclaw y que ahora estaba en Hogwarts ve tú a saber por qué.

-“Por supuesto, señorita Silvara”—concedió Snape. Dejó a las dos chicas solas mientras iba a buscar la poción. Las dos se quedaron mirando sin saber realmente que decir.

-“Mucho tiempo sin vernos, Bahn”—saludó finalmente Youko. No le caía mal la chica, pero realmente no tenía ganas de iniciar ninguna conversación. Esperaba que el tono frío dejara eso bastante claro.

-“Cierto Silvara. Es un placer verte por aquí”—respondió Saffron amablemente. Justo cuando Bahn iba a hablar otra vez, apareció Snape con un frasco en la mano.

-“Aquí tiene, señorita Silvara. El efecto es inmediato”—dijo mientras le daba el frasquito azul.

-“Muchas gracias, profesor Snape. Me ha hecho un gran favor”—respondió Youko tras tomar el frasco y dirigirse a la puerta.-“¡Ah! Y no le grite demasiado a la chica, no vaya a asustarla”—añadió antes de desaparecer por la puerta, dejando al profesor y a Bahn.

Para la hora de la cena Youko se encontraba perfectamente bien, sin rastro del dolor anterior. Por suerte no le había salido ningún chichón del choque con Wallravenstein. Ahora que lo pensaba había sido un poco venenosa con ella... pero bien, que tuviera más cuidado la próxima vez. Tras cenar y tomar un poco de té con la profesora McGonagall, Youko optó por retirarse. Al pasar por la sala común de Slytherin oyó bastante jaleo. Mmm... ahora que recordaba, el profesor Snape había comentado algo de unas elecciones a prefecto durante la comida. Mañana averiguaría quienes eran definitivamente... Ahora lo que tocaba era dormir.


Al día siguiente, justo después del desayuno, había quedado con Remus Lupin para empezar a organizar los grupos para el salón de duelos.

-“Creo que sería bueno que empezáramos las clases por cursos. Y mejor que de momento no hagamos mezcla de casas... eso podría ser peligroso”—comentó Lupin, quien estaba realmente interesado en poner en marcha un salón de duelos, como cuando él era estudiante.

-“Sí, yo también lo creo conveniente. No creo que a la señora Pomfrey le haga gracia que le llenemos la enfermería con heridos por hechizos “accidentales””—apoyó Youko, que también tenía muchas ganas de empezar.

-“Entonces estamos de acuerdo. Mañana me traes un planning con los horarios y a ver si podemos empezar la semana que viene”—dijo Lupin mientras Youko se ponía en pie y se disponía a salir.

-“ De acuerdo profesor Lupin, lo tendré listo para mañana."—dijo Youko mientras salía del despacho y cerraba la puerta tras ella. Unos metros más allá de donde estaba sonó una exclamación.

-“¿Youko Silvara?”—al oír la voz, Youko miró a la joven ante ella. Arqueó las cejas sorprendida.

-“¿Charlotte Jenkins?”—respondió ella sonriendo levemente. Aunque Charlotte era mayor que ella, la conocía desde Hogwarts y de haberse enfrentado a ella jugando a Quidditch.—“Cuanto tiempo sin vernos. ¿Qué te trae por aquí?”—preguntó mientras se acercaba a saludarla.

Justo cuando Charlotte iba a responder se abrió la puerta del despacho y salió Lupin.

-“Youko, olvidaba decirt...”—Remus se quedó a media frase cuando se encontró frente a frente con Charlotte.

Y Youko, que no entendía nada, observó como Charlotte se ponía blanca como un papel y Lupin se quedaba más tieso que una estatua. ¿Alguien me explica que pasa aquí, por favor?. 
" Lechuzas blancas " por Charlotte ( 6:19 PM )
 
Al día siguiente Charlotte fue directamente a la lechucería, cuando llegó logró vislumbrar a lo lejos una lechuza blanca que estaba posada sobre uno de los palos cerca de la ventana.

- "¿Hilina?" - Llamó. Pero la lechuza no se percató de su llamada. Seguía allí, medio durmiendo. En cambio otra lechuza bajó del palo más alto y se posó en su hombro.

Era Hilina, su lechuza.

- "¿Sabes? Te había confundido. ¿No sabrás quién es?"- La lechuza ululó desganada y siguió en su sitio. - "Bueno, toma, tienes que llevar esto." - y con cuidado le ató a la pata un pequeño trozo de pergamino. Tras lo cual la lechuza salió volando por la ventana.

- "Hola"- Dijo una voz detrás de Charlotte. Ésta se giró y vio a un chico que le sonreía. Justo en ese mismo instante la otra lechuza blanca se acercó a él.

- "¡Hola!. Tu eres el amigo de Hermione. ¿Verdad?. ¿Es tuya la lechuza?"

- "Sí. De vez en cuando subo a darle algo de comer." - Dijo encogiendo los hombros.

Charlotte se quedó en blanco y ya no supo qué decir.

- "¿Estudió en el colegio?" - Preguntó él.

- "Oh! sí, claro. Acabé hace cinco años..." - Pero vio en su rostro cómo un cierto tono de escepticismo le impedía ver nada. Charlotte se detuvo y miró hacia la ventana. - "Hermione desconfía. ¿Qué es lo que comenta? ¿Qué soy una Slytherin?"

- "¿Cómo?" - Preguntó Harry atónito. Nadie había dicho nada. ¿Por qué hacía ahora esa pregunta? ¿Qué interés tenía en Hermione?

- "Tranquilo, no te voy a poner en un aprieto. Entre Gryffindors nunca se hacen esas cosas." - Dijo guiñándole un ojo. - "Bueno, Harry, ya nos veremos." - Y salió tranquilamente de la lechucería.

Cuando se dirigía hacia su habitación, vio cómo alguien abría una puerta, unas voces hablaban dentro y escuchó una despedida:

- "De acuerdo profesor Lupin, lo tendré listo para mañana."

Una chica rubia salió del despacho y se encaminó hacia donde ella estaba.

- "¿Youko Silvara?" - Preguntó Charlotte atónita. Había oído hablar de ella, se conocían un poco, y ahora se pregunta porqué estaba allí. 
" La sombra de la sospecha " por Saffron ( 1:01 AM )
 
Aquella primera tarde en el despacho de Snape, Saffron apenas lo escuchó. O al menos, apenas si escuchó la charla que le dio nada más entrar. Bahh, seguro que le diría que lo molestara lo menos posible, que estaba muy ocupado, etc. etc. Todo ello acompañado de miradas agrias y con voz irritada. Así que se dedicó a mirar con curiosidad el despacho de Snape. Era la primera vez que entraba allí.

Y era exactamente como se lo había imaginado. Las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de libros y de botes de cristal con cosas que Saffron ni siquiera quiso imaginarse. Era tan... Snape. Si, deberían convertirlo en un adjetivo: “Esta casa es muy Snape”, “me dijo una cosa de lo más Snape”. Jeje. Tendría su gracia.

-...Y para esa poción necesitará toda su concentración. Le he preparado aquella mesa y allí encontrará todo lo que necesita para realizarla. Por favor, no me moleste si no es necesario- y dicho esto, Snape volvió a hundir la cabeza en el pergamino que tenía entre manos.

Un momento. ¿Cuánto tiempo había pasado distraída? ¿Realmente se había perdido toda la explicación de Snape? A Saffron se le hizo un nudo en la garganta. ¿Cómo se suponía que iba a hacer aquella poción? Se acercó hasta la mesa que Snape le había señalado. Allí encontró un caldero listo para preparar la poción, y numerosos ingredientes que Saffron no había visto en su vida. Miró a Snape, que parecía haberse olvidado de ella.

“Mierdaaaaa” Saffron resopló. No tenía ni idea de que hacer con aquello. Tenía que encontrar tiempo como fuera...

- Esto... Profesor- dijo tímidamente. Snape la miró con los ojos empequeñecidos por la irritación- ¿Puedo poner música?.

Tal y como lo dijo, se llamó estúpida a sí misma. Snape la miró desconcertado. Evidentemente, la mirada limpia de la joven le decía que no era una broma. Suspiró imperceptiblemente, pensando que tendría que utilizar más paciencia de la que pensaba con aquella chica.

- Haga lo que quiera, señorita Bahn- le dijo Snape enfadado- Pero no vuelva a molestarme!!.

- Enseguida vuelvo, voy a buscar mi radio- y Saffron salió corriendo del despacho.

Subió como una exhalación hasta su habitación. Buscó desesperada el libro de pociones que había cogido aquella mañana de la biblioteca. Miró en el índice de ingredientes. “Poción para curar los orzuelos” leyó en voz alta. Umm... podía ser. Muchos de los ingredientes coincidían. No dudó, e intentó memorizar la poción. Casi se le olvidó la radio con las prisas por volver al despacho de Snape.


El profesor no la miró siquiera cuando ella entró de nuevo. Saffron encendió la radio. La música y la tranquilidad de saber que poción era la que debía hacer, hicieron que volviera a respirar con normalidad. La música inundó el despacho, mientras Saffron llevaba el ritmo en voz baja.

“A wak a shak a laaaaaaak....” Snape levantó la vista como un resorte cuando escuchó la música.

-¿Pero que diantres es eso???!!!- dijo horrorizado y con la cara congestionada.

-Es Daler Mehndid!!- contestó ella sorprendida- Es todo un número uno en la India!!- al ver la extraña expresión en el rostro de su antiguo profesor, añadió-Pero si no le gusta, lo quito, no hay problema...

Snape iba a decir algo cuando llamaron a la puerta. “Pase!!!” gritó desconsideradamente. Draco Malfoy entró en el despacho como si el mundo fuera suyo.

-Profesor, necesito los libros que se acordaron para la sala común.- dijo con superioridad. Snape asintió, y desapareció por una de las puertas, que Saffron se imaginó que llevaban a sus habitaciones privadas. Cuando volvió con los libros, se encontró a Saffron y a Draco envueltos en una agradable conversación.

-Bueno, dale recuerdos a tu madre de mi parte, ¿De acuerdo?- Draco asintió, cogió los libros y se marchó sin más.

Severus Snape miró con curiosidad a Saffron Bahn por un momento.

-Desconocía que conociera a los Malfoy- añadió susceptiblemente, sin apartar la vista de ella.

-Oh, si- dijo Saffron distraídamente mientras preparaba la poción- Mi madre y Narcisa Malfoy son amigas de toda la vida. Nos vemos de vez en cuando.

Snape volvió a mirarla, pero ahora intentando escudriñar el interior de la muchacha. Los Malfoy no eran conocidos precisamente por su amigabilidad, y sí por sus contactos con Voldemort. ¿Podría ser que aquella muchacha fuera algo más de lo que aparentaba? Snape la observó detenidamente y solo vio a una joven vestida estrafalariamente, cantando una extraña canción india, que se distraía mucho y hablaba demasiado. No vio ningún rastro de magia oscura por ningún lado. Pero de todos modos... eran tiempos oscuros; muchos no eran quienes parecían.. Mas valía estar atento.

- Ahora mismo vuelvo- dijo Snape, y se marchó rápidamente. Saffron se encogió de hombros y siguió con su tarea.


Estando ocupada mezclando ingredientes, no se percató de que unas pequeñas bolas de azafrán que necesitaba para la elaboración de la poción habían rodado hasta meterse debajo de un pequeño armario. Cuando se dio cuenta de que le faltaba el azafrán, se agachó para buscarlo. Tuvo que arrastrarse por un trecho del suelo para encontrarlo. Tirada en el suelo como estaba, era totalmente invisible a cualquiera que entrara en el despacho en ese momento. Y conociendo a Snape, cuando volvió y se puso a rebuscar algo en otro armario, pues no le extrañó que no le dijera nada.


-Ya lo tengo, profesor- dijo ella, poniéndose en pie- Se me había caído el az.....


Pero delante suya no estaba Snape. No. Era aquella slytherin que había chocado contra la armadura la noche anterior, Laia Wall-No-Se-Quien.

Laia la miró sorprendida, recorriéndola con la mirada. Saffron se sintió de lo más ridícula con aquel pañuelo en la cabeza. Al parecer, Laia no esperaba encontrar a nadie en el despacho. Pero aun así, se recompuso admirablemente rápido.

