Constantemente seguía preguntándose por qué lo había hecho. Por qué había tenido que tenderle su mano, con qué sentido lo había hecho, ¿había querido que él la tomase entre las suyas?, pues si así había sido, lo había conseguido, delante de todos, ella le había tendido su mano, y él había correspondido con otro tanto. Oh, Dios. ¿Por qué había hecho eso? ¿Para qué lo había hecho?
Su cabeza era un completo caos, se encontraba tendida en la cama de la enfermería, igual que hacía días, semanas en las que había dejado a un lado toda su vida para perder el conocimiento y dejarse llevar en un sueño profundo, parecía como si ella lo hubiese hecho a propósito, pero no era así, no era así para nadie, excepto para ella, que seguía culpándose por lo sucedido. Era culpa suya que hubiese ocurrido lo que ocurrió, era culpa suya haberse metido en semejante lío, era culpa suya que todo el mundo supiese lo que había pasado entre ellos dos, sí, porque probablemente a estas horas ya se lo imaginaba todo el mundo, pero ¿por qué le había dado la mano?
Se suponía que todos confiaban en ella, por ese motivo tenía el trabajo que tenía, por ese motivo estaba en esos momentos en Hogwarts, y por ese motivo, como queriendo llevar la contraria al resto del mundo, parecía esforzarse por demostrar que todos estaban equivocados, se sentía sobrepasada por la situación, y sabía que cada día que pasase tendida en esa cama las cosas se le iban a escapar de las manos cada vez más. A veces pensaba que si así tenía que ser, que así fuese, que si todo tenía que irse al infierno, pues cuanto antes se fuese mejor que mejor. Su vida no era lo que se diría agradable, y no le importaba ya lo que fuese de ella. Pero seguía preguntándose por qué había hecho una estupidez como aquella, y entonces, ¿a qué venía que se lo preguntase si ya no le importaba que todo lo demás acabase como acabase? ¿por qué seguía preocupándose por él? ¿por ellos?
Oh! ¿Ellos? La cabeza le dio vueltas al darse cuenta de por dónde iba la situación. ¡Ellos!. El “ellos” ya no existía. Oh. Oh!. OH!. El “ellos” ya no existía!!!
Alguien entró entonces en la enfermería, sus zapatos resonaron en la habitación casi vacía, pero ella no prestó la más mínima atención, acababa de descubrir que había algo que le preocupaba más aún que lo único que había existido en su vida durante los últimos años, y que además ese algo fuese algo que suponía ya superado, no le hacía sentir nada bien. No.
Alzó la mirada como impulsada por un resorte, alguien estaba a su lado, alguien que la miraba preguntándose qué sucedía. Severus parecía querer descifrar la extraña mirada que Charlotte tenía en los ojos, y ella sabía que si no reaccionaba rápido, él la descifraría. Pasó saliva y le sonrió débilmente.
- ¿Ocurre algo? – Preguntó él.
Por una parte se alegró de que la conversación no empezase con el “¿qué tal estás?” de rigor, el “¿qué tal estás?” que todo el mundo parecía tener en los labios cada vez que atravesaba esas puertas. Pero por otra parte le preocupó que él se hubiese dado cuenta de que ocurría algo. Respiró profundo e inclinó levemente la cabeza.
- No. Nada. Otro día más aquí tumbada. – ¿Podría ser que hubiese salido del apuro? No lo sabía. Conocía bien a Severus, pero eso no significaba que supiese lo que pasaba por su mente en cada momento, ella no tenía esa capacidad de saber lo que los demás pensaban o sentían, y no le gustaba aventurar nada a la ligera, así que decidió seguir hablando, para alejar su atención del terreno peligroso. - ¿Hoy no has venido con Saffron?
Severus pareció algo desconcertado, la pregunta le pilló desprevenido, no porque fuese una pregunta indiscreta, era lo más normal del mundo que alguien hiciese esa pregunta, cuando todos sabían que tenía que acompañar a Bahn a cualquier sitio, y cuando además él ya la había llevado a la enfermería el día anterior, sino porque él hacía de esa pregunta “algo indiscreto”. Pero nadie más lo sabía, no debía preocuparse. Tras un momento de duda giró levemente la cabeza e indicando hacia la puerta de la enfermería comentó:
- Nos encontramos con Bill Weasley de la que veníamos, se ha quedado fuera con él, hablando. – Puntualizó más para sí que para ella.
A Charlotte le hizo gracia, en realidad le costaba admitirlo, pero eran más divertidas ese tipo de situaciones en otros que en uno mismo. Miró a Severus con cierto descaro, como intentando adivinar qué estaba pensando, le gustaba hacerlo, aunque no lo consiguiese, igual que le gustaba desconcertarle, pocas veces tenía la oportunidad de desconcertar a Severus, y era su deber aprovecharlas cuando se le presentaban, así que se preparó para soltar la gran bomba.
- Tranquilo, no tienes por qué preocuparte. – Dijo sin darle mayor importancia.
- ¿Cómo dices? – Preguntó él un tanto desorientado.
- Que no tienes por qué preocuparte por ellos, por Bill. – Se explicó Charlotte con poca más claridad.
Severus la miró interrogante aunque sin perder la compostura. ¿A qué se refería? ¿Podía ser...? Ella se dio cuenta de que había dado en el clavo. Se había arriesgado haciendo esa afirmación, no porque no fuese cierta, sino porque no viniese a cuento, y el resultado había sido que había dado en el clavo. Ahora sí, ella no sabía nada, y no quería que Severus se sintiese molesto.
Él volvió a dirigir la mirada hacia la puerta, como si les estuviese viendo a través de la pared, y su gesto cambió repentinamente de descontento a algo parecido a la aceptación.
