Laia aún saboreaba el triunfo del partido recostada en su cama. No podía dormir, estaba demasiado excitada.
Entonces algo le vino a la mente.
“¡La poción!”
Se levantó tan aprisa de la cama que se mareó un poco. Se puso la túnica y cogió una libreta llena de hojas en blanco. ¿Cómo podía haberse olvidado de esos valiosos ingredientes que tenía guardados en su bolsa de deporte, bajo su cama?
Bajó las escaleras de la torre en dirección a la biblioteca. Evidentemente la poción se encontraría en algún libro en la zona prohibida.
Se abrigó bien y entró silenciosamente en uno de los lugares más fríos del colegio, la biblioteca. Filch no estaba, afortunadamente. Aún siendo prefecta, la zona prohibida le era vedada, pero nunca la solían cerrar con llave. Laia siempre se preguntó el porque.
Estuvo más de una hora buscando libros en una sala completamente oscura y fría. Cogió tres libros bastante voluminosos y se sentó en el suelo helado.
- ¡Lumos!
Abrió el primer libro y acercó la varita.
“Pociones de América Latina”
El primer libro era un extenso compendio de recetas extrañas, una recopilación de pociones americanas basadas en tradiciones bastante oscuras [Vudú, en su mayoría]. Si quería encontrar esa extraña poción azteca, no la encontraría allí. Eran pociones sobretodo relacionadas con la influencia del África negra en las colonias americanas.
Abrió el segundo libro.
“Historia de las pociones en el mundo”
Bah, un libreto muy pequeño y resumido. No tenía nada que ella deseara. Ni siquiera sabía como esa cosa tan inocente pudiera estar en la sección prohibida.
Por fin abrió el tercer libro, el más extenso y extraño de todos.
“Secretos y misterios de las civilizaciones perdidas”
Era una recopilación de una antigua enciclopedia. El libro era muy antiguo, de 1874, y la enciclopedia de la cual había sido sacada la recopilación aún más, de 1713. Tuvo serias tentaciones de buscarla y hojearla entera, pero temía que merodeando más de la cuenta la descubriesen.
Se fijó bien en el índice del libro. Estaba compuesto por veinte artículos realizados por varios autores que en su época escribieron cada uno de los libros que comprendían la enciclopedia. Se quedó con la boca abierta cuando se fijó en que uno de ellos había sido escrito por un tal A. J. Malfoy.
“Pociones centro-americanas: La riqueza del Yucatán, por A. J. Malfoy."
Justo el apartado que necesitaba.
Buscó frenéticamente y encontró el artículo. Era realmente interesante. Dejó el libro abierto en el suelo y cogió la pluma. Pasó hojas y hojas rezando con encontrar la poción adecuada. Por fin la encontró:
“Visiones de futuro”
Con esta poción [completamente ilegal] era fácil conocer el futuro a medio plazo de la zona en la que alguien se encontrara. Le hubiera gustado encontrar una poción que revelara el pasado de Silvara y de Jenkins [Recién incluida en su lista de sospechosos], pero en ese campo no quería meterse [demasiado peligroso] y robar pensaderos, además de muy delator, era cutre.
Cogió su arrugada lista de ingredientes, la que le ayudó a robarlos. La sacó de una libreta de apuntes vieja de casa de su abuela. Rezó por tenerlos todos. Empezó a leer:
Visiones de futuro:
Ingredientes:
- Árnica Común.
- Árnica Mexicana
- Cuachalalate
- Raiz de Jalapa
- Salvia Divinorum
- Sangre propia
“¿Sangre propia?”
Laia abrió los ojos alarmada y comenzó a copiar la receta.
“Una vez preparada bébase una cuarta parte del líquido. El líquido restante abóquelo en el suelo de la zona deseada y queme la poción derramada con fuego”
Laia releyó susceptible. Se suponía que las partículas de la poción quedaban en la zona, indetectables para quien no hubiera bebido de la misma poción.
“¿Y veré el futuro de la zona oliendo las habitaciones donde he quemado la poción?”
Laia cerró el libro con miradas escépticas y lo devolvió a su sitio junto con los otros.
“Bueno, lo ha escrito un Malfoy, tiene que ir en serio”
Se arregló la túnica, apagó su varita y salió de allí agarrando fuertemente la libreta. Estaba un poco asustada, a decir verdad.