La llegada de Julius hizo que todo se complicara terriblemente. Aunque Julius no iba a quedarse en Hogwarts definitivamente, iría al menos un par de veces en semana. Ella no sabía si aquello la confortaba o la irritaba.
Era evidente que seguía estando interesado en ella. El se lo demostraba a cada oportunidad. Y, en cierta manera, era un alivio tenerlo allí: ella no podía andar sola, y Severus no solía pasear. De modo que los días que el iba a verla, salían al jardín, y daban largos paseos.
Y sin embargo, no estaba bien. A Saffron no le parecía bien aquello. Le daba la sensación de estar utilizándolo, y ella no quería eso.
Y también estaba Severus. Por alguna razón, Julius y Severus se inspiraban un profundo odio mutuo, lo que hacía que estuvieran constantemente de mal humor. Lo que, a su vez, la ponía de mal humor a ella. Saffron recordaba las miradas agrias que se lanzaban.
- Es evidente que ese tipo es un amargado- había dicho Julius furioso tras una casi-discusión con Severus.
Y aquella misma tarde, Severus le había dicho algo parecido.
- Evidentemente, ese tipo es un inútil que no es capaz de hacer bien su trabajo.
En ambos casos, Saffron no dijo nada, y se acordó de Guenolee, cuando decía: “Los hombres son idiotas”. Eso era precisamente lo que pensaba Saffron.
Para Saffron, tener que lidiar con un Severus enfadado no era tarea fácil. Severus, fácilmente irritable en ocasiones normales, podía alcanzar cotas inimaginables en ser desagradable. Y no solo le afectaba a ella: los alumnos eran los que se llevaban la peor parte. Saffron escuchó comentarios de los más jóvenes, y se enteró de que Snape estaba realmente haciendo estragos en los puntos de las casas.
- Si sigue así, va a tener que empezar a quitar los puntos del año que viene.- le comentó Helena enfadada durante la comida. Saffron asintió apesadumbrada; que se lo dijeran a ella, que tenía que estar toda la tarde con él en el despacho.
Sin embargo, el animo de Severus oscilaba continuamente: poco tardó Saffron en relacionarlo con las visitas de Julius. Si Severus y Julius se encontraban, aunque fuera mínimamente; aunque Julius estuviera en Hogwarts y hubiera evitado a Severus, Saffron podía temer lo peor. Y claro está, el lo pagaba con ella.
El humor de Saffron fue ensombreciéndose. No le gustaba estar con gente permanentemente enfadada, así como no le gustaba los repentinos cambios de humor de los hombres. De repente, Saffron se encontró sutilmente atrapada entre los dos hombres. No podía decantarse por ninguno de los dos, pero mantenerse neutral estaba agotando sus fuerzas. Ambos hombres exigían un apoyo por su parte, un apoyo que ella no estaba capacitada para dar. Su relación con ambos era tan... vaga. Severus y ella no tenían una simple relación profesor-alumna, pero no se podía decir que fueran amigos. Y con Julius ocurría todo lo contrario: la intimidad que habían tenido era imposible mantenerla, y la simple relación de amigos parecía demasiado fría, y casi forzada. Eso de no poder ponerle nombre a las cosas la desquiciaba.
Los dos hombres se ocupaban de su seguridad y velaban por ella. Sin embargo, Saffron solo sentía que la ahogaban. Le hubiera gustado poder decirles a los dos que se fueran, que podía ocuparse de ella misma. Por desgracia, ni Severus, ni Julius, ni Dumbledore opinaban lo mismo. Estaba condenada a ellos.
Saffron se tumbó en la cama, levemente deprimida. Julius acababa de dejarla allí, después de recogerla en las mazmorras. Evidentemente, Severus había estado toda la tarde con un humor de perros. Y, para no ser menos, Julius también había estado convenientemente irritado en su camino a la habitación. Ella le había dicho que no quería cenar, y lo había despachado rápidamente. El la miró apenado, pero se marchó. Y después ella tuvo horribles remordimientos.
