Se había quedado dormida instantáneamente. Era lo que le pasaba cada vez que lloraba. Los golpes en la puerta la despertaron. Se acercó sigilosamente, dudando entre abrir o no. Finalmente abrió.
Youko la miró fijamente cuando ella abrió la puerta. Saffron tenía un aspecto horrible: tenia las trenzas desmadejadas, el vestido arrugado y los ojos hinchados por el llanto. Aun así, intentó dar una sonrisa a Youko, quedando esta en una mueca forzada.
- Ah, hola- dijo simplemente, intentando borrar disimuladamente las huellas de las lágrimas. Pero Youko ya la había visto llorar.
- ¿Puedo pasar?- preguntó educadamente. Saffron asintió, y abrió del todo la puerta.
- Siéntate, por favor- dijo Saffron, indicándole unos sillones junto al fuego, al lado de una mesa, mientras la miraba interrogante.
Youko no sabía por donde empezar. Volvió a mirar a Saffron.
- Saffron- dijo suavemente- ¿Estas bien? Te he visto en el pasillo y me ha parecido que no estabas del todo bien...
No dijo que la había visto llorando, aunque era evidente.
- No- dijo Saffron rápidamente- estoy bien. Bueno, estoy algo indispuesta... creo que es algo del estómago...
Youko la miró fijamente. Saffron estaba mintiendo, y no conseguía entender el porqué.
- Saffron – volvió a decir suavemente- ¿Has tenido algún problema con el profesor Snape?.
Por la cara de ella, adivinó que ahí había parte del enigma. Dos imperceptibles lágrimas corrieron por sus mejillas.
- Él... me ha echado del despacho... he.. he tirado un libro y... - Saffron se limpió las lágrimas con la manga del vestido. Evidentemente, no podía decirle todo lo que había ocurrido a Youko. Por un momento, se le pasó por la cabeza contárselo; pero enseguida bajó de la nube. Si le contaba lo que le había dicho Malfoy, Youko iría a decírselo a Snape, o a Dumbledore; y Malfoy la había amenazado si hablaba.
Pero había sido la reacción de Snape lo que más le había dolido. Ella había confiado en él, se sentía segura con él, y había estado segura de que, cuando entrara en el despacho y viera a Malfoy acosándola, iría en su rescate.
Estúpida y romántica idea.
Sin embargo, no había sido así: Snape había visto a Lucius casi encima de ella, y en vez de ayudarla, le había gritado, y la había echado del despacho. Ella se había sentido perdida. Estaba asustada. Aterrorizada. Desesperanzada. Y sola. Estaba sola.
Y no podía contárselo a nadie. Ni siquiera a Youko, que la miraba dulcemente, tratando de ayudarla. No podía contárselo. Solo la pondría en peligro.
Youko la miró, calibrando sus palabras. Saffron no le había contado todo, de eso estaba segura. No quería forzarla, pero si quería hacer que se tranquilizase.
- ¿Quieres que yo hable con Severus?- ante la expresión de terror de Saffron, decidió que no, definitivamente, no era una buena idea.
- NOOO, no, no- dijo Saffron asustada. Lo último que necesitaba es que Snape creyera que ella iba hablando mal de el.- si es solo una tontería...
Intentó sonreír forzadamente, pero no supo. Su cara estaba tirante como la piel de un tambor.
- Está bien – dijo Youko apaciguadoramente.- solo quiero que sepas que si necesitas hablar con alguien, puedes contar conmigo ¿ de acuerdo?.
Saffron asintió y la miró agradecida.
- Muchas gracias.
Youko negó con la cabeza.
- ¿Qué tal si bajamos a cenar?- preguntó Youko, señalando la puerta.
- No.. yo no.. mejor no... no tengo hambre, y el estómago... - la simple idea de recorrer los pasillos de noche hizo que se mareara. Y además, era cierto, no podría comer nada ni aunque se lo propusiera.
