" No estás en el juego (Parte I) "
por
Charlotte (
4:45 PM )
Lunes, Martes, Miércoles, Jueves... ¿hacía tanto tiempo? ¿Qué día era?
No había tenido noticias de Charlotte desde entonces, Severus no había hablado con él desde que el Miércoles le fuera a 'pedir ayuda', y Remus estaba que se subía por las paredes.
Algo no iba bien. Charlotte ocultaba algo. Algo que él había intentado pasar por alto durante todo ese tiempo, y que había conseguido olvidar cuando pasó con Charlotte la mañana del Domingo. Pero ahora se daba cuenta que ya no eran imaginaciones suyas. Algo no cuadraba en todo el asunto.
Las clases pasaban, las comidas pasaban, era lo único que marcaba el tiempo, lo único que le recordaba que debía hacer algo.
Y llegó el fin de semana, el Sábado, y Charlotte seguía sin aparecer. Y Severus se encontraba más irritado que de costumbre, y eso que hacía bien poco que había parecido volver a ser 'amable'.
Domingo.
- "Charlotte..." - Había murmurado Remus durante la cena. No sabía si alguien le había oído, ni siquiera se había planteado esa cuestión. A decir verdad, le daba lo mismo.
_____________________- "¿Dices que lleva en la habitación desde el sábado del partido?" - Decía Severus a otra persona.
- "Eso creo, profesor. Tengo tantas cosas que hacer que no pude prestar mucha atención. Me empezó a preocupar cuando escuché las voces."
- "No abre." - Murmuraba Severus. - "Un hechizo contra intrusos. Y muy potente."
Severus indicó a Filch que se alejase y tras varios intentos consiguió echar la puerta abajo. La estancia estaba a oscuras, aunque aún era de día. Severus entró a grandes zancadas hacia el dormitorio y se encontró con Charlotte desmayada en la cama.
- "Oh, dios mío." - Murmuró Severus.
Le tocó la frente a la chica y la sintió tan fría como el hielo.
- "Filch, avisa a la enfermera Pomfrey, ahora voy yo."
Tomó a la muchacha en sus brazos y salió al pasillo en dirección a la enfermería.
De repente ella habló:
- "Te dije que me dejases descansar." - Dijo Charlotte como en sueños.
- "Te llevo a descansar, tranquila, te pondrás bien."
- "No, Remus, no lo entiendes. No estás en el juego."
Severus no entendió esas palabras, pero no le sonaron demasiado bien.
- "Tranquila." - Volvió a repetir sin dejar de caminar.- "Tranquila."
Caminó todo lo rápido que pudo, intentando no balancear demasiado a la chica, se toparon con algunos alumnos cuando ya estaban llegando a la enfermería, chicos y chicas que murmuraban extrañados al ver la escena.
Snape ni siquiera les miraba, su usual rostro de malhumor y crispación se había tornado en otro que reflejaba miedo. ¿Qué ocurría? Eso se preguntaban todos en realidad.
- "¡Rápido, necesita atención médica, se ha desmayado!" - Decía Severus mientras se dirigía sin pensar hacia una de las camillas.
Con cuidado dejó a la chica en una de ellas y observó horrorizado la imagen que ésta mostraba, parecía una muñeca de trapo, una marioneta a la que hubiesen dejado tirada en cualquier sitio. Sus brazos y sus piernas doblados sin intención alguna, su cabeza vuelta a un lado, sus ojos cerrados. Parecía dormir. Pero su rostro no mostraba a una persona que estuviese descansando, su rostro mostraba miedo y aceptación a la vez.
- "¿Qué a ocurrido?" - Preguntó Pomfrey mientras se acercaba a la chica.
Severus se pasó la mano por la cara, ni el mismo lo sabía, sólo sabía que Charlotte se había pasado más de una semana encerrada su habitación, y no quería ni imaginarse desde cuando en ese estado.
Y eso fue lo que le dijo a Pomfrey, y contrario a lo que esperaba, a lo que siempre salía de labios de ella, esta vez no parecía controlar la situación. No dijo: 'sólo necesita descanso', ni 'es grave, pero se curará'. Y eso le dio más miedo aún, porque esas eran las únicas veces que la situación era grave, las veces en las que Pomfrey permanecía callada.
- "¿Puede hacer algo?" - Preguntó Severus con disgusto. Su voz sonaba ansiosa de una respuesta, aunque intentase mostrarse tranquilo.
- "Es, esto es grave, profesor. No recuerdo haber visto nunca nada como esto." - Dijo mientras seguía examinando a la chica.
- "Pero, ¿no sabe lo que le sucede? Está desmayada, ¿no es así?. Entonces, por algo será!" - Su tono había ido aumentando hasta hacerse un grito, un intento de solucionar las cosas, de sentir que estaban bajo su control.
Promfrey le miró enfadada, estaban en una enfermería, y él estaba perdiendo los nervios.
- "No va a conseguir nada si se pone así. Por favor, salga, ya le avisaré cuando tenga las respuestas que busca."
- "Solo quiero saber..."
- "¿Si se pondrá mejor? Creo que eso sólo podría contestárselo si supiese qué ha pasado, y eso sólo puede decírmelo ella, y ella no puede hablar en estos momentos. Supongo que comprenderá la situación."
Entonces, como si hubiese oído la conversación, Charlotte volvió a murmurar algo.
- "No, Remus, no lo entiendes..."
Las palabras salieron inteligibles de sus labios. Pomfrey miró inquisitiva a Snape, esperando que éste le tradujese la respuesta, pero él no dijo nada, se encogió de hombros, dio media vuelta y salió de la enfermería. Pomfrey le vio irse y volvió su atención a la paciente.
Pero Severus sí había entendido las palabras, porque ya las había oído antes, hacía escasos minutos, y sabía la continuación.
- "No estás en el juego." - Murmuraba con rabia mientras se dirigía al despacho de Lupin.
" Por la mañana "
por
Saffron (
11:55 AM )
Para Saffron, la mañana del viernes parecía maravillosa. Aun en camisón, se acercó a la ventana. Había dormido espectacularmente bien: sin pesadillas, sin despertarse. Haberlo contado todo había sido como soltar una carga pesada. No estaba sola, alguien se ocupaba de ella.
Severus Snape.
El simple recuerdo de la tarde anterior hacía que su estómago vibrara. Ya no recordaba los gritos, ni las miradas agrias de él. No. Lo único que podía recordar era que ella lo había abrazado. Ella había llorado, y él había tratado de consolarla. Se había sentido tan bien... Hubiera podido estar horas abrazada a el.
Merlín, hacía un día estupendo.
Se bañó, se vistió, y cuando estaba secándose el pelo, la sorprendió una llamada a su puerta. Ein llegó antes que ella, y si hubiera podido, hubiera abierto la puerta. Como le gustaba el protagonismo a ese gato...
Ella abrió la puerta, y la sonrisa se congeló en su cara.
- Pasa- fue lo único que dijo, abriendo la puerta del todo. El hombre entró en la habitación, dando unos nerviosos pasos. Durante unos minutos, ninguno de los dos dijo nada.
- Estuve aquí el miércoles- dijo él por fin- Pero parece que no estabas...
- Julius.. yo... - ella comenzó a hablar, pero realmente, no sabía que decir. Él le había escrito, ella le había respondido con una negativa; y de repente, el miércoles, ella lo había sentido en su puerta. Había decidido no abrir, pero, al parecer, el no había desistido.
- Solo quiero decirte que te echo de menos... déjame hablar, Saffron- dijo él cuando ella abrió la boca para decir algo- Han sido los peores seis meses de mi vida. Y solo quiero que sepas que te sigo queriendo igual que antes. Dame otra oportunidad. Solo otra oportunidad mas, Saffron. Y no dejare que te arrepientas.
Él la miraba expectante. Dios, ¿siempre había sido tan guapo? Ella evitó mirar los ojos azules de él. Julius era tan fácil de querer... había algo en el que te movía a ser dulce con él, y a abrazarlo y besarlo sin descanso. Eran demasiado parecidos. Ahora recordaba porqué había intentado por todos los medios no verlo desde que lo había dejado. ¿Cómo hacerle entender que ella lo quería, si, pero no del modo que él la quería a ella?
Saffron se había sentido la mujer más querida del mundo cuando estaba con él. Y en cierto modo, eso había llevado irremediablemente hasta el desastre. La horrible sensación de no poder corresponder, de sentirse una farsante, una estafadora. Como si lo estuviera engañando. Por merlín que lo quería. Era imposible no quererlo. Pero el no se merecía eso.
“Ve con alguien que te merezca de verdad” le había dicho ella, y él la había mirado dolido. “Soy yo el que no te merece” había respondido él. Y Saffron se había sentido miserable. Había dudado en ese momento, igual que dudaba ahora. No podía estar con alguien por gratitud, ¿verdad?.
Pero dios, todo era tan fácil con él. Tan fácil. Él la quería, ella lo quería. Quizás no de la misma manera, pero a el eso no parecía importarle. Quizás debería darle otra oportunidad... quizás...
De nuevo llamaron a la puerta. En cierto modo, era un alivio. O un alargamiento de la agonía, según se mirase. Ella corrió a abrirla.
- Severus... - dijo simplemente, sujetando la puerta. Y una gran sonrisa asomó a sus labios. El intento por parte del profesor de sonreír hizo que Saffron descartara completamente toda posibilidad con Julius. No mientras hubiera alguien que la hacía sentir así con una simple mueca.
Severus Snape la miró sonreír apoyada contra la puerta. Y pensó, que solo por eso, había merecido la pena subir siete pisos repletos de gritones (y asombrados) ravenclaws. Ella llevaba un bonito sari verde aceituna, pero él pudo comprobar rápidamente que aun no se había peinado.
-¿Estas lista?- preguntó suavemente.
-¿Lista?- se extrañó ella.
- Para ir al comedor, a desayunar- no pudo evitar un deje de impaciencia en la voz. Y al ver que ella aun seguía extrañada, se explicó- No debes ir sola por los pasillos... así que, ¿estas preparada o no?
- Sí... digoo, no, no.. aun me tengo que peinar...
- ¿Y piensas que voy a esperarte en el pasillo?- dijo el exasperadamente.
- Ehh.. no, no, perdona, pasa- y Saffron abrió la puerta del todo.
Ni en millón de años, Severus Snape hubiera esperado que ella estuviera acompañada. La agradable sensación de su estómago desapareció por completo, mientras miraba con acritud al otro hombre.
Julius no estaba mas contento que él. Aquel tipo le estaba mirando de una manera muy desagradable, encima que había estropeado la conversación entre el y Saffron. Suspiró imperceptiblemente.
- Oh, vaya, no os conocéis- dijo Saffron cuando cayó en la cuenta- este es el Profesor Severus Snape; este es Julius Strandberg, mi... un amigo...
Ambos hombres la miraron dolidos, y Saffron no entendió nada. Lo único que sabía es que el ambiente estaba tan denso, que hubiera podido cortarse y venderse a pedazos. Ambos hombres se dieron la mano sin mucho entusiasmo.
A Severus Snape no le gustó el tipo desde el primer momento. “Demasiado blando” se dijo a sí mismo. El tipo dejó caer que era auror, y Severus tuvo que reconocer que quizás no fuera tan blando como había pensado en un momento. Era igual, aquello no lo eximia de llevar una descuidada barba de dos días.
Saffron los dejó solos, introduciéndose el cuarto de baño para peinarse. Fue un alivio. Tenerlos a los dos en la misma habitación era como ver su pasado y su (incierto) futuro a la vez. Era... desconcertante.
Cuando salió de nuevo, ambos hombres estaban lanzándose tensas miradas suspicaces. Por primera vez, Saffron se dio cuenta de lo mucho que se parecían físicamente: Julius era como una especie de hermano menor de Severus, solo que más guapo.
El ambiente de la habitación era extraño, como si estuviera a punto de desatarse una tormenta.
Y entonces ocurrió. Algo por lo que Saffron había estado rezando para que no pasara.
- ¿Y puedo conocer el motivo de su visita a horas tan tempranas, señor Strandberg?- la voz grave de Severus resonó por toda la habitación. Saffron cerró los ojos.
- Me temo que son asuntos personales entre la señorita Bahn y yo lo que me han traído aquí, profesor- la voz de Julius había sonado perfectamente calma, pero Saffron sabía que estaba molesto.
- Pues me temo, señor Strandberg, que la seguridad de la señorita Bahn es un asunto mío, y que debo evitar que reciba visitas “molestas”.
Saffron parpadeó un par de veces. ¿Snape se iba a encargar de su seguridad? ¿Significaba eso que iba a acompañarla a todos lados?
- Profesor, precisamente la seguridad de la señorita Bahn es lo que me ha traído a Hogwarts, avisado por Dumbledore.
Saffron volvió a parpadear. “Maldición” pensó enojada “no se le puede contar nada a este condenado director”. Miró a los dos hombres, que ahora parecían dispuestos a sacar sus varitas y batirse en duelo allí mismo. Volvió a cerrar los ojos con fuerza. No quería mirar cuando empezaran a lanzarse maldiciones mutuamente. De repente, un crujido, hizo que volviera a abrir los ojos.
- BUENOS DÍAS PRINCESA!!!!- la morena cabeza de Guenolee apareció en la chimenea gritando a pleno pulmón. - ¿Qué? ¿cómo estas hoy? ¿un poco más lúcida? Mejor, porque tengo miles de cosas que contarte. Pero primero quiero que me digas si has hablado con ese maldito idiota de...
Saffron abrió los ojos desmesuradamente, y boqueó como un pez, intentando parar a Guenolee. Pero ella siguió hablando.
- Ahh, hola Julius!! Cuánto tiempo!! Al fin has decidido sacar la artillería pesada y lanzarte, ¿eh?. Y, por merlín, hola profesor Snape!!
La puerta sonó de nuevo. “Que alguien me pise la cabeza, por favor” pensó Saffron desesperada. Entre los gritos de Guenolee, y el denso ambiente de la habitación se estaba mareando.
Abrió la puerta de par en par. Minerva McGonaggal le dio los buenos días y entró apresuradamente en la habitación.
- Ah, Julius, al fin has encontrado a la señorita Bahn. Buenos días, Severus- lanzó una mirada reprobatoria a la habitación y sacudió la cabeza.
Saffron miró descreídamente su habitación, que parecia extrañamente atestada. La puerta volvió a sonar y Saffron pensó seriamente en la posibilidad de dejarla abierta, e invitar a toda la torre Ravenclaw.
- Eh, cuanto ruido, ¿estas montando una fiesta?- Helena intentó colarse en la habitación, pero una malhumorada Saffron se lo impidió, despachándola fuera.
Una fiesta. Sí, desde luego. Y ya puestos, que alguien enviara a Lucius Malfoy, sus amigos mortífagos, la selección nacional de quidditch, y a las Weird Sisters.
Ah, y a un par de dementores; gracias.
Saffron tenía jaqueca. Deseó subirse a una silla y gritar a pleno pulmón que se largasen. Pero no lo hizo. Aun así, McGonaggal pareció intuir la situación, y se despidió rápidamente. La siguiente fue Guenolee.
- Bueno, cielo, veo que estas acompañada y no puedes atenderme. Ya me contaras... - y había desaparecido. “La muy zorra” pensó Saffron cariñosamente. Casi podía verla, partiéndose de risa en el suelo de su casa.
De nuevo quedaron ellos tres. Las miradas de Snape eran ya de odio profundo, dirigidas contra un no menos tenso Julius. “Piensa, Saffron, piensa” se dijo a sí misma “distráelos, o te destrozaran ese precioso armario de sicómoro” La simple idea de que destrozaran su armario con hechizos hizo que hiperventilara.
- Ahh, Severus- dijo al fin- ya que estas aquí, podrías explicarme una cosa que no entiendo de una poción- se dirigió hacia su escritorio, donde estaba el libro que había sacado de la sección prohibida el lunes. Pero el libro no estaba donde ella lo había dejado.- maldita sea, juraría que estaba aquí...
Pero buscó y buscó, y el libro no estaba. Comenzó a asustarse. Estaba SEGURA de que había traído el libro hasta su habitación. Es mas, estaba segura de que lo había dejado allí.
- No está- dijo quedamente- El libro no está. Oh dios- y solo decir eso y mirarla a los ojos, Severus supo que algo iba mal. Se acercó hasta ella. Saffron lo miró asustada- El libro, se lo han llevado. Han tenido que entrar y llevárselo.
Ella sintió como el miedo crecía en su estómago, y serpenteaba por sus músculos, agarrotándolos. El horror de las implicaciones de lo que estaba diciendo, hicieron que apenas si pudiera respirar.
- ¿Y si ha entrado en mi habitación? ¿Y si ha entrado mientras dormía?- el terror la atenazó tanto, que solo pudo echarse a llorar. Buscó frenéticamente la mano de Severus, que se la apretó hasta casi hacerle daño. Pero fue Julius el que primero se acercó y la abrazó.
- Shhishh, cariño, no pasa nada, estoy aquí... - dijo Julius intentando calmarla. Severus soltó la mano de ella repentinamente, y vio al otro hombre abrazarla. No pudo menos que recordar la noche anterior, cuando ella lo había abrazado a el. Al ver a Julius consolándola con efectividad, no pudo menos que preguntarse si él había hecho que ella se sintiera bien o solo había sido un sustituto.
Un maldito y condenado sustituto.
Severus podía sentir como su estómago se abría lentamente, y tuvo la desagradable sensación de que sobraba.
- Ahora que esta acompañada, debo asumir que llegara perfectamente al comedor- dijo con la voz helada, dándose la vuelta. Saffron se apartó inmediatamente de Julius, y lo siguió hasta la puerta.
- Severus- llamó cuando el ya había salido. Snape se dio la vuelta, y volvió hasta ella.- Gracias.
Y Saffron volvió a cogerle la mano, apretándola cálidamente. Pero Severus la soltó enseguida.
- No tiene que darme las gracias, señorita Bahn- dijo con voz irritada- es solo mi trabajo. Un trabajo más.
Y, dicho esto, se dio la vuelta y comenzó a bajar los escalones. No vio la expresión dolida de ella. Saffron cerró la puerta tristemente.
- Un tipo de lo más desagradable- comentó Julius mientras se acercaba de nuevo a ella.
Saffron se apartó de el, y se quedó mirándolo sin decir nada.
“Un auror!” pensaba malhumorado Severus mientras bajaba las escaleras “maldito monigote, con esos ridículos pelos en la barbilla...”
" Duelos e invitaciones "
por
Youko (
3:56 AM )
La imagen que saludó a Youko cuando se abrió la puerta no era una muy alentadora. Por el aspecto de Saffron, parecía que ésta estaba sufriendo la mayor miseria del mundo. Entrando en la habitación y ocupando un sillón observó como la pelirroja intentaba recomponerse un poco. La conversación que mantuvieron fue bastante vaga. Sabía que el estado de Saffron no se debía sólo al enfado de Snape. Para que Severus se pusiera hecho una fiera (porque con los gritos que había dado debía de estar furioso) tenía que haber pasado algo más... Y eso la llevaba a la presencia de Lucius Malfoy. No sabiendo como relacionar las cosas en ese punto, optó por no preguntar...
Intentó en vano convencerla de que la dejara hablar con Severus, para ver si se podía arreglar. Pero Saffron se negó rotundamente. Finalmente, sin saber ya que hacer y no queriendo presionar más de lo que debía, le dijo a la pelirroja que podía contar con ella cuando necesitara alguien con quien hablar. Saffron lo agradeció y cuando Youko preguntó si bajaban juntas al comedor para la cena, ésta se negó, alegando que se encontraba mal. Sin más que decir, Youko se despidió y fue al comedor con las cabeza llena de pensamientos turbios y liados.
Severus tampoco apareció aquella noche en la cena. Como tampoco lo hizo Charlotte. Lupin estaba de un humor ligeramente sombrío y con su estado de ánimo actual, Youko optó por dar las buenas noches al resto del personal y retirarse a su habitación apenas había terminado de cenar. Dos pares de ojos la siguieron en su salida del comedor. Unos observadores, atentos a sus acciones. Los otros preocupados, con el conocimiento en ellos de saber por los problemas que estaba pasando la joven...
Cuando Youko resbaló entre las sábanas, acurrucándose bajo las mantas, no pudo evitar pensar como un día que había comenzado tan luminoso se había enturbiado tanto...
**********************************************************
El martes no trajo nada especial. Las clases fueron con normalidad absoluta y aquel día el salón fue relativamente tranquilo, enseñando a los niños de segundo año de Slytherin y Gryffindor a escudarse de hechizos lanzados por el contrario. Aparte de algunos rasguños, no hubo mayores problemas. Lo malo vendría al día siguiente... Tener a Malfoy, Potter, Granger y Weasley juntos en un salón de duelos no iba a ser bueno... Y ahora que lo pensaba, Wallravenstein también estaba en ese grupo... Maravilloso, sencillamente maravilloso.
Draco había intentado coger su mirada varias veces ese día pero no hizo ningún intento de acercarse. Ella le había pedido tiempo y él se lo daría... Sólo esperaba que no fuera mucho tiempo...
Las comidas fueron como el día anterior. Charlotte siguió sin dar señales de vida, Lupin seguía con aquella expresión preocupada en la cara, Severus estaba realmente áspero con todos (incluso con los miembros de su propia casa, casi llegando a gritarle a ella misma cuando le preguntó una cosa) y Saffron, que había regresado a las comidas en el comedor, parecía pálida y ojerosa.
Y Youko empezaba a pensar que el lugar que había conocido como un hogar y un refugio empezaba a llenarse de tristeza, inquietud y malos sentimientos.
************************************************************
Cuando Youko despertó al día siguiente pensó por un momento hacerse la enferma y quedarse en cama. Realmente no tenía muchas ganas de enfrentar la clase de duelo de aquella mañana. Por la tarde había una reunión de personal así que después de mucho suplicar, habían conseguido convencer a Severus de que les dejara las horas de pociones para el salón de duelos. Al final había accedido pero asegurando que esa clase se recuperaría más adelante. Así que la clase de DADA de las nueve de la mañana no se daría y a las once empezarían los duelos.
-“No puedo esperar a que empiece...”—murmuró Youko con sarcasmo mientras sacaba del armario su uniforme de duelos. Los días anteriores no había hecho mucha falta pero para la clase de hoy no quería arriesgarse, y el uniforme era más seguro que una túnica normal. Se lo puso y se dejó caer por encima una capa para cubrirlo.
No tenía muchas ganas de bajar a desayunar al comedor así que llamó a uno de los elfos y le pidió que le trajera el desayuno. Después bajaría a la sala de profesores para hacer tiempo hasta los duelos.
**************************************************************
Eran casi las once cuando Remus y Youko entraron por una de las puertas laterales al Gran Comedor, perfectamente acondicionado para los duelos. En teoría se usaba una de las aulas más grandes pero el día anterior sufrió algunos desperfectos y la sala que más espacio disponía en aquel momento y que no estaba ocupada era el comedor.
Youko observó el ambiente. A ambos lados de la tarima que usaban para los duelos estaban los sextos años de Slytherin y Gryffindor. Había mucha tensión y miradas cruzadas entre ambas partes. Youko rogó a quien fuera que estuviera escuchando que todo fuera bien, miró a Remus, quien asintió, y avanzaron hacia la tarima, reclamando la atención de los alumnos.
-“Bienvenidos al salón de duelos. Aquí aprenderéis el arte de batiros en duelo. No toleraré hechizos malintencionados, que se ataque antes del fin de la cuenta o que se causen graves daños al contrario intencionadamente”—les informó Youko mirándolos seriamente.—“Si tengo que separar a alguien o os saltáis las reglas quedáis fuera de estas clases, y estoy segura de que Filch estará encantado de teneros con él en detención mientras duran los duelos”—amenazó la joven mirando a todos y cada uno de los estudiantes de cada casa.
-“Podréis elegir a vuestro contrincante, siempre que sea de la casa contraria. Si alguno no tiene pareja, combatirá con alguno de nosotros dos, a su elección”—explicó Remus.—“Ahora, si queréis, empezad a buscar vuestro contrincante”.
Youko y Remus observaron las parejas que se iban formando: Granger y Millicent Bullstrode, Weasley y Pansy Parkinson, Wallravenstein y... ¿Dean Thomas?, Seamus Finnegan y Blaise Zabini... y mierda, quedaban Potter y Malfoy. Nadie en las dos clases querían enfrentarse a ellos.
-“¿Qué hacemos? ¿Crees que podemos arriesgarnos a que combatan juntos?”—preguntó Youko mirando con desconfianza a los dos jóvenes que se miraban con desafío.
-“Vamos a intentarlo. Yo hablo con Potter y tu con Malfoy. Intentemos convencerles de que no se maten... O Albus tendrá nuestras cabezas”—indicó Lupin mientras bajaba de la tarima y se acercaba a Harry.
Youko suspiró y le indicó a Draco que se acercara. El chico accedió con una brillante sonrisa, aunque se le apagó un poco cuando vio lo seria que estaba ella.
-“Te lo voy a advertir sólo una vez. Si alguno de los dos sale herido de aquí la cabeza que cae es la mía y la de el profesor Lupin.”—dijo fríamente Youko inclinándose ligeramente sobre Draco para hablar en voz baja.—“Y entonces te tendrás que olvidar de conseguir cualquier respuesta”—esto último lo dijo más bajo todavía, pero por el ligero ensanchamiento de las pupilas de Draco, supo que lo había oído.
-“De acuerdo profesora. No habrá ningún problema”—aseguró Malfoy mientras Youko se incorporaba y retrocedía su atención a la clase.
Miró a Remus, quien asintió.
-“Bien, pues ya puede empezar la clase. Y ya sabéis: atacar y defender y al que se pase me lo cargo yo. ¿Zabini, Finnegan? Empezáis vosotros”—y con esto ella ocupó el final de la mesa que correspondía al lado Slytherin y Remus el otro, más que nada para parar a cualquier alumno que saliera despedido hacia atrás por algún hechizo demasiado fuerte...
El primer duelo fue bien. Ambos contendientes se mantuvieron en las reglas y sus niveles eran bastante igualados aunque al final ganó Zabini. El siguiente combate lo hizo Weasley contra Parkinson y este podríamos decir que acabó en empate, quedando os dos medio atontados sobre la dura superficie de la tarima. Ahora, Wallravenstein se hinchó con el pobre Thomas... su nivel era realmente bueno, y Youko estuvo tentada de pararla cuando lanzó un hechizo particularmente sucio sobre el Gryffindor. Al final Dean se retiró, ligeramente magullado y Laia bajó de la tarima muy orgullosa y relajada... Los siguientes duelos fueron bastante bien. Eso sí, Youko tuvo que quitar de Crabbe y Goyle un par de hechizos que se les habían quedado cogidos y no sabían como quitar.
Y llegó lo que más temían: Potter y Malfoy subieron a la tarima. Avanzaron hacia el centro y se miraron con frialdad, pero no cruzaron ninguna palabra. Una vez puestos espalda contra espalda empezaron a avanzar hacia los extremos de la tarima. Y empezó la lluvia de hechizos. Malfoy esquivo varios expelliarmus y alguno más, aunque dos hicieron impacto. Lo mismo iba para Potter, que demostró tener bastante habilidad para levantar escudos.
De pronto, Potter lanzó un hechizo con más fuerza de lo normal, Malfoy levantó el escudo y éste, en vez de absorber el hechizo, provocó que rebotara. Hizo blanco en Youko, que no se esperaba que el hechizo saliera despedido... La lanzó hacia atrás y cayó de la tarima al suelo, dándose un fuerte golpe en el hombro izquierdo.
En menos de un segundo Lupin, Malfoy y Potter estaban a su lado, comprobando que estaba bien.
-“No pasa nada. Sólo es un golpe. No tengo nada roto”—dijo Youko mientras Draco y Remus la ayudaban a ponerse en pie. Los rostros tanto de uno como del otro eran de absoluta preocupación. Y la cara de Potter era pura angustia, ¡casi se carga a su profesora!.
-“¿Seguro que estás bien?”—preguntó de nuevo Remus mientras observaba como Youko tanteaba con la mano derecha su hombro.
-“Sí, tranquilo. Con un ungüento curativo que tengo esta noche estará perfecto”—dijo Youko mientras interiormente agradecía que el hechizo después de chocar contra el escudo hubiera perdido fuerza.—“Bien, ya habéis combatido todos. Me alegra ver que os habéis atenido a las reglas. Los que tengáis alguna pequeña herido pasad por la enfermería. Eso es todo por hoy. Nos vemos la semana que viene y recordad que la clase será por la tarde”—los despidió Youko.
Mientras el resto de alumnos salían, Harry se acercó a pedirle disculpas y ella le dijo que no pasaba nada, que había sido un pequeño accidente sin mayores consecuencias. Ya algo más tranquilizado, el chico alcanzó a sus amigos junto a las puertas.
-“Será mejor que vaya a mi habitación y me aplique ese ungüento para que esto cure pronto.”—le dijo a Remus mientras se dirigían a las grandes puertas.
-“¿Quieres que te acompañe?”—ofreció Lupin más relajado ahora que veía que Youko no tenía nada más que un fuerte golpe.
-“No, gracias, no es necesario. Nos vemos en la comida”—y con esto se empezó a alejar por el pasillo, mientras Remus tomaba la dirección opuesta.
Cuando giró la esquina se encontró con que Draco estaba esperándola. Youko lo miró como diciendo ¿Y tú que haces aquí?.
-“¿Puedo acompañarte hasta tu habitación?”—preguntó dudoso.
-“Puedes acompañarme hasta la escalera, pero no más allá”—contestó Youko después de pensárselo unos instantes. Draco asintió y empezaron a caminar en silencio.—“Combates bien, pero la próxima vez levanta un escudo que absorba los hechizos, no sea que rebote y le de a otro”—comentó Youko después de unos minutos, rompiendo el silencio.
-“No volverá a pasar. Realmente pensé que rebotaría al techo, no hacía ti”—confesó Draco mientras pasaban junto a la puerta de entrada de la sala común de Slytherin.