-¿No está el profesor Snape?- preguntó con aires de suficiencia. Saffron negó con la cabeza.

-Se ha marchado un momento. Supongo que volverá enseguida. ¿Quieres que le diga que lo estas buscando?

- NOOO- la cara de Laia reflejó pánico por un momento.- Esto... no, mejor no... ya lo busco yo...

Y se marchó rápidamente. Saffron encontró esto muy sospechoso, pero pensó que sería mejor no decir nada. “Estos slytherins...” se dijo en voz baja.

Ya casi había terminado la poción cuando volvió Snape. Sus miradas se cruzaron durante un instante, y Saffron lo vio diferente, como si buscara algo en ella. Se acordó de Laia, y pensó por un momento en decírselo; pero algo en su interior le dijo que era mejor callar.


-La poción debería estar ya acabada, señorita Bahn- dijo Snape con frialdad.

-Si, si, profesor, solo le queda menos de un minuto- una gran nube color amarillento y un sonoro “plop” surgieron del caldero. Saffron sonrió satisfecha- ¿Ve?

- Veo- dijo simplemente Snape, cogiendo un poco de la poción con un cucharón. La cara se le cambió completamente cuando examinó la poción, tornándose de un color más rojizo de lo que Saffron creyó que nunca llegaría a ver en cara de Snape- ¡¡¿¿PUEDO SABER COMO DEMONIOS PIENSA USTED CURAR ULCERAS SANGRANTES CON UNA POCIÓN PARA ORZUELOS!!!???

Saffron tragó saliva dificultosamente.

-Verá, puedo explicárselo.....
 
· domingo, diciembre 21, 2003

" El problema de no saber disimular " por Laia ( 9:01 PM )
 
A clase de Transformaciones llegaba tarde, veinte minutos para ser exactos. Entonces ¿Para que correr? Menuda prefecta. A ese paso dejaba de serlo. En realidad estaban por echar a uno de los existentes. Había tres prefectos en su casa. Bueno, Jameson era vocal, pero tenía las mismas obligaciones que un prefecto –nació para mandar, éste-. Y ese verano, por lo que fuera, no había recibido notificación alguna que le aseguraba, un año más, el puesto. Muchos problemas hubo en Hogwarts el curso anterior. Eso había mencionado Snape el día anterior en la reunión de prefectos. Había un desajuste considerable.
Laia hizo una valoración de las posibilidades. A Draco no podían echarlo fuera ¿Cómo iban a hacerlo? A Jameson podrían, pero cumplía con las obligaciones de prefecto de buena gana. Era evidente que la que estaba en desventaja era ella.

Tan concentrada estaba que no había visto que ya había llegado a la clase de Transformaciones. Inspiró profundamente, se relajó –las miradas asesinas de McGonagall eran las peores del profesorado- y abrió la puerta.
Por fortuna estaban haciendo una clase práctica, y todo el alumnado estaba rodeando a McGonagall, observando con atención el interior de una pecera. McGonagall se fijó en como Laia encontraba disimuladamente un hueco para mirar, pero obvió la tardía intromisión y siguió con la clase.

- Cómo veis, esta trucha ha muerto. Bien, pues hoy intentaremos transformar un animal muerto en otro vivo, con la dificultad añadida de tener como obstáculo el agua.

María se situó al lado de Laia y susurró.

- Diez puntos menos cada diez minutos para Slytherin por el retraso de su prefecta. Lo ha dicho al principio de la clase.

Veinte puntos menos. Laia suspiró resignada. Si, este año dejaría de ser prefecta.

Después de Transformaciones tocaba Pociones. Laia se dirigió a las mazmorras, después de despistar a la pesada de María. Llegó relativamente puntual, a pesar de la lentitud de sus pasos –menudos ánimos llevaba hoy-. Se asomó a la clase. Allí estaban otra vez. Los gryffindor. Dos clases con Gryffindor. Eso no era algo que mejorara el pésimo día que estaba teniendo.

Entró en la clase y se sentó en un lugar discreto. No estaba de humor para nada. El profesor entró, se acercó a su mesa y se volvió para mirar a sus alumnos.

- Como es el primer día de clase, y por petición del director, hoy vais a asistir a una pequeña charla sobre Magia accidental. Os presento a la señorita Charlotte Jenkins, del Ministerio de Magia, experta en Equipos de Reversión de Magia Accidental.

Laia vio como una chica joven de cabello rubio se acercaba a la tarima, mientras Snape se mantenía en un discreto segundo plano, situándose al final de la clase.

Resulta que esa chica había viajado bastante y había obtenido muchos conocimientos. A Laia siempre le había interesado la idea de viajar por el mundo mientras aprendía cosas. Luego escribiría un libro sobre ello y quizás ganaría una merecida fama.
Charlotte Jenkins habló de cómo se podía beneficiar uno de la magia, aún siendo accidental. También habló de pociones. Eso hizo que Pansy, que estaba sentada detrás de Laia, susurrara.

- Pues entonces incluso Longbottom puede beneficiarse de la magia. Al fin y al cabo siempre se accidenta con las pociones.

Se oyeron las risitas de sus inseparables amigas. Laia tampoco pudo evitar una sonrisa. Era cierto, ese gryffindor siempre sufría algún percance, sobretodo en Pociones, algo que no se le daba nada bien.
Lo buscó con la mirada. Estaba sentado delante del trío maravilla. De pronto Jenkins preguntó algo.

- En esa región también podemos encontrar un buen elemento para pociones que evita las inflamaciones ¿Alguien sabe que es el Aesculus hippocastanum?

Laia, por costumbre, se giró a mirar a Hermione, que ya levantaba el brazo hasta el borde de la luxación.

- Castaño de Indias, también denominado Falso Castaño.

- Muy bien- Charlotte Jenkins asintió al oir la respuesta de Granger, de la misma manera que asintió a las docenas de respuestas más que ésta le propinó durante toda la clase.

Al finalizar la clase se levantó con rapidez. Tenía un hambre increíble y quería llegar al comedor cuanto antes posible. No había comido nada desde el desayuno y, aunque el encuentro con ese desagradable secretario de Malfoy le hubiera quitado el apetito, ahora ya más relajada, se comería un elefante. Se levantó y se dirigió a la salida, casi topando con Potter y sus dos inseparables amigos, que parecían estar cambiando impresiones con Jenkins. Giró a la derecha y empezó a andar. Ya saliendo del largo y oscuro pasillo se encontró a Remus Lupin, que se dirigía tranquilamente hacia las mazmorras... ¿Las mazmorras? Le saludó cordialmente y ella le correspondió. Cruzó una puerta y se dirigió al comedor.

Quería llegar pronto y encontrar un buen sitio. Odiaba -de verdad- odiaba sentarse en un mísero rincón. Pero alguien la llamó.

-¡Laia!

Se giró y se encontró con Jameson llevando una bolsa de deporte. Éste estaba todo congestionado, sin duda había venido a la carrera. Le pidió que se sentara en uno de los bancos que había debajo de la gran escalera.

-McGuillan está enfermo, parece ser que es alérgico a los gusarajos. Se le ha puesto toda la cara de color rojo y tiene ronchas azules por todo el cuerpo.

Laia no reprimió un gesto de asco.

-El caso es que necesitamos un guardián, y tu estás en la reserva. No sé cuanto durará la convalecencia de McGuillan, pero el caso es que necesitamos guardián ¡Al menos para entrenar! Quizás para el primer partido ya esté bien.

Laia le miró fijamente y asintió. Muy pocas veces había conseguido jugar un partido. Siempre entrenaba pero solo llegó a jugar dos partidos desde que la metieran en la reserva... y ella era buena, mucho más buena que el patata de McGuillan.
Sonrió, se levantó y espetó.

-Luego iré a hacerle una visita... Pobre McGuillan.

A Jameson se le iluminó la cara –inocente...- y siguió hablando.

-Mañana entrenamos. ¡Tendrás que madrugar! Todos tenemos las clases muy apretadas.

Eso ya no le gustaba ¿Ves? Pero que importaba, por fin tenía posibilidades de aportar algo al juego. Cuando ya se iba Jameson gritó.

-¡Por cierto! Al final si habrá elecciones para prefecto... con tanto follón como hubo el año pasado no ha habido tiempo de elegir a los dos definitivos antes de empezar el curso. Esta noche saldrán los resultados. Ya sabes, en la Sala Común.

Jameson se despidió de ella con una sonrisa. Estaba muy emocionado. Siempre que hablaba de Quiddich se emocionaba. No era el capitán pero como si lo fuera.

Laia se dirigió –esperaba que ya definitivamente- hacia el comedor. Estaba prácticamente lleno. Casi todos los profesores estaban sentados. Se dirigió a su mesa. Oyó un insulto. Miró a su derecha. Era la armadura, que le estaba diciendo cosas no muy agradables. La ignoró y siguió adelante. Como el día anterior, tuvo que sentarse en el maldito rinconcito.

Entonces recordó la conversación de Pansy del día anterior. ¡Youko Silvara! Ahora le caía el problema otra vez como granito en sus espaldas. Dirigió su mirada al fondo del comedor y la buscó. Estaba sentada en la mesa principal. Se la quedó mirando unos instantes.

“¿Cómo se supone que la voy a vigilar? ¿Y si solo ha venido para enseñar? No... nadie sale de una academia de aurores para ser la ayudante de un profesor. Bueno... a no ser que le tenga un especial gusto a la enseñan...”

De repente Silvara descubrió que la estaba observando, e inclinó la cabeza en señal de saludo. Laia, sin poder evitarlo, bajó la mirada. Así estuvo toda la comida, pensando y observándola de reojo.

“Haz algo sospechoso, por favor”

Rogaba Laia. Cuando el secretario le había dicho que el señor Malfoy se molestaría al saber que era una inútil había delatado a ciegas, y ahora debía atenerse a las consecuencias.
Era todo tan confuso... Conocía el comportamiento de Silvara –al menos, el que solía mostrar cuando estaba en Hogwarts estudiando- y era... ¡Tan Slytherin!

Miró el plato. Casi no había comido nada. Youko Silvara había terminado de cenar y pasó por delante suyo. También esta vez la sorprendió mirándola.

Miró el comedor ¡Estaba prácticamente vacío! Y su plato medio lleno. En su mesa prácticamente no había nadie. Salvo Draco.
Laia se levantó, cogió su plato y se dirigió a donde él estaba sentado. Dejó allí el plato y le saludó.

- Hola Draco.

Draco le dedicó una media sonrisa que venía a significar.

“No me molestes”

Pero a Laia molestar le daba igual.

- Quiero preguntarte una cosa. Oye... ¿Sabes mucho de ella? –Dijo señalando la puerta, por donde había salido hacía un momento Silvara.

- No.

Dijo Draco con una voz neutra.

- ¿Sabes de quien hablo? No te he dicho el nombre.

- Hablas de Silvara ¿No es cierto? La slytherin auror. He visto como la mirabas.

- Caray, si que estás enterado de la situación. Eres tremendamente observador.

Draco se acercó a Laia.

- Más de lo que piensas.

Y dicho eso se levantó y se largó, no sin antes añadir.

- Te deseo buena suerte esta noche en las elecciones, Wallravenstein. 
" ¿Quién es esa chica? " por Charlotte ( 2:36 PM )
 
Cuando dejó de correr ya no sabía en que piso estaba. Se encontraba sin aliento y se detuvo a tomar aire apoyándose contra una pared.

"Bien, muy bien. La cuestión era que Remus no te viese. Y consigues todo lo contrario justo el primer día del curso." - Se dijo enfadada.

¿Pero porqué Remus andaba por las mazmorras? Nunca se habría imaginado que pudiese encontrale allí, por eso no se había preocupado de eso. ¿Qué hacía él en los territorios de Severus? ¿No se suponían que no se caían bien? Por lo menos sabía que Remus no era del agrado de Severus.

Si Severus se enterase de lo que había entre ellos dos...

Pero nadie lo sabía.

_________________


Ron, Hermione y Harry se dirigieron tranquilamente a la torre Gryffindor. Estaban ligeramente intrigados por los extraños acontecimientos que habían observado momentos antes en las mazmorras. Antes, durante y después de la clase de Pociones.

- "Pero ¿quién se supone que es esa Charlotte?" - Comentó Ron.

