bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Saffron x Severus = COM!
Youko x Draco = COM!
Laia x Lucius = COM!
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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· miércoles, marzo 31, 2004

" Celebración de la Incertidumbre [Parte I – Kiriban escrito por Sarah-Saffron] " por Laia ( 10:27 PM )
 
Laia se incorporó bruscamente en la cama, la respiración desacompasada, el sudor frío cubriéndola. Vio con alivio que solo había sido una pesadilla. Respiró aliviada, y volvió a tumbarse. Cerró los ojos, pero tuvo que volver a abrirlos enseguida. Cada vez que los cerraba veía aquellas horribles imágenes en su cabeza. Miró fijamente la cubierta adoselada de su cama. Estaba tan oscuro, que los ojos empezaron a lagrimearle, y empezó a ver puntos luminosos de colores.

Suspiró nerviosamente. Llevaba dos días sin dormir. Las pesadillas se lo impedían. Dos días desde que había hecho aquella poción prohibida, y había visto lo que había visto. Daba igual lo que los demás pensaran de ella; daba igual que ella intentara parecer una persona adulta e independiente; había cosas que seguían poniéndola nerviosa.

Había visto cosas terribles. Había visto la ¿muerte? de dos personas. Las imágenes se le habían grabado a fuego en la retina. No podía asegurar que realmente murieran, pero lo que sí era seguro era que iban a sufrir un ataque. El recuerdo del charco de sangre haciéndose cada vez más grande hizo que sintiera nauseas. Abrió ligeramente la cortina de su cama, para que entrara algo de aire.

Había visto a Saffron Bahn tirada en un claro del bosque, inmóvil, el pelo rojo desparramado y manchado de barro. Completamente inmóvil. Los ojos cerrados. No sentía un interés especial por la chica, pero la visión de ella herida no era precisamente agradable. La había mirado durante esos dos días, intentando averiguar algo, cualquier indicio de aquel horrible futuro. Saffron parecía preocupada y ocupada, pero nada hacía pensar en un ataque inminente.

Sin embargo, no era la visión de ella lo que más la preocupaba. No. También había visto otro ataque. Y curiosamente, era el que más la mantenía en vela, el que hacía que tuviera aquellas horribles pesadillas.

Laia lo había visto por el castillo, acompañando a Saffron. Sintió una leve punzada cuando los recordó a los dos paseando por los pasillos, comiendo juntos, o en los jardines ¿Envidia? ¿Celos? Laia no lo sabía. Había procurado enterarse de su nombre.

Julius. El se llamaba Julius.

Bueno, él era guapo, y ella era una chica de diecisiete años. Tenía derecho a fijarse en los chicos guapos, ¿no? Que los hombres que la atraían fueran mayores que ella era algo simplemente circunstancial. Un detalle nimio. Insignificante.

Recordó entonces que él estaba allí por Saffron. Y también recordó que Lucius Malfoy se acercaba demasiado a Saffron. Todo resto de lástima por la pelirroja desapareció súbitamente.

Sin embargo, no podía quitarse de la cabeza a Julius. La visión de él, también tirado en el bosque, sangrando, hacía que el corazón se le encogiera y su estómago se convirtiera en una pelota dura. ¿Por qué ese interés por él? Laia se lo preguntó una y mil veces. ¿Por qué le importaba tanto que le ocurriera algo? Bueno, él era un hombre agradable y parecía simpático. Quizás fuera por eso.

Un momento.

¿Agradable? ¿Simpático? ¿Desde cuando le interesaban a ella las personas agradables y simpáticas? Por Salazar, ella era Laia Wallravenstein, hija de sus padres, pupila de Lucius Malfoy, y aprendiz de mortífaga. Una muerte más, una muerte menos, no debía importarle. Se suponía que no debía importarle.

El simple recuerdo de los mortífagos hizo que sintiera ganas de vomitar. Recordaba la marca de Lucius Malfoy, como la había tocado con la punta de los dedos. Aquella misma noche, cuando se duchaba, había mirado su brazo desnudo y había tratado de imaginarse la marca en él. No había podido. Sin embargo, Lucius y los demás contaban con hacerle la marca ese mismo verano. Sería una mortífaga para el resto de su vida. ¿Qué clase de mortífaga iba a ser si no era capaz de ver a alguien sangrar en el suelo sin marearse? El temor de no estar a la altura de lo que se esperaba de ella la atenazó.

Los mortífagos, y en especial Lucius esperaban grandes cosas de ella. Lucius. En la ciega oscuridad, podía ver su cara perfectamente. Un hombre que la atraía y asustaba a partes iguales. No podía verle sin estremecerse. Recordaba perfectamente las veces que él la había tocado, y casi podía sentir sus manos en su cara, en su cintura, en sus caderas. Y la había besado. Besos furiosos, que casi la habían ahogado. Él había mordido sus labios, y la había besado en el cuello, y le había dicho algo al oído, en voz baja. Ella no había podido oírlo, pero no le importaba.

No lo había visto desde entonces.

¿Entonces? ¿Qué pintaba Julius en todo aquello? La cabeza le dolía de tanto pensar; pero era imposible dormir. Suspiró de nuevo. ¿Qué se suponía que debía hacer? No quería que a Julius le sucediera nada, y sentía deseos de decirle algo, de advertirle de alguna manera. Sin embargo, aquello no parecía muy de acuerdo con la ética mortífaga.

Caviló y caviló, toda la noche pensando qué hacer. Sin embargo, la mañana la sorprendió sin que hubiera tomado una decisión.

“Bueno, ya veré lo que hago”- se dijo a sí misma mientras se vestía y se preparaba para bajar a desayunar.

Casi se queda dormida mientras desayunaba. La cabeza parecía que estaba a punto de estallarle. Miró su tazón de leche, trazando complicados dibujos con la cuchara, casi esperando alguna especie de revelación. No vio nada más que remolinos de leche. Miró desganada hacia la entrada.

Vio entrar a Saffron, y el estómago se le revolvió. No podía dejar de ver la imagen de ella herida. Detrás de ella llegaba el profesor Snape. Laia los vio a los dos, juntos, el profesor Snape inclinado sobre Saffron y diciéndole algo. Los miró con curiosidad: últimamente era imposible verlos separados.

Y apenas cinco segundos mas tarde, llegó el. Julius entró en el comedor, y se dirigió directamente hacia Saffron. Laia vio como el profesor Snape se separaba rápidamente de la pelirroja y se dirigía hasta la mesa principal. Por su expresión, Laia pudo comprobar que estaba enfadado. “Por Salazar” pensó Laia “que hombre, siempre de mal humor”.

Bahn y Julius se sentaron en la mesa Ravenclaw, ligeramente separados del resto de alumnos. Laia podía verlos claramente: ninguno de los dos parecía muy alegre. Un momento mas tarde, parecía que discutían en voz baja. Bruscamente, el se levantó de la mesa y se marchó. A Saffron se le cayó la taza de té sobre el vestido, por los nervios, pero Laia no se dio cuenta; estaba mirando como se alejaba Julius. No sabía que Severus Snape estaba haciendo lo mismo.

Laia estaba intrigada. ¿Por qué habrían discutido? ¿Por qué tenían todos aquellas caras de enfado? Seguro que la culpa la tenía Saffron. “Qué estúpida” pensó Laia.

Cuando salieron para dirigirse a clase, Laia pudo ver a Julius parado en uno de los pasillos laterales, andando nerviosamente de arriba abajo. Entonces tomó la decisión: se lo diría. No sabia como, no sabia qué iba a decirle exactamente, pero lo intentaría. Su conciencia no iba a dejarla dormir si no lo hacía.

Así que, simulando que había olvidado algunos libros, se escabulló del resto de sus compañeros y se deslizó silenciosamente hasta donde estaba él. Julius le daba la espalda, así que era imposible que la hubiera visto.

Por eso precisamente le sorprendió tanto que él le hablara.

- ¿No tienes clase?- preguntó él sin darse la vuelta. Laia no supo que decir.

- No... si, si tengo clase... - ¿Cómo seguir? ¿Cómo iba a decirle que lo iban a atacar? El no la creería...

- Pues entonces, será mejor que vayas ya, o llegarás tarde.- el se dio la vuelta y la miró. Había hablado calmadamente, pero Laia podía intuir el enfado debajo de la tranquilidad.

Laia lo miró desconcertada, parpadeando varias veces. ¡Sería idiota! Encima que ella iba a saltarse unas cuantas de sus normas personales (como la de ser desagradable con toda persona desconocida y/o no-slytherin) para avisarle del peligro, el se lo pagaba así. Laia sintió como el enfado crecía en su interior y se esfumaba todo rastro de compasión por él. Definitivamente, él era mucho más guapo de cerca, pero eso no quitaba que fuera un idiota.

- El caso es que yo venía a darle cierta... información; pero está claro que no le interesa... - el aplomo había vuelto a ella y se sentía la reina del mundo. Hacerse la interesante y misteriosa siempre se la había dado de muerte, a qué negarlo.

Pareció que las palabras hicieron su efecto, ya que Julius se mostró interesado enseguida.

- Está bien, perdona- la voz de Julius pareció dulcificarse, e incluso sonrió un poco- ¿Qué es lo que quería decirme?

Mierda. ¿Porqué él tenia que ser amable? Era mucho más fácil para ella cuando el se mostraba como un tipo enfadado y estúpido. Ahora se vería obligada a ser amable con él. Y, definitivamente, aquello no se le daba nada bien.

- Bueno... - Laia vaciló. Decir aquello era realmente difícil- Solo quería decirle que tuviera cuidado... sobre todo en el bosque- y, finalmente, la compasión pudo más- Y también su amiga pelirroja debería andarse con cuidado...

Julius la miró fijamente, calibrando las palabras. Él podía ver que la chica estaba nerviosa, aunque intentara aparentar tranquilidad. Sin embargo, había cierto deje de preocupación en su voz. Habría que ver si era cierto, o era una broma de chiquillos.

- ¿Eres adivina? ¿Tienes visiones?- preguntó él con seriedad. A Laia le desconcertó la pregunta.

- No, digoo, si si, eso es. He tenido unas visiones- mejor decir eso que la verdad, pensó Laia.

- ¿Y qué es lo que viste exactamente?- preguntó Julius de nuevo. La joven escondía algo, y el no podía adivinar lo que era. - ¿Viste algo concreto? Has mencionado el bosque...

Laia asintió.

- ¿Cuál es tu casa?- Laia le respondió, y el se puso mas serio al oírlo- De modo que el profesor Snape es tu responsable...

Julius pareció pensativo un momento, y Laia no fue capaz de ver la relación.

- ¿Sabes?- continuó el pausadamente- No me creo que hayas tenido una visión...

Si buscaba enfadarla, lo había conseguido. Ella lo miró con furia unos instantes y habló.

- No creo que importe si he tenido una visión o no. Lo que importa es que yo he venido a advertirle, de manera desinteresada, y usted ha decidido no creerme. Haga lo que quiera. Mi conciencia estará tranquila.

Julius la miró fijamente. La chica tenía su temperamento, sí señor. No tenía motivos para creerla una mentirosa, pero le intrigaba.

- ¿Cómo lo sabes entonces?- presionó él, sus ojos azules clavados en los negros de ella.

- Eso no importa- dijo ella desviando la mirada- Yo sé muchas cosas.- añadió misteriosamente.

- Quizás mi trabajo sea qué me importen estas cosas- añadió él con seriedad, dejando ver su insignia de auror.

Laia casi se atraganta al verla. ¡Por Salazar! No podía ser. El no podía ser auror. No no no. Esto lo complicaba todo terriblemente. ¿Qué pasaría si Lucius se enteraba de que quería salvarle la vida a un auror? ¿Y si Julius se enteraba que ella misma estaba metida en los planes de los mortífagos? El mundo pareció dar vueltas a su alrededor, y se sintió mareada.

- ¿Tienes algo más que decirme?- preguntó Julius, penetrante mirada azul. Ella negó con la cabeza.

- Tengo que irme- acertó a decir- Tenga cuidado.

