bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Charlotte x Remus = COM!
Saffron x Severus = COM!
Youko x Draco = COM!
Laia x Lucius = COM!
Nimelen x Sirius = COM!

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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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· domingo, febrero 29, 2004

" Un mal cumpleaños " por Youko ( 9:34 PM )
 
Rabia. Eso era lo que sentía Youko en aquel momento. Rabiaba por dentro a más no poder. En cuanto se había levantado aquella mañana del viernes, fue a hablar con Severus por aquella invitación al cumpleaños de Draco que se celebraría al día siguiente. Severus se puso más pálido de lo que ya era y su expresión fue de shock a preocupación. Lo peor de todo fue que él no podía ayudarla. No había sido invitado y no podría estar con ella... Tendría que meterse en el cubil de la serpiente (nunca mejor dicho) ella sola.

Youko dijo que también podía negarse a asistir, algo a lo que Severus se opuso rotundamente. Negarse a una invitación entregada directamente por Lucius Malfoy no era recomendable si se deseaba tener una larga vida... lo que si le recomendó era hablar con Draco, avisarle de que su padre la había invitado, para que él pudiera ayudarla y mantenerla alejada de Lucius. Eso era todo lo que él podía hacer...

Así, que así estaba Youko, sentada ante su escritorio en su habitación, después de la única clase de la mañana y escribiendo en un pergamino una nota para mandársela a Draco. Aquello sería más discreto que abordarlo en los pasillos. Acercándose a su pequeña lechuza gris, uno de los últimos regalos de su madre antes de que perdieran el contacto, ató el pergamino pulcramente plegado a su pata y la observó salir por la ventana. Aquel día no bajaría a comer... Ni ganas, vamos...

************************************************

Draco ocupó su lugar en la mesa de Slytherin. Observó la mesa de los profesores y frunció el entrecejo. Era extraño que Youko no bajara a la comida. A lo mejor se había retrasado corrigiendo algún trabajo. Pero el asiento al lado del profesor Lupin seguía vacío diez minutos después. Era evidente que no vendría...

Una pequeña lechuza entró volando por uno de los grandes ventanales del gran comedor. Planeó un poco y se paró delante de un sorprendido Draco. El Slytherin la observó atentamente: aquella no era una de las lechuzas de su familia... El animal ululó suavemente y le alargó la pata para que cogiera el pergamino plegado que estaba cogido a ella. Observó el sello del lacre rojo oscuro que mantenía la carta cerrada. Las letras SD sobre una flor de Lis y rodeadas de pequeñas hiedras. El sello de la familia Silvara... Aquella carta sólo podía ser de Youko...

-“¿Es una carta de tu padre, Draco?”—preguntó Pansy con voz estridente y acercándose al chico rubio intentado ver el sello aún sin romper.

Draco se sacudió a Pansy de encima casi provocando que cayera de su lugar en el banco y contestó fríamente.

-“No creo que eso sea de tu interés”—y con esto, guardó el pergamino en un bolsillo de su uniforme, se levantó y salió del comedor. Comprobando que no había nadie en los pasillos echó a correr hasta llegar a su dormitorio en Slytherin.

En cuanto cerró la puerta rompió el sello y leyó el contenido de la carta:

“Draco, necesito hablar contigo urgentemente. Ven a verme e mi habitación en cuanto termines de comer. ¡Y que nadie te vea!

Y. Silvara”


¡Quería hablar con él! Y en su habitación nada menos... Dobló el pergamino de nuevo y lo guardó junto con el resto de su correspondencia más importante: en una caja de marquetería que su madre le había regalado un año después de empezar la escuela y la protegió con un conjuro. Se miró en el espejo comprobando que todo estaba en su sitio y salió del dormitorio, dirigiéndose tan rápido como podía hacia las habitaciones de Youko.

********************************************************

Youko Estaba mirando por la ventana cuando sonaron un par de golpes en la recia puerta de madera de su habitación. No necesitaba siquiera preguntar. Sabía perfectamente quien era. Se levantó, respiró hondo y abrió. Draco la saludó con una ligera sonrisa pero la expresión seria de Youko hizo que se desvaneciera pronto. Aquello no pintaba bien...

-“Pasa, por favor”—dijo Youko apartándose un poco y dejando pasar al chico.

Draco observó la estancia a su alrededor. Estaba bastante ordenada: los libros en sus estantes ordenados según tamaño, pergaminos en el escritorio, la escoba en un rincón junto a un armario de caoba oscura. A la izquierda había una puerta que llevaba al baño y a la derecha una gran chimenea que caldeaba la estancia. Frente a ella dos sillones hacia los cuales se dirigió Youko, ocupando uno de ellos. Draco la siguió y se sentó frente a ella.

-“¿A sucedido algo?”—preguntó Draco empezando a sentirse intranquilo ante el silencio de Youko—“¿Has tenido algún problema con... con mi padre?”.

Ante esta última frase la joven soltó una suave risa, pero no tenía nada de divertida, sino que sonaba amarga.

-“Sí, me temo que es tu padre”—contestó remarcando con dureza la palabra padre. Sacó de un bolsillo la tarjeta y se la alargó a Draco. El muchacho la tomó arqueando una ceja, curioso. Hasta que se fijó bien en lo que Youko le estaba dando. Una de las invitaciones a su fiesta de cumpleaños.

