bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Charlotte x Remus = COM!
Saffron x Severus = COM!
Youko x Draco = COM!
Laia x Lucius = COM!
Nimelen x Sirius = COM!

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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· martes, junio 29, 2004

" Un recién llegado, una desaparecida y un abandonado " por Laia ( 4:41 PM )
 
Laia observó a Búho alejarse. En teoría llegaría a manos de Lucius antes de la comida. ¿Por qué era tan importante Charlotte? Sonrió irónicamente, pensando que si tuviera una relación más distendida con Lucius Malfoy quizás podría enterarse de los planes de los mortífagos, entre ellos –sintió un malestar general- el ataque que vio en su visión.

Pero hasta entonces seguiría sintiéndose una pardilla. No tenía ni voz ni voto en el mundo en el que pertenecía, era una cría.

Y como si el destino le jugara una mala pasada, ese mismo día tuvo que enfrentarse con esa gran verdad.

Justo después de la comida, al cruzar las puertas que daban al pasillo, se encontró cara a cara con quien menos cabía esperar.

Pierre Lelonde.

Cuando éste la vio, abrió los ojos sorprendido, mientras dibujaba en su boca una sardónica sonrisa de las suyas. Laia lo recordaba como uno de los chicos más arrogantes de Durmstrang, y por lo que parecía, seguía igual. Eso si, había crecido notablemente [no en vano habían pasado tres años desde que cursó ese año en Durmstrang] y aunque sus ojos seguían siendo igual de azules, brillaba en ellos algo oscuro, aunque en realidad él siempre se había inclinado hacia todo lo que fuera oscuro. Su semblante además, era más pálido de lo que ella recordaba, y su cabello rizado parecía también más oscuro. Llevaba una bolsa de viaje en la espalda, y parecía bastante llena.
Se acercó efusivamente a ella, le tomó las manos y le dio dos besos. Laia se quedó pasmada, pero en parte estaba agradecida de encontrar alguien allí con quien se llevó siempre bastante bien. Pierre empezó a hablar.

- Has crecido mucho, con lo poquita cosa que eras.

Laia le miró susceptible. Ese nunca se callaba nada ¿Cómo había podido olvidar ese pequeño detalle? Decidió ir al grano.

- ¿Porqué has venido a Hogwarts? ¿Vienes a estudiar algo?

En realidad Laia sabía que no podía venir para nada bueno, así que su pregunta era completamente estúpida.

Pero Pierre, como era natural en él, sonrió.

- No no… -giró su cabeza y miró hacía el fondo del pasillo. Laia divisó una figura larguirucha, pálida y desgarbada, que permanecía quieta como una estatua. Los alumnos que pasaban por su lado le miraban asombrados.

- Oh, por Salazar… - Laia increpó al aire, reconociendo de inmediato la curiosa figura. Solo podía ser una persona.

Pierre la miró extrañado y susurró.

- Es Johan McGuire, el abogado que lleva el testamento del padre de Nimelen Silveriver.

- Y el de todos los muertos que llevan sangre limpia –Laia sonrió irónicamente, pensando en el testamento de su abuela, que por supuesto también llevó él.

Pierre abrió los ojos asombrado.

- No es mal abogado, además, tiene contactos en el ministerio.

Laia observó la sonrisa de Pierre ¿Había sido siempre tan maléfica? El joven siguió hablando, entusiasta.

- Oye, me muero de ganas de saber que ha sido de tu vida estos últimos tres años. Además –susurró en tono confidencial- tengo que contarte una cosa muy interesante.

Pierre le pasó un brazo por los hombros y empezó a reir y a recordar anécdotas de Durmstrang mientras se dirigían al exterior de la escuela.

- Aah, que bonito es esto. Hace un poco de viento, pero se está bien.

Pierre se estiró en la hierba mientras observaba el paisaje a lo lejos. Laia le miraba sentada.

- Durmstrang está igual. Bueno, yo terminé hace un año.

Se hizo un silencio incómodo, ya que Pierre parecía tener la intención de decir algo. Laia decidió ayudarle.

- ¿Y que estás haciendo ahora?

De repente la sonrisa de Pierre desapareció de su rostro, adoptando éste una expresión más seria y adulta. La miró de reojo y se incorporó. Parecía vacilar un momento, pero cuando dirigió su mano a la muñeca y empezó a desabrocharse los botones de la manga, Laia ya supo que era lo que Pierre quería enseñarle. Éste vigiló los alrededores comprobando que no hubiera nadie mirando y levantó la manga.

Ahí estaba.

La marca tenebrosa recubría la cara interior de su antebrazo. Pierre, con voz exultante, le susurró con devoción.

- Todos la tenemos ya. El antiguo grupo, ya sabes. Olga se resistió en un principio pero –volvió a enseñar una de sus sonrisas- ahora es la que más orgullosa está de ella. ¡Y Roth también! Laia –Se puso más serio- No puedes imaginarte la cantidad de jóvenes que se unen a la causa allí arriba. En nuestro curso salimos unos quince, pero de tu promoción ya son diecinueve… Contigo veinte ¿Verdad?

Laia le miró desapasionadamente, con los ojos entrecerrados a causa del fuerte viento y el cejo fruncido.

Diecinueve… que barbaridad…”

- Pierre… me duele la cabeza y este viento no me es nada bueno. Volvamos adentro ¿vale?

Pierre asintió lentamente, sorprendido por la actitud de la chica. Se levantaron y empezaron a caminar en dirección a Hogwarts. Pierre seguía aprovechando la soledad en la que se encontraban para insistirle.

- Laia, eres la única del grupo que no la lleva aún ¿Cuándo demonios te la harán?

Laia observó sus ojos azules, tan aparentemente desesperados. Decidió decirle algo para que se callara de una vez.

- Este verano.

Pierre pareció más tranquilo, volvió a sonreir y empezó a rebuscar algo en la bolsa de deporte que llevaba cruzada en la espalda.

- Toma, te he traído esto.