-“Esas cosas son impredecibles. Ten más cuidado la próxima vez”—dijo la joven mientras alcanzaban las escaleras que conducían a su habitación. Youko pareció pensar un momento hasta que habló.—“Dame un poco más de tiempo para pensar las cosas, ¿de acuerdo Draco?. Te prometo que tendrás una respuesta pronto”.
-“Tomate el tiempo que necesites”—se apresuró a contestar Malfoy mientras ella empezaba a subir las escaleras. Youko sonrió levemente y continuó subiendo. Cuando Draco la vio desaparecer tras una vuelta de las escaleras, se alejó en dirección a su sala común.
***********************************************************
La reunión de la tarde había sido horrible. Severus estaba que echaba chispas, todavía de un humor de perros desde el lunes, McGonagall le había preguntado un par de veces si no sabía donde encontrar a Saffron Bahn. Al parecer había venido a visitarla un amigo y no hubo forma de encontrarla. Youko dijo que si no estaba en su habitación ella no sabía dónde podía estar. Flitwich había preguntado sin parar sobre la marcha de los duelos y sinceramente, Youko estaba empezando a desarrollar un horrible dolor de cabeza.
Al final los horarios de exámenes quedaron totalmente fijados y se discutieron algunas cuestiones más relativas a las clases.
Cuando Youko se metió en su cama aquella noche, se quedó dormida casi al instante, dejando que el agotamiento hiciera acto de presencia.
**********************************************************
Toda la mañana del jueves no fue realmente nada especial. Clases, correcciones de trabajos, Severus aún furioso, Saffron con ojeras más marcadas si cabe, Charlotte desaparecida... Lo normal últimamente, vamos.
Pero la tarde trajo de nuevo la inquietud a su mente en la forma de Lucius Malfoy parado delante de la puerta de su habitación. Respirando hondo varias veces se acercó al mago.
-“¿Puedo ayudarle en algo, señor Malfoy?”—Youko casi escupió el nombre, hablando con toda la dureza que podía encontrar.
-“No hay necesidad de ser tan brusca, querida. Tan sólo venía a traerte esto”—Lucius le ofreció un sobre. Youko lo miró dudosa antes de tomarlo.—“Pensé que a mi hijo le daría vergüenza dártelo personalmente”.
Youko se puso pálido a la mención de Draco, pero procuró no mostrar su tumulto interno en sus ojos. Mirando una vez más a Malfoy, abrió el sobre y sacó la tarjeta, y todavía se puso más lívida:
Srta. Youko Silvara.
Queda ud. invitada a la fiesta de cumpleaños de Draco Malfoy, que se celebrará en la mansión de los Malfoy el próximo sábado día dos.
Atentamente: Sr. y Sra. Malfoy.Youko se quedó con la tarjeta en la mano, sin saber que hacer.
-“Espero que no faltes”—murmuró Lucius en su oído. ¿Cuándo demonios se había acercado tanto?
Youko no respondió. Levantó la vista, lo miró fríamente y apartándose de él, se metió en su habitación y cerró la puerta. Lucius la observó esconderse en su dormitorio y se alejó riendo suavemente por el pasillo hacia las escaleras.
Entretanto, en su habitación, Youko empezaba a preguntarse que haría el día dos... y si debía avisar a Draco... o a Severus... Severus... ahora que lo pensaba, a lo mejor el profesor Snape iba... siempre podía convencer a Draco de que lo invitara... pero antes que con Draco, hablaría con Severus... porque dudaba mucho que no pudiera negarse a la invitación...
" ¿Quien será? "
por
Laia (
8:39 PM )
Se sentó en la cama cautelosamente para no despertar a las demás compañeras. Encendió la lámpara con un golpe de varita y una luz verdosa recorrió la estancia. Corrió las pesadas cortinas de su cama adoselada para no molestar a las otras chicas y se acomodó en el cojín mientras abría el sobre. Lo primero que asomó de su interior fue una vieja fotografía.
Su padre posaba orgulloso y regio, con una larga capa negra ribeteada de azul y una casaca dieciochesca, su cuidado y largo pelo negro recogido en una coleta. Su madre llevaba un elegante abrigo blanco bordado con flores rosadas y un bonito sombrero estilo años veinte envolvía su ondulado cabello. También salía Laia, con un llamativo abrigo rojo. Al lado de su padre se encontraba también un joven y apuesto Lucius Malfoy, sonriendo a la cámara con media sonrisa.
Cogió uno de los papeles que aún había dentro del sobre. Era una carta. La extendió y la leyó.
Estimada hija:
No creo que te sorprenda la carta, ya que sabías que en el momento adecuado recibirías esta gran oportunidad que se te ha dado.
Solo recibirás esta carta si al final Lord Voldemort es derrotado y por desgracia nosotros hemos muerto.
Te escribo esto mientras te remueves en la cuna. Es una sensación curiosa y extraña, ya que se supone que lo estoy escribiendo para una persona adulta.
Quiero que sepas que formas parte de una prestigiosa familia, y que aún siendo la última Wallravenstein tienes a muchos aliados entre los magos de toda Europa. Esas familias de raigambre te apoyarán, pues también llevas la mayor parte de sus apellidos, en mayor o en menor medida. Debes sentirte orgullosa de la sangre que corre por tus venas.
Si hay suerte, cuando recibas esta carta lo harás de la mano de Lucius Malfoy, la persona a quien se la daré personalmente para que te la entregue. Él sabe cuando debes recibirla. Cuando seas necesaria, Laia. Serán malos tiempos cuando la leas, y recuerda la gran oportunidad que se te ofrece.
La de poder formar parte de los mortífagos.
Tu padre y tu madre, que te aprecian.
No nos defraudes.Laia releyó la carta otra vez. Sus padres... Nunca les conoció, murieron cuando ella era una criatura de dos años. Si, ellos eran mortífagos, y de los mejores. Nadie sabía de estrategia militar como su padre. Nadie dominaba el espionaje como su madre. Lucharon valientemente y cayeron en una emboscada de aurores, en las afueras de Londres.
Fueron ellos los que formaron los comandos de mortífagos en la Europa Central y del Este. Laia, que nació en Berlín, conoció a muchos de ellos, y vio formarse el ejército de Voldemort bajo los inocentes y curiosos ojos de una niña de dos años.
Si, muchas de esas personas, consideradas asesinas, fueron como una gran familia para ella.
Laia conocía cada una de las peripecias de sus padres en aquellos tiempos gracias a la orgullosa madre de su padre, una mujer vieja y severa que se mudó de Berlín a la mansión de los Wallravenstein en Londres para cuidar de la pequeña. Allí convivieron siempre las dos, en la vacía y decadente mansión, donde los recuerdos rememoraban tiempos de reuniones clandestinas y asesinatos a sangre fría.
Laia plegó la vieja carta con cuidado. Recibir una carta de sus padres no era algo que se esperara uno después de 15 años. Le hizo una ilusión indescriptible. Volvió a ojear la fotografía. Su madre era muy guapa, ella había heredado sus facciones. Nació en Moscú, pero era de una considerada familia de magos de Trieste. Tenía un carácter autoritario, pero era muy buena diplomática. Había sido [según las malas lenguas] una compulsiva ladrona de objetos mágicos, pero eso nunca se descubrió. Laia estaba segura que era cierto, y siempre mantuvo la esperanza de encontrar un escondite secreto en la mansión donde descubrir todos esos objetos.
Su padre era meticuloso y ordenado, un alemán de pies a cabeza, pero más tratable que su madre. Fue uno de los magos más elegantes en vida, y fue amigo íntimo de Lucius Malfoy.
Lucius Malfoy... En la foto aún debía estar soltero. Laia fijó la vista hasta casi cegarse. No veía anillo alguno. Y sonreía. Suponía que Malfoy veía un futuro prometedor. Todas las familias de magos aliadas con Voldemort estaban organizadas, no creían en una derrota [salvo el pragmático de su padre] sino al contrario.
Claro, eso hacen las familias de magos decentes. Eso hacen los aristócratas. Ella formaba parte de ellos. Ella era la nueva generación, la que debía perpetuar la tradición.
Y ahora recibía la carta. Justamente en ese momento. ¿Estarían reclutando jóvenes? ¿Era simplemente un deseo de su padre o una necesidad de formar un ejército? Había oído rumores de la existencia de una organizada Órden del Fénix. Eso debía contrarrestarse.
Se fijó en el otro trozo de papel que aún había dentro del sobre y lo sacó. Era una cartulina rectangular con una delicada inscripción en cursiva.
Srta. Laia Wallravenstein.
Queda ud. invitada a la fiesta de cumpleaños de Draco Malfoy, que se celebrará en la mansión de los Malfoy el próximo sábado día dos .
Atentamente: Sr y Sra Malfoy.Laia sonrió lacónica.
“Muy oportuno”
_________________
El martes se dedicó exclusivamente a copiar a limpio toda la poción del libro que Lucius le había conseguido. No debía equivocarse en nada, pues una poción tan compleja debía ser extremadamente peligrosa. Lo evidenciaba el hecho que necesitara ingredientes tan extraños, tan desconocidos para ella ¿Qué reacción tendrían en el cuerpo humano?
Cuando fue a dormir ese martes lo hizo pensando en el día siguiente.
La clase de duelos.
A la mañana siguiente, Laia colgó el siguiente anuncio en la Sala Común.
Con motivo de las clases de duelo, la clase de hoy a las nueve de Defensa contra las Artes Oscuras quedará suspendida. Todos los alumnos de sexto curso deberán dirigirse al Gran Comedor a las once en punto para asistir a los duelos.
GraciasIba a ser un día descansado. Pociones empezaba a las once y terminaba a la una, por lo que esa mañana la tendrían completamente libre de tediosas clases teóricas.
Jameson se acercó mientras Laia colgaba el cartel.
- ¿Qué te parece la división de casas?
Laia hizo una mueca y exclamó, en tono jocoso.
- ¡El gran derby!
- ¿A quién crees que sacará Lupin? Yo... la verdad es que no tengo muchas ganas de salir, si he de serte sincero.
Laia le miró como quien observa indignado a un cobarde.
- ¿Qué no tienes muchas ganas? Pues yo si, tengo ganas de machacar algún Gryffindor. Es algo que NECESITO.
Parecía que la carta de sus padres le había puesto a tono y recargado las pilas.
- Tu si, porque tu eres buena. Pero yo soy muy lento, no estoy hecho para esto, yo soy un chico de despacho, nunca me ha gustado demasiado la acción.
Era cierto, Laia era realmente difícil de vencer en un duelo, tenía una capacidad casi felina de contrarrestar hechizos. Mientras miraba el cartel, Laia dijo:
- Quizás nos saque a nosotros, a los prefectos. Al menos para el primer duelo. Draco está mosqueado porque Potter no es prefecto. No creo que quiera luchar contra Weasley o Granger. Igualmente no creo que Lupin permitiera un duelo entre Potter y Malfoy, una segunda vez sería... peligroso. Pero tu eres vocal, y habrá más de un duelo. Qué no te toque con Potter, que es un enchufadito del profesor Lupin y bastante buen duelista, al fin y al cabo el niño nos ha salvado la vida a todo el colegio muuuchas veces.
Esto último lo dijo con un deje de burla e ironía considerable.
El pasillo que conectaba la Torre Serpens con el resto del colegio era un bullidero de personas. Una considerable cantidad de slytherins estaba puliendo sus varitas y practicando ante una pared, realizando los movimientos duelísticos una y otra vez. Laia se reunió con el otro prefecto, Draco, y ambos se dirigieron al Gran Comedor.
- ¿Nerviosa?
Draco sonreía socarronamente. Laia negó con la cabeza. Draco continuó hablando.
- ¿Has recibido la felicitación?
Laia le miró de súbito.
- Si, gracias por invitarme.
-Bueno, no te ofendas pero la mayoría de mis invitados son pura fachada. Ya sabes, hay que mantener el contacto con gente influyente y cumplir cierto protocolo. Tu familia es imprescindible en este tipo de convenciones sociales.
Laia arqueó una ceja y le miró fijamente, intentando ahondar más en lo que había dicho, pero ese chico era impenetrable.
De pronto, desde un punto alejado del pasillo oyeron una voz. McGonagall se dirigía a ellos, e iba acompañada.
Parecía nerviosa y alterada, como si no pudiera controlar la situación. Para ella todo debía ir sobre ruedas. Su acompañante parecía más tranquilo.
- Señorita Wallravenstein, señor Malfoy. Este joven y yo hemos estado en el despacho de Snape buscando a Saffron Bahn, pero no la hemos encontrado. Nos dirigíamos a su habitación ahora mismo pero hemos pensado que quizás iría a la clase de duelos. ¿La han visto por aquí?
Draco bufó un momento, dando a entender que como iba a ser posible que ellos dos supieran donde estaba Saffron Bahn.
- Quizás ellos no la conozcan, al fin y al cabo no es ni alumna ni profesora, y es de Ravenclaw.
Laia observó a la persona que había dicho eso. Tenía una voz profunda y un poco ronca, con un ligero acento galés. No era tan joven como creía, estaba más cercano a los treinta que a los veinte. El desconocido sonrió cálidamente a ambos prefectos y entonces Laia se fijó en sus brillantes y vivos ojos.
Eran de color turquesa.
Un color marino impactante, en un rostro tremendamente agradable.
Cuando se dio cuenta, la extraña pareja había pasado de largo, en dirección a la habitación de Saffron Bahn. Draco reabrió la marcha mientras Laia giraba su cabeza hacia la parte trasera del pasillo. Iban en dirección a la Torre de Ravenclaw.
“¿Quién es? ¿Qué relación tendrá con Bahn? ¿Habrá estudiado aquí? ¿Cómo se llamará?”
Eran preguntas que se planteaba Laia, junto a otra que, después de recibir la carta, se plantearía continuamente.
“¿Será auror?”
Junto con la incertidumbre de saber quien era y que hacía, el saber que ese hombre pudiera tener una relación íntima con la pelirroja le supuso una sensación tremendamente desagradable.
Nunca, nunca en su vida había sufrido un flechazo tan irracional. Sacudió la cabeza, confiada en que en un rato se le pasaría. Laia era muy pragmática, y esa atracción extraña debía tener alguna explicación lógica, seguro.
Mientras Laia cavilaba, Draco se adelantó unos pasos y abrió las puertas del Gran Comedor. Las grandes mesas estaban preparadas para los duelos.
" Un segundo punto de vista "
por
Charlotte (
3:23 PM )
El fin de semana había resultado extrañamente agradable para Remus. No se explicaba cómo las cosas habían tomado ese camino, pero, a decir verdad, le gustaba ese camino.
En cierto modo todo había comenzado el Sábado del partido Slytherin-Ravenclaw, durante el cual se estuvo preguntando una y otra vez, qué era lo que se suponía que debía hacer. La había visto en las gradas, la había oído reírse y un motor en su cabeza se había activado lanzando continuamente la misma pregunta: '¿y si pudieses conseguir que las cosas cambiaran?'
Con nervios de acero se había decidido a dar el primer paso, no podría perdonarse que ella le siguiese odiando como lo hacía, no se lo merecía ni él, ni ella. Las cosas habían sido muy complicadas cuando decidió irse, y ahora tenía que pagar las consecuencias, tenía que explicarse, y pedir perdón, tenía que conseguir que Charlotte le diese otra oportunidad...
Cuando la vio hablando con Potter y sus amigos, se animó un poco más y se acercó como si no ocurriese nada. Estaba nervioso. ¿Cómo no iba a estarlo? Después de lo que ella había hecho por él cuando se conocieron, podría decirse que él la había traicionado. Estaba muy nervioso. Ahora tendría que enfrentarse a sus miedos.
No supo bien cómo, pero resultó que, en contra a sus expectativas, terminó dando un paseo con Charlotte. Se había acordado de los comentarios sin sentido que le había hecho Sibyll durante el transcurso del partido, y había comenzado a explayarse casi sin pensar en lo que decía, tan sólo estaba pendiente de la expresión que podría tomar el rostro de Charlotte.
Pero lo que durante unos primeros momentos le había parecido bueno, comenzó a inquietarle a medida que caminaban. Él había dejado de hablar, pero Charlotte seguía mostrando el mismo rostro inexpresivo que cuando comenzase el monólogo. Aún así, habían seguido caminando.
Cuando llegaron a las lindes del bosque, Remus se dio cuenta de que algo no iba bien. No podía ir bien, puesto que aún teniéndola junto a él, Charlotte parecía no encontrarse allí.
- "¿A dónde vas?" - Dijo finalmente Remus mientras posaba una mano en el hombro de ella. Estaba rígida, como una estatua, y allí mismo se paró, exhaló aire y si mirarle dijo:
- "¿A qué te refieres?".
¿Cómo que a qué se refería? Charlotte estaba caminado en dirección al bosque, como si no se diese cuenta de sus actos.
- "¿Te encuentras bien?" - Preguntó Remus.
Cuando Remus vio a la chica asentir con la cabeza, supo que tenía miedo, él tenía miedo, por el extraño comportamiento de ella, ella tenía miedo, porque así lo reflejaban sus ojos.
Junto al miedo se acomodó una repentina sensación de sorpresa cuando sintió cómo Charlotte se agarraba a su brazo. Era la primera vez en tres años que se encontraban tan cerca, fue una grata sorpresa. Pero aún así, sabía que algo no iba bien. La chica estaba tiritando, y casi no pudo proyectar las palabras que salieron de su boca de forma entrecortada.
- "Vámonos de aquí."
Dicho y hecho. Ella no se encontraba nada bien, y había recurrido a él en busca de ayuda. ¿O quizás era eso lo que él quería pensar? Daba lo mismo. Tenía que llevarla al interior del colegio, probablemente a la enfermería.
Pasó su brazo sobre los hombros de ella y la sujetó con fuerza mientras caminaban.
De vez en cuando ella daba un traspiés, pero él la sostenía contra sí para que no se cállese.
Cuando entraron al colegio, ella había murmurado algo, que él entendió como que la llevase a su habitación.
Remus obedeció, subieron las escaleras hasta llegar frente a la puerta de la habitación de Charlotte.
Él la miró fijamente y se dio cuenta de lo pálida que estaba. Tenía que estar enferma, no había otra posibilidad.
- "¿Quieres que avise a Pomfrey?" - Había dicho él con tono preocupado.
- "No, sólo necesito descansar." - Había respondido ella, agotada por el esfuerzo.
- "¿Estás segura? no tienes buen aspecto. Deberías ir a la enfermería." - Insistió él.
- "¡No, déjame descansar!" - Respondió ella con tono un tanto exasperado.
Remus vio como Charlotte abría torpemente la puerta y se soltaba de él dando pasos torpes.
- "Puedo traerte algo, puedo quedarme contigo hasta que mejores." - Propuso él preocupado.
- "No, Remus, no lo entiendes. No estás en el juego."
Y de repente la puerta se cerró dejando a Remus sólo en el pasillo. ¿Qué había pasado? ¿Le había cerrado la puerta en las narices? Y ¿qué era ese juego?
Dudó unos instantes en si debía o no abrir la puerta y hacer caso omiso de las palabras de Charlotte y llevarla a la enfermería. Pero finalmente se alejó unos pasos y después de mirar el marco de la puerta en toda su extensión, echó a caminar hacia su despacho.
______________________Aún así no estaba tranquilo. No. Así que el día siguiente decidió pasar a ver si Charlotte había mejorado.
Por la mañana, antes de ir a desayunar, fue hasta la habitación de la chica, dispuesto a llevarla a la enfermería si era necesario, fuera cuales fueran sus deseos.
Pero no le quedaban tres pasos hasta la puerta cuando ésta se abrió.
Sobresaltado, vio cómo una muy saludable Charlotte salía y cerraba la puerta tras de sí.
- "¿Charlotte?" - Dijo Remus.
La chica le miró y tras unos segundos de transición respondió.
- "Bueno días Remus". - Dijo alegremente.
- "Buenos días." - Deseó Remus algo más animado.- "¿Te encuentras mejor?"
- "¿Cómo?" - Preguntó mientras comenzaba a caminar. - "Ah! lo dices por lo de ayer, sí, sí, ya estoy mejor. Sólo necesitaba descansar."
- "Me alegro." - Dijo él comenzando a caminar junto a ella. - "¿Te diriges hacia el comedor?"
- "No."
- "¿Entonces?"
Unos segundos más tarde Charlotte respondió.
- "Iba a las cocinas a por un poco de comida. Tenía pensado quedarme descansando en mi habitación, así que..." - Tras lo cual le dirigió una sonrisa.
- "Comprendo, ¿puedo acompañarte?"
Y contrario a lo que suponía, Charlotte accedió. Fueron juntos hasta las cocinas y volvieron juntos cargados con una bolsa llena de comida que los elfos habían sido tan amables de preparar.
El paseo fue muy agradable, Charlotte se mostraba amable, como si nada hubiese pasado.
"Las cosas mejoran." Pensaba Remus. "Por lo menos ahora no intenta matarme con la mirada."
Se despidieron a la puerta de su habitación. Fue especial, fue... un avance.
______________________Era Lunes y estaba feliz. Iba a ir a desayunar y las cosas podía mejorar aún más. Ciertamente, se sentía un chiquillo al pensar de forma tan optimista.
Pero cuando llegó al comedor, las cosas cambiaron, Charlotte no estaba. ¿Habría vuelto a recaer? ¿Habría empeorado?
Nadie comentó nada, ni siquiera Severus, con el que Charlotte siempre mantenía conversaciones relativamente animadas.
Intentó seguir con las tareas del día, y pensó en ir a ver a Charlotte en cuanto tuviese un momento libre, pero el salón de duelos empezaba ese mismo día, así que estaría muy ocupado. Al llegar la noche, desechó la idea de ir a visitarla. Quizás estuviese durmiendo, y no quería molestarla.
Al día siguiente, Charlotte seguía sin aparecer. El Martes estaba siendo relativamente tranquilo, así que a media tarde se acercó hasta su habitación. Con unos toques en la puerta, llamó, pero no obtuvo ninguna respuesta. Quizás había salido. Quizás estuviese dormida.
No quería hacerlo, pero se fue. Y no fue hasta el Miércoles por la tarde cuando por fin se hartó de esperar.
Pasaba algo, estaba seguro. Charlotte no podía haber empeorado mucho como para no volver a aparecer en tres días. Además, Severus parecía furioso. ¿Qué ocurría?
Sabía que Severus y Charlotte eran amigos, así que podría ser que él supiese algo.
Ese día, poco antes de que comenzase el salón de duelos con los de Slytherin y Gryffindor, decidió pasarse por el despacho de Severus. No podría soportar una sesión como la que sabía que le esperaba, teniendo encima la incertidumbre de lo que pudiese estarle pasando a Charlotte.
Cuando llegó al despacho de Severus, este le mandó pasar con voz agria y malhumorada.
- "¿Qué quieres?" - Había preguntado Severus. Remus sabía que Severus no le soportaba. A decir verdad, nunca había sido demasiado considerado con él, y lo había dejado bien claro cuando años antes había proclamado por todo el colegio que él era un hombre lobo.
- "Quería hablarte de Charlotte." - Dijo Remus como respuesta.
Severus cambió la expresión de la cara, que se tornó de interés, de dudas. Era verdad que Severus no sabía que Remus y ella se conocían. Podría resultar un tanto comprometedoras las explicaciones en ese momento...
- "¿Qué ocurre?" - Preguntó Severus preocupado. - "No la he visto en cuatro días."
Esto desconcertó a Remus, suponía que Severus tenía que saber algo, suponía que él era el que estaba angustiando y preocupado, y que era el que buscaba respuestas.
- "No lo sé. Yo tampoco la he visto en ese tiempo. El Sábado no se encontraba demasiado bien, y la acompañé hasta su habitación." - Remus esperó a que Severus reaccionase. ¿Tenía que seguir hablando?
El que habló fue Severus, sin preguntas sobre cómo era que se conocían, ni cuestiones similares, dio por terminada la conversación al decir que iría a ver cómo se encontraba la chica. Remus podía irse tranquilo a su cita en el salón de duelos.
" La calma despues de la tormenta "
por
Saffron (
11:35 PM )
Se había quedado dormida instantáneamente. Era lo que le pasaba cada vez que lloraba. Los golpes en la puerta la despertaron. Se acercó sigilosamente, dudando entre abrir o no. Finalmente abrió.
Youko la miró fijamente cuando ella abrió la puerta. Saffron tenía un aspecto horrible: tenia las trenzas desmadejadas, el vestido arrugado y los ojos hinchados por el llanto. Aun así, intentó dar una sonrisa a Youko, quedando esta en una mueca forzada.
- Ah, hola- dijo simplemente, intentando borrar disimuladamente las huellas de las lágrimas. Pero Youko ya la había visto llorar.
- ¿Puedo pasar?- preguntó educadamente. Saffron asintió, y abrió del todo la puerta.
- Siéntate, por favor- dijo Saffron, indicándole unos sillones junto al fuego, al lado de una mesa, mientras la miraba interrogante.
Youko no sabía por donde empezar. Volvió a mirar a Saffron.
- Saffron- dijo suavemente- ¿Estas bien? Te he visto en el pasillo y me ha parecido que no estabas del todo bien...
No dijo que la había visto llorando, aunque era evidente.
- No- dijo Saffron rápidamente- estoy bien. Bueno, estoy algo indispuesta... creo que es algo del estómago...
Youko la miró fijamente. Saffron estaba mintiendo, y no conseguía entender el porqué.
- Saffron – volvió a decir suavemente- ¿Has tenido algún problema con el profesor Snape?.
Por la cara de ella, adivinó que ahí había parte del enigma. Dos imperceptibles lágrimas corrieron por sus mejillas.
- Él... me ha echado del despacho... he.. he tirado un libro y... - Saffron se limpió las lágrimas con la manga del vestido. Evidentemente, no podía decirle todo lo que había ocurrido a Youko. Por un momento, se le pasó por la cabeza contárselo; pero enseguida bajó de la nube. Si le contaba lo que le había dicho Malfoy, Youko iría a decírselo a Snape, o a Dumbledore; y Malfoy la había amenazado si hablaba.
Pero había sido la reacción de Snape lo que más le había dolido. Ella había confiado en él, se sentía segura con él, y había estado segura de que, cuando entrara en el despacho y viera a Malfoy acosándola, iría en su rescate.
Estúpida y romántica idea.
Sin embargo, no había sido así: Snape había visto a Lucius casi encima de ella, y en vez de ayudarla, le había gritado, y la había echado del despacho. Ella se había sentido perdida. Estaba asustada. Aterrorizada. Desesperanzada. Y sola. Estaba sola.
Y no podía contárselo a nadie. Ni siquiera a Youko, que la miraba dulcemente, tratando de ayudarla. No podía contárselo. Solo la pondría en peligro.
Youko la miró, calibrando sus palabras. Saffron no le había contado todo, de eso estaba segura. No quería forzarla, pero si quería hacer que se tranquilizase.
- ¿Quieres que yo hable con Severus?- ante la expresión de terror de Saffron, decidió que no, definitivamente, no era una buena idea.
- NOOO, no, no- dijo Saffron asustada. Lo último que necesitaba es que Snape creyera que ella iba hablando mal de el.- si es solo una tontería...
Intentó sonreír forzadamente, pero no supo. Su cara estaba tirante como la piel de un tambor.
- Está bien – dijo Youko apaciguadoramente.- solo quiero que sepas que si necesitas hablar con alguien, puedes contar conmigo ¿ de acuerdo?.
Saffron asintió y la miró agradecida.
- Muchas gracias.
Youko negó con la cabeza.
- ¿Qué tal si bajamos a cenar?- preguntó Youko, señalando la puerta.
- No.. yo no.. mejor no... no tengo hambre, y el estómago... - la simple idea de recorrer los pasillos de noche hizo que se mareara. Y además, era cierto, no podría comer nada ni aunque se lo propusiera.
Youko asintió y se despidió. Saffron cerró la puerta tras ella, asegurándose de que estaba bien cerrada. Se puso el camisón, y se acostó.
A los cinco minutos, se levantó a comprobar si la puerta estaba bien cerrada.
Aquella noche apenas durmió. Se vio acosada por terribles pesadillas, en las que Malfoy la perseguía y Snape se reía de ella. Se despertó llorando y aferrada a la almohada. Ein se acurrucó contra ella, como intentando darle calor, y Saffron lo abrazó con fuerza.
Aquel día no salió de su habitación para nada.
***********************
La pluma se le quebró entre los dedos. “Maldita niña estúpida” pensó Severus enfadado. Era la quinta pluma en tres días. Había pasado tres días horribles, tres días desde la ultima visita de Lucius Malfoy.
Tres días, cinco plumas rotas, dos tarros estrellados contra el suelo, y casi 150 puntos menos entre las cuatro casas.
Los alumnos también habían notado su enfado. Especialmente los gryffindors. La furia de Snape había caído sobre ellos como una plaga bíblica. Él podía notar el ambiente enrarecido y aterrorizado de los niños en sus clases. En otras circunstancias, incluso le hubiera divertido. No ahora. Estaba demasiado enfadado incluso para eso.
Miró airado hacia la mesa que debía ocupar Saffron y que ahora estaba vacía. Y sin poder evitarlo, la imagen de Saffron encima de la mesa, con Lucius pegado a ella, le vino a la mente. Agarró con fuerza la pluma rota, que se quebró en otro pedazo.
Aquella imagen le había perseguido durante tres días. Y tres noches. Imposible sacarla de su cabeza.
El se había sentido tan... ¿decepcionado?. Si, aquella podría ser la palabra. Había decidido creerla inocente, dulce y alegre como una niña. “Aunque no es una niña” corrigió inmediatamente. Y ese mismo día, la había sorprendido en una actitud más que comprometedora con Lucius Malfoy. Nada menos que con él. En cierto modo, se sintió engañado, como si todo lo que hubiera visto de ella no fuera más que fachada. Pero, sobre todo, se sintió estúpido. ¿Cómo era posible que una joven como Saffron hubiera logrado engañarle?.
A Severus Snape no le gustaba sentirse estúpido.
Ni siquiera la había mirado a los ojos. No pudo. Por Salazar, con Lucius Malfoy. No quedaba hueco para la inocencia en ella.