Primero palideció, después pareció alarmado y por último furioso. ¡Cómo osaba su padre a invitarla a aquel nido de serpientes que iba a ser su “cumpleaños”!

-“No puedes venir”—dijo tajantemente apretando entre sus dedos el pergamino y mirando a la joven preocupado.

Youko dio un respingo ante la dureza en la voz de Draco y mirando a sus ojos, vio como se oscurecían con la furia. Sacudió la cabeza negativamente.

-“No puedo negarme, y lo sabes”—contestó ella mirando el fuego como si pretendiera descubrir algún secreto tras las llamas.—“Ya he hecho un enemigo de tu padre. No quiero empeorar las cosas”.

Draco maldijo en voz baja. Se levantó del sillón y se arrodilló delante de Youko, tomando sus manos y haciendo que esta desviara su vista del fuego y se fijara en él.

-“Muy bien. Pero no te separarás de mí bajo ningún concepto. Y apenas termine la cena volverás a la escuela. No quiero que te quedes en el feudo más de lo necesario”—dijo Draco apretando ligeramente sus manos. Youko meramente asintió con la cabeza.

Draco soltó una de sus manos y la puso en su mejilla, acariciando suavemente. Tal vez no fuera un buen momento pero debía preguntar.

-“Has... ¿has pensado en lo que te dije?”—preguntó suavemente mientras seguía acariciando su mejilla. Youko suspiró con suavidad y arrulló su rostro contra la mano.

-“Sí... más o menos...”—respondió casi en un susurro, como si, al levantar la voz, fuera a romperse aquel momento.—“Pero prefiero esperar a que pase tu cumpleaños para decírtelo”.

Draco no se desanimó por aquella respuesta. Se acercó un poco más y siguió insistiendo.

-“Por favor. Necesito saberlo...”—estaba cerca, muy cerca. Tanto que podía notar el cálido aliento de Youko en su rostro. Café, olía a café, no amargo, sino dulce. Le gustaba echar mucho azúcar en el café...

-“Aún no...”—apenas se oyó la voz de Youko, apenas movió sus labios, fijos sus ojos en los grises de Draco.

-“Por favor...”—volvió a insistir Draco prácticamente rozando sus labios mientras hablaba.—“Ahora, por favor...”.

Youko cerró los ojos y suspiró.

-“Sí...”—y con aquella simple palabra Draco cerró la poca distancia que los separaba y la besó, con suavidad, sin insistencia, sin prisa. Se separó de ella cuando notó algo salado sobre su boca. ¿Lágrimas? Apartándose miró a Youko momentáneamente asustado.

-“¿Youko? ¿Qué pasa? No, no llores...”—dijo mientras intentaba secar las lágrimas que resbalaban por las mejillas de la joven.

-“No sabes dónde te estás metiendo...”—murmuró entre lágrimas Youko.—“Te acabaré haciendo daño... te pondrás en peligro estando conmigo”.

-“No me importa...”—Draco iba a seguir hablando pero sonaron un par de golpes en la puerta.

Los dos levantaron la vista y miraron hacia la puerta. Sin decir nada, Youko le señaló con la cabeza el baño. Mientras Draco se escondí allí, ella limpió su cara lo mejor que pudo e intentó calmarse y recuperar su helada apariencia. Una vez puesta la máscara, aunque con los ojos ligeramente enrojecidos, abrió la puerta. Y se quedó de piedra. Y la volvió a cerrar de golpe pero no antes de que Lucius Malfoy consiguiera interponer su bastón, evitando que se cerrara. Draco había dejado la puerta del baño ligeramente entreabierta para poder observar y vio el bastón. La puerta se abrió de nuevo y su padre entró orgullosamente en la estancia.

-“Tsk, tsk, tsk. ¿Qué educación es esa, querida? Cerrándole la puerta en la cara a un visitante”—dijo Malfoy con frío entretenimiento mientras avanzaba hacia el interior. Se giró y observó a la joven. Arqueó una ceja ante los ojos enrojecidos y los trazos de lágrimas en sus mejillas.

-“Realmente habría preferido que se estrellara en sus narices, señor Malfoy”—Youko parecía haber recuperado su frialdad y su lengua ácida se puso en funcionamiento.—“¿A qué debo el placer de su visita?”—añadió sarcástica mientras ponía una respetable distancia entre Lucius y ella.

-“La verdad es que estoy buscando a mi hijo. ¿Por casualidad no sabrás dónde está?”—inquirió Malfoy observando la habitación. La puerta del baño estaba entreabierta. Sonrió levemente.

-“Lo siento señor Malfoy, pero no tengo ninguna idea de dónde puede estar su hijo. No es mi obligación saber dónde se encuentran todos los alumnos”—respondió con voz helada la joven mientras seguía la mirada de Lucius.—“Eso es el baño, señor Malfoy. ¿Acaso cree que tengo a su hijo escondido en la bañera?”—comentó con cinismo, intentando alejar la mirada de Lucius del baño donde se ocultaba Draco.

-“No, supongo que no”—dijo Malfoy, y añadió casualmente.—“Espero que asista mañana a la fiesta. Sería una lástima que faltara...”.