- "No tengo ni idea. Pero por lo que he podido observar parece muy amiga de Snape, y eso no me parece nada bueno..." - Dijo Hermione.

- "Seguro que es una Slytherin enchufada que se vino a pavonear frente a los suyos. Y además quiere hablar contigo, Hermione."

- "Pero yo no es que quiera hablar con ella, Ron."

- "¿Cómo?" - Dijo Harry. - "Si parecías muy interesada en su charla. Además es del Ministerio."

- "¿Y eso se supone que se bueno? ¡Eso no supone nada! - Exclamó Hermione. - "Y además. ¿Visteis cómo salió corriendo al ver al profesor Lupin? Eso no me parece nada normal."

- "Una amiga de Snape que además huye de Lupin. No. No suena bien." - Resumió Ron.

- "Espero no volver a verla." - Dijo Hermione, y sentada en un sillón de la sala común abrió un libro y empezó a leerlo.

Harry y Ron se quedaron mirando. El primer día de clase y Hermione ya empezaba con sus libritos. Entornaron los ojos y siguieron hablando entre ellos.

- "¿Y Lupin? Si ella huyó de él como dice Hermione, se supone que se conocen. Él la vio antes de que se fuera..."

- "Sí." - Dijo Harry. 
" “Y yo con estos pelos....” " por Saffron ( 1:33 AM )
 
Saffron ocupó su asiento con el resto de alumnos de lo que había sido su antigua casa. Durante la comida se enteró de las nuevas noticias: Youko, la antigua Slytherin que había estudiado para auror, ahora era la ayudante del profesor de DADA, Remus Lupin. Igualmente, se enteró de que Charlotte Jenkins, otra antigua alumna y ahora miembro del Ministerio, había dado una charla sobre Magia Accidental durante la clase de Pociones.”Vaya” pensó Saffron “esto se parece a una fiesta de antiguas alumnas”.


-Ey, Saffron- le dijo Helena, una alumna de séptimo que se sentaba a su lado- ¿es verdad que anoche le diste un codazo a Snape?

-Calla, calla- dijo Saffron medio riéndose- no me lo recuerdes. Si vieras la cara que puso... creí que iba a sacar la varita y lanzarme alguna maldición... Esta tarde tengo una entrevista con él...

Helena hizo una mueca de disgusto y le deseó buena suerte. En cuanto terminó de comer, Saffron subió rápidamente a su habitación. Quería causar una buena impresión a Snape, y había decidido aprenderse todo lo posible sobre el tema antes de ir a hablar con él.

Y bueno, también tenía que arreglarse.

Se dio un largo baño, y pasó casi una hora decidiendo que se iba a poner.

-Demasiado infantil... demasiado vamp... demasiado extraño... –le iba diciendo a Ein mientras se probaba distintos modelos y las ropas volaban desde el armario.

Y entonces ocurrió la desgracia: había decidido rizarse el pelo, pensando que le quedaba bastante bien. El problema era que nunca lo había hecho ella. Así que, cuando acabó con el encantamiento, en vez de quedar una bonita melena rizada, en su lugar tenía el pelo tirante como si fuera alambre.

-ARHGGHGGHGG- Saffron gritó horrorizada mientras se miraba al espejo- ¿CÓMO VOY A IR ASÍ???- y se puso a llorar desconsoladamente. Ein la miró misericordiosamente desde la cama.

“Está bien,” pensó intentando calmarse y controlar los hipidos “seguro que puedes hacer algo para arreglarlo”. Pero los distintos encantamientos que probó no funcionaron. Angustiada, decidió enrollarse el pelo en un pañuelo, pensando, que después de todo, no le quedaba tan mal. Finalmente, se puso el primer vestido que sacó del armario, puesto que llegaba tarde a la cita con Snape. Una última mirada al espejo le devolvió una imagen a medio camino entre una bruja árabe y una muggle que no le terminó de gustar. Suspirando, se dijo que no tenía tiempo para cambiarse. Aun así, se volvió para ponerse unas pulseras de plata.

-Tu puedes dar una vuelta por ahí, pero pórtate bien, ¿eh?.. Que no me tengan que dar quejas de ti... - Ein le dio una mirada ofendida y salió alegremente al pasillo.


Saffron llegó sin aliento al despacho de Snape. Llamó a la puerta y la abrió cuando escuchó un seco “Pase”.

-Creí haberle dicho que fuera puntual- dijo Snape con voz irritada sin levantar la vista del pergamino que estaba escribiendo- Aunque no lo crea, señorita Bahn, algunos valoramos nuestro tiempo.

-Lo siento, profesor- respondió Saffron, pensando que, últimamente, era lo único que decía- tuve un pequeño percance...

- ¿De nuevo el zumo de calabaza?- dijo Snape mordazmente. Y entonces, él levantó la vista. La mirada de desconcierto cuando se fijó en su indumentaria fue evidente hasta para Saffron. “Mierda” pensó ella “seguro que ahora hace algún comentario sobre mi ropa”. Pero el no dijo nada. Si le hubieran preguntado a Severus Snape en ese mismo momento por Saffron Bahn, lo único que hubiera podido contestar habría sido “Original”.


- Bien, señorita Bahn- prosiguió él con su habitual tono untuoso y volviendo a fijar su atención en el pergamino- He estado pensando en su petición, y he accedido a ayudarla. Desde luego, usted será puntual en todo momento, y por supuesto, a la más mínima señal de que usted es incompetente para el trabajo, no podré seguir atendiéndola. Tengo demasiadas ocupaciones como para malgastar mi tiempo inútilmente.


- Por supuesto, profesor- musitó Saffron, pensando que quizás hubiera sido mejor dedicarse al negocio familiar como había sugerido su padre. Seguramente, en ese momento no tendría el pelo como una malla de espinos y quizás incluso estaría hablando con alguien amable.

Que asco de amor irracional y enamoramientos sin sentido.
 
" ¿Soy yo, o me han salido ojos en la espalda? " por Youko ( 12:49 AM )
 
Un infierno, la maldita clase había sido un infierno. Y no porque hubiera ido mal, en absoluto, la clase había ido como una seda... pero para Youko había sido horrible. Todos los Slytherins mirándola, murmurando, señalando ligeramente, sonriendo disimuladamente con burla... y para colmo de todo, el único que había conseguido que dejaran de hacer eso no había sido otro que Malfoy. ¡Por Merlín! ¿Qué le había hecho a ese chico para que estuviera tan pendiente de ella?

En cuanto terminó la clase salió lo más rápido que pudo y se dirigió a la Torre Serpens. Ya casi llegando vio entrar hacia los dormitorios de los estudiantes de Slytherin a Laia Wallravenstein. Estuvo a punto de saludarla, pero lo pensó mejor y decidió desaparecer un rato en su habitación.

Una vez dentro se sentó en un cómodo sillón junto a la ventana. Un suave siseo la sacó de sus pensamientos. Desde su cuello resbaló una bonita serpiente plateada que bajó hasta acomodarse en su regazo. Se miraron fijamente y el animal volvió a sisear.

-“Las dos sabíamos que no sería fácil, Nissa”—Youko acarició gentilmente la cabeza del animal mientras volvía a mirar a través de la ventana, fijando sus ojos en el lago.-“¿Por qué les debe importar a los demás mis decisiones? ¿Quién ha dicho que una Slytherin no pueda ser auror?”.


Aunque a Youko le hubiera preferido quedarse en su habitación toda la mañana todavía quedaba una clase de DADA con los de 3º de Ravenclaw. Por lo menos esta clase fue bien, todos prestando su completa atención a Lupin, y aquello la hizo sentirse más cómoda. Ciertamente, para cualquiera que la viera, ella sería como una estatua de hielo caminando. Los ojos fríos, la cabeza alta, sin dirigir la mirada a nadie, su tono de voz, aunque educado, también resultaba frío. Pero, si se observaba más profundamente, podía percibirse en sus ojos, la intranquilidad, el nerviosismo, o como inclinaba ligeramente la cabeza en rechazo si oía a alguien murmurando al verla pasar. Youko había pensado que al regresar a Hogwarts se sentiría bien, segura, tranquila. Que nadie diría nada por lo que había decidido hacer con su vida. Pero estaba equivocada. No estaba encontrando la paz que buscaba... Tal vez, con el paso del tiempo... quizá...

Además, para su total desgracia, había una persona que si que estaba consiguiendo ver bajo el hielo. ¡Dichoso Malfoy! Parecía un observador nato... Tenía que intentar mantener una distancia con el chico. Aquellos eran tiempos oscuros, y la reputación de su familia dejaba mucho que desear... Quería vivir más de sus 19 años, gracias. Con todo esto en la cabeza llegó al Gran Comedor. Estaba a punto de entrar cuando se paró y se giró. Le había parecido que alguien la estaba observando... Nah!! Tal vez Ojo Loco Moody, que era profesor en la academia le había pegado sus paranoias...

Entró al comedor y se dirigió a la mesa principal, donde ocupó su lugar. Lupin ya estaba allí. Snape llegó poco después. Le saludó con una ligera inclinación de cabeza y reasumió su comida. ¡Ahí estaba otra vez! Esa molesta sensación de ser observada. Levantó la vista de su plato y miró por el comedor. Mmm... Malfoy le lanzaba miradas fugaces de vez en cuando, pero ya está... Él no era... Diez minutos después volvió a suceder y repasó de nuevo el comedor. Esta vez sus ojos se engancharon con los de otra persona al final de la mesa de Slytherin. Youko aguzó la vista... ¿esa no era Wallravenstein?. La saludó con una ligera inclinación de cabeza y Laia desvió sus ojos inmediatamente hacia su plato.

-“¿Qué demonios le pasa a esa chica ahora...?”—pensó Youko mientras dejaba sus cubiertos en el plato y se ponía en pie para salir. Llegando a la puerta notó de nuevo los ojos en ella. Casi a punto de salir se giró rápidamente. Un par eran de Malfoy, que dio una ligera sonrisa que ella no reflejó. Los otros eran de nuevo de la señorita Wallravenstein.-“Realmente, no entiendo nada... Pero no me gusta...”—Youko salió todavía más pensativa de lo que había entrado en el comedor. ¿Tendría que vigilar sus espaldas? Ella esperaba que no... 
· sábado, diciembre 20, 2003

" Magia Accidental, Pociones y Preguntas " por Charlotte ( 3:24 PM )
 
Esa primera noche no fue nada fácil. Cuando logró conciliar el sueño este estuvo plagado de imágenes y retorcidos pensamientos que hacían que se despertase sobresaltada cada dos por tres.

- "Remus está en el colegio." - Tuvo que decir Charlotte. Tuvo que oírselo decir a sí misma. En voz alta, para así poder llegar a creérselo. - "¿Por qué?

Ese "¿Por qué?" era más bien una súplica, un grito a poderes más altos para que se apiadaran de ella y le pusiesen las cosas más fáciles. Pero nada había sido fácil desde hacía mucho tiempo. Ya casi ni recordaba la última vez que había podido respirar tranquila. Y esa última vez no había sido sino el momento en el que todo se hundió bajo sus pies.

Cuando se hizo de día intentó mentalizarse de que tenía que seguir con su trabajo. Que tenía que encontrar a Dumbledore y hablar con él.
Pero, ¿qué pasaría si encontraba a Remus por el camino?. ¿Cómo se suponía que debía mirarle? ¿Cómo se suponía que él podría mirarla a ella a la cara?
Ella era inteligente. No podía acobardarse simplemente por eso, así que tras asearse fue directamente al despacho del director. Aún no era la hora del desayuno, pero Dumbledore ya estaba sentado en su silla leyendo tranquilamente unos viejos pergaminos.

- "¡Charlotte Jenkins! Querida señorita, siento mucho no haberla podido atender ayer. Como ya sabe el día de la presentación siempre es muy complicado, y divertido..." -dijo sonriendo amablemente.

- "No pasa nada. Ya hablé con la profesora McGonagall y ella misma me acompañó a mi habitación. Son muy amables por hacer todo lo que están haciendo."

- "Sí. Ya me comentó Minerva que la había visto. Pero, ¿cómo es que no fue a la cena?"

¿Cómo es que no fue a la cena?

¿Qué se suponía que tenía que contestar a eso? ¿Algo del tipo: "Nada director, que resulta que vi que Remus (mi antiguo amante) estaba en la mesa de profesores, me dio un susto de muerte y salí corriendo como si hubiese visto al mismísimo Voldemort."?