Pierre le tendió a Laia una cajita de plástico. Laia sabía que era eso, un disco de Otto Waalkes. Sonrió a Pierre y sacudió la caja.

- Está en formato muggle.

Pierre sonrió pícaro y le agarró del brazo, llevándola hacia el colegio.

- No es muggle, lo he hechizado para que puedas escucharlo en gramola. Me extrañaría mucho que tuvieras reductor de pedés.


Al llegar al recibidor de la escuela, McGuire les estaba esperando, tan hierático como de costumbre. Pierre le miró expectante, con la sonrisa congelada. Algo no iba bien ¿Dónde estaba Nimelen?

- Lamento decir que la señorita Silveriver está desaparecida. Varios profesores me lo han confirmado.

Pierre miró a Laia bocabierto. Ésta sonrió forzadamente, frunciendo el entrecejo, en señal de apuro.

- Me olvidé de decírtelo. Me duele tanto la cabeza…

Pierre se deshizo rápidamente del brazo de Laia y empezó a andar de manera contenida por el recinto, intentando que su voz sonara calma cuando dijo:

- ¿Y donde se supone que puede estar?

Una pregunta tan estúpida cabreó a Laia.

- ¿Cómo crees que sepa yo donde está esa Gryffindor? Pregúntaselo a ellos… -la vena zorra de Laia afloró entonces- ¡Pregúntaselo a Harry Potter!

Pierre volvió violentamente su cabeza en dirección a Laia. Las venas de sus sienes palpitaban.

- ¿Harry Potter? – Susurró con voz aterciopelada.

Laia levantó su cabeza y le miró amenazante.

- No se de que conocerás a esa chica, pero si es tan amiga de Potter dudo que le haga mucha ilusión que hayas venido a verla, viniendo de donde vienes. Es Gryffindor. No os parecéis en nada. ¿Forma parte de una rama díscola de tu familia?

Pierre la siguió mirando hoscamente.

- Pues yo la encontraré.

- Pierre, eso parece sacado de una película muggle. Quizás vuelve sola, quizás no vuelve…

El joven frunció más el entrecejo al oir las palabras con sorna de Laia. Sin dejar de mirarla ordenó a McGuire.

- Sígame McGuire, hemos de hablar de negocios. Recoja esa bolsa.

- No soy su criado –susurró parsimoniosamente el abogado.

- ¡Joder! -Pierre increpó fuertemente al aire, tomó la bolsa con violencia y se largó dando largas zancadas hacia una puerta lateral, seguramente sin saber a donde se dirigía, al no conocer el lugar, pero eso no le importaba, lo único que quería era desaparecer.

A Laia, Pierre siempre le había sorprendido. Tenía mil caras. Nunca había un Pierre igual, siempre había pequeños matices que la desconcertaban. Ahora se enfrentaba al peor de ellos, al Pierre profundamente cabreado.

Una tos la sacó de sus pensamientos. Laia giró lentamente hasta donde se encontraba McGuire. Le sonrió fríamente.

- ¿Coch también trabaja con el testamento de Silveriver? Con el de mi abuela hicisteis un buen trabajo.

Coch, el contable, junto con McGuire y otros, habían colaborado con la abuela de Laia en la elaboración del testamento.

Sorpresivamente McGuire ni se inmuto, simplemente empezó a andar en dirección al pasillo por el que se había ido Pierre.
Laia sintió tal impotencia que solo pudo apretar los dientes, cerrar los ojos e intentar calmarse. Pero no podía.

Oh no, NO PODÍA.

Los desgraciados que tuvieron que soportar a Laia el resto del día y la mañana del día siguiente pudieron contar las veces que Laia se dedicaba a golpear cosas para calmarse. Pero le era totalmente imposible. Su víctima del desayuno del miércoles fue Neville Longbottom, que había desarrollado una repentina alergia a la comida de kelpie, y su cuerpo había subido tanto de temperatura que además de sudar copiosamente, quemaba a todo aquel que le rozaba.

- Ápartate salamandra.

Tampoco Saffron Bahn había salido airosa. En la hora del almuerzo, la chica había tenido el atrevimiento de hablarle de su abuela. Justo entonces, que estaba así de malhumorada por su culpa. La contestó mal, si, pero ella se lo había buscado.

Pero esa noche el mal humor se le pasó de pronto por algo inesperado.

Quien iba a pensar que Lucius Malfoy le contestara la carta.

Y además no venía con Búho, si no con una elegante lechuza negra.

Esa noche le tocaba hacer ronda nocturna, para cumplir con sus deberes de prefecta. El caso es que Lucius Malfoy debía saberlo porque la sorprendió en uno de los pasillos que llevaban a la Torre Serpens. Revoloteó por el techo, confundiéndose por la oscuridad, ululó casi inaudiblemente y descendió, posándose en el brazo de un sillón. Laia se acercó observando el papel que tenía ligado en su pata como un niño mira una caja de caramelos.
Con cuidado la desató, y con manos temblorosas la desenvolvió. Oh, que corta era.

Gracias por la información. El plan se ha puesto en marcha gracias a ti.

Lucius Malfoy

Laia sonrió nerviosa. Creía que el corazón se le iba a salir del pecho. Releyó otra vez la carta y acarició la tinta con las manos. El trazo de Lucius era seco y seguro, y elegante. Suspiró y se sentó en el sillón, asustando a la lechuza que levantó el vuelo y empezó a dar vueltas encima de su cabeza.

Pero más abajo había más.

La letra era más pequeña y rápida.

Nos veremos en Hogsmeade.

Laia abrió los ojos y la boca. ¿Qué? ¿Hogsmeade? ¿Cómo? ¡Quedaban tres días! Un momento ¿Y cómo le iba a encontrar si se supone que NO debían verle con él? ¿Cómo se las arreglaría? Solo el pensar que Lucius Malfoy la buscaría y la llevaría a un lugar discreto hizo que se excitara involuntariamente. Cruzó las piernas con fuerza y se acomodó en el sillón. ¿Quién podía hacer una ronda ahora en ese estado? Cerró los ojos y recordó lo que había pasado con Lucius en el sepelio de su abuela. Recordaba ahora como la tocaba, lo que le decía, como se lo decía. Suspiró profundamente y abrió los ojos ofuscada. Observó su mano y se la pasó por el cuello y el pecho. Estaba tan nerviosa que no sabía como iba a calmarse. Se levantó un poco mareada y después de despedir a la lechuza sin nota alguna se dirigió a la Torre Serpens. Necesitaba pasarse agua fría por la cara.