Youko se tensó. Draco estuvo a punto de abrir la puerta del baño, salir y estrangular a su padre. Pero antes de aquello sonó por tercera vez un golpe en la puerta, se abrió y entró Severus, con un pergamino en la mano. Había visto a Lucius llegar mientras estaba en la Torre de Astronomía y rápidamente supuso que iría a ver Draco, el cual él sabía que estaba con Youko, puesto que ésta lo había informado de que iba a hablar con el chico después de comer. Así que dedujo en seguida que si Lucius no encontraba a su hijo en los lugares comunes iría a buscarlo a la habitación de Youko. y no se había equivocado. Vio a Lucius desaparecer por la escalera que conducía a las habitaciones superiores de la Torre Serpens. Pensando rápidamente, entró a su despacho, abrió su chimenea la red flu interna y escribió una nota en el pergamino indicándole a Youko que mandara a Draco por ahí a su despacho.

-“Lucius. ¿Qué haces aquí?”—dijo Severus mirando fríamente a Malfoy, aunque sabía perfectamente que hacía ahí.

-“Tan sólo buscando a mi hijo Severus. Y confirmando que la señorita Silvara asistirá mañana a la fiesta.”—contestó serenamente Lucius aunque se le veía ligeramente molesto por la interrupción.

Severus lo observó y se acercó a Youko, ofreciéndole el pergamino.

-“La información que me pediste sobre esa poción, aquí la tienes. Si necesitas ayuda con algo más avísame”—dijo mientras le entregaba el pergamino. Y mirando a Lucius añadió—“Y tu hijo está en mi despacho. Estaba comentándome algunas cosas del equipo de Quidditch. Todavía debe estar allí”.

Evidentemente Lucius no creyó aquello de que Draco estuviera en el despacho de Snape pero tampoco tenía otro remedio más que seguirle. Se despidió con una sonrisa burlona de Youko y salió tras de Severus, cerrando la puerta tras de sí. En cuanto estuvieron fuera Youko abrió el pergamino y lo leyó mientras Draco salía del baño, maldiciendo a su padre. Youko cogió un puñado de polvos flu de un frasco junto a la chimenea y los echó en el fuego al tiempo que decía “Despacho de Severus Snape en Hogwarts”. Las llamas no tenían aquel tono verdoso típico sino uno azulado.

-“Si pasas por aquí llegarás al despacho de Snape. Date prisa, por favor”—dijo la joven apresuradamente mientras le indicaba a Draco que avanzara hacia las llamas.

-“¿Podremos hablar más tarde?”—preguntó Draco al tiempo que se paraba frente a las llamas azuladas. Youko negó con la cabeza.

-“Mañana nos veremos en el cumpleaños. ¡Ahora deprisa!”—respondió la joven mientras se acercaba a Draco le daba un rápido beso en la mejilla y lo empujaba dentro del fuego.

Justo en cuanto las llamas reasumían su color normal en el despacho de Snape, la puerta se abrió y Draco vio entrar a su profesor y a su padre. Limpió su cabeza de cualquier pensamiento y se acercó a saludar a su padre.

Mientras, en su habitación, Youko se preguntaba si había hecho lo correcto diciéndole que sí a Draco... y que pasaría mañana en la fiesta...

******************************************************

Youko se observó en el espejo de su habitación por tercera vez. Después de probarse varios conjuntos al final se decantó por una túnica de suave terciopelo azul oscuro con pequeños bordados en plata alrededor de las mangas y el cuello. Al principio había pensado en dejar su pelo suelto pero al final lo recogió en un gracioso moño, dejando algunos mechones sueltos. Que no deseara en absoluto ir a esa fiesta no quería decir que no tenía que ir arreglada. Miró el reloj una vez más: casi las seis. Mejor se iba ya o no llegaría.

Para su sorpresa se encontró con un carruaje esperándola junto a las verjas del colegio. Subió y dentro encontró una pequeña nota. Reconociendo la letra de Draco en el exterior, la abrió y leyó: “En cuanto llegues te estaré esperando. D. Malfoy”. Tardaron casi una hora en llegar al feudo Malfoy. Durante el viaje se limitó a mirar el paisaje a través de la ventanilla del carruaje. Empezaba a oscurecer y unas pocas estrellas ya se dejaban ver. Tal y como había prometido, Draco estaba esperándola ante las puertas de la casa. La ayudó a bajar con una sonrisa.

-“Bienvenida al feudo Malfoy”—dijo Draco mientras le daba un ligero beso en el dorso de la mano. Youko correspondió con una nerviosa sonrisa y una ligera inclinación de la cabeza.—“Será mejor que pasemos dentro”—y con esto la guió hacia el interior de la casa.

Youko observó ligeramente curiosa. Sabía que sus padres sí que habían estado alguna vez en el feudo Malfoy, pero ella no había ido nunca. Era una mansión elegante, de mármol blanco, gris y negro, y muy grande, mucho más que el feudo Silvara, donde vivían sus padres. Draco se detuvo poco antes de que llegaran al comedor. Al instante un sirviente los alcanzó.

-“Ahora entraré yo. Marcus te acompañará al interior dentro de un minuto”—explicó Draco mientras señalaba al mayordomo junto a ellos.