Se dio la vuelta para marcharse, pero, en un segundo, él estaba a su lado. Antes de que pudiera darse cuenta, él la había atrapado por las muñecas y le había dado la vuelta.

- ¿Estas metida en algún lío?- ahora él estaba muy cerca de ella, y hablaba en voz baja. Laia no se atrevió a mirarle a los ojos, pero sentía que el calor la invadía, desde sus muñecas apretadas, hasta el suave aliento de él.- ¿Quieres contarme algo mas?

¿Contarle? ¿Cómo demonios iba a contarle nada? La cercanía de el la estaba poniendo nerviosa. Definitivamente, él era mucho más guapo de cerca. Mucho más. Laia negó con la cabeza, mientras los azules ojos de el la miraban inquisidores.

-¿Cómo te llamas?-Preguntó el simplemente. Pero, por alguna extraña razón, la simple pregunta se convirtió en algo inusitadamente íntimo.

- Lai... Laia- balbuceó ella. Él la miró. Era bonita, mucho mas de lo que podía parecer detrás de esa mascara de frialdad y misterio.

- Está bien, Laia, puedes marcharte. Y ten cuidado con lo que haces y donde te metes- él aconsejaba en voz baja, su boca pegada a la oreja de ella.

Laia volvió a asentir. Cuando se separaron, ella sintió frío de repente. Caminó unos pasos, pero se volvió enseguida.

- Ten cuidado tu también- fue lo único que dijo. Por primera vez, se permitió sentir, y decir lo que quería, sin sentir la presión de no parecer fuerte o individual.

Estuvo bien.

Julius la vio marcharse en silencio. El enfado había dado paso a la preocupación por la advertencia de peligro. No podía saber como Laia había descubierto su futuro, pero lo cierto es que la chica estaba preocupada. Pensó que lo mejor sería tener un ojo encima de la joven. Por si acaso. Como medida de precaución.

Y si, también era muy bonita. No había razón para negarlo. Julius siguió caminando pensativo, ahora con un destino concreto.

____________


“Celebración de la incertidumbre [parte II]"

Cuando llegó a la primera esquina, Laia se detuvo y miró hacía atrás. Julius había desaparecido. Ahora si que estaba en un buen lío.

¡Auror! ¡Era auror! Eso había sido una mala jugada del destino ¿Y ahora que demonios haría? ¡Había alertado a un auror! ¡Y además podía haberse delatado! ¿Cómo podía haber dicho todo eso? ¿Cómo era posible que le hubiera alertado y encima hubiera actuado ante él de esa forma?

De repente sintió una arcada y se dobló. Desde que tragara esa maldita poción, su estómago le dolía muchísimo. Un desagradable ardor de estómago siguió al dolor y Laia no tuvo más remedio que arrastrarse hasta el dormitorio para descansar.

La mañana del miércoles había amanecido fría e intempestiva. Una desagradable granizada la había despertado a las seis de la mañana –aunque en realidad no había conseguido conciliar el sueño más de dos horas-. Después de una hora dando vueltas en la cama, se sentó. Hacía un frío terrible y sus compañeras de habitación iban maldiciendo por lo bajo, sobretodo cuando pensaban en el terrible deber de la ducha diaria.
Al levantarse de la cama le vino un mareo repentino. No se le había pasado el malestar. Se dirigió descalza y sin abrigo hacía el baño y llegó justo a tiempo para vomitar. Cada arcada era un suplicio, sobretodo porque en realidad no había nada que vomitar, y el sobreesfuerzo hizo que empezara a vomitar un poco de sangre.
Se levantó con ojos llorosos y se miró al espejo.

No debió hacerlo.

Aún estaba despeinada, y aunque el cabello fuera condescendiente con ella y le tapara media cara, se veía lo suficiente como para darse cuenta que esa piel había amanecido un poco cetrina, y que las ojeras durarían varios días.
Suspiró y cerró los ojos. También le dolía la cabeza, y recordar lo que había pasado la noche anterior, el desagradable descubrimiento que Julius era auror, no mejoraba la situación.

Sabía que no tenía otro remedio que ir a la enfermería.

Recorrió los pasillos con premura –se estaba volviendo a marear- y se fijó en lo triste que estaba todo. La granizada era muy fuerte, y el cielo tenía el color del plomo. El castillo estaba vacío a esa hora, por el horario de clases, y el castillo mostraba un aire amenazador.

Por fortuna no había nadie en la enfermería. Madame Pomfrey debía estar en su despacho. Laia empezó a andar y de reojo se fijó en que una de las camas estaba ocupada. Se fue acercando lentamente y se fijó en los rubios cabellos desordenados que se desperdigaban por la almohada. Ahí, profundamente dormida, estaba Jenkins.

La recordaba de principio de curso. En realidad la había visto poco, era tremendamente discreta ¿Cuánto llevaría allí? Se fijó en una silla vacía al lado de su cama, y en el libro abandonado en la mesilla de noche, que evidenciaba que alguien debía estar mucho tiempo velándola.
En ese momento apareció Madame Pomfrey desde el otro extremo de la habitación, y Laia, mirándola vacilante e interrogante preguntó –intentando no demostrar interés-.

- ¿Qué le pasa?

- Diagnóstico reservado, señorita Wallravenstein.

A Madame Pomfrey, Laia no le caía nada bien.

Es decir, que no tiene usted ni idea de lo que le pasa” Pensó Laia. Miró otra vez a Charlotte e insistió.

- Parece un coma.

Laia volvió a observar el libro de la mesilla y se acercó un poco, para leer el título.

Congreso de investigación: Estudios de genética alterada, por Ambrosius Twinkle

Madame Pomfrey gruñó exasperada y dijo mordazmente.

- ¿Para eso ha venido?

Laia la miró con cara de paciencia y suficiencia.

-No, me duele el estómago.

____________

Dios mío, nunca lo creyó posible ¡Le había recetado medicina muggle! ¡Jarabe barato! Ya puestos le daba una aspibrina o como se llamara y un vasito de agua.

Madame Pomfrey parecía más enfadada que nunca. Sus miradas, además de molestas, eran temerosas. Si, realmente la enfermera no se fiaba de Laia. Gracias a su exagerada reacción, Laia sabía que lo de Charlotte no era normal. ¿Y quien la velaría sentado en esa silla?

¿Y ese libro? “Estudios de genética alterada”…

Lo conocía. Se trataba de un libro –descatalogado- bastante polémico. Iba en contra de la moral mágica, pues trataba a los vampiros, licántropos y otros fenómenos por el estilo como simples enfermos. En un tono conciliador, el autor analizaba la genética de éstos de una manera científica. Lo más polémico es que a menudo empleaba técnicas muggles, alegando que era el mejor método objetivo posible.
Sus métodos modernos y progresistas alarmaron a la comunidad mágica, y el investigador terminó en los tribunales. Aún así, sus colaboradores siguieron con el trabajo y consiguieron terminar el libro.

¿Y quien podría estar interesado en algo así? Cualquiera pero ¿Qué alumno sería capaz de entender algo tan complejo? ¿Y como conseguir un libro tan minoritario? ¿No es más bien propio de un profesor? ¿Un tranquilo y apacible profesor de Defensa contra las Artes Oscuras? ¿Un híbrido?

¿Remus Lupin? 
" Si soñase con el día en que se conocieron, vería que ese comienzo había sido de verdad un buen principio. (Parte I) " por Charlotte ( 2:45 PM )
 
(Hace unos 4 años)

Charlotte había llegado pronto ese día a la oficina, hacía poco que trabajaba en el Ministerio de Magia y hacía menos aún que la habían puesto a trabajar en serio para la sección de "Equipos de Reversión de Magia Accidental". Le encantaba su trabajo. Había pasado la mayor parte de su tiempo intentando llegar a ese puesto, hablando con sus compañeros de trabajo, con sus supervisores, incluso manteniendo pequeñas conversaciones con sus jefes más cercanos, para que por fin la incluyesen en el servicio activo. Lo deseaba desde que estaba en el colegio, ingresar en el Ministerio y dedicarse a viajar, investigar, intentando controlar la magia tan temida por los muggles, para que estos siguiesen viviendo en un mundo normal y para que los propios magos no se viesen afectados por la misma (de una forma directa o indirecta) y por fin la habían aceptado, esa misma mañana partía en una expedición para investigar un caso un tanto peliagudo, un brote de luciérnagas viscosas (algo así como una mezcla entre dos especies que rara vez ocurre, y que cuando lo hace causa graves daños en el entorno).

Estaba emocionada, había conseguido un trabajo de campo, y haría lo que estuviese en su poder para que no la volviesen a enviar a 'magia accidental por muggles' o 'objetos muggles mágicos' y demás trabajos aburridos. A ella le gustaba la exploración, la investigación, el campo abierto... y ahí se dirigía en esos momentos, a una zona pantanosa de un bosque a bastantes kilómetros de su casa.

Perfecto.

_____________


Cuando habló con su supervisor en la expedición había quedado aún más convencida de que todo era real. Sin tener en cuenta que él la trató como si fuera una chiquilla y no supiera en lo que se estaba metiendo las cosas marchaban bien.

- "Debes tener en cuenta que el trabajo es duro, las luciérnagas viscosas no son fáciles de encontrar y una vez que lo haces..."

- "Sí, lo sé, se puede estar toda una noche esperando el momento oportuno para actuar." - Había dicho Charlotte.

- "Exacto. Espero que mantengas esa resolución cuando esté amaneciendo y aún sigamos esperando." - Había dicho Edward un tanto molesto por la intervención de Charlotte. Pero ella no lo podía impedir, le venía de familia no dejarse pisotear y acabar siendo menos que un felpudo, como si tuviese la inteligencia de un cacahuete. Acaso su madre no era una Slytherin! Ella valía y no dudaba en demostrarlo.

Tras los preparativos necesarios se encaminaron al bosque, el viaje era lento, mucho más lento de lo que a ella le hubiese gustado, estaba deseando comenzar la búsqueda.

_____________


Se habían pasado bastantes horas buscando el sitio correcto para acomodarse, un sitio que tuvieron que proteger con diversos encantamientos para impedir que los muggles que pudiesen encontrarse por allí se enterasen de nada. Tras eso había llegado el momento de la búsqueda en sí, tenían que encontrar el enjambre de luciérnagas, con la dificultad que eso implicaba: que éstas no eran visibles a la luz del día y no solían permanecer en el mismo sitio más de diez minutos. Iba a ser una tarea un tanto complicada...

_____________


Ya había anochecido cuando aún se encontraban cerca del campamento. Hacía unos momentos Charlotte había convenido con Edward y con los demás del grupo que partirían a realizar un barrido más amplio en parejas, de esta forma la investigación iría más rápida.
A Charlotte le había tocado ir con Peter, un mago dos años mayor que ella y un tanto relamido. Muy a su pesar tuvo que aguantar sus constantes quejas sobre lo 'horrible que era ese trabajo', 'cómo odiaba esas ridículas excursiones' y demás, incluso asistir a 'cómo deberían haberle ido las cosas', 'cuál era para él el trabajo que deseaba, que se merecía!'

- "Hay que estar loco para aceptar este trabajo si no es por una fuerza mayor. Yo!, yo estoy esperando a que me cambien de sección. ¿A quién le puede gustar estar en estos sitios embarrados y tan... argh*"- Exclamó quitándose una telaraña que se le había pegado a la cara. - "Esto es el infierno."

Y así siguió mucho rato. Pues si había que estar loco para acceder a realizar ese trabajo sólo por gusto, ¡pues mira que bien!, ella lo había hecho. No le molestaba embadurnarse, lo que sí le estaba empezando a molestar era ese incordio de Peter. Con él iban más despacio de lo que podrían ir, estaban perdiendo tiempo con tantas quejas, tantos saltitos y grititos de asco. Peter estaba acabando con la paciencia de Charlotte.

_____________


La noche avanzaba y Peter seguía tan insoportable como al principio, lo que pasa era que cada vez le oía menos. Poco a poco Charlotte había conseguido irse alejando de él con pequeñas disculpas que claramente él se creía porque 'cómo iba él a pasar por ese estanque de fango!'