Youko asintió y se despidió. Saffron cerró la puerta tras ella, asegurándose de que estaba bien cerrada. Se puso el camisón, y se acostó.
A los cinco minutos, se levantó a comprobar si la puerta estaba bien cerrada.
Aquella noche apenas durmió. Se vio acosada por terribles pesadillas, en las que Malfoy la perseguía y Snape se reía de ella. Se despertó llorando y aferrada a la almohada. Ein se acurrucó contra ella, como intentando darle calor, y Saffron lo abrazó con fuerza.
Aquel día no salió de su habitación para nada.
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La pluma se le quebró entre los dedos. “Maldita niña estúpida” pensó Severus enfadado. Era la quinta pluma en tres días. Había pasado tres días horribles, tres días desde la ultima visita de Lucius Malfoy.
Tres días, cinco plumas rotas, dos tarros estrellados contra el suelo, y casi 150 puntos menos entre las cuatro casas.
Los alumnos también habían notado su enfado. Especialmente los gryffindors. La furia de Snape había caído sobre ellos como una plaga bíblica. Él podía notar el ambiente enrarecido y aterrorizado de los niños en sus clases. En otras circunstancias, incluso le hubiera divertido. No ahora. Estaba demasiado enfadado incluso para eso.
Miró airado hacia la mesa que debía ocupar Saffron y que ahora estaba vacía. Y sin poder evitarlo, la imagen de Saffron encima de la mesa, con Lucius pegado a ella, le vino a la mente. Agarró con fuerza la pluma rota, que se quebró en otro pedazo.
Aquella imagen le había perseguido durante tres días. Y tres noches. Imposible sacarla de su cabeza.
El se había sentido tan... ¿decepcionado?. Si, aquella podría ser la palabra. Había decidido creerla inocente, dulce y alegre como una niña. “Aunque no es una niña” corrigió inmediatamente. Y ese mismo día, la había sorprendido en una actitud más que comprometedora con Lucius Malfoy. Nada menos que con él. En cierto modo, se sintió engañado, como si todo lo que hubiera visto de ella no fuera más que fachada. Pero, sobre todo, se sintió estúpido. ¿Cómo era posible que una joven como Saffron hubiera logrado engañarle?.
A Severus Snape no le gustaba sentirse estúpido.
Ni siquiera la había mirado a los ojos. No pudo. Por Salazar, con Lucius Malfoy. No quedaba hueco para la inocencia en ella.
Apenas la había visto desde aquella tarde. Ella no bajó al comedor aquella noche. Y al otro día, le mandó una nota diciéndole que se encontraba indispuesta. Y tampoco había bajado al comedor durante los dos días siguientes.
Solo la había vuelto a ver durante la comida, hacía escasamente una hora. La había visto entrar silenciosamente en el comedor, y casi no la había reconocido. Ella estaba muy pálida, con unas enormes ojeras debajo de los bonitos ojos azules, que le habían parecido extrañamente opacos. Había retirado inmediatamente la vista de ella, cuando sus ojos se encontraron. Había estado a punto de sentir lástima, pero la imagen de ella y Lucius apareció nítidamente en su cabeza.
Había roto una copa. Youko y Remus lo miraron extrañados, pero ninguno dijo nada. Era mejor no hablar con él cuando estaba así. Casi sintió ganas de romper la carta que estaba escribiendo al acordarse.
Llamaron suavemente a la puerta.
- PASE!!- gritó desconsideradamente. Y ante él, apareció una muy desmejorada Saffron. De cerca, aun se veía peor. Una punzada de lástima se abrió camino en su estómago.
“Basta” se dijo furioso “basta, basta”.
- ¿Qué es lo que quiere?- dijo todo lo venenosamente que pudo. Ella lo miró en silencio, la mirada casi extraviada.
- Yo... solo quería continuar estudiando...
Él asintió, los nervios crispados.