Cual fue su sorpresa al volver, al encontrarse a Jameson leyendo en uno de los negros sofás. Le sonrió cálidamente.

- ¿Qué tal la ronda?

Laia asintió, dando a entender que “bien”, y se arrastró hacia su dormitorio.

- ¿Qué tal tu…?

Laia miró a Jameson, y vio que estaba pasando su mano por el pecho. Se estaba refiriendo a la herida que McGuillan le había echo en el pecho.

- Bien, bien… -Laia observó la mano de Jameson, frotándose contra su pecho.

Caray, no se había fijado nunca en las manos de Jameson. Eran muy bonitas. De lo que se entera una sin querer.

Jameson sonrío con una de sus típicas sonrisas cálidas y volvió a la lectura de su libro.

Aritmancia avanzada

Qué listo era Jameson. Su familia no tenía mucho dinero y su apellido carecía de abolengo pero su cerebro era perfecto. Y su pelo también lo era. Siempre le gustó el pelo oscuro ¿Por qué le gustaría un hombre de pelo casi blanco? A saber… El caso es que sin darse cuenta, Laia se había sentado al lado de Jameson. No, no al lado, pegada a Jameson.

Laia estaba como en una nube. Solo sabía que estaba mirando fijamente a Jameson y que este había dejado definitivamente la lectura y la estaba mirando turbado.

- Jameson… tienes los ojos grises.

-Ah… - Jameson tartamudeó ligeramente y su blanca tez comenzó a adoptar un color rojo considerable.

Laia alzó su mano izquierda y le acarició la mejilla, pasándola luego por el cuello y agarrando éste fuertemente, se sentó encima de él, empujándole y estirándolo en el sofá cuan largo era.

- ¿Lai… Laia?

Pero Laia no estaba por contestaciones, cerró los ojos y juntó sus labios a los del chico, y así suavemente, empezó a besarle. Jameson cerró también los ojos y respondió al beso con ganas.

Hacía mucho que él esperaba esto.

Pero Laia no estaba besando a Jameson, ella besaba a Lucius Malfoy recreándolo en su mente, olvidando por completo que quien se encontraba bajo ella era su amigo y compañero de clase.
Jameson soltó un gemido ahogado cuando Laia empezó a frotarse contra el cuerpo de él, al mismo tiempo que despeinaba su negro cabello dándole agradables masajes. Él la abrazó con todas sus fuerzas y empezó a subirle la falda, pero de repente Laia levantó su cabeza y observó fijamente a Jameson.

Porque para su desgracia seguía siendo Jameson. No, no se había convertido en Lucius.

Jameson la observó incómodo, con los labios dilatados y los ojos velados.

- ¿Qué pasa?

Dijo en un susurro.

Laia le observó. Frunció el entrecejo y dijo.

- Ahora vuelvo.

Se levantó con rapidez y sintió un pequeño mareo, pero siguió andando como si nada en dirección al baño.

Jameson se sentó. Menuda faena le había echo yéndose justamente en ese momento. Si no volvía pronto debería “calmarse” solo.

Pero Jameson no sabía que Laia se había ido a dormir. Ese día le dolía mucho la cabeza, y realmente la chica no sabía muy bien que demonios estaba haciendo.

Mientras, en la sala común de Slytherin, Jameson estaba solo en compañía de los ronquidos de los cuadros. Uno de ellos incluso se atrevió a reírse de la situación.

- ¡Eso te pasa por ser bisnieto de squib!

- ¡Callate!
 
· lunes, junio 28, 2004

" Sin decir nada " por Charlotte ( 6:53 PM )
 
Constantemente seguía preguntándose por qué lo había hecho. Por qué había tenido que tenderle su mano, con qué sentido lo había hecho, ¿había querido que él la tomase entre las suyas?, pues si así había sido, lo había conseguido, delante de todos, ella le había tendido su mano, y él había correspondido con otro tanto. Oh, Dios. ¿Por qué había hecho eso? ¿Para qué lo había hecho?

Su cabeza era un completo caos, se encontraba tendida en la cama de la enfermería, igual que hacía días, semanas en las que había dejado a un lado toda su vida para perder el conocimiento y dejarse llevar en un sueño profundo, parecía como si ella lo hubiese hecho a propósito, pero no era así, no era así para nadie, excepto para ella, que seguía culpándose por lo sucedido. Era culpa suya que hubiese ocurrido lo que ocurrió, era culpa suya haberse metido en semejante lío, era culpa suya que todo el mundo supiese lo que había pasado entre ellos dos, sí, porque probablemente a estas horas ya se lo imaginaba todo el mundo, pero ¿por qué le había dado la mano?

Se suponía que todos confiaban en ella, por ese motivo tenía el trabajo que tenía, por ese motivo estaba en esos momentos en Hogwarts, y por ese motivo, como queriendo llevar la contraria al resto del mundo, parecía esforzarse por demostrar que todos estaban equivocados, se sentía sobrepasada por la situación, y sabía que cada día que pasase tendida en esa cama las cosas se le iban a escapar de las manos cada vez más. A veces pensaba que si así tenía que ser, que así fuese, que si todo tenía que irse al infierno, pues cuanto antes se fuese mejor que mejor. Su vida no era lo que se diría agradable, y no le importaba ya lo que fuese de ella. Pero seguía preguntándose por qué había hecho una estupidez como aquella, y entonces, ¿a qué venía que se lo preguntase si ya no le importaba que todo lo demás acabase como acabase? ¿por qué seguía preocupándose por él? ¿por ellos?