- Te sigue sin caer bien, ¿verdad? – Le preguntó ella.
Él se volvió a mirarla y alzó las cejas con expresión tranquila.
- ¿Para qué te iba a mentir? – Le respondió él.
- Sería una tontería, la verdad. Cuando salía con él nunca tuviste el reparo de dar a conocer tu opinión, no tendría sentido que ahora fuese de otra forma.
- Exactamente. – Le respondió él con media sonrisa.
- De todas formas, - Continuó ella. – le conozco bien, así que puedes hacerme caso.
Esta vez no volvió a mirar a hacia la puerta, frunció los labios y se dijo que el momento podría haber llegado, hacía dos días que ella se había despertado, y no había querido incurrir en el tema, pero quizás ahora fuera un buen momento para hacerlo, estaba preocupado por todas las cosas que ocurrían a su alrededor, aunque algunas le preocupaban más que otras, claro está, y la historia que Charlotte parecía traer a sus espaldas, no parecía ser de las que menos importancia tenía. Cuando la había encontrado en coma en su habitación, le había prometido a Remus Lupin que ella despertaría, y que ella sería la que le contase lo que estaba ocurriendo, y lo que había ocurrido, había sido más bien una amenaza que una promesa en ese momento, ahora sólo era algo necesario.
- Te entiendo, entiendo tu posición, a decir verdad, puede decirse que yo estoy en una parecida. – Severus habló tranquilamente, marcando las palabras para que ella se diese cuenta de qué estaba hablando.
- ¿Qué es lo que quieres decirme? – Preguntó ella, esta vez a la defensiva.
- Sabes bien lo que quiero decirte. Fui yo el que te encontró en tu habitación, el que te trajo aquí, fui yo el que... – Iba a decirle que había avisado a Lupin, que le había amenazado porque tenía la certeza de que él sabía algo, porque ella le había llamado. Pero prefirió esperar a observar su reacción, y esperó que hubiese alguna reacción.
- No sé que quieres decir, ¿qué tiene eso que ver? – Ella parecía estar a la defensiva, podía no darse cuenta de lo que él se refería, pero aún así, se daba cuenta de algo.
- Desde que llegaste al colegio te has estado comportando de forma extraña, no soy tonto, me doy perfecta cuenta de tus reacciones, y luego es fácil atar cabos.
Ella no contestó, sabía hacia donde iba esa conversación, y no quería dirigirse hacia allí. Se dio cuenta de que había sido su culpa, ella, creyendo estar haciéndolo bien, le había puesto el camino recto hasta ese punto. Cerró los ojos moviendo la cabeza hacia los lados y se revolvió molesta en la cama.
- ¿Fue por lo de ayer? – Preguntó recostando otra vez la espalda en el dosel de la cama.
- ¿Lo de ayer? – Preguntó Severus extrañado. – Ciertamente lo de ayer nos sorprendió a todos.
- Os sorprendió. – Repitió ella sacando conclusiones. – Eso quiere decir que os pilló por sorpresa, pero no que os resultase extraño.
- Créeme, que se pasase sentado a tu lado día y noche, cuando nadie sabía siquiera que os conocíais, da que pensar. – Comentó Severus. - ¿Quieres saber lo único que dijiste durante estas últimas semanas? – Ella le miró inquieta. – No, tranquila, no hablaste en sueños, sólo cuando te encontré murmuraste algunas cosas sin sentido, nadie lo oyó, excepto yo, supongo que porque aún no habías caído en ese “coma”. – dijo remarcando la palabra, ¿podía ser que empezase a sacar sus propias conclusiones? ¿que empezase a ir por el camino correcto en las mismas? – Sólo hacías que repetir palabras sin sentido... entre las que se encontraba su nombre.
- ¿Él lo sabe? – Preguntó sin importarle nada.
- Yo se lo dije.
- ¿Y qué es lo que te dijo él?
- Nada, prefiero que seas tu quien me lo diga.
Charlotte no continuó, se negaba a contarle nada a Severus, no quería, sería como contárselo a la familia, sería como admitir que se había equivocado, que había cometido errores, y su orgullo se lo impedía.
- Eso quiere decir que no voy desencaminado, ¿no es cierto? – Preguntó él, sabiendo que ella no iba a decir nada más. – Sólo dime una cosa, él tie...
- No. – Le cortó ella. – Él no sabe nada.
- De acuerdo. – Dijo él.
Pensó en que debía decir algo más, algo... pero no sabía el qué. De repente se sintió incómodo, allí sentado, mirándola, mientras ella miraba al frente, sin siquiera parpadear, como si se estuviese rompiendo por dentro. Miró por toda la habitación buscando una solución, o quizás una salida, hasta que sus ojos se posaron en los de Saffron, que parecía haber llegado en esos momentos ante la puerta. Estaba sola, Bill debía de haber ido a algún sitio, y la había dejado sola. ¿Cómo se le ocurría? Se miraron durante unos momentos, fijamente, sin hablar, Saffron no quería decir nada, por miedo a estropear algo. Severus movió la cabeza, como indicándola que ya podían irse y se levantó del asiento.
- Tengo que irme. – Murmuró en dirección a Charlotte. Muy bajo, como si tuviese miedo de despertarla. – Descansa, ¿de acuerdo?
- Sí. – Respondió ella, bajando la vista pero sin llegar a mirarle. – Gracias.
Severus se alejó de la cama hasta llegar a donde estaba Saffron, y posando su mano en el hombro de ella le indicó que ya se iban. Saffron echó un último vistazo a Charlotte, parecía que no se encontraba allí, aunque su cuerpo sí estuviese en aquella habitación, parecía sumida en sueños, en recuerdos. Se alejaron por el pasillo, sin decir nada y Charlotte siguió recostada, sin decir nada.