-“De acuerdo”—contestó Youko. Y con esto Draco la soltó y entró en la iluminada sala. Youko miró al mayordomo que la saludó con una inclinación de cabeza. Esperaron un poco y después entraron.

El criado la condujo hasta un lugar en la mesa relativamente alejado de Draco, y por ende, de su familia, aunque en aquel momento era sólo Narcissa, la madre de Draco, la que estaba allí. Draco estaba a su lado y, evidentemente, el puesto libre al otro lado era el de Lucius. Youko se sentó entre un par de chiquillas que miraban muy seriamente su plato. A medida que pasaban los minutos se le iba formando un nudo en el estómago. No estaba nada a gusto allí. Lanzó miradas de refilón a Draco y a Narcissa, la cual enganchó una de sus miradas. La mujer le sostuvo la mirada y tras unos agónicos instantes la saludó delicadamente. Youko devolvió el saludo y retiró la mirada rápidamente.

Casi diez minutos más tarde, el señor Malfoy no había aparecido y para su terror, Draco se puso en pie, la miró y sonrió con sorna. “No, no no. No se te ocurra, por favor...” gritaba Youko en su mente viendo venir las intenciones de Draco de llamarla y que ocupara el puesto vacío de su padre. Al parecer, esta vez que sí que había alguien escuchando en alguna parte porque Youko no podían alegrarse más, por una única vez, de ver aparecer a Lucius.

El padre de Draco recorrió la mesa con la mirada y se detuvo en ella, sonrió ligeramente y siguió mirando, hasta que sus ojos se detuvieron en otra persona y su rostro se endureció casi imperceptiblemente. Youko siguió su mirada y se sorprendió de ver a una muy pálida Laia Wallravenstein. Laia desvió su mirada y se la quedó mirando a ella, con la expresión en blanco. Cuando Lucius ocupó su lugar en la mesa, se empezó a servir la cena.

La cena transcurrió con tranquilidad pero antes de que sirvieran los postres notó movimiento a su lado y cual no fue su sorpresa de ver a Laia sentarse a su lado.

-“¿Qué haces aquí?”—evidentemente, Wallravenstein no gastaba tiempo en sutilezas.—“No creo que Draco fuera tan imprudente como para invitar a un auror a su cumpleaños”.

-“Me invitó el señor Malfoy, no Draco”—respondió Youko con dureza. No iba a dejarse intimidar por Laia. Pero la tomó verdaderamente por sorpresa que a la mención de que la había invitado Lucius, por los ojos de Laia pasara una sombra de... ¿qué? ¿Celos?. No, lo habría imaginado.

-“Oh, ¿Y te has atrevido a venir? Muy valiente por tu parte...”—replicó Laia con sorna. El rostro de Youko se endureció.

-“Evidentemente no conoces lo suficiente a Lucius Malfoy como para saber que negarte a algo que el pide es convertirlo en tu enemigo”—contestó Youko mientras Laia palidecía ligeramente. Así que se había atrevido a contradecir a Lucius de alguna forma, pensó Youko viendo la expresión ligeramente preocupada de la chica. Decidió presionar un poco más.—“No sabes donde te estás metiendo, Wallravenstein. Siempre que Lucius aparece por la escuela tu sales detrás de él. Aléjate de Lucius Malfoy ahora o acabarás metiéndote en problemas de los cuales no podrás salir”.

Justo cuando Laia iba a responder, un carraspeo tras ellas lo impidió. Laia se giró a ver quien las interrumpía. Youko no. No le hacía falta. Conocía a la perfección aquel carraspeo. Lo había oído toda su vida. En su casa. Palideció mortalmente y se giró para mirar al hombre al que hacía casi un año que no veía, prácticamente desde que dijo que entraría en la academia de aurores. Su padre. Alexander Silvara Dragg era un hombre alto, de cabello rubio oscuro largo hasta los hombros y recogido pulcramente en una cola sobre la nuca y de ojos color miel, igual de fríos que los de su hija. Laia observó de una a otro.

-“Padre. Es un placer verte”—saludó educadamente Youko mirando a su padre.

-“Lo mismo digo hija. ¿Podríamos hablar a solas, en algún lugar más tranquilo?”—respondió su padre. La vez del señor Silvara no era fría pero sí muy calmada. Pero Youko sabía que bajo aquella calma había un fuerte temperamento y no había que fiarse. Cabeceando levemente se puso en pie, se despidió de Laia con una mirada y siguió a su padre fuera del salón hacía una pequeña salita un poco más allá.

Desde la cabecera de la mesa, Draco observaba nervioso y Lucius ciertamente curioso. Había sido su idea la de invitar a Alexander para ver si él podía manejar a su hija. Ahora podría ver cuanto control le quedaba sobre ella...

***************************************************************

Youko avanzó hasta el gran ventanal que había en uno de los laterales de la sala mientras su padre cerraba la puerta tras él. Alexander observó a su hija desde su lugar junto a la puerta.

-“Cada día te pareces más a tu madre”—comentó Alexander mientras se acercaba. Youko no dijo nada.—“Te echamos de menos en casa, hija”.

Ante esto Youko dejó escapar un pequeña risa sarcástica y se giró para enfrentar a su padre.