Cuando ya había pasado media hora Charlotte dejó de oírle, y tranquilamente siguió su búsqueda. No estaba preocupada por si Peter se asustaba y salía a pedir ayuda por haberla perdido de vista, no es que se cayesen demasiado bien, y seguro que él no estaba por la labor de mostrarse débil ante una situación que podría convertirse en 'la línea entre el fango y el trabajo de sus sueños'. Así pues Charlotte siguió caminando.

Y caminó, y caminó y caminó. Caminó por entre los árboles, en la oscuridad de la noche y con la única protección de su varita, y la luz que ésta desprendía. Supuso que había conseguido perderse, pero estaba tan tranquila entre toda esa naturaleza que no le importaba lo más mínimo. Nada le importaba lo más mínimo. Daba pasos firmes sobre la maleza, de vez en cuando consultaba con su varita la brújula, hacía ya tiempo que había dejado de mirar el mapa. Ya lo haría cuando amaneciese, lo cual no tardaría mucho, en poco más de media hora comenzaría a aparecer el sol entre las hojas de los árboles. Sí, puede que no encontrase las dichosas luciérnagas, puede incluso que los otros ya las hubiesen encontrado, pero ella disfrutaría de un amanecer como jamás lo había visto. Pero de pronto, un grave gruñido la sacó de su ensoñación.

_____________


Charlotte sintió el gruñido cómo si hubiese sido proferido justo en su oído. El miedo la paralizó, conocía ese sonido, sabía lo que se iba a encontrar cuando se diese la vuelta, aún así lo hizo. Un gran lobo se encontraba frente a ella, la mandíbula desencajada en un gruñido que parecía no terminar, estirado el cuerpo cómo si estuviese midiendo la distancia antes de lanzarse sobre ella, y unos ojos que brillaban más allá de toda posibilidad, unos ojos que de por sí llenaban de terror su corazón.

Charlotte sabía que el mínimo movimiento haría saltar al lobo, pero también sabía que si no hacía algo éste también saltaría, así que pensó lo más rápido que pudo y actuó en consecuencia.

Con un movimiento de varita casi invisible lanzó un conjuro paralizador al lobo y girando sobre un sólo pie, salió corriendo en sentido contrario. No había recorrido mucho camino y sintió los pasos del lobo corriendo detrás de ella. Sabía que no había conseguido acertarle de pleno, por suerte el conjuro le había dado unos segundos de ventaja. Pero el lobo era más rápido que ella, y eso pesaba en su mente más que la bolsa que llevaba colgada a la espalda.

Corrió durante mucho tiempo, zigzagueó entre los árboles y sólo de vez en cuando conseguía despistarlo durante muy poco tiempo. No podría seguir así mucho más, y no sabía qué más podía hacer... no tuvo oportunidad de decidirse por otro plan, sencillamente ocurrió, sus piernas ya flaqueaban, el corazón se le salía del pecho, así que al dar un traspiés con las raíces de un árbol, cayó de bruces cuan larga era.

Respiró hondo y trató de levantarse como pudo y sin hacer demasiado ruido, apoyada en el árbol miró a su alrededor, y qué fue lo que vio sino lo que la había llevado allí: un enjambre de brillantes luciérnagas viscosas se encontraba justo frente a ella. Los insectos brillaban en lo que ya estaba convirtiéndose en día, en unos momentos se irían de allí y no se podría dar con ellas hasta la noche siguiente, pero ¿iba a haber otra noche para ella? La preocupación por el lobo fue disminuyendo lentamente, y con pasos torpes se fue acercando al enjambre. ¿Cómo era lo que decían los libros? "Hay que tener especial cuidado con ese tipo de apariciones porque llegan a embotar la mente de..." algo así. El espectáculo era maravilloso, la luz que desprendían las luciérnagas se veía ampliada por las pequeñas gotas amarillas que hacían volar a su alrededor. Sabía que no debía acercarse tanto, era peligroso tocarlas... pero eran tan, era tan...
Charlotte alargó la mano hacia ella justo cuando sentía el peso del animal sobre su cuerpo.

Con un empujón seco el lobo la tiró al suelo, sólo pudo sentir el aliento del animal en su cuello antes de desmayarse por el golpe que había recibido en la cabeza.

_____________


No pasaron unos minutos hasta que volvió a recuperar el conocimiento, ya era de día. ¿Se había salvado? ¿Estaba viva? La cabeza, los brazos, las piernas, todo su cuerpo le dolía horriblemente.

¿Y el lobo?

Una mirada de asombro se apoderó de sus ojos cuando vio que sobre ella no se hallaba ningún lobo, sino un hombre joven, aparentemente dormido y desnudo.
Asustada le apartó de ella e intentó pensar con claridad antes de salir corriendo de allí. ¿Podría ser...? "Ese hombre no parecía ninguna amenaza, no." Se dijo Charlotte. Rápidamente sacó una manta de su bolsa y cubrió con ella al joven.

- "Un Hombre Lobo...!" - Exclamó Charlotte entre asombro y preocupación.

Cómo si esas palabras hubiesen sido parte de un conjuro, el extraño se despertó sobresaltado. Miró a todos lados con evidente expresión de desasosiego antes de encontrarla a ella. Asustado se sujetó la manta y de un salto se alejó de ella hasta topar con el árbol más cercano.

- "Tranquilo." - Le dijo Charlotte. - "¿Cómo te llamas?"

- "Sien... siento mucho. Lo siento mucho." - Dijo él muy nervioso. - "Es... espero no haberte hecho nada..., lo siento." - Y se dispuso a irse.

- "No, espera, podemos ayudarte!" - Dijo Charlotte intentando calmarle. Era gracioso cómo se había tornado la situación, ahora resulta que era ella quien estaba intentando tranquilizar al que poco antes la hubiese despedazado en un momento. - "Pronto vendrán mis compañeros, te podemos ayudar."

- "¿Cómo?" - Preguntó él visiblemente turbado.

- "Sí. Trabajo en el Ministerio." - Explicó ella. Pero pronto se dio cuenta que eso había sido un error. Sabía lo que había pasado por la mente de él: 'Me matarán' - "Pero tranquilo. No te haremos nada." - Intentó tranquilizarle.

Unas voces se oyeron a lo lejos. Se oyeron pasos y gritos que la llamaban.

- "Charlotte!!" - Dijo la voz cada vez más cercana de Edward.

Charlotte miró hacia el lugar por el que venían sus compañeros, iba a decirle algo más a aquel hombre, pero cuando volvió la cabeza hacia donde él se encontraba vio que ya no estaba allí. Se había ido.

_____________


Cuando sus compañeros llegaron, sencillamente la abrumaron a preguntas. Charlotte se encontraba un tanto mareada, el efecto de las luciérnagas ya había pasado casi en su totalidad, pero unido al fuerte golpe que había recibido en la cabeza, parecía que el dolor que se asentaría allí para siempre.

- "Sí, sí, estoy bien." - Había repetido Charlotte una y otra vez ante las preguntas de los otros.

Entre Edward y Jenny le ayudaron a levantarse mientras oían a Peter quejarse sobre lo que le podría haber pasado a él por culpa de la estupidez de Charlotte.

- "¿Cómo se le ocurre separarse del grupo en un momento como ese?" - Repetía una y otra vez Peter.

Pero Charlotte ya no le oía. En su mente sólo podía ver al Hombre Lobo que momentos antes había huido de ella como si hubiese visto al mismo diablo.

- "Estás sangrando." - Dijo la voz de Jenny a su lado. No parecía preocupada, pero ese simple comentario bastó para que Charlotte volviese al estado de pánico por el que había pasado esa noche.

¿Qué? ¿Sangrando?

- "Un corte profundo." - Decía Edward mientras Charlotte se ponía cada vez más y más enferma. - "¿Te cortaste con algo?"

- "N, No lo sé." - Dijo ella parándose en seco. Pudo oír el bufido que emitió Peter al escuchar su respuesta. Sintió ganas de matarle.

- "¿Qué ocurrió Charlotte?" - Pregunto de nuevo Edward.

¿Tenía que decírselo? Tenía que decírselo. ¡Tenía que decírselo! Oh, dios mio. Él le había pedido perdón poco antes de salir corriendo, en ese momento no lo había pensado, pero... pero si ese corte se lo había hecho él, la había transformado en lobo!

Sintió un leve mareo y seguidamente cómo Edward y Jenny la sujetaban con más fuerza.

- "¿Qué ocurrió?" - Volvió a preguntar Edward.

Charlotte respiró profundamente y se preparó para la explicación que tenía que dar. Y dijo:

- "Resulta que poco antes del amanecer encontré el enjambre de luciérnagas. Pe... pero no pude hacer el trabajo, por.. porque se me lanzó encima un... era ... era un... era como un... era un lobo."- ¿Por qué no decía abiertamente lo que había ocurrido?

- "Un lobo te atacó." - Afirmó Edward. Charlotte afirmó con la cabeza y desvió la mirada. - "Pero eso no es todo. No puede serlo. Nadie se preocupa tanto después de salir vivo del ataque de un lobo.

Edward pudo ver en Charlotte un atisbo de pánico, y casi pudo afirmar en el mismo momento qué era lo que temía ella.

Charlotte había comprendido que Edward lo sabía, ahora se pondría en marcha la búsqueda del hombre lobo, y si ella había sido mordida también se convertiría en uno. Y... pero, pero si le encontraban, le matarían!

¿Por qué estaba tan preocupada por lo que pudiera pasarle al hombre lobo?
Era muy posible que ella sufriese el mismo destino por su culpa.

_____________


- "Tiene que dejarme unirme a la misión." - Decía Charlotte nada más entrar por la puerta de su superior. Éste le indicó que se sentase, y justo después apareció Edward, casi sin respiración por la carrera que había hecho para alcanzar a Charlotte.

- "Lo siento señor." - Decía Edward en ese momento entre jadeos. - "Ya se lo expliqué, pero no quiere comprenderlo."

Charlotte, que había estado mirando al mago gordinflón que se encontraba tras la mesa frente a ella, se dispuso a emitir de nuevo su petición, pero frenó en seco al ver que éste se disponía a hablar.

- "Supongo que Edward le habrá explicado los motivos por los que no ha sido asignada a la misión." - Dijo con voz pausada el director de la misma.

- "Así es, pero no creo que sean suficientes." - Respondió ella.

- "Señorita Jenkins, ¿no le parece suficiente el intento de ocultar pruebas que podrían facilitar la búsqueda? o más aún ¿ocultar la existencia de un hombre lobo?"

- "Técnicamente yo no oculté nada, estaba aturdida por el golpe que había recibido, y la influencia de las luciérnagas viscosas."

- "Sabe que no me refiero sólo a eso." - Respondió el director.

Charlotte comprendió al instante que Edward había sido más franco con ese mago obeso que lo que ella lo había sido con él. Sí, había rehusado a contar algunos detalles, incluso había dudado en contar toda la historia, pero también había hablado con Edward en calidad de amiga y ahora veía cómo éste le había traicionado.

Charlotte frunció los labios y preparó su siguiente ataque.

- "Entonces también sabrá que por eso mismo soy la más adecuada para tratar el asunto, soy la única que conoce la identidad humana del hombre lobo, y la única que puede ayudar en la búsqueda, puesto que era la única que estaba por los alrededores. Además, " - Añadió al ver la expresión del director. - "he salido de observación y ya estoy del todo recuperada, con la completa seguridad de que no estoy infectada, ya que el lobo no me llegó a morder."

Así siguieron hablando durante bastante tiempo. Era verdad que no estaba infectada, había sido un alivio descubrir que los cortes habían sido provocados por las ramas de los árboles y las continuas caídas que había experimentado. Y ahora que todo estaba claro, sólo le quedaba una última cosa que aclarar, y estaba dispuesta a conseguirlo.

Para cuando salió del despacho ni siquiera dirigió una mirada a Edward.
¿Creían que habían ganado? Ella conseguiría ese trabajo, no se iba a dar por vencida así como así. 
" Desde mi punto de vista... " por Saffron ( 1:36 PM )
 
(AVISO: este post está escrito en primera persona, desde el punto de vista de Helena. No se me perdais... XDD)

Lo sé. Debería estar estudiando. El examen de Encantamientos de mañana no va a ser especialmente fácil. Pero de todos modos, tengo una excusa perfectamente razonable para estar aquí sentada, en las escaleras que llevan al último piso de la torre Ravenclaw.