Por merlín, quería que su vida volviera a la normalidad. Quería no tener que preguntarse cada mañana que reprimenda iba a recibir ese día; quería poder pasear a sus anchas por el castillo; quería hacer lo que le viniera en gana cuando le viniera en gana. Suspiró profundamente. Su vida de hacía un par de semanas se le antojó irreal, como si hubieran pasado años.
Y después estaba la otra cuestión: todo el mundo hablando de aquella dichosa fiesta de cumpleaños, lo que hacía que lo único que escuchaba fuera “Malfoy esto” “Malfoy aquello”. Un nombre que no hacía que se sintiera cómoda precisamente. Se estiró completamente en la cama. El mal humor le había quitado el apetito. Pensó que debería ducharse, aunque no le apetecía lo más mínimo.
Así, desganadamente, se levantó de la cama, y lentamente se fue quitando la ropa. Una vez dentro de la bañera, el mal humor fue dejando paso a la apatía, dejándola en un estado de embotamiento que no le gustaba nada. Cuando salió y se puso el camisón, intentó estudiar un rato, pero fue imposible. Aburrida y sin sueño, decidió meterse en la cama y apagar la luz. Tardó horas en dormirse.
Afortunadamente, a la mañana siguiente Julius no estaba allí, por lo que Severus, aunque no de buen humor, al menos estaba menos irritable. Para Saffron fue ciertamente un alivio ver como Severus volvía a ser una persona mas o menos normal. Eso si, siempre dentro de sus estándares, que eran completamente diferentes a los de cualquier otra persona.
- Chica, que mala cara tienes- comentó Helena cuando se sentó a su lado a desayunar.
- Vaya, gracias- contestó Saffron levemente irritada- He dormido fatal esta noche...
Saffron pensó que podía quedarse dormida sobre su taza de chocolate, y mordisqueó levemente el trozo de pastel. De repente, un codazo la sacó de su ensoñación.
- WOW! Fíjate en Snape y Pince!!- Helena le señaló hacia la mesa principal: Severus Snape y Madame Pince estaban hablando demasiado cerca para ser una conversación normal.- Entre esos dos hay algo, fijo.
Saffron vio a todos los alumnos cuchicheando. Sintió que su estómago se cerraba del todo, y abandonó el pedazo de pastel en el plato.
- Ay, mujer, que exagerada eres- apenas si le salió la voz, de lo tensa que estaba. Nunca, jamás jamás en la vida, había pensado en la posibilidad de que el ya tuviera algo con otra persona. Que no se supiera, era algo perfectamente lógico y propio de Snape. Sin embargo, intentó convencerse.- Si solo están hablando...
Helena la miró descreídamente y agitó la cabeza.
- De verdad, Saffron, a veces pienso que es imposible que seas mayor que yo. Fíjate en el: el viejo Snape está desesperado, y Cuervo-Pince, tres cuartos de lo mismo. En cierto modo, es normal. Son dos, están solos. Déjalos, a ver si se lían y se les pasa el mal humor. Ese hombre es lo que necesita...
Saffron no quiso escuchar nada más. Se sintió ligeramente mareada, y el poco chocolate que había tomado se le subió a la garganta. Se sintió como una estúpida. Y a la vez, sintió ganas de llorar y una terrible ira en contra de Snape.
Cuando el fue a recogerla tras el desayuno, ella lo recibió con una mirada agria.
- ¿Dónde vas ahora? ¿A la biblioteca?- preguntó él, dudando que camino tomar. Saffron sintió como la cara le ardía por el enfado irracional.
- A mi habitación- dijo escuetamente. Severus asintió, y se pusieron en camino. Mientras caminaban, Severus hizo varios intentos de comenzar una conversación. Sin embargo, el que solo recibiera monosílabos de ella, lo desánimo.