-“¿Qué es lo que quieres, padre? Dudo que hayas venido para decirme que me echáis de menos, porque no lo creo”—la joven sabía que estaba hablando muy duramente contra su padre pero era la única forma de mantener una distancia.

-“Vigila tu tono jovencita. Sigo siendo tu padre”—la voz de Alexander era severa en contraste con sus palabras anteriores. Youko no retrocedió.

-“¡Ja! Según creo recordar cuando salí de la academia me dejasteis bastante claro que no teníais una hija. Así que no me vengas con esas”—Youko estaba empezando a ponerse furiosa y apretó los puños a ambos lados de su cuerpo.

-“¿Y que esperabas que hiciéramos? ¿Sabes en el peligro en el que te has puesto con tu maldita cabezonería de hacer siempre lo contrario a lo que se te dice? Renuncia a tu posición de auror y vuelve a casa, donde debes estar.”—aquello no era una sugerencia, sino una orden. Una que Youko no estaba a punto de cumplir.

-“¿O qué padre? ¿Piensas obligarme? ¡No tienes ningún control sobre mí, ¿lo entiendes?!”—gritó Youko dejando que la furia subiera al límite. Pero tan pronto como subió, bajó, y lo hizo en forma de un revés por parte de su padre.

-“No consentiré que me hables así, ¿me has oído?”—dijo Alexander con voz mortal mientras Youko se llevaba la mano a la cara. Podía notar un ligero sabor a sangre en su boca. Se había mordido el labio con el golpe.

Youko empezó a apartarse de su padre cuando se abrió la puerta de la sala. Draco entró casi corriendo y se puso entre ella y Alexander. Lucius entró tras su hijo y observó la escena. Más o menos se hacía la idea de lo que había pasado.

-“¿Estas bien?”—preguntó Draco mientras retiraba la mano de Youko de su cara. Observó con molestia y rabia el corte en el labio. Youko asintió ligeramente con la cabeza.—“Nos vamos a Hogwarts. Ahora”.

-“Hijo, la fiesta no ha terminado todavía”—intervino Lucius mientras sacaba un pañuelo y se lo ofrecía a la joven para que se limpiara el labio. Youko lo tomó más por educación que por necesidad.

-“Para mí sí, padre. Hay un carruaje esperándonos fuera. Nos vamos ahora. Despídeme de tus invitados”—contestó Draco intentando mantener su voz calmada con mucha dificultad. Lanzando una última mirada al señor Silvara, tomó a Youko por la cintura y la sacó de la sala hacia la entrada, donde les esperaba el carruaje.

Los dos hombres los observaron salir. Lucius se giró hacia Alexander.

-“¿Era necesario que le levantaras la mano?”—inquirió mientras miraba al hombre, que ya empezaba a calmarse un poco más.

-“Nunca le he permitido que me levante la voz ni que me falte al respeto”—respondió Alexander con dureza.—“Ya no tengo ningún control sobre ella, Lucius. Me temo que la perdí hace mucho tiempo...”—su voz casi sonaba pesarosa. Después de todo, Youko era su única hija, heredera del apellido Silvara. Alexander levantó la vista al oír una ligera risa por parte de Lucius.

-“Si quieres que te diga la verdad, yo también estoy perdiendo el control de mi hijo”—reconoció muy a su pesar.—“Pero tengo espías dentro de la escuela para poder seguir controlando sus movimientos”—aseguró Malfoy.—“Ahora, ¿por qué no volvemos a la fiesta? Aquí ya no hacemos nada...”—y con esto los dos hombres salieron de la pequeña salita en dirección al gran salón donde estaban el resto de invitados.

**************************************************************

En el momento en que salieron de las tierras del feudo, Youko dejó que la tensión la rompiera y se puso a llorar. Era la primera vez toda su vida que su padre la había pegado, y más que el golpe físico, lo que realmente le hizo daño fue el golpe psicológico. Con aquello había quedado claro que ya no quedaba prácticamente ningún lazo que la uniera a su familia, y eso hacía más daño que cualquier otra cosa.

Draco la abrazó y murmuró palabras de consuelo en su oído mientras el carruaje los llevaba de regreso a la seguridad de la escuela. Mañana estaría mejor, sí, mañana Youko estaría mucho mejor...
 
· domingo, febrero 15, 2004

" Las cosas se están poniendo muy feas " por Laia ( 2:48 PM )
 
Un miércoles aburrido. Jameson, su casi único amigo, había empezado a estudiar [maldito niño aplicado] y la había dejado de lado durante todo el día. Laia sentía una nueva necesidad de querer enseñarle a alguien la fotografía de sus padres y henchirse de orgullo. Solo contaba con Jameson, y éste no le hacía caso.

El caso es que hasta el sábado, el día de la fiesta en casa de Draco Malfoy, Laia no había hecho prácticamente nada. Cada vez estaba más perezosa y eso le asustaba. A este paso nunca llegaría a conseguir el Premio Anual.

El día de la fiesta de cumpleaños de Draco la sorprendió con una pereza horrible. El tedio no solo se centraba en los estudios, sino en todas las ocupaciones que tuviera que hacer. Suspiró y descorrió las cortinas de su cama adoselada. Contemplando todos los vestidos que había allí tirados, intentaba pensar en la mejor manera de causar buena impresión. Era una oportunidad única para presentarse ante Lucius Malfoy sin el horrible uniforme del colegio. Quizás con un modelo adecuado Lucius olvidara que Laia era una escolar de diecisiete años.