Un cotilleo. La razón por la que no nos volvemos locos durante todos estos meses que tenemos que estar encerrados en el colegio. Cotilleos, maravilloso invento humano para pasar el tiempo y evadirnos de nuestras aburridas vidas. ¿Qué haríamos durante casi nueve meses aquí encerrados si no tuviéramos cotilleos?

Me estremezco de solo pensarlo. En fin, vayamos a lo importante. A porqué estoy aquí sentada frente a la puerta de Saffron Bahn. Aunque para eso tengo que remontarme al principio de todo.


Saffron, una chica bastante simpática que terminó en Hogwarts hace unos tres años, y que ahora ha vuelto. Evidentemente, verla aparecer la noche de la llegada a Hogwarts fue una sorpresa para todos. Por supuesto, no paré hasta enterarme de qué era exactamente lo venía a hacer. Siempre ha sido una chica bastante confiada, así que no tuvo ningún problema en contármelo. El motivo de su llegada era aburrido, así que no le prestamos mucha atención durante un tiempo.

Pero a los dos días me enteré de una noticia bomba: Saffron estaba estudiando con Severus Snape. Todo aquel que haya asistido a una de sus clases sabe perfectamente que pasar más de dos horas con él puede ser un suplicio inaguantable. Eso si está de buenas, claro. Y resulta que Saffron pasaba más de cuatro horas en su despacho todos los días. Sola. Voluntariamente.


Era evidente que la muchacha estaba loca. O quería encontrar motivaciones para suicidarse. Vete a saber. El caso es que la misma idea de tener que estudiar con Snape hacía que sudara tinta. Por supuesto, Saffron fue convenientemente interrogada a este respecto. De una manera sutil, pero interrogada. No voy a revelaros mis técnicas de sonsacar información, basta saber que son muy efectivas.


Y el caso es que, aparte del hecho de pasar las tardes con Snape haciendo pociones, Saffron parece bastante cuerda. Al menos, no muy loca, ya sabéis. Por supuesto, llegué a la lógica conclusión: había alguna razón para que esta chica quisiera pasar todo ese tiempo con Snape. Una razón que aun no conozco, pero que me he propuesto averiguar.


Y vosotros diréis: “Un momento, Saffron tiene una razón para estudiar con él: su trabajo es sobre pociones antiguas”. Efectivamente, ya lo sabía. Esa razón ha sido descartada, por sosa.


El descubrimiento de esa información hizo que estuviera más pendiente de Saffron de lo habitual. Puede ser una cantera de cotilleos, y, obviamente, debo mantenerme informada. Este es un trabajo que necesita dedicación, precisión y un olfato innato para los secretos. Cuesta trabajo ser la mejor.

Así que, de ese modo, estudié sus pasos. Debo decir que los primeros días me sentí frustrada. No había nada especial en la situación: Saffron estudiaba, Snape gritaba mucho; vamos, lo normal. De modo que, sin dejar de prestar atención a esta línea, comencé a interesarme por otros casos. Como por ejemplo, esas dos antiguas alumnas Youko Silvara y Charlotte Jenkins, que han vuelto para darnos clases, y que también muestran una conducta de lo mas extraña. Lo último que he oído sobre Youko es que mantiene una relación ilícita con un alumno, concretamente Draco Malfoy, lo que al parecer no es del gusto del padre del chico. Por lo visto, en su fiesta de cumpleaños hubo comportamientos mas que sospechosos. Aun no han sido confirmados, pero espero poder saber la verdad de aquí a unos días.

La veracidad ante todo.


Y de Charlotte Jenkins puedo confirmar que está en la enfermería, con un atribulado profesor Lupin a su lado. Solo queda hacer pesquisas sobre su relación.


De este modo, fui dando de lado a la pobre Saffron. No había nada interesante en su historia, tan solo algunos detalles, como que tiene una llave del despacho de Snape, o que a Snape le gusta el té solo, sin azúcar. Esa información no servía para nada, y debo admitir que comencé a aburrirme: si Saffron estaba loca y quería desperdiciar las tardes en las mazmorras, allá ella. A lo mejor hasta incluso era verdad eso de que había venido a Hogwarts a estudiar.


Pero algo cambió. Por lo pronto, ella empezó a llamarle “Severus”; Y él a llamarla “Saffron”. Un detalle como ese no podía pasarlo por alto. Cuando dos personas comienzan a tutearse, significa que algo ha cambiado entre ellos, y que tienen más confianza. Si una de estas dos personas es Snape, la cosa cambia. Pueden contarse con los dedos de una mano las personas que lo tutean. Y Saffron, la chica pelirroja que se sentaba a mi lado en el comedor, era una de ellas.

A esto, en esta profesión, se le llama “información útil”. Saffron lo tuteaba, y tenía una llave de su despacho. Lo que, a efectos prácticos, significaba que contaba con la confianza de Snape. Ahora debía encontrar el porqué de esa confianza.

La primera razón plausible la descarté por obvia, horrible, e inconcebible: interés amoroso. A Snape le interesaba Saffron. Lo que no digo que no sea lógico, porque ella es mona y tal, pero me parece demasiado horrible como para creerla cierta. Una relación amorosa con Snape no se la deseo yo ni a mi peor enemigo. Así que, si, a él podría gustarle la chica (que lo dudo, porque ese hombre es frío como él solo... aunque, efectivamente, es un hombre... así que...). Pero Saffron no es tonta. Sabe perfectamente cuando un hombre quiere algo de ella. La he visto rechazar a chicos de séptimo que se le han declarado. Así que, si Snape quiere algo, ya se habrá dado cuenta. Y la posibilidad de que ella también quiera algo con él es inmediatamente descartada, por grotesca. Por merlín, Saffron es una chica normal, no puede gustarle Snape!.


Después de toda una tarde debatiendo con mis compañeras, llegamos a la conclusión de que Snape tiene una razón, sí, pero es secreta. Es decir, no llegamos a ninguna conclusión.


Y, un par de días más tarde, Saffron dejó de bajar al comedor. Llegó hasta mí la noticia de que Snape se había enfadado con ella. También fue confirmada la noticia de que el padre de Malfoy estaba por allí en ese momento. Y, oye, el padre de ese crío no está nada mal. Vale, podría ser mi padre, pero ¿Y qué?. Está bueno, no?. Pues ya esta. ¿Cómo se llamaba?...¿Jason?... Umm, dudo mucho que un Malfoy se llame Jason... en fin... que me voy de lo importante.

Después de esta bronca, Saffron estuvo un par de días encerrada en su habitación. Intenté enterarme de qué le ocurría, pero fue imposible. Decir que Snape estaba enfadado era poco. Esos días sus clases se convirtieron en el infierno. Pero Saffron reapareció. Con unas pintas horribles, pero viva, al fin y al cabo. No sé lo que pasó esa tarde en el despacho de Snape. Lo único que se es que el padre buenorro de Draco fue visto de nuevo en las mazmorras, y que, más tarde, Saffron y Snape fueron vistos cogidos del brazo por los pasillos.


Toda una bomba de noticia, señores. Snape cogiendo del brazo a Saffron!! Que dios nos asista! El episodio fue ampliamente comentado en todo el colegio, y ya surgieron (como siempre) versiones adulteradas de los acontecimientos. No tengo evidencias ni testigos fiables para muchas de esas historias que corren por ahí, por lo que no puedo confirmarla. Basta decir, que son, cuando mínimo, repugnantes. Y no tengo nada más que añadir.


Que a partir de esas noche Saffron no se haya visto apartada de Snape ni un momento, y que él la acompañe a todas partes como su sombra ha hecho que los rumores se disparen de una manera alarmante. Me he visto obligada a trabajar sin descanso durante estas semanas para comprobar hecho y datos fiables. Y, lo que es más gracioso, Saffron no parece haberse enterado de ninguna estas historias que circulan sobre ella y el profesor de pociones.


Con los ánimos así de caldeados ya, la llegada de El Otro hizo que las historias alcancen proporciones bíblicas. Evidentemente, tuve que enterarme del nombre de El Otro: Julius Strandberg, Gryffindor, auror, 29 años, residencia oficial en Londres, aunque cambia constantemente por su trabajo. Alguien me dijo su número de pie, pero no lo consideré un dato relevante. El caso es que este hombre no es guapo. No. Es guapísimo. GUAPÍSIMO, con mayúsculas.

Pues, al parecer, este Julius es el ex novio de Saffron. Que digo yo, que ya hay que tener ovarios para dejar a un tipo así y venir a Hogwarts a estudiar pociones con Snape. Creo que tanto incienso ha hecho que la pobre chica pierda la cabeza.

Yo ya había fichado a Julius paseando por los pasillos, buscando a Saffron. Pero eso fue en los días que la chica estaba encerrada en su habitación. Pero al día siguiente de su “resurrección”, el hombre consiguió llegar hasta Saffron. Evidentemente, yo fui hasta su habitación. Aquello parecía una feria, de tanta gente que había; solo faltaban las vendedoras de nubes de azúcar, y una banda de música. Debo decir que Saffron me despachó de la habitación de muy malos modos.


A partir de aquí, todo se vuelve más caótico. Snape estuvo de un insólito buen humor durante... un par de horas. Sí, mas o menos. Después, de nuevo el mal humor. Pero un mal humor de los que hacen historia. He oído por ahí que algunos alumnos de primero se niegan a entrar en sus clases, y que los gryffindors se han quejado. No me extraña. Ha quitado tantos puntos que ya no quedan.

El pasado martes, a alguien se le cayó un pergamino en clase de Pociones. Inmediatamente Snape quitó 30 puntos a cada una de las casas. Roger, prefecto de nuestra casa, carraspeó ligeramente y dijo:

- Profesor- pobre muchacho, estaba muerto de miedo- A Ravenclaw solo le quedan quince puntos...

Snape lo miró durante un segundo, ligeramente sorprendido. Pero se repuso enseguida, no os creáis.

- Entonces-añadió lentamente, la voz irritada- Esos puntos serán descontados cuando dispongan de ellos. Ah, y tienen veinte puntos menos por interrumpir la clase.


Así que, ahora no solo no tenemos puntos, sino que encima debemos. Los demás profesores están dando más puntos de lo acostumbrado, para equilibrar la balanza, pero no hay manera.

Además, nosotros tenemos un agravante. Y es que Snape viene casi todas las mañanas a recoger a Saffron para llevarla a desayunar, y durante todo el día, para recogerla y llevarla a todos lados. A lo mejor es que ella ha perdido el norte. Quien sabe. En fin, además de lo sospechoso de este comportamiento, que es debidamente comentado por mi grupo de amigas cada día; además de eso, si Snape se enfada, nosotros estamos en el punto clave. Y oye, que Saffron duerme en el ultimo piso (una habitación enorme, para ella sola), y hasta que Snape llega abajo, le da tiempo a quitar muchos puntos. Vamos perdiendo puntos desde antes del desayuno. Nuestra situación es peor que la de Argentina. Creo que deberé puntos a Snape hasta que me muera.

Intentamos decirle algo a Saffron, pero ella tampoco tiene la culpa. La verdad es que tiene un aspecto muy raro estos días. Parece cansada, y está más nerviosa y menos habladora que de costumbre. Pobre chica. Era cuestión de tiempo. Nadie puede pasar mucho tiempo con Snape y no agriarse. El caso es que intentamos darle un toque a Saffron. Y una noche, cuando ya nos íbamos a dormir, se lo dejé caer.

- Ehh, Saffron- le dije. Ella me miró con expresión cansada. Me dio pena, la pobre- Mira, hemos visto que Snape está últimamente un poco más irritable de lo normal, y nos preguntábamos que si, ya que pasa tanto tiempo en tu habitación y tal, pues no sé.. que le podrías hacer algún favorcillo, ya sabes, y que no esté tan tenso y...

Saffron me miró seriamente, una expresión indefinida en sus ojos. Me arrepentí enseguida de lo que había dicho.

