La figura de Youko se alejaba lentamente. Ahora si que Laia podía afirmar que a Draco le interesaba la auror.
“Increíble, esto parece un culebrón muggle”
Pensó.
Bufó discretamente y pensó en la nueva situación. Lo que Lucius Malfoy le había advertido el día anterior –que había alguien más en ese colegio a quien vigilar- había hecho acelerar los planes de Laia. Le faltaban dos yerbas para poder realizar esa maldita poción, y tenía que hacerla YA.
El caso es que la noche anterior había intentado encontrarlas en el despacho de Snape, que estaba abierto –oh, que maravilloso era ser prefecta, te sabías todos los horarios de los profesores, aunque a veces era difícil conocer los del jefe de su casa-. Por si acaso, registró todo el suelo y los más inhóspitos rincones asegurándose que no fueran susceptibles de alojar a Bahn. Por que molestarse tanto, no encontró ninguna de las dos yerbas.
Luego de estar largo rato buscando cayó en la cuenta que había una habitación aneja cerrada con llave. ¿Y si estaban allí?
Esa noche se acostó pensando en la manera de conseguir la llave. “Qué tiene Bahn”. También pensó en el partido Slytherin-Ravenclaw “Qué voy a jugar” y también en Lucius Malfoy “Me gusta que me den caña, por lo visto”.
Hasta las cuatro de la mañana no se durmió. Eso hizo que llegara tarde a la primera clase del día siguiente, Defensa contra las Artes Oscuras.
Del sueño que tenía, veía al profesor Lupin completamente borroso, pues se componía por dos manchas marrones, una más pequeña que era la cabeza y otra más grande que era la impresentable túnica raída –“qué alguien le compre una nueva” murmuraba Laia-. Al lado de Lupin estaba Youko Silvara, que desde el punto de vista de los ojos dormidos de Laia era una antorcha de luz alógena, pues su cabello a contraluz parecía completamente blanco.
Si, y después de la comida la había seguido. El hecho de dirigirse al exterior a deshora ya era suficientemente extraño, y Laia necesitaba pruebas... Quizás se reuniría con la misteriosa persona de la que había hablado Lucius.
Se dirigió al punto en el que se encontró el día anterior con el señor Malfoy, pero esta vez se escondió tras las gradas del campo de Quiddich.
Pero Youko no se reunió con nadie misterioso y desconocido. Se reunió con alguien que conocía muy bien.
"Draco Malfoy"
Lo oyó y vio todo, y no supo muy bien como interpretarlo.
“¿Se lo digo a Lucius o no se lo digo?”
Laia se mordió los labios y contempló como Youko se alejaba de allí. Sonrió levemente.
“No... aún no... veremos como progresa esto”
Puso sus manos en los bolsillos de la túnica y se dirigió al interior del colegio. Más valía dar tiempo al tiempo, que acababa de empezar el curso y aún era reciente todo lo que le había sucedido. Quería pensar, relajarse y pensar.
También necesitaba un plan, a que negarlo.
Si lo que quería Laia era tranquilidad, aún no la conseguiría. Delante de la Sala Común de Slytherin había apostadas varias figuras, Draco Malfoy, Steve Jameson y el trío maravilla de Gryffindor junto con Neville Longbottom.
Draco Malfoy tenía un leve color subido en sus mejillas, al igual que Potter y Longbottom. Parecía haber habido forcejeo.
Laia abrió los ojos sorprendida y se acercó. Habló lacónica.
-¿Qué pasa aquí?
Jameson la miró nervioso.
-Nada, pelea.
Laia abrió los ojos simulando sorpresa.
-¿No me digas? Apartaos vosotros, solo faltaría que conocierais la contraseña.
Laia hizo una señal con la mano como ahuyentando los malos espíritus, dando a entender a los Gryffindor que ahora debían irse, luego tomó del brazo a Jameson y esperó a que los cuatro estúpidos hubieran bajado de la torre. Luego preguntó a Jameson mientras le llevaba del brazo al interior de la Sala.
-¿Cómo está McGuillan?
-Estará al menos un mes en cama, fiebre glandular.
Laia levantó las cejas inocentemente.
-Oh... ¿Y ya sabéis si hacerme titu...
-¡¡¡Draco!!! ¿¡Qué te han hecho!?
El agudo grito de Pansy Parkinson ahogó la pregunta de Laia.
-Señor... qué paciencia.
Jameson ratificó con un suspiro lo que Laia había dicho y miró como Pansy intentaba coger el rostro herido de Draco con ambas manos. Luego explicó a Laia lo sucedido entre el Gryffindor y el Slytherin.
-Yo estaba hablando con Draco y ha llegado Potter. No sé por que razón le ha pegado y Draco se ha quedado sentado en el suelo, mirando al “héroe de Hogwarts” con mirada despectiva. Luego han empezado a forcejear. Ha terminado en tablas pero te aseguro que la mirada de Potter llevaba algo más que simple odio.
-¿Por qué le ha pegado Potter? ¿Lo sabes?
-No tengo ni idea, pero teniendo en cuenta como es el niño de la cicatriz, debía haber pasado algo muy fuerte.
Laia miró a Draco, quien ahora intentaba evitar las manos de Parkinson.
“Cómo están las hormonas este año”
Luego retomó la conversación donde la había dejado antes de ser interrumpida por Pansy.
-Ehm, bueno Jameson te estaba diciendo que si podías hacer que me pusieran de guardiana para el próximo partido.
Laia agarró la túnica del chico y acercó a él lo más posible.
“Despliega tus encantos, tu puedes Laia”
-Eh... Bueno, ya sabes que antes debemos hablar con Sn... Snape.
Laia sonrió de la manera más encantadora que pudo y fue aflojando su presión contra Jameson.
-Haz todo lo posible... Steve.
Y procuró que la palabra “Steve” sonara lo más seductora posible.
A la mañana siguiente ya era guardiana titular.