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Había hablado con su hermana ese mismo día, pero no le había dicho nada del olvido de su felicitación, prefirió inventarse una mala excusa sobre lo ocupada que le mantenía su trabajo. No hablaron mucho más, nunca habían hablado mucho más y menos aún después de que ella se casase. Todo eso hizo que se sintiese triste, estaba pasando por un momento difícil y no podía hablarlo con nadie. Con el único con quien lo había hablado sólo había sabido ridiculizarla y herirla delante de todos, aunque si lo pensaba bien, tampoco era una tragedia, puesto que allí no había nadie lo suficientemente conocido como para que eso importase.
La tarde del Domingo se mostraba prometedora, cuando había entrado al comedor, casi no le había importado haber llegado tarde, había estado caminando por los pasillos del castillo, mirando el paisaje a través de los ventanales que encontraba a su paso, y limpiando su mente de preocupaciones.
Una vez en la mesa de los profesores, con Severus vigilando para que nada se torciese y con el murmullo del aire otoñal azotando las ventanas, disfrutó en la medida de lo posible de la comida. Por haber llegado tarde y por habérselo tomado con tanta calma, el comedor ya casi estaba vacío cuando por fin terminó de comer. Los pocos alumnos que quedaban ya se levantaban corriendo de sus mesas, dios sabe hacia donde, con tanta prisa. Y sin necesidad de mirarle, supo que Remus ya se había ido. No había vuelto a hablar con él desde aquel día, podía ser que él también se hubiese dado cuenta de que eso era lo mejor que podían hacer.
Se había levantado de la mesa y había caminado lenta y tranquilamente hasta la puerta del comedor, la quietud la invadía, y le gustaba sentirse así, por eso fue que le sorprendió encontrarse a Saffron Bahn esperando en la entrada, apoyada de mala gana en las puertas de madera. Parecía molesta.
- Hola. Saffron. ¿verdad? – Las palabras habían brotado de su boca con toda la simplicidad del mundo, ni siquiera había pensado en saludarla, pero no importaba.
La chica pareció sorprendida de que alguien le dirigiese la palabra de forma tan amistosa en ese comento. Turbada, contestó cortésmente a su saludo con un simple “Hola”.
¿Qué más podía decirse? No tenían mucho de qué hablar, no tenían mucho en común, pero a Charlotte le pareció forzada la situación, tanto si la conversación continuaba como si se terminaba en aquel mismo instante. Más si cabe si se terminaba en ese mismo instante.
Una sombra oscura se acercaba por el largo pasillo del comedor. Charlotte se proponía salir de allí cuando vio la cara que Saffron le dedicó en ese instante, fue una simple suposición, pero le pareció que esa mueca de disgusto era por él, y no por ella, que había intentado comenzar una conversación. Pudo ser por su estado actual o por un impulso, por las dos cosas probablemente, pero lo que dijo, lo dijo de verdad, no fue una simple manera de cumplir.
- ¿Te apetece salir a dar una vuelta?
Saffron la miró con asombro en los ojos. Hubiese apostado que en ese mismo instante la chica abriría la boca para preguntar con aire de desdén de qué demonios estaba hablando, pero en cambio aceptó su proposición.
Su voz sonó tan seria y convencida que hizo que él respondiese a ella en el mismo instante en el que llegaba a su lado.
- ¿Qué es lo que está bien? – Serio y un tanto molesto por encontrarse a las dos hablando en su ausencia.
- Vamos a ir a dar un paseo. – Contestó Charlotte con voz firme pero tranquila.
El rostro de Severus se oscureció más de lo habitual, con una pizca de asombro en los ojos la miró con rabia ante esa respuesta tan insolente. O por lo menos eso le había parecido a él. Fue entonces cuando la voz de Saffron llegó a sus oídos.
- Puede que llegue un poco tarde, pero terminaré a tiempo el trabajo.