- Elabore la primera poción que se le ocurra. Y no me moleste bajo ninguna circunstancia. – apenas la miró mientras hablaba. Sabía que si la miraba, no podría dejar de gritarle, y llamarla “estúpida”. Y algo le dijo que en ese momento no era una buena idea.
Ella se quedó de pie, silenciosa, sin saber muy bien que hacer. Después, lentamente, se había acercado hasta su mesa, y había comenzado a elegir ingredientes.
Aquella tarde no hubo té. Ni risas, ni siquiera conversación. Ella estaba extrañamente silenciosa. De hecho, era la primera vez que él la veía callada.
No le gustó.
Ella parecía moverse mecánicamente, pesando y cortando los ingredientes. Cuando él cerró un libro con más fuerza de la acostumbrada, ella se sobresaltó. A él le pareció extraño, pero no se amilanó. Estaba decidido a ser implacable con ella.
De nuevo llamaron a la puerta.
- Adelante- dijo agriamente Severus. Y el visitante le agrió aun más. Miró con furia incontenible a Lucius Malfoy.
- Severus, confío que estés bien- dijo el socarronamente. Y enseguida la vio. Una mueca divertida asomó a sus labios- Ah, y la encantadora Saffron, estudiando aplicadamente el delicado arte de las pociones. ¿Es una alumna complaciente, Severus?. Estoy seguro de que sí lo es...
Ella se había dado la vuelta en cuanto escuchó su voz. No quería mirarlo. Respiró agitadamente, la sangre se le subió a la cabeza. Sintió que estaba a punto de desmayarse, pero se sujetó con fuerza al borde de la mesa. Todo daba vueltas a su alrededor. Sin querer, tiró un pergamino al suelo.
Severus había estado a punto de sacar su varita y lanzar alguna maldición a Lucius. Pero no lo hizo. Observó como él miraba descaradamente a Saffron, mientras esta permanecía de espalda a ellos. Crispó las manos y miró amenazadoramente a Lucius, mientras este le daba una sonrisa satisfecha. Severus estaba enfadado, mas que nunca. Iba a decir algo, cuando escuchó que Saffron tiraba algo al suelo.
Ella se agachó a recoger el pergamino lentamente. Y, en ese momento, las miradas de Severus y ella se cruzaron.
Lo que Snape vio en sus ojos le hizo sentirse el hombre más miserable del mundo. Sintió como si lo hubieran abierto en canal y lo hubieran dejado hueco. Porque en los ojos de Saffron no había visto nerviosismo o vergüenza. Había visto terror. Y de repente, toda la situación (ella y Lucius encima de la mesa) cobró su autentico significado.
Por segunda vez aquella tarde, se sintió estúpido.
- Saffron- dijo con voz irritada- ¿puedes hacer el favor de buscar diente de dragón?.
Ella lo miró un segundo agradecida, mientras él permanecía inmutable. Cruzó el despacho rápidamente, y se introdujo el anexo de los armarios. Cerró la puerta, y se dejó caer, sus rodillas estrellándose contra el suelo. Suspiró aliviada.
Cuando escuchó la puerta del despacho se puso en pie. Lucius ya se habría marchado. De todos modos, decidió esperar un momento, no fuera a ser que aun estuviera allí.
Un segundo mas tarde, escuchaba la puerta del anexo abriéndose. Severus entró. Y cerró tras de sí.
- Saffron- llamó él.
Ella lo miró, mientras el se acercaba implacable, cada vez más grande debido al efecto de las sombras que proyectaban las tenues luces de las velas.
Él llegó hasta ella.
- ¿Qué es lo que te dijo?- preguntó simplemente.
Ella negó con la cabeza. No podía hablar. Se lo había dicho bien claro: si le decía algo a Severus, lo pagaría.
Pero Severus no se contentó. Repitió la pregunta, levemente irritado, cada vez mas cerca. Ella dio un paso atrás, y otro, y otro.