Oh! ¿Ellos? La cabeza le dio vueltas al darse cuenta de por dónde iba la situación. ¡Ellos!. El “ellos” ya no existía. Oh. Oh!. OH!. El “ellos” ya no existía!!!

Alguien entró entonces en la enfermería, sus zapatos resonaron en la habitación casi vacía, pero ella no prestó la más mínima atención, acababa de descubrir que había algo que le preocupaba más aún que lo único que había existido en su vida durante los últimos años, y que además ese algo fuese algo que suponía ya superado, no le hacía sentir nada bien. No.

Alzó la mirada como impulsada por un resorte, alguien estaba a su lado, alguien que la miraba preguntándose qué sucedía. Severus parecía querer descifrar la extraña mirada que Charlotte tenía en los ojos, y ella sabía que si no reaccionaba rápido, él la descifraría. Pasó saliva y le sonrió débilmente.

- ¿Ocurre algo? – Preguntó él.

Por una parte se alegró de que la conversación no empezase con el “¿qué tal estás?” de rigor, el “¿qué tal estás?” que todo el mundo parecía tener en los labios cada vez que atravesaba esas puertas. Pero por otra parte le preocupó que él se hubiese dado cuenta de que ocurría algo. Respiró profundo e inclinó levemente la cabeza.

- No. Nada. Otro día más aquí tumbada. – ¿Podría ser que hubiese salido del apuro? No lo sabía. Conocía bien a Severus, pero eso no significaba que supiese lo que pasaba por su mente en cada momento, ella no tenía esa capacidad de saber lo que los demás pensaban o sentían, y no le gustaba aventurar nada a la ligera, así que decidió seguir hablando, para alejar su atención del terreno peligroso. - ¿Hoy no has venido con Saffron?

Severus pareció algo desconcertado, la pregunta le pilló desprevenido, no porque fuese una pregunta indiscreta, era lo más normal del mundo que alguien hiciese esa pregunta, cuando todos sabían que tenía que acompañar a Bahn a cualquier sitio, y cuando además él ya la había llevado a la enfermería el día anterior, sino porque él hacía de esa pregunta “algo indiscreto”. Pero nadie más lo sabía, no debía preocuparse. Tras un momento de duda giró levemente la cabeza e indicando hacia la puerta de la enfermería comentó:

- Nos encontramos con Bill Weasley de la que veníamos, se ha quedado fuera con él, hablando. – Puntualizó más para sí que para ella.

A Charlotte le hizo gracia, en realidad le costaba admitirlo, pero eran más divertidas ese tipo de situaciones en otros que en uno mismo. Miró a Severus con cierto descaro, como intentando adivinar qué estaba pensando, le gustaba hacerlo, aunque no lo consiguiese, igual que le gustaba desconcertarle, pocas veces tenía la oportunidad de desconcertar a Severus, y era su deber aprovecharlas cuando se le presentaban, así que se preparó para soltar la gran bomba.

- Tranquilo, no tienes por qué preocuparte. – Dijo sin darle mayor importancia.

- ¿Cómo dices? – Preguntó él un tanto desorientado.

- Que no tienes por qué preocuparte por ellos, por Bill. – Se explicó Charlotte con poca más claridad.

Severus la miró interrogante aunque sin perder la compostura. ¿A qué se refería? ¿Podía ser...? Ella se dio cuenta de que había dado en el clavo. Se había arriesgado haciendo esa afirmación, no porque no fuese cierta, sino porque no viniese a cuento, y el resultado había sido que había dado en el clavo. Ahora sí, ella no sabía nada, y no quería que Severus se sintiese molesto.
Él volvió a dirigir la mirada hacia la puerta, como si les estuviese viendo a través de la pared, y su gesto cambió repentinamente de descontento a algo parecido a la aceptación.

- Te sigue sin caer bien, ¿verdad? – Le preguntó ella.

Él se volvió a mirarla y alzó las cejas con expresión tranquila.

- ¿Para qué te iba a mentir? – Le respondió él.

- Sería una tontería, la verdad. Cuando salía con él nunca tuviste el reparo de dar a conocer tu opinión, no tendría sentido que ahora fuese de otra forma.

- Exactamente. – Le respondió él con media sonrisa.

- De todas formas, - Continuó ella. – le conozco bien, así que puedes hacerme caso.

Esta vez no volvió a mirar a hacia la puerta, frunció los labios y se dijo que el momento podría haber llegado, hacía dos días que ella se había despertado, y no había querido incurrir en el tema, pero quizás ahora fuera un buen momento para hacerlo, estaba preocupado por todas las cosas que ocurrían a su alrededor, aunque algunas le preocupaban más que otras, claro está, y la historia que Charlotte parecía traer a sus espaldas, no parecía ser de las que menos importancia tenía. Cuando la había encontrado en coma en su habitación, le había prometido a Remus Lupin que ella despertaría, y que ella sería la que le contase lo que estaba ocurriendo, y lo que había ocurrido, había sido más bien una amenaza que una promesa en ese momento, ahora sólo era algo necesario.

- Te entiendo, entiendo tu posición, a decir verdad, puede decirse que yo estoy en una parecida. – Severus habló tranquilamente, marcando las palabras para que ella se diese cuenta de qué estaba hablando.

- ¿Qué es lo que quieres decirme? – Preguntó ella, esta vez a la defensiva.

- Sabes bien lo que quiero decirte. Fui yo el que te encontró en tu habitación, el que te trajo aquí, fui yo el que... – Iba a decirle que había avisado a Lupin, que le había amenazado porque tenía la certeza de que él sabía algo, porque ella le había llamado. Pero prefirió esperar a observar su reacción, y esperó que hubiese alguna reacción.

- No sé que quieres decir, ¿qué tiene eso que ver? – Ella parecía estar a la defensiva, podía no darse cuenta de lo que él se refería, pero aún así, se daba cuenta de algo.

- Desde que llegaste al colegio te has estado comportando de forma extraña, no soy tonto, me doy perfecta cuenta de tus reacciones, y luego es fácil atar cabos.