Apenas la había visto desde aquella tarde. Ella no bajó al comedor aquella noche. Y al otro día, le mandó una nota diciéndole que se encontraba indispuesta. Y tampoco había bajado al comedor durante los dos días siguientes.
Solo la había vuelto a ver durante la comida, hacía escasamente una hora. La había visto entrar silenciosamente en el comedor, y casi no la había reconocido. Ella estaba muy pálida, con unas enormes ojeras debajo de los bonitos ojos azules, que le habían parecido extrañamente opacos. Había retirado inmediatamente la vista de ella, cuando sus ojos se encontraron. Había estado a punto de sentir lástima, pero la imagen de ella y Lucius apareció nítidamente en su cabeza.
Había roto una copa. Youko y Remus lo miraron extrañados, pero ninguno dijo nada. Era mejor no hablar con él cuando estaba así. Casi sintió ganas de romper la carta que estaba escribiendo al acordarse.
Llamaron suavemente a la puerta.
- PASE!!- gritó desconsideradamente. Y ante él, apareció una muy desmejorada Saffron. De cerca, aun se veía peor. Una punzada de lástima se abrió camino en su estómago.
“Basta” se dijo furioso “basta, basta”.
- ¿Qué es lo que quiere?- dijo todo lo venenosamente que pudo. Ella lo miró en silencio, la mirada casi extraviada.
- Yo... solo quería continuar estudiando...
Él asintió, los nervios crispados.
- Elabore la primera poción que se le ocurra. Y no me moleste bajo ninguna circunstancia. – apenas la miró mientras hablaba. Sabía que si la miraba, no podría dejar de gritarle, y llamarla “estúpida”. Y algo le dijo que en ese momento no era una buena idea.
Ella se quedó de pie, silenciosa, sin saber muy bien que hacer. Después, lentamente, se había acercado hasta su mesa, y había comenzado a elegir ingredientes.
Aquella tarde no hubo té. Ni risas, ni siquiera conversación. Ella estaba extrañamente silenciosa. De hecho, era la primera vez que él la veía callada.
No le gustó.
Ella parecía moverse mecánicamente, pesando y cortando los ingredientes. Cuando él cerró un libro con más fuerza de la acostumbrada, ella se sobresaltó. A él le pareció extraño, pero no se amilanó. Estaba decidido a ser implacable con ella.
De nuevo llamaron a la puerta.
- Adelante- dijo agriamente Severus. Y el visitante le agrió aun más. Miró con furia incontenible a Lucius Malfoy.
- Severus, confío que estés bien- dijo el socarronamente. Y enseguida la vio. Una mueca divertida asomó a sus labios- Ah, y la encantadora Saffron, estudiando aplicadamente el delicado arte de las pociones. ¿Es una alumna complaciente, Severus?. Estoy seguro de que sí lo es...
Ella se había dado la vuelta en cuanto escuchó su voz. No quería mirarlo. Respiró agitadamente, la sangre se le subió a la cabeza. Sintió que estaba a punto de desmayarse, pero se sujetó con fuerza al borde de la mesa. Todo daba vueltas a su alrededor. Sin querer, tiró un pergamino al suelo.
Severus había estado a punto de sacar su varita y lanzar alguna maldición a Lucius. Pero no lo hizo. Observó como él miraba descaradamente a Saffron, mientras esta permanecía de espalda a ellos. Crispó las manos y miró amenazadoramente a Lucius, mientras este le daba una sonrisa satisfecha. Severus estaba enfadado, mas que nunca. Iba a decir algo, cuando escuchó que Saffron tiraba algo al suelo.
Ella se agachó a recoger el pergamino lentamente. Y, en ese momento, las miradas de Severus y ella se cruzaron.
Lo que Snape vio en sus ojos le hizo sentirse el hombre más miserable del mundo. Sintió como si lo hubieran abierto en canal y lo hubieran dejado hueco. Porque en los ojos de Saffron no había visto nerviosismo o vergüenza. Había visto terror. Y de repente, toda la situación (ella y Lucius encima de la mesa) cobró su autentico significado.
Por segunda vez aquella tarde, se sintió estúpido.
- Saffron- dijo con voz irritada- ¿puedes hacer el favor de buscar diente de dragón?.
Ella lo miró un segundo agradecida, mientras él permanecía inmutable. Cruzó el despacho rápidamente, y se introdujo el anexo de los armarios. Cerró la puerta, y se dejó caer, sus rodillas estrellándose contra el suelo. Suspiró aliviada.
Cuando escuchó la puerta del despacho se puso en pie. Lucius ya se habría marchado. De todos modos, decidió esperar un momento, no fuera a ser que aun estuviera allí.
Un segundo mas tarde, escuchaba la puerta del anexo abriéndose. Severus entró. Y cerró tras de sí.
- Saffron- llamó él.
Ella lo miró, mientras el se acercaba implacable, cada vez más grande debido al efecto de las sombras que proyectaban las tenues luces de las velas.
Él llegó hasta ella.
- ¿Qué es lo que te dijo?- preguntó simplemente.
Ella negó con la cabeza. No podía hablar. Se lo había dicho bien claro: si le decía algo a Severus, lo pagaría.
Pero Severus no se contentó. Repitió la pregunta, levemente irritado, cada vez mas cerca. Ella dio un paso atrás, y otro, y otro.
Pero el cada vez estaba más cerca. Mas cerca. La espalda de Saffron chocó contra un armario. Frente a ella, el se alzaba como un muro infranqueable.
- ¿Qué es lo que te dijo Malfoy?!- ahora él estaba gritando, y la cogía por los hombros. Podía sentir la respiración tibia de el sobre su cara, la energía de sus manos en sus hombros. Algo dentro de ella se quebró cuando él la tocó. No pudo más. Simplemente, no podía más.
Comenzó a hablar, las palabras mezcladas con las lágrimas. Y una vez que hubo empezado no pudo parar. Fue como si hubieran abierto un grifo. Ella sollozaba, mientras él la escuchaba impotente.
- ... y yo... quería decírtelo, pero no me atreví... y tu... tu... - el no quiso escuchar más. Ni una sola palabra más. Se había equivocado. De nuevo había vuelto a equivocarse. Se sintió completa y rematadamente estúpido. Sabía qué debía consolarla de algún modo, pero no sabía como. Los slytherins no lloran; nunca había tenido que hacer aquello. Torpemente, pasó sus manos por la cara de ella, para quitarle las lágrimas.
Le cogió completamente desprevenido que ella lo abrazase. Ella se aferró a el como si fuera a hundirse, estrujándose contra su cuerpo. Saffron temblaba, y él la apretó mas fuerte. Ella escondió la cara en su cuello, y él pudo sentir las lágrimas ardiéndole en la piel.
- Tranquila- dijo el suavemente, acariciando levemente su pelo- Tranquila.
La respiración de ella fue calmándose, pero no se soltó. Él siguió conteniéndola, pero tampoco deshizo el abrazo. Severus no sabía cuanto tiempo habían pasado así: lo mismo podian ser segundos que años. No pensaba otra cosa mas que confortarla, intentado resarcirla de la estupidez que él había cometido. Ella lo había pasado mal por su culpa, porque el no había visto la verdad.
Severus pensó que ella era extraña y agradablemente cálida. Y que olía a naranjas. Nunca antes se había dado cuenta de que olía a naranjas. Claro que nunca antes habían estado tan cerca. La calidez fue aumentando. Cada vez más.
De repente, el sutil roce de los labios de ella contra su cuello lo devolvieron al mundo real.
El y ella. Apretados contra un armario.
Se separó lentamente de ella. Saffron lo miró, entre sonrojada y confundida. Parecía ligeramente mareada.
- Vamos a ver a Dumbledore- dijo él con la voz ronca. Ella asintió en silencio. La voz no le habría salido. Caminó vacilante unos pasos. El se volvió hacia ella, y sin decir nada, la tomó del brazo. Por los pasillos, algunos alumnos vieron el extraño espectáculo y se deshacían en murmullos. Pero ella no veía nada.
La entrevista con Dumbledore se le pasó inusitadamente rápido. Severus se lo contó todo rápidamente, y el director miró a ambos con expresión grave.
- Saffron, querida- dijo lentamente- me temo que estamos ante una situación delicada. Deberás andar con cuidado, y estar atenta a cualquier acto sospechoso. Y desde luego, debes procurar no quedarte nunca sola.
- Yo me hago cargo- dijo Severus imperturbable. Dumbledore lo miró fijamente unos instantes, pero no pareció sorprendido en absoluto.
- Desde luego- asintió el director. Continuó hablando. Saffron apenas lo escuchaba. Se sentía extrañamente cansada, como si la tensión de todos los días anteriores hubiera cedido, dejándola en paz. También sentía un extraño hormigueo por todo el cuerpo, desde la coronilla, hasta la punta de los pies.
Cuando salieron del despacho de Dumbledore, ella le dijo que quería ir a dormir. Él asintió, y la acompañó hasta la puerta de la habitación.
- Buenas noches- dijo ella dulcemente, cerrando lentamente la puerta. El se despidió, y se dirigió pensativamente hasta el comedor.
Aun podía sentir el tembloroso cuerpo de ella contra el suyo.
" Cuando no hay escape posible... "
por
Youko (
1:21 AM )
Cuando Youko salió de la ducha el lunes por la mañana, tuvo la extraña ocurrencia de quedarse casi diez minutos esperando que sonaran los golpes en su puerta. "Pero mira que soy imbécil", pensó mientras se cerraba la túnica y se recogía el pelo en una cola floja. Al parecer alguien ahí arriba había decidido ser compasivo con ella y Lucius Malfoy no había sustituido a su despertador… Recogiendo unos cuantos pergaminos que había dejado la noche anterior sobre el escritorio (algunos trabajos de primer año que Remus le había pedido que corrigiera), salió de su habitación rumbo al comedor para desayunar. Junto a la puerta de la sala común de Slytherin se encontró al profesor Snape.
-"Buenos días Severus"—saludó sonriendo ligeramente al oscuro profesor.
-"Buenos días Youko. Pareces de muy buen humor hoy"—comentó el profesor mientras empezaban a andar por el pasillo. Un par de chiquillos de primer año de Ravenclaw los adelantaron corriendo haciendo tambalearse a Youko, ya que uno había pasado rozándola.—"¡Veinte puntos menos para Ravenclaw por correr por los pasillos!"—gritó Severus mientras sujetaba por un brazo a Youko para que no cayera, aunque los pergaminos que llevaba acabaron en el suelo. Severus los recogió todos con un movimiento de varita, pero él se quedó con la mitad de los pergaminos y Youko con los otros.
-“Muchas gracias Severus. La verdad, no se por qué no pueden ir con más cuidado por los pasillos... ni que esto fuera una pista de atletismo”—agradeció la joven mientras empezaban a andar otra vez. Los detuvo una voz tras ellos.
-“Disculpe profesora. Pero se habían dejado uno”—Youko maldijo a la voz melosa tras ellos. No había tenido a Lucius Malfoy aquella mañana pero sí que tendría a Draco Malfoy... El joven se acercó a ellos, saludó al Cabeza de su Casa y ofreció, mirando a Youko—“Si me permite que le lleve eso, profesora...”—y casi sin esperar respuesta cogió con cuidado los pergaminos que Youko aun tenían en las manos.—“¿Vamos? Nos perderemos el desayuno”—dijo con una mueca divertida mirando primero a Youko, que se había quedado muda y que ya notaba como le empezaba a subir el sonrojo y después a Severus, que miró también disimuladamente a la joven y se tragó una sonrisa. Desde luego lo de aquellos dos podría ser divertido... mientras no resultara perjudicial...
-“S-sí, claro. Gracias por la ayuda”—murmuró al tiempo que intentaba recomponerse un poco y empezaban a andar de nuevo.
Durante el camino hablaron poco, sobre todo del partido del sábado y de lo forzados que habían jugado los jugadores de Ravenclaw, aunque para ellos había sido claramente ventajoso. Ante las puertas de comedor y ya a punto de entrar Youko se detuvo.
-“Creo que será mejor que primero vaya al despacho de Remus y deje los pergaminos”—dijo mientras cogía los que llevaba Severus. Iba a coger los que llevaba Draco también pero el chico fue más rápido y se apartó.
-“Permítame acompañarla. Así seguro que no le vuelven a caer”—ofreció el Slytherin, sin darle ningún cuartel a la joven. Había estado esquivándolo toda la maldita semana anterior, así que ahora no iba a despegarse de ella.
Severus iba a decir que ya la acompañaba él, más que nada para que Youko pudiera escaparse de Malfoy, pero vio que dentro del comedor, en la mesa de su casa, había montado un pequeño lío, y por como se reían los gemelos Weasley tenía que ser una de las suyas...
-“Bien, si me disculpáis, voy a ver que han hecho esos dos monstruos esta vez...”—y lanzando a Draco una mirada que decía claramente “como te pases un pelo, te la ganas”, entró en el comedor.
Youko suspiró ante su mala suerte y le indicó a Draco que la siguiera.
-“¿Por qué has estado rechazando mis mensajes e intentos de hablar contigo?”—preguntó Draco cuando comprobó que no había nadie en los alrededores.
-“Porque no creo conveniente acudir a tus citaciones. Eres un estudiante y yo una profesora”—respondió Youko sin ni siquiera mirarle y tan fríamente como pudo.
-“Técnicamente no eres mi profesora, sino una ayudante”—corrigió Draco.—“Que yo sepa no hay nada en el reglamento en contra de eso...”.
Youko maldijo interiormente otra vez. A este chico no se le escapaba una...
-“¿Por qué huyes de mi?”—preguntó más suavemente Draco esta vez, girando un poco la cabeza para ver a la joven a su lado. Los rasgos de Youko se endurecieron.
-“Eso no es asunto tuyo. Y no huyo de ti. Tan solo me mantengo a distancia...”—respondió mientras por dentro suspiraba de alivio al ver la puerta del despacho de Remus que se abría y a Remus saliendo. “Gracias a Merlín por lo pequeños favores...”, pensó.
-“¡Hola Youko! Buenos días señor Malfoy”—saludó Remus al par.—“¿Preparada para empezar esta tarde con el infierno?”—ciertamente el profesor Lupin se veía extrañamente animado hoy...
-“¿Infierno?”—preguntó Malfoy arqueando una ceja rubia y mirando alternativamente a los dos profesores.
-“Si, esta tarde empezamos con el salón de duelos. Y va a ser un infiernos porque el director tuvo la brillante idea de juntar a las casas de dos en dos para las clases”—explicó el profesor mientras tomaba los pergaminos que Draco llevaba en las manos.
-“¡Ops! Creo que ya entiendo por qué será un infierno. Slytherin y Gryffindor van juntos, ¿no?”—afirmó Draco, sin poder evitar una mueca: buena ocasión para intentar machacar a Potter.
-“Desgraciadamente sí. Y le agradecería señor Malfoy, que intentara no causar incidentes durante las clases. No me ha visto verdaderamente enfadada y no creo que esté en su mejor interés verlo”—dijo Youko con un borde afilado en la voz.
Draco tuvo la decencia de palidecer ligeramente. Realmente si la había visto muy cabreada una vez, cuando todavía estudiaba en Hogwarts... y el chico que la puso en tal estado pasó una semana en la enfermería... después de que lo estrellara repetidamente contra una pared. Por supuesto nadie vio nada, así que ningún profesor pudo castigarla... aunque de una buena reprimenda de Snape no se libró...
Mientras Remus y Youko dejaban los pergaminos en el despacho adyacente al aula de DADA, Draco esperó fuera e intentó calibrar en su cabeza las reacciones de la chica. Ciertamente no estaba siendo tan fácil como había creído en un principio. Los drásticos cambios en el temperamento de Youko la hacían indescifrable la mayor parte del tiempo, pero sabía que podía presionar un poco más cuando la veía ruborizarse... Cuando los dos profesores salieron del despacho se encaminaron al comedor. El profesor Lupin enganchó a Draco en un pequeña conversación sobre las clases y Youko se limitó a escuchar, comentando algo de vez en cuando. Entraron al comedor por un pasillo lateral y despidiéndose de Draco, los dos maestros avanzaron hasta la mesa principal. Youko miró por encima a la mesa de Slytherin mientras pasaban: Pansy la miraba con ojos asesinos y bufaba como una gata rabiosa al verla entrar con Draco, Andrew Kennit y Thomas Derstein tenían el pelo de color amarillo canario (evidentemente, el resultado de la broma de los Weasley) y Laia... bueno, Laia seguía observándola disimuladamente.
Ocupando su lugar en la mesa principal, no pudo evitar notar que Charlotte no estaba aquella mañana. Mirando con disimula a Remus, puedo ver que la expresión animada que tenía cuando habían entrado al comedor se desvanecía. En cierto modo la entristecía ver que aquellos dos no se aclaraban... pero ella tampoco deseaba meterse de por medio. Bastante tenía con sus problemas...
Cuando terminaron de desayunar se dirigieron hasta el aula sin mediar palabra. Remus parecía muy metido en sus pensamientos que apenas se dio cuenta de que los alumnos del tercer año de Hufflepuff le observaban un poco desconcertados desde los pupitres.
-“¡Remus!”—llamó Youko por lo bajo al profesor, que alzó la vista un poco confuso. Youko le señaló con la cabeza a la clase y el profesor, disculpándose, empezó la clase. Suspirando interiormente, Youko se acomodó en su silla y escuchó las explicaciones de Remus.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Eran casi las cinco de la tarde cuando Youko avanzó por los pasillos de camino a su habitación en la Torre Serpens. La primera clase de duelo había ido muy bien. Claro que Ravenclaw y Hufflepuff eran dos casas bastante tranquilas, y los alumnos de tercer año que habían tenido no tenían un conocimiento tan amplio de hechizos para duelo como los que podrían tener los cursos superiores...
De pronto, al pasar junto a uno de los pasillos laterales, alguien la cogió de la mano, le tapó la boca y casi la arrastró hacia el pasillo en ligera penumbra. En cuanto el pánico y la adrenalina se metieron en su cuerpo, dobló una de sus piernas hacia atrás intentando alcanzar a quien fuera que la estaba sujetando, esperando hacer impacto en alguna zona delicada. Y por el fuerte “¡Auch! ¡Joder, eso duele!”, supo que: uno, había hecho blanco, y dos, que quien la estaba sujetando era Draco.
Malfoy la soltó y se dobló casi por la mitad, maldiciendo imaginativamente a la puntería de Youko. La joven primero lo miró desconcertada. Una vez el miedo empezó a bajar, lo reemplazó la furia.
-“¡¿Pero tú estás loco?! ¿Cómo se te ocurre cogerme y arrastrarme a un pasillo casi vacío?”—susurró indignadamente Youko mientras miraba a ambos lados del corredor por si alguien los había visto.—“¿No te das cuenta de que te podría haber hechizado?”.
-“Vale, vale. Lo siento. Pero quería hablar contigo... a solas. Y en vista de que rechazas todos mis intentos de quedar contigo, he tenido que pasar a otra táctica”—dijo Draco ya más recuperado mientras se enderezaba.—“Buena puntería, por cierto...”.
Youko lo miró furiosa una vez más.
-“Pues más te vale no volver a repetirlo”—y con esto se dispuso a dar la vuelta y salir de aquel corredor.
Pero Draco fue más rápido y cogiéndola otra vez de la mano, dio un tirón y la entrampó contra la pared, poniendo sus brazos a ambos lados de la chica para que no pudiera escapar. Los ojos de Youko se dilataron a más no poder, mirando a Draco completamente alucinada.
-“Esta mañana no has contestado a mi pregunta. ¿Por qué me rehuyes?”—volvió a inquirir Draco con voz suave y baja, su rostro casi pegado al de Youko.
-“¡¿Qué?! ¿Estás loco? Déjame salir. ¡Y yo no te rehuyo!”—Youko miraba a todas partes intentando encontrar una salida... sin tener que dañar a Malfoy físicamente de nuevo...
-“Sí lo haces. En cuanto me ves sales corriendo. O te juntas con más alumnos para evitar que me acerque. Pero cuando lo consigo y te hablo, te sonrojas y te pones nerviosa”—dijo Draco mientras se acercaba un poco más, lo cual ya parecía casi imposible. Cuando hablaba sus labios prácticamente rozaban los de una Youko muy turbada.—“Se que no te soy indiferente, que puedo llegar hasta la persona que se esconde tras esa capa de hielo. Sólo quiero que me des una oportunidad”.
Para aquel momento, la cara de Youko tenía tal color que habría puesto verde de envidia a un tomate maduro. Pero se sentía totalmente incapaz de apartar sus ojos de los grises de Malfoy.
-“N-no lo hago...”—aquello salió más como un gimoteo que como una frase. Iba a decir algo más pero se le perdieron las palabras cuando Draco la besó de nuevo, con más insistencia que aquella primera vez junto a las gradas. Y no se apartó hasta que notó que Youko se relajaba ligeramente y devolvía el beso con suavidad y desconcierto. Casi con rendición absoluta. Se apartó y la observó.
-“Dame una oportunidad, por favor”—insistió de nuevo intentando coger la mirada de la chica, que había desviado su vista al suelo. Un sus piro suave y resignado escapó de los labios de Youko.
-“No lo se Draco... Dame tiempo... necesito tiempo para pensar... Hay demasiadas complicaciones...”—Youko intentó hacer comprender al muchacho que aquello era una locura y que no iba a ser un camino de rosas.
-“¿Por complicaciones te refieres a mi padre?”—preguntó Draco con suavidad mientras con una mano alzaba el rostro de la chica para mirarla directamente a los ojos. El ligero ensanchamiento de sus pupilas le dio su respuesta.—“¿Crees que no se que mi padre anda urdiendo planes por aquí? Se que tiene gente que le informa de cada movimiento que se hace en la escuela. He intento descubrir quienes son. Por eso te advertí de que tuvieras cuidado con Wallravenstein. Te observa demasiado y sospecho que ella puede ser uno de sus espías”.
-“¿Por qué me cuentas a mí todo esto? Deberías decírselo al profesor Snape”—dijo Youko soltando su cara de la mano de Draco y apoyando la frente contra el hombro del chico.
-“Porque me preocupa tu seguridad. Yo se cubrirme muy bien las espaldas. Lo he hecho toda mi vida. No soy un Malfoy por nada. Y el profesor Snape también sabe como protegerse...”—respondió mientras dejaba caer los brazos a sus costados, dándole espacio a Youko para salir.—“Prométeme que te lo pensarás”.
Youko dudó durante un momento y después asintió. Empezaban a dirigirse hacia la salida del pasillo cuando alguien cruzó por delante de la entrada del corredor. Youko palideció y Draco se tensó como un arco. Lucius Malfoy acababa de pasar sin darse cuenta de su presencia, gracias a los dioses. A los pocos segundo pasó Laia, con una extraña expresión en la cara. ¿Aquello que era: rabia, celos?.
-“Mejor salgo yo primero”—dijo Draco con la voz tensa. Youko asintió y le vio salir y dirigirse hacia la sala común de Slytherin, evidentemente, no tenía ningún deseo de encontrarse con su padre en aquel momento.
Youko se apoyó contra una pared y se llevó una mano al corazón, intentando que recuperara su velocidad normal y no las 200 pulsaciones por minuto que tenía desde hacía un buen rato. Iba a salir del corredor cuando pasó una exhalación de pelo rojo. Saffron Bahn. Con el rostro lleno de lágrimas y corriendo hacia la torre de Ravenclaw. Dudando un momento sobre ir a su habitación y encerrarse ahí hasta el siglo que viene y seguir a Bahn, que tenía muy mal aspecto, optó por lo segundo. ¿Qué podía haber pasado para que aquella chica tan alegre estuviera en tal estado?.
Llegando hasta la torre de Ravenclaw, le pidió la contraseña a uno de los alumnos que estaban por fuera, diciéndole que quería ver a Saffron Bahn. El chico le dio la contraseña y le indicó que el dormitorio de la pelirroja estaba arriba de los de los séptimos años. Dándole las gracias, pasó por la puerta abierta y subió las escaleras. Parándose ante la puerta de Bahn, escuchó un momento. No se oía nada. Levantó la mano y llamó repetidas veces hasta que Saffron abrió la puerta.
" Otro encuentro más y acabará conmigo "
por
Laia (
9:11 PM )
Laia golpeó la mesa con fuerza.
“Gilipollas”
Se insultó varias veces a si misma durante unos segundos. ¿Cómo había sido tan imbécil de olvidar copiar esas cantidades que eran necesarias para realizar la poción? Tenía trabajos, centenares de trabajos, debía ducharse, ir a hablar con Snape y además de estar perdiendo el tiempo con la poción, no había copiado cuanta sangre y cuanta árnica era necesaria.
Se apoyó en la silla y miró la sala común. Por fortuna estaba vacía... desde hacía demasiado rato. Agarró su bolsa y metió la libreta dentro. Tendría que volver a la sección prohibida esta noche.
"Maldita sea"
Se dirigió a la puerta de salida para ir a las cocinas a comer algo cuando de pronto oyó unos ruidos fuera. Parecía haber una buena reunión, pues se oía un griterío y un cúmulo de increpaciones que parecían estar a punto de terminar en pelea.
"Cómo salga y vea a Potter y sus amiguitos pavoneándose les paso el mismo té que le dí a McGuillan"
Bajó el paño para salir pero...
Imposible, el paño no respondía, estaba completamente helado e inmóbil. Apoyó su oreja en la puerta y alcanzó a oir una voz masculina bastante enfadada que se iba acercando al lugar.
- ¡Dejad paso!
¡Ignis fluxus!Laia abrió los ojos alucinada al oir el hechizo [no es que lo conociera, es que sabía que significaba en latín] y se apartó rápidamente de la puerta. Un torbellino de fuego prendió la cerradura al rojo vivo y se oyó un “
Auch” proveniente del cuadro responsable de las contraseñas. Lentamente, la puerta se fue abriendo, dejando ver un enorme contingente de slytherins embobados mirando como un lejano descendiente de los Black intentaba apagar varios fuegos dentro de su lienzo.
Jameson entró el primero, farfullando indignado.
- A ver si en vez de llamar continuamente a Snape cambiamos a Black por otro, que no hace más que crear problemas.
“¡Te he oido maldito bisnieto de squib!”
Black, completamente airado, fue insultando a cada uno de los alumnos que entraban en la casa, que estaba cada vez más llena de alumnos deseosos de encontrar un sitio en las mesas del lugar y pasar charlando las horas muertas de la tarde.
Laia salió de la sala e intentó alcanzar al profesor Snape. Teniendo en cuenta lo rápido que andaba Severus Snape, no le alcanzó hasta cruzar medio colegio. Igualmente, Snape parecía inusualmente tranquilo, teniendo en cuenta las suaves y casi agradables miradas de persona normal que desprendía.
- Profesor... Le quería pedir el horario de las reuniones y unos permisos para usar el campo de quiddich para entrenar durante esta semana.
Severus Snape frunció el entrecejo y con una mueca [amago de sonrisa] asintió. Incluso se permitió el lujo de opinar.
- Muy buen partido Wallravenstein. Gracias a la enfermedad de McGuillan hemos podido apreciar su talento en el campo. Supongo que ya sabe que es titular para toda la temporada.
Laia le sonrió simulando modestia mientras echaban a andar.
- Venga a mi despacho, tengo los horarios sobre la mesa. En cuanto a los permisos, no será difícil, teniendo en cuenta que últimamente Gryffindor y Hufflepuff tienen monopolizado el campo.
- Bueno, el caso es que...
Pero Laia no llegó a terminar nunca la frase, pues una vez Snape hubo abierto la puerta del despacho, lo que vio en su interior la dejó sin palabras.
Lucius y ¿Saffron?
Aún de espaldas, Lucius era completamente reconocible. De pronto se giró, despacio, muy despacio, y sin percatarse de la presencia de Laia fijó su vista en Snape.
- Ah, Severus. Te estaba esperando. Aquí está todo. Escríbeme cuando hayas llegado a una conclusión.
Laia miró a Saffron completamente alterada. Una especie de odio mezclado con celos bullía en su interior. No le importaban las apariencias, en ese momento su entrecejo no podía estar mas fruncido. Oyó la sigilosa voz de Lucius de nuevo.
- O mejor no te preocupes, vendré de vez en cuando por aquí.
La reacción de Saffron ante lo dicho por Lucius fue un ligero respingo que Laia no supo interpretar ¿Simples nervios? Quizás un poco de miedo, el señor Malfoy imponía y bastante gente evitaba tratar con él, tenía buenos contactos y poder político. Intentó descubrir en los ojos de Saffron la explicación a esa situación. ¿Saffron y Lucius? No podía ser ¿Saffron tenía tratos con Lucius? ¿Y porque estaban tan peligrosamente cerca? ¿Acaso a Lucius le interesaba Saffron por algo? ¿Va a venir a verla otra vez? ¿Por qué ella? ¿Por qué? ¿Por qué?
Laia bajó la mirada. Estaba furiosa. De reojo vio como la capa de Lucius se movía y éste desaparecía del despacho de Snape. No quería hacerlo, quería quedarse allí, inmóbil, recoger el papeleo que tenía que recoger y largarse.
- Disculpe profesor, olvidé un libro en la biblioteca y temo que lo pillen antes que yo.
Y en un momento ya estaba corriendo por los pasillos buscando a Lucius Mafloy con la mirada.
“Eres débil”
Si, seguramente eso le diría Lucius Malfoy cuando le encontrara.
Lo curioso del caso es que no hacía falta que Laia le buscara, Lucius Mafloy también la estaba esperando esta vez.
La sorprendió en una esquina y la hundió entre las sombras. La miró fijamente y sonrió con ironía.
- ¿Descubres de antemano mis visitas a Severus Snape o debería pensar que pasas demasiado tiempo en su despacho?
Laia abrió los ojos desconcertada. ¿Pero qué intentaba decir? ¿Qué se pasaba el día entero en el despacho de Snape POR VOLUNTAD PROPIA?
- Quizás... eres tu quien va demasiadas veces.
Lucius se apartó un poco.
