La imagen que saludó a Youko cuando se abrió la puerta no era una muy alentadora. Por el aspecto de Saffron, parecía que ésta estaba sufriendo la mayor miseria del mundo. Entrando en la habitación y ocupando un sillón observó como la pelirroja intentaba recomponerse un poco. La conversación que mantuvieron fue bastante vaga. Sabía que el estado de Saffron no se debía sólo al enfado de Snape. Para que Severus se pusiera hecho una fiera (porque con los gritos que había dado debía de estar furioso) tenía que haber pasado algo más... Y eso la llevaba a la presencia de Lucius Malfoy. No sabiendo como relacionar las cosas en ese punto, optó por no preguntar...
Intentó en vano convencerla de que la dejara hablar con Severus, para ver si se podía arreglar. Pero Saffron se negó rotundamente. Finalmente, sin saber ya que hacer y no queriendo presionar más de lo que debía, le dijo a la pelirroja que podía contar con ella cuando necesitara alguien con quien hablar. Saffron lo agradeció y cuando Youko preguntó si bajaban juntas al comedor para la cena, ésta se negó, alegando que se encontraba mal. Sin más que decir, Youko se despidió y fue al comedor con las cabeza llena de pensamientos turbios y liados.
Severus tampoco apareció aquella noche en la cena. Como tampoco lo hizo Charlotte. Lupin estaba de un humor ligeramente sombrío y con su estado de ánimo actual, Youko optó por dar las buenas noches al resto del personal y retirarse a su habitación apenas había terminado de cenar. Dos pares de ojos la siguieron en su salida del comedor. Unos observadores, atentos a sus acciones. Los otros preocupados, con el conocimiento en ellos de saber por los problemas que estaba pasando la joven...
Cuando Youko resbaló entre las sábanas, acurrucándose bajo las mantas, no pudo evitar pensar como un día que había comenzado tan luminoso se había enturbiado tanto...
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El martes no trajo nada especial. Las clases fueron con normalidad absoluta y aquel día el salón fue relativamente tranquilo, enseñando a los niños de segundo año de Slytherin y Gryffindor a escudarse de hechizos lanzados por el contrario. Aparte de algunos rasguños, no hubo mayores problemas. Lo malo vendría al día siguiente... Tener a Malfoy, Potter, Granger y Weasley juntos en un salón de duelos no iba a ser bueno... Y ahora que lo pensaba, Wallravenstein también estaba en ese grupo... Maravilloso, sencillamente maravilloso.
Draco había intentado coger su mirada varias veces ese día pero no hizo ningún intento de acercarse. Ella le había pedido tiempo y él se lo daría... Sólo esperaba que no fuera mucho tiempo...
Las comidas fueron como el día anterior. Charlotte siguió sin dar señales de vida, Lupin seguía con aquella expresión preocupada en la cara, Severus estaba realmente áspero con todos (incluso con los miembros de su propia casa, casi llegando a gritarle a ella misma cuando le preguntó una cosa) y Saffron, que había regresado a las comidas en el comedor, parecía pálida y ojerosa.
Y Youko empezaba a pensar que el lugar que había conocido como un hogar y un refugio empezaba a llenarse de tristeza, inquietud y malos sentimientos.
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Cuando Youko despertó al día siguiente pensó por un momento hacerse la enferma y quedarse en cama. Realmente no tenía muchas ganas de enfrentar la clase de duelo de aquella mañana. Por la tarde había una reunión de personal así que después de mucho suplicar, habían conseguido convencer a Severus de que les dejara las horas de pociones para el salón de duelos. Al final había accedido pero asegurando que esa clase se recuperaría más adelante. Así que la clase de DADA de las nueve de la mañana no se daría y a las once empezarían los duelos.
-“No puedo esperar a que empiece...”—murmuró Youko con sarcasmo mientras sacaba del armario su uniforme de duelos. Los días anteriores no había hecho mucha falta pero para la clase de hoy no quería arriesgarse, y el uniforme era más seguro que una túnica normal. Se lo puso y se dejó caer por encima una capa para cubrirlo.
No tenía muchas ganas de bajar a desayunar al comedor así que llamó a uno de los elfos y le pidió que le trajera el desayuno. Después bajaría a la sala de profesores para hacer tiempo hasta los duelos.
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Eran casi las once cuando Remus y Youko entraron por una de las puertas laterales al Gran Comedor, perfectamente acondicionado para los duelos. En teoría se usaba una de las aulas más grandes pero el día anterior sufrió algunos desperfectos y la sala que más espacio disponía en aquel momento y que no estaba ocupada era el comedor.
Youko observó el ambiente. A ambos lados de la tarima que usaban para los duelos estaban los sextos años de Slytherin y Gryffindor. Había mucha tensión y miradas cruzadas entre ambas partes. Youko rogó a quien fuera que estuviera escuchando que todo fuera bien, miró a Remus, quien asintió, y avanzaron hacia la tarima, reclamando la atención de los alumnos.
