Laia golpeó la mesa con fuerza.
“Gilipollas”
Se insultó varias veces a si misma durante unos segundos. ¿Cómo había sido tan imbécil de olvidar copiar esas cantidades que eran necesarias para realizar la poción? Tenía trabajos, centenares de trabajos, debía ducharse, ir a hablar con Snape y además de estar perdiendo el tiempo con la poción, no había copiado cuanta sangre y cuanta árnica era necesaria.
Se apoyó en la silla y miró la sala común. Por fortuna estaba vacía... desde hacía demasiado rato. Agarró su bolsa y metió la libreta dentro. Tendría que volver a la sección prohibida esta noche.
"Maldita sea"
Se dirigió a la puerta de salida para ir a las cocinas a comer algo cuando de pronto oyó unos ruidos fuera. Parecía haber una buena reunión, pues se oía un griterío y un cúmulo de increpaciones que parecían estar a punto de terminar en pelea.
"Cómo salga y vea a Potter y sus amiguitos pavoneándose les paso el mismo té que le dí a McGuillan"
Bajó el paño para salir pero...
Imposible, el paño no respondía, estaba completamente helado e inmóbil. Apoyó su oreja en la puerta y alcanzó a oir una voz masculina bastante enfadada que se iba acercando al lugar.
- ¡Dejad paso!
¡Ignis fluxus!Laia abrió los ojos alucinada al oir el hechizo [no es que lo conociera, es que sabía que significaba en latín] y se apartó rápidamente de la puerta. Un torbellino de fuego prendió la cerradura al rojo vivo y se oyó un “
Auch” proveniente del cuadro responsable de las contraseñas. Lentamente, la puerta se fue abriendo, dejando ver un enorme contingente de slytherins embobados mirando como un lejano descendiente de los Black intentaba apagar varios fuegos dentro de su lienzo.
Jameson entró el primero, farfullando indignado.
- A ver si en vez de llamar continuamente a Snape cambiamos a Black por otro, que no hace más que crear problemas.
“¡Te he oido maldito bisnieto de squib!”
Black, completamente airado, fue insultando a cada uno de los alumnos que entraban en la casa, que estaba cada vez más llena de alumnos deseosos de encontrar un sitio en las mesas del lugar y pasar charlando las horas muertas de la tarde.
Laia salió de la sala e intentó alcanzar al profesor Snape. Teniendo en cuenta lo rápido que andaba Severus Snape, no le alcanzó hasta cruzar medio colegio. Igualmente, Snape parecía inusualmente tranquilo, teniendo en cuenta las suaves y casi agradables miradas de persona normal que desprendía.
- Profesor... Le quería pedir el horario de las reuniones y unos permisos para usar el campo de quiddich para entrenar durante esta semana.
Severus Snape frunció el entrecejo y con una mueca [amago de sonrisa] asintió. Incluso se permitió el lujo de opinar.
- Muy buen partido Wallravenstein. Gracias a la enfermedad de McGuillan hemos podido apreciar su talento en el campo. Supongo que ya sabe que es titular para toda la temporada.
Laia le sonrió simulando modestia mientras echaban a andar.
- Venga a mi despacho, tengo los horarios sobre la mesa. En cuanto a los permisos, no será difícil, teniendo en cuenta que últimamente Gryffindor y Hufflepuff tienen monopolizado el campo.
- Bueno, el caso es que...
Pero Laia no llegó a terminar nunca la frase, pues una vez Snape hubo abierto la puerta del despacho, lo que vio en su interior la dejó sin palabras.
Lucius y ¿Saffron?
Aún de espaldas, Lucius era completamente reconocible. De pronto se giró, despacio, muy despacio, y sin percatarse de la presencia de Laia fijó su vista en Snape.
- Ah, Severus. Te estaba esperando. Aquí está todo. Escríbeme cuando hayas llegado a una conclusión.
