Youko realmente prefería no pensar en por qué le había sonreído a Draco, así que dando la vuelta se dirigió hacia donde creía que había dejado a Remus. Pero no lo vio. Mirando un poco por los alrededores del campo los vio a él y a Charlotte hablando, mientras se dirigían al bosque prohibido. Bueno, por lo menos no estaban volando hechizos y maldiciones entre los dos, así que encogiéndose de hombros se encaminó al castillo. Ya entrando, se encontró junto a las puertas al trío maravilla, observando en la dirección de Remus y Charlotte, mirando con ligera mala cara a ésta última. Esto la extraño, y dejando que su curiosidad ganara preguntó.
-“¿Les sucede algo con la señorita Jenkins?”—pregunto con voz aterciopelada pero fría, una técnica que había aprendido de Snape, y que para su placer, hizo botar a los tres adolescentes.
-“No... no es nada”—tartamudeó Harry, pero se tranquilizó al ver que ella no los estaba reprendiendo.—“Es que actúa de forma extraña alrededor del profesor Lupin”—confesó. Tal vez Youko supiera algo. La habían visto alguna vez con Jenkins.
-“¡Harry!”—susurró Hermione, evidentemente molesta de que Harry le hablara de sus sospechas a una chica que apenas habían tratado y que además era una Slytherin... aunque se llevaba muy bien con el profesor Lupin.
Youko arqueó una ceja mirándolos un poco más firmemente.
-“No creo que tengáis que tener sospechas sobre ella. Ciertas... cosas sucedieron entre ambos. Y aunque yo solo conozco retazos de la historia, no creo que sea conveniente que os informe. Es algo privado entre los dos”—les aclaró Youko con tono firme, dejando bastante claro que no iba a explicarles nada.—“Así que os repito que no tenéis nada que sospechar de ella.”
Los observó un momento más y esperó a que ellos asintieran, dando a entender que habían cogido el punto. Se despidió de ellos deseándoles un buen día y empezó a alejarse. Albus le había pedido que se pasara por su despacho para hablar de un pequeño detalle en las clases de duelo. “Veremos que pasa ahora...”, pensó Youko mientras subía las escaleras, “Y como me ofrezca más té se lo meto por las orejas”.
Deteniéndose frente a la gárgola que daba acceso al despacho del director, musitó la contraseña y subió. Cuando entró el único ser viviente que había era Fawkes, el fénix. Se entretuvo acariciándolo hasta que el director apareció por una puerta lateral.
-“¡Buenos días querida!”—saludó Albus con su sonrisa amable y los ojos azules chispeantes.—“¿Te apetece un poco de té?”—ofreció el hombre mientras se sentaba y le indicaba a Youko que hiciera lo mismo.
-“Yo lo mato...”—pensó Youko ocupando una silla al otro lado del escritorio del director.—“No, gracias, Albus. Preferiría ir directa al grano. ¿Qué pasa ahora con el salón de duelos?”—cuanto antes terminara, antes podría disfrutar del sábado. Tenía pensado coger un buen libro y sentarse junto al fuego a leer. O a lo mejor bajaría al despacho de Snape a incordiarle un poco... desde que había hablado con él había descubierto a una maravillosa persona... sólo con sus Slytherins... y siempre que no le tocaras demasiado las narices...
-“¡Oh! Tranquila querida, no es nada importante. Pero he decidido que hagáis unos pequeños cambios en los grupos. Me parecería mejor que juntarais las casas de dos en dos, como se hace en algunas de las clases, así que a partir de ahora irán por cursos y por casas: Ravenclaw-Hufflepuff y Gryffindor-Slytherin. ¿Te supondrá algún problema?”—preguntó el director mirándola por encima de sus gafas de media luna.
-“Ya está”—pensó Youko—“A perdido definitivamente la cabeza. Que alguien llame a los loqueros de San Mungo y se lo lleven, por favor...”. Se había puesto momentáneamente pálida al oírlo, después pasó a roja y después pálida otra vez.
-“P-pero Albus. Eso será una locura. Esta bien que en algunas clases los pongas juntos, pero aquí pueden volar hechizos a diestro y siniestro. ¡Será un infierno!”—Youko intentó que el director cambiara de opinión. ¿Gryffindor y Slytherin juntos en un salón de duelo? No no no. Aquello era un suicidio.
-“Es bueno que las casas se relacionen entre sí, querida. Y en el salón aprenderán a respetar a sus compañeros...”—terció Albus mientras llevaba la taza de té a su boca y bebía un poco.
-“¿Respetar? Lo que aprenderán es como machacar al contrario y salir ileso en el proceso. ¿Lo sabe Remus? Porque no creo que a él tampoco le haga ninguna gracia”—la joven maldijo interiormente mientras hacía este último intento. Una vez al director se le metía algo en la cabeza ya no había forma de cambiarlo.
-“No, eso te lo dejo a ti. Y ahora que ya está todo dicho creo que puedes retirarte para disfrutar de este maravilloso día”—dijo Albus mientras ambos se ponían en pie y se dirigían a la puerta.—“Por cierto, querida, si alguna vez tienes algo que decirme no dudes en hacerlo”—añadió el director remarcando esta última frase con una mirada intensa sobre sus pequeñas gafas.
Youko palideció ligeramente pero negó con la cabeza.
-“Gracias, Albus. Si tuviera algún problema te avisaría”—dijo en voz alta Youko mientras por dentro pensaba: “¡Ja! Como si fuera a decirle mis problemas con los Malfoy...”. Despidiéndose con una ligera inclinación de cabeza bajó hasta el pasillo y, habiendo perdido un poco las ganas de acurrucarse junto al fuego, se fue a inspeccionar el salón de duelos para comprobar que todo estaba en orden y listo para el lunes. Tal vez sería conveniente poner alguna protección más...
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Al final, después de aumentar un poco más la seguridad del salón, optó por quedarse en su habitación leyendo en vez de ir a visitar a Severus. Por la noche, a la hora de la cena, informó a Remus de los cambios que había hecho el director. El pobre casi se ahoga con el zumo de calabaza que estaba tomando. Evidentemente, también pensaba que el director había perdido la cabeza esta vez. Finalmente empezarían el lunes, y que fuera lo que los dioses quisieran...
El domingo lo pasó bastante ocupada ayudando a un par de alumnos de Ravenclaw con unos problemas de DADA. Con tanto cambio de profesor todos los años, tenían algunos conceptos un poco perdidos. La tarde la pasó jugando con Severus al ajedrez, y por supuesto, no ganó ni una partida, para su total fastidio. Malfoy había hecho un intento de acercarse a ella cuando se cruzaron delante de la puerta de la sala común de Slytherin, pero Youko fue más rápida subiendo las escaleras de la torre y encerrándose en su habitación. Aquella noche no bajó a cenar al comedor, estaba demasiado cómoda en el sillón, repasando toda la semana en su cabeza. Cuando se acostó, lo único que le vino a la mente fue: “Como mañana me levante y vuelva a tener a Lucius Malfoy en mi puerta, juro que se la estrello en las narices...”.