Aquella tarde, Saffron llegó a las cinco menos cuarto al despacho de Snape. Llamó tímidamente a la puerta.
- Pase- dijo la irritada voz de Snape. “Qué mal carácter tiene este hombre” pensó Saffron mientras entraba. Snape achicó los ojos cuando la vio entrar- Aun no son las cinco, señorita Bahn, ¿qué clase de desorden tiene usted con la hora?.
Saffron volvió a ruborizarse y se quedó quieta, esperando a qué él le dijera algo, o definitivamente la echara del despacho.
- ¿Pero que hace ahí parada?- la voz de Snape sonaba ahora exasperada- ¡Acérquese de una vez!
Saffron obedeció, temerosa de hacer algo mal. Otra vez. Se atusó el pelo nerviosamente con las manos.
- Señorita Bahn. - comenzó Snape, callándose cuando se fijó en las manos de ella. Saffron hubiera jurado que hacía una mueca sutil con los labios, y realmente creyó que iba a decir algo de lo de aquella mañana; pero Snape se repuso enseguida, y continuó- ¿Sabe usted córnico?
Fue como si le hubieran preguntado por las costumbres culinarias muggles. Negó con la cabeza desconcertada.
- ¿Picto? ¿Eslavo? ¿Teutón?- Saffron siguió negando, y Snape parecía cada vez mas fastidiado- ¿gaélico?
- Bueno, de gaélico sé lo que se da en primero de Arqueomagia. También sé un poco de egipcio antiguo, y bastante latín.
- Pues me temo que no es suficiente, Señorita Bahn- Snape suspiró teatralmente, y a Saffron le pareció que casi le divertía la situación.- Tendrá que aplicarse mucho en el estudio de esas lenguas. Si quiere continuar el trabajo, claro.
Saffron asintió apesadumbrada. A ese ritmo, moriría antes de terminar aquel dichoso trabajo. Se acordó de sus compañeros que iban a especializarse en magia egipcia y sintió una punzada de envidia. Ahora estarían en El Cairo, con un tiempo soleado y pasándolo bien.
- Ahh, otra cosa, señorita Bahn- Snape rebuscó en uno de los cajones de su escritorio, y sacó algo pequeño y brillante. Una llave- ¿Ve esa puerta? Lleva a un anexo privado de mi despacho. Ahí se encuentran una serie de armarios que contienen ingredientes selectos. Dado que usted necesitará mucho de esos ingredientes, he creído conveniente darle una copia de la llave que abre tanto el anexo, como los armarios. Espero sepa agradecer este extraordinario gesto de confianza por mi parte. Tome.
Y dicho esto, depositó la pequeña llave en la mano de Saffron. Para Saffron, fue como si le estuviera dando un anillo de compromiso. Lo miró con los ojos desmesuradamente abiertos y cerró su mano sobre la llave.
-Mu... muchas gracias profesor. Le prometo que haré un buen uso de ella y que procuraré estudiar todo lo que usted crea conveniente.- dijo Saffron atropelladamente y casi con lágrimas en los ojos por la emoción.
Snape ni siquiera la miró mientras ella le daba las gracias.
- Lo único que espero es que no la pierda. Ahora, comencemos con la poción de esta tarde. Hoy elaborará una sencilla poción para la conjuntivitis, muy utilizada en la Inglaterra romana. Uno de los principales ingredientes es el ajenjo, que debe usted buscarlo en uno de los armari...
Snape no pudo continuar, ya que llamaron a la puerta. Un único toque, corto y seco.
- Adelante- dijo Snape con su particular tono irritado.
Ninguno de los dos se esperaba al visitante. Saffron lo miró con curiosidad, mientras Snape crispaba las manos imperceptiblemente.
- Severus- fue lo primero que dijo el visitante, con una ligera inclinación de cabeza.
-Lucius- dijo a su vez Snape.
Saffron permaneció discretamente callada, hasta que Lucius Malfoy se acercó a ella.
- Señorita Bahn, sigue igual de bonita que siempre- le tendió la mano, mientras que le dirigía una encantadora sonrisa. Saffron le estrechó la mano, y también sonrió, todo bajo la atenta mirada de Severus Snape.
Después de un intercambio de preguntas familiares. Se hizo un incómodo silencio. Saffron iba a decir cualquier cosa para romper el hielo, cuando la puerta se abrió violentamente.
- ¿Qué hace aquí Wallravenstein?- la voz de Snape sonó más amenazadora que nunca, mientras Lucius Malfoy se acercaba a una pálida Laia.
- Señorita Wallravenstein ¿Cómo se encuentra? Justamente ayer hablé con su abuela.- la voz de Malfoy sonaba extrañamente empalagosa mientras le tendía la mano a Laia. La chica le estrechó la mano.
Durante siete minutos, aproximadamente.
Saffron miró incrédula a Laia. ¿Qué demonios estaba haciendo?. Por fin, la voz de Snape sonó alta y clara, despidiéndolas a ambas.
-El señor Malfoy y yo debemos aclarar algunos asuntos, si nos disculpan.- y, diciendo esto, posó una mano en la espalda de Saffron, empujándola levemente hacia la salida. Ela fue inmensamente feliz durante los segundos que duró el toque, apretando con fuerza la llave que le acababa de dar.
Ya en el pasillo, continuó en una nube, hasta que Laia le preguntó por su trabajo. Respondió tristemente, recordando todos los estudios que tenia que hacer. Y entonces, como quien no quiere la cosa, Laia dijo algo.
-Sabes... Me sorprende que el profesor Snape haya accedido a ayudarte con tu trabajo.
Saffron sintió que su cara ardía. ¿Era posible que se le notara tanto? ¿Era tan trasparente como le había dicho Guenolee?. Intentó desviar la atención de sus orejas hacia un pequeño gato blanco.
De repente, Lucius Malfoy salió del despacho evidentemente enfadado. Tan solo le dirigió una larga mirada a Laia, que hizo que la muchacha se pusiera más pálida de lo habitual. “Unas se ponen coloradas, y otras blancas” pensó curiosamente Saffron “es ley de vida”.
Volvieron a entrar al despacho de Snape. Este la envió a por el ajenjo, pensando Saffron que quería quedarse a solas con Laia. Cuando volvió, ella ya no estaba, y Snape estaba de pie, inclinado sobre un voluminoso libro que había encima de la mesa.
-Venga aquí- dijo simplemente.
“Lo que usted diga, Profesor” pensó ella alegremente. Se colocó a su lado, la mirada fija en el libro, ambos hombros rozándose sutilmente. Saffron podría permanecer así el resto del día.
Por Merlín, iba a ser realmente difícil mantener la atención en lo que estaba diciendo Snape.