Laia miró a Saffron completamente alterada. Una especie de odio mezclado con celos bullía en su interior. No le importaban las apariencias, en ese momento su entrecejo no podía estar mas fruncido. Oyó la sigilosa voz de Lucius de nuevo.
- O mejor no te preocupes, vendré de vez en cuando por aquí.
La reacción de Saffron ante lo dicho por Lucius fue un ligero respingo que Laia no supo interpretar ¿Simples nervios? Quizás un poco de miedo, el señor Malfoy imponía y bastante gente evitaba tratar con él, tenía buenos contactos y poder político. Intentó descubrir en los ojos de Saffron la explicación a esa situación. ¿Saffron y Lucius? No podía ser ¿Saffron tenía tratos con Lucius? ¿Y porque estaban tan peligrosamente cerca? ¿Acaso a Lucius le interesaba Saffron por algo? ¿Va a venir a verla otra vez? ¿Por qué ella? ¿Por qué? ¿Por qué?
Laia bajó la mirada. Estaba furiosa. De reojo vio como la capa de Lucius se movía y éste desaparecía del despacho de Snape. No quería hacerlo, quería quedarse allí, inmóbil, recoger el papeleo que tenía que recoger y largarse.
- Disculpe profesor, olvidé un libro en la biblioteca y temo que lo pillen antes que yo.
Y en un momento ya estaba corriendo por los pasillos buscando a Lucius Mafloy con la mirada.
“Eres débil”
Si, seguramente eso le diría Lucius Malfoy cuando le encontrara.
Lo curioso del caso es que no hacía falta que Laia le buscara, Lucius Mafloy también la estaba esperando esta vez.
La sorprendió en una esquina y la hundió entre las sombras. La miró fijamente y sonrió con ironía.
- ¿Descubres de antemano mis visitas a Severus Snape o debería pensar que pasas demasiado tiempo en su despacho?
Laia abrió los ojos desconcertada. ¿Pero qué intentaba decir? ¿Qué se pasaba el día entero en el despacho de Snape POR VOLUNTAD PROPIA?
- Quizás... eres tu quien va demasiadas veces.
Lucius se apartó un poco.
- ¿Qué libro tienes que ir a buscar?
Lucius intentó simular una sonrisa que pretendía ser paternal, aunque no lo consiguió. Laia abrió la boca y vaciló.
"No se le escapa una"
- ¿Acaso es importante? Uno de Defensa.
Laia agarró la bolsa con fuerza. Lucius sonrió, no se lo había creído.
- Temo decirte que el libro que buscas ya está cogido.
Laia abrió los ojos perpleja. ¿Cómo podía saber él...? ¿Es que la estaba espiando? Lucius vigiló que nadie les escuchara y continuó hablando.
- La sección prohibida está más concurrida de lo que piensas. El caso es que... hay gente que si puede coger libros de esa sección y da la casualidad que el libro que necesitas lo tiene otra persona.
Con nerviosismo, Laia se quedó mirando el suelo. Lucius continuó.
- Tengo que irme ahora, si me ve Dumbledore aquí podría sospechar.
Y así se fue, sin despedirse. Laia miró el pasillo ahora vacío y suspiró. Arrastró los pies y se dirigió a las mazmorras a buscar los horarios y los permisos.
Cuando entró en el despacho se encontró a Snape recostado en su sillón. De Saffron no había ni rastro. Se fue acercando con cautela, y de reojo vio un tarro estrellado en el suelo.
“Señor, ya vuelve a estar de mal humor”
Snape cogió furioso un fajo de hojas y se las acercó a Laia.
- Tome ¡Y lárguese!
_____________
Ya recostada en la cama Laia hizo un resumen del día. Horrible. No había conseguido el libro, Lucius Malfoy conoce a Saffron Bahn [y de cerca, además] y Severus Snape daba verdadero miedo.
Cogió el horario de prefectos. La reunión del martes [es decir, mañana], había sido violentamente tachada. No, no habría reunión, Snape estaba demasiado enfadado.