Pasó el camino a las mazmorras pensando en lo extraño que era ese comportamiento en ella, y en qué podía haberlo causado. Y de repente, recordó: Julius Strandberg no estaba allí. Era evidente que ella prefería aquel blando con barba que a el. Una sensación demasiado parecida a la ira lo recorrió. Penetró en la clase realmente enfadado, ante las miradas de terror de sus alumnos.
El resto del día no hizo sino empeorar. Descubrir que Snape estaba (de nuevo) enfadado con ello no hizo sino acicatear el mal humor de Saffron. Ella nunca había odiado a Pince, pero desde ese momento solo vio sus defectos. Durante toda la comida, Saffron tuvo que aguantar a sus compañeros de mesa haciendo apuestas sobre la hipotética relación. Y asombrosamente, empezaron a correr historias escandalosas sobre ellos dos. Definitivamente, no estaba siendo un buen día para Saffron.
La tarde en el despacho no fue mucho mejor. El ambiente estaba enrarecido y pesado. Saffron pensó por un momento en lo irracional de sus sentimientos, y casi estuvo a punto de dejar el orgullo aparte, y claudicar. Pero el anuncio por parte de él de “Voy a la biblioteca”, hizo que su enfado se volviera aun más profundo.
Por un momento, Saffron deseó que los rumores fueran ciertos, que Severus tuviera algo con Pince, y que ella lo hiciera desgraciado por el resto de su vida. Y un segundo más tarde, se estaba arrepintiendo, y comenzaba a llorar quedamente.
Cuando el volvió, y la vio llorando, se sintió sorprendido. Deseó preguntarle qué le ocurría, pero no lo hizo. La diferencia entre una mala perspectiva y un hecho confirmado era grande, y el no deseaba escuchar de sus labios que echaba de menos a Strandberg. “Ese maldito idiota...” pensó malhumorado. El se había impuesto la protección de Saffron como una obligación, y ciertamente, la cumpliría. Era su deber, su obligación. Y a el no le gustaba que se anduvieran metiendo en sus asuntos. Le había dejado caer a Dumbledore si realmente era necesario que el joven estuviera allí.
- Cuatro ojos vigilan más que dos, Severus- le había comentado el director afable pero serio- Además, el tiene acceso a información que para ti sería imposible conseguir.
Severus había preferido pensar que se refería al ministerio, y no a su relación con la muchacha.
De repente, llamaron a la puerta.
- Adelante!!- gritó con su habitual mal humor, esta vez aumentado exponencialmente.
La pequeña cabeza morena se asomó tímidamente tras la puerta.
- Buenas tardes profesor, ¿puedo hablar con Saffron un momento?- preguntó Derek nerviosamente.
- Está ocupada- fue la irritada respuesta que recibió. Sin embargo, Saffron hizo caso omiso, y cruzo rápidamente la habitación limpiándose las lágrimas.
- Hola corazón- dijo ella intentando sonreír. Abrazó al niño con todas sus fuerzas, y rió cuando el respondió al abrazo. Las primeras veces solía quedarse quieto. Le revolvió ligeramente el pelo- Oh, fíjate como llevas la camisa...
Severus la observó prodigar los cuidados al niño. Lo abrazó varias veces, lo besó mas veces aun, le estiró la ropa, le preguntó por sus estudios y le dio caramelos. Severus vio al niño salir alegremente de su despacho, una sonrisa feliz en su cara. Sintió una punzada en su estómago ¿Envidia?.
- No deberías mimarlo tanto- la voz agria de Severus resonó en la habitación.
- ¿Porqué no?- preguntó ella molesta, casi desafiante.
- Porque es un Slytherin- fue la simple respuesta de él, sin levantar la vista del libro que leía, dando por zanjada la cuestión.
Saffron se quedó ligeramente sorprendida con la respuesta. Sin embargo, enseguida se recobró.
- Será que los slytherins se empeñan en ser infelices- dijo irritada, volviendo a su trabajo.
Severus la miró durante unos instantes, ella dándole la espalda. Sintió que un desagradable vacío se instalaba en su estómago. Quiso decir algo, pero no supo el qué.
“Eso será”, pensó simplemente.