Si había algo que Saffron odiara, era estar sola. Por eso, cuando Youko la alcanzó en el pasillo camino del comedor, y se puso a hablar con ella, se sintió feliz. Youko resultó no ser tan fría como le había parecido en un primer momento. Y de repente, el momento fatídico: Youko le preguntó por los gritos de Snape la tarde anterior.
Saffron se sonrojó violentamente y se lo contó todo. Bueno, casi todo. Por algunas miradas divertidas de parte de Youko, se preguntó si realmente se habría dado cuenta de su “debilidad” por Snape. Mierda, tenia que aprender a no ruborizarse cada vez que alguien pronunciara la palabra “Snape”. Algo realmente difícil en el colegio.
Cuando llegaron al comedor, Youko siguió con Remus Lupin hasta la mesa de los profesores. Ella saludó al profesor con una cálida sonrisa, y se despidió de Youko alegremente. Después de todo, era muy posible que hubiera mucho por descubrir en Youko Silvara.
Saffron pasó el resto de la cena pensando en la llave que le había dado Snape aquella tarde, y que ahora ella llevaba colgada de una cadena al cuello. Le había emocionado tanto que se la diera; por lo inesperado del gesto...
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Cuando terminó de comer, subió enseguida a su habitación. Snape le había hablado de una rara poción para encontrar siempre el norte, muy útil para magos viajeros. Comprobó la receta en el libro, y sonrió satisfecha: Sambucus Níger , Saúco, cuyas hojas eran imprescindibles para aquella poción.
Saffron había tenido la (en su modesta opinión) maravillosa idea de sorprender a Snape con aquella poción, era obvio que necesitaba las hojas de saúco. Y como Saffron sabía (porque se lo había dicho él aquella tarde) que en el bosque crecían saúcos, pues decidió ir a buscar ella misma las hojas, y adelantarse a Snape. Después de tanta metedura de pata, cualquier cosa que hiciera para que él comprobara que se tomaba el trabajo en serio, no estaba de más.
Iría aquella misma noche, ya que las hojas debían cortarse por la noche. Ya tomada la resolución, se dispuso a cambiarse de ropa, y a abrigarse bien, que fuera hacía mucho frío.
- ¿Y tu qué?- le dijo a Ein cuando ya estaba a punto de salir- ¿me acompañas?
El gato negó con la cabeza, estirándose despreocupadamente delante del alegre fuego que ardía en la chimenea.
- Anda, que tener gato para esto... mira que eres vago... esta bien, quédate aquí- dijo ella levemente malhumorada.
Lo cierto es que no le hacía ninguna gracia salir a aquellas horas. Y mucho menos al Bosque Prohibido. Conforme se iba alejando del castillo y se iba adentrando en la cercana oscuridad del bosque, más se cuestionaba si la idea era tan buena. “Todo sea por que Snape esté satisfecho conmigo” se dijo filosóficamente “además, el bosque no tiene porque ser tan malo... ”. “Si, claro” dijo una vocecita impertinente dentro de su cabeza “por eso Dumbledore prohíbe el paso, porque ahí celebran fiestas todas las noches...”
Odiaba la parte cínica de si misma.
Apenas se había adentrado diez pasos en el bosque, cuando comenzó a oír extraños ruidos. Saffron se estremeció involuntariamente: lo cierto es que estaba muerta de miedo. Lo único que quería era encontrar un saúco lo más rápido posible, arrancarle las puñeteras hojas, y volver a la segura calidez de su habitación.
Siguió caminando. Apenas se atrevía a mirar a los lados, ya que constantemente le parecía ver sombras revoloteando cerca suya. Escuchó lo que le pareció un gemido ahogado, y un lamento, y a punto estuvo de salir corriendo de allí. Aun así, la idea de hacer un buen trabajo, la mantuvo en la búsqueda del árbol. No en vano era una Ravenclaw.
De repente, algo le hizo parase en seco. Había escuchado un grito. y era humano, sin lugar a duda. Un grito de dolor absoluto. Ya no la pareció tan buena idea ir a coger las hojas de saúco. Se dio la vuelta, buscando el camino de regreso. Recorrió unos pasos asustada.
¿Por donde había venido? ¿por ese camino, o por aquel otro? Estaba hecha un lío. Ahora comprendía porqué aquella poción era tan útil. Se oyó otro grito, y de nuevo se hizo el silencio.
Esta vez, Saffron no esperó. Salió corriendo, en la dirección que ella creía que era la correcta, pero sin estar segura del todo. Súbitamente, unos brazos salieron de la nada y la atraparon. Hubiera gritado, si no hubieran cubierto su boca con una mano. Saffron creyó que iba a desmayarse de miedo.