Ella no contestó, sabía hacia donde iba esa conversación, y no quería dirigirse hacia allí. Se dio cuenta de que había sido su culpa, ella, creyendo estar haciéndolo bien, le había puesto el camino recto hasta ese punto. Cerró los ojos moviendo la cabeza hacia los lados y se revolvió molesta en la cama.

- ¿Fue por lo de ayer? – Preguntó recostando otra vez la espalda en el dosel de la cama.

- ¿Lo de ayer? – Preguntó Severus extrañado. – Ciertamente lo de ayer nos sorprendió a todos.

- Os sorprendió. – Repitió ella sacando conclusiones. – Eso quiere decir que os pilló por sorpresa, pero no que os resultase extraño.

- Créeme, que se pasase sentado a tu lado día y noche, cuando nadie sabía siquiera que os conocíais, da que pensar. – Comentó Severus. - ¿Quieres saber lo único que dijiste durante estas últimas semanas? – Ella le miró inquieta. – No, tranquila, no hablaste en sueños, sólo cuando te encontré murmuraste algunas cosas sin sentido, nadie lo oyó, excepto yo, supongo que porque aún no habías caído en ese “coma”. – dijo remarcando la palabra, ¿podía ser que empezase a sacar sus propias conclusiones? ¿que empezase a ir por el camino correcto en las mismas? – Sólo hacías que repetir palabras sin sentido... entre las que se encontraba su nombre.

- ¿Él lo sabe? – Preguntó sin importarle nada.

- Yo se lo dije.

- ¿Y qué es lo que te dijo él?

- Nada, prefiero que seas tu quien me lo diga.

Charlotte no continuó, se negaba a contarle nada a Severus, no quería, sería como contárselo a la familia, sería como admitir que se había equivocado, que había cometido errores, y su orgullo se lo impedía.

- Eso quiere decir que no voy desencaminado, ¿no es cierto? – Preguntó él, sabiendo que ella no iba a decir nada más. – Sólo dime una cosa, él tie...

- No. – Le cortó ella. – Él no sabe nada.

- De acuerdo. – Dijo él.

Pensó en que debía decir algo más, algo... pero no sabía el qué. De repente se sintió incómodo, allí sentado, mirándola, mientras ella miraba al frente, sin siquiera parpadear, como si se estuviese rompiendo por dentro. Miró por toda la habitación buscando una solución, o quizás una salida, hasta que sus ojos se posaron en los de Saffron, que parecía haber llegado en esos momentos ante la puerta. Estaba sola, Bill debía de haber ido a algún sitio, y la había dejado sola. ¿Cómo se le ocurría? Se miraron durante unos momentos, fijamente, sin hablar, Saffron no quería decir nada, por miedo a estropear algo. Severus movió la cabeza, como indicándola que ya podían irse y se levantó del asiento.

- Tengo que irme. – Murmuró en dirección a Charlotte. Muy bajo, como si tuviese miedo de despertarla. – Descansa, ¿de acuerdo?

- Sí. – Respondió ella, bajando la vista pero sin llegar a mirarle. – Gracias.

Severus se alejó de la cama hasta llegar a donde estaba Saffron, y posando su mano en el hombro de ella le indicó que ya se iban. Saffron echó un último vistazo a Charlotte, parecía que no se encontraba allí, aunque su cuerpo sí estuviese en aquella habitación, parecía sumida en sueños, en recuerdos. Se alejaron por el pasillo, sin decir nada y Charlotte siguió recostada, sin decir nada. 
· viernes, junio 25, 2004

" En Hogwarts, las puertas oyen y las paredes hablan " por Saffron ( 1:41 PM )
 
Resultaba que a partir de ahora “sábado” no se llamaría mas “sábado”. No. A partir de ahora, siguiendo el particular semanario de Saffron, “sábado” pasaría a llamarse “el-día-después-de-besar-a-Severus”.

Había sido todo tan rápido...

Y no solo lo había besado, sino que se había enterado de su vida como mortífago. Un pasado que, ciertamente, le atraía. Era algo insano y morboso, era cierto, pero a Saffron le fascinaba aquel pasado oscuro de Severus.

Después de atreverse a besarle (oh dios, se había atrevido), los dos caminaron silenciosamente hasta su habitación. Ella sentía su respiración descompasada, y andaba mareada, casi a ciegas, rozándose sus brazos levemente a cada paso. Ninguno de los dos decía nada, pero no era necesario.


Ella sabía perfectamente que el nunca hablaría de aquello; y ella tampoco sacaría el tema, si ello le incomodaba. Llegaron por fin a su habitación; Saffron murmuró “buenas noches” y el simplemente asintió. Aun tardó varios minutos en cerrar la puerta, mirándolo fijamente bajar las escaleras lentamente.

Y cuando cerró por fin, no hizo otra cosa mejor que soltar pequeños grititos de excitación, y ponerse a saltar como una loca encima de la cama. Sabía que se estaba comportando como idiota quinceañera, y eso a la vez le producía tanta risa que se atragantaba y se le saltaban las lágrimas

Apenas si pudo dormir aquella noche, sonriéndole como una boba a la almohada.


La situación de Severus era muy distinta. Se sentía embotado, como si lo viera todo a través de un sueño. Volvió a su habitación también a ciegas, alucinado. Por merlín, ella lo había besado! A El! Es más, lo había besado después de enterarse que era un asesino. Había algo que no cuadraba, y a Severus le dolía demasiado la cabeza como para pensar en ese instante. Quizás mañana...

Y sin embargo, la mañana siguiente amaneció como un sábado cualquiera. Y a la vez diferente. No sabía como explicarlo, pero la mirada de ella no era la misma, aunque pareciera igual. El esperaba que ella se despidiera en cualquier momento, que le dijera que no podía continuar estudiando con el después de conocer su pasado.

Pero no. No solo no se fue, sino que insistió en estudiar también el sábado por la tarde.

- He perdido un par de días...- dijo ella con una sonrisa.