Pero el cada vez estaba más cerca. Mas cerca. La espalda de Saffron chocó contra un armario. Frente a ella, el se alzaba como un muro infranqueable.
- ¿Qué es lo que te dijo Malfoy?!- ahora él estaba gritando, y la cogía por los hombros. Podía sentir la respiración tibia de el sobre su cara, la energía de sus manos en sus hombros. Algo dentro de ella se quebró cuando él la tocó. No pudo más. Simplemente, no podía más.
Comenzó a hablar, las palabras mezcladas con las lágrimas. Y una vez que hubo empezado no pudo parar. Fue como si hubieran abierto un grifo. Ella sollozaba, mientras él la escuchaba impotente.
- ... y yo... quería decírtelo, pero no me atreví... y tu... tu... - el no quiso escuchar más. Ni una sola palabra más. Se había equivocado. De nuevo había vuelto a equivocarse. Se sintió completa y rematadamente estúpido. Sabía qué debía consolarla de algún modo, pero no sabía como. Los slytherins no lloran; nunca había tenido que hacer aquello. Torpemente, pasó sus manos por la cara de ella, para quitarle las lágrimas.
Le cogió completamente desprevenido que ella lo abrazase. Ella se aferró a el como si fuera a hundirse, estrujándose contra su cuerpo. Saffron temblaba, y él la apretó mas fuerte. Ella escondió la cara en su cuello, y él pudo sentir las lágrimas ardiéndole en la piel.
- Tranquila- dijo el suavemente, acariciando levemente su pelo- Tranquila.
La respiración de ella fue calmándose, pero no se soltó. Él siguió conteniéndola, pero tampoco deshizo el abrazo. Severus no sabía cuanto tiempo habían pasado así: lo mismo podian ser segundos que años. No pensaba otra cosa mas que confortarla, intentado resarcirla de la estupidez que él había cometido. Ella lo había pasado mal por su culpa, porque el no había visto la verdad.
Severus pensó que ella era extraña y agradablemente cálida. Y que olía a naranjas. Nunca antes se había dado cuenta de que olía a naranjas. Claro que nunca antes habían estado tan cerca. La calidez fue aumentando. Cada vez más.
De repente, el sutil roce de los labios de ella contra su cuello lo devolvieron al mundo real.
El y ella. Apretados contra un armario.
Se separó lentamente de ella. Saffron lo miró, entre sonrojada y confundida. Parecía ligeramente mareada.
- Vamos a ver a Dumbledore- dijo él con la voz ronca. Ella asintió en silencio. La voz no le habría salido. Caminó vacilante unos pasos. El se volvió hacia ella, y sin decir nada, la tomó del brazo. Por los pasillos, algunos alumnos vieron el extraño espectáculo y se deshacían en murmullos. Pero ella no veía nada.
La entrevista con Dumbledore se le pasó inusitadamente rápido. Severus se lo contó todo rápidamente, y el director miró a ambos con expresión grave.
- Saffron, querida- dijo lentamente- me temo que estamos ante una situación delicada. Deberás andar con cuidado, y estar atenta a cualquier acto sospechoso. Y desde luego, debes procurar no quedarte nunca sola.
- Yo me hago cargo- dijo Severus imperturbable. Dumbledore lo miró fijamente unos instantes, pero no pareció sorprendido en absoluto.
- Desde luego- asintió el director. Continuó hablando. Saffron apenas lo escuchaba. Se sentía extrañamente cansada, como si la tensión de todos los días anteriores hubiera cedido, dejándola en paz. También sentía un extraño hormigueo por todo el cuerpo, desde la coronilla, hasta la punta de los pies.
Cuando salieron del despacho de Dumbledore, ella le dijo que quería ir a dormir. Él asintió, y la acompañó hasta la puerta de la habitación.
- Buenas noches- dijo ella dulcemente, cerrando lentamente la puerta. El se despidió, y se dirigió pensativamente hasta el comedor.
Aun podía sentir el tembloroso cuerpo de ella contra el suyo.