- ¿Qué libro tienes que ir a buscar?
Lucius intentó simular una sonrisa que pretendía ser paternal, aunque no lo consiguió. Laia abrió la boca y vaciló.
"No se le escapa una"
- ¿Acaso es importante? Uno de Defensa.
Laia agarró la bolsa con fuerza. Lucius sonrió, no se lo había creído.
- Temo decirte que el libro que buscas ya está cogido.
Laia abrió los ojos perpleja. ¿Cómo podía saber él...? ¿Es que la estaba espiando? Lucius vigiló que nadie les escuchara y continuó hablando.
- La sección prohibida está más concurrida de lo que piensas. El caso es que... hay gente que si puede coger libros de esa sección y da la casualidad que el libro que necesitas lo tiene otra persona.
Con nerviosismo, Laia se quedó mirando el suelo. Lucius continuó.
- Tengo que irme ahora, si me ve Dumbledore aquí podría sospechar.
Y así se fue, sin despedirse. Laia miró el pasillo ahora vacío y suspiró. Arrastró los pies y se dirigió a las mazmorras a buscar los horarios y los permisos.
Cuando entró en el despacho se encontró a Snape recostado en su sillón. De Saffron no había ni rastro. Se fue acercando con cautela, y de reojo vio un tarro estrellado en el suelo.
“Señor, ya vuelve a estar de mal humor”
Snape cogió furioso un fajo de hojas y se las acercó a Laia.
- Tome ¡Y lárguese!
_____________
Ya recostada en la cama Laia hizo un resumen del día. Horrible. No había conseguido el libro, Lucius Malfoy conoce a Saffron Bahn [y de cerca, además] y Severus Snape daba verdadero miedo.
Cogió el horario de prefectos. La reunión del martes [es decir, mañana], había sido violentamente tachada. No, no habría reunión, Snape estaba demasiado enfadado.
Laia solo podía regocijarse en el sufrimiento y el dolor psicológico que tendrían que sufrir mañana los gryffindor en pociones con un Snape tan furioso y alterado.
Pansy se acercó a Laia y le arrebató los horarios de un golpe. La sonrió maliciosamente y espetó.
- Voy a enseñar los horarios a Draco.
Laia la miró lacónica y, una vez Pansy hubo salido fuera de la habitación, una chica llamada Maggie susurró divertida.
- Ni con esa excusa Draco dejara que Pansy entre en su habitación.
- ¿Están peleados?
Maggie vaciló.
- No... solo que últimamente Draco se ha puesto muy rebelde y parece ser que eso de tener prometida le da repelús. Un Malfoy se moderniza... No me lo puedo creer.
Y dicho eso empezó a reir. A que reprocharle nada. Era cierto, los Malfoy eran muy antiguos en costumbres, tremendamente tradicionales y conservadores. Ella también se había criado en un entorno similar y conocía lo suficiente a los Malfoy como para asegurar que era de las familias más ideológicamente intransigentes.
Ciertamente, Pansy volvió a los pocos minutos con el mismo número de papeles con el que había salido de la habitación. Bufaba exasperada.
_____________
A Laia le resultó imposible conciliar el sueño. Estaba demasiado nerviosa y frustrada. Si, frustración era la palabra. Esa noche la luna reflejaba toda la estancia, y con el sueño ligero que tenía le resultaba imposible dormir. Además ¿No hacía mucho calor? Bajó de su cama y se puso en pie. Un ligero mareo le dio a entender que tenía la tensión baja. Salió de la habitación.
Allí, en la sala común, inusitadamente coloreada de azul cielo debido a la luna, estaba Mary-Sue, su gata, que con el contraste de luz resultaba fantasmagórica e irreal. De pronto su gata empezó a moverse lentamente y Laia la siguió con la mirada, completamente hechizada por sus movimientos. Ésta parecía querer salir de la sala común y bajar las escaleras de la torre, y así lo hizo. Una vez abajo, Laia estaba casi dormida debido a un extraño cansancio, seguramente fruto de los nervios que había pasado durante todo el día.
Y allí, en la enorme antesala de la torre, la gata fue acercándose a una persona. La luna que traspasaba las vidrieras reflejaba perfectamente una larga mata de cabello rubio, que en ese momento parecía platino.
“Lucius Mafloy”
Lentamente, bajo su capa oscura, la silueta de Malfoy fue acercándose a Laia, que no hizo nada para evitar ser acorralada. Él se acercó lo suficiente como para que ella pudiera sentir su cálido aliento.
- Tengo un regalo para ti.
Laia hizo una mueca extraña e intentó mantener la mirada de Lucius [algo prácticamente imposible, tratándose de Lucius Malfoy]. Él se acercó más y, de manera estudiada, juntó su mejilla contra la de ella, acercándose a su oreja, cuando le susurró.
- No me ha sido difícil, Bahn es una buena chica y no se ha dado cuenta.
Laia abrió los ojos furiosa y se rebeló contra Malfoy, pero siendo tan alto le impedía moverse. Aún así, ella en realidad no quería liberarse.
Con las piernas cada vez más débiles, Laia sintió como Malfoy cogía su mano y le daba algo. Era un libro.
Luego le levantó la cara con un pulgar y se acercó hasta casi rozar sus labios.
- Confío en que sea el libro que necesitabas.
Al momento se alejó lentamente, dejando a Laia apoyada en la pared mirándolo fijamente. Cuando él hubo marchado, Laia desvió perezosamente su mirada al libro.
“Secretos y misterios de las civilizaciones perdidas”
Sonrió levemente, una sonrisa que se apagó cuando cogió el libro y vio que algo sobresalía en su interior.
"¿Un punto de libro?"
Abrió el libro por el lugar donde se encontraba el papel blanco.
“Pociones centro-americanas: La riqueza del Yucatán, por A. J. Malfoy."
Luego se fijó en el papel.
Era un delgado sobre.
" Comparaciones de la realidad "
por
Charlotte (
9:39 PM )
Mientras se alejaban del bosque, Charlotte no había pensado en nada, por su mente no habían pasado preguntas del tipo: ¿por qué me dirigía hacia el bosque? ¿por qué no me di cuenta de mis actos? ¿por qué había sentido ese frío repentino cuando Remus la sacó de su ensimismamiento?
No, ninguna de esas preguntas, ni otras parecidas, habían pasado por su cabeza.
Cuando el frío la cubrió, sólo supo acurrucarse contra Remus, en un acto reflejo, en la búsqueda de la protección que tanto había anhelado durante esos últimos años.
¿Por fin había encontrado esa protección? Eso podría haber afirmado en ese momento, pero ahora, tumbada en su cama, y tiritando, no sentía esa protección en ninguna de sus variables.
Remus la había acompañado hasta su habitación, había preguntado algo, pero ahora no recordaba qué era. Sólo tenía una leve sensación de cómo había sido la situación, pero no lograba recordarla con claridez. Sólo sabía que había conseguido meterse en la habitación tras cerrar la puerta en las narices de Remus y se había metido en la cama a trompicones.
Durante breves segundos venían a su mente imágenes de Remus agarrándola, y de su voz diciendo: "¿Te encuentras bien?"
No podía pensar nada más. El frío que sentía era insoportable, y ella continuaba tendida en la cama, bajo un incontable número de mantas, sin poder dejar de tiritar. Se sentía enfebrecer por momentos. Pero ¿no hacía mucho de la última vez que eso había ocurrido?. Había sido hacía unos cinco meses, cuando unas terribles fiebres la amenazaron, llegaron cargadas de pesadillas imposibles y de un vacío sin forma que lo cubría todo. Un vacío sin forma que se quedaba frente a ella y se reía con voz hueca y chirriante:
"¡¡Ya te dije lo que ocurriría si intentabas evitarme!!"
Más risas.
"¡¡Te lo dije, te avisé, pero evitaste mis palabras, mis advertencias... intentaste OLVIDARME, ¡¡ESCONDERTE!!... No,no,no... niña tonta, por fin aprenderás que eso es imposible!!!!!"
Más risas, más risas, muchas más risas.
Y esos sueños la seguían atormentando, esos sueños habían vuelto, esos sueños llenaban su mente en aquel mismo instante.
__________________________________Harry y sus amigos seguían hablando de lo ocurrido más de una semana después del partido. Un día, después de volver de cenar se sentaron en la sala de la Torre Gryffindor y comenzaron a hablar de nuevo.
- "Entonces, ¿qué creéis que sucedió entre Jenkins y Lupin?" - Preguntó Ron por n-ésima vez. La pregunta pareció fastidiar a Hermione, desde el principio había intentado alejarse de todo lo que pudiese concernir a esa tal Jenkins, pero parecía que el inusitado interés de Ron no disminuía con el tiempo, ni siquiera ahora, cuando no habían vuelto a verla en más de una semana. - "Puede que tenga algo que ver con que ella no haya vuelto a aparecer por el comedor." - Dijo Ron tras el silencio de sus amigos.
- "No digo que no me parezca extraño, Ron." - Dijo Harry. - "Pero tampoco entiendo por qué tienes tanto interés. No veo que las cosas se salgan mucho de lo normal."
- "Sí, lo que pasa es que cuando las cosas son evidentes, nunca las ves, Harry. Para que algo te interese tiene que estar más escondido que un centauro en el Bosque Prohibido." - Dijo Ron malhumorado.
- "Que..!"- Intentó decir Hermione, pero Ron la cortó y continuó hablando.
- "Que las cosas extrañas no tengan que ver con-quien-tu-sabes, no quiere decir que sean menos importantes."
- "¿Y se supone que llevo una agencia de investigación para tener que ocuparme de todos los problemas del mundo?" - Dijo Harry un tanto enfadado.
- "AH! ¿crees que eres el único que podría?!" - Respondió Ron desafiante.
- "Ah! ¿sí? ¿Qué quieres decir con eso?!" - Preguntó Harry.
Pero antes de que ninguno de los dos pudiese contraatacar Hermione profirió una voz que les dejó en silencio.
- "Lo que me faltaba. No voy a permitir que empecéis a discutir por tonterías y menos aún por esa extraña. No me da buena espina. Eso ya lo sabéis." - Y ante la intención de Ron de volver a hablar, extendió una mano en señal de silencio. - "No creo que os tome de nuevas mi opinión sobre ella, por eso no pienso permitir que os metáis vosotros a la casa en ningún lío. Este año no. Así que no quiero oiros hablar más de Charlotte Jenkins!!"
- "¿No ves?"- Dijo Ron a Harry con una sonrisa de ganador en los labios.- "Hasta Hermione ve que hay algo extraño en el asunto."
- "¿Qué asunto?" - Una voz apareció justo delante de ellos, Neville se había acercado ante el alboroto y les miraba intrigado.
Antes de que Harry o Hermione pudiesen darle largas, Ron se apresuró a hablar.
- "Charlotte Jenkins ¿te suena?"
- "¿La chica que nos vino a dar esas charlas? ah! sí. Parece muy simpática. ¿Qué problema tiene?" - Preguntó Neville.
- "Eso es lo que intento averiguar." - Explicó Ron. - "¿No es extraño que siga en el colegio si no tiene ningún trabajo? Bueno, que nosotros sepamos. Además, hace más de una semana que no aparece por el comedor." - Todo eso lo dijo Ron música de fondo: Harry intentando meterse en la conversación y acabar con ella, y Hermione resoplando ante el poco caso que la hacían.
- "Bueno, supongo que tendrá algún trabajo, además, no me parece extraño que no haya aparecido por el comedor." - Dijo Neville.
- "¿Por qué?"
- "BUeno" - dijo Neville. - "el otro día después del partido me encontré con Jenkins y Lupin por los pasillos. Yo bajaba a buscar a Dean, que resulta que me había dicho que le esperase, pero con todo el alboroto de los de Slytherin se me pasó y le perdí y ...
- "¿Y qué pasó con Jenkins?" - Urgió Ron, que ya veía como Neville se alejaba del asunto importante.
- "Pues eso, me crucé con ellos, pero no creo que se diesen cuenta."
- "¿Por qué?" - Preguntó Ron, un tanto desquiciado.
- "Jenkins parecía muy enferma, tenía la cara muy pálida y la vista perdida, y parecía que tiritaba, como si tuviese mucho frío. Lupin la llevaba sujeta para que no se cayese. Por eso creo que no me vieron. Él parecía preocupado.
- "¿En serio?" - Preguntó Ron con aire de descubrimiento. - "Si Lupin estaba preocupado, entonces no pueden llevarse muy mal." - Y antes de que ninguno pudiese decir nada, continuó. - "Ya debían conocerse de antes!".
- "Bueno, ¿y esa es tu conclusión?" - Dijo Harry. - "¿Qué 'ya se debían de conocer'? Creía que eso estaba claro. ¿o no? Ron ¿qué creías que pasaba?"
- "Bueno..." - Dijo Ron un tanto avergonzado. - "Creí que Jenkins se portaba así por la condición de hombre lobo de Lupin, que por eso huía de él..."
- "... y querías salir en su defensa y fundar la 'Plataforma para la defensa de los derechos de los Hombres Lobo'." - Harry se le quedó mirando con media sonrisa, a lo que Ron, tras dudar unos instantes, se dio cuenta de la indirecta y sonriendo comento:
- "Sí, pensé que podríais ayudarme con las insignias y con la redacción del discurso, y ..." - No pudo terminar de hablar, él y Harry comenzaron a reírse a carcajadas ante las protestas de Hermione.
La situación duró bastante tiempo, hasta que Hermione, como veía que no iba a conseguir nada protestando, comentó lo más alto que pudo:
- "Entonces, ¿vas a seguir con tu 'brillante' investigación?" - Su voz sonaba hiriente y con cierto tono sarcástico.
- "¿Por qué te cae tan mal, Hermione?" - Preguntó Ron.
Hermione dudó en la respuesta:
- "Me cae mal. Oculta algo, no es sincera, de eso estoy segura. Pero, hay..., hay algo más en ella que no me gusta."
- "Sí, sí, eso ya lo has dicho. Pero así no llegamos a nada." - Dijo Ron, que ante la protesta de Hermione se sentía más intrigado todavía.
- "Además, ya visteis que Hagrid no sabía nada de ella, y eso no sé si la hace más o menos sospechosa." - Terminó Hermione.
- "Bueno, eso es cierto." - Dijo Harry. - "Cuando le preguntamos por ella, no pareció sorprendido ni nada. Era, sencillamente que no la recordaba."
- "Quizás es un hechizo. Ella le echó un hechizo para borrarle la memoria." - Dijo Ron. - "Además," - continuó antes de que sus amigos pudiesen protestar ante esa tontería. - "Las pocas veces que la hemos visto, sólo ha estado con Snape, y parecían muy amigos."
- "Vale, eso es cierto." - Aceptó Harry.
Hermione ya no soportaba más esa conversación.
- "Ron, si tan interesado estás, podrías preguntarle a tu hermano Bill, tuvo que coincidir con Jenkins aquí en el colegio." - Y dicho esto se levantó de su sitio y se fue. Harry y Ron se la quedaron mirando mientras salía por el hueco del retrato.
- "Quizás esté molesta por el interés que Jenkins tiene en ella." - Señaló Ron mirando aún en la dirección en la que ella se había ido.
- "Eso también es extraño." - Dijo Harry.
- "Una Gryffindor que nadie conoce, amiga de dos Slytherins como lo son Snape y Silvara, que seguro que oculta algo..." - Decía Ron para sí.
- "Oye, que no sabemos si es amiga de Silvara." - Dijo Harry, pero Ron seguía hablando.
- "Ja! Mañana mismo le envío una lechuza a Bill." - Dijo sonriente.
Harry puso los ojos en blanco y miró a Neville que había seguido toda la conversación sin pestañear.
Suspiró. Que constase que esta vez no era él el que iba a meterse en líos.
__________________________________Las voces seguían llenando la habitación, sin dejarla respirar ni un momento.
"¿Quieres que avise a Pomfrey?" "No, sólo necesito descansar."
Remus.
"Niña estúpida, niña entrometida, no se puede empezar una relación si no se tiene pensado llevar las cosas con seriedad."
Más risas huecas.
"¿No te lo contó tu amigo? Ya recuerdo... pero aunque no supieras las normas por aquel entonces, eso ya no es ninguna excusa ahora."
Risas, carcajadas en el vacío.
"Hasta el final, ¿recuerdas? Hasta el final."
- "¿Dices que lleva en la habitación desde el sábado del partido?" - Una voz crispada sonaba desde detrás de la puerta.
- "Eso creo, profesor. Tengo tantas cosas que hacer que no pude prestar mucha atención. Me empezó a preocupar cuando escuché las voces."
Filch y Severus se encontraban al otro lado de la puerta.
- "No abre." - Murmuraba Severus. - "Un hechizo contra intrusos. Y muy potente."
Severus indicó a Filch que se alejase y tras varios intentos consiguió echar la puerta abajo. La estancia estaba a oscuras, aunque aún era de día. Severus entró a grandes zancadas hacia el dormitorio y se encontró con Charlotte desmayada en la cama.
- "Oh, dios mío." - Murmuró Severus.
Le tocó la frente a la chica y la sintió tan fría como el hielo.
- "Filch, avisa a la enfermera Pomfrey, ahora voy yo."
Tomó a la muchacha en sus brazos y salió al pasillo en dirección a la enfermería.
De repente ella habló:
- "Te dije que me dejases descansar." - Dijo Charlotte como en sueños.
- "Te llevo a descansar, tranquila, te pondrás bien."
- "No, Remus, no lo entiendes. No estás en el juego."
Severus no entendió esas palabras, pero no le sonaron demasiado bien.
- "Tranquila." - Volvió a repetir sin dejar de caminar.- "Tranquila."
Y lo más rápido que pudo llevó a Charlotte a la enfermería.
" Bajo la dictadura del terror. "
por
Saffron (
5:16 AM )
El lunes amaneció como cualquier otro día. O al menos eso creía ella. Había pasado el fin de semana estudiando, parte de la tarde del sábado en el despacho de Snape y el domingo ayudando a Derek con los ejercicios que no entendía.
Saffron tomó su baño matutino, se vistió y bajó a desayunar. Hasta aquí todo bien, era feliz. Hasta que llegó el correo.
Maldito y puñetero correo.
Lo supo en cuanto vio la carta. No le hacía falta mirar quien se la enviaba. De todos modos, decidió asegurarse.
- Mierda- maldijo en voz baja en cuanto vio su nombre. Terminó de desayunar rápidamente y volvió a su habitación.
Unos minutos más tarde, por magia y maravilla de los polvos floo, su cabeza aparecía en la chimenea de Guenolee.
- ¡Saffron!!- dijo ella sorprendida- Cielo, ahora no puedo hablar mucho, llego tarde al trabajo...
- Julius me ha escrito- la interrumpió Saffron.
- Oh, mierda. ¿Y que te dice?- Al parecer Guenolee ya no tenía prisa por irse. Acercó una silla a la chimenea.
- Pues quiere que volvamos... - dijo Saffron con un suspiro.- Maldita sea...
- ¿Y que vas a hacer?- preguntó con curiosidad Guenolee.
- ¡Guenolee!! No voy a volver con Julius. Le tengo mucho cariño pero no... no puedo volver con él. Ahora no.
Guenolee le dirigió una mirada suspicaz. Conocía a Saffron desde que eran niñas y siempre había sabido adivinar lo que escondía. Suspiró, y volvió a hablar.
- Saffron, cariño- dijo suavemente.- ¿Te has planteado que tu obsesión por Snape puede convertirse en un problema? Julius es un buen chico, y te quiere; y Snape es... bueno, ya sabes... Me refiero a que tu crees que estas enamorada de él; pero ¿realmente lo estas? ¿ Crees realmente que puedes tener una oportunidad con él? Y aun en el caso de que lo consiguieras, y estuvieras con él ¿serías feliz?.
Saffron la miró y no dijo nada. Guenolee conocía a Saffron, y sabía que a menudo había que bajarla de su mundo particular y hacerle ver cómo eran las cosas y sus posibles consecuencias. Guenolee la quería como una hermana, y como tal, conocía mejor que nadie sus defectos: Saffron tenía tendencia a ver las cosas despreocupadamente y a creer que la gente era mejor de lo que realmente era. Veía solo el lado bueno de las cosas, y confiaba ciegamente en cualquiera.
- Ya lo he pensado, Guenolee- dijo Saffron seriamente- Lo he pensado. Sinceramente, no tengo ni idea de porqué me atrae Snape. Somos tan distintos, Guenolee... A veces pienso que lo único que necesita es tener alegría en su vida; Pero otras... ya no sé ni lo que pienso. Lo único que se es que, cuando me roza, aunque sea levemente me siento diferente. Julius nunca me hizo sentir así. Ni en años. No puedo volver con Julius para olvidar a Severus. No sería honesta, ni con él, ni conmigo.
Guenolee asintió lentamente. Maldecía no estar con Saffron en ese momento. Ella iba a necesitar todo la ayuda posible.
- Escúchame atentamente Saffron. No puedes echarte encima el cargo de hacer feliz a Snape. Sobre todo si el no está dispuesto, por que lo único que hará es convertirte en una desgraciada, y no lo voy a consentir. Y tampoco puedes estar toda tu vida esperanzada a que él te diga algo, una palabra amable, o un simple roce. No malgastes tu vida con gente que no te merece, Saffron.
- Ya- dijo simplemente Saffron.- Estoy hecha un lío... te echo de menos Guenolee... ojalá pudieras venir a verme.
- Si, iré a verte en cuanto pueda, te lo prometo. Y ahora me tengo que ir!! Llego tardísimo!!- Guenolee se puso de pie rápidamente- Muchos besos, corazón. Y no le des muchas vueltas al tema, ¿eh? Que te conozco... esta noche o mañana hablamos, ¿vale?
Saffron se despidió, y sacó la cabeza de la chimenea. Escribió rápidamente una respuesta y fue derecha a la lechucería. Pasó el resto de la mañana en la biblioteca, incapaz de prestar mucha atención a lo que estaba leyendo.
Guenolee, como tantas veces, tenía razón. No tenía ninguna razón de peso para que le gustara Snape: el no era guapo, no era amable... entonces ¿qué? ¿Qué era? Lo que había comenzado como un tonto enamoramiento de quinceañera, iba camino de convertirse en un problema crónico. Pero sus manos... Merlín, las manos de él, cada vez que la rozaba; su voz, cada vez que pronunciaba su nombre... aquello no era, no podía ser sano...
Comió poco.
- ¿Estas bien?- le preguntó Helena alarmada. Ella contestó afirmativamente, e intentó sonreír y hablar mas, como era costumbre en ella.
Por la tarde, se sintió reacia acudir al despacho de Snape. Estuvo tentada de mandarle un mensaje, y decirle que no podía ir. Cualquier excusa serviría: que se sentía indispuesta, por ejemplo. Realmente, su estado no era el mejor.
Finalmente, decidió que sería mejor ir. No había nada que realmente la justificara (ante ella misma) para no ir. Así que se arregló (no mucho), se peinó (dos simples trenzas), y marchó hacia las mazmorras.
Ocurrió algo curioso. Al principio no le dio importancia, pero conforme se acercaba, su curiosidad aumentó. Primero no podía ver quienes eran, pero cuando casi estaba a su altura, lo vio claramente: ese pelo tan rubio, tan parecido entre sí... en uno de los pasillos laterales, bajo una arcada, estaban hablando Youko y Draco Malfoy.
“Demasiado cerca” pensó Saffron, pero no siguió mirando. No tenía interés en que la llamaran chismosa. De todos modos, ellos no parecieron darse cuenta de su presencia.
Como una especie de ironía divina, Snape parecía estar inusitadamente amable aquella tarde. No solo apenas le gritó, si no que incluso trató de conversar con ella. Poco a poco, Saffron fue volviendo a su estado natural.
Es decir, hablar por los codos y reír con casi cualquier cosa.
- ¿Por qué siempre estas bebiendo algo?- preguntó curioso cuando ella conjuró té para los dos.
- Bueno, dicen que hay que tomar más de dos litros de líquido al día... - aseguró ella.
- ¿Ah sí? ¿Quién lo dice?
- Mi dietista- dijo ella distraídamente.
Snape la miró sorprendido. Pues claro, como había podido olvidarlo. Saffron era hija de sus padres. Y los Bahn no solo eran famosos por sus diseños de ropas, si no también por sus extrañas costumbres. Los ricos siempre podían permitirse ser excéntricos. Snape volvió a mirar a Saffron. Una chica que podía tener lo que desease. O al menos eso le parecía a el. Y sin embargo, nunca la había visto darse aires de grandeza, ni pavonearse delante de los demás. Se preguntó que clase de personas serían sus padres; el tipo de persona que era capaz de criar a una hija con todo tipo de lujos, y que no estuviera malcriada; mimada, tal vez, pero solo desde el punto de vista afectivo.
Saffron era una persona muy... como lo diría... muy “física”. Él la había visto besando y abrazando a muchos de sus compañeros. Además, era desconcertante su amplio uso de apelativos cariñosos; así como la necesidad de tocar continuamente a la persona con la que estuviera hablando.
Definitivamente desconcertante.
Unos toques en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.
- Adelante- dijo él con voz neutra- la cabeza de un muchacho se asomó al despacho.- Pase Jameson.
- Profesor, tiene que venir enseguida. Ha habido un problema con la contraseña y... - entonces vio a Saffron. Su expresión se volvió desconfiada- Y, bueno, necesitamos su ayuda...
Snape asintió, poniéndose en pie.
- Vuelvo enseguida- le dijo a Saffron- Continua con la poción, aun le queda un buen rato.
Saffron asintió. Cuando terminó de tomarse el té, se puso de nuevo con la poción. De nuevo, unos golpes en la puerta. Ella se acercó para abrir, y decirle a quien fuera que Snape no estaba allí.
- Señor Malfoy!- dijo ella con sorpresa, al encontrar a Lucius Malfoy ante la puerta del despacho.- El profesor Snape no está ahora mismo, pero si quiere que le diga algo...
- No, querida- dijo el untuosamente- Le esperaré yo mismo.
Saffron se encogió de hombros, y le dejó pasar. Ella se volvió hacia la poción. No se dio cuenta de que él cerraba la puerta.
- Últimamente pasas mucho tiempo aquí, ¿no?- preguntó el elegantemente, la voz sedosa, con un tono perfectamente casual, la sonrisa encantadora.
- Si- dijo ella sonriendo educadamente- Estoy haciendo mi trabajo de fin de carrera, y el profesor Snape me está ayudando.
- Ya veo- dijo el simplemente- No lo sabia.
A Saffron le pareció ver un destello de cólera en sus ojos, pero no le dio importancia. Por otro lado, ¿por qué tenía que saberlo?.
Ella no se dio cuenta de lo cerca que él estaba hasta que volvió a hablar.
- Así que te está ayudando... - ella asintió, un poco incomoda por la cercanía de el. Ella dio un respingo cuando el se pegó a su espalda, y le susurró al oído- ¿También te ayuda por la noche en el bosque?.
- ¿Qué?- fue lo único que acertó a decir. Se dio la vuelta nerviosa, quedando cara a cara con él.
- Sabes perfectamente de qué estoy hablando, Saffron- él estaba tan cerca que su respiración le erizaba el pelo de la nuca. El se acercó aun más, acorralándola contra la mesa- Sé que no eres tonta, preciosa.
Saffron respiró trabajosamente, por el pánico. Un Malfoy enfadado no era para tomárselo a broma, y el que tenia casi encima estaba empezando a enfadarse.
- ¿Qué es lo que viste, Saffron?- la voz de el seguía siendo melosa, pero ahora con un tono de dureza no muy bien encubierta.- ¿Eh? ¿No me lo vas a decir? ¿Qué es lo que viste?
- No... yo no vi nada- Saffron estaba a punto de echarse a llorar, y rezaba para que entrara alguien, quien fuera, en el despacho.- Se lo juro, no vi nada...
Pero no entraba nadie.
- No sé si creerte, Saffron- dijo el maliciosamente. Puso ambas manos a cada lado de ella, de modo que quedaba atrapada entre él y la mesa. Podía oler el miedo y el nerviosismo en ella. Sonrió satisfecho.- Mírame, Saffron. Mírame, y dime que no viste nada.
Ella se obligó a sí misma a controlar su miedo, y mirarle a la cara. Desde luego, ver, no vio nada, pero ella recordaba haber escuchado gritos aquella noche. Snape le había preguntado lo mismo.
- N.. No vi nada- ella deseó fervientemente que la creyera. Él asintió lentamente.
- ¿Sabes? Te creo, Saffron. Tu siempre has sido una buena chica ¿Verdad que sí?- ella asintió vigorosamente, asfixiada por el pánico. Él continuó- Claro que sí. Por eso, no le vas a decir nada de nuestra pequeña conversación a Severus. Ni una sola palabra. A no ser, claro, que quieras jugar con fuego. Y tu no quieres quemarte, ¿verdad? Claro que no... una chica preciosa como tu... sería una lástima que le ocurriera algo... ¿Me tienes miedo, Saffron?
Él le acarició levemente una de las manos, y ella la apartó como un resorte. No podía más, estaba a punto de explotar. Sentía un nudo en la garganta y una losa en el estómago, las lágrimas quemándole tras los párpados.
Y en ese momento, se abrió la puerta del despacho. Dejando paso a Snape y a Wallravenstein. La expresión de ambos cambió por completo cuando vieron a Saffron y a Lucius. Saffron miró a Snape con infinito agradecimiento reflejado en sus enormes ojos azules. Y sin embargo, se sintió desesperanzada cuando lo único que vio fue furia en los ojos oscuros del profesor.
- Ah, Severus- dijo Lucius sonriente, apartándose lentamente de ella. Saffron huyó todo lo lejos posible de el, dándole la espalda.- Te estaba esperando. Aquí está todo. Escríbeme cuando hayas llegado a una conclusión. O mejor no te preocupes, vendré de vez en cuando por aquí.
Saffron dio un respingo, pero nadie mas que Laia pareció darse cuenta. Lucius le entregó a Severus un sobre. Saffron solo esperaba a que se fuera. Era lo único que pedía en ese momento. No parecía darse cuenta de las miradas furibundas que le dirigía Laia. Al fin, Lucius se fue. Laia pareció decir alguna disculpa y también se fue. Había olvidado un libro, o algo así. A Snape no pareció importarle mucho que se fuera, y a Saffron mucho menos.