Un par de días. Dos días atrás, Strandberg aun estaba en el colegio, con ella; y Saffron no sabía nada de su vida anterior. ¿Cuántas personas lo sabían en el colegio? ¿Tres, contando a Potter? Bien, ahora había que añadirle una mas. Curiosamente, no se sintió tan incomodado por tener que trabajar la tarde del sábado.

Obviamente, la miró con el ceño fruncido, y casi escupió las palabras, pero le dejó claro que la recogería a las cuatro en punto. Pasaron la tarde recitando verbos en córnico, con una extraña sensación de calma, como la que se vivía después de las tormentas.

Y de repente, cuando el estaba pronunciando frases en voz alta para que ella las repitiera, sintió su mirada clavada fijamente en sus ojos. Una punzada en su estómago y una leve sensación de incomodidad hicieron que parara inmediatamente de hablar.

- ¿Qué?- preguntó molesto. Ella se ruborizó, y bajó la mirada con celeridad

- Yo.. bueno... me preguntaba si tu...- el enarcó una ceja, y ella se puso aun mas nerviosa- Si te apetecía una taza de te.. porque, veras, yo tengo muchísima hambre. Es que apenas he comido en el almuerzo, y bueno...

- Maldita sea- el bufó exasperado- ¡No puedo perder el tiempo de esta manera! Solo, sin azúcar.

La boca de Saffron se curvó en una sonrisa imperceptible, y se aprestó para conjurar un par de tazas de te y algunos dulces.

************************

A Saffron nunca le habían gustado los domingos. Y desde que estaba en Hogwarts y no podía salir sola, los domingos se habían convertido en sinónimo de quedarse encerrada en su habitación, mortalmente aburrida.

Sin embargo, aquel día, después de comer, Youko se acercó a ella cuando Saffron y Severus estaban a punto de abandonar el comedor.

- ¿Quieres venir a pasear un rato? Aunque hace un poco de frío, hace un buen día.- Saffron miró indecisa a Severus, sin saber muy bien que responder. A Youko no se le pasó inadvertido el gesto. Severus hizo un gesto imperceptible con la cabeza, y Saffron sonrió feliz a Youko.


Hablaron de cosas triviales hasta que estuvieron fuera del castillo. Era cierto, hacía frío, y Saffron agradeció haber cogido su gruesa capa de lana. De colores brillantes. Le había hecho gracia la cara que había puesto Severus cuando la vio salir. Ella le había dado una sonrisa radiante.

- Me he enterado que necesitas protección, y que por eso Severus te acompaña a todos lados...

- Vaya. ¿Es de dominio público? Supongo que llevar todo el día al profesor Snape pegado a mi espalda no es muy discreto que digamos...- dijo Saffron con una mueca divertida. Youko negó con la cabeza y se echó a reír. Ella no dijo nada mas y Youko tampoco preguntó.

- Y... bueno.. ¿Qué tal estos últimos días? Severus ha estado de un humor realmente terrible...- Youko estaba ligeramente preocupada. La reacción del profesor en su habitación hacía unos días no había sido normal en el.

Saffron se ruborizó levemente, y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no contarle lo que había ocurrido la noche anterior en el despacho. Incluso había aguantado las ganas de llamar como una histérica a Guenolee. Pero sabía que no debía hacerlo. Estaba segura que a el no le haría ninguna gracia que lo supiera alguien mas. Así que tuvo que morderse la lengua, y contestar lo mas neutralmente posible.

- Si... realmente han sido unos días terribles. Pero parece que ahora está mas calmado...¿Sabes? y bien, ahora que Julius se ha ido, eso significa que el tendrá que acompañarme a todas horas, así que, por mi bien, espero que siga así por muchos días- Saffron sonrió levemente. No dijo nada sobre la marca en su antebrazo, ni de cómo la marcha de Julius parecía haberle calmado extrañamente. – Severus... es una persona difícil, y a veces me cuesta entenderle...

Youko la miró fijamente, mientras Saffron parecía hablarle al aire.

- Es tan reservado, tan callado, siempre de malhumor... a veces me pone de los nervios. La mayoría de las veces- Saffron rió con suavidad, mientras Youko la observaba hablar. Ella se estaba sincerando con la persona que menos esperaba.- Es tan... oscuro... nunca se lo que está pensando. Parece como si escondiera todos sus pensamientos en un rincón de su mente, para que nadie pudiera verlos... y sin embargo, hay veces que...yo...

- ¿Te gustaría saber lo que piensa?- preguntó Youko con suavidad. Saffron la miró, como si recién se diera cuenta de que ella estaba allí, y se ruborizó intensamente.

- Es un gran profesor- aseguró ella con voz insegura, sintiendo como le ardían las orejas.


Youko se echó a reír, y pronto la acompañó Saffron. Y las dos supieron que no estaban hablando simplemente de un profesor.

**********************


- Haga el favor de repetir conmigo: bliecknniepd tlahoe svbev.

- Blecned cla... ¿puedes repetirlo, por favor?

Severus crispó las manos imperceptiblemente. Era días como aquellos cuando pensaba que la docencia no era lo suyo. Y no sabía que le molestaba mas: que ella no pronunciara bien, o que llevara aquella falda tan corta. Ella se sentó en el borde de la mesa, enojada.


“Concéntrate, Severus, concéntrate”.


- Es muy difícil, ¿Sabes?. Además, solo llevo cinco días estudiando teutón. ¡Es lógico que no me salga a la primera! Siento no ser tan inteligente como tu, profesor.

Ella estaba enfadada. Era la primera vez que la veía así, y le hacía gracia. Le hacía gracia aquella especie de complicidad entre ambos; aunque ella fuera así de extrovertida con todo el mundo, al menos ante el ya no estaba tan envarada como antes. Se la veía mas suelta, mas ella. Por supuesto, siguió manteniendo una postura de desprecio ante ella.