- No, mujer, que es una broma- le dije, como disculpa. Supongo que la pobre muchacha estaría asqueada. Yo, desde luego, lo estaba- Nada, que nadie te pediría que hicieras eso por unos puntos...

- Para bromas estoy yo... - me dijo con tristeza. De repente, su expresión cambió, y volvió a la expresión seria de antes, con un tono ligeramente frío.- Ah, y Snape no pasa mucho tiempo en mi habitación...


Y se marchó a su habitación. No, claro. Y ahora me vas a decir que hacen todos esos hombres escaleras arriba, escaleras abajo todo el santo día. Chica, que parece que has puesto un nightclub en tu habitación. Snape, Julius, Dumbledore, y hasta el profesor Lupin...

Yo no digo nada, que después las chicas de Ravenclaw tenemos la fama que tenemos...

Ejem. Sí, bueno.

El caso es que Snape está muy, pero que muy enfadado. Y parece que Julius no hace sino contribuir a enfadarle aun más. Sobre esto podríamos sacar miles de teorías disparatadas, pero ya sabéis que no soy partidaria de hablar de hechos sin un conocimiento total y absoluto.

Lo cierto es que el Julius este, está intentando camelarse de nuevo a Saffron. Que la chica parece tonta, oye. Que si tuviera yo un tipo así, insistiéndome, iba a durar mucho. Vamos, que no le haría falta insistir mucho. Pero nada, Saffron parece que no cuela.

De todas maneras, Julius viene de vez en cuando, y se les ve a los dos paseando por los jardines, y desayunando juntos. Y Saffron, nada, de hielo. Chica, que poderío. Que aguante... Si hasta parece agobiada, y todo...

A lo mejor el tipo es de esos pegajosos.. Umm... En fin, que parece que no estamos ante una buena racha: Snape, enfadadísimo; Saffron, asfixiada; Julius, incansable... de aquí a la fama, chicos.. no os extrañe vernos en cualquier telenovela de esas...

Y lo último y lo más grande: hace un par de días, desayunando, vi (y conmigo todo el colegio) como Snape se acercaba mas de la cuenta al hablar con Pince. A ver si va a resultar que tenemos a todo un gigoló, y nadie se había dado cuenta...

Que asco, por dios...


Bueno, el caso es que se lo dije a Saffron que estaba sentada al lado mío. Y si ya tenía mal aspecto, aquello pareció que la hundía en el barro. Dejó el pastel en un plato, evidentemente asqueada. Te comprendo, hermana, te comprendo. El caso es que, por un lado está bien. Así se lían, y a ambos se les pasa el mal humor. Que nos hace falta.. Que nos hemos quedado sin puntos!!


Después, como de costumbre, al terminar el desayuno Snape vino a recoger a Saffron a la mesa. Sobra decir que cuando Snape se acerca nadie habla, ni se mueve, ni nada de nada. Puntos peligran... Total, que estos se fueron (que juntos, dios santo, que juntos), al parecer no de muy buen humor.

Ese día estuvo dedicado a seguir mis pesquisas sobre Snape/Pince. Porque algo así si que sería un bombazo. Pero nada, aun sigo investigando esa línea, y no ha dado buenos resultados.



Lo que no quita que Snape esté aun de un humor de perros. Sus clases se han convertido en un horror perpetuo. Hay gente que está teniendo pesadillas, y a mi no me extraña.

Así que, ahora mismo, hay tres incógnitas por resolver:

1. Cuestión Snape/Pince. Prioridad media / alta.

2. Cuestión Saffron/Julius. ¿Volverán o no? Es algo que nos mantiene en ascuas..

3. ¿Porqué demonios Saffron y Snape van a todos lados y tan juntos? ¿Por qué? Tiene que haber una poderosa razón, pero se nos escapa, y eso no puede ser... Ahora mismo, prioridad Absoluta. Todo dato relativo me interesa.

Y eso me lleva a estar aquí, sentada en las escaleras frente a la puerta de la habitación de Saffron. ¿Porque? Pues por la sencilla razón de que Snape ha subido hace más de una hora. Y aun no han bajado, cuando normalmente tardan menos de un cuarto de hora. Lo tenemos cronometrado, para que nadie se lo encuentre por el pasillo, y así proteger los pocos puntos que tenemos.


Mas de una hora, señores, señoras y señoritas. Esos dos ahí metidos... Evidentemente, sé todo lo que ha ocurrido. Gracias a unas extrañas orejas extensibles que compré por correo, he podido seguir toda su conversación al detalle.

Y la situación es esta, a grandes rasgos: Snape ha venido a recogerla (enfadado), ella le ha dicho que prefiere quedarse en su habitación antes que ir a la biblioteca (enfadada), una conversación (aburrida) sobre unas plantas de no sé dónde durante mas de un cuarto de hora; y después, ha comenzado el espectáculo. La ha dicho algo sobre su mal humor, y claro, ella no lo ha podido negar. Así que han empezado a acusarse mutuamente. Y han salido a la luz cosas escandalosas: Según Snape, Saffron tiene mala letra, y es imposible leer lo que escribe; según Saffron, los muebles de su despacho son anticuados y “evidencian una total falta de sentido estético”. Y más secretos inconfesables...

Es ridículo. Mis sobrinos de cinco años tienen conversaciones más inteligentes que estas. Sigo escuchando divertida. Es una lástima que esto no grabe las conversaciones, porque vale su paso en oro. Hasta que él lo dice.

- Es evidente- dice el lentamente, la voz untuosa- Que estás más interesada en ese auror que ronda por aquí, que centrarte en tu trabajo. Si eres incapaz de concentrarte en tus estudios tendré que pedirte que no ocupes más mi tiempo.

Silencio. Todo está en silencio, y yo tengo el corazón en un puño. Él la está despachando, literalmente.


- Es evidente- dice ella por fin, su voz ligeramente ronca- que desconoces que la gente normal necesita hablar con gente agradable. Claro que el término “agradable” es desconocido para ti. A no ser que aterrorizar niños sea un pasatiempo divertido y desconocido para la mayor parte de la humanidad.



Jo-Der. Que ovarios, la tía. De nuevo está todo en silencio.


-Es suficiente- dice Snape en voz baja, y se mueve como para salir de la habitación. Me preparo para correr escaleras abajo. Pero Saffron lo para.


-Lo siento, Severus- Su voz suena rara, como si estuviera ahogándose- De veras que lo siento. No.. No quería decir eso... Lo siento.


Oh, que bonito. Una reconciliación. Daría lo que fuera por verlos. ¿Tendrán también ojos extensibles?.

- No importa- dice él, pero su voz esta ¿dolida?. Oír para creer... - Vendré a las 8 en punto a recogerte para la cena.


Y sale de la habitación. Por suerte, yo e bajado algunos escalones, y hago como que subo.

-¿Qué está haciendo aquí?- me pregunta agrio.

- He subido para pedirle a Saffron algún libro sobre historia mágica medieval- le digo, con mi sonrisa más inocente.

Él me mira, calibrando mis palabras. Se vuelve a mirar la puerta cerrada, y me mira de nuevo. Se fija en la hora que marca mi reloj, supongo que calculando cuanto tiempo lleva arriba. Le miro y sonrío mas aun, aunque por dentro me muero de la risa. Por fin, habla de nuevo.

- Quince puntos menos.- Y la sonrisa se congela en mi cara. Ni le pregunto por qué. Lo veo bajar las escaleras rápidamente. En fin, hay cosas que merecen algunos sacrificios.

Y esta historia, definitivamente, los merece.
 
· martes, marzo 09, 2004

" Visiones " por Laia ( 8:36 PM )
 
El cumpleaños de Draco había ido por unos derroteros extraños. No se esperaba encontrarse tan pronto con la tediosa faena de tomar una decisión tan importante en tan poco tiempo. La carta póstuma de su padre le había hecho a la idea de lo que podía encontrarse en esa casa, pero nunca imaginó que se encontraría entre la espada y la pared. Si, Lucius podía ser una espada muy afilada y peligrosa, y se lo había dado a entender al finalizar la reunión con los mortífagos.

La había besado, nunca habría creído que lo haría. Ahora tenía que descubrir porque. Ese hombre llevaba tiempo merodeando alrededor suyo, la buscaba y le decía cosas…

¿La buscaba?

“No sabes donde te estás metiendo, Wallravenstein. Siempre que Lucius aparece por la escuela tu sales detrás de él”

Maldita auror estúpida ¿Quién creía que era para humillarla de esa manera? ¿Qué ella le buscaba a él? ¿Creía que le buscaba por placer? Laia sintió un pinchazo angustioso. Realmente le buscaba, era cierto, pero porque tenía sus obligaciones. Debía cumplir, eso estaba clarisimo, y después de leer la carta de su padre aún estaba más segura. Por eso se dejaba guiar por Lucius, que al fin y al cabo era íntimo de su padre. Con él en la sala oscura, rodeada de mortífagos, se sentía una Wallravenstein.

“Aléjate de Lucius Malfoy ahora o acabarás metiéndote en problemas de los cuales no podrás salir”

Laia sonrió irónicamente mientras seguía recordando la conversación con Silvara. ¿Acaso ella no estaba metiéndose en problemas con esa aún no clara pero polémica relación con Draco Malfoy? ¿Quién era ella para advertirla? Al menos Laia estaba en el camino en el que la habían puesto sus padres. Si, lo había visto en la mirada de Alexander Silvara Dragg, como se avergonzaba que su hija se hubiera descarriado. Y ahora, además de fallar a su familia aparecía en el cumpleaños de Draco Malfoy… Laia frunció el entrecejo.

“Me invitó el señor Malfoy, no Draco”

Eso si le dolió más ¿Qué pretendía Lucius? ¿Controlar más de cerca a la auror? ¿O simplemente acobardarla y darle a entender que no debía acercarse a su hijo? ¿O algo más?

Youko Silvara nunca había sido invitada antes, eso era lógico, pues nunca había sido del círculo en el que se movían sus padres y desde que se hizo auror era inconcebible encontrarla allí. En cambio Laia había sido invitada cada año, pero más por costumbre y por tradición, porque su familia se apellidaba Wallravenstein. Un acto de protocolo, simplemente. Por eso no le gustó nada saber que había sido invitada. Una inquietante excepción, sin duda.

Pasó un lunes recordando todas las conversaciones del sábado, con Lucius y con Silvara –cuya presencia en la fiesta fue realmente breve, y cabe destacar que Draco desapareció en pleno banquete- pero por la noche llegó a la conclusión que lo que hacía era inútil y que pensar en todo eso solo le reportaría dolor de cabeza.

Esa noche salió temprano del comedor. Había estado mirando de reojo a Saffron Bahn durante toda la cena, y la llegada de ese misterioso hombre que parecía amigo suyo –el que se topó cuando iba con Draco a la clase de duelos hacía ya tiempo- le revolvió el estómago. Creía haber olvidado su existencia, pero al verle aparecer por la puerta de entrada había vuelto a sentir esa desagradable sensación de nerviosismo y melancolía incontrolados, y eso le fastidió la cena. No era solo el hecho de volver a verle, sino más bien el hecho que se sentara en el borde de la mesa de Ravenclaw, de espaldas a ella, y empezara una conversación con Saffron Bahn.

Saffron no parecía muy contenta, más bien triste y agobiada. Eso no alegraba a Laia, como debería, pues parecía que el joven insistía bastante, tenía interés.

“¿Serán pareja?”

Laia se sorprendió formulando una pregunta tan ridícula y se asustó de si misma. Nunca se había planteado fijarse en nadie más que no fuera Lucius –aunque en parte lo agradecía, después de pasarse todo el fin de semana y el lunes pensando en él-. Ahora mismo dudaba de su criterio, ciertamente. Ese desconocido no parecía ser alguien recomendable para ella. Sonreía demasiado, parecía franco y abierto. Ella no era así. No encajaban, imposible.

“Entonces ¿Por qué no puedes dejar de mirarle?”