- "No me encontraba demasiado bien. El viaje fue un poco accidentado y demasiado largo, tenía muchas horas de sueño atrasado y decidí quedarme durmiendo."

- "Comprendo. Según tengo entendido, la han mantenido de país en país durante casi un año. Espero que aquí consiga relajarse aunque sea un poco."

- "También yo." - Deseó con todas sus fuerzas Charlotte. Como si por ese simple deseo, Remus fuese a desaparecer de repente.

Tras hablar durante unos pocos minutos más con Dumbledore, quedaron en que después del desayuno (al que estaba invitada, claro está) preparase todo lo necesario para dar su charla. Sí, una charla ante los alumnos. No todos claro. Sino al pequeño grupo formado por los Gryffindor y Slytherin en la clase de Pociones.

No fue al comedor. No. Ni se le ocurriría. Se encerró en su habitación hasta la hora prevista y se dirigió sin mirar a ningún sitio, directa al aula de Pociones. Los alumnos aún no habían llegado y la puerta estaba cerrada, llamó con los nudillos débilmente y oyó cómo unos pies se acercaban a la puerta. Al abrirse se apareció frente a ella el mismísimo Severus Snape.

- "Ya has llegado." - Dijo con su monótona voz - "Siempre puntual. Me alegro de volver a verte." - Y hubiese parecido raro para el resto de alumnos, incluso de los profesores, y lo fue ciertamente para los primeros alumnos que iban llegando al aula, pero ahí estaban el antipático profesor Snape estrechando la mano con una visible amigabilidad a una extraña.

_ "Yo también me alegro." - Respondió ella. - "Hacía mucho que no te veía."

- "Sí. Me he enterado que has estado mucho de viaje. ¿Qué tal está tu madre?"

- "Bien. Aunque no la veo muy a menudo. Recibo lechuza de ella de vez en cuando. A veces me parece que no soy una buena hija."

Y así siguieron hablando durante un rato, hasta que todos los alumnos estuvieron dentro del aula.
Nada más comenzar la clase, Severus cambió por completo de expresión. Entre una mezcla de malhumor y desdén, dirigió una mirada a los Gryffindor, y comenzó a hablar:

- "Como es el primer día de clase, y por petición del director, hoy vais a asistir a una pequeña charla sobre Magia accidental. Os presento a la señorita Charlotte Jenkins, del Ministerio de Magia experta en Equipos de Reversión de Magia Accidental." - Dirigió una pequeña y casi inadvertida sonrisa a Charlotte y se situó al final de la sala. Lo que no pareció gustar demasiado a tres alumnos que se encontraban justo allí.

Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger. Bueno, por lo menos no tendrían que soportar a Snape el primer día.

Charlotte se pasó la clase hablando de grandes yacimientos de 'Rubí Malva' encontrados en Finlandia, y lo peligrosos que podrían llegar a ser si se dejaban sin cuidado a la vista de muggles. Sus comentarios, aunque fuesen sólo sobre minerales, plantas y demás, siempre venían acompañados de interesantes opciones de cómo podían ser utilizados para preparar pociones, y cómo aunque accidental, siempre se podía uno beneficiar de la magia.
Hubo incluso preguntas, claro está, aunque la mayoría fuesen de la señorita Granger.

La clase terminó, y los alumnos salieron. Charlotte se despidió cordialmente de Snape y salió corriendo al encuentro de esta última.

- "¿Hermione Granger?" - Preguntó al aire.

El trío se dio media vuelta y la miró sorprendido.

- "¿Sí?" - Preguntó Hermione un tanto extrañada. ¿Cómo sabía su nombre?

- "Hola. Bueno, como ya sabrás yo soy Charlotte." - Dijo sonriendo. - "...Veo que estás interesada en el tema del que he estado hablado, y bueno, me gustaría hablar contigo más tranquilamente cuando tengas un momento."

"¡Interesada!", pensó Ron. "¡Hermione está siempre interesada por todo!"

- "Eh... bueno..." - Comenzó a decir Hermione. Pero no pudo continuar su frase porque Charlotte comenzó a hablar atropelladamente.

- "Hablaremos de ello en otro momento. Ahora tengo que irme, y supongo que tendréis prisa. Espero verte. ¿De acuerdo?" - Y salió pitando escaleras arriba.

Una sombra se acercó por detrás del trío, una sombra que había visto Charlotte. Él también la había visto a ella.

- "Hola profesor Lupin." - Saludaron a coro.

- "Hola chicos." - Respondió Remus con su sonrisa amable sin dejar de mirar las escaleras. 
· viernes, diciembre 19, 2003

" Esto no es tan fácil " por Laia ( 1:08 PM )
 
El profesor ya estaba sentado en su mesa, tranquilo y sonriente. Parecía estar leyendo la lista de alumnos mientras saludaba a los que iban llegando.

La clase aún no había empezado, y eso que Laia llegaba unos minutos tarde. La razón de su retraso era que le había salido un moratón en la frente. Genial, si pretendía que se olvidara el accidente del día anterior iba lista. Ya se lo había recordado María nada más abrir los ojos, tenía media frente de color azul. Eso menguaba significativamente su atractivo, y no estaba nada bien. Ella siempre tenía que estar perfecta. Pero nada podía hacer por su cara en ese momento, tenía la primera clase.

Defensa contra las Artes Oscuras.

Entró en la clase, saludó a María y se sentó a su lado. Por desgracia tenía a los dos gorilas de Malfoy delante de sus narices. A ver si ahora no iba a ver nada.

De repente se abrió la puerta y apareció Draco, con un aire de superioridad más elevado del acostumbrado. Se oyó un bufido desde la zona Gryffindor. Draco siempre provocaba eso en ellos. Desde primero ya se había convertido en el representante de Slytherin ante las demás casas, y eso fue gracias a sus continuos enfrentamientos con el trío maravilla de Gryffindor: Potter, Weasley y Granger. Qué por cierto ahí estaban, en primera fila, para no perderse ninguno de los movimientos de su adorado profesor.

Cuando ya estaban aparentemente todos los alumnos en la clase se volvió a abrir la puerta. Laia se giró y vio aparecer a Youko Silvara. Subió a la tarima sin desviar la mirada y saludó a Lupin. Vaya, era la ayudante del profesor, por eso estaba en el colegio. Recordaba que en cuarto también tuvo a Lupin de profesor, y que durante la luna llena tenía que venir Snape a sustituirle. Por suerte Silvara también era una slytherin... No tendría problemas.

Una clase amena y entretenida, a Laia le costaba reconocerlo. Cogió sus enseres y dedicó una mirada de fastidio a María.

- Qué muermo.

Si, le costaba reconocerlo.

Estuvieron andando hacia la siguiente clase, Transformaciones, cuando Laia se detuvo y dijo.

- Oye, yo tengo que volver a las mazmorras.

María la miró desconcertada.

- ¿Por qué? ¿Te has dejado algo en la habitación?

Laia hizo una mueca agresiva.

- No, solo tengo que ir a dar vueltas por las mazmorras como una imbécil.

- ¿Por qué?

Suerte que María era un poco simple.

- Cosas de prefecta.

María se dio por respondida y subió las escaleras rumbo al aula de Transformaciones. Laia abrió la puerta que llevaba a las mazmorras y recorrió corriendo sus húmedos pasillos.
Abrió la puerta que daba a la sala común. Vacía. Aún así la registró bien. Luego se dirigió a la enorme chimenea, hizo un movimiento de varita dentro de ella y esperó.

De repente se oyó un zumbido y un fuego sobrenatural bajó por la chimenea prendiéndola al instante. De entre las llamas apareció un rostro. Laia mostró una mueca de desilusión.

“Un simple secretario”

¿Cómo había podido esperar que fuera él quien se rebajara a aparecer dentro de una chimenea?

El secretario la miró con desgana, con la expresión de desagrado de alguien que ha sido molestado por una tontería. Laia lo ignoró y dijo, con voz seca y cortante.

- Sigo sin saber exactamente que hacer...

El secretario suspiró, bajó la cabeza y la miró fijamente, susurrando con un deje de evidencia.

- Decirme que has visto.

Laia alzó las cejas. ¿Qué había visto de sospechoso?

- Bueno... Ha vuelto Remus Lupin.

La expresión neutra del secretario daba a entender que no sabía quien era Remus Lupin. Los pobres secretarios del señor Malfoy nunca se enteran de nada:

- Un ex-miembro de Gryffidor, un hombre-lobo completamente arruinado. Enseña Defensa contra las Artes Oscuras... Por segunda vez. Es un buenazo.

Dijo Laia despectivamente.

- Ah, ya recuerdo. Le echaron.

El secretario no apuntó nada. Eso ya lo sabía todo el mundo, no era una novedad.

- ¿Algo más?

Laia negó con la cabeza. El hombre no parecía muy contento con los resultados de la entrevista.

- ¿Y Severus Snape?

- Hablé ayer con él. Hubo reunión de prefectos. Nada importante.

El secretario le gritó.

- ¿Nada importante? ¡Se supone que debía enterarse de algo importante señorita Wallravenstein!

- ¿En una noche?

- El señor Malfoy no estará muy contento de oir eso.

Ya está, ya lo había dicho. Laia bajó la cabeza. ¿Qué le diría a Malfoy? ¿Qué era una inútil? No, él comprendería que en una noche no se puede descubrir nada.

"Espera Laia, él nunca comprende nada"

Levantó los ojos y frunció el entrecejo.

- Hay una chica. Una antigua estudiante de Slytherin. Al salir de Hogwarts fue directa a la academia de aurores. Está en el colegio y es la ayudante de Lupin.

El secretario levantó la cabeza y la frente se le despejó.

- Pues vigílala.

Y seguido de una explosión, desapareció.

Laia se levantó del suelo y se dirigió a uno de los sofás. No sabía exactamente como había podido llegar al extremo de espiar a una slytherin. Se quedó allí sentada diez minutos, mirando fijamente la gastada alfombra.

De repente recordó las palabras de Snape del día anterior.

“Más vale que se dedique exclusivamente a sus estudios"

Si, más le habría valido. 
" Grandes Esperanzas " por Saffron ( 9:29 AM )
 
Saffron estuvo encantada cuando por fin llegó hasta su habitación. Era espaciosa, con grandes ventanales (mucha luz, tal como a ella le gustaba) y un gran cuarto de baño para ella sola. Sonrió satisfecha al ver su equipaje ya perfectamente colocado en los amplios armarios.

- Ehhh, pequeñín, te he echado de menos- le dijo a su gato Ein, que se había acercado alborozado hasta ella cuando entró en la habitación. Saffron lo cogió en brazos, y Ein se restregó mimoso entre sus brazos. Lo dejó en el suelo, mientras se cambiaba de ropa- ¡¡No te puedes imaginar lo que me ha pasado!! Que vergüenza, Ein...


El gato escuchó toda la historia con atención, y Saffron hubiera jurado que sonreía. Se metió en la cama enseguida, durmiéndose al instante. Había sido un día demasiado largo y demasiadas emociones seguidas. Ein la miró un momento, y recostándose a los pies de la cama, también se durmió.


A la mañana siguiente, bajó a desayunar cuando ya casi no quedaba nadie en el comedor. Se bebió una taza de té, se comió una tostada, y se fue a la biblioteca. Pasó el resto de la mañana buscando libros que podrían servirle en su trabajo y tomando apuntes. Pronto le asaltaron dudas, y decidió que sería mejor buscar a alguien que le ayudara.


Afortunadamente, el profesor Binns no estaba ocupado.


- Siempre supe que usted tenía posibilidades en este campo- dijo el profesor sin poder disimular el orgullo que le producía que una de sus alumnas siguiera sus pasos- Usted fue una de mis mejores alumnas...


Acto seguido, comenzaron a discutir sobre libros y estudios. Saffron escuchaba apasionada todo lo que su antiguo profesor de Historia le decía, aunque nunca hubiera sido un gran orador, y los alumnos se durmieran en su clase.

-... Y este- le dijo Binns enseñándole un grueso tomo- es un clásico, aunque está mas que superado... Desde luego, lo tiene difícil. En este campo hay multitud de estudios...