- Tengo muchísimo que estudiar. No solo pociones antiguas. Noo, eso no era suficiente...- ella continuó su retahíla, mas para ella misma que para el.- No, además tengo que estudiar montones de idiomas, que por si solos ya me llevaría años aprenderlos. Y además, está todo esto...- hizo un gesto con las manos abarcando el despacho- tan poca luz... y lo único que hago es ir de aquí a mi habitación, de mi habitación al comedor, y del comedor a aquí. Joo, me aburro!!


Ella estaba lloriqueando levemente, y Severus tuvo que morderse el labio para no reírse. Ella lo miró, achicando los ojos por el enfado.


- No tiene gracia, profesor. Aunque a ti te parezca raro, hay gente que necesita salir de vez en cuando, despejarse... pero claro, como no puedo moverme sola...

- Iré a pasear contigo, si es eso lo que necesitas- el continuó, imperturbable, escribiendo un pergamino.

- ¿Pasear? ¡Andar por las mazmorras no es pasear!! Yo quiero luz del sol! - ella estaba roja por la congestión.

- Bien, entonces saldremos al patio, para que te de la luz del sol- siguió escribiendo con presteza. Por Salazar, era como hacer rabiar a una niña pequeña. Tan, tan divertido.

- Ah, el patio! Dios, ¿en que me he convertido? De caminar por Londres a pasear por El patio. No se si podré aguantar tanta emoción...- Ella estaba siendo deliberadamente dramática, y Severus se estaba divirtiendo tanto que pensaba con pena en el momento en que todo aquello acabara- Y claro, los de tercero pueden ir a Hogsmeade, y yo, al patio....

- Iremos a Hogsm... – y antes que hubiera terminado la frase, podía notar la sonrisa radiante de ella ante el. Mierda.

- ¿De verdad? ¿Podemos ir? Porque me muero por ir... merlín, necesito salir, y tomarme un par de cervezas, y olvidar por un momento que estoy estudiando...

La pluma dejó una mancha emborronada en el pergamino.

Mierda mierda mierda.


****************


Saffron se enteró el miércoles, durante la comida. Solo tuvo que prestar atención durante unos instantes a la conversación de Helena, y ya se había enterado de mas detalles que si hubiera seguido la noticia con fervor.

-...una chica tan joven... una verdadera lástima...- Helena y sus amigas suspiraron a la vez, como si estuvieran cronometradas.

- ¿Qué es lo que ha ocurrido?- preguntó Saffron, interesada levemente. Echaba de menos hablar con la gente, aunque fuera sobre cotilleos.

- Chica, desde que te codeas con las altas esferas nos tienes abandonadas... En fin, te pongo al corriente: Nimelen, Gryffindor de sexto año, ha desaparecido misteriosamente. Se ha hablado de un suicidio, y yo creo que es la hipótesis mas acertada.

- Eso es horrible!!- dijo Saffron abriendo los ojos enormemente, mientras Helena asentía con vigor.

- Si, querida, así es. Se ha hablado de un secuestro, pero es poco probable. Fíjate en Dumbledore, está la mar de tranquilo. No creo yo que si hubieran secuestrado a una de sus alumnas delante de sus narices, estaría así...

Saffron se fijó en la mesa principal. Efectivamente, Dumbledore no parecía muy preocupado, mientras charlaba animadamente con la profesora Sprout. Pero, a decir verdad, tampoco es que lo hubiera visto preocupado nunca, y eso que había tenido poderosas razones para estarlo. Inevitablemente, su atención se desvió desde Dumbledore hacía la delgada figura de negro que estaba situada a su izquierda.

Severus la estaba mirando. Ella se sorprendió, y se sonrojó levemente, dándole una sonrisa nerviosa. Pero el pareció ignorarla, volviendo su vista hacia su copa. Ella miró cabizbaja su propia mesa unos segundos. Bueno, quizás se había equivocado, y el estaba mirando a alguien detrás suya. Intentó volver a prestar atención a lo que estaba diciendo Helena.

- ... y eso es a todas luces imposible, porque ya sabemos nosotras que a nuestro Harry le van mas las...

- ¿Potter es gay?- preguntó Saffron inocentemente, intentando engancharse de manera natural a la conversación. Media docena de pares de ojos se clavaron en ella, en silencio.

- Tu... tu no te enteras de nada, ¿Eh?- dijo Helena exasperada- Verás, resulta que dicen por ahí que Potter y Nimelen estaban liados; pero es imposible, porque a Harry le gustan las chicas mayores...

- Ah – dijo Saffron simplemente. Pobre chica, estuviera donde estuviera , le tenían que pitar los oídos de una manera monstruosa. Volvió a desviar la atención de la conversación, mirando al resto de alumnos de otras casas.

Y, al igual que aquella mañana, su mirada se encontró de frente con la de Laia. Era una chica muy rara, la verdad. Saffron recordó que alguien le había dicho que su abuela había muerto recientemente, y era el último familiar vivo que le quedaba. Pobrecilla.

Así que, cuando terminó la comida, decidió acercarse hasta ella. La chica la miró con expresión hosca. No presentaba muy buen aspecto, con las ojeras muy marcadas, pero Saffron pensó que era lo lógico si su abuela acababa de fallecer.


- Wallrrasv...Laia...- comenzó suavemente, con seriedad, intentando sonreír poco, con dulzura.- Me he enterado de lo de tu abuela, y lo siento mucho, de verdad. He oído que te quería muchísimo, y debe ser muy difícil para ti...

Laia la miró fijamente. Si no fuera por la expresión seria de ella, y porque Saffron no parecía de ese tipo de personas, hubiera jurado que se trataba de una broma de pésimo gusto. Al fin, comenzó a hablar, lentamente, interrumpiéndola.

- Tu no sabes nada. Y si tanto te interesan los comentarios de la gente, quizás deberías escuchar algunos que circulan por ahí...

Y se marchó, dejando a Saffron con la boca abierta. “Pero que demonios le pasa?” se preguntó ella. Meneó la cabeza desconcertada. Se volvió, para ir a sentarse de nuevo a su sitio, cuando se dio de bruces contra Severus.