Su conciencia le delataba. Era cierto, mientras removía perezosamente la sopa de champiñones iba lanzando miradas furtivas a la mesa de Ravenclaw, intentando descubrir algo de la relación que unía a esas dos personas.
Pero cuando el desconocido acercó su mano a la de Saffron, Laia no pudo más. Desvió la mirada, así que no pudo ver como Saffron instintivamente retiraba la suya de la mano del hombre, y aprovechando que otros estudiantes se marchaban sin tomar postre, se fue con ellos.

Al llegar al pasillo sintió un escalofrío. La noche era muy fría. Empezó a andar sin rumbo fijo, mirando al suelo y escuchando sus propias pisadas.

Pero no podía dejar de pensar en ese desconocido. Sacudió su cabeza varias veces intentando olvidarle, pero había algo que se lo impedía. Ese desgraciado estaba consiguiendo deprimirla. De repente pensó en la poción. La única manera de reafirmar su cometido en este mundo era realizando la poción YA.

“Así Lucius me lo agradecerá, me dirá algo amable, y me entrará en la cabeza que yo pertenezco a un grupo del que me tengo que sentir orgullosa, y que no necesito pensar en perdedores como ese que está siempre junto a Saffron Bahn”

Sintió un nerviosismo extraño, sabiendo que ya había perdido mucho tiempo, y se dirigió a su habitación. Sacó un maletín de debajo de su cama intentando no despertar a Maggie, que esos días se acostaba muy pronto debido a un virus que contrajo en Herbología, y bajó sigilosamente de la torre.

Laia conocía la existencia de la entrada a la Cámara de los Secretos. Durante su tercer año, el héroe del colegio [y por que no, del mundo entero] Harry Potter, la había descubierto, y por fortuna de la chica, los lavabos donde se encontraba no se habían sellado.
Era el lugar más seguro para realizar la poción, pues además de que las picas del lavabo dejaron de funcionar una vez se hubieron desplazado para dar paso a la vía de acceso subterránea que llevaba a la Cámara –por lo tanto los alumnos no podían ir allí a lavarse-, era un lugar suficientemente aterrador como para que nadie se acercara, pues además de las connotaciones psicológicas –la entrada a un antiguo refugio del Señor Tenebroso- continuamente se oían ruidos estremecedores que provenían de la cueva que se encontraba debajo.

Cuando entró en los lavabos lo hizo con reservas. Allí si hacía frío. El suelo estaba prácticamente mojado en su totalidad, pues había escapes –nadie entraba allí para arreglarlo- y se oían goteras cayendo y repiqueteando en el suelo.
Laia se acomodó en el suelo –en una pequeña zona que no estaba mojada- y sacó todo del maletín. Sacó la libreta donde había apuntado los procedimientos para su elaboración y la apoyó en el maletín. Sacó también su caldero, unas cuantas probetas y un hornillo de gas muggle para calentar los ingredientes.

Cuando lo tuvo todo preparado oyó un grito desgarrador. De una de las letrinas se asomó lastimosa una figura transparente que fue ascendiendo lentamente.

-Uhhh ¿Vienes a escuchar la triste historia de Myrthle la llorona?

Laia la miró con cara de desconcierto, preguntándose quien diablos era Myrthle la llorona, mientras observaba como la susodicha aparecida deambulaba ante ella esperando una respuesta.

-Em, otro día… Myrthle.

Myrthle soltó un berrido desesperado y lastimoso. Pareció ignorar la respuesta de Laia, pues empezó a hablar de nuevo.

-Nunca viene nadie aquí, salvo para esconderse. Pero cuando se descubrió que por aquí se accedía a la Cámara de los Secretos todo el mundo se acercaba a curiosear. Luego se volvieron a olvidar otra vez de mí.

Y Myrthle volvió a llorar.

Laia sopló exasperada, con una expresión de infinita paciencia en la cara.

-Myrthle, cuando acabe esto me explicas tu historia, pero ahora necesito concentrarme.

Por extraño que pareciera, la mirada de Laia le pareció sincera a Myrthle, así que asintió y empezó a dar vueltas alrededor de la slytherin, observando todos sus movimientos con curiosidad.

La poción era compleja, a que negarlo, pero la había hecho muchas veces mentalmente, para que, llegado el momento, no resultara tan largo el proceso y no se entretuviera. Así fue como se sorprendió a si misma realizando la poción como si la hubiera hecho mil veces.

“Y luego dicen que la teoría es mala”

Pensó Laia.

Cuando se levantó para irse ya se había olvidado de Myrthle. Su grito exasperado le hizo recordar que había dejado pendiente la historia que la muerta tenía que contarle. Laia se giró a Myrthle y le dijo, no muy convincente.

-Ahora vuelvo, me he dejado un ingrediente.

-¿Y por eso te lo llevas todo?- Dijo Myrthle con voz chillona.

No parecía creíble, y al no lograr una respuesta rápida Myrthle soltó un grito tan espeluznantemente alto que se reventaron los depósitos de dos lavabos y éstos se dirigieron como un río volador hacia Laia, dejándola completamente empapada.

“Maldita imbécil”

Mascullaba Laia malhumorada mientras se dirigía a su habitación.

Cuando entró a cambiarse Maggie estaba sentada en la cama, con aspecto de convaleciente.

-Pansy ha venido hecha una furia y me ha despertado.

Estaba retocando una redacción sobre los Kobolds que el profesor Lupin les había pedido en Defensa contra las Artes Oscuras.

-¿Por qué estás tan mojada?

Maggie miró interrogante a Laia y acto seguido desvió sus ojos a una de las ventanas, intentando comprobar si llovía.

-¿Has estado fuera?

-No, una armadura rencorosa me ha gastado una broma cuando venía de recoger unos trabajos del despacho de Snape.

Maggie frunció el cejo, interrogante.

-¿Aún te gastan bromas?

Sin duda recordaba el choque de Laia con una de las armaduras al inicio del curso.

-Si, todas las del colegio. Son muy solidarias entre ellas, por lo que he podido observar.

Aún sin saber como, Maggie se lo creyó –sería por la fiebre- y Laia pudo desvestirse tranquila. Miró de reojo a la chica.

-Deberías dormir, Maggie, si quieres que te baje la fiebre.

Maggie sonrió y dejó la redacción en el suelo.

-Tienes razón, debería dormir algo. Pero es que estoy segura que cuando me duerma entrará otra vez Pansy y me volverá a despertar.

Mientras Laia se sacaba la falda y se sentaba en la cama dijo.

-No te preocupes, ya le diré yo a la imbécil de Pansy que entre en silencio. Me tendrá que hacer caso, ahora que la prefecta soy yo.

Cuando Maggie se hubo acostado, Laia le corrió las cortinas. Por nada del mundo la chica debía saber que iba a deambular toda la noche por el castillo. Se puso otro uniforme y una capa de abrigo por encima. Salió a la Sala Común, que estaba atestada de gente. El haber poco ruido –casi todo eran susurros y frases vanas- le hizo deducir que estaban todos muy cansados y que se irían pronto a la cama.
Después de advertir a Pansy sobre la situación de Maggie, salió de la Sala común y llegó a las estancias que rodeaban la Torre Serpens que, aunque no constaba en ningún sitio, era terreno exclusivo de Slytherin. Eran dos largos y anchos pasillos oscuros con butacas y sofás de cuero negro que llevaban a las demás partes del castillo. Laia se sentó en un viejo y destartalado sillón y miró de reojo la probeta que contenía la poción, en el interior del maletín.

Se hacía tarde y el colegio estaba empezando a quedar vacío. Cuando ya hacía veinte minutos que no había nadie recorriendo el pasillo, dedujo que todos los alumnos de Slytherin estaban ya en la torre, así como los alumnos de las demás casas en sus respectivas salas comunes. Sacó la poción del maletín y, sin que nadie la viera, bebió dos tragos, como era recomendable según la receta. Luego dejó el maletín en el suelo, y con toda la rapidez posible, sacó un cuentagotas del maletín, el cual tenía forma de calabaza, y vertió en él el resto de la poción que quedaba en la probeta.

Luego, con un sencillo hechizo, hizo que el maletín se elevara levemente del suelo y la siguiera. Se adentró por el oscuro pasillo.

Tuvo que esconderse de Filch varias veces, pero a excepción de dos pequeños sustos, no se encontró con nadie más en todo el recorrido. Su mayor frustración sin embargo, era que por mucho que derramara poción en los lugares más significativos, no había nada relevante que comunicar a Lucius; A Seamus Finnigan se le astillaría la varita delante del despacho del profesor Snape, a Hermione Granger se le caerían los libros en la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, Millicent Bullstrode encontraría su gato muerto en el claustro… Tonterías sin importancia.

Laia no sabía si alegrarse o no. Por una parte era bueno saber que en un futuro inmediato Hogwarts parecía a salvo del desastre –igualmente, contaban con Potter, que parecía un buen seguro de accidentes-, pero eso también significaba que su contacto con Lucius moría irremediablemente. Laia necesitaba ser útil.

Entonces, no supo porque, pensó en el bosque. Ignoraba como se le ocurrió, pero un sexto sentido la dirigía irremediablemente al exterior del colegio, y ya en el exterior, al peligroso bosque prohibido.

Se ciñó bien la túnica y salió al enorme recibidor. La puerta principal estaba cerrada, evidentemente, pero conocía perfectamente algunos pasadizos interesantes que la llevarían al exterior del castillo –alguna que otra vez había visto hacer lo mismo a los gemelos Weasley-. El único problema de la peligrosa ruta era que salías peligrosamente cerca del sauce boxeador.

La ruta era húmeda y retorcida, además de sucia, parecía más bien hecha para animales a cuatro patas que para una persona adulta. Los últimos tramos eran los más complicados, pues eran de subida. Una vez fuera, Laia había ensuciado completamente su uniforme de repuesto. Esperó paciente fuera del alcance del sauce boxeador y esperó a que el maletín asomara por el pasadizo. Una vez salió, Laia dirigió su mirada hacia el bosque.

Era una noche nublada y oscura. No se veía la Luna, y el bosque parecía una negra masa amenazante. El suelo estaba también helado, pues el barro estaba duro como una piedra, y la hierba tenía pedacitos de hielo. Tuvo que elevar un poco más la altura del maletín para que éste no se mojara. Tenía el bosque espeluznantemente cerca. Ahora podía oír alguno de los sonidos de los extraños animales que vivían en él.

Se adentró lentamente, procurando no perder de vista los muros del castillo, algo realmente difícil, debido a la oscuridad que reinaba en todas partes. A una distancia prudencial, sacó el cuentagotas y vertió un poco de poción en el suelo. Ignoraba que pudiera ser de alguna utilidad. Quizás si se adentrara más, el radio sería mayor. En esa zona solo abarcaría una cuarta parte del bosque, pues estaba justo en el borde. Se adentró un poco más, siendo consciente del peligro que estaba corriendo. De pronto se hizo un silencio incómodo. Laia se mareó un poco. No le dio importancia. Una vez más adentro, volvió a sacar el cuentagotas y vertió más poción. Se volvió a levantar y sonrió nerviosa.

“Nada, bueno, mejor será que vuelva al coleg…”

Pero no pudo terminar de pensar, pues un mareo desagradable, más exagerado que el anterior, daba a entender que la poción surtía efecto con más fuerza del esperado. Se apoyó en un árbol y cerró los ojos. Solo deseaba no estar mucho tiempo en esa situación. Era un lugar peligroso como para estar mucho rato en guardia baja.

Pero un golpe seco arremetió contra su cerebro. Un conjunto de imágenes extrañas y rápidas, como tomadas desde una SteadyCam muggle, le ofrecía una visión desconcertante del bosque. De pronto vio algo rojo y oyó unos gritos. Una voz aguda y desagradable rió, y otra, más grave, recitó algo con decisión y rabia.

“¡Crucio!”

Laia se asustó y se encogió, creyendo que iba dirigido a ella, pues no veía más que ráfagas. Pero luego todo se relajó. Oyó como caía un peso muerto en el suelo y pudo ver algo rojo que caía con él.

Era Bahn.

Saffron Bahn había caído tras recibir un cruciatus, y ahora se retorcía de dolor en el suelo, intentando no gritar.

“¡Crucio!”