-“Bienvenidos al salón de duelos. Aquí aprenderéis el arte de batiros en duelo. No toleraré hechizos malintencionados, que se ataque antes del fin de la cuenta o que se causen graves daños al contrario intencionadamente”—les informó Youko mirándolos seriamente.—“Si tengo que separar a alguien o os saltáis las reglas quedáis fuera de estas clases, y estoy segura de que Filch estará encantado de teneros con él en detención mientras duran los duelos”—amenazó la joven mirando a todos y cada uno de los estudiantes de cada casa.
-“Podréis elegir a vuestro contrincante, siempre que sea de la casa contraria. Si alguno no tiene pareja, combatirá con alguno de nosotros dos, a su elección”—explicó Remus.—“Ahora, si queréis, empezad a buscar vuestro contrincante”.
Youko y Remus observaron las parejas que se iban formando: Granger y Millicent Bullstrode, Weasley y Pansy Parkinson, Wallravenstein y... ¿Dean Thomas?, Seamus Finnegan y Blaise Zabini... y mierda, quedaban Potter y Malfoy. Nadie en las dos clases querían enfrentarse a ellos.
-“¿Qué hacemos? ¿Crees que podemos arriesgarnos a que combatan juntos?”—preguntó Youko mirando con desconfianza a los dos jóvenes que se miraban con desafío.
-“Vamos a intentarlo. Yo hablo con Potter y tu con Malfoy. Intentemos convencerles de que no se maten... O Albus tendrá nuestras cabezas”—indicó Lupin mientras bajaba de la tarima y se acercaba a Harry.
Youko suspiró y le indicó a Draco que se acercara. El chico accedió con una brillante sonrisa, aunque se le apagó un poco cuando vio lo seria que estaba ella.
-“Te lo voy a advertir sólo una vez. Si alguno de los dos sale herido de aquí la cabeza que cae es la mía y la de el profesor Lupin.”—dijo fríamente Youko inclinándose ligeramente sobre Draco para hablar en voz baja.—“Y entonces te tendrás que olvidar de conseguir cualquier respuesta”—esto último lo dijo más bajo todavía, pero por el ligero ensanchamiento de las pupilas de Draco, supo que lo había oído.
-“De acuerdo profesora. No habrá ningún problema”—aseguró Malfoy mientras Youko se incorporaba y retrocedía su atención a la clase.
Miró a Remus, quien asintió.
-“Bien, pues ya puede empezar la clase. Y ya sabéis: atacar y defender y al que se pase me lo cargo yo. ¿Zabini, Finnegan? Empezáis vosotros”—y con esto ella ocupó el final de la mesa que correspondía al lado Slytherin y Remus el otro, más que nada para parar a cualquier alumno que saliera despedido hacia atrás por algún hechizo demasiado fuerte...
El primer duelo fue bien. Ambos contendientes se mantuvieron en las reglas y sus niveles eran bastante igualados aunque al final ganó Zabini. El siguiente combate lo hizo Weasley contra Parkinson y este podríamos decir que acabó en empate, quedando os dos medio atontados sobre la dura superficie de la tarima. Ahora, Wallravenstein se hinchó con el pobre Thomas... su nivel era realmente bueno, y Youko estuvo tentada de pararla cuando lanzó un hechizo particularmente sucio sobre el Gryffindor. Al final Dean se retiró, ligeramente magullado y Laia bajó de la tarima muy orgullosa y relajada... Los siguientes duelos fueron bastante bien. Eso sí, Youko tuvo que quitar de Crabbe y Goyle un par de hechizos que se les habían quedado cogidos y no sabían como quitar.
Y llegó lo que más temían: Potter y Malfoy subieron a la tarima. Avanzaron hacia el centro y se miraron con frialdad, pero no cruzaron ninguna palabra. Una vez puestos espalda contra espalda empezaron a avanzar hacia los extremos de la tarima. Y empezó la lluvia de hechizos. Malfoy esquivo varios expelliarmus y alguno más, aunque dos hicieron impacto. Lo mismo iba para Potter, que demostró tener bastante habilidad para levantar escudos.
De pronto, Potter lanzó un hechizo con más fuerza de lo normal, Malfoy levantó el escudo y éste, en vez de absorber el hechizo, provocó que rebotara. Hizo blanco en Youko, que no se esperaba que el hechizo saliera despedido... La lanzó hacia atrás y cayó de la tarima al suelo, dándose un fuerte golpe en el hombro izquierdo.
En menos de un segundo Lupin, Malfoy y Potter estaban a su lado, comprobando que estaba bien.
-“No pasa nada. Sólo es un golpe. No tengo nada roto”—dijo Youko mientras Draco y Remus la ayudaban a ponerse en pie. Los rostros tanto de uno como del otro eran de absoluta preocupación. Y la cara de Potter era pura angustia, ¡casi se carga a su profesora!.
-“¿Seguro que estás bien?”—preguntó de nuevo Remus mientras observaba como Youko tanteaba con la mano derecha su hombro.
-“Sí, tranquilo. Con un ungüento curativo que tengo esta noche estará perfecto”—dijo Youko mientras interiormente agradecía que el hechizo después de chocar contra el escudo hubiera perdido fuerza.—“Bien, ya habéis combatido todos. Me alegra ver que os habéis atenido a las reglas. Los que tengáis alguna pequeña herido pasad por la enfermería. Eso es todo por hoy. Nos vemos la semana que viene y recordad que la clase será por la tarde”—los despidió Youko.