Saffron dio un respingo. Por merlín! Que odiosa manía tenía el de siempre aparecer a su espalda cuando menos lo esperaba.

- ¿Qué le has dicho?- preguntó sin vacilar en voz baja. Saffron miró sus profundos ojos negros, y sintió un cosquilleo en el estómago.

- ¿Yo? Solo le he dado el pésame por lo de su abuela!. Por merlín, que chica mas rara; si yo solo quería ser amable....

- Que has hecho, ¿Que?- interrumpió el, su mirada aun fija en la de ella. Saffron se sintió nerviosa.

- Pues...pues eso, que le he dado el pésame por la muerte de su abuela...

Severus entornó los ojos, como pidiendo paciencia al cielo. Ella lo miró curiosa.

- ¿Pero en que demonios estabas pensando? ¿Cómo puedes ser tan candorosa?- el la miraba fijamente mientras hablaba en voz baja, allí, los dos de pie en medio del comedor. Suerte que casi todo el mundo se había ido ya.- Tienes que entender que te has metido en un mundo peligroso, Saffron. Cualquier cosa que digas, cualquier cosa que hagas llegará a sus oídos, por lo que tienes que procurar ser lo mas discreta posible. Por ahora, se han acabado los días de confianza ciega en cualquiera. La persona que menos te lo esperas puede ser un traidor y entregarte a ellos. Y ellos, no se andarán con tonterías. Sin escrúpulos, no dudaran en eliminar a cualquiera que piensen que supone una amenaza para sus planes, aunque esta sea nimia. Y tu, en estos momentos, estas en su punto de mira. Podrían hacerte cosas terribles. Cosas que ni en tus peores pesadillas has podido imaginar.

Severus terminó de hablar y le dio una semi sonrisa triunfante. Se sentía pagado de si mismo después de aquella parrafada. Ella lo miró, con los ojos azules enormes por la sorpresa, y el esperó una respuesta. Por fin, ella habló.

- Tu... ¿De verdad crees que soy candorosa?

El bufó exasperado, sacudió la cabeza y casi la arrastró fuera del comedor.




Aquella misma tarde, cuando el fue a recogerla, ella vio que no se dirigían a las mazmorras. Ella lo siguió, en silencio, andando por los pasillos. Pero pronto la curiosidad le quemaba los labios y tuvo que preguntar.


- ¿Dónde vamos?- pero el no respondió, y continuó andando rápidamente en silencio. Ella suspiró levemente, encogió los hombros, y siguió sus pasos.


Hasta que llegaron a la enfermería. Saffron lo miró, extrañada, pero la cara de el seguía siendo impasible. Y cuando entraron, ella pudo ver a Charlotte Jenkins, aquella chica del ministerio que nadie sabía muy bien que era lo que hacía en Hogwarts recostada en una cama, y Remus Lupin sentado en una silla a su cabecera. Ninguno de los dos parecía muy alegre. Severus se dirigió directamente hacia la chica, interesándose por su estado, mientras Saffron murmuraba “Buenas tardes” en voz baja.

Severus y Charlote parecían tener mucha confianza, a juzgar por su conversación en voz baja. Saffron sintió una desagradable punzada en el estómago, y apartó la mirada. Se fijó en Lupin, que no parecía mucho mas contento.

- Hola- dijo ella suavemente, acercándose a el. Remus le dio una sonrisa cansada. Saffron cayó en la cuenta que siempre parecía cansado. En un arrebato de ternura, apoyó su mano en su hombro.- ¿Qué tal estas?.

- Bien... bien... estoy bien- sonrió levemente.- ¿Y tu? ¿Estas estudiando mucho?

- Oh- dijo ella entornando los ojos- No te puedes hacer una idea... no se como me las arreglo, que siempre busco los temas más complicados para mis trabajos. No hago mas que estudiar, y estudiar...

- Así que tu eres la que tiene tan ocupado a Severus, eh? Charlotte Jenkins- y le tendió la mano para estrechársela. Saffron se sonrojó, se presentó, y respondió al saludo- Bah, no te preocupes, a el le encanta demostrar lo mucho que sabe.

Severus hizo una mueca extraña con la boca, que intentaba ser una sonrisa. Saffron también sonrió levemente, sintiendo la mirada de el fija en su cara. Se hizo un incómodo silencio en la habitación.

- ¡Buenas tardes!- interrumpió una voz alegre a su espalda. Todos se volvieron para ver al visitante- ¿Cómo está la enferma?

Pelirrojo, con pecas, clavadito a otros cinco alumnos que Saffron había visto por Hogwarts a lo largo de su vida; era un Weasley, sin duda.

- Mejor, Bill, mejor.- dijo Charlotte con una sonrisa.

Pronto, Saffron se encontró hablando con Bill alegremente, riéndose los dos con sonoras carcajadas.

- Si, conocí al profesor Boleslav en Egipto, hace un par de años. Estaba llevando una expedición de Arqueomagia en pirámides de la V dinastía... un personaje muy curioso...

- Lo conociste?- rió Saffron- Si, sus clases son una locura. Es muy bueno, pero continuamente olvida los pequeños detalles, como donde nos quedamos el día anterior, el día a que estamos, nuestros nombres...

Los dos volvieron a reírse. Ignorando Saffron que Severus la observaba disimuladamente.

- ¿Pero que se han creído que es esto? ¿Una cafetería?- la enfermera Pomfrey llegó escandalizada. Aquel era su territorio, y en el se atrevía incluso a regañar a los profesores. Además, era cierto que estaban armando mucho escándalo.


- Deberíamos irnos- Severus se dirigió hacia Saffron, y ella asintió. Se despidió de todos con una sonrisa, y le deseó a Charlotte que se recuperara pronto.

- Si, yo también me marcho ya.- Lupin se acercó hasta Charlotte. Ambos estaban extrañamente serios. Y entonces, ella alargó la mano hacia el. Lupin dudó un solo segundo, y enseguida la cogió y estrechó entre las suyas un instante.

Oh, que bonito.

 
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