Atónito, se había quedado atónito. No tuvo tiempo de responderle pues con infinita rapidez Saffron echó a caminar. Vio cómo Charlotte la seguía sin volver a dirigirle una sola palabra. Y se alejaron. Dejó que se alejaran, ¿cómo se atrevía?
____________________Caminaron tranquilamente por los pequeños caminos del exterior del castillo y no fue hasta pasados diez minutos por lo menos que una de las dos comenzó a hablar. Fue Charlotte, que un tanto perpleja por la situación vivida en el comedor sentía como que había hecho algo mal. Y odiaba sentirse así. Y últimamente Severus le hacía sentirse así demasiado a menudo.
- ¿Es muy urgente ese trabajo?
Por unos momentos Saffron pareció sentirse perdida ante sus palabras, como si de repente se percatase que alguien iba caminando a su lado, pero finalmente habló.
- No, qué va. Pero Severus siempre está amargado por esas cosas.
- Sí, siempre lo está. Se toma todo demasiado en serio.
Le pareció como si la chica se volviese a mirarla, como impulsada por un resorte. Y mirándola con un deje de felicidad fingida en la cara le preguntó:
- ¿Le conoces desde hace mucho?
A Charlotte le sorprendió un poco la pregunta, pero no tanto como la que oiría en sólo unos momentos.
- Sí, a veces pienso que demasiado.
No sabía que esas solas palabras podían significar algo más que lo que significaban, y mucho menos cómo se las iba a tomar la chica que veía ese otro significado.
- Dime Charlotte, ¿tienes novio? – La voz de Saffron sonó demasiado alegre como para ser creíble, incluso ella misma se dio cuenta. – Si no te molesta que te lo pregunte...
- No, tranquila, no hay ningún problema. – Charlotte se había quedado de piedra ante la pregunta, pero no le preocupaba responderla, aunque se encontrase en una situación tan extraña tras todo lo ocurrido en los últimos días. – No, no tengo.
- Pero se te ve triste de un tiempo para acá. Parecías muy a gusto con Bill Weasley por el colegio...
- Oh! – Exclamó Charlotte. Eso! No. Bueno, no somos novios ni nada por el estilo. En nuestra época en Hogwarts tonteamos un poco, ya sabes, pero ya terminó hace tiempo. Del todo. – Una risita nerviosa salió de su boca al tiempo que decía esas últimas palabras. – Aunque eso nunca se sabe, ¿verdad? Quizás por eso a él le molesta tanto... – Comentó en un susurro.
- Pero siempre está enfadado, ¿verdad? No puedes saber si es por eso precisamente. – Comentó rápidamente Saffron.
- ¿Enfadado? No. Tiene un carácter muy agradable, a decir verdad.
- No me parece! Qué quieres que te diga.
- Puede que no lo conozcas demasiado...
- ¿Demasiado? – La voz de Saffron sonó un tanto molesta. - ¡Me paso todos los días a su lado! Créeme, le conozco, y siempre tiene un motivo por el que estar enfadado!!
Charlotte se paró en seco. ¿Pero se podía saber de quién estaban hablando? Ella no sabía por qué había comentado eso de Remus a la chica, pero tampoco entendía por qué ella se había puesto a la defensiva.
- Estoy hablando del profesor Lupin. – La frase le sonó extraña, le había llamado profesor, quizá porque desde que le dijese que no podían continuar así, ella se refería a él de ese modo en un intento para distanciarse más. O quizá porque no había vuelto a hablar con él desde entonces y no sabía cómo se encontraría. O puede que porque le estaba contando aquello a una desconocida.
- ¿Remus y tu...? – Su voz sonó diferente, Saffron parecía aliviada en un sentido, esperando acertar en la pregunta en otro.
- Pero ya no. – Contestó Charlotte avergonzada.
- Lo siento. – Dijo la chica. Como disculpa pudo ser, por haber pensado en otra cosa, o porque ya no estuviesen juntos, no sabría decirlo, pero agradeció sus palabras como una forma de apoyo.