Se abrochó la túnica escogida, de seda y de degrade gris. Era la más elegante que tenía, pues también contaba con bordados en hilo en la parte inferior del traje. Se abrochó la capa negra con la hebilla de plata, recogió su cabello en un moño alto –los recogidos eran su debilidad- y se puso unos elegantes pendientes de oro blanco de su madre ante la atenta mirada de su gata Mary-Sue. Al salir por las puertas de entrada del colegio se encontró ya con una diligencia esperándola.

La mansión de los Malfoy le era bastante conocida. Había ido a la mayoría de los cumpleaños de Draco, así como a fiestas organizadas exclusivamente para reforzar las alianzas entre las mejores familias.

Al parecer había llegado relativamente pronto. Aún había más criados que invitados, y hasta se dejaba ver algún elfo doméstico por la casa.
En la mansión había varios comedores, desde uno recóndito y pequeño en lo que parecía una cripta hasta uno tan enorme que contaba con seis puertas de acceso.
El mayordomo que la recibió la llevó a uno que no había visto nunca antes y que se suponía era el comedor “mediano”, una estancia situada al final de la casa y bastante estrecha, pero muy larga. Las paredes estaban decoradas con largos y estilizados espejos, ajustados unos a otros. La mesa ya estaba puesta y las tres enormes lámparas hacían que todo brillara y el comedor estuviera muy ilumiando.
En uno de los cabezales de la mesa estaba sentada Pansy Parkinson –evidentemente ese no era su sitio- que parecía conversar animadamente con otra chica que Laia no conocía, pero que le hizo un gesto de bienvenida. Más al final se encontraba un hombre bastante mayor, acompañado de dos niños de unos diez años, que miraban fijamente al plato con mirada hosca.
De repente, de detrás suyo, apareció el padre del homenajeado, que con una velocidad pasmosa y de manera totalmente silenciosa se plantó frente a ella.

- Señorita Wallravenstein, llega usted inusualmente puntual.

Laia sonrió con desgana. No le gustaba que nadie le recordara su incapacidad de llegar a punto en ningún lugar, y Malfoy parecía estar desquiciado de las veces que ella debía haber llegado tarde a cualquier celebración que él hubiera organizado. Continuó hablando.

- Supongo que ahora que ha llegado debemos aprovechar este preciado cuarto de hora extra. Acompáñeme.

Laia le miró sorprendida y temerosa al mismo tiempo. Mientras subía las escaleras miraba fijamente la capa de Lucius, que iba arrastrando por la escalinata.
El pasillo por el que la llevaba al llegar al piso superior no lo había pisado nunca, pero tenía ese desagradable aspecto de “oculto” que le provocó miedo y fascinación al mismo tiempo. Malfoy iluminó el terreno con la varita y tras unas rápidas y susurrantes palabras se iluminaron las lámparas del lugar.
Pasaron por innumerables puertas hasta llegar al final, una puerta aparentemente como las demás, pero bastante apartada del resto. Al llegar ante ella Malfoy giró su cara y dirigió sus ojos en ella. Con el juego de sombras de las lámparas la expresión de Malfoy era terriblemente dura.

- Confío en su discreción, Wallranvenstein.

A Laia le cayeron los nervios hasta los pies, y ahora lo que sentía en su estómago era una terrible angustia.

Malfoy llamó tres veces y prosiguió a abrir la puerta lentamente. Laia intentó divisar el interior, pero todo era negro. La hizo entrar y quedarse pegada a la pared y una vez los dos dentro Malfoy dijo algo en una lengua extraña –algún tipo de contraseña- y una pequeña luz apareció ante ellos, como un fuego fatuo, que se dirigió a una lámpara en el centro de una mesa. La luz no era muy potente, pero Laia pudo reconocer varios cuerpos alrededor de ella. Iban todos con capas negras. Eran ocho, cuatro a cada lado de la mesa, y aunque no veía sus caras, sabía que les estaban mirando.

“Mortífagos”

Laia siempre había sentido fascinación por ellos, por influencia de sus padres. Había conocido a varios y había compartido con ellos el secreto de su anonimato, algo que en sus años infantiles le parecía un juego muy excitante. Evidentemente durante su tierna edad no supo realmente que era lo que hacían los amigos de su padre, solo sabía que se dedicaban a vencer a gente que era peligrosa para ellos. Al menos eso era lo que le decían.
Pero el ver a todas esas personas apostadas ahí, completamente quietas, no le resultó nada agradable. Estaba segura que no había allí ningún mortífago que hubiera conocido antes. Se sentía vulnerable y bastante perdida.

Mientras ella se dejaba llevar por sus pensamientos Malfoy la empujó suavemente por la espalda y la llevó al cabezal de la mesa.

- Algunos de vosotros ya la conocéreis. A los que no, sabed que es la hija de Nikolaus Wallravenstein y Natalia Silano.

Los mortífagos asintieron silenciosamente. A Laia le dio la impresión que la aceptaban y que sus padres era aún más respetables de lo que ella creía.