Saffron asintió tristemente. De repente, la esperanza de pasar en Hogwarts otro año, se iba desvaneciendo.

-Aunque. - la voz del profesor Binns sonaba esperanzada- podría dedicar su estudio a un tema algo más restringido. Por ejemplo, las pociones curativas. Hay pocos estudios sobre el tema en la Edad Antigua. Pero, en ese caso, me temo que yo no sería la persona más indicada para ayudarla.


Saffron quedó pensativa durante un momento. El tema era atrayente, pero eso significaba que tendría que dedicar muchas horas al estudio de las pociones antiguas. Y, a su vez, eso significaba que tendría que necesitar mucha ayuda de Snape. No es que la idea no le atrajera (muy al contrario), pero había que saber que opinaba el profesor de Pociones al respecto. Iba a decir algo, cuando llamaron a la puerta, y tras abrirla, la oscura cabeza de Snape apareció tras ella.

- Ah, el hombre en cuestión- Dijo Binns alegremente- Pase, Severus, pase. La señorita Bahn y yo estábamos hablando de usted.


Snape le dedicó una mirada descreída y alzando una ceja, inquirió con voz untuosa: “¿Y podría conocer el tema?”. El profesor Binns se lo explicó todo, mientras Snape no le quitaba ojo, y Saffron creía que sus mejillas podrían prenderse en cualquier momento, de lo colorada que estaba. Ella aun recordaba el golpe que le había dado la noche anterior.

- Si a usted le parece bien, profesor- dijo Saffron mirando tímidamente a Snape, cuando Binns hubo terminado de exponer la cuestión. Severus Snape la miró brevemente, los ojos oscuros clavados en ella. Saffron creyó que los segundos se convertían en horas mientras él permanecía callado.



- Venga esta tarde a las cinco a mi despacho, y hablaremos.- dijo por fin; y Saffron se dio cuenta que había estado aguantando la respiración todo aquel tiempo.- Sea puntual, se lo ruego.

Saffron asintió, y se mantuvo en discreto segundo plano mientras los profesores comentaban algo relacionado con los horarios. Lo cierto es que apenas si los escuchó, pensando emocionada en la entrevista de aquella tarde en el despacho de Snape, mientras su cara reflejaba su expresión embobada. De repente, sintió una fuerte presión en el brazo. Tardó varios segundos en darse cuenta que era la mano de Snape la que provocaba tal presión.

- Señorita Bahn, regrese al mundo real por favor- dijo Snape con una voz que evidenciaba su irritación.- Llegaremos tarde al almuerzo si no despierta pronto.- y dicho esto, sujetó la puerta para que ella saliera del aula. Saffron salió, consciente de que Snape la seguía de cerca.


“Jo, ha dicho ‘llegaremos’” pensaba Saffron emocionada como una quinceañera cualquiera, ajena al hecho de que, un par de pasos detrás de ella, Severus Snape no apartaba la vista de ella, pensado que realmente Saffron Bahn era una chica extraña.

Aun para ser una Ravenclaw.

 
· jueves, diciembre 18, 2003

" Bien empezamos... " por Youko ( 9:31 PM )
 
Como ya parecía algo común en su vida, Youko se despertó maldiciendo. No había cosa que odiara más que tener que madrugar. ¡Por Salazar! ¡Si apenas eran las siete! Pero Dumbledore había dejado claro que aunque ella no fuera una profesora como tal, si que era una ayudante, y que su obligación era estar presente en el desayuno. Más que levantarse se arrastró de la cama a la ducha y abriendo el grifo dejó que le cayera encima un chorro de agua fría, intentando despejarse. Tras soltar un pequeño grito por el severo contraste del agua helada en su piel, giró los grifos del agua caliente y se relajó. Apenas hacía cinco minutos que había salido de la ducha cuando sonó un afilado golpe en la puerta de su dormitorio.

-“¡Un momento!”—gritó malhumorada a quien estuviera al otro lado. ¿Quién demonios la molestaba a esas horas de la mañana?, pensó mientras se peleaba con unos pantalones y una camisa blanca. Cogiendo su túnica, se la puso por encima y se dirigió a abrir la puerta.

Decir que se quedó de piedra era decir poco. ¿Por qué demonios tenía que venir Snape a aquellas horas de la mañana?.

-“¿Puedo ayudarle en algo, profesor?”—inquirió arqueando sutilmente una ceja. “Espero que no venga a soltarme una charla sobre las locuras de convertirme en auror... Ciertamente le sentó como un tiro... bueno, a él y a todo Slytherin que se precie...” pensó mientras le indicaba con una mano que pasara.

-“Realmente, tan sólo quería saber el por qué de su... extraño y agresivo comportamiento con el señor Malfoy anoche”—tan sutil como siempre, el profesor Snape la observó recoger su material para la clase, y no se le escapó como la joven había tensado todos sus músculos a la frase.-“No creo que sea apropiado para una “profesora” dirigirse así a sus alumnos”.

-“Mira quien habla...”—musitó Youko por lo bajo.

-“Señorita Silvara, desconozco los motivos que la hacen actuar así, siempre a la defensiva, pero creo que el señor Malfoy no le ha hecho nada que mereciera el trato que le dio anoche, ¿me equivoco?”—inquirió Snape con aquel tono sedoso que solía usar en las clases. Ante la sacudida de cabeza de Youko negativamente, continuó.-“Muy bien. Entonces espero que ese comportamiento no se vuelva a repetir. Y antes de que pregunte si fue el señor Malfoy el que me avisó de su comportamiento debo decirle que no. Lo pude observar yo mismo. Consideraría conveniente que se disculpara con él”—aquello más que una sugerencia era una orden. Con aquel tono de “contradíseme y haré de tu vida un infierno” no había forma de decirle que no...

-“Como usted diga, profesor Snape. Ahora, si me disculpa, quería dejar estas cosas en la sala de profesores antes del desayuno. Le veré después en la mesa...”—tras eso Youko salió casi en desbandada de su propia habitación, notando como sus mejillas enrojecían no de furia, sino de vergüenza. ¿Cómo demonios iba a disculparse con Draco? ¡Espera un momento! ¿Draco? ¿Desde cuando le llamaba Draco? Merlín, esto empeora...


El desayuno fue tranquilo. Conversó un poco con Lupin sobre la primera clase que tenían. Youko todavía no había visto bien los horarios de los grupos pero sabía que tenían clase con los de 6º curso. Tras un simple café con leche y una tostada se levantó y salió del comedor. Con la vista pegada al suelo no vió a la persona ante ella hasta que estuvo a punto de chocar (¿dos veces en dos días? Aquello ya era demasiado...). Y realmente deseó no haber levantado la vista. Quien sino Malfoy estaba parado ante ella, sin su característica sonrisa pagada de si mismo que solía llevar puesta. Youko respiró hondo varias veces y habló.

-“Señor Malfoy, quería pedirle disculpas por mi comportamiento de ayer. No creo que fuera apropiado, ni muy educado por mi parte”—dijo con su voz más fría, pero todo se fue al traste cuando se le ocurrió fijar sus ojos en los grises de Malfoy y se sonrojó inevitablemente. Y como encima su piel era tan oscura... ¡Por Salazar, qué humillación!

-“No tiene por qué disculparse. Fui un poco impertinente.”—respondió Draco, aunque interiormente no podía evitar sonreír al evidente sonrojo de Youko. Parecía que después de todo no era de hielo...

-“Sí, bien. Ahora si me disculpas, tengo que llegar al aula”—Youko había conseguido hacer retroceder el rubor e intentó seguir su camino. Si iba a la sala de profesores no llegaría a tiempo a la clase. Cabeceando un poco tensamente a Malfoy se fue.

Después de dar un par de vueltas por los pasillos para calmarse un poco y de guiar a algunos primeros años que no encontraban sus clases, se dirigió hacia el aula de DADA. Entró sin mirar a ninguna parte y cuando llegó hasta la mesa del profesor donde ya estaba Lupin, le dio una pequeña inclinación y se giró ara ver a que casa tenía. No pudo evitar el gemido de desesperación cuando vio que el grupo eran Slytherin y Gryffindor y que Malfoy le estaba dirigiendo una divertida sonrisa. Youko suspiró...

-“Bien empezamos...”—musitó para si misma mientras Lupin hacía las presentaciones y empezaba con la clase... 
" ¿Cuando voy a llegar a mi cama? " por Laia ( 7:52 PM )
 
Lo peor de todo es que en el banquete le había tocado sentarse al lado del grupito femenino más insoportable de Slytherin, una pandilla que murmuraba y soltaba grititos de indignación y sorpresa a medida que su cabecilla, Pansy -líder absoluta de ese grupo de impertinentes chillonas- iba relatando algo que parecía sumamente interesante.

Laia bajó los cubiertos y prestó atención.

-... una decepción, yo no entiendo como una chica como ella haya ido a una escuela de aurores nada más salir de Hogwarts. Bueno ¿Quién la conoce en realidad? Yo no se que pensar, realmente.

Aún no había terminado el discurso Pansy, que se oyó una suave risita desdeñosa. Laia lo reconoció al instante. Era el llamado Tono Malfoy, y Draco lo representaba a la perfección. Ahí estaba, sentado al lado de Pansy. Laia aún no se había dado cuenta de su presencia, pues la voluminosidad de su prometida no dejaba ver más allá, pero Draco había estado escuchando toda la conversación.

No hacía falta dar más pistas, Laia sabía del cierto a quien se refería.

A Youko Silvara.

¿Quién no conocía el suceso? Fue uno de los rumores el pasado año. “Una slytherin ha entrado en la escuela de aurores”. Laia levantó la vista y la buscó. Fue fácil encontrarla, poseía un cabello tan rubio que parecía casi blanco.

Se acordaba bien de ella, sobretodo de la primera vez que coincidieron en la sala común. Ella cursaba tercero, aún no había repetido curso. Silvara estudiaba quinto. Fue un año terrible, pues debido a unas amenazas a muggles que derivaron en petrificaciones, tuvo que sufrir interminables tardes de aburrimiento en la sala común, ya que a los profesores se les ocurrió imponer un toque de queda. Una de esas tardes Silvara estaba leyendo un libro en uno de los grandes sofás. Entonces pensó en retarla al ajedrez mágico para conseguir como fuera esa serpiente plateada que poseía. Al final no la retó, sabía que Silvara nunca accedería a apostar su serpiente por cualquier cosa que ella pudiera ofrecerle a cambio. ¿Aún la llevaría consigo?

Sumida en sus pensamientos vio como la gente se levantaba y se dirigía a la salida. Laia se levantó e intentó salir por la puerta lo más pronto posible para llegar a las mazmorras, pero una mano firme cayó en su hombro. Se giró y se encontró cara a cara con Jameson, uno de los cazadores de Slytherin y prefecto.

-Reunión de prefectos con el jefe de la casa.

Laia miró suplicante a Jameson y luego cerró los ojos, dedicando una retaíla interminable de insultos al aire -y al jefe de su casa-. Ella quería meterse en la cama, no quería entrar en el despacho de Snape y que le asignara responsabilidades tan pronto. Bufó exasperada y se dirigió a las puertas, casi atropellando a la gente. Jameson le seguía como buenamente podía e iba gritando unos pasos por detrás.

-¡Me lo ha dicho antes de entrar en el comedor! ¡Parecía molesto contigo! ¡Lo siento Laia pero creo que te echará una bronca!

De repente Laia paró en seco y Jameson chocó contra ella. Allí, un poco apartados del resto de la gente, se encontraba el director y una chica pelirroja, y detrás de ambos, Severus Snape. Ni Dumbledore ni la joven parecían haberse percatado de la presencia del profesor de pociones. Jameson le susurró al oido.

-Más vale que esperemos, Laia. A lo mejor está ocupado.

Laia observó la escena y se retiró a un rincón de mala gana. Entonces pudo ver mejor a la chica. Era la hija de unos diseñadores muy conocidos, gente de mucho dinero. Es más, ella misma llevaba tiempo adquiriendo diseños de sus colecciones. Se quedó mirando el borde de su túnica y pensando en su maravilloso acabado cuando Jameson la sacó de sus pensamientos con un golpe seco.

-¡Le ha dado un codazo!

-¿Qué?

-Qué esa chica le ha dado un codazo a Snape.