Mientras el resto de alumnos salían, Harry se acercó a pedirle disculpas y ella le dijo que no pasaba nada, que había sido un pequeño accidente sin mayores consecuencias. Ya algo más tranquilizado, el chico alcanzó a sus amigos junto a las puertas.
-“Será mejor que vaya a mi habitación y me aplique ese ungüento para que esto cure pronto.”—le dijo a Remus mientras se dirigían a las grandes puertas.
-“¿Quieres que te acompañe?”—ofreció Lupin más relajado ahora que veía que Youko no tenía nada más que un fuerte golpe.
-“No, gracias, no es necesario. Nos vemos en la comida”—y con esto se empezó a alejar por el pasillo, mientras Remus tomaba la dirección opuesta.
Cuando giró la esquina se encontró con que Draco estaba esperándola. Youko lo miró como diciendo ¿Y tú que haces aquí?.
-“¿Puedo acompañarte hasta tu habitación?”—preguntó dudoso.
-“Puedes acompañarme hasta la escalera, pero no más allá”—contestó Youko después de pensárselo unos instantes. Draco asintió y empezaron a caminar en silencio.—“Combates bien, pero la próxima vez levanta un escudo que absorba los hechizos, no sea que rebote y le de a otro”—comentó Youko después de unos minutos, rompiendo el silencio.
-“No volverá a pasar. Realmente pensé que rebotaría al techo, no hacía ti”—confesó Draco mientras pasaban junto a la puerta de entrada de la sala común de Slytherin.
-“Esas cosas son impredecibles. Ten más cuidado la próxima vez”—dijo la joven mientras alcanzaban las escaleras que conducían a su habitación. Youko pareció pensar un momento hasta que habló.—“Dame un poco más de tiempo para pensar las cosas, ¿de acuerdo Draco?. Te prometo que tendrás una respuesta pronto”.
-“Tomate el tiempo que necesites”—se apresuró a contestar Malfoy mientras ella empezaba a subir las escaleras. Youko sonrió levemente y continuó subiendo. Cuando Draco la vio desaparecer tras una vuelta de las escaleras, se alejó en dirección a su sala común.
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La reunión de la tarde había sido horrible. Severus estaba que echaba chispas, todavía de un humor de perros desde el lunes, McGonagall le había preguntado un par de veces si no sabía donde encontrar a Saffron Bahn. Al parecer había venido a visitarla un amigo y no hubo forma de encontrarla. Youko dijo que si no estaba en su habitación ella no sabía dónde podía estar. Flitwich había preguntado sin parar sobre la marcha de los duelos y sinceramente, Youko estaba empezando a desarrollar un horrible dolor de cabeza.
Al final los horarios de exámenes quedaron totalmente fijados y se discutieron algunas cuestiones más relativas a las clases.
Cuando Youko se metió en su cama aquella noche, se quedó dormida casi al instante, dejando que el agotamiento hiciera acto de presencia.
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Toda la mañana del jueves no fue realmente nada especial. Clases, correcciones de trabajos, Severus aún furioso, Saffron con ojeras más marcadas si cabe, Charlotte desaparecida... Lo normal últimamente, vamos.
Pero la tarde trajo de nuevo la inquietud a su mente en la forma de Lucius Malfoy parado delante de la puerta de su habitación. Respirando hondo varias veces se acercó al mago.
-“¿Puedo ayudarle en algo, señor Malfoy?”—Youko casi escupió el nombre, hablando con toda la dureza que podía encontrar.
-“No hay necesidad de ser tan brusca, querida. Tan sólo venía a traerte esto”—Lucius le ofreció un sobre. Youko lo miró dudosa antes de tomarlo.—“Pensé que a mi hijo le daría vergüenza dártelo personalmente”.
Youko se puso pálido a la mención de Draco, pero procuró no mostrar su tumulto interno en sus ojos. Mirando una vez más a Malfoy, abrió el sobre y sacó la tarjeta, y todavía se puso más lívida:
Srta. Youko Silvara.
Queda ud. invitada a la fiesta de cumpleaños de Draco Malfoy, que se celebrará en la mansión de los Malfoy el próximo sábado día dos.
Atentamente: Sr. y Sra. Malfoy.Youko se quedó con la tarjeta en la mano, sin saber que hacer.
-“Espero que no faltes”—murmuró Lucius en su oído. ¿Cuándo demonios se había acercado tanto?
Youko no respondió. Levantó la vista, lo miró fríamente y apartándose de él, se metió en su habitación y cerró la puerta. Lucius la observó esconderse en su dormitorio y se alejó riendo suavemente por el pasillo hacia las escaleras.
Entretanto, en su habitación, Youko empezaba a preguntarse que haría el día dos... y si debía avisar a Draco... o a Severus... Severus... ahora que lo pensaba, a lo mejor el profesor Snape iba... siempre podía convencer a Draco de que lo invitara... pero antes que con Draco, hablaría con Severus... porque dudaba mucho que no pudiera negarse a la invitación...