Cuando al fin quedaron solos, Saffron se atrevió a mirarle. Él parecía muy ocupado leyendo lo que le había entregado Lucius. Saffron no se fijó en que sus manos estaban crispadas. Ella calibró si decirle algo de la conversación o no. Lucius la había amenazado formalmente; y ella sentía demasiado terror. Decidió que era mejor no decir nada y olvidar el tema.
Intentó continuar con la poción, pero no pudo. Sus manos temblaban inconteniblemente, y se sentía como si estuviera completamente hueca. Sentía deseos de llorar, pero la misma tensión se lo impedía. Sin querer, tiró un libro al suelo.
- TENGA MAS CUIDADO!!!- Snape pareció explotar. Ella casi podía sentir como la ira crecía dentro de el.- ¡¿es que siempre tiene que hacerlo todo mal!? Váyase, aquí solo estorba.
- P... pero yo no...
- LE HE DICHO QUE SE MARCHE!!- Él estaba completa y absolutamente enfadado. Fuera de sí. Ella no comprendía el motivo. Estaba demasiado destrozada psíquicamente en ese momento como para intentar siquiera comprenderlo.
Parecía que estuviera bajo shock, ya que ni siquiera los gritos la hicieron reaccionar. Solo salió del despacho, y corrió todo lo que pudo hasta su habitación. Lo único que faltaba era que se encontrara con Malfoy en el pasillo...
Solo cuando llegó a su habitación, pudo tranquilizarse. Se dejó caer en la cama, y tapándose simplemente con la colcha, lloró hasta que se quedó dormida.
Mientras tanto, Severus Snape, en su despacho, estrellaba contra el suelo lo primero que tenia a mano, que resultó ser un tarro de algas, y rompía furioso la carta de Lucius Malfoy.
- Maldito sea- maldijo para sí mismo, mientras cerraba los ojos, y se golpeaba con fuerza la cabeza contra el respaldo de la silla.
" Este hombre se ha vuelto loco... "
por
Youko (
7:50 PM )
Youko realmente prefería no pensar en por qué le había sonreído a Draco, así que dando la vuelta se dirigió hacia donde creía que había dejado a Remus. Pero no lo vio. Mirando un poco por los alrededores del campo los vio a él y a Charlotte hablando, mientras se dirigían al bosque prohibido. Bueno, por lo menos no estaban volando hechizos y maldiciones entre los dos, así que encogiéndose de hombros se encaminó al castillo. Ya entrando, se encontró junto a las puertas al trío maravilla, observando en la dirección de Remus y Charlotte, mirando con ligera mala cara a ésta última. Esto la extraño, y dejando que su curiosidad ganara preguntó.
-“¿Les sucede algo con la señorita Jenkins?”—pregunto con voz aterciopelada pero fría, una técnica que había aprendido de Snape, y que para su placer, hizo botar a los tres adolescentes.
-“No... no es nada”—tartamudeó Harry, pero se tranquilizó al ver que ella no los estaba reprendiendo.—“Es que actúa de forma extraña alrededor del profesor Lupin”—confesó. Tal vez Youko supiera algo. La habían visto alguna vez con Jenkins.
-“¡Harry!”—susurró Hermione, evidentemente molesta de que Harry le hablara de sus sospechas a una chica que apenas habían tratado y que además era una Slytherin... aunque se llevaba muy bien con el profesor Lupin.
Youko arqueó una ceja mirándolos un poco más firmemente.
-“No creo que tengáis que tener sospechas sobre ella. Ciertas... cosas sucedieron entre ambos. Y aunque yo solo conozco retazos de la historia, no creo que sea conveniente que os informe. Es algo privado entre los dos”—les aclaró Youko con tono firme, dejando bastante claro que no iba a explicarles nada.—“Así que os repito que no tenéis nada que sospechar de ella.”
Los observó un momento más y esperó a que ellos asintieran, dando a entender que habían cogido el punto. Se despidió de ellos deseándoles un buen día y empezó a alejarse. Albus le había pedido que se pasara por su despacho para hablar de un pequeño detalle en las clases de duelo. “Veremos que pasa ahora...”, pensó Youko mientras subía las escaleras, “Y como me ofrezca más té se lo meto por las orejas”.
Deteniéndose frente a la gárgola que daba acceso al despacho del director, musitó la contraseña y subió. Cuando entró el único ser viviente que había era Fawkes, el fénix. Se entretuvo acariciándolo hasta que el director apareció por una puerta lateral.
-“¡Buenos días querida!”—saludó Albus con su sonrisa amable y los ojos azules chispeantes.—“¿Te apetece un poco de té?”—ofreció el hombre mientras se sentaba y le indicaba a Youko que hiciera lo mismo.
-“Yo lo mato...”—pensó Youko ocupando una silla al otro lado del escritorio del director.—“No, gracias, Albus. Preferiría ir directa al grano. ¿Qué pasa ahora con el salón de duelos?”—cuanto antes terminara, antes podría disfrutar del sábado. Tenía pensado coger un buen libro y sentarse junto al fuego a leer. O a lo mejor bajaría al despacho de Snape a incordiarle un poco... desde que había hablado con él había descubierto a una maravillosa persona... sólo con sus Slytherins... y siempre que no le tocaras demasiado las narices...
-“¡Oh! Tranquila querida, no es nada importante. Pero he decidido que hagáis unos pequeños cambios en los grupos. Me parecería mejor que juntarais las casas de dos en dos, como se hace en algunas de las clases, así que a partir de ahora irán por cursos y por casas: Ravenclaw-Hufflepuff y Gryffindor-Slytherin. ¿Te supondrá algún problema?”—preguntó el director mirándola por encima de sus gafas de media luna.
-“Ya está”—pensó Youko—“A perdido definitivamente la cabeza. Que alguien llame a los loqueros de San Mungo y se lo lleven, por favor...”. Se había puesto momentáneamente pálida al oírlo, después pasó a roja y después pálida otra vez.
-“P-pero Albus. Eso será una locura. Esta bien que en algunas clases los pongas juntos, pero aquí pueden volar hechizos a diestro y siniestro. ¡Será un infierno!”—Youko intentó que el director cambiara de opinión. ¿Gryffindor y Slytherin juntos en un salón de duelo? No no no. Aquello era un suicidio.
-“Es bueno que las casas se relacionen entre sí, querida. Y en el salón aprenderán a respetar a sus compañeros...”—terció Albus mientras llevaba la taza de té a su boca y bebía un poco.
-“¿Respetar? Lo que aprenderán es como machacar al contrario y salir ileso en el proceso. ¿Lo sabe Remus? Porque no creo que a él tampoco le haga ninguna gracia”—la joven maldijo interiormente mientras hacía este último intento. Una vez al director se le metía algo en la cabeza ya no había forma de cambiarlo.
-“No, eso te lo dejo a ti. Y ahora que ya está todo dicho creo que puedes retirarte para disfrutar de este maravilloso día”—dijo Albus mientras ambos se ponían en pie y se dirigían a la puerta.—“Por cierto, querida, si alguna vez tienes algo que decirme no dudes en hacerlo”—añadió el director remarcando esta última frase con una mirada intensa sobre sus pequeñas gafas.
Youko palideció ligeramente pero negó con la cabeza.
-“Gracias, Albus. Si tuviera algún problema te avisaría”—dijo en voz alta Youko mientras por dentro pensaba: “¡Ja! Como si fuera a decirle mis problemas con los Malfoy...”. Despidiéndose con una ligera inclinación de cabeza bajó hasta el pasillo y, habiendo perdido un poco las ganas de acurrucarse junto al fuego, se fue a inspeccionar el salón de duelos para comprobar que todo estaba en orden y listo para el lunes. Tal vez sería conveniente poner alguna protección más...
***************************************************************
Al final, después de aumentar un poco más la seguridad del salón, optó por quedarse en su habitación leyendo en vez de ir a visitar a Severus. Por la noche, a la hora de la cena, informó a Remus de los cambios que había hecho el director. El pobre casi se ahoga con el zumo de calabaza que estaba tomando. Evidentemente, también pensaba que el director había perdido la cabeza esta vez. Finalmente empezarían el lunes, y que fuera lo que los dioses quisieran...
El domingo lo pasó bastante ocupada ayudando a un par de alumnos de Ravenclaw con unos problemas de DADA. Con tanto cambio de profesor todos los años, tenían algunos conceptos un poco perdidos. La tarde la pasó jugando con Severus al ajedrez, y por supuesto, no ganó ni una partida, para su total fastidio. Malfoy había hecho un intento de acercarse a ella cuando se cruzaron delante de la puerta de la sala común de Slytherin, pero Youko fue más rápida subiendo las escaleras de la torre y encerrándose en su habitación. Aquella noche no bajó a cenar al comedor, estaba demasiado cómoda en el sillón, repasando toda la semana en su cabeza. Cuando se acostó, lo único que le vino a la mente fue: “Como mañana me levante y vuelva a tener a Lucius Malfoy en mi puerta, juro que se la estrello en las narices...”.
" Buscando una poción "
por
Laia (
8:10 PM )
Laia aún saboreaba el triunfo del partido recostada en su cama. No podía dormir, estaba demasiado excitada.
Entonces algo le vino a la mente.
“¡La poción!”
Se levantó tan aprisa de la cama que se mareó un poco. Se puso la túnica y cogió una libreta llena de hojas en blanco. ¿Cómo podía haberse olvidado de esos valiosos ingredientes que tenía guardados en su bolsa de deporte, bajo su cama?
Bajó las escaleras de la torre en dirección a la biblioteca. Evidentemente la poción se encontraría en algún libro en la zona prohibida.
Se abrigó bien y entró silenciosamente en uno de los lugares más fríos del colegio, la biblioteca. Filch no estaba, afortunadamente. Aún siendo prefecta, la zona prohibida le era vedada, pero nunca la solían cerrar con llave. Laia siempre se preguntó el porque.
Estuvo más de una hora buscando libros en una sala completamente oscura y fría. Cogió tres libros bastante voluminosos y se sentó en el suelo helado.
- ¡Lumos!
Abrió el primer libro y acercó la varita.
“Pociones de América Latina”
El primer libro era un extenso compendio de recetas extrañas, una recopilación de pociones americanas basadas en tradiciones bastante oscuras [Vudú, en su mayoría]. Si quería encontrar esa extraña poción azteca, no la encontraría allí. Eran pociones sobretodo relacionadas con la influencia del África negra en las colonias americanas.
Abrió el segundo libro.
“Historia de las pociones en el mundo”
Bah, un libreto muy pequeño y resumido. No tenía nada que ella deseara. Ni siquiera sabía como esa cosa tan inocente pudiera estar en la sección prohibida.
Por fin abrió el tercer libro, el más extenso y extraño de todos.
“Secretos y misterios de las civilizaciones perdidas”
Era una recopilación de una antigua enciclopedia. El libro era muy antiguo, de 1874, y la enciclopedia de la cual había sido sacada la recopilación aún más, de 1713. Tuvo serias tentaciones de buscarla y hojearla entera, pero temía que merodeando más de la cuenta la descubriesen.
Se fijó bien en el índice del libro. Estaba compuesto por veinte artículos realizados por varios autores que en su época escribieron cada uno de los libros que comprendían la enciclopedia. Se quedó con la boca abierta cuando se fijó en que uno de ellos había sido escrito por un tal A. J. Malfoy.
“Pociones centro-americanas: La riqueza del Yucatán, por A. J. Malfoy."
Justo el apartado que necesitaba.
Buscó frenéticamente y encontró el artículo. Era realmente interesante. Dejó el libro abierto en el suelo y cogió la pluma. Pasó hojas y hojas rezando con encontrar la poción adecuada. Por fin la encontró:
“Visiones de futuro”
Con esta poción [completamente ilegal] era fácil conocer el futuro a medio plazo de la zona en la que alguien se encontrara. Le hubiera gustado encontrar una poción que revelara el pasado de Silvara y de Jenkins [Recién incluida en su lista de sospechosos], pero en ese campo no quería meterse [demasiado peligroso] y robar pensaderos, además de muy delator, era cutre.
Cogió su arrugada lista de ingredientes, la que le ayudó a robarlos. La sacó de una libreta de apuntes vieja de casa de su abuela. Rezó por tenerlos todos. Empezó a leer:
Visiones de futuro:
Ingredientes:
- Árnica Común.
- Árnica Mexicana
- Cuachalalate
- Raiz de Jalapa
- Salvia Divinorum
- Sangre propia
“¿Sangre propia?”
Laia abrió los ojos alarmada y comenzó a copiar la receta.
“Una vez preparada bébase una cuarta parte del líquido. El líquido restante abóquelo en el suelo de la zona deseada y queme la poción derramada con fuego”
Laia releyó susceptible. Se suponía que las partículas de la poción quedaban en la zona, indetectables para quien no hubiera bebido de la misma poción.
“¿Y veré el futuro de la zona oliendo las habitaciones donde he quemado la poción?”
Laia cerró el libro con miradas escépticas y lo devolvió a su sitio junto con los otros.
“Bueno, lo ha escrito un Malfoy, tiene que ir en serio”
Se arregló la túnica, apagó su varita y salió de allí agarrando fuertemente la libreta. Estaba un poco asustada, a decir verdad.
" Quidditch entre dos (Parte II) "
por
Charlotte (
8:41 PM )
Charlotte no tuvo oportunidad, otro chico Gryffindor se acercó al grupo y se llevó al trío dejándolos a ellos dos solos.
- "¿Y bien?" - Preguntó Charlotte inquisitiva. Sabía que Remus no se había acercado sólo para hacer un tonto comentario sobre el partido.
- "He estado hablando con Sibyll Trelawney." - Dijo él como explicación.
Charlotte aguardó pacientemente y comenzó a caminar como diciendo: '¿y bien?, ¿en serio tengo que preguntártelo otra vez?, ¿eso te parece una respuesta?
Remus la siguió y continuó hablando ante la callada expectación de ella.
- "Según me estuvo contando, parece haber descubierto algo importante."
- "¿No anda siempre con esas?" - Preguntó Charlotte aburrida ya de la conversación.
- "A decir verdad, sí, pero esta vez algo me ha llamado la atención."
- "¿En serio?" - Dijo con un cierto tono de 'Asómbrame'.
Remus Lupin sentía toda la exasperación que emanaba de Charlotte como si de pequeños carámbanos de hielo que se lanzaban a pincharle se tratase. Pero siguió hablando.
- "Me ha dicho que lleva unos días en los que percibe a los astros como si se encontrasen confusos. Como si tratasen de decirle algo, pero no supiesen en qué dirección se encuentra la respuesta, 'el peligro', si utilizo sus propias palabras. Y que precisamente esta mañana, mientras miraba su bola de cristal, pudo percibir durante un pequeño instante que 'el caos había llegado de manos de un inocente'." - Terminó Remus Lupin, arrastrando las palabras, intentado encontrar algo tras la máscara que era la cara de Charlotte. Pensó que ella diría '¿Estás de broma?', pensó que ella emitiría algún monosílabo y se iría, pero ella no dijo nada. Seguía caminando. - "¿A dónde vas?" - Dijo finalmente Remus mientras posaba una mano en el hombro de ella. Estaba rígida, como una estatua, y allí mismo se paró, exhaló aire y si mirarle dijo:
- "¿A qué te refieres?".
Remus miró frente a él e indicó a Charlotte que se encontraban en los límites del Bosque Prohibido. No tuvo que decir nada para que Charlotte reaccionase, como si de repente se diese cuenta de que había estado caminando hacia allí.
- "¿Te encuentras bien?" - Preguntó Remus.
Charlotte asintió con la cabeza, se agarró de su brazo y entre murmullos dijo:
- "Vámonos de aquí."
Y así se fueron alejándose del bosque. Ahora sí que Remus se encontraba desconcertado, no entendía qué había cambiado para que de un sentimiento de exasperación, Charlotte pasase a estar cogida de su brazo y tiritando. Remus Lupin pasó su brazo sobre los hombros de ella y la sostuvo mientras se acercaban al castillo.
" La infinita complejidad de los pensamientos humanos "
por
Saffron (
4:43 AM )
La despertó el sol en la cara. Se levantó súbitamente, creyendo que llegaba tarde, pero en cuanto recordó que era sábado, volvió a recostarse. “Se está tan bien” pensó con los ojos cerrados y tapada con las mantas.
Un momento. Era sábado. El sábado del partido Ravenclaw –Slytherin. El sol estaba demasiado alto para ser las ocho de la mañana.
Volvió a saltar de la cama. Miró el despertador, que marcaba las 3:45. “Genial” pensó malhumorada, buscando frenéticamente otro reloj, para ver qué hora era realmente.
Las 10:13. El partido había comenzado hacía exactamente trece minutos.
“Mierdaaaaa” dijo histérica mientras se desvestía a trompicones, intentando llegar hasta la bañera.
Diez escasos minutos más tarde, ella estaba corriendo hacia el campo de quidditch. Iba a subir a la tribuna de Ravenclaw, cuando recordó la invitación de Severus para verlo desde la tribuna de los profesores.
- A no ser que quieras consolar de la derrota a los de tu casa- había añadido él con sorna.
A ella el quidditch siempre le había dado igual, aunque su casa era su casa, y todas las victorias que tuviera, fuera en el campo que fueran, eran bien recibidas. Roger la había abordado durante una comida, y le había contado sus tácticas al detalle. Solo por la ilusión puesta, deberían ganar había pensado ella.
Así que, subió a la tribuna de los profesores. Instintivamente, buscó a la alta figura vestida de negro. Él estaba sentado entre Youko y Charlotte. Y al lado de Charlotte, había un sitio libre.
- ¿Está libre?- preguntó educadamente. Charlotte la miró sonriente, al igual que Youko; pero fue Severus el que contestó.
- Es tu sitio- dijo ásperamente. Saffron asintió y se sentó. Miró a los jugadores, y se sintió mareada. Mierda, con las prisas no había desayunado nada, y ahora su estómago se lo estaba recordando.
- ¿Cómo van?- preguntó a Charlotte, en un intento de olvidar los ruidos que estaba haciendo su estómago.
- Ravenclaw pierde. Lo siento- Saffron se encogió de hombros.
“Que hambre” pensó. Siguió mirando el partido. Cada vez se sentía más mareada, entre los gritos de los espectadores y los rápidos movimientos de los jugadores. Tenía tanta hambre que hubiera vendido a su padre por un bocadillo.
Por Merlín, tenía tanta hambre que hubiera regalado uno de sus brazos por un trozo de pastel. Miró a los jugadores con la mirada perdida. ¿Cuánto iba a durar el maldito partido?
¿Años?
Saffron suspiró. Tendría que esperar para comer algo. De repente, la presión de una mano en su brazo, la sacó de su ensoñación.
- ¿Quieres?- preguntaba Charlotte ofreciéndole una bolsa con caramelos. Saffron casi la hubiera besado. Asintió y cogió una piruleta con forma de corazón.
Comenzó a comérsela casi con devoción. No era todo lo nutritivo que le hubiera gustado, pero era algo al fin y al cabo. Se volvió para decirle algo a Charlotte, cuando sus ojos tropezaron con los de Severus, que la miraba con una expresión curiosa. Enseguida apartó la mirada. Ella se extrañó, y ya no recordaba lo que iba a decirle a Charlotte.
Para desgracia de Ravenclaw y descanso de Saffron, el partido terminó a favor de Slytherin. Severus le dirigió una mirada victoriosa, que ella recibió con seriedad.
- Felicidades- les dijo a Severus y a Youko. Él pareció satisfecho con aquello.
Saffron bajó con el resto de la tribuna, pensando en dirigirse lo más rápidamente hacia la cocina del castillo. Sin embargo, vio los vestidores de los jugadores de Slytherin y recordó que tenía un asunto pendiente.
Un día después de que Saffron llevara a un sangrante niño de primero de Slytherin a la enfermería, el mismo niño se había acercado a ella durante la comida.
- Me llamo Derek y he hecho esto para ti- había dicho simplemente, entregándole una flor de papel que se movía torpemente. Nada más dársela, se había sonrojado profundamente y había huido hasta su mesa de nuevo.
- Se ha enamorado de ti- dijo Helena riéndose.
- Que dulzura- había dicho ella con una sonrisa, mientras miraba la flor que tenía en la mano. Cuando terminaron de comer, ella lo buscó y le preguntó que tal se encontraba. Estuvieron un buen rato hablando. Entre otras cosas, él le había confesado que tenía algunos problemas para entender algunas pociones y hechizos.
- Ese es mi hermano- dijo señalando a un muchacho muy parecido al propio Derek.- Se llama Jack, y juega en el equipo de quidditch. Siempre está muy ocupado...
Dijo esto ultimo con pena, y Saffron sintió lástima de el. Así que se ofreció para ayudarle en todo lo que pudiera. Derek había aceptado ilusionado; pero aun así, Saffron decidió que lo mejor sería hablar con el hermano lo antes posible.
De ese modo, entró en los vestuarios. Entró con cautela. Nunca sabias qué podías esperarte de un Slytherin. O, mas bien, podías esperarte cualquier cosa.
- Eres Jack, ¿no? ¿Puedo llamarte Jack, verdad?- Saffron comenzó a hablar rápidamente, mientras un aturdido Jack no sabía muy bien que decir. Ella le contó todo lo que había estado hablando con Derek, y él pareció mucho más relajado. Incluso se permitió sonreír.
- Te agradezco mucho lo que hiciste por él- dijo el muchacho agradablemente- Derek no ha parado de hablar de ti en toda la semana...
Acordaron que ella ayudaría al pequeño los fines de semana. Cuando salía de los vestuarios, Saffron vio a Laia. “No sabía que jugara” pensó curiosa. La miró con curiosidad, recordando cuando la había pillado curioseando en los armarios de Snape. “Una chica muy extraña” pensó Saffron, y también se acordó de su extraño comportamiento ante Lucius Malfoy. Saffron se encogió de hombros, y comenzó a andar todo lo deprisa posible. La cocina era su destino.
*******************************
No había sido como él había esperado. Gritarle era mucho más difícil si tenía que tutearla, y la sensación de pérdida de control era más evidente. Que sospechara que a ella le ocurría lo mismo no era un consuelo de ningún modo. Y así, el “Severus” y el “usted” se mezclaban sutilmente con el “Señorita” y el “profesor”.
Viéndola revolotear por el despacho, Severus se preguntaba cómo había llegado a aquello. Ella se movía con precisión y soltura, esquivando a la perfección el ordenado caos que suponía su despacho.
Nunca se lo hubiera confesado a nadie, pero lo que le había movido a aceptar ayudarla con el trabajo era simple: curiosidad. Saffron Bahn era tan distinta a lo que él conocía y era... Su candidez, su honestidad, y su trasparencia la alejaba años luz de un Slytherin. Y no dijéramos de el mismo.
Sentía curiosidad. Ella era inteligente, y mucho. Como cualquier buena Ravenclaw. Aprendía con facilidad y tenía un talento y una curiosidad innatas. Siempre era un placer trabajar con alguien así.
Aunque también estaba el lado contrario. Severus era consciente de que una banda de mariachis y tres saltimbanquis harían menos ruido que ella. Saffron hablaba inconteniblemente. Hablaba como si el silencio la ahogara, y era muy probable que así fuera. Oír risas en su despacho había sido tan impensable como que Dumbledore invitara a Voldemort a tomar el té. Hasta ahora.
Y sin embargo... sin embargo, había algo que le intrigaba de ella. Había dicho de ella que era transparente, y eso no era del todo cierto. Algunas veces, la había descubierto mirándolo de una manera extraña. Otras veces, la había encontrado inexplicablemente nerviosa cuando él le explicaba alguna poción, o le indicaba algo en un libro. Recordaba una vez, que él la había cogido la mano para indicarle como debía mover la varita para un sencillo encantamiento.
- Así no; así- le había dicho él. Y había notado que la mano de ella temblaba ligeramente. ¿Tendría miedo de él? Ciertamente, no era la primera vez que ocurría.
Y después estaba la otra cuestión. Le había vuelto a desaparecer algunas hierbas importantes de su armario. Que ella estuviera con el joven Beardsley en la enfermería no la eximia de ninguna manera. Ella había estado toda la tarde sola en el despacho, y era muy curioso que las hierbas hubieran desaparecido justo ese día. Aunque por otro lado, el armario había permanecido abierto durante el tiempo que ella estuvo fuera.
Él la miró, canturreando, y removiendo la poción. “Ella no lo haría” pensó. E, inmediatamente, se arrepintió de haberlo pensado. ¿Acaso no sabía el mejor que nadie que no podía fiarse de las apariencias? ¿Qué el engaño podía venir de la persona menos esperada? Él la miró de nuevo. Parecía tan inocente...
En ese mismo momento, ella se volvió a mirarlo, y le regaló una sonrisa. El se sintió obligado a responder. Volvió la vista al pergamino que había tenido entre las manos durante toda la tarde, y al que apenas había prestado atención.
- Severus- dijo ella con voz vacilante- ¿Te apetece un chocolate caliente? Lo digo porque voy a conjurar una taza, por si quieres... o tal vez te apetezca más un té, o un café...
- Un té estará bien- dijo él sin levantar la vista. A los pocos minutos, ella le dejó un platillo con una taza de té humeante sobre la mesa. Él la miró mientras ella se tomaba su taza de chocolate, apoyada sobre otra mesa, la mirada perdida.
Se preguntó curioso en qué estaría pensando. No sabía que ella se preguntaba lo mismo de él en ese momento. Se obligó a sí mismo a fijar la atención en el importante pergamino que debía leer.
Al cabo de un rato, él notó su presencia a su lado.
- No quería molestarte- dijo a modo de disculpa, y él negó con la cabeza- ¿Has terminado ya? Para llevarme la taza...
- Iba a retirarla yo mismo enseguida- dijo el escuetamente.
- No importa- dijo ella suavemente.- Ya la quito yo.
Hizo desaparecer la taza con un elegante movimiento de varita. Severus no pudo evitar mirarla. Ella se dio cuenta, y al ver que no apartaba la mirada de ella, se sonrojó.
- ¿Qué ocurre?- preguntó azorada. Seguro que había olvidado algo, o había hecho algo mal...
La respuesta de él la sorprendió.
- Eres demasiado buena- dijo más para sí mismo que para ella.
Ella lo miró conmovida.
- No tanto, no tanto... no te acuerdas del golpe que te di la noche que llegué?- dijo ella levemente sonrojada. Él lo había olvidado, pero ella se lo había recordado. Se echó a reír.
Fue la primera vez que Saffron lo oyó reír. Y solo por aquello, mereció la pena el golpe que le había dado.
" De miedo y Quidditch "
por
Youko (
9:04 PM )
Youko se quedó helada mirando al hombre frente a ella, cogiendo la puerta con tal fuerza que un poco más le arranca un trozo. Resistiendo el impulso de cerrarle la puerta en las narices al padre de Draco aflojó un poco la mano en la madera... pero no la soltó... por si acaso...
-“Señor Malfoy... Es... un placer verle por aquí... ¿En qué puedo ayudarle?”—pregunto educadamente sin dejar de vigilar al otro mago. Había pocos magos a los que Youko les daría la espalda pero es que a Lucius Malfoy no querría ni encontrárselo de frente.
-“También es un placer verla señorita Silvara. ¿Le importa si hablamos dentro?”—respondió Lucius con voz sedosa y resbaladiza... *Como una serpiente*, pensó Youko.
-“Creo que lo que tenga que decirme puede hacerlo desde ahí. Además, no creo que tenga interés en estar en una habitación desordenada”—Youko no tenía muchas intenciones de dejarle pasar, el suicidio no estaba en su lista de prioridades...
-“¡Oh! Qué descortés por parte de un miembro de la familia Silvara”—dijo Lucius con sorna.—“Pero ciertamente no deseo hablar de lo que sucede entre mi hijo y usted en mitad del pasillo...”—añadió casualmente. Esto provocó que Youko palideciera ligeramente.
-“Muy bien, como desee, señor Malfoy. Pase”—y con esto Youko se apartó un poco de la puerta para dejarle pasar. Lucius entró en la habitación con la capa ondeando tras él mientras Youko daba un ligero vistazo al pasillo para comprobar que no había nadie. Cerró la puerta y giró para ver a su “invitado” sentado en uno de los sillones frente al hogar.—“¿Le apetece tomar algo: té, café, cianuro...?”—inquirió con bastante cinismo en la voz al tiempo que se ocupaba el otro sillón, pero al contrario que con Severus, esta vez no se relajó.
Lucius rió suavemente.
-“Se parece a su madre... por lo menos en el carácter... Y no gracias, no deseo tomar nada. Ahora, se que debe tener clases a las que asistir así que seré breve.”—dijo Lucius mientras Youko pensaba *Lástima que no haya aceptado el cianuro...*--“A llegado a mis oídos que mi hijo a estado tratando mucho contigo recientemente... incluso que el otro día... te besó”—Youko maldijo a Malfoy por ser tan directo y a Wallravenstein porque estaba segura de que había sido ella la que había informado a Lucius. Interrumpió al mago antes de que hablara de nuevo.
-“Mire, señor Malfoy, lo que su hijo quiere de mi es un misterio. No tengo ningún interés en él pero parece que su hijo no quiere entender eso...”—Youko habló tan fríamente como pudo pero ahora la interrumpió Lucius.
-“Realmente, no tengo ningún problema con el acercamiento de mi hijo. Tan sólo me preocupa que tu... digamos, delicada posición pueda ponerlo en peligro. Sus opciones, señorita Silvara, no han sido las mejores para los tiempos que corren...”—interpuso Lucius mirándola fijamente.
-“Mis opciones no son asunto suyo. Empieza a molestarme que todos me digan lo mismo”—Youko estaba empezando a perder la paciencia.
-“Vigila tu tono jovencita. Tan solo me limito a avisarte de que tal vez hayas escogido el lado equivocado en esta guerra... Y sinceramente, dudo mucho que ese viejo de Dumbledore te haya llamado única y exclusivamente para ser ayudante del lobo que ha puesto como profesor”—la voz de Lucius era ahora como acero, dura y amenazante.