Laia miró a Jameson escéptica y volvió la mirada hacía Snape y la chica. No parecía que la escena hubiera cambiado demasiado. Por fin el grupo se disolvió y pudo llamar a Snape.

-¡Profesor!

Snape se giró y la miró por encima del hombro.

-Ah, la señorita Wallravenstein y el señor Jameson. Reunión de prefectos. Vengan a mi despacho.

...

Qué horror de reunión, una hora de discurso y una bronca. No, una bronca no, una... ¿Amenaza? ¿Qué pasaba con Snape? Laia siempre había salido beneficiada teniendo a Snape de profesor, pero este año... la miraba muy mal.

"Más vale que se dedique exclusivamente a sus estudios"

Le había dicho.

"¿Y que más podría hacer?" Dijo ella.

¿Y que obtuvo como respuesta?

“Únicamente me preocupa que una de las prefectas de Slytherin pueda volver a repetir un curso”

Bueno, deja de pensar en eso Laia, que por fin estás en la cama... 
" ¿Cómo? " por Charlotte ( 1:49 PM )
 
Cuando entró al castillo, caminó como pudo entro todos los alumnos que se reunían en grupos y hablaban de sus vacaciones muy animadamente. En breves momentos todos estaría juntos en el comedor, y la selección de los de primero se llevaría a cabo. Comerían, y se irían a sus respectivas habitaciones.

Pero, ¿y ella?

No era profesora, no era alumna, a decir verdad nadie sabía que tenía que estar allí, excepto Dumbledore. Eso esperaba. Ella no había contactado con él, pero sus jefes en el Ministerio le habían asegurado que estaba al corriente.

Como no sabía dónde se suponía estaba su lugar, pensó en buscar a Dumbledore. Iría hasta su despacho y con un poco de suerte se lo encontraría por los pasillos. Eso era siempre lo que pasaba, era como si Dumbledore supiera que alguien le estaba buscando.

Comenzó a caminar hasta que salió del tumulto de alumnos emocionados (en la mayoría de los casos) y nada más percibir la amplitud del pasillo desierto se encontró con Minerva McGonagall, su antigua cabeza de casa.
Las dos se detuvieron y ninguna hizo ningún comentario durante unos instantes.

"Bien" pensó Charlotte "ahora que resulte que ni siquiera se acuerda de mi"

- "¿Charlotte Jenkins? " -preguntó intrigada.

- "Sí. Profesora. " -Dudó Charlotte.

- "Bueno! Cómo iba a poder imaginarme que este año iba a encontrarme a una Gryffindor rondando por los pasillos desiertos el día de la presentación. Creeme, desde hace un tiempo acá, eso es lo más común del mundo."

Ese comentario hizo la sentirse un poco turbada. Nunca había visto a McGonagall hablarle con esa familiaridad, y lo más extraño de todo, no entendía a qué se refería. McGonagall vio en su mirada que estaba completamente perdida, y se apresuró a darle una pequeña explicación.

- "No tiene nada que ver con usted, señorita Jenkins. me refería a otros alumnos. Pero puede que eso tampoco le diga nada."

- "A decir verdad, últimamente no hay nada que me diga nada." -sonrió. - "he estado de viaje durante mucho tiempo, y no he tenido muchas noticias con respecto al colegio... y bueno... a nada en general por esta parte del mundo."

- "Oh!, claro, Dumbledore me comentó que trabajaba para el Ministerio de Magia."

- "Sí, señora: 'Equipos de Reversión de Magia Accidental'. He estado destinada a países del norte del continente. Excavaciones, mucho frío, y pocas comunicaciones. Ya sabe."

- "Sí. El Ministerio y sus misterios."

- "Supongo que tendrá prisa. Buscaba a Dumbledore, pero supongo que la ceremonia estará a punto de comenzar y tendrán cosas que hacer. ¿No sabrá a caso dónde puedo alojarme?" -¿se suponía que Minerva sabía que se iba a quedar allí?, o ¿había metido la pata?


- "Dumbledore ya me explicó, dijo que podía quedarse en la torre Gryffindor si quería, o quizá disponerle un pequeño despacho."

- "Preferiría lo segundo, profesora. Aún no tengo muy claro algunas cosas y ya sabe..."

- "Sí, sí, espacio para trabajar. Tranquila, sígame."

Charlotte y McGonagall caminaron durante un buen rato hasta que llegaron frente a una puerta en el tercer piso.

- "Puedes dejar aquí sus cosas y bajar a la cena de presentación, la mesa Gryffindor tiene asientos suficientes si deseases darte un respiro antes de ponerte al trabajo."

Pensar en los suculentos platos que podían ofrecerle le hizo recordar que tenía hambre, y que en su bolsa sólo llevaba provisiones rancias de las que ya estaba cansada de comer. Decidió que iría. La profesora McGonagall se adelantó mientras ella dejaba las cosas en la habitación, y luego bajó tranquilamente hasta el comedor.

Cuando llegó, vio cómo todo el comedor dirigía las miradas hacia una chica tirada en el suelo y rodeada de armaduras que intentaban defenderse. Algunos alumnos reían, los profesores respiraban malhumorados, y la chica en cuestión intentaba mantener la compostura.

"Bueno, por lo menos pasaré desapercibida"

Al dirigirse hacia la mesa Gryffindor, echó una mirada a la mesa de profesores, suponía que Dumbledore la vería y quizá en poco tiempo aclarase algunas dudas de las muchas que tenía en su mente.

Pero no fue a Dumbledore al que vio. ¿Le mentían sus ojos? ¿Era una broma pesada? Dios mío! ¿Qué hacía Remus sentado en la mesa?

Su cabeza dio un vuelco, su corazón se desbocó, y sin darse cuenta fue retrocediendo con los ojos fijos en él.

¿Qué?

Cuando salió del comedor aún seguían con el alboroto. Nadie, probablemente, se había fijado en ella.

No se lo podía creer. Remus en el colegio. Había creído, se había mentalizado, que nunca más le iba a volver a ver. Y sobre esa creencia había conseguido seguir adelante. Pero ahora todo se desmoronaba.

Volvió corriendo a su habitación, con imágenes, pensamientos y un nudo en el estómago. Cuando entró, cerró la puerta rápidamente. ¿Cómo iba a poder hacer su trabajo en estas condiciones? ¿Cómo iba siquiera poder salir de esa habitación? 
" Los Errores Favoritos " por Saffron ( 1:39 PM )
 
El resto de la comida lo pasó relativamente en silencio. Habló con sus compañeros de casa, y se fijó en la mesa de profesores. Realmente, se fijó más en un profesor en concreto que en el resto, pero nadie tenía por que saber ese pequeño detalle. Snape parecía tan agrio como siempre e igualmente antipático. Saffron suspiró como una idiota y siguió con su inspección de los profesores.

Allí también estaba Remus Lupin, en el puesto de profesor de DADA. Saffron lo recordaba como un hombre tranquilo y agradable. Y un hombre-lobo, que no se le olvidara el detalle. ¿Cómo era que había vuelto al colegio? Sobre todo, teniendo en cuenta el escándalo que se formó cuando Snape descubrió que era un licántropo. Desde luego, los designios de Dumbledore eran inescrutables...

Una joven rubia le llamó la atención. Se fijó bien en ella, y la reconoció como una Slytherin , un año menor que ella. Ahhh, ya está, aquella era la Slytherin que había estudiado para auror. Todo un escándalo. Aunque nunca era capaz de recordar los nombres, de este si que se acordaba. Youko. Aquella era Youko, la Slytherin Auror. Ja. Vivir para ver....


Iba a preguntarle a un compañero de mesa qué hacía ella allí, cuando un enorme estrépito recorrió el comedor. Al parecer, una Slytherin había tropezado con una armadura. Las risas recorrieron el comedor, y Saffron sintió un poco de compasión de la pobre muchacha. Cuando la miró fijamente, la reconoció. Laia Wall-no-se-cuantos. Había comprado varias veces diseños de sus padres. No era muy amigable que digamos, pero a nadie le gusta hacer el ridículo. Le dirigió una sonrisa, que al parecer ella no vio, o ignoró.

Terminaron la cena alegremente, y cuando se disponía a subir con el resto de los alumnos de su casa, Dumbledore le hizo señas para que se acercara. Al contrario que McGonagall, Dumbledore si la abrazó, al igual que el profesor Flitwick, la cabeza de su casa. Saffron hubiera estado dispuesta a abrazar igualmente a Snape, pero este se conformó con hacerle un débil saludo con la cabeza. Lástima.


Remus Lupin le dio un cálido apretón de manos, e intercambió un par de frases con Youko. Bueno, tener a alguien de su edad estaba bien. Aunque fuera una Slytherin.

Dumbledore volvió a acercarse a ella, y pasándole un brazo por encima del hombro, le dijo:

- Bien, Saffron, tendrás acceso a la biblioteca, incluso a la Sección Prohibida. Sería mejor que fueras allí por la mañana, así los niños te molestarán menos. Por las tardes, como ya te dije, los profesores estarán encantados de ayudarte en lo que precises- Saffron asintió, sin darse cuenta de que Snape estaba justo detrás suyo- ¿No es así, Severus?


Saffron se dio la vuelta sorprendida, con tan mala fortuna, que golpeó a Snape en la cara con el codo. Ella empalideció, mientras los ojos de Snape relampagueaban.


-Seguro- dijo Snape con voz seca.

-Lo... lo siento mucho Profesor.. no quise...- acertó a balbucear.

Dumbledore sonrió sutilmente y , cogiéndola del brazo, se dirigió hacia la salida del comedor.

- Y ahora, querida- le dijo con voz cariñosa- Cuéntame sobre ese pequeño percance que has tenido en la mesa...


Saffron, pasó de la palidez al enrojecimiento en cuestión de segundos. ¿Es que siempre le tenían que pasar este tipo de cosas a ella? Y salió del comedor, no sin antes dirigir una ultima a Snape, que le dio una mirada susceptible.
 
· miércoles, diciembre 17, 2003

" Reencuentros y desencuentros. " por Youko ( 9:55 PM )
 
Cuando la ceremonia de ordenación terminó, Youko observó la mesa de profesores, a la cual no había prestado atención al llegar. Comprobó que, como siempre, el profesor Snape se sentaba a la izquierda del profesor de DADA que ocupara el puesto ese año. Todavía había llegado con más retraso que ella, casi a punto de que entraran los primeros años.

Cuando Albus terminó de dar las instrucciones para ese año (“que poca originalidad tiene este hombre, siempre lo mismo”, pensó Youko) aparecieron los platos de la comida. Justo cuando iba a empezar a comer las puertas se abrieron de nuevo y entró una joven. De pronto hubo un flash y un estruendo horrible. Aguzando la vista para ver quien era la causante del alboroto tuvo que suprimir una mueca al descubrir que no era otra que la señorita Laia Wallravenstein. “Eso es discreción, Wallravenstein” pensó mientras la observaba sentarse al final de la mesa de Slytherin.

Sacudiendo la cabeza siguió observando un poco el resto de mesas, a ver a quien más reconocía. Espera un momento... esa cabeza pelirroja en la mesa de Ravenclaw ya la he visto antes también... como se llamaba... ¿Saffron?. Sí, Saffron, había terminado un año antes que ella. Una chica muy inteligente. Aunque quien no lo era en aquella casa...

Y como no, en la mesa de Gryffindor, Harry Potter, la estrella del show, que parecía que tuviera un letrero en la frente al lado de la cicatriz diciendo: Dejad que los problemas se acerquen a mí. “Veremos en que se mete este año Potter”. Youko podría ser auror, y no era muy mala persona, pero seguía siendo una Slytherin, y Potter y Slytherin no pegaban en una misma frase...

-“¿Señorita Silvara?”—llamó por enésima vez el profesor Flitwitch.

-“Disculpe profesor, estaba pensando. ¿Qué me decía?”—no había cosa que molestara más a Youko que la cogieran totalmente distraída, lo que la hizo contestar un poco más bruscamente de lo deseado.

-“Albus nos ha informado de que abrirá el salón de duelos este curso”—comentó el profesor de encantos un poco sobresaltado por el tono de la joven.

-“Si, es cierto, aunque espero que no sea tan desastroso como la última vez que se abrió”—respondió educadamente y con más calma.—“Aunque supongo que eso será pedir demasiado”—musitó para sí misma. Reasumiendo la atención en su comida dio por finalizada la conversación.