Otro rayo verde arremetió contra el cuerpo de Bahn, y ésta, que había aguantado con mudo dolor el primer ataque, no pudo evitar gritar ésta vez. Laia desvió la mirada del cuerpo de la chica y se centró en el atacante. Era un mortífago. De reojo observó como un poco alejados luchaban otras dos personas, y más allá, dos cuerpos negros –mortífagos también- estaban tirados por el suelo, inconscientes. Laia se dio cuenta que no había presenciado más que una parte de un ataque de servidores del Señor Tenebroso.
Uno de los hombres que se batían en duelo y que luchaba contra el mortífago restante, había hecho una intentona de llegar hasta Bahn, pero su contrincante, de risa nerviosa y aguda, le había cerrado el paso. El larguirucho mortífago intentaba evitar que el hombre fuera a rescatar a la chica, y por lo que parecía, venía intentándolo desde hacía rato, pero aún dejando fuera de combate a dos mortífagos, éste último se le resistía.
Mientras se lanzaban hechizos llegaron al pequeño claro donde se encontraba Bahn y el mortífago que la atacaba. El hombre recibió un cruciatus y se dobló en el suelo. Laia abrió los ojos aterrada.

Era él.

El misterioso acompañante de Saffron Bahn, el “hombre sonriente”.

Aunque ahora, evidentemente, no sonreía. La cara de ese hombre era la arquetípica del sufrimiento, pero con esfuerzo volvió furioso la mirada hacia su atacante, se levantó y giró rápidamente hacia él, lanzando un grito esforzado. Con unos rápidos hechizos le dejó fuera de combate definitivamente. Se acercó cojeando hacía el mortífago que torturaba a una Bahn ya prácticamente inconsciente, mientras intentaba detener una hemorragia en su costado izquierdo, pero andaba con dificultad y no parecía tener fuerzas para realizar conjuro alguno. El hombre elevó su varita y empezó a recitar un hechizo para derribar al último mortífago, pero éste se giró sobre sus talones y le lanzó un potente hechizo que Laia no oyó, pero que impactó sobre el cuerpo del hombre, que cayó como un saco al suelo, dejando que se extendiera un charco de sangre alrededor suyo. El mortífago entonces huyó de allí, llevándose los cuerpos de sus tres compañeros, dejando a Saffron Bahn y a su amigo en el suelo, aparentemente muertos.

De repente otro golpe violento la desestabilizó y notó como su cuerpo caía al suelo sin poder evitarlo.

Cuando abrió los ojos, se levantó asustada mirando en todas las direcciones. Aligeró el paso y se alejó rápidamente del bosque. Se apoyó en uno de los árboles que había cerca del castillo y sintió como su estómago se revolvía.

“¿Era cierto? ¿Serían atacados? ¿Morirían?”

Laia estaba realmente asustada. Negó con la cabeza. Quizás solo eran alucinaciones, uno de los ingredientes de la poción era la Salvia Divinorum, un alucinógeno. Si, debía ser una simple alucinación. De pronto se sintió peor, se agarró el estómago y se dobló hacia delante. Una violenta sacudida provocó que vomitara toda la poción que había ingerido –y parte de la sopa de champiñones-.

Pero por desgracia para Laia, aún le faltaba comprobar como a partir de ese mismo día, todas las predicciones empezaron a cumplirse. 
· lunes, marzo 01, 2004

" No estás en el juego (Parte II) " por Charlotte ( 6:19 PM )
 
- "No estás en el juego."

Esas fueron las palabras que oyó Remus momentos antes de que la puerta de su despacho se cerrase violentamente. Un muy enfadado Snape se encontraba frente a él y se acercaba con pasos firmes hasta situarse frente a su mesa. Remus dejó de mirar el libro que tenía abierto ante él y posó sus ojos en Snape.

- "¿Qué...?" - Intentó decir Remus. Pero Severus le hizo callar con sus palabras.

- "Tu sabes lo qué significa, no me digas que no sabes nada. Ni se te ocurra decir eso." - Dijo amenazante.

Remus dudó, pero era cierto, no sabía nada.

- "No sé qué significa." - Dijo Remus midiendo sus palabras.

- "¡Lo que me faltaba!" - Gritó Severus. - "Te he dicho que no me mientas. Sé perfectamente que sabes de qué estoy hablando."


- "No lo sé, Severus. No tengo ni idea de qué significa..." - Una punzada le paralizó el cerebro. 'Oh, dios, podía ser...' Dudó unos segundos y preguntó con timidez. - "¿Qué le ocurre a Charlotte?"

- "¿Lo ves? Sabes bien de qué estoy hablando. Ahora ¿podrías explicarme de qué habla ella?"

- "¿Cómo? ¿Qué te ha contado?" - Preguntó Remus inquieto.

Severus se le quedó mirando, intentando descubrir si sus palabras eran sinceras y de verdad no sabía de qué le estaba hablando. A decir verdad, parecía preocupado.

- "Nada." - Dijo al fin. - "Está inconsciente en la enfermería. Creo que lleva una semana así. No hace más que repetir lo mismo una y otra vez."

- "¿El qué?" - Remus tenía miedo de lo que pudiese salir de boca de Severus como respuesta a su pregunta. Vio cómo el otro mago le miraba a los ojos y pronunciaba perfectamente las palabras que esperaba que le hicieran reaccionar.

- "Te dije que me dejases descansar." - Dijo Severus. Ante sus palabras vio cómo Remus respiraba entrecortadamente, y supo que debía terminar las frases. - "No, Remus, no lo entiendes. No estás en el juego." – Esas palabras le sonaban tan extrañas cómo inquietantes, incluso podía percibir un cierto guiño de complicidad en ellas... No dejaban de sonar en su cabeza desde que las había oído. Sabía que eran simples palabras, pero habían hecho explotar la pequeña tormenta que se había estado formando en su interior durante tantos días.

Remus se quedó atónito. Incapaz de pronunciar palabra, en su mente se agolpaban pensamientos de toda clase. "Ella se encuentra mal. Severus sospecha algo. Está en peligro. ¿Cómo le explico todo a Severus? ¿Charlotte está metida en algún lío?... Lo está. Lo está."

- "¿Y bien?" - Preguntó Severus.

Remus asintió con la cabeza y el otro supo que ya había oído esas palabras, aunque ahora empezaba a dudar que de verdad supiese qué significaban.

- "No voy a preguntar qué es lo que hubo entre vosotros." - Prosiguió Severus. - "Eso ya me lo contará Charlotte cuando se despierte, porque despertará. Solo quiero saber si sabes algo que pueda ayudarla."

- "No sé nada, Severus, la última vez que la vi fue en el Domingo después del partido, y se encontraba bien... el día anterior, parecía enferma." - Dijo Remus mirando al vacío. - "Pero te aseguro que cuando la dejé el Domingo ya se encontraba bien."

- "Pues ha recaído. Es lo único que se me ocurre."

Hablaron otro rato, pero no sacaron nada en claro. Al final Remus le pidió a Severus que fuesen a la enfermería, y así lo hicieron.

Cuando Remus vio a la chica se quedó sin aliento. Cubierta ahora con una manta su rostro seguía vuelto sobre la almohada, respiraba como si se encontrase nerviosa, pero seguía sin reaccionar a nada.

Pomfrey se encontraba ahora examinando unas hojas un poco alejada de la chica, pero sin dejar de prestarle atención.

Remus se acercó con pasos rápidos hasta ella y se la quedó mirando. Sintió el deseo que cogerle de la mano, e intentar que despertase, de despertarla como lo había hecho tantas veces en el pasado. Acariciar su cara y llamarla en voz baja: ‘Charlotte... venga, despierta.’ Pero ahora las cosas no eran iguales: ella no dormía, y no estaban solos.

_______________


Los días pasaron y Pomfrey siguió sin encontrar cura para Charlotte. La chica seguía inconsciente, no ocurría nada más.

Remus pasaba mucho tiempo haciéndole compañía, y Severus iba cada vez que podía a ver cómo se encontraba, como si ello fuese a hacer que despertase de una vez. Pero no despertaba, y eso hacía que poco a poco estuviesen perdiendo la esperanza.

Remus ya había perdido completamente el miedo a lo que pudiesen decir, cuando no estaba dando clase, estaba en la enfermería, sentado junto a su cama, observándola ante cualquier cambio que pudiese mostrar. Cerca de ella, pasaba el tiempo sujetando su mano, pero esta yacía ardiendo como un peso muerto. No había vuelto a hablar, ni había vuelto a llamarle. Le daba lo mismo que Severus viese cómo se sentaba cada día junto a su cama y le tomaba de la mano. Le daba lo mismo que alguien pudiese ver cómo depositaba un suave beso sobre la frente de la chica cuando se iba algunas noches de la enfermería.

Ya todo le daba lo mismo.

_______________


Hacía unos días había recibido una lechuza de su hermano Ron, y eso le había animado, pero lo que se había encontrado al llegar al colegio le había dejado un tanto descolocado. El viernes, una semana después de que leyese la nota que le había traído la lechuza, por fin había podido tomarse unos días de descanso y viajar hasta Hogwarts, allí Ron le había comunicado que Jenkins llevaba en cama toda una semana.

- "Y puede que llevase en ese estado otra semana más. Este mismo Lunes, cuando te escribí, Snape la encontró en su habitación y la llevó a la enfermería, o eso es lo que dicen." - Había dicho Ron.

- "¿Crees que podré ir a visitar a Charlotte?" - Preguntó Bill a su hermano.

- "¿Charlotte?" - Dijo Ron como queriendo decir: ‘No sabía que hubiese tanta familiaridad’. - "Supongo que sí."

Bill fue ese mismo día a la enfermería, allí no se encontraba Pomfrey, pero vio a Lupin sentado junto a una cama. Bill se acercó a él y preguntó:

- "¿Cómo se encuentra?"

- "Mejor." - Respondió Remus. Entonces miró hacia arriba para ver la cara de la persona que le había hablado. Se quedó extrañado. - "¿La conoces?" - Preguntó.

- "Sí. Soy Bill Weasley." - Bill alargó la mano y Remus hizo lo propio. - "¿Seguro que se encuentra mejor?"

- "Eso creemos. Empeorar, no ha empeorado." - Había vuelto la vista a la chica y la miraba cómo si buscase respuestas. A todo.

Tras intercambiar otras cuantas palabras más decidieron salir a dar una vuelta fuera del colegio. Remus quería estirar las piernas y Bill quería enterarse de lo que había sucedido. Pero eso no fue posible, porque Remus no tenía respuestas a sus preguntas.


- "No puedo creerlo." - Decía Bill. - "Ella siempre ha estado tan sana... no recuerdo haberla visto enferma en todo el tiempo desde que la conozco."

- "¿Erais amigos?" - Preguntó Remus temiendo la respuesta.

Bill sonrió.

- "Sí." - Dijo con la sonrisa aún en los labios. - "Nos conocimos aquí."

'¿Por qué tenía que sonreír?' Se preguntaba Remus. 'Esa sonrisa sobraba.'


- "Pero ¿sabes? Ya me extrañó un poco su llamada." - Dijo Bill.

- "¿Llamada?" - Preguntó Remus interesado.

- "Sí, a finales del verano, me llamó para preguntarme si iba a tener vacaciones o algo por el estilo. Fue de lo más extraño. Me contó que ella las iba a coger a principios de Septiembre y que se preguntaba si podría venir a visitarme o si podíamos quedar en algún sitio. No supe cómo tomármelo, pero ella me dio un sinfín de explicaciones y al final no le di mayor importancia."

- "¿Os visteis?"

- "No, yo estaba muy liado con el trabajo y no pude hacer otra cosa. Por eso cuando Ron me comentó que Charlotte estaba en Hogwarts decidí venir a verla." - Dijo Bill. - "Supongo que pensé que se lo debía." - Pensó para sí mismo.