-“¿Me está amenazando, señor Malfoy?”—el temperamento de Youko empezaba a subir a la superficie, respondiendo a Lucius con un borde desafiante en la voz. No iba a darle el gusto a Lucius Malfoy de dejarse asustar.
-“Nada más lejos de mi intención. Creo que se ha hecho un poco tarde y sin duda querrá asistir al desayuno.”—dijo Lucius mientras se ponía en pie y se dirigía a la puerta sin siquiera esperar a Youko, que le acompañó hasta la puerta pero manteniendo una respetuosa distancia entre ellos.—“Y no lo olvides... Ten mucho cuidado con lo que dices o haces, no pongas más en peligro ese bonito cuello”—siguió ligeramente burlón.—“¡Ah! Y si mi hijo te incomoda demasiado, siempre puedes escribirme”—añadió con una sonrisa burlona en los labios.—“Que tenga un buen día, señorita Silvara”—se despidió Malfoy y se alejó por el pasillo.
En cuanto Youko lo vio girar la esquina, cerró la puerta y dejó que toda la tensión se soltara de su cuerpo. Con las piernas temblorosas y apoyándose contra la puerta, empezó a resbalar hasta que se sentó en el suelo. Si no se tranquilizaba acabaría hiperventilando. “No pienses Youko, no pienses”, se decía en voz baja, “Lucius Malfoy no acaba de estar aquí, es todo imaginación tuya...”, repetía constantemente. Pero para su desgracia no eran imaginaciones y Lucius le había metido miedo en el cuerpo. Menuda auror estaba hecha, dejarse asustar así. Seguro que Moody le daría un buen tirón de orejas.
Cuando notó que sus piernas ya la podían mantener en pie, se acercó al escritorio y terminó de recoger sus cosas. Miró por la ventana la lluvia que estaba cayendo. Su humor estaba ahora más oscuro que aquellas nubes en el cielo... Con sus cosas en las manos y la cabeza llena de pensamientos oscuros, salió de la habitación y se dirigió al comedor y a las clases de la mañana.
----------------------------------------------------------------------------------------------------
Durante las clases de aquella mañana había podido observar lo pálido y enfermizo que se veía Lupin. Claro, aquella semana habría luna llena y el profesor ya empezaba a sufrir los efectos. Así que lo más seguro sería que ella impartiría las clases a las cuales él no podría asistir. Por algún extraño milagro (quizá los dioses estaban siendo un poco bondadosos con ella), no se encontró con Draco en toda la mañana (y si tenía suerte, no se lo encontraría en todo el día...). La corta conversación con Lucius todavía seguía dando vueltas en su cabeza mientras se acercaba al comedor para la comida cuando oyó una voz llamándola, y provocando que se tensara inmediatamente. Pero se relajó al ver que era Saffron.
-“¡¡Ehh... hola!! ¿Que tal estás?”—preguntó la joven pelirroja en cuanto se puso a su lado.
-“Bien”—su voz no salió todo lo relajada que le habría gustado, pero bien, a lo mejor no se había dado cuenta.—“¿Y tú..¿Qué tal?”
-“¡Oh!, muy bien también. Estudiando mucho, ya sabes... necesito aprender muchas cosas nuevas... y el profesor Snape es muy exigente...”—Youko no pudo tragarse la sonrisa viendo lo apurada que se ponía Saffron en cuanto el nombre de Severus salía a escena.
-“Vaya... ¿sigue gritándote?”—inquirió con una expresión divertida en la cara.
-“Todos los días...”—aquello salió más como un suspiro que como una frase y Youko no pudo evitar reír, sintiendo como se le aligeraba un poco los oscuros pensamientos en su cabeza.
-“Snape es una buena persona, Bahn. Aunque no sepa como tratar a la gente... Si no, no hubiese aceptado ayudarte con tu trabajo”—le indicó a la chica que tenía una ligera expresión soñadora en su cara. Justo en cuento Saffron iba a volver a hablar llegaron a las puertas del comedor donde se encontraron ni más ni menos con el centro de su conversación: Severus Snape. El profesor miró fijamente a la pelirroja y ésta se sonrojo ante la curiosas mirada de Youko que observaba el intercambio.
-“Youko, Señorita Bahn”—saludó con bastante sequedad, como de costumbre, pero se apartó de la puerta para dejarlas pasar primero. Las dos jóvenes lo saludaron, aunque Saffron no consiguió esconder su sonrojo.
Siguieron su camino hacia el interior y mirando disimuladamente hacía atrás y comprobando que Severus estaba lo bastante apartado como para no oírlas preguntó si todavía seguían tratándose de usted. A Youko le parecía extraño, ya que Saffron ya no era una alumna y además estaba trabajando con él... más o menos... Y Saffron confesó que no estaba segura de que al profesor le gustara que le llamara por su nombre. Sólo de mencionarlo volvió a enrojecer.
-“Pues deberías preguntarle”—la animó mientras llegaban a la mesa de Ravenclaw—“A lo mejor te sorprendes”—y con esto la dejó sola mientras sonreía pensando en cuando se atrevería Saffron a llamar a Severus por su nombre...
Apenas se había sentado cuando Severus ocupó su lugar. Atrayendo su atención, y aprovechando que Remus todavía no había llegado preguntó.
-“¿Conoces mucho a Bahn?”—su rostro era una máscara impasible cuando preguntó.
-“Realmente no. Tan sólo de verla por la escuela cuando todavía estudiábamos y de haber hablado un poco con ella estos días... ¿por qué?”—contestó Youko mordiéndose el interior de la boca para evitar que se formara una sonrisa divertida en su cara.
-“Por nada. Tan sólo curiosidad”—respondió escuetamente Severus mientras desviaba su atención a su copa, dando así por finalizada la conversación.
Youko iba a preguntar algo más pero en aquel momento llegó Lupin, en peor estado que durante las clases y saludándolo decidió intentar establecer una pequeña conversación para ver si lo animaba un poco.
------------------------------------------------------------------------------------------
A medida que los días de la semana pasaban Lupin iba teniendo peor aspecto hasta que al final el miércoles no apareció en el desayuno y Severus la avisó de que ella daría las clases de DADA y que si necesitaba ayuda no dudara en llamarle. Como quería llevar el salón de duelos con Lupin decidió atrasarlo hasta la semana siguiente y así poder dedicarse a las clases con más tranquilidad. En toda la semana no dejó de pensar en la conversación con el padre de Draco, y al final llegó a la conclusión de que más le valía estar atenta y observar los movimientos de Wallravenstein, por si acaso. Draco le mandó un par de notas intentando quedar con ella pero decidió ignorarlas. Evidentemente al chico no le gustó ser ignorado e intentó acercarse a ella, pero Youko siempre procuraba rodearse de otros alumnos o de desaparecer en cuanto podía. Charlotte tampoco se había dirigido a ella en toda la semana así que dio por sentado que cuando la chica quisiera hablar otra vez lo pediría.
Para el fin de semana, con el primer partido de Quidditch de la temporada, Slytherin contra Ravenclaw, Remus apareció de nuevo, mucho más saludable con al principio de la semana aunque todavía un poco pálido. Fueron juntos hasta la tribuna de los profesores y ocuparon sus asientos. La conversación era ligera hasta que aparecieron Severus y Charlotte, y Remus se calló y observó con tristeza en los ojos a la joven rubia.
En cuanto salieron los equipos la atención de Youko se centró en el juego. Aunque reservó un momento para dar gracias por que Lucius Malfoy no hubiera venido a ver el partido, ya que algunas veces cuando ella estudiaba había asistido. Para su sorpresa observó que Laia ocupaba el puesto frente a los aros. Claro, que ahora que lo recordaba, el jugador titular estaba enfermo... Y aunque intentó evitarlo, alzó la vista sobre el resto de jugadores y vio a Draco dando un par de vueltas con la escoba. Y justo cuando iba a retirar la vista, Draco se giró y la miró y sonrió. Youko maldijo, se sonrojó y bajó la mirada.
El resto del partido lo pasó entre mirar a los jugadores pasarse la quaffle y esquivar bludgers y lanzar rápidas miradas a Malfoy que estaba buscando la snitch junto con Cho Chang, la buscadora de Ravenclaw. El partido apenas duró una hora pero fue tiempo suficiente para que Slytherin machacara al otro equipo en un partido bastante agresivo para su gusto. Una vez bajo de la tribuna y a punto de irse al castillo junto a Remus, miró hacia los vestuarios y en la puerta vio a Malfoy mirándola con una sonrisa en los labios. Y ella, inconscientemente, y sin saber por qué. Le devolvió la sonrisa antes de alcanzar a Remus que ya estaba a mitad de camino...
" La primera victoria del curso "
por
Laia (
7:56 PM )
Durante unos días Laia no hizo más que entrenar. Se dedicó en cuerpo y alma al partido. Solo le turbaba la posibilidad que Lucius Malfoy acudiese al espectáculo.
Durante esos días también había ratificado en persona que Youko Silvara había estado hablando con Snape acerca de Draco. Aunque se juró mantener el secreto -por el momento-, el señor Mafloy no era justamente estúpido, y quizás él mismo descubriera todo el asunto –sobretodo después que Laia le advirtiera sobre el comportamiento de su hijo-.
La mayor novedad de la semana había sido justamente esa noche en la que se había vuelto a colar en el despacho de Snape. Había estado pensando mucho la excusa, tanto si dentro del despacho encontraba al profesor como si encontraba a Bahn. Evidentemente Laia prefería encontrar a Bahn antes que al profesor, pues arrebatarle la llave de los armarios a la joven Ravenclaw no parecía difícil ¡Con lo despistada que parecía!
Pero tuvo una idea mejor.
No le hacía mucha gracia, pero era inofensivo, una broma estúpida. Recordó que unos años antes, uno de los hermanos Weasley le regaló una bolsa de caramelos. Fue una gran estupidez comérselos, pero Laia ignoraba aún que uno de esos malditos pelirrojos se atrevieran a hacer eso a alguien de su familia –se equivocaba-. El caso es que se tomó uno de los caramelos en clase de Transformaciones, y como no podía tolerar que nadie viera como le sangraba la nariz –Y la profesora McGonagall no iba a dejarle salir de clase sin saber que era lo que le ocurría exactamente-, tuvo que engullir toda esa sangre que no sabía de donde venía pero que al final resultó que era un hechizo muy fácil de realizar.
Guardó la bolsa de caramelos durante todo ese tiempo. La tuvo merodeando por su escritorio tres años por lo menos, y esa noche en la Sala Común se le ocurrió que por fin podía serle útil. Miró de reojo a un alumno de primero bastante enclenque, el hermano pequeño de Jack Beardsley, un tipo callado que jugaba como cazador en el equipo de Slytherin y que volaba realmente rápido. Los dos hermanos estaban relacionados familiarmente con los Black, y habían caído siempre en gracia a Snape. Ese niño era la víctima ideal.
Se acercó a él y disimuladamente dejó unos cuantos caramelos encima de la mesa. Nadie la podría delatar, el único testigo estaba dormitando en uno de los sofás. Tampoco el niño se había percatado.
Laia sonrió para sí. El niño tomó uno de los caramelos, el de menta.
______________________________
-¡Oh, por Merlín!
El grito aturdido de Bahn se confundía con los lloriqueos del pequeño, que después de tomar el caramelo y ver el horrible resultado había ido corriendo al despacho de Snape a pedirle ayuda.
Laia asomó su cabeza ligeramente de entre la oscuridad y vio salir corriendo a Saffron Bahn con el niño en brazos en dirección a la enfermería. Sonrió abiertamente y llegó andando rápidamente al despacho intentando no hacer mucho ruido.
“Con un poco de suerte se habrá dejado la llave aquí dentro”
Pensó Laia.
El despacho estaba abierto, como evidenciaba la rápida salida de Bahn. Buscó por todas partes la llave, pero no la encontró.
“Mierda”
Laia frunció el entrecejo.
“Pues conseguiré esos ingredientes aunque tenga que destrozar el armario a hachazos”.
Se dirigió furiosa a la habitación de los armarios y... Cual fue su sorpresa al ver que uno de ellos, el más grande, estaba abierto de par en par.
“Curiosas preferencias tiene esa Bahn”.
Evidentemente Laia no era de esas personas que olvidaban cerrar con llave un armario al tener un niño desangrándose al lado pidiéndole ayuda.
Laia sonrió triunfante mientras se acercaba al armario y miraba de refilón el tarro de adormidera roto en el suelo.
“Menuda bronca le va a caer”.
Pero mientras pensaba eso también reconoció que con esta acción, quizás le había regalado a Bahn una bonita coartada, porque evidentemente esos ingredientes que estaba robando, Snape los iba a echar de menos.
“Seguro que incluso cuenta el número de hebras que tiene en su tarro de azafrán”
Buscó todo lo necesario, yerbas extranjeras en su mayoría, pues la poción que necesitaba realizar era de origen azteca. Por fortuna Snape estaba muy bien provisto, y había muchas yerbas mexicanas.
“Raiz de Jalapa... Árnica mexicana... no, esto ya lo tengo pero cojeré un poco por si acaso, Cuachalalate... Salvia divinorum...”
Procuró reordenar el armario para que no pareciera que faltara nada y salió de allí como una exhalación. Estaba completamente segura que conseguiría realizar esa poción, ahora solo era necesario llegar a la sección prohibida de la biblioteca para conseguir la receta.
Con los ingredientes conseguidos, Laia se dedicó exclusivamente al entrenamiento. Los nervios fueron creciendo y creciendo... Hasta que llegó el gran día.
No recordaba la emoción que se sentía cuando se despegaba con la escoba –ella poseía una Platinum, llamada popularmente “La Stradivarius del aire”-. Cuanto más se elevaba y contemplaba el campo, más adrenalina acumulaba, y ese era uno de los pocos momentos en los que no se sentía agobiada.
Roger Davies, el capitán del equipo de Ravenclaw, estaba decidido a ganar por fin la copa. Ese era su último año en Hogwarts y como detalle importante, había ahorrado junto a todo el equipo y había reemplazado las Barredoras por Saetas de Fuego. Cho Chang, a su vez, daba vueltas en el campo junto al equipo de Ravenclaw, intentando dar de si todo lo que pudiera la nueva escoba.
Cuando le tocó dar las dos vueltas a Slytherin, Laia se fijó en la tribuna de los profesores. Lucius Malfoy no había venido. Quizás fuera lo mejor o no podría concentrarse en el partido, aunque un poco de desilusión quizás si tenía. Quienes si estaban era Snape y Youko Silvara, que además de sentarse juntos no parecía que se llevaran muy mal. Junto a Youko se encontraba Remus Lupin, quien escuchaba desconcertado y cansado -pero siempre sonriente- a la profesora Trelawney, quien parecía haber descubierto algo muy importante en su bola, pues no paraba de dar voces alarmantes.
Había dos asientos libres al lado de Snape. A Laia solo se le ocurrió que uno de ellos pertenecía a Bahn.
“La habrá castigado”
Y soltó una risa ante un chiste tan inocente. No, seguramente Bahn sencillamente llegaba tarde.
“Y el otro asiento ¿A quien pertenecerá?”
Al finalizar las dos vueltas se situó ante los aros. Los vítores retumbaban en sus oídos, la emoción no podía ser mayor.
Entre tanto griterío volvió a fijar la mirada a la tribuna. Un asiento ya estaba ocupado. Esa figura le sonaba. Era Charlotte Jenkins.
“Si te fijaras más, te darías cuenta que hay otra persona a quien deberías controlar”
Ahora recordaba las palabras de Lucius Malfoy. ¿Se refería a esa chica salida de la nada sin oficio determinado en Hogwarts? Era claramente sospechoso que además de ser tan misteriosamente discreta –poca gente parecía conocerla en Hogwarts- estuviera hablando con Snape y este pareciera no limitarse a sus típicos monosílabos.
De repente todo cobró rapidez. El partido había empezado.
Exceptuando un choque frontal entre Roger Davies y ella que le valió una descalificación a Slytherin, éste ganó el partido.
Había sido un partido excepcionalmente violento y, sorprendentemente, ésta hostilidad venía en mayor parte del equipo de Ravenclaw. Eso era consecuencia de la desesperación de un equipo que había sufrido dos bajas importantes, sus mejores jugadores: Cho Chang se había fracturado una muñeca al empezar el partido, por lo que tuvo que ser reemplazada, y uno de los cazadores de Ravenclaw fue expulsado por desviar a Draco mientras éste perseguía la snitch.
Roger Davies les había forzado demasiado y eso había hecho mella en el equipo. No hacían bien los pases, perdían oportunidades de oro y continuamente se salían de su posición, por lo que la coordinación y la contundencia propias del equipo de Slytherin acribillaron al equipo contrario y Slytherin ganó con tan sobrada ventaja que cuando Draco pilló la snitch, el contador y la campana que anunciaba cada uno de los puntos se volvieron locos. Los miembros de Slytherin gritaron tanto que ensordecieron los pitidos de las otras tres casas.
Jameson bajó de la escoba exaltado, mientras se dirigía al equipo.
-¡Ni Roger Davies repitiendo curso consigue una victoria contra nuestro nuevo equipo! Más vale que lo deje y se dedique a aprobar las asignaturas que ha suspendido.
Laia se acercó sonriendo a todos y juntos tomaron el rumbo a los vestidores, después de unas cuantas vueltas victoriosas alrededor del campo.
Estaba empezando a lloviznar cuando alguien entró en el pasillo que llevaba a los vestidores de Slytherin.
Una cabellera roja siempre era un contraste en el monócromo mundo de Slytherin. Laia abrió los ojos sorprendida.
“¡Bahn!”
La chica se acercaba con un poco de reparo. Al fin y al cabo era una Ravenclaw adentrándose en terreno enemigo. Pero podría haber sido peor. Podría haber sido Gryffindor.
Laia temía que Saffron Bahn se acercara a ella y le acusara de ladrona, pero para su sorpresa -y tranquilidad-, Bahn se dirigió directamente hacia Jack Beardsley. A él también le sorprendió, ya que la observó extrañado, con actitud desconfiada. Aún así la actitud franca de la chica hizo que Jack llegara incluso a esbozar una educada sonrisa.
Lo que le estuvo diciendo al cazador de Slytherin para que él asintiera tan sonriente Laia lo ignoró, pues las risotadas y los cantos de victoria de su equipo la arrastraron como un río hacia los vestidores. Tampoco pudo percibir como de reojo Saffron Bahn le dedicaba una mirada soslayada.
A saber lo que estaría pensando.
" Quidditch entre dos (Parte I) "
por
Charlotte (
4:45 PM )
Los días pasaron sin pena ni gloria. La vida en el castillo se convirtió en una monotonía agobiante, llegó incluso a desear que las cosas se precipitasen de una vez por todas y así terminar con todo. Sabía que así iba a ser. Sabía que quizá fuese lo mejor. No podría seguir así eternamente. Y sus días se habían convertido en una eternidad.
Encerrada en su habitación día y noche, sólo salía de ella para ir al Comedor o para de vez en cuando subir a la lechuzería a ver si Hilina había llegado por fin.
Pero la condenada lechuza seguía sin aparecer.
Vivía en un constante estado de sueño en vela en el que todos los documentos que releía continuamente se iban sucediendo por su cabeza, cada vez con menos sentido, cada vez más liados.
Llegó un momento en el que incluso destrozó algunos, la falta de soluciones y de información en ellos la dejaba fuera de sí, aunque como bien sabía cuando lo había hecho, los volvió a recomponer con un sencillo conjuro.
Todos sus papeles estaban intactos esparcidos por toda la habitación. Igual que siempre lo habían estado. Igual que como temía, lo seguirían estando mucho tiempo más.
Cuánto disfrutaría cuando pudiese quemarlos por fin.
Pero ¿y si no llegaba a hacerlo?
Eso daba igual, porque entonces ya estaría muerta, y no le importarían para nada los malditos papeles.
Para colmo de males tenía más cosas en las que pensar. Su mente se distraía continuamente cuando le veía. Y el verle hacía que pensase en él en cualquier otro momento.
Remus.
Con el paso de los días se percató cómo Remus empezaba a tomar un aspecto enfermizo. Reconoció al instante los síntomas, no fallaba, nunca fallaba, en unas pocas noches habría luna llena. Eso hizo que comenzase a observarle más aún. ¿Seguiría tomando la poción matalobos? Suponía que sí, sino sí que sería un problema.
"Se la debe de preparar Severus." Pensó un día Charlotte. También supuso que no con mucho cariño. Había observado la relación que había entre ellos durante el poco tiempo que les había visto juntos, además les conocía muy bien a los dos. "Probablemente Severus le odia." Y como llevada por un pensamiento involuntario: "¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo?"
Y como había predicho, un día Remus dejó de aparecer por el Comedor, la silla situada entre Severus y Youko permaneció vacía durante pocos días, días en los que a todas sus preocupaciones se unió la de saber cómo debía de estar pasándolo de mal Remus. "¿Por qué tengo que sentir tanta lástima?"
Pasaron los días y Remus volvió a su sitio en el Comedor, en cambio ella seguía igual. Los pocos momentos que pasaba entre personas los dedicaba a hablar con Severus. No había vuelto a intercambiar ninguna palabra con Youko desde aquel Sábado, y a decir verdad no habría sabido qué decirle. Tampoco sabía si Youko habría sido capaz de decir nada, no sabía siquiera qué era lo que pensaba ahora de ella. Tampoco sabía qué era lo que pensaban ellos...
A pocos días del primer famoso partido de Quidditch de la temporada se percató de que la observaban. Sabía que desde el principio lo habían hecho, pero había desatendido demasiado esa cuestión. Desde la mesa de Gryffindor comenzó a divisar las miradas de inquietud, intriga y odio que llegaban hasta ella. Había tenido la esperanza de que la sensación de intromisión que sintió desde el primer día que apareció ante ellos no durase demasiado, pero contrario a lo que ella quisiese, Potter, Weasley y Granger la observaban casi de continuo.
Sabía que tenía que hacerse cargo, quizá por eso decidió ir al partido Slytherin-Ravenclaw. Como había supuesto, Severus la invitó a sentarse en la grada de profesores, Charlotte agradeció el gesto y fue junto a él. Allí también se encontraban Youko y Remus, aunque para no cambiar la continuidad de las cosas, persistió con la misma actuación que de costumbre.
Las cosas no tomaron ningún camino extraño, a decir verdad no prestó demasiado atención al partido. De vez en cuando Severus hacía algún comentario, estaba claro que este año su casa estaba decidida a ganar por fin la Copa de las Casas, así que se encontraba un tanto nervioso con el asunto.
- "Puede que no lo sepas, pero todos los años de un tiempo para acá, por un motivo o por otro, Gryffindor acaba ganando la Copa." - Le había comentado Severus, con un cierto aire de desdeño.
- "¿Y a qué se debe?" - Preguntó Charlotte un tanto distraida.
- "A lo mismo de siempre, a ese trío que puedes ver allí." - Ese comentario hizo que Charlotte se sobresaltase, Severus le había indicado claramente a Potter y sus amigos. Severus continuó con un tipo de explicación ante el sobresalto de ella. - "Claro que recuerdo que tu también eres Gryffindor." - Dijo con un cierto tono de amargura.
- "También espero que recuerdes quién soy yo fuera de toda clase de marcas." - Respondió Charlotte casi con el mismo tono de voz que él, como intentando decir: 'no olvides que eso hicimos nosotros'. - "Eso ha sido un golpe bajo, Severus, y ya recibo muchos de mi madre." - Concluyó ella con un sonrisa.
- "¿Sigue recordándotelo?" - Preguntó Severus también con un ligero tono de sorna.
- "La última vez que hablé con ella su despedida fue algo así como 'Alguien tendría que deshacerse de una vez de ese andrajoso sombrero viejo!.' Claro que para entonces ya había cerrado la comunicación, aunque supongo que seguiría maldiciendo un buen rato ella sola." - El recuerdo de esa imagen hizo que Charlotte comenzase a reírse sola. Severus también sonrió lo suficiente para demostrar que la situación le hacía gracia, pero sólo lo suficiente como para no perder la compostura.
Ella no se dio cuenta, pero su risa suscitó la atención de alguien que no dejaba de mirarla, Remus Lupin, sentado unos asientos más atrás la observó como si fuese la primera vez que la veía en mucho tiempo. Hacía tanto que no la oía reír...
Al término del partido Charlotte ya sabía que tenía que hacer, se despidió de Severus y deslizándose entre la muchedumbre consiguió alcanzar a Potter, tenía que hacer algo si quería impedir que hiciesen de las suyas.
- "Hola. Interesante el partido, ¿verdad?" - Comentó ella sin darse cuenta que ni siquiera había atendido a él.
- "No sé para quién." - Bufó Ron, parecía no haberle gustado el resultado.
- "¿Quería algo?" - Preguntó Hermione con un tono más allá de la antipatía.
- "Tan sólo saludaros..." - Como, que...
- "¿Sigue con su trabajo aquí?" - Preguntó Harry. De los tres, tan sólo Hermione parecía sentir verdadera antipatía hacia ella, pero el problema sería si de todas formas se decidiesen a meterse en líos otra vez.
- "Sí..." - Iba a seguir hablando, aún no había ni comenzado a trazar su línea de juego cuando vio acercarse a Remus.
- "Bueno chicos, ¿así que el próximo lo jugáis vosotros?" - Comentó él desde lejos con una ligera sonrisa en los labios.
- "Así es profesor." - Asintió Ron deseoso a que llegara ya el día.
Charlotte no tuvo oportunidad, otro chico Gryffindor se acercó al grupo y se llevó al trío dejándolos a ellos dos solos.
" La valentía de los cobardes "
por
Saffron (
12:00 AM )
Saffron pasó todo el fin de semana estudiando. El tiempo comenzaba a nublarse, y hacía frío, así que salió poco del castillo. Pasó su tiempo entre la biblioteca, su habitación, y la sala común de Ravenclaw.
- Estaré ocupado el fin de semana, y usted tiene que aplicarse en las lenguas antiguas. No quiero verla por aquí- había dicho Snape claramente.
Y sin embargo, cada vez que había salido al pasillo, se lo había encontrado; y durante las comidas, el no había apartado la vista de ella. Saffron se había sentido intimidada por sus oscuros ojos. Intentó descifrar su mirada, pero no pudo. Ella estaba abrumada. “¿Por qué me mirará tanto?” Se preguntaba cada vez que chocaba con sus ojos. Y no podía evitar recordar la noche que lo encontró en el bosque, y como la había apretado contra su cuerpo.
Ignoraba Saffron que precisamente aquella noche, había estado a punto de poner en grave peligro la vida de su querido profesor. Snape seguía dudando de ella, su actitud era contradictoria: sus ojos claros escondian algo, y no sabía que era. Desconocía si tenía algo que ver con lo sucedido en el bosque, o si por el contrario, era cierto que su presencia allí era casual. “Niña inconsciente” se dijo nada más dejarla en el límite del bosque “has estado a punto de echar a perder un trabajo de “diplomacia” de meses”. Cuando la soltó de la mano, ella le dio una mirada desilusionada, y siguió, ya sola, andando hasta el castillo. Snape la miró alejarse unos segundos, y volvió a adentrarse en el bosque. La mano le ardía inexplicablemente.
Así, decidió no perder de vista a Saffron ni un minuto a partir de ese momento. Si tenía algún negocio extraño, lo averiguaría. La despachó sin ceremonias por el fin de semana, aunque siguió sus pasos uno a uno. No sabía Snape que alguien en Hogwarts estaba haciendo lo mismo.
****************
El lunes por la mañana amaneció lluvioso. Saffron se acercó en camisón hasta la ventana. Le encantaban las primeras lluvias otoñales. Recordaba como, cuando era niña, salía con su madre al jardín para que la lluvia las mojara. Cogió a Ein en brazos, y abrió la ventana.
- Mira Ein, mira... - dijo alegremente, mientras el gato intentaba en vano escabullirse de sus brazos.
Ein respiró aliviado cuando ella lo dejó en el suelo para ir a ducharse. Él la siguió cariñosamente hasta el baño, poniendo especial cuidado en que no le llegaran las gotas que ella le tiraba entre risas.
Después de desayunar, sintió deseos de salir a la calle. Bajó hasta uno de los soportales y allí se quedó. No se atrevió a salir del todo, por temor a que la vieran y creyeran que estaba loca. Estuvo mirando fijamente las nubes grises y las gotas de lluvia que caían, formando charcos en el suelo.
- ¿Qué hace aquí?- preguntó uno suave voz a su espalda. Ella se volvió, y sonrió a Remus Lupin.
- Mirando la lluvia. Me encantan las tormentas.- dijo ella señalando los débiles relámpagos que se veían. Él asintió, y ella no le dijo que, en realidad, lo que quería era saltar en los charcos como una cría. Saffron vio la mirada triste de la fija en algún punto lejano.- Profesor... ¿le ocurre algo?.
Él quiso decir algo, pero calló. Negó con la cabeza, e hizo ademán de irse. Pero de repente se volvió.
- ¿Qué pensaría de mí si le dijera que soy un cobarde?- Saffron no se lo esperaba, y se quedó muda y confundida. El no esperó a que ella dijera nada, y continuó hablando- ¿Y si le dijera que cometí un error y ahora tendré que pagarlo para siempre?
Saffron no sabía muy bien a que se estaba refiriendo, y no sabía muy bien que decir; ni siquiera sin él quería que dijera algo.
- Le diría- dijo por fin suavemente- que siempre queda la esperanza. Muchos errores pueden arreglarse...
- No hay esperanza para mí- dijo Remus tristemente.
- Hay esperanza para todos- aseguró ella candorosamente. Él quiso creerla. Le sonrió dulcemente, y él pensó que hablar con ella era como volver a tener quince años, cuando crees que puedes conseguirlo todo.
- Tú eres la esperanza- le dijo él con dulzura, y Saffron se sonrojó. Él rió suavemente- ¿Qué te parece si dejamos el “profesor” y él “usted”, y me llamas simplemente Remus?.