Una hora después el director anunció que ya era momento de retirarse. El salón ya estaba casi vacío para cuando Youko cruzó las puertas. Empezó a dirigirse hacia la Torre Serpens cuando una voz la detuvo.

-“Disculpe... profesora”—aquel tono lento y meloso destacaría a un Malfoy incluso para un ciego. Como suponía, se giró para ver acercarse al joven rubio. ¡Por Salazar! ¿Qué les daban de comer a estos chicos? Era tres años menor que ella y ya le sacaba casi una cabeza...

-“No soy su profesora señor... Malfoy, tan sólo una ayudante”—aclaró mientras reasumía su camino, seguida por Malfoy.

-“Creo que ya la recuerdo bien. La Slytherin que fue a la academia de aurores. ¿Me equivoco?”—evidentemente al chico le gustaba jugar con fuego. Si tanto la recordaba, también debería acordarse de su mal genio cuando era molestada.

-“Esa misma. Y ahora si me disculpa, estoy cansada y voy a retirarme para dormir. Le sugiero que haga lo mismo, señor Malfoy”—respondió fríamente, su voz con un ligero borde de impaciencia.

-“Solo quería preguntarle...”—Malfoy no llegó a terminar la frase, totalmente enmudecido por la mirada furiosa y los puños ligeramente apretados de la joven.

-“Creí haberle dicho que no me molestara, *Malfoy*”—Youko lo miró fijamente un instante más y desapareció rumbó a su dormitorio, dejando a un muy pasmado Draco Malfoy tras ella.

Cuando cerró la puerta de sus habitaciones, se maldijo por lo bajo. ¿Por qué siempre hacía lo mismo? Cada vez que se le acercaba alguien en quien se había fijado o que le había interesado aunque fuera un poco, lo alejaba a mordiscos. Aquello empezaba a ser un problema... Poniéndose un pijama de raso azul (una de sus debilidades), se metió en la cama y se dispuso a dormir. “Realmente, creo que empiezo a necesitar tratamiento psicológico” fue su último pensamiento... 
" El difícil y delicado arte de la discreción " por Laia ( 12:51 PM )
 
Laia bajó del autobús y levantó la vista. Allí, un poco alejado aún, estaba Hogwarts, y por lo que parecía por los iluminados ventanales que daban al comedor, el banquete ya había empezado hacía bastante rato.
Cogió su carrito con sus pertenencias y fue arrastrándolo por todo el patio del colegio. Por alguna razón extraña, se estaba poniendo nerviosa. Había un silencio incómodo solo roto por la yerba que pisaba a su paso. La enorme puerta del colegio cada vez se hacía más inmensa conforme se acercaba.

Llamó varias veces y abrió Filch con su cara de malhumorado de siempre [ya eran dos] y entrando en la escuela pudo oir de lejos la ceremoniosa voz de Dumbledore. Era evidente que había finalizado la presentación de los nuevos alumnos de primero. Lo que faltaba, ahora entraría y todo el mundo se la quedaría mirando. Tampoco tenía amigos lo suficientemente íntimos como para que le hubieran guardado un puesto, así que se suponía que tendría que sentarse en un rincón de la larga mesa.

Si hubiera podido escoger, habría ido a su habitación a ponerse el uniforme [nunca salía de su casa vistiendo esa horrible prenda, tan antiestética en alguien de diecisiete años], pero no podía tardar más o sospecharían. Era duro formar parte de la familia Wallravenstein, siempre sospechaban de ti. Bueno, no era para menos, absolutamente todos los miembros de su familia directa habían sido acusados de mortífagos o simpatizantes del Señor Oscuro [muchas veces sin pruebas], y el carácter de Laia no inducía que ella no fuera a seguir la tradición familiar.

Así pues, a pesar de las furibundas miradas desaprobatorias de McGonagall, Laia entraría en el comedor sin el uniforme reglamentario.

Apoyó las manos en las grandes puertas y empujó con fuerza, abriéndolas lentamente. La cegadora luz de las miles de velas que flotaban en el aire hizo que tuviera que cerrar los ojos por un momento, pero pronto pudo ver el esplendoroso comedor. Era un momento emocionante, y para alguien con un ego como el suyo, no resultaba fácil querer pasar desapercibida.

Pero justo en el momento de girar a la izquierda para dirigirse a su mesa lo más discreta y despreocupadamente posible, una cegadora luz blanca la desconcertó de tal manera que perdió la orientación y en vez de seguir hacia su mesa se dirigió hacia una pesada armadura que guardaba las puertas de entrada.
El estrépito fue tal, que hasta los escasos retratos de las paredes del comedor se encaramaron al lienzo para poder observar lo sucedido, y las demás armaduras gritaron improperios contra la agresora.
Laia se levantó como pudo, con la frente dolorida por un golpe de lanza que la armadura le había propinado en legítima defensa, y se encontró con la severa figura de McGonagall a diez escasos centímetros, instándola a sentarse en su mesa mientras ella recomponía todo el desastre.

Con tanta vergüenza que había sentido, aún no había prestado atención a los murmullos y las risitas de todo el comedor, asi como a las enfurecidas miradas de odio de sus compañeros de casa. Colin Creewey, que con su maldito instrumento muggle había sido el causante del bochorno, era el único que la miraba con un poco de culpabilidad y compasión.

“Bueno vale, relájate...”

Murmuraba cabizbaja, observando detenidamente el plato de oro mientras notaba como el calor de su cuerpo iba menguando.

Más tranquila y ya sin ser el centro de atención, hizo lo que ya se consideraba un ritual en el colegio, mirar a ver quien era el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras esta vez. Dirigió su mirada hacia la mesa de profesores y enfocó bien [evidentemente estaba en un lejano rincón, al final de la mesa].

¡Remus Lupin!

No se esperaba para nada volver a encontrarse a Remus Lupin, el profesor que tuvo en cuarto [el fatídico año en que repitió curso], ya que el problema de su licantropía le había prohibido la entrada al colegio bajo amenaza de denuncias por parte de numerosos padres. El morbo pudo con ella y fijó su mirada en el profesor que Lupin tenía a su izquierda, Severus Snape, a ver que cara ponía.

Snape mantenía su típico rictus grave, y parecía sumido en sus propios pensamientos, pues sus ojos se dirigían a un punto fijo. Laia dedujo que a Snape le debió dar muchísima rabia ver aparecer a Lupin de nuevo en el colegio, sobretodo después de propagar la noticia de su enfermedad a los cuatro vientos hacía ahora tres años. Ni así se había salido con la suya, y allí estaba Lupin, tranquilo y feliz, sin notar siquiera como su colega de Slytherin parecía estar a punto de echar humo. 
" "Bien Empezamos..." " por Saffron ( 9:33 AM )
 
Hagrid casi la aplastó con la fuerza de su abrazo. Ella estaba tan feliz que le dolían los músculos faciales de tanto sonreír. “¿Quieres ir en carruaje o prefieres venir en la barca conmigo? Le preguntó Hagrid en un susurro. Ella no lo dudó un momento: solo se iba en barca una vez hasta Hogwarts, en el primer año, y aquella era una oportunidad única de repetir la experiencia.

Fue un error no tener en cuenta que se mareaba en los trayectos marítimos. Llegó al colegio pálida, mareada y feliz, tambaleándose cuando subía las escaleras.


Volver a ver a McGonaggall fue diferente a como ella había imaginado. De buena gana, Saffron la habría abrazado igual que a Hagrid, pero recordó lo poco dada que era la profesora a las efusividades. Le dio la bienvenida con un cálido apretón de manos, y Saffron respondió con una sonrisa radiante.


Ya en el comedor, se sentó con los estudiantes de lo que había sido su antigua casa, Ravenclaw. Llevaba puesta una túnica negra, de la que sobresalían los bordes de un vestido violeta. Nunca había sido precisamente discreta vistiendo, y no iba a empezar a esas alturas. Que sus padres fueran dos de los más importantes diseñadores de ropa mágica de Gran Bretaña, probablemente había contribuido a darle ese peculiar sentido de la estética.


La ceremonia de selección comenzó tras el discurso de Dumbledore, y no fue hasta ese momento que ella se atrevió a mirar a la mesa de los profesores. Había temido y deseado a partes iguales aquel momento. Buscó con la mirada a su antiguo profesor de Pociones, que estaba...


Un momento.


No estaba. Snape debería estar sentado a la izquierda de Remus Lupin y NO estaba. Cayó en la cuenta de que no había sabido nada de el en los últimos tres años ¿y si lo habían echado? O peor... ¿y si se había muerto?. Tenía un nudo en la garganta y decidió que lo mejor era tomar algo de beber.

Y mientras se echaba un poco de zumo de calabaza, lo vio entrar y sentarse. Saffron respiró aliviada cuando comprobó que estaba en excelentes condiciones. Lo miró extasiada, recordando las palabras de su mejor amiga cuando le insinuó que le gustaba Snape. Un poquito. “Estas enferma” le había dicho Guenolee Ware, con cara de asco, y ella no había vuelto a decir nada. Desde luego, el que dijo que el amor se curaba con la distancia, estaba equivocado.

Ensimismada y suspirante como estaba, no se dio cuenta de que un alumno de primero le tiraba de la manga.


- O... oiga, señorita... - le dijo el pequeño tímidamente, tirándole mas fuerte de la manga.

- ¿Sí, cielo?- le dijo ella con expresión soñadora.

- Está tirando todo el zumo de calabaza- y señaló hacia la copa que hacia rato que se había llenado y ahora parecía una fuente, derramándose el zumo por el mantel.

- Oh, mierda- dijo ella sonrojándose. Al otro lado de la mesa se oyeron unas risas, mientras los alumnos se intercambiaban miradas divertidas- Lo siento, lo recogeré enseguida.


Y mientras estaba ocupada limpiando la mesa, no se dio cuenta de que Snape fijaba sus ojos oscuros en ella, mirándola detenidamente.
 
· martes, diciembre 16, 2003

" Es como empezar de nuevo... " por Youko ( 7:34 PM )
 
Cuando se paró ante las puertas de Hogwarts al día siguiente, Youko no pudo reprimir un suspiro de alegría. Había anhelado tanto volver a encontrarse entre aquellas viejas paredes, que solo de pensar que iba a pasar otro año allí le aliviaba el corazón.

Empujando las grandes puertas se asomó y miró por los pasillos, totalmente desiertos a esa hora, pero que por la noche volverían a hervir de vida con la llegada de los alumnos. Cogió su equipaje de mano y lo dejó en el interior y sacando del bolsillo una pequeña caja la dejó en el suelo junto a la bolsa.

-"Finite incantatem"-- musitó ondeando ligeramente su varita y la pequeña caja creció hasta tener el tamaño de un baúl. Sonrió levemente ante las grandes ayudas de la magia. Sabía que si dejaba sus cosas ahí en cuanto ella desapareciera saldría de la nada un elfo doméstico y llevaría su equipaje al dormitorio. El cual, ahora que lo pensaba, no sabía donde estaba...

Bien, ya la informarían de eso... Intentó recordar durante un momento donde estaba la sala de profesores y cuando se acordó se dirigió hacia allí inmediatamente. Después de subir tres pisos, bajar uno, encontrar que estaba un piso más abajo de lo que tocaba y volver a subir uno más del correspondiente, no pudo más y gritó.

-"¡No podéis permanecer quietas ni un segundo!"-- tras esto las escaleras se quedaron mortalmente quietas y Youko pudo llegar al piso deseado. Refunfuñando y maldiciendo por lo bajo al loco que había tenido la maravillosa idea de hacer las escaleras móviles, no vio a la figura vestida de negro hasta que chocó con ella.

-"Señorita Silvara, alguien pensaría que siendo una auror y una brillante Slytherin, prestaría más atención por donde camina"-- la voz sedosa pero de borde afilado no era otra que la de su anterior Cabeza de Casa, el profesor Snape, aunque quizás ahora no tendría que llamarlo profesor.

-"Le ruego me disculpe profesor Snape. Le aseguro que no era mi intención tropezar con usted. Tendré más cuidado la próxima vez que las escaleras se encarguen de marearme y desorientarme"-- el tono de Youko era respetuoso pero frío y su cabeza volvía a estar alta y orgullosa. Era como si alguien hubiera apretado un botón que pusiera "Modo Slytherin On".