Bill seguía hablando, pero Remus ya casi ni le escuchaba, ahora se preguntaba si lo que le estaba contando tenía algún interés, si sería importante. Se estaba preguntando en qué estaba pensando ella cuando llamó a Bill, qué quería, ¿qué necesitaba? ¿qué era lo que buscaba en Bill? Quizá fuera por culpa de lo que él le había hecho... Incluso se estaba preguntado en qué soñaba ella ahora que parecía dormida, en si soñaba algo, o tan sólo estaba inconsciente. Si soñaría quizá con el día en que se conocieron, si le gustaría soñar con eso, recordar esos momentos. Él sí lo hacía, y le gustaba. 
" La eterna durabilidad de los malos dias " por Saffron ( 10:17 AM )
 
La llegada de Julius hizo que todo se complicara terriblemente. Aunque Julius no iba a quedarse en Hogwarts definitivamente, iría al menos un par de veces en semana. Ella no sabía si aquello la confortaba o la irritaba.

Era evidente que seguía estando interesado en ella. El se lo demostraba a cada oportunidad. Y, en cierta manera, era un alivio tenerlo allí: ella no podía andar sola, y Severus no solía pasear. De modo que los días que el iba a verla, salían al jardín, y daban largos paseos.

Y sin embargo, no estaba bien. A Saffron no le parecía bien aquello. Le daba la sensación de estar utilizándolo, y ella no quería eso.

Y también estaba Severus. Por alguna razón, Julius y Severus se inspiraban un profundo odio mutuo, lo que hacía que estuvieran constantemente de mal humor. Lo que, a su vez, la ponía de mal humor a ella. Saffron recordaba las miradas agrias que se lanzaban.


- Es evidente que ese tipo es un amargado- había dicho Julius furioso tras una casi-discusión con Severus.


Y aquella misma tarde, Severus le había dicho algo parecido.


- Evidentemente, ese tipo es un inútil que no es capaz de hacer bien su trabajo.

En ambos casos, Saffron no dijo nada, y se acordó de Guenolee, cuando decía: “Los hombres son idiotas”. Eso era precisamente lo que pensaba Saffron.

Para Saffron, tener que lidiar con un Severus enfadado no era tarea fácil. Severus, fácilmente irritable en ocasiones normales, podía alcanzar cotas inimaginables en ser desagradable. Y no solo le afectaba a ella: los alumnos eran los que se llevaban la peor parte. Saffron escuchó comentarios de los más jóvenes, y se enteró de que Snape estaba realmente haciendo estragos en los puntos de las casas.


- Si sigue así, va a tener que empezar a quitar los puntos del año que viene.- le comentó Helena enfadada durante la comida. Saffron asintió apesadumbrada; que se lo dijeran a ella, que tenía que estar toda la tarde con él en el despacho.


Sin embargo, el animo de Severus oscilaba continuamente: poco tardó Saffron en relacionarlo con las visitas de Julius. Si Severus y Julius se encontraban, aunque fuera mínimamente; aunque Julius estuviera en Hogwarts y hubiera evitado a Severus, Saffron podía temer lo peor. Y claro está, el lo pagaba con ella.


El humor de Saffron fue ensombreciéndose. No le gustaba estar con gente permanentemente enfadada, así como no le gustaba los repentinos cambios de humor de los hombres. De repente, Saffron se encontró sutilmente atrapada entre los dos hombres. No podía decantarse por ninguno de los dos, pero mantenerse neutral estaba agotando sus fuerzas. Ambos hombres exigían un apoyo por su parte, un apoyo que ella no estaba capacitada para dar. Su relación con ambos era tan... vaga. Severus y ella no tenían una simple relación profesor-alumna, pero no se podía decir que fueran amigos. Y con Julius ocurría todo lo contrario: la intimidad que habían tenido era imposible mantenerla, y la simple relación de amigos parecía demasiado fría, y casi forzada. Eso de no poder ponerle nombre a las cosas la desquiciaba.


Los dos hombres se ocupaban de su seguridad y velaban por ella. Sin embargo, Saffron solo sentía que la ahogaban. Le hubiera gustado poder decirles a los dos que se fueran, que podía ocuparse de ella misma. Por desgracia, ni Severus, ni Julius, ni Dumbledore opinaban lo mismo. Estaba condenada a ellos.


Saffron se tumbó en la cama, levemente deprimida. Julius acababa de dejarla allí, después de recogerla en las mazmorras. Evidentemente, Severus había estado toda la tarde con un humor de perros. Y, para no ser menos, Julius también había estado convenientemente irritado en su camino a la habitación. Ella le había dicho que no quería cenar, y lo había despachado rápidamente. El la miró apenado, pero se marchó. Y después ella tuvo horribles remordimientos.


Por merlín, quería que su vida volviera a la normalidad. Quería no tener que preguntarse cada mañana que reprimenda iba a recibir ese día; quería poder pasear a sus anchas por el castillo; quería hacer lo que le viniera en gana cuando le viniera en gana. Suspiró profundamente. Su vida de hacía un par de semanas se le antojó irreal, como si hubieran pasado años.


Y después estaba la otra cuestión: todo el mundo hablando de aquella dichosa fiesta de cumpleaños, lo que hacía que lo único que escuchaba fuera “Malfoy esto” “Malfoy aquello”. Un nombre que no hacía que se sintiera cómoda precisamente. Se estiró completamente en la cama. El mal humor le había quitado el apetito. Pensó que debería ducharse, aunque no le apetecía lo más mínimo.


Así, desganadamente, se levantó de la cama, y lentamente se fue quitando la ropa. Una vez dentro de la bañera, el mal humor fue dejando paso a la apatía, dejándola en un estado de embotamiento que no le gustaba nada. Cuando salió y se puso el camisón, intentó estudiar un rato, pero fue imposible. Aburrida y sin sueño, decidió meterse en la cama y apagar la luz. Tardó horas en dormirse.


Afortunadamente, a la mañana siguiente Julius no estaba allí, por lo que Severus, aunque no de buen humor, al menos estaba menos irritable. Para Saffron fue ciertamente un alivio ver como Severus volvía a ser una persona mas o menos normal. Eso si, siempre dentro de sus estándares, que eran completamente diferentes a los de cualquier otra persona.


- Chica, que mala cara tienes- comentó Helena cuando se sentó a su lado a desayunar.


- Vaya, gracias- contestó Saffron levemente irritada- He dormido fatal esta noche...


Saffron pensó que podía quedarse dormida sobre su taza de chocolate, y mordisqueó levemente el trozo de pastel. De repente, un codazo la sacó de su ensoñación.


- WOW! Fíjate en Snape y Pince!!- Helena le señaló hacia la mesa principal: Severus Snape y Madame Pince estaban hablando demasiado cerca para ser una conversación normal.- Entre esos dos hay algo, fijo.


Saffron vio a todos los alumnos cuchicheando. Sintió que su estómago se cerraba del todo, y abandonó el pedazo de pastel en el plato.


- Ay, mujer, que exagerada eres- apenas si le salió la voz, de lo tensa que estaba. Nunca, jamás jamás en la vida, había pensado en la posibilidad de que el ya tuviera algo con otra persona. Que no se supiera, era algo perfectamente lógico y propio de Snape. Sin embargo, intentó convencerse.- Si solo están hablando...


Helena la miró descreídamente y agitó la cabeza.


- De verdad, Saffron, a veces pienso que es imposible que seas mayor que yo. Fíjate en el: el viejo Snape está desesperado, y Cuervo-Pince, tres cuartos de lo mismo. En cierto modo, es normal. Son dos, están solos. Déjalos, a ver si se lían y se les pasa el mal humor. Ese hombre es lo que necesita...


Saffron no quiso escuchar nada más. Se sintió ligeramente mareada, y el poco chocolate que había tomado se le subió a la garganta. Se sintió como una estúpida. Y a la vez, sintió ganas de llorar y una terrible ira en contra de Snape.


Cuando el fue a recogerla tras el desayuno, ella lo recibió con una mirada agria.


- ¿Dónde vas ahora? ¿A la biblioteca?- preguntó él, dudando que camino tomar. Saffron sintió como la cara le ardía por el enfado irracional.


- A mi habitación- dijo escuetamente. Severus asintió, y se pusieron en camino. Mientras caminaban, Severus hizo varios intentos de comenzar una conversación. Sin embargo, el que solo recibiera monosílabos de ella, lo desánimo.


Pasó el camino a las mazmorras pensando en lo extraño que era ese comportamiento en ella, y en qué podía haberlo causado. Y de repente, recordó: Julius Strandberg no estaba allí. Era evidente que ella prefería aquel blando con barba que a el. Una sensación demasiado parecida a la ira lo recorrió. Penetró en la clase realmente enfadado, ante las miradas de terror de sus alumnos.


El resto del día no hizo sino empeorar. Descubrir que Snape estaba (de nuevo) enfadado con ello no hizo sino acicatear el mal humor de Saffron. Ella nunca había odiado a Pince, pero desde ese momento solo vio sus defectos. Durante toda la comida, Saffron tuvo que aguantar a sus compañeros de mesa haciendo apuestas sobre la hipotética relación. Y asombrosamente, empezaron a correr historias escandalosas sobre ellos dos. Definitivamente, no estaba siendo un buen día para Saffron.


La tarde en el despacho no fue mucho mejor. El ambiente estaba enrarecido y pesado. Saffron pensó por un momento en lo irracional de sus sentimientos, y casi estuvo a punto de dejar el orgullo aparte, y claudicar. Pero el anuncio por parte de él de “Voy a la biblioteca”, hizo que su enfado se volviera aun más profundo.


Por un momento, Saffron deseó que los rumores fueran ciertos, que Severus tuviera algo con Pince, y que ella lo hiciera desgraciado por el resto de su vida. Y un segundo más tarde, se estaba arrepintiendo, y comenzaba a llorar quedamente.


Cuando el volvió, y la vio llorando, se sintió sorprendido. Deseó preguntarle qué le ocurría, pero no lo hizo. La diferencia entre una mala perspectiva y un hecho confirmado era grande, y el no deseaba escuchar de sus labios que echaba de menos a Strandberg. “Ese maldito idiota...” pensó malhumorado. El se había impuesto la protección de Saffron como una obligación, y ciertamente, la cumpliría. Era su deber, su obligación. Y a el no le gustaba que se anduvieran metiendo en sus asuntos. Le había dejado caer a Dumbledore si realmente era necesario que el joven estuviera allí.


- Cuatro ojos vigilan más que dos, Severus- le había comentado el director afable pero serio- Además, el tiene acceso a información que para ti sería imposible conseguir.


Severus había preferido pensar que se refería al ministerio, y no a su relación con la muchacha.


De repente, llamaron a la puerta.


- Adelante!!- gritó con su habitual mal humor, esta vez aumentado exponencialmente.


La pequeña cabeza morena se asomó tímidamente tras la puerta.


- Buenas tardes profesor, ¿puedo hablar con Saffron un momento?- preguntó Derek nerviosamente.


- Está ocupada- fue la irritada respuesta que recibió. Sin embargo, Saffron hizo caso omiso, y cruzo rápidamente la habitación limpiándose las lágrimas.


- Hola corazón- dijo ella intentando sonreír. Abrazó al niño con todas sus fuerzas, y rió cuando el respondió al abrazo. Las primeras veces solía quedarse quieto. Le revolvió ligeramente el pelo- Oh, fíjate como llevas la camisa...


Severus la observó prodigar los cuidados al niño. Lo abrazó varias veces, lo besó mas veces aun, le estiró la ropa, le preguntó por sus estudios y le dio caramelos. Severus vio al niño salir alegremente de su despacho, una sonrisa feliz en su cara. Sintió una punzada en su estómago ¿Envidia?.


- No deberías mimarlo tanto- la voz agria de Severus resonó en la habitación.


- ¿Porqué no?- preguntó ella molesta, casi desafiante.


- Porque es un Slytherin- fue la simple respuesta de él, sin levantar la vista del libro que leía, dando por zanjada la cuestión.


Saffron se quedó ligeramente sorprendida con la respuesta. Sin embargo, enseguida se recobró.


- Será que los slytherins se empeñan en ser infelices- dijo irritada, volviendo a su trabajo.



Severus la miró durante unos instantes, ella dándole la espalda. Sintió que un desagradable vacío se instalaba en su estómago. Quiso decir algo, pero no supo el qué.


“Eso será”, pensó simplemente.



 
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