- De acuerdo... Remus- dijo ella riéndose- me costará un poco acostumbrarme...
Ambos se rieron.
- Saffron, querida, esperaba justo encontrarte aquí- la voz de Dumbledore apareció de la nada, y tanto Remus como ella se dieron la vuelta sorprendidos. El director les sonrió- Me preguntaba si querrías acompañarme a dar un paseo bajo esta encantadora lluvia. Por supuesto Remus, si quieres acompañarnos, serás bienvenido.
Saffron se echó a reír alegremente, y Remus asintió. Y así, los alumnos que estaban asomados a las ventanas, pudieron ver al Director y al profesor de DADA, acompañados por Saffron Bahn pasear bajo una fuerte lluvia en una fría mañana de septiembre.
***********************+
Una vez que se hubo cambiado de ropa y secado el cabello, Saffron bajó al Gran Comedor. Los pasillos de Hogwarts estaban llenos de estudiantes hambrientos que tenían el mismo destino que ella. Vio la cabeza rubia de Youko a lo lejos, y corrió para alcanzarla.
- Ehh.. hola!! ¿Que tal estas?- le preguntó Saffron con una sonrisa cuando llegó a su lado.
- Bien- dijo Youko con una sonrisa un tanto forzada, intentando no parecer desagradable. Parecía preocupada- y tu..¿Qué tal?
- Oh, muy bien también. Estudiando mucho, ya sabes... necesito aprender muchas cosas nuevas... y el profesor Snape es muy exigente... - Saffron no quería decir su nombre, pero imposible. No empezaba una conversación en la que no acabara nombrándolo.
- Vaya- dijo Youko con una mueca divertida- ¿sigue gritándote?
- Todos los días... - dijo Saffron con un suspiro, lo que hizo que Youko se riera, liberando un poco la tensión.
- Snape es una buena persona, Bahn. Aunque no sepa como tratar a la gente... Si no, no hubiese aceptado ayudarte con tu trabajo.
Saffron iba a decir algo, cuando se encontraron con el mismísimo Snape a la puerta del comedor. Él clavó la mirada en ella, y Saffron se sonrojó y apartó la vista. Youko lo siguió todo con curiosidad.
- Youko, Señorita Bahn- dijo llanamente, con una inclinación de cabeza y cediéndoles el paso.
- Severus- dijo Youko.
- Profesor- añadió Saffron, aun sonrojada.
Ambas siguieron caminando, y cuando Youko estuvo segura de que el profesor no las escuchaba, volvió a hablar con Saffron.
- ¿Aun le llamas profesor y os tratáis de usted?- preguntó curiosa- pero si ya no es tu profesor...
- Ya, pero no sé si el le gustaría que yo lo llamara Severus... - respondió dudosa Saffron. La simple idea de que él pronunciara su nombre hizo que un escalofrío recorriera su espalda. Volvió a sonrojarse.
- Pues deberías preguntarle- dijo Youko, y Saffron descubrió en sus ojos la misma mirada que tenía Guenolee cuando sabía lo que estaba pensando.- A lo mejor te sorprendes.
Y dicho esto, se fue hasta la mesa de los profesores, con una enigmática sonrisa en los labios. Saffron pasó toda la comida sin atreverse a mirar hacia la mesa principal.
Cuando aquella tarde Saffron llegó al despacho de Snape, lo encontró vacío. El profesor le había dejado una nota, especificando la poción que quería que hiciera. Se puso manos a la obra, eligiendo ingredientes y midiendo. Entró en la habitación privada aneja al despacho, utilizando su llave, para coger un último ingrediente. Estaba allí dentro cuando escuchó que llamaban a la puerta.
- ¿Profesor?- llamó tímidamente una vocecita.
Saffron se dirigió hacia la puerta, para avisar a quien fuera de que el profesor no se encontraba allí
- No, cielo, el profes....OH, POR MERLÍN!!- exclamó horrorizada cuando lo vio. Delante de ella se encontraba un Slytherin de primer año, aunque no aparentaba mas que siete años, por lo delgaducho y poquita cosa que era. Pero no fue esto lo que la hizo gritar: de su nariz brotaba la sangre a borbotones, habiéndole empapado ya la camisa y parte del pantalón.- ¿Qué te ha pasado?
- No.. no lo sé... yo solo me comí un caramelo y empezó...- las lágrimas parecían a punto de brotar de sus ojos- ¿no está el profesor Snape?
Saffron negó con la cabeza. Estaba angustiada por el pequeño. Sin pensárselo un momento, lo cogió en brazos y lo llevó a la enfermería corriendo. Se golpeó el brazo con la puerta al salir, y con las prisas, tiró un tarro de cristal al suelo, haciéndose un pequeño corte en la mejilla. Ella no se dio ni cuenta.
- Oh, vaya, otro de esos malditos caramelos- suspiró madame Pomfrey cuando los vio llegar. Al ver las cara de pánico de Saffron y del pequeño, prosiguió rápidamente- Oh, no es nada, no es nada. Solo tómate una cucharada de esto, y descansa media hora.
Saffron dejó al niño sobre una de las camas y le acarició el pelo con una sonrisa. A el le costó trabajo soltar su mano.
- Muchas gracias, señorita- le dijo suavemente cuando ella se puso en pie Saffron le sonrió y le besó en la frente.
- Llámame Saffron- dijo ella con una sonrisa, y él asintió.
Cuando volvió al despacho, Snape ya esta de vuelta. Ni siquiera le dio tiempo a cerrar la puerta tras ella, cuando el ya estaba gritando.
-¡¡HA DEJADO ABIERTO UNO DE LOS ARMARIOS!! Y además, ha roto un tarro de adormidera!!! ¿Es que no se le puede confiar nada, señorita Bahn??- Saffron nunca lo había visto tan enfadado. Snape estaba rojo como un tomate, y una vena le latía en la frente. Iba a continuar gritando cuando la miró. La voz se le agrietó cuando la vio cubierta de sangre, el vestido arruinado- ¿Qué le ha pasado?.
Saffron tragó saliva, y le contó todo lo ocurrido. Cuando terminó él asintió. Estaba menos rojo, y parecía extrañamente calmado.
- Venga conmigo- fue lo único que dijo, penetrando en el anexo de los armarios. Saffron lo siguió obediente. Al fondo de la habitación, había otra puerta en la que Saffron no se había fijado. Él la abrió y entró en otra habitación.
Para sorpresa de ella, aquellas eran las habitaciones privadas de Snape. El la cruzó rápidamente, dirigiéndose hacia otra puerta. Saffron apenas vio nada, y lo único que pensó fue “Que poca luz”.
El la condujo hasta un amplio cuarto de baño, ordenándole que se sentara en un pequeño taburete. Ella se sentó y miró curiosa como el sacaba una toalla de un pequeño armario. Snape mojó la toalla con agua caliente y se acercó hasta ella.
- Levante la cara hacia mí- y dicho esto, procedió a limpiarle todos los restos de sangre de la cara. Saffron casi lloró ante la dulzura de sus movimientos- aquí tiene un pequeño corte...
El se ausentó un segundo, y volvió con una pequeña botella, con algo que Saffron no pudo identificar. Le limpió la herida con el líquido sin decir nada. Saffron fijó su mirada en los ojos de el, y cuando él la miró, se estremeció ante lo que vio. El también se asustó: había una intimidad en la mirada y en los gestos que no había sentido en mucho tiempo.
- Profesor- dijo ella suavemente, con la voz azucarada- ¿Puedo llamarle Severus?.
Él calibró la respuesta. “Es solo un nombre, y ella ya no es tu alumna” pensó él.
- Por supuesto. – dijo al fin.
- ¿Y usted me llamará Saffron? ¿Y nos tutearemos?- la voz de Saffron parecía envuelta en algodones, y él pareció ligeramente mareado. Asintió de nuevo.
Ella sonrió y se quedó pensativa. Aun no sabía de donde había sacado el valor para preguntárselo. Suspiró y pensó que era feliz.
Él continuó con las manos sobre su cara. “Un nombre” se decía “es solo un nombre”.
" Más confesiones... "
por
Youko (
5:23 PM )
Youko tenía más preguntas en la cabeza cuando salieron de las Tres Escobas que cuando había entrado hacía un par de horas. El vuelo de regreso a Hogwarts lo hicieron en silencio, cada una metida en sus propios pensamientos. Observó a Charlotte disimuladamente. Ciertamente era una chica difícil de descifrar... Además, tenía momentos tan Slytherin... claro que teniendo en cuenta que su madre fue un miembro de su casa era de entender.
Cuando aterrizaron en las tierras de la escuela, la pregunta más importante que quedaba todavía en la mente de Youko era por qué estaba Charlotte Jenkins en Hogwarts. Y no le valía la excusa de las conferencias... Tenía que haber algo más... y eso sería más difícil de descubrir.
Todavía en un silencio cómodo empujaron la puerta principal y entraron en la escuela. Justo en aquel momento Snape y Lupin salían también del comedor. Lupin las miró confuso mientras que Severus habló.
-“¿Una buena cena?”—inquirió cortésmente Snape mirando a Youko.
-“Sí”—respondió la joven—“Gracias. Buenas noches”
Snape asintió levemente con la cabeza, gesto que ambas jóvenes devolvieron. Youko también saludó a Remus, pero Charlotte dio media vuelta y se fue, dejándolos solos a los tres.
-“Severus... creo que mejor paso mañana por tu despacho...”—la voz de Remus sonó apagada y dolida y Youko sintió una punzada de lástima por él.—“Buenas noches”—y con esto se alejó por el pasillo en dirección a su dormitorio.
Snape se giró entonces hacia Youko, que todavía observaba pensativa a Remus mientras este se perdía entre las sombras.
-“¿Me permite acompañarla a su dormitorio?”—preguntó mirando a la joven que lo miró primero sorprendida y que después asintió con un leve movimiento de cabeza.
Avanzaron en silencio durante un rato hasta que Youko habló.
-“Sabe, ahora que estamos trabajando juntos creo que sería más cómodo si dejáramos de tratarnos de usted, ¿no cree?”—sugirió Youko mirando ligeramente a Snape.
-“Tal vez sea una buena idea... Youko”—respondió Severus. En cierto modo ella tenía razón, ya no era su alumna y resultaba más cómodo utilizar sus nombres. Unos minutos después llegaron hasta la habitación de Youko. Severus iba a despedirse pero la joven dudó un momento y habló.
-“Severus... ¿te importaría pasar un momento? Hay algo de lo que necesito hablar...”—la voz de Youko sonaba un poco dudosa pero Severus asintió y pasó por la puerta abierta del dormitorio.
Youko dejó su capa y escoba dentro del armario y miró Severus.
-“¿Te apetece un poco de té?”—preguntó educadamente mientras indicaba los sillones junto al fuego. Hogwarts era un castillo bastante frío, incluso en verano...
-“No, gracias. Esta tarde he estado con Albus y ya he tenido bastante té por un día”—respondió casualmente mientras ocupaba uno de los sillones, sus labios curvados en una ligera sonrisa.
-“Sí, lo de ese hombre y el té parece ser una obsesión. Me pregunto cuantos litros será capaz de ingerir en un día...”—Youko también sonrió al tiempo que se sentaba en el otro sillón. De pronto, y para sobresalto de Severus, la apariencia de fría calma que solía tener Youko empezó a desaparecer y mostró a una joven intranquila que miraba ansiosa el fuego, intentando encontrar las palabras para empezar...
Severus esperó pacientemente hasta que ella habló.
-“Verás... tengo un pequeño problema con un alumno...”—empezó ella alternando su mirada entre él y el fuego.
-“Y ese alumno por casualidad no será Malfoy...”—sugirió Severus arqueando una ceja. Youko enrojeció y respirando profundamente asintió. Severus pareció entender más o menos la situación.—“Tienes miedo de que si acerca demasiado a ti pueda ponerse en peligro”—aseguró más que preguntó el mago mirándola fijamente.
-“Sí. Se hace el encontradizo conmigo, me manda mensajes, me advierte...”—ahí Youko se calló. Severus la miró ligeramente alarmado.
-“¿Te advierte de qué, Youko? ¿Qué sucede?”—Severus sabía que la posición en la cual estaba la joven no era segura y también sabía que Dumbledore no la había traído a la escuela sólo para ser ayudante de Lupin y llevar el salón de duelos. El trabajo de Youko iba a ser más complicado que eso... y con Malfoy de por medio las cosas podrían complicarse más.
-“Me avisó algo que ya sabía. Que las paredes de Hogwarts tienen ojos y oídos no deseados. Hay alguien que vigila mis movimientos... y con lo que hizo el otro día no tardará en llegar a oídos de su padre...”—lo último lo dijo bastante aceleradamente, mirando a cualquier parte menos al hombre frente a ella.
-“¿Qué es lo hizo?”—preguntó ahora el profesor de pociones. Draco era alguien independiente y muy difícil de controlar, aunque había observado en estos pocos días su constante acercamiento a la inquieta joven frente a él.
-“Me besó...”—contestó Youko tan bajito que Severus apenas la oyó. Severus abrió los ojos desmesuradamente “¿Qué la besó? ¿Pero ese chico estaba loco?”, pensó para sí mientras Youko hablaba de nuevo.—“Y yo no supe que hacer... no supe pararle... y estoy confusa... ¡Merlín! ¿Por qué mi vida tiene que ser tan complicada?—exclamó bajito mientras enterraba el rostro avergonzado entre las manos.
Severus pareció pensar durante unos minutos antes de preguntar.
-“¿Te gusta Draco?”—su voz era suave pero firme. Allí no había ningún reproche. Youko lo miró entre confusa y aliviada.
-“Realmente no lo se... Me recuerda mucho a mí cuando estudiaba en Hogwarts. Como las dos caras en una moneda...”—Youko respondió sinceramente y Severus asintió.
-“Bien, entonces lo mejor que se me ocurre en este momento es dejar ver como se desarrollan las cosas. Ahora cambiemos de asunto... dices que alguien te observa. ¿Sabes quién puede ser?”—inquirió ahora el profesor Snape, cambiando a un asunto más importante.
-“Realmente no... tan solo es una sensación que he tenido de ser observada y la confirmación de Malfoy”—Youko dudó un momento antes de responder y este detalle no le escapó a Severus. Sí que sabía quien la vigilaba, no era tonta, pero si de momento prefería llevar el asunto ella sola, pues adelante...
-“Muy bien. Si descubres quien es no dudes en avisarme”—dijo Severus mientras se ponía en pie y se dirigía a la puerta, seguido por Youko.—“Y no dudes en venir a buscarme si necesitas hablar, ¿de acuerdo?”—añadió mientras ponía una mano sobre el hombre de la joven, intentado darle un poco de apoyo.
-“Muchas gracias Severus. Así lo haré”—agradeció Youko mientras Snape salía por la puerta.—“Buenas noches”.
-“Buenas noches, Youko”—se despidió Severus y con esto se alejó por el pasillo mientras en su cabeza repasaba toda la conversación con la joven.
Desde un lugar oscuro del pasillo, oculta a la vista de los demás, Laia observó salir al profesor Snape de la habitación de Youko. ¿Tal vez le habría contado que ella la estaba observando? Vete a saber... Youko también podía ser muy impredecible. Recolocando su insignia de prefecta, continuó haciendo la ronda por los pasillos.
_________________________________________________________________
El domingo pasó como un soplo de viento para Youko que apenas salió de su habitación. A pesar del cansancio del sábado no había conseguido conciliar el sueño muy fácilmente así que pasó casi todo el domingo metida en la cama, pensando, leyendo o simplemente mirando el techo mientras Nissa, la pequeña serpiente plateada la miraba desaprobadoramente...
El lunes por la mañana estaba de mejor estado de ánimo. Ahora bajaría a desayunar y después a clase. Pero para su desgracia se llevó el susto de su vida cuando una llamada sonó en su puerta y para su terror absoluto, quien estaba al otro lado no era otro que Lucius Malfoy...
" Días de desconcierto. "
por
Laia (
6:14 PM )
La figura de Youko se alejaba lentamente. Ahora si que Laia podía afirmar que a Draco le interesaba la auror.
“Increíble, esto parece un culebrón muggle”
Pensó.
Bufó discretamente y pensó en la nueva situación. Lo que Lucius Malfoy le había advertido el día anterior –que había alguien más en ese colegio a quien vigilar- había hecho acelerar los planes de Laia. Le faltaban dos yerbas para poder realizar esa maldita poción, y tenía que hacerla YA.
El caso es que la noche anterior había intentado encontrarlas en el despacho de Snape, que estaba abierto –oh, que maravilloso era ser prefecta, te sabías todos los horarios de los profesores, aunque a veces era difícil conocer los del jefe de su casa-. Por si acaso, registró todo el suelo y los más inhóspitos rincones asegurándose que no fueran susceptibles de alojar a Bahn. Por que molestarse tanto, no encontró ninguna de las dos yerbas.
Luego de estar largo rato buscando cayó en la cuenta que había una habitación aneja cerrada con llave. ¿Y si estaban allí?
Esa noche se acostó pensando en la manera de conseguir la llave. “Qué tiene Bahn”. También pensó en el partido Slytherin-Ravenclaw “Qué voy a jugar” y también en Lucius Malfoy “Me gusta que me den caña, por lo visto”.
Hasta las cuatro de la mañana no se durmió. Eso hizo que llegara tarde a la primera clase del día siguiente, Defensa contra las Artes Oscuras.
Del sueño que tenía, veía al profesor Lupin completamente borroso, pues se componía por dos manchas marrones, una más pequeña que era la cabeza y otra más grande que era la impresentable túnica raída –“qué alguien le compre una nueva” murmuraba Laia-. Al lado de Lupin estaba Youko Silvara, que desde el punto de vista de los ojos dormidos de Laia era una antorcha de luz alógena, pues su cabello a contraluz parecía completamente blanco.
Si, y después de la comida la había seguido. El hecho de dirigirse al exterior a deshora ya era suficientemente extraño, y Laia necesitaba pruebas... Quizás se reuniría con la misteriosa persona de la que había hablado Lucius.
Se dirigió al punto en el que se encontró el día anterior con el señor Malfoy, pero esta vez se escondió tras las gradas del campo de Quiddich.
Pero Youko no se reunió con nadie misterioso y desconocido. Se reunió con alguien que conocía muy bien.
"Draco Malfoy"
Lo oyó y vio todo, y no supo muy bien como interpretarlo.
“¿Se lo digo a Lucius o no se lo digo?”
Laia se mordió los labios y contempló como Youko se alejaba de allí. Sonrió levemente.
“No... aún no... veremos como progresa esto”
Puso sus manos en los bolsillos de la túnica y se dirigió al interior del colegio. Más valía dar tiempo al tiempo, que acababa de empezar el curso y aún era reciente todo lo que le había sucedido. Quería pensar, relajarse y pensar.
También necesitaba un plan, a que negarlo.
Si lo que quería Laia era tranquilidad, aún no la conseguiría. Delante de la Sala Común de Slytherin había apostadas varias figuras, Draco Malfoy, Steve Jameson y el trío maravilla de Gryffindor junto con Neville Longbottom.
Draco Malfoy tenía un leve color subido en sus mejillas, al igual que Potter y Longbottom. Parecía haber habido forcejeo.
Laia abrió los ojos sorprendida y se acercó. Habló lacónica.
-¿Qué pasa aquí?
Jameson la miró nervioso.
-Nada, pelea.
Laia abrió los ojos simulando sorpresa.
-¿No me digas? Apartaos vosotros, solo faltaría que conocierais la contraseña.
Laia hizo una señal con la mano como ahuyentando los malos espíritus, dando a entender a los Gryffindor que ahora debían irse, luego tomó del brazo a Jameson y esperó a que los cuatro estúpidos hubieran bajado de la torre. Luego preguntó a Jameson mientras le llevaba del brazo al interior de la Sala.
-¿Cómo está McGuillan?
-Estará al menos un mes en cama, fiebre glandular.
Laia levantó las cejas inocentemente.
-Oh... ¿Y ya sabéis si hacerme titu...
-¡¡¡Draco!!! ¿¡Qué te han hecho!?
El agudo grito de Pansy Parkinson ahogó la pregunta de Laia.
-Señor... qué paciencia.
Jameson ratificó con un suspiro lo que Laia había dicho y miró como Pansy intentaba coger el rostro herido de Draco con ambas manos. Luego explicó a Laia lo sucedido entre el Gryffindor y el Slytherin.
-Yo estaba hablando con Draco y ha llegado Potter. No sé por que razón le ha pegado y Draco se ha quedado sentado en el suelo, mirando al “héroe de Hogwarts” con mirada despectiva. Luego han empezado a forcejear. Ha terminado en tablas pero te aseguro que la mirada de Potter llevaba algo más que simple odio.
-¿Por qué le ha pegado Potter? ¿Lo sabes?
-No tengo ni idea, pero teniendo en cuenta como es el niño de la cicatriz, debía haber pasado algo muy fuerte.
Laia miró a Draco, quien ahora intentaba evitar las manos de Parkinson.
“Cómo están las hormonas este año”
Luego retomó la conversación donde la había dejado antes de ser interrumpida por Pansy.
-Ehm, bueno Jameson te estaba diciendo que si podías hacer que me pusieran de guardiana para el próximo partido.
Laia agarró la túnica del chico y acercó a él lo más posible.
“Despliega tus encantos, tu puedes Laia”
-Eh... Bueno, ya sabes que antes debemos hablar con Sn... Snape.
Laia sonrió de la manera más encantadora que pudo y fue aflojando su presión contra Jameson.
-Haz todo lo posible... Steve.
Y procuró que la palabra “Steve” sonara lo más seductora posible.
A la mañana siguiente ya era guardiana titular.
" No hubo un principio... "
por
Charlotte (
4:18 PM )
-"¿Por dónde empiezo...?" - Dijo Charlotte.
-"Qué tal por el principio..."— Youko le dio una pequeña sonrisa alentadora y se preparó para escuchar...
Charlotte mantuvo el silencio hasta que Rosmerta volvió con las bebidas y con los platos que habían pedido. Sin echarle siquiera un vistazo a su comida cogió la jarra que Rosmerta había dejado a su lado y bebió un gran trago.
- "Sé qué estás pensando." - Dijo por fin Charlotte. - "Piensas que he cambiado mucho, pero no es cierto, en realidad no he cambiado desde que estudiaba en Hogwarts." - Y con un aire de resignación volvió a beber otro trago.
- "En realidad estaba pensando en cómo iba a llevarte de vuelta al colegio si te acabas emborrachando." - Dijo Youko lacónica señalando la jarra de Aguamiel ya casi acabada.
- "Entonces he respondido a tu pregunta." - Sonrió Charlotte. - "Nadie a llegado a conocerme si no sabe que estas cosas no me afectan." - Charlotte apuró la jarra y pidió otra a Rosmerta. - "Y créeme, pocas personas han sido las que me han llegado a conocer bien."
- "Él fue una de ellas." - Afirmó Youko mientras se llevaba un trozó de pastel de carne a la boca.
Esa afirmación hizo que Charlotte se revolviese en su sitio. Pero por eso estaban allí las dos, ¿no era cierto? Charlotte no hizo ningún comentario, pero movió afirmativamente la cabeza, y comenzó a comer. Youko se preguntó si ahora llegaría de nuevo otro extraño momento como el de antes, en el que Charlotte se quedase callada y atendiendo a sus propios pensamientos, pero al contrario de lo que suponía, Charlotte siguió hablando mientras comían.
- "Dices que comience por el principio..., pero eso es casi imposible, porque a estas alturas ya no sé si hubo un principio. Te puedo contar algunas cosas, descargar mi furia con ellas, pero no puedo comenzar por el principio. No sé si sabría hacerlo." - Suspiró Charlotte.
- "Entiendo." - Youko se quedó pensativa. - "Bueno, quizás si me hablas de aquel problema de licantropía del que hablabas el otro día..."
- "Veo que sí que estabas atenta." - Dijo Charlotte sonriendo.
- "Soy auror, ¿recuerdas? estar atenta es mi trabajo." - Respondió Youko.
- "Cierto." - Dijo Charlotte. - "Veamos, como supongo que habrás sacado en conclusión, yo le conocí así, en una investigación del Ministerio."
- "¿La búsqueda de hombres lobo es tarea de los Equipos de Reversión de Magia Accidental?"
- "Por muchos motivos. ¿No es cierto que la licantropía se produce por un accidente cuando alguien es mordido por un lobo? Y ¿nunca has probado a resultar lo suficientemente cargante y pesada hasta conseguir lo que quieres? - Preguntó Charlotte.
Youko asintió con la cabeza, sabía lo que era intentar conseguir algo para lo que nadie apostaría ni un knut.
- "Entonces conseguiste entrar en esa investigación." - Se explicó Youko.
- "Sí. Pero yo ni siquiera le conocía por aquel entonces. A decir verdad ya era todo un poco extraño, no le conocía pero el asunto se había vuelto algo personal. Bueno, de cualquier modo, me metí en la investigación y conseguí llevarla casi como yo quería. Por aquel entonces yo tenía tu edad, 19 años, y había luchado ya mucho por conseguir el trabajo que tenía. En cierto modo era muy joven, aún lo sigo siendo, la diferencia es que entonces me sentía capaz de todo, de conseguir cualquier cosa, en cambio ahora todo se ha dado la vuelta. Quizás por eso me cuesta tanto aceptarlo, porque sigo siendo una cria."
- "Y le encontraste." - Convino Youko.
- "Sí. Tardé un poco, pero le encontré. Las cosas entonces se volvieron un tanto difíciles de llevar. Había conseguido encontrar al licántropo, pero al contrario de lo que se suponía que debía hacer, no lo comuniqué ni a mis compañeros ni a mis superiores. Pronto comprendí que estaba metida en un lío: si me quedaba callada, seguramente las cosas se torcerían tanto que acabaría fuera del ministerio, pero si decía algo, ambos sabíamos que lo único que intentarían sería matarle."
- "¿Ambos?" - Preguntó Youko.
- "Sí. Ambos. Pasamos mucho tiempo escondidos, ya te puedes imaginar." - Dijo Charlotte sin dejar de mirar el plato casi tan lleno como había llegado a su mesa. Casi no había comido, no tenía ganas, aún así se obligó a comer algo.
Youko aprovechó entonces para asumir lo que acababa de escuchar. Desde un primer momento supo que entre esos dos había habido algo. Algo que quizás siguiese. Podía haber sido odio, nunca indiferencia, le resultaba extraño la amistad, dos personas que se miraban de ese modo no podrían haber sido amigas si ahora no sintiesen odio. No. Entre ellos había otra cosa. Y seguía habiéndola. Pero, ¿cómo había acabado su relación? ¿Cómo había terminado todo?
- "¿Y qué fue lo que pasó entonces?" - Preguntó Youko.
- "¿Te refieres a cómo terminó nuestra relación? Porque así habrá que llamarla, ¿cierto?" - Su voz sonaba tan parecida a la de Snape... se dijo Youko. ¿Cómo podía ser que una Gryffindor, que se había enamorado de otro Gryffindor como lo era Lupin, pudiese ser tan parecida a Snape en algunos momentos? - "Supongo que te preguntarás de dónde saco mi vena Slytherin..."- Musitó Charlotte. - "No creo que sea un misterio, si te pusieses a hacer conjeturas,incluso a preguntarle a alguien, te enterarías de que mi madre fue una Slytherin."
Youko se quedó con la boca abierta. ¿Qué había dicho?
- "No me parece nada grave. Creí entender que tu eras 'la Slytherin auror'" - Dijo Charlotte.
- "Sí, es cierto, continua. Hablabas de cómo había terminado lo vuestro."
- "Así es, lo nuestro." - Continuó Charlotte. - "Bueno, para eso no sería yo la más indicada en contarlo, deberías preguntárselo a Remus. Él tiene que saber por qué."
Youko pudo observar el tono de voz que utilizó Charlotte cuando pronunció su nombre. Era la primera vez que la oía pronunciarlo, y apreció el sentimiento de rabia y dolor en cada una de las sílabas.
- "Él..."- Comenzó Youko, pero no pudo terminar, porque Charlotte siguió hablando.
- "... un día se fue. Supongo que lo más común sería decir 'Un buen día se fue', pero puedes creerme, fue un día realmente malo."
- "¿Se fue?" - Preguntó Youko. Iba a decir también. ¿Nada más? ¿Ya está? Pero se contuvo. Sabía que quizá si había algo más, pero también sabía que la pregunta podía ser un poco impertinente. Y a decir verdad, ya no veía a Charlotte como a la Gryffindor que era. Estaba comprendiendo que era algo más.
- "Sí, se fue. Fin de la historia."
- "Entonces..."
- "Sí. El otro día fue la primera vez que le veía en tres años. Sin haber tenido noticias de él en todo ese tiempo. Supongo que ahora entenderás mi reacción." - Dijo Charlotte. Había apartado a un lado el plato, ahora no tan lleno, y dio un trago a su aguamiel especiada. - "Bueno, ¿qué te a parecido?"
Youko no supo qué responder a esa pregunta. Ahora mismo tenía muchas más en la cabeza: si no estaba allí por él, ¿por qué Charlotte Jenkins había ido a Hogwarts?, ¿qué hacía cada día sin salir siquiera de su habitación? Sabía que sólo salía para ir al Comedor, y eso ahora, cuando por fin se había atrevido a ir. Youko no contestó.
- "Sí, lo sé, le he dado pocas florituras, y poca profundidad a la historia. Pero supongo que tu habrías hecho lo mismo."
- "¿Soy la primera persona con la que hablas de ello?" - Preguntó Youko.
- "En términos generales: sí. Y podría decir que un sí rotundo, ya que ni siquiera lo he podido hablar con él... como te había dicho." - Dijo Charlotte.
- "Comprendo."
Youko no supo qué más decir. No se le pasaba nada inteligente que pudiese sentarle bien a Charlotte, así que aprovechó la proposición de Charlotte para irse de allí con un movimiento de cabeza.
Charlotte apuró su jarra de aguamiel y salieron de Las Tres Escobas.