Malfoy notó los nervios de Laia y apoyó su mano en el hombro de la chica, intentando infundirle fuerza. Laia suspiró silenciosamente y siguió mirando impresionada la escena, intentando no demostrar ningún tipo de debilidad. Malfoy prosiguió.

- También os he mencionado la carta que me otorgó su padre, pidiéndome que cuidara de ella y la llevara por el mismo camino de su familia. Creo que ha llegado el momento. Vivimos unos años cada vez más apurados, nuestros enemigos se están multiplicando y son conscientes de los movimientos cada vez más continuos de los seguidores del Señor Oscuro. El colegio Hogwarts está más preparado para combatir ataques y no solo tienen aurores deambulando por las aulas sino que cuentan con espías traidores que, simulando espiar para nosotros, espían para ellos.

Laia abrió los ojos impresionada. ¿Quiénes serían esos traidores? Dudaba que fuera Snape, pues se sabía que era un aliado de Dumbledore. Entonces ¿Quién?

- Por eso hemos de apoyarnos sobretodo en las nuevas generaciones, como hacen los aurores. Cada año la academia de aurores licencia a decenas de ellos solo en el Reino Unido. Nosotros debemos hacer lo mismo. Hemos de empezar a organizarnos en serio, no valen las viejas glorias del pasado. Debemos renovarnos.

Uno de los mortífagos se removió nervioso y habló:

- ¿Y que hay de nuestra escuela de Durmstrang?

- La escuela que tenemos cerca de Durmstrang es lo mejor que tenemos, pero aún hay pocos alumnos. Estamos en época escolar y es una escuela completamente ilegal. Los alumnos solo pueden acudir a ella en verano.

Malfoy miró fijamente a Laia.

- Evidentemente, Wallravenstein se dirigirá a ella este verano. Será todo un privilegio para la escuela contar con la hija de su fundador como alumna.

Laia le miró intranquila. No estaba preparada para tanta información seguida. Sentía como su estómago iba encogiendo. Se mareó un poco, le entró sueño. Todo estaba demasiado oscuro. Pero tener a Malfoy al lado era algo reconfortante, desprendía tanta seguridad que no podía evitar influenciarla lo suficiente como para no salir corriendo de la sala.

Uno de los mortífagos asintió silencioso y sacó un pergamino. Lo extendió.
Laia sabía lo que era, lo había visto muchas veces en el despacho de su padre. Él tenía a centenares.

Era el juramento.

Primero jurabas encima del pergamino, luego vertías un poco de sangre –era una organización realmente tradicional- y luego ya estabas preparado para recibir la marca.

“La marca”

Laia se echó atrás asustada.

“No. La marca no, la marca no”

Una cosa era aliarse con los mortífagos y otra muy diferente era convertirse en uno de ellos. Esa horrible marca la convertiría en un siervo del Señor Oscuro durante toda su vida. Era demasiado joven, no estaba preparada.
Malfoy captó la vacilación de la chica e intentó que se quedara allí quieta, pero uno de los mortífagos habló.

- Siempre podemos esperar. Siendo la hija de Nikolaus bien se puede hacer una excepción. No dirá nada. ¿Verdad que no dirás nada pequeña?

Laia observó al mortífago que había hablado. Era el más bajito de todos y aunque no podía ver su cara por llevar la máscara puesta, reconocía su voz como alguien familiar. Estaba segura que le conocía. Sonrió agradecida y juró por lo más sagrado que no diría nada a nadie.

Malfoy suspiró, agarró el brazo de la chica y la condujo fuera de la habitación. Laia sabía que le esperaba una buena bronca. Ya fuera de la sala la lanzó contra la pared del pasillo y la miró con verdadero odio.

- ¿Sabes que los mortífagos no esperan? No abuses de su paciencia o ellos descubrirán que eres débil. Definitivamente no te veo capaz de demostrar ni la ambición ni la valentía que poseían tus padres.

Laia abrió los ojos y le miró indignada. De repente apareció la seguridad que normalmente la caracterizaba. Ante él ya había perdido varias veces el miedo, y en ese momento quedó demostrado que le respetaba menos. Malfoy se dio cuenta de ello.

- Si alguien que yo conozco me hubiera avisado con anterioridad de la reunión, me hubiera preparado. ¿Cómo iba a reaccionar?

Malfoy se estaba dando cuenta que la situación se le estaba yendo de las manos. Si no actuaba pronto perdería el favor de la familia de esa chica, y era una familia que debía seguir ligada a la causa de los mortífagos. No podían seguir perdiendo aliados. La abuela de la chica se lo dijo una vez.

“Llévala por el buen camino, que desde que murieron sus padres se ha vuelto débil y yo no puedo hacer nada por arreglarlo, me ha perdido el respeto, que no te lo pierda a ti”

Malfoy miró fijamente a Laia. Le daba la sensación que ya se lo estaba perdiendo.
Pero un movimiento brusco de él, completamente involuntario, le hizo creer lo contrario. Laia era bastante extraña, y si algo era difícil de descubrir, era si estaba actuando o era verdaderamente así. De repente Laia vaciló y desvió la mirada. Malfoy se había acercado demasiado, sin querer, evidentemente. Sonrió con sorna a la chica. Aún era muy joven, y por muy orgullosa que se pusiese, había cosas que aún la desconcertaban y le daban miedo. Una de ellas era tenerle demasiado cerca.

