Los días pasaron sin pena ni gloria. La vida en el castillo se convirtió en una monotonía agobiante, llegó incluso a desear que las cosas se precipitasen de una vez por todas y así terminar con todo. Sabía que así iba a ser. Sabía que quizá fuese lo mejor. No podría seguir así eternamente. Y sus días se habían convertido en una eternidad.
Encerrada en su habitación día y noche, sólo salía de ella para ir al Comedor o para de vez en cuando subir a la lechuzería a ver si Hilina había llegado por fin.
Pero la condenada lechuza seguía sin aparecer.
Vivía en un constante estado de sueño en vela en el que todos los documentos que releía continuamente se iban sucediendo por su cabeza, cada vez con menos sentido, cada vez más liados.
Llegó un momento en el que incluso destrozó algunos, la falta de soluciones y de información en ellos la dejaba fuera de sí, aunque como bien sabía cuando lo había hecho, los volvió a recomponer con un sencillo conjuro.
Todos sus papeles estaban intactos esparcidos por toda la habitación. Igual que siempre lo habían estado. Igual que como temía, lo seguirían estando mucho tiempo más.
Cuánto disfrutaría cuando pudiese quemarlos por fin.
Pero ¿y si no llegaba a hacerlo?
Eso daba igual, porque entonces ya estaría muerta, y no le importarían para nada los malditos papeles.
Para colmo de males tenía más cosas en las que pensar. Su mente se distraía continuamente cuando le veía. Y el verle hacía que pensase en él en cualquier otro momento.
Remus.
Con el paso de los días se percató cómo Remus empezaba a tomar un aspecto enfermizo. Reconoció al instante los síntomas, no fallaba, nunca fallaba, en unas pocas noches habría luna llena. Eso hizo que comenzase a observarle más aún. ¿Seguiría tomando la poción matalobos? Suponía que sí, sino sí que sería un problema.
"Se la debe de preparar Severus." Pensó un día Charlotte. También supuso que no con mucho cariño. Había observado la relación que había entre ellos durante el poco tiempo que les había visto juntos, además les conocía muy bien a los dos. "Probablemente Severus le odia." Y como llevada por un pensamiento involuntario: "¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo?"
Y como había predicho, un día Remus dejó de aparecer por el Comedor, la silla situada entre Severus y Youko permaneció vacía durante pocos días, días en los que a todas sus preocupaciones se unió la de saber cómo debía de estar pasándolo de mal Remus. "¿Por qué tengo que sentir tanta lástima?"
Pasaron los días y Remus volvió a su sitio en el Comedor, en cambio ella seguía igual. Los pocos momentos que pasaba entre personas los dedicaba a hablar con Severus. No había vuelto a intercambiar ninguna palabra con Youko desde aquel Sábado, y a decir verdad no habría sabido qué decirle. Tampoco sabía si Youko habría sido capaz de decir nada, no sabía siquiera qué era lo que pensaba ahora de ella. Tampoco sabía qué era lo que pensaban ellos...
A pocos días del primer famoso partido de Quidditch de la temporada se percató de que la observaban. Sabía que desde el principio lo habían hecho, pero había desatendido demasiado esa cuestión. Desde la mesa de Gryffindor comenzó a divisar las miradas de inquietud, intriga y odio que llegaban hasta ella. Había tenido la esperanza de que la sensación de intromisión que sintió desde el primer día que apareció ante ellos no durase demasiado, pero contrario a lo que ella quisiese, Potter, Weasley y Granger la observaban casi de continuo.
Sabía que tenía que hacerse cargo, quizá por eso decidió ir al partido Slytherin-Ravenclaw. Como había supuesto, Severus la invitó a sentarse en la grada de profesores, Charlotte agradeció el gesto y fue junto a él. Allí también se encontraban Youko y Remus, aunque para no cambiar la continuidad de las cosas, persistió con la misma actuación que de costumbre.
Las cosas no tomaron ningún camino extraño, a decir verdad no prestó demasiado atención al partido. De vez en cuando Severus hacía algún comentario, estaba claro que este año su casa estaba decidida a ganar por fin la Copa de las Casas, así que se encontraba un tanto nervioso con el asunto.
- "Puede que no lo sepas, pero todos los años de un tiempo para acá, por un motivo o por otro, Gryffindor acaba ganando la Copa." - Le había comentado Severus, con un cierto aire de desdeño.
- "¿Y a qué se debe?" - Preguntó Charlotte un tanto distraida.
- "A lo mismo de siempre, a ese trío que puedes ver allí." - Ese comentario hizo que Charlotte se sobresaltase, Severus le había indicado claramente a Potter y sus amigos. Severus continuó con un tipo de explicación ante el sobresalto de ella. - "Claro que recuerdo que tu también eres Gryffindor." - Dijo con un cierto tono de amargura.
- "También espero que recuerdes quién soy yo fuera de toda clase de marcas." - Respondió Charlotte casi con el mismo tono de voz que él, como intentando decir: 'no olvides que eso hicimos nosotros'. - "Eso ha sido un golpe bajo, Severus, y ya recibo muchos de mi madre." - Concluyó ella con un sonrisa.
- "¿Sigue recordándotelo?" - Preguntó Severus también con un ligero tono de sorna.
- "La última vez que hablé con ella su despedida fue algo así como 'Alguien tendría que deshacerse de una vez de ese andrajoso sombrero viejo!.' Claro que para entonces ya había cerrado la comunicación, aunque supongo que seguiría maldiciendo un buen rato ella sola." - El recuerdo de esa imagen hizo que Charlotte comenzase a reírse sola. Severus también sonrió lo suficiente para demostrar que la situación le hacía gracia, pero sólo lo suficiente como para no perder la compostura.
Ella no se dio cuenta, pero su risa suscitó la atención de alguien que no dejaba de mirarla, Remus Lupin, sentado unos asientos más atrás la observó como si fuese la primera vez que la veía en mucho tiempo. Hacía tanto que no la oía reír...
Al término del partido Charlotte ya sabía que tenía que hacer, se despidió de Severus y deslizándose entre la muchedumbre consiguió alcanzar a Potter, tenía que hacer algo si quería impedir que hiciesen de las suyas.
- "Hola. Interesante el partido, ¿verdad?" - Comentó ella sin darse cuenta que ni siquiera había atendido a él.
- "No sé para quién." - Bufó Ron, parecía no haberle gustado el resultado.
- "¿Quería algo?" - Preguntó Hermione con un tono más allá de la antipatía.
- "Tan sólo saludaros..." - Como, que...
- "¿Sigue con su trabajo aquí?" - Preguntó Harry. De los tres, tan sólo Hermione parecía sentir verdadera antipatía hacia ella, pero el problema sería si de todas formas se decidiesen a meterse en líos otra vez.
- "Sí..." - Iba a seguir hablando, aún no había ni comenzado a trazar su línea de juego cuando vio acercarse a Remus.
- "Bueno chicos, ¿así que el próximo lo jugáis vosotros?" - Comentó él desde lejos con una ligera sonrisa en los labios.
- "Así es profesor." - Asintió Ron deseoso a que llegara ya el día.
Charlotte no tuvo oportunidad, otro chico Gryffindor se acercó al grupo y se llevó al trío dejándolos a ellos dos solos.