Laia solo podía regocijarse en el sufrimiento y el dolor psicológico que tendrían que sufrir mañana los gryffindor en pociones con un Snape tan furioso y alterado.
Pansy se acercó a Laia y le arrebató los horarios de un golpe. La sonrió maliciosamente y espetó.
- Voy a enseñar los horarios a Draco.
Laia la miró lacónica y, una vez Pansy hubo salido fuera de la habitación, una chica llamada Maggie susurró divertida.
- Ni con esa excusa Draco dejara que Pansy entre en su habitación.
- ¿Están peleados?
Maggie vaciló.
- No... solo que últimamente Draco se ha puesto muy rebelde y parece ser que eso de tener prometida le da repelús. Un Malfoy se moderniza... No me lo puedo creer.
Y dicho eso empezó a reir. A que reprocharle nada. Era cierto, los Malfoy eran muy antiguos en costumbres, tremendamente tradicionales y conservadores. Ella también se había criado en un entorno similar y conocía lo suficiente a los Malfoy como para asegurar que era de las familias más ideológicamente intransigentes.
Ciertamente, Pansy volvió a los pocos minutos con el mismo número de papeles con el que había salido de la habitación. Bufaba exasperada.
_____________
A Laia le resultó imposible conciliar el sueño. Estaba demasiado nerviosa y frustrada. Si, frustración era la palabra. Esa noche la luna reflejaba toda la estancia, y con el sueño ligero que tenía le resultaba imposible dormir. Además ¿No hacía mucho calor? Bajó de su cama y se puso en pie. Un ligero mareo le dio a entender que tenía la tensión baja. Salió de la habitación.
Allí, en la sala común, inusitadamente coloreada de azul cielo debido a la luna, estaba Mary-Sue, su gata, que con el contraste de luz resultaba fantasmagórica e irreal. De pronto su gata empezó a moverse lentamente y Laia la siguió con la mirada, completamente hechizada por sus movimientos. Ésta parecía querer salir de la sala común y bajar las escaleras de la torre, y así lo hizo. Una vez abajo, Laia estaba casi dormida debido a un extraño cansancio, seguramente fruto de los nervios que había pasado durante todo el día.
Y allí, en la enorme antesala de la torre, la gata fue acercándose a una persona. La luna que traspasaba las vidrieras reflejaba perfectamente una larga mata de cabello rubio, que en ese momento parecía platino.
“Lucius Mafloy”
Lentamente, bajo su capa oscura, la silueta de Malfoy fue acercándose a Laia, que no hizo nada para evitar ser acorralada. Él se acercó lo suficiente como para que ella pudiera sentir su cálido aliento.
- Tengo un regalo para ti.
Laia hizo una mueca extraña e intentó mantener la mirada de Lucius [algo prácticamente imposible, tratándose de Lucius Malfoy]. Él se acercó más y, de manera estudiada, juntó su mejilla contra la de ella, acercándose a su oreja, cuando le susurró.
- No me ha sido difícil, Bahn es una buena chica y no se ha dado cuenta.
Laia abrió los ojos furiosa y se rebeló contra Malfoy, pero siendo tan alto le impedía moverse. Aún así, ella en realidad no quería liberarse.
Con las piernas cada vez más débiles, Laia sintió como Malfoy cogía su mano y le daba algo. Era un libro.
Luego le levantó la cara con un pulgar y se acercó hasta casi rozar sus labios.
- Confío en que sea el libro que necesitabas.
Al momento se alejó lentamente, dejando a Laia apoyada en la pared mirándolo fijamente. Cuando él hubo marchado, Laia desvió perezosamente su mirada al libro.
“Secretos y misterios de las civilizaciones perdidas”
Sonrió levemente, una sonrisa que se apagó cuando cogió el libro y vio que algo sobresalía en su interior.
"¿Un punto de libro?"
Abrió el libro por el lugar donde se encontraba el papel blanco.
“Pociones centro-americanas: La riqueza del Yucatán, por A. J. Malfoy."
Luego se fijó en el papel.
Era un delgado sobre.