Aprovechando la ocasión y la oscuridad del pasillo, Lucius Malfoy agarró la cabeza de Laia con ambas manos y se acercó todo lo que pudo acercarse.

- Este es tu destino, así como lo fue el mío. Ten en cuenta que aquí todo el mundo te quiere, que van a ser todos como un padre para ti.

Laia le miró temerosa, recordando la reciente reunión. Frunció su entrecejo.

- ¿Y la marca?

Laia notaba como el excesivo calor le hacía llorar.

Malfoy agarró un brazo de la chica con fuerza y adoptó una actitud fiera.

- ¡El honor de pertenecer a los mortífagos! Espero que no sea por vanidad que no la quieres.

Malfoy retiró su mano izquierda de la mejilla de Laia y descubrió con rapidez su brazo derecho. Laia pudo ver de cerca la marca, puesto que la mano derecha de él aún le agarraba la cara.

Era impresionante, un dibujo realmente siniestro... pero al mismo tiempo fascinante. Laia seguía en una extraña ensoñación y la tenue luz de las lámparas provocaban que la marca adquiriera una forma vaga y difusa. Dirigió su mano al antebrazo de Malfoy y recorrió con los dedos la carne quemada. Intentó recrear en su mente el momento en que un joven Lucius Malfoy hacía el juramento, como abría su carne y dejaba caer la sangre sobre el papel, y de cómo le imprimían la marca.

Mientras pensaba en ello Lucius volvió a agarrarla con ambas manos y le susurró al oido.

- No debes temer nada, yo estaré contigo cuando te hagan la marca.

El apoyo incondicional había reemplazado al enfado. Laia no sabía que pensar de Lucius, pero el caso es que cuanto más se acercaba él, menos pensaba ella. Quien sabe, conociendo a Lucius Malfoy cualquiera pensaría que lo hacía queriendo, pero eso no era motivo suficiente como para remediarlo. Era difícil luchar contra él. Laia intentó liberarse pero el forcejeo era inútil, por mucho que intentara desviar su cabeza las manos de Lucius eran firmes y fuertes y la mantenían en su sitio.

- Dejame en paz.

Se hizo un silencio y Lucius la miró fijamente, forzando un rictus desagradable. Retiró un poco su cara de la de ella y la miró con perspectiva. Se le resistía. Nunca habría pensado que le costara tanto. Había algo que le impedía convencerla del todo. Lucius observó el pasillo, inspeccionando que no hubiera nadie.

“Hemos de conservar la alianza con la familia Wallravenstein”

Lucius lo detestaba, pues él no solía llevar tan lejos este tipo de actos, pero supo que era un deber. Con una expresión de verdadero enfado acercó la cara de Laia a la suya y la besó con furia. Ni se le ocurrió que podía estar haciendo daño a la chica, pero poco le importaba ya. Cuando la soltó, Laia estaba completamente pálida y desconcertada. Lucius creyó que no había hecho nada más que echarlo todo a perder. Cerrando los puños y mirándola de manera hosca le ordenó:

- Haga el favor de bajar al salón, señorita Wallravenstein, y procure relajarse.

Dicho esto, se giró con rapidez y a paso firme se adentró otra vez en el oscuro pasillo.

Laia se quedó un rato allí quieta, sopesando lo ocurrido. Su deber era ser mortífaga, y Lucius estaba desesperado para conseguirlo. Si, su familia era importante, pero no sabía que la situación era tan apurada como para que Malfoy se desesperara y reaccionara de esa manera. Supuso que ese hombre se sentía en deuda con su padre, y que tenía que cumplir lo que le pidió de la manera que fuera.

Laia se apoyó en la pared y le vino de golpe el primer bajón de autoestima de su vida.


Al bajar al comedor se encontró con todo el mundo sentado. Draco conversaba con Zabini desde uno de los cabezales de la mesa y los criados ya estaban trayendo los entremeses. La iluminación de la sala le hizo entrecerrar los ojos por el fuerte contraste, y tuvo que restregarse los ojos, aún un poco llorosos debido al calor que había pasado en el piso de arriba. Se sentó al lado de uno de esos niños que había visto antes y que ahora removía la comida que tenía en el plato con desgana. Al levantar la mirada y observar a los invitados se encontró con quien menos se esperaba encontrar.

A Youko Silvara.

Estaba sentada relativamente cerca de ella, en un discreto lugar. No parecía sentirse muy a gusto. Bueno, Laia tampoco estaría a gusto allí, si fuera auror.
De repente la voz de Draco se alzó y se levantó del cabezal de la mesa. El chico miró fijamente a Youko y sonrió con sorna. Laia se dio cuenta del asiento libre que había al lado de Draco. Correspondía al asiento de su padre, que de un tiempo a ésta parte ya no asistía a los cumpleaños de su hijo –seguramente creyera que tenía otras cosas más importantes que hacer, como reunirse con los padres de los invitados-. Laia temió que Draco retara a Youko a sentarse a su lado.

Si lo hacía, si se sentaba al lado de Draco, Youko tendría que sufrir la presencia de Narcisa delante de sus narices, y eso no debía ser muy agradable. 
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