- ¿Qué está haciendo aquí?- le preguntaron duramente al oído en voz baja.
“Profesor Snape!!” Pensó ella asombrada, pero no atinó a decir nada.
- Le pregunto de nuevo, señorita Bahn ¿Qué está usted haciendo en el bosque prohibido a estas horas?.- la voz de Snape se introducía venenosamente en su interior- Si no me contesta, deberé asumir que no estaba planeando nada bueno...
Él la seguía sujetando fuertemente contra su cuerpo, su mano en el cuello de ella. “Tiene las manos frías” fue lo primero que se le pasó por la mente a Saffron. Sin embargo, no fue eso lo que dijo.
- Yo.. profesor.. Yo... estaba buscando un saúco... quería coger unas cuantas hojas.. la poción...- era consciente de que lo que estaba diciendo no era coherente, pero ¿cómo quería que pensara en condiciones estando tan cerca de el?. Sintió que, de repente, hacía mucho calor en el bosque.
- Niña necia y estúpida- dijo Snape, aun sin creerla completamente. Él la apretó a aun más fuerte contra si, el aliento en el cuello.- ¿Qué es lo que ha visto?.
- No.. yo no.. no he visto nada, profesor, se lo juro... no he oído nada- Saffron habló atropelladamente, asombrada de que sus ropas no hubieran ardido ya- Se lo juro...
Él la soltó al fin, y Saffron suspiró imperceptiblemente. Él la miró, dudando de su inocencia, y calibrando cuanta verdad había en sus palabras. Ella estaba completamente acalorada, y evitaba mirarle a la cara. “Esconde algo, es seguro” pensó él, achicando los ojos “pero, ¿qué?”.
- Es usted una imprudente por andar sola por el bosque a estas horas- dijo Snape con una voz particularmente desagradable, acercándose peligrosamente a ella.- corren tiempos oscuros, señorita Bahn, y usted sale de paseo como si esto fuera una plaza pública. ¿Desea una muerte dolorosa? ¿Acaso quiere jugar con fuego, señorita Bahn?.
Snape estaba tan cerca, que si ella no hubiera tenido la cara vuelta hacia un lado, lo hubiera podido besar sin moverse. Pero no volvió la cara hacia él. Se quedó quieta, esperando a que pasara el chaparrón, y pensando que había vuelto a meter la pata.
- Yo... lo siento mucho, profesor- dijo ella, mientras un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas- De veras que lo siento...
Snape pareció sorprendido por las lágrimas. Si estaba mintiendo, realmente era una buena actriz.
- Vuelva a su habitación, señorita Bahn- dijo él, y, no sabía por qué, la voz pareció un poco menos dura que antes. Pero solo un poco.
Ella se limpió las lágrimas con la manga, y asintió. Se dio la vuelta, y comenzó a caminar hacia el castillo. Solo llevaba unos cinco o seis pasos, cuando se dio la vuelta.
- Profesor... me he perdido, y no sé volver... - dijo en voz baja y avergonzada. Casi esperaba alguna maldición imperdonable por parte de Snape.
El profesor la miró furioso, y suspiró exasperadamente.
- Está bien, yo la llevaré hasta el límite del bosque. Pero dese prisa. Tengo cosas que hacer; no crea que vengo al bosque a pasear por gusto.- y dicho esto, comenzó a caminar a grandes zancadas.
Saffron la siguió todo lo rápido que pudo. Estuvo a punto de caer, al tropezar con una rama caída. Sin esperarlo, el profesor Snape tendió el brazo hacia ella, para ayudarla a caminar. Ni siquiera se volvió a mirarla cuando ella aceptó su mano.
- Gracias- musitó ella.
- Lo último que necesito es que se caiga y me haga perder mas tiempo- rezongó él. Siguieron caminando deprisa, cogidos de la mano, ella detrás de el.
De repente, a Saffron el bosque no le pareció tan oscuro, y sus sonido tan amenazadores. Cogía su mano con fuerza, apretándola de tanto en tanto. Se sentía segura con él, sabiendo que no dejaría que le pasara nada. Casi le daba pena que se acabara el bosque, y él la dejara sola.
Tan ocupada estaba pensando en esto, que no se acordó de los gritos que había oído; ni sabía que la garganta que los había proferido yacía muerta en un claro del bosque. Tampoco se percató de que una sombra alta la había visto, alguien que no olvidaría su cara y que creía que había visto mas de lo que debía.