_____________________La cena de Hogwarts había trascurrido de la forma más normal del mundo. Severus y Remus habían comida casi sin mediar palabra, fue ya hacia el final cuando Severus le dijo a Remus:
- "Ya tengo preparada la poción, puedes venir a recogerla cuando quieras."
A Remus le sorprendió un poco la voz de Severus, durante toda la cena había estado sumido en sus pensamientos, preguntándose por qué no habría ido a cenar hoy ella.
- "Si te parece bien, puedo acercarme ahora a tu despacho." - Dijo Remus.
Snape asintió con la cabeza y se levantó de su asiento. Cuando salieron del Gran Comedor ya casi se había vaciado. Al cruzar las puertas de éste pudieron oír el ruido chirrioso de la puerta principal al abrirse, no supo por qué, pero se asustó un poco, y cuando vio pasar frente a ellos a Youko y Charlotte envueltas en sus capas y con sus respectivas escobas las cosas dejaron de cuadrarle.
- "¿Una buena cena?" - Preguntó Snape.
- "Sí." - Respondió Youko. - "Gracias. Buenas noches."
Snape asintió con la cabeza, gesto que Youko y Charlotte le devolvieron. Youko también saludó a Remus, fue la única que lo hizo.
" Variación Nocturna "
por
Saffron (
11:56 PM )
Si había algo que Saffron odiara, era estar sola. Por eso, cuando Youko la alcanzó en el pasillo camino del comedor, y se puso a hablar con ella, se sintió feliz. Youko resultó no ser tan fría como le había parecido en un primer momento. Y de repente, el momento fatídico: Youko le preguntó por los gritos de Snape la tarde anterior.
Saffron se sonrojó violentamente y se lo contó todo. Bueno, casi todo. Por algunas miradas divertidas de parte de Youko, se preguntó si realmente se habría dado cuenta de su “debilidad” por Snape. Mierda, tenia que aprender a no ruborizarse cada vez que alguien pronunciara la palabra “Snape”. Algo realmente difícil en el colegio.
Cuando llegaron al comedor, Youko siguió con Remus Lupin hasta la mesa de los profesores. Ella saludó al profesor con una cálida sonrisa, y se despidió de Youko alegremente. Después de todo, era muy posible que hubiera mucho por descubrir en Youko Silvara.
Saffron pasó el resto de la cena pensando en la llave que le había dado Snape aquella tarde, y que ahora ella llevaba colgada de una cadena al cuello. Le había emocionado tanto que se la diera; por lo inesperado del gesto...
**********************
Cuando terminó de comer, subió enseguida a su habitación. Snape le había hablado de una rara poción para encontrar siempre el norte, muy útil para magos viajeros. Comprobó la receta en el libro, y sonrió satisfecha: Sambucus Níger , Saúco, cuyas hojas eran imprescindibles para aquella poción.
Saffron había tenido la (en su modesta opinión) maravillosa idea de sorprender a Snape con aquella poción, era obvio que necesitaba las hojas de saúco. Y como Saffron sabía (porque se lo había dicho él aquella tarde) que en el bosque crecían saúcos, pues decidió ir a buscar ella misma las hojas, y adelantarse a Snape. Después de tanta metedura de pata, cualquier cosa que hiciera para que él comprobara que se tomaba el trabajo en serio, no estaba de más.
Iría aquella misma noche, ya que las hojas debían cortarse por la noche. Ya tomada la resolución, se dispuso a cambiarse de ropa, y a abrigarse bien, que fuera hacía mucho frío.
- ¿Y tu qué?- le dijo a Ein cuando ya estaba a punto de salir- ¿me acompañas?
El gato negó con la cabeza, estirándose despreocupadamente delante del alegre fuego que ardía en la chimenea.
- Anda, que tener gato para esto... mira que eres vago... esta bien, quédate aquí- dijo ella levemente malhumorada.
Lo cierto es que no le hacía ninguna gracia salir a aquellas horas. Y mucho menos al Bosque Prohibido. Conforme se iba alejando del castillo y se iba adentrando en la cercana oscuridad del bosque, más se cuestionaba si la idea era tan buena. “Todo sea por que Snape esté satisfecho conmigo” se dijo filosóficamente “además, el bosque no tiene porque ser tan malo... ”. “Si, claro” dijo una vocecita impertinente dentro de su cabeza “por eso Dumbledore prohíbe el paso, porque ahí celebran fiestas todas las noches...”
Odiaba la parte cínica de si misma.
Apenas se había adentrado diez pasos en el bosque, cuando comenzó a oír extraños ruidos. Saffron se estremeció involuntariamente: lo cierto es que estaba muerta de miedo. Lo único que quería era encontrar un saúco lo más rápido posible, arrancarle las puñeteras hojas, y volver a la segura calidez de su habitación.
Siguió caminando. Apenas se atrevía a mirar a los lados, ya que constantemente le parecía ver sombras revoloteando cerca suya. Escuchó lo que le pareció un gemido ahogado, y un lamento, y a punto estuvo de salir corriendo de allí. Aun así, la idea de hacer un buen trabajo, la mantuvo en la búsqueda del árbol. No en vano era una Ravenclaw.
De repente, algo le hizo parase en seco. Había escuchado un grito. y era humano, sin lugar a duda. Un grito de dolor absoluto. Ya no la pareció tan buena idea ir a coger las hojas de saúco. Se dio la vuelta, buscando el camino de regreso. Recorrió unos pasos asustada.
¿Por donde había venido? ¿por ese camino, o por aquel otro? Estaba hecha un lío. Ahora comprendía porqué aquella poción era tan útil. Se oyó otro grito, y de nuevo se hizo el silencio.
Esta vez, Saffron no esperó. Salió corriendo, en la dirección que ella creía que era la correcta, pero sin estar segura del todo. Súbitamente, unos brazos salieron de la nada y la atraparon. Hubiera gritado, si no hubieran cubierto su boca con una mano. Saffron creyó que iba a desmayarse de miedo.
- ¿Qué está haciendo aquí?- le preguntaron duramente al oído en voz baja.
“Profesor Snape!!” Pensó ella asombrada, pero no atinó a decir nada.
- Le pregunto de nuevo, señorita Bahn ¿Qué está usted haciendo en el bosque prohibido a estas horas?.- la voz de Snape se introducía venenosamente en su interior- Si no me contesta, deberé asumir que no estaba planeando nada bueno...
Él la seguía sujetando fuertemente contra su cuerpo, su mano en el cuello de ella. “Tiene las manos frías” fue lo primero que se le pasó por la mente a Saffron. Sin embargo, no fue eso lo que dijo.
- Yo.. profesor.. Yo... estaba buscando un saúco... quería coger unas cuantas hojas.. la poción...- era consciente de que lo que estaba diciendo no era coherente, pero ¿cómo quería que pensara en condiciones estando tan cerca de el?. Sintió que, de repente, hacía mucho calor en el bosque.
- Niña necia y estúpida- dijo Snape, aun sin creerla completamente. Él la apretó a aun más fuerte contra si, el aliento en el cuello.- ¿Qué es lo que ha visto?.
- No.. yo no.. no he visto nada, profesor, se lo juro... no he oído nada- Saffron habló atropelladamente, asombrada de que sus ropas no hubieran ardido ya- Se lo juro...
Él la soltó al fin, y Saffron suspiró imperceptiblemente. Él la miró, dudando de su inocencia, y calibrando cuanta verdad había en sus palabras. Ella estaba completamente acalorada, y evitaba mirarle a la cara. “Esconde algo, es seguro” pensó él, achicando los ojos “pero, ¿qué?”.
- Es usted una imprudente por andar sola por el bosque a estas horas- dijo Snape con una voz particularmente desagradable, acercándose peligrosamente a ella.- corren tiempos oscuros, señorita Bahn, y usted sale de paseo como si esto fuera una plaza pública. ¿Desea una muerte dolorosa? ¿Acaso quiere jugar con fuego, señorita Bahn?.
Snape estaba tan cerca, que si ella no hubiera tenido la cara vuelta hacia un lado, lo hubiera podido besar sin moverse. Pero no volvió la cara hacia él. Se quedó quieta, esperando a que pasara el chaparrón, y pensando que había vuelto a meter la pata.
- Yo... lo siento mucho, profesor- dijo ella, mientras un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas- De veras que lo siento...
Snape pareció sorprendido por las lágrimas. Si estaba mintiendo, realmente era una buena actriz.
- Vuelva a su habitación, señorita Bahn- dijo él, y, no sabía por qué, la voz pareció un poco menos dura que antes. Pero solo un poco.
Ella se limpió las lágrimas con la manga, y asintió. Se dio la vuelta, y comenzó a caminar hacia el castillo. Solo llevaba unos cinco o seis pasos, cuando se dio la vuelta.
- Profesor... me he perdido, y no sé volver... - dijo en voz baja y avergonzada. Casi esperaba alguna maldición imperdonable por parte de Snape.
El profesor la miró furioso, y suspiró exasperadamente.
- Está bien, yo la llevaré hasta el límite del bosque. Pero dese prisa. Tengo cosas que hacer; no crea que vengo al bosque a pasear por gusto.- y dicho esto, comenzó a caminar a grandes zancadas.
Saffron la siguió todo lo rápido que pudo. Estuvo a punto de caer, al tropezar con una rama caída. Sin esperarlo, el profesor Snape tendió el brazo hacia ella, para ayudarla a caminar. Ni siquiera se volvió a mirarla cuando ella aceptó su mano.
- Gracias- musitó ella.
- Lo último que necesito es que se caiga y me haga perder mas tiempo- rezongó él. Siguieron caminando deprisa, cogidos de la mano, ella detrás de el.
De repente, a Saffron el bosque no le pareció tan oscuro, y sus sonido tan amenazadores. Cogía su mano con fuerza, apretándola de tanto en tanto. Se sentía segura con él, sabiendo que no dejaría que le pasara nada. Casi le daba pena que se acabara el bosque, y él la dejara sola.
Tan ocupada estaba pensando en esto, que no se acordó de los gritos que había oído; ni sabía que la garganta que los había proferido yacía muerta en un claro del bosque. Tampoco se percató de que una sombra alta la había visto, alguien que no olvidaría su cara y que creía que había visto mas de lo que debía.
" Acortando las distancias. "
por
Youko (
2:45 AM )
Siguiendo su costumbre, Youko maldijo en todos los idiomas que conocía al maldito rayo de luz que se colaba entre sus cortinas y que le daba directamente en la cara. Estaba claro que no era una persona de mañana... Tirando la manta a un lado se levantó y se estiró. Su cuello hizo un doloroso ¡crack!, resultado de dormir en posiciones incómodas. Entró en el baño y salió veinte minutos después liada en una toalla y más despejada.
-“Veamos que tenemos para hoy...”—musitó mientras se acercaba a su escritorio y miraba los horarios.—“¡Merlín, no! Otra vez Slytherin y Gryffindor de 6º... ¡Y encima es una clase doble!”—exclamó poniendo los ojos en blanco y llevándose una mano a la frente. Y encima era la primera clase... bonita forma de empezar el día.
Media hora más tarde se encontraba ante las puertas del comedor para desayunar. Echó un vistazo mientras avanzaba por uno de los pasillos laterales. La mayoría de los alumnos ya estaban tomando sus desayunos.
-“Buenos días, señorita Silvara”—Youko se tensó brevemente a la voz lenta de Malfoy pero se giró levemente.—“Buenos días, señor Malfoy”—devolvió el saludo educada pero fríamente y siguió su camino hacia la mesa principal.
Ocupando su lugar al lado de Remus y saludando a los que estaban ya sentados procedió a servirse un poco de café y una tostada. En aquel momento entraron las lechuzas con el correo. Una lechuza parda dejó caer un pequeño pergamino enrollado sobre su regazo. Mirándolo extrañada, ya que no llevaba sello del remitente lo abrió y lo leyó:
Puede que tengas razón. Quizá necesite hablar con alguien, y sería una verdadera desconsideración por mi parte no terminar la conversación que comenzamos el otro día.
Así pues, te espero el Sábado a la hora de la cena en Las Tres Escobas.
Fdo: C.J.Con la expresión en blanco, dobló cuidadosamente la nota y la guardó en un bolsillo. La cita sería pasado mañana... bien, no tenía nada que hacer el sábado a la hora de cenar... No miró a Charlotte. No lo creyó conveniente teniendo a Remus a su lado. Pero el bueno de Lupin habló y tuvo que levantar la mirada.
-“Todo bien, espero”—preguntó viendo el semblante serio de Youko.
-“Sí, un amigo que hacía mucho que no veía”—contestó suavemente apenas mirando a Charlotte, sabiendo que ella entendería. El sábado tenían una cita para hablar del pasado...
___________________________________________________________
La clase estaba yendo bastante bien. Parecía que los rumores se habían calmado un poco y la mayoría de los Slytherin la miraban con indiferencia. Excepto Malfoy y Wallravenstein, la cual, por cierto, había llegado tarde y encima tenía unas ojeras horribles, así que estaba pasando la mayor parte de la clase dormitando. De pronto por una de las altas ventanas del aula entró una pequeña lechuza negra que le entregó otro pequeño pergamino. Dos mensajes en un mismo día era extraño... esperaba que no fuera de Charlotte, arrepintiéndose de la cita para el sábado.
Lupin la miró con curiosidad y ella le indicó que no pasaba nada. El profesor cabeceó y siguió con la clase. Youko abrió el pergamino y su rostro se puso primero lívido y después frío como un iceberg:
Necesito hablar contigo urgentemente. Cuando termine la clase estaré en el campo de Quidditch, detrás de las gradas de Slytherin.
D.M.Youko levantó la vista y miró durante un instante a Malfoy, que le devolvió la mirada casi con ansiedad. Negándose a darle cualquier reconocimiento por la carta la dobló y la puso junto a la de Charlotte. Y tras eso continuó prestando atención a lo que Remus decía.
_____________________________________________________________
¿Por qué diablos estaba dirigiéndose al campo de Quidditch para hablar con Malfoy?, se repitió por milésima vez Youko mientras avanzaba por el camino que conducía a las gradas de Slytherin. “Porque decía que era muy urgente, porque estaba muy serio y porque no has sabido negarte... esta vez” contestó con sorna una especie de vocecilla interior. Acelerando el paso llegó a las gradas, donde ya la estaba esperando Draco, apoyado contra los postes y envuelto en su capa. Se enderezó en cuanto la vio acercarse.
-“Bien, ¿qué es lo que quieres, Malfoy?”—Youko fue directa al grano, acercándose lo bastante a Draco para que pudieran hablar sin levantar la voz pero manteniendo una distancia entre los dos.
-“Gracias por venir. Consideré apropiado informarte que mi padre estuvo aquí ayer por la noche. Y que ya sabe de tu presencia... y no le ha gustado nada”—explicó Malfoy acercándose un poco más a Youko.—“Tan sólo quería avisarte de ello. Puedes acabar teniendo muchos problemas si mi padre se mete por medio... Y eso es algo que no me gustaría...”---añadió alzando una mano para rozar levemente la mejilla de Youko. Ésta se apartó como si le hubiera mordido una serpiente.
-“Muchas gracias de nuevo por el aviso Malfoy, pero te agradecería que no me tocaras. No me gusta”—Youko lo miró ligeramente furiosa mientras un suave sonrojo aparecía sobre sus mejillas.
Draco sonrió y antes de que ella pudiera apartarse de nuevo alzó su rostro y le dio un suave beso.
-“Lo dicho, abre bien los ojos”—y con esto se empezó a alejar antes de que Youko reaccionara y empezara a lanzarle mil maldiciones distintas. Sonrió interiormente... no había sido tan difícil acercarse a ella...
Mientras tanto, Youko pareció despertar de su estado de shock. Se puso furiosamente roja y sus puños cerrados temblaban a ambos lados de su cuerpo. Se giró para empezar a gritarle barbaridades a Malfoy pero ya estaba un poco lejos y no quería llamar la atención. ¿¡Cómo se atrevía a besarla!? Iba a matarlo... fijo que lo hacía en cuanto le pusiera las manos encima.
Maldiciendo en voz baja, Youko se empezó a encaminar de nuevo al castillo. Ni ella no Draco, vieron a Laia salir de su escondrijo entre las gradas, con una expresión indeterminada en su cara...
________________________________________________________________
Lo que quedaba de aquel día y el siguiente los pasó ocupada con clases, ultimando los detalles para el salón de duelos que esperaba poder empezar la semana siguiente y huyendo de Malfoy, evitando encontrárselo por los pasillos.
Youko miró su reloj. Había quedado con Charlotte a las ocho y ya eran las siete y media. Cogiendo del armario su capa y su escoba salió del dormitorio, hacia las puertas del castillo. Por el pasillo se cruzó con Snape.
-“Señorita Silvara, ¿va a alguna parte?”—inquirió Snape arqueando una ceja al verla con la escoba en la mano y capa de viaje.
-“Sí, profesor Snape. He quedado con una amiga en Hogsmeade para cenar”—contestó Youko con educación mientras seguían camino hacia la entrada principal. Evidentemente, Snape iba al comedor para cenar.
-“Pues entonces que lo disfrute. Y tenga cuidado”—deseó Snape al tiempo que llegaban a las puertas de salida.
-“Muchas gracias, profesor”—Youko cabeceó levemente y abriendo las puertas, salió al exterior, montó en la escoba y se perdió en la noche.
Quince minutos después estaba ante la puerta de las Tres Escobas. Se enderezó un poco el pelo y la ropa y entró. Buscando entre las mesas descubrió a Charlotte en uno de los rincones, apartados de oídos curiosos. Se acercó rápidamente y se sentó frente a la Gryffindor rubia mientras saludaba.
-“Me alegra que confíes lo bastante en mi como para contarme esto”—dijo Youko mientras hacía una señal a Rosmerta para que las atendiera.
-“Y yo me alegro de tener alguien a quien contárselo”—respondió Charlotte. La camarera les tomo nota y después volvió su atención a Youko.—“¿Por dónde empiezo...?”.
-“Qué tal por el principio...”—Youko le dio una pequeña sonrisa alentadora y se preparó para escuchar...
" Fijando una fecha "
por
Charlotte (
4:35 PM )
¿Cómo había llegado hasta ese punto? Si hace casi 4 años le hubiesen dicho que miraría a Remus de esa forma no se lo hubiese creído. Pero era la única forma de la que podía mirarle: con indiferencia. Y estaba percibiendo que ni siquiera eso iba a funcionar. Cada vez que le miraba, cada vez que intentaba adoptar esa mirada gélida con él, seguía viendo en sus ojos a aquel hombre que tanto había querido. Aquellos ojos que la habían visto por primera vez en la oscuridad del bosque, que ella había temido, que luego había amado.
Todo iba por muy mal camino...
Y para colmo de males, Hilina no había vuelto con la respuesta. Su estancia en Hogwarts se iba a convertir en un verdadero infierno. Clausurada en su despacho, releyendo, escribiendo, y volviendo a releer todos los pergaminos que tenía en su poder, y sintiendo la inevitable sensación de impotencia ante lo previsible e inevitable. No veía solución para nada, y ni siquiera podía comentarlo con Severus, pedirle ayuda..., no, no podía, no podía pedirle ayuda para ninguno de sus problemas, entre otras cosas porque no estaba al corriente de ninguno de ellos. Nadie esta al corriente. Era horrible encontrarse tan sola, y llevaba más de tres años de esa forma, aunque ese ser estuviese intentando lo contrario...
Pero en realidad, sí, alguien sabía algo más de ella, alguien ya estaba al corriente de uno de sus muchos problemas, pero ¿podría confiar en ella? No es porque fuera una Slytherin, ni siquiera porque fuera un auror, quizá fuera porque estaba en contacto con Remus que temía tanto contarle nada. Pero no había nadie más.
Tendida sobre la cama y mirando al techo empezó a pensar en cómo podía abordar la conversación con Youko, qué podía contarle y qué no. A decir verdad podía contarle más bien poco, pero sentía la necesidad de hablar con alguien. Así pues decidió fijar un día.
No tenía pensado ir a ver a Youko en persona, a decir verdad no sabría como encontrarla, sólo podía coincidir con ella en el Comedor (lugar en el que no iba a decir nada que Remus pudiese oír), o quizás encontrarla en el despacho de Remus, o en una de sus clases de DADA (y no tenía pensado volver a acercarse por ahí ni loca), así que decidió mandarle una lechuza.
Sí, era una tontería eso del correo interno, pero de otra forma no se iba a sentir a gusto, así que esa noche subió a la lechucería y utilizó una de las lechuzas del colegio. Cuando terminó, se quedó observando la cantidad de lechuzas que había en la habitación, buscando a Hilina, que seguía sin llegar, en cambio allí estaba la otra lechuza blanca, la lechuza de Harry Potter, que parecía observarla desde lo alto. Sintió un ligero escalofrío y optó por apartar la vista del animal. Tras dar unos pocos pasos se asomó a una de los ventanucos, y escrutó la oscuridad en busca de Hilina. La tarea resultó un fracaso en sí, la lechuza no iba a volver sólo porque Charlotte lo desease, pero en cambio vio a dos sombras hablar un tanto acaloradamente en la oscuridad de la noche. Algo se estremeció dentro de ella, ¿podría ser...?
"No, ¿cómo va a serlo?, el colegio está bien protegido." - Se dijo Charlotte. - "Por eso decidiste venir aquí, ¿recuerdas?"
Siguió observando a las dos figuras durante un rato, hasta que una de ellas, la más alta se alejó de los terrenos del colegio saliendo de su campo visual, mientras que la otra, tras un momento de duda, dio media vuelta y volvió al colegio. No pudo descubrir quienes eran, pero supuso que la segunda figura era un alumno de la escuela.
De todas forma, a ella no le importaba. Respiró profundamente el aire frío de la noche y sintió cómo su cabeza se despejaba un poco.
Luego volvió a su habitación.
____________________A la mañana siguiente volvió a aparecer por el comedor, ya no había nada que le impidiese hacerlo, y además ya tenía un sitio fijo junto al de Severus. Sabía que al otro lado se encontraría también Remus, pero también sabía como evitarle, cómo evitar su mirada.
Durante el desayuno llegó el correo. Muchas lechuzas entraron alborotando el aire con sus alas y dejando caer paquetes y cartas a sus respectivos destinatarios. Hilina no estaba entre ellas. Un día más sin noticias...
Charlotte respiró hondo y siguió tomando su desayuno. Como en una buena mañana, ni ella ni Snape tenían muchas ganas de hablar, y ambos respetaban esa posición.
Mientras masticaba un trozo de pan bañado en mantequilla vio cómo una de las lechuzas dejaba caer un pequeño trozo de pergamino en el regazo de Youko. Ésta se quedó ligeramente extrañada, y procedió a abrirlo lentamente. La nota decía:
Puede que tengas razón. Quizá necesite hablar con alguien, y sería una verdadera desconsideración por mi parte no terminar la conversación que comenzamos el otro día.
Así pues, te espero el Sábado a la hora de la cena en Las Tres Escobas.
Fdo: C.J.Pudo observar cómo Youko doblaba cuidadosamente la nota y se la guardaba en el bolsillo. Ni siquiera le dirigió una mirada a Charlotte, puede que las dos supiesen que era lo más conveniente, o puede que la pregunta de Remus hiciese cambiar de planes a Youko.
- "Todo bien, espero." - Había dicho Remus esperando una respuesta ante el callado semblante de Youko.
- "Sí. Un amigo que hacía mucho que no veía." - Respondió Youko.
No hacía falta más, Charlotte captó el mensaje, se verían en Las Tres Escobas y por fin haría a alguien partícipe de su vida.
" Blanco y Rojo "
por
Saffron (
2:42 AM )
Aquella tarde, Saffron llegó a las cinco menos cuarto al despacho de Snape. Llamó tímidamente a la puerta.
- Pase- dijo la irritada voz de Snape. “Qué mal carácter tiene este hombre” pensó Saffron mientras entraba. Snape achicó los ojos cuando la vio entrar- Aun no son las cinco, señorita Bahn, ¿qué clase de desorden tiene usted con la hora?.
Saffron volvió a ruborizarse y se quedó quieta, esperando a qué él le dijera algo, o definitivamente la echara del despacho.
- ¿Pero que hace ahí parada?- la voz de Snape sonaba ahora exasperada- ¡Acérquese de una vez!
Saffron obedeció, temerosa de hacer algo mal. Otra vez. Se atusó el pelo nerviosamente con las manos.
- Señorita Bahn. - comenzó Snape, callándose cuando se fijó en las manos de ella. Saffron hubiera jurado que hacía una mueca sutil con los labios, y realmente creyó que iba a decir algo de lo de aquella mañana; pero Snape se repuso enseguida, y continuó- ¿Sabe usted córnico?
Fue como si le hubieran preguntado por las costumbres culinarias muggles. Negó con la cabeza desconcertada.
- ¿Picto? ¿Eslavo? ¿Teutón?- Saffron siguió negando, y Snape parecía cada vez mas fastidiado- ¿gaélico?
- Bueno, de gaélico sé lo que se da en primero de Arqueomagia. También sé un poco de egipcio antiguo, y bastante latín.
- Pues me temo que no es suficiente, Señorita Bahn- Snape suspiró teatralmente, y a Saffron le pareció que casi le divertía la situación.- Tendrá que aplicarse mucho en el estudio de esas lenguas. Si quiere continuar el trabajo, claro.
Saffron asintió apesadumbrada. A ese ritmo, moriría antes de terminar aquel dichoso trabajo. Se acordó de sus compañeros que iban a especializarse en magia egipcia y sintió una punzada de envidia. Ahora estarían en El Cairo, con un tiempo soleado y pasándolo bien.
- Ahh, otra cosa, señorita Bahn- Snape rebuscó en uno de los cajones de su escritorio, y sacó algo pequeño y brillante. Una llave- ¿Ve esa puerta? Lleva a un anexo privado de mi despacho. Ahí se encuentran una serie de armarios que contienen ingredientes selectos. Dado que usted necesitará mucho de esos ingredientes, he creído conveniente darle una copia de la llave que abre tanto el anexo, como los armarios. Espero sepa agradecer este extraordinario gesto de confianza por mi parte. Tome.
Y dicho esto, depositó la pequeña llave en la mano de Saffron. Para Saffron, fue como si le estuviera dando un anillo de compromiso. Lo miró con los ojos desmesuradamente abiertos y cerró su mano sobre la llave.
-Mu... muchas gracias profesor. Le prometo que haré un buen uso de ella y que procuraré estudiar todo lo que usted crea conveniente.- dijo Saffron atropelladamente y casi con lágrimas en los ojos por la emoción.
Snape ni siquiera la miró mientras ella le daba las gracias.
- Lo único que espero es que no la pierda. Ahora, comencemos con la poción de esta tarde. Hoy elaborará una sencilla poción para la conjuntivitis, muy utilizada en la Inglaterra romana. Uno de los principales ingredientes es el ajenjo, que debe usted buscarlo en uno de los armari...
Snape no pudo continuar, ya que llamaron a la puerta. Un único toque, corto y seco.
- Adelante- dijo Snape con su particular tono irritado.
Ninguno de los dos se esperaba al visitante. Saffron lo miró con curiosidad, mientras Snape crispaba las manos imperceptiblemente.
- Severus- fue lo primero que dijo el visitante, con una ligera inclinación de cabeza.
-Lucius- dijo a su vez Snape.
Saffron permaneció discretamente callada, hasta que Lucius Malfoy se acercó a ella.
- Señorita Bahn, sigue igual de bonita que siempre- le tendió la mano, mientras que le dirigía una encantadora sonrisa. Saffron le estrechó la mano, y también sonrió, todo bajo la atenta mirada de Severus Snape.
Después de un intercambio de preguntas familiares. Se hizo un incómodo silencio. Saffron iba a decir cualquier cosa para romper el hielo, cuando la puerta se abrió violentamente.
- ¿Qué hace aquí Wallravenstein?- la voz de Snape sonó más amenazadora que nunca, mientras Lucius Malfoy se acercaba a una pálida Laia.
- Señorita Wallravenstein ¿Cómo se encuentra? Justamente ayer hablé con su abuela.- la voz de Malfoy sonaba extrañamente empalagosa mientras le tendía la mano a Laia. La chica le estrechó la mano.
Durante siete minutos, aproximadamente.
Saffron miró incrédula a Laia. ¿Qué demonios estaba haciendo?. Por fin, la voz de Snape sonó alta y clara, despidiéndolas a ambas.
-El señor Malfoy y yo debemos aclarar algunos asuntos, si nos disculpan.- y, diciendo esto, posó una mano en la espalda de Saffron, empujándola levemente hacia la salida. Ela fue inmensamente feliz durante los segundos que duró el toque, apretando con fuerza la llave que le acababa de dar.
Ya en el pasillo, continuó en una nube, hasta que Laia le preguntó por su trabajo. Respondió tristemente, recordando todos los estudios que tenia que hacer. Y entonces, como quien no quiere la cosa, Laia dijo algo.
-Sabes... Me sorprende que el profesor Snape haya accedido a ayudarte con tu trabajo.
Saffron sintió que su cara ardía. ¿Era posible que se le notara tanto? ¿Era tan trasparente como le había dicho Guenolee?. Intentó desviar la atención de sus orejas hacia un pequeño gato blanco.
De repente, Lucius Malfoy salió del despacho evidentemente enfadado. Tan solo le dirigió una larga mirada a Laia, que hizo que la muchacha se pusiera más pálida de lo habitual. “Unas se ponen coloradas, y otras blancas” pensó curiosamente Saffron “es ley de vida”.
Volvieron a entrar al despacho de Snape. Este la envió a por el ajenjo, pensando Saffron que quería quedarse a solas con Laia. Cuando volvió, ella ya no estaba, y Snape estaba de pie, inclinado sobre un voluminoso libro que había encima de la mesa.
-Venga aquí- dijo simplemente.
“Lo que usted diga, Profesor” pensó ella alegremente. Se colocó a su lado, la mirada fija en el libro, ambos hombros rozándose sutilmente. Saffron podría permanecer así el resto del día.
Por Merlín, iba a ser realmente difícil mantener la atención en lo que estaba diciendo Snape.