-"Eso espero. ¿Puedo saber que hace aquí, señorita Silvara?"-- inquirió Snape curioso sobre los motivos que habían traído aquí a tan "flamante" aurora.

-"Claro que puede, profesor. Soy la ayudante del profesor de DADA así como maestra del taller de duelo. Como sabe era una de mis especialidades"-- no pudo evitar sonreír interiormente cuando la mandíbula de Snape se fijó al hablar del puesto de profesor de DADA. Otro año más que no lo consigue, profesor... --"Y ahora si me disculpa me gustaría llegar hasta la sala de profesores, hablar con el profesor Lupin y averiguar donde está mi dormitorio. Que tenga un buen día profesor Snape. Le veré en la cena".

Snape cabeceó tiesamente y siguió su camino pensando en lo poco que había cambiado aquella joven. Y luego decían de él...


Eran casi las ocho. Ya tendría que estar en el Gran Comedor para el banquete de bienvenida. El día había sido bastante provechoso. En la sala de maestros encontró a Lupin (Remus, me ha pedido que le llame Remus...) y discutieron un poco el temario de los diferentes cursos. Al cabo de una hora había llegado el director saludándola demasiado efusivamente para su gusto personal y éste le habían indicado dónde encontrar su dormitorio. Tras despedirse educadamente del resto de profesores se dirigió a la Torre Serpens. Dumbledore había pensado que se encontraría más a gusto en los territorios de Slytherin, y no se equivocaba. Pasó el resto del día ordenando sus cosas.

Para cuando llegó al Gran Comedor ya estaba lleno con los alumnos de todos los cursos menos los primeros años, a los cuales podía oír al final de la escalera principal. Caminando apresuradamente por un lateral de la sala se dirigió a la mesa de los maestros y ocupó su puesto al lado del profesor Lupin. Musitando sus disculpas por el retraso levantó la vista y observó a los alumnos. Algunas miradas curiosas la observaban pero se desviaban pronto ante la gelidez que recibían a cambio. Recorriendo con la mirada la mesa de Slytherin sus ojos tropezaron con otros espejos grises que la miraban curiosamente. Recordaba a aquel muchacho, Malfoy, Draco Malfoy. Iba tres cursos por detrás de ella si mal no recordaba...

En ese momento se abrieron las puertas y los primeros años entraron, desviando su atención de Malfoy. Cuando la ceremonia de ordenación empezó no pudo evitar sentir de nuevo aquella alegría que le producía la sensación de estar de nuevo allí.

-"¿Qué opina de estar de regreso en Hogwarts, señorita Silvara?"-- preguntó el diminuto profesor de encantos, Flitwitch.

Youko sonrió levemente.

-"Es... como empezar de nuevo...".
 
" Coche de caballos y un parloteo incesante " por Charlotte ( 6:12 PM )
 
El viaje en coche no fue nada agradable, el repiqueteo de los caballos hacía que resultase imposible concentrase en nada, y el parlotear del cochero o mejoraba las cosas:

-"Sabe? últimamente nadie alquila estos viejos coches para ir a ningún sitio. Son más lentos, y la gente prefiere la tranquilidad de los automáticos... ya sabe, con caballos invisibles!" - sonrió el cochero mirando hacia ella.

-"y sin cocheros parlanchines" - murmuró Charlotte

-"Entonces a Hogwarts, ¿verdad?" -volvió a decir- "y ¿qué la lleva allí? ¿es la nueva profesora de DADA? he oído decir que nadie quiere el puesto, y que este año se las han tenido que ver muy mal para encontrar a alguien lo suficientemente loco para aceptarlo"

Charlotte levanto la vista de las hojas arrugadas que llevaba entre las manos y preguntó:

-"¿Loco? ¿por qué alguien debe estar loco para aceptar ese puesto?"

-"Bueno, dicen que está maldito o algo así. Desde hace 5 años ningún profesor a durado más de un curso impartiendo las clases. ¿No lo sabía? Todo el mundo mágico lo sabe. 'El Profeta' siempre lo anuncia al terminar el curso (y durante el mismo). No lee 'El Profeta'. Todo mago y toda bruja lee 'El Profeta'."

-"No he estado por aquí últimamente."

-"Viajes de negocios, ¿verdad?. ¿En qué trabaja?... si se puede saber claro."

-"Oh! sí, ningún problema. Papeleo burocrático en el Ministerio de Magia que..."

Pero no pudo seguir hablando porque el incansable cochero terminó su frase:

-"Entonces viene a visitar a alguien, ¿verdad?, viejos compañero de la escuela, supongo."

-...

-"Sí, claro. Tan jovencita. Seguro que echaba de menos su vieja escuela."

Y así siguió durante el resto del trayecto, el pobre hombre hablando, y Charlotte intentando no hacer añicos los papeles que tenía entre las manos. Incluso llegó un momento en el que ella misma se preguntó qué demonios hacía allí!

De todas formas, de pronto el coche se detuvo. Sin tardar ni cinco segundos, pagó al cochero, y se bajó con la bolsa de viaje que había traído consigo. La misma bolsa que la acompañaba desde hacia mucho tiempo.

Ahora despertaría a Filch y...

¿¡¡Qué era aquello!!? mientras esperaba ver un colegio oscuro y vacío, (por lo menos una imagen exterior de él), se encontró con grupos y grupos de niños que se arremolinaban frente a las puertas y seguían a profesores, y prefectos al interior del castillo.
¡Cómo se podía haber olvidado! ¡hoy era el día de la presentación! ¡Fiesta en Hogwarts!

Bueno, no tendría que despertar a Filch.

Como pudo, se acercó a las puertas principales y entre las miradas extrañadas de chicos y chicas de cursos ya superiores entró en el colegio. 
Viaje a Hogwarts [con retraso] " por Laia ( 3:46 PM )
 
Laia cogió el maletín y la jaula de Búho. Lo colocó todo cuidadosamente en el carrito y lo ató todo bien atado. Suspiró y miró hacia atrás.
La habitación estaba muy oscura, pero la mortecina luz del exterior reflejaba débilmente el espectacular hall de su casa.
Rodeado de tanta oscuridad, un pálido óvalo la observaba severamente. Laia se acercó y le dio un beso a la arrugada anciana de penetrantes ojos negros. Ésta, como respuesta, la cogió por los hombros con sus nervudas manos y la empujó contra la puerta.

Laia suspiró con fuerza en señal de paciencia, abrió la puerta y gritó.

-¡Mary Sue!

Se oyó un ¡PLOP! Y tras una intensa humareda verde apareció una pequeña gata blanca a su lado. Cuando abrió la puerta de su casa, ya estaba el autobús noctángulo esperándola en la calzada.

Era uno de los privilegios de ser indecentemente rica.

Al abrir la puerta, asomaron las sonrientes facciones de Stan.

-¡Hola señorita Walrivenstain! ¿Quiere que la dejemos en Hogsmeade o que la llevemos directamente a Hogwarts?

-Primero: No destroces mi apellido; segundo: No me sonrías; tercero: Por favor, déjame por los alrededores del colegio, pero no dentro ¿Entiendes? No quisiera presentarme en Hogwarts bajando del autobús noctángulo.

-¡Claro señorita Wolraivenstein! ¡Al fin y al cabo nadie osaría contrariar a alguien de su familia! Sobretodo si paga bien.

Laia subió las escaleras seguida de un esforzado Stan, que arrastraba sus pertenencias como buenamente podía.
Desde que Stan supo que ella pertenecía a una de las familias de magos más ricas de Gran Bretaña, se había hecho insoportablemente servicial, y siempre la recibía con esa sonrisa bobalicona que odiaba tanto. Es más, el chico tenía el valor de intentar cortejarla ¡A ella! ¡A la última de los Wallravenstein! ¡Un miserable cobrador de autobús! Un momento ¿Y dónde estaba ella sino en un deprimente autobús público?

Se acomodó como pudo en uno de los viejos asientos e intentó ignorar los continuos golpes y traqueteos del autobús. En unas horas llegaría a Hogwarts.

Lo importante llegado el momento sería entrar en pleno banquete sin llamar demasiado la atención. 
· lunes, diciembre 15, 2003

" "Rumbo a Hogwarts...Otra vez" " por Saffron ( 10:05 PM )
 
Cuando se subió al Expresso a Hogwarts, fue como si volviera a tener once años. Sonrió alegremente al ver a los niños primerizos que se acomodaban nerviosos en los asientos. Ella también había estado nerviosa: recordaba la punzada de tristeza al separarse por primera vez de sus padres y como, tras diez minutos de conversación, había hecho amigos. Se había adaptado a la vida en Hogwarts con facilidad, igual que la mayoría.


Pero ahora era todo distinto. Volvió a sentir aquellos nervios en la boca del estómago. Volvía a Hogwarts, pero de una manera muy diferente a la primera vez. Vio como los estudiantes la miraban con curiosidad, y saludaban con timidez cuando ella les sonreía abiertamente. Suspiró, y pensó aburrida que se iba a sentir muy sola ese año en Hogwarts.


Desde luego, ella iba a Hogwarts para realizar su trabajo de investigación, no para conocer gente. La excitación creció en ella cuando pensó en su trabajo, y se dijo que quizá no estaría tan mal tener plena libertad en el colegio. Dumbledore había sido tan generoso a permitirle quedarse en Hogwarts y utilizar su biblioteca...

- Por supuesto, todos los profesores estarán encantados de ayudarla en lo que necesite- le había dicho el Director.


¿Todos los profesores? ¿Qué tal uno en concreto?.


Pasó el resto del viaje leyendo alegremente “Magia doméstica en la Roma Altoimperial” y ofreciendo caramelos y chocolatinas a los alumnos que entraban en su compartimento.
 
" Vuelta al hogar. " por Youko ( 6:54 PM )
 
Hacía menos de dos años que había salido de allí para ingresar en la Academia de Aurores ganando con ello miradas escepticas por parte de sus compañeros de casa, después de todo, ¿qué pintaba una Slytherin en ese lugar?. Y ahora regresaba al único lugar que podía llamar "casa". Hogwarts.

Días antes había recibido una carta del director Dumbledore solicitando que ocupara el puesto de ayudante de DADA. El profesor actual era nada menos que Remus Lupin, que si mal no recordaba tuvo como profesor en su 6º año... De todos los que había tenido había sido el más agradable... para ser un Gryffindor... Dumbledore explicaba que el profesor necesitaria ser sustituido en determinadas fechas y que a veces podría encontrarse un poco débil para cargar con tantas clases.

Sobra decir que aceptó la oferta en seguida, así que aquí estaba, en la estación de Hogsmeade, en plena noche, lloviendo, pasando frío y decidiendo si ir ahora a la escuela o esperar al día siguiente. Al final ganó el cansancio y la perspectiva de una cena caliente en Las Tres Escobas ganó.

Al día siguiente por la mañana estaría en casa... 
· domingo, diciembre 14, 2003

" En tren a Hogsmeade. " por Charlotte ( 3:16 PM )
 
Sabía que iba a ser diferente, muy diferente a cómo había sido cuando estudiaba allí, pero de todos modos no tenía miedo, sino una gran indiferencia. Tras muchas horas de viaje ya podía ver a lo lejos las almenas del colegio. Era de noche, y Hogwarts parecía más oscuro que nunca. Todos los alumnos tendrían que estar en sus respectivas habitaciones, y nadie, excepto los fantasmas deberían estar vagando por los pasillos.

A buenas horas llegaba!! o se quedaba a fuera pasando frío o despertaba a Filch. Ninguna de las dos opciones le gustaba. Aunque entrar a hurtadillas era peor todavía.

Se acurrucó en su asiento y siguió mordisqueando un trozo de chocolate ya casi derretido entre sus dedos.

"Bueno, pues despertaré a Filch"

El tren se detuvo en Hogsmeade, y ya fuera de la estación pensó que quizá fuese mejor alquilar una habitación y pasar la noche en el pueblo. Ya iría por la mañana al colegio. Pero tenía prisa. Sí, sabía que no podría hacer nada hasta por la mañana, pero cuanto antes llegase, mejor. Además, no se podía permitir permanecer sola mucho tiempo más, así que alquiló un coche y se fue a Hogwarts.  
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