Siguiendo su costumbre, Youko maldijo en todos los idiomas que conocía al maldito rayo de luz que se colaba entre sus cortinas y que le daba directamente en la cara. Estaba claro que no era una persona de mañana... Tirando la manta a un lado se levantó y se estiró. Su cuello hizo un doloroso ¡crack!, resultado de dormir en posiciones incómodas. Entró en el baño y salió veinte minutos después liada en una toalla y más despejada.
-“Veamos que tenemos para hoy...”—musitó mientras se acercaba a su escritorio y miraba los horarios.—“¡Merlín, no! Otra vez Slytherin y Gryffindor de 6º... ¡Y encima es una clase doble!”—exclamó poniendo los ojos en blanco y llevándose una mano a la frente. Y encima era la primera clase... bonita forma de empezar el día.
Media hora más tarde se encontraba ante las puertas del comedor para desayunar. Echó un vistazo mientras avanzaba por uno de los pasillos laterales. La mayoría de los alumnos ya estaban tomando sus desayunos.
-“Buenos días, señorita Silvara”—Youko se tensó brevemente a la voz lenta de Malfoy pero se giró levemente.—“Buenos días, señor Malfoy”—devolvió el saludo educada pero fríamente y siguió su camino hacia la mesa principal.
Ocupando su lugar al lado de Remus y saludando a los que estaban ya sentados procedió a servirse un poco de café y una tostada. En aquel momento entraron las lechuzas con el correo. Una lechuza parda dejó caer un pequeño pergamino enrollado sobre su regazo. Mirándolo extrañada, ya que no llevaba sello del remitente lo abrió y lo leyó:
Puede que tengas razón. Quizá necesite hablar con alguien, y sería una verdadera desconsideración por mi parte no terminar la conversación que comenzamos el otro día.
Así pues, te espero el Sábado a la hora de la cena en Las Tres Escobas.
Fdo: C.J.Con la expresión en blanco, dobló cuidadosamente la nota y la guardó en un bolsillo. La cita sería pasado mañana... bien, no tenía nada que hacer el sábado a la hora de cenar... No miró a Charlotte. No lo creyó conveniente teniendo a Remus a su lado. Pero el bueno de Lupin habló y tuvo que levantar la mirada.
-“Todo bien, espero”—preguntó viendo el semblante serio de Youko.
-“Sí, un amigo que hacía mucho que no veía”—contestó suavemente apenas mirando a Charlotte, sabiendo que ella entendería. El sábado tenían una cita para hablar del pasado...
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La clase estaba yendo bastante bien. Parecía que los rumores se habían calmado un poco y la mayoría de los Slytherin la miraban con indiferencia. Excepto Malfoy y Wallravenstein, la cual, por cierto, había llegado tarde y encima tenía unas ojeras horribles, así que estaba pasando la mayor parte de la clase dormitando. De pronto por una de las altas ventanas del aula entró una pequeña lechuza negra que le entregó otro pequeño pergamino. Dos mensajes en un mismo día era extraño... esperaba que no fuera de Charlotte, arrepintiéndose de la cita para el sábado.
Lupin la miró con curiosidad y ella le indicó que no pasaba nada. El profesor cabeceó y siguió con la clase. Youko abrió el pergamino y su rostro se puso primero lívido y después frío como un iceberg:
Necesito hablar contigo urgentemente. Cuando termine la clase estaré en el campo de Quidditch, detrás de las gradas de Slytherin.
D.M.Youko levantó la vista y miró durante un instante a Malfoy, que le devolvió la mirada casi con ansiedad. Negándose a darle cualquier reconocimiento por la carta la dobló y la puso junto a la de Charlotte. Y tras eso continuó prestando atención a lo que Remus decía.
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¿Por qué diablos estaba dirigiéndose al campo de Quidditch para hablar con Malfoy?, se repitió por milésima vez Youko mientras avanzaba por el camino que conducía a las gradas de Slytherin. “Porque decía que era muy urgente, porque estaba muy serio y porque no has sabido negarte... esta vez” contestó con sorna una especie de vocecilla interior. Acelerando el paso llegó a las gradas, donde ya la estaba esperando Draco, apoyado contra los postes y envuelto en su capa. Se enderezó en cuanto la vio acercarse.
-“Bien, ¿qué es lo que quieres, Malfoy?”—Youko fue directa al grano, acercándose lo bastante a Draco para que pudieran hablar sin levantar la voz pero manteniendo una distancia entre los dos.
-“Gracias por venir. Consideré apropiado informarte que mi padre estuvo aquí ayer por la noche. Y que ya sabe de tu presencia... y no le ha gustado nada”—explicó Malfoy acercándose un poco más a Youko.—“Tan sólo quería avisarte de ello. Puedes acabar teniendo muchos problemas si mi padre se mete por medio... Y eso es algo que no me gustaría...”---añadió alzando una mano para rozar levemente la mejilla de Youko. Ésta se apartó como si le hubiera mordido una serpiente.
-“Muchas gracias de nuevo por el aviso Malfoy, pero te agradecería que no me tocaras. No me gusta”—Youko lo miró ligeramente furiosa mientras un suave sonrojo aparecía sobre sus mejillas.
Draco sonrió y antes de que ella pudiera apartarse de nuevo alzó su rostro y le dio un suave beso.
-“Lo dicho, abre bien los ojos”—y con esto se empezó a alejar antes de que Youko reaccionara y empezara a lanzarle mil maldiciones distintas. Sonrió interiormente... no había sido tan difícil acercarse a ella...
Mientras tanto, Youko pareció despertar de su estado de shock. Se puso furiosamente roja y sus puños cerrados temblaban a ambos lados de su cuerpo. Se giró para empezar a gritarle barbaridades a Malfoy pero ya estaba un poco lejos y no quería llamar la atención. ¿¡Cómo se atrevía a besarla!? Iba a matarlo... fijo que lo hacía en cuanto le pusiera las manos encima.
Maldiciendo en voz baja, Youko se empezó a encaminar de nuevo al castillo. Ni ella no Draco, vieron a Laia salir de su escondrijo entre las gradas, con una expresión indeterminada en su cara...
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Lo que quedaba de aquel día y el siguiente los pasó ocupada con clases, ultimando los detalles para el salón de duelos que esperaba poder empezar la semana siguiente y huyendo de Malfoy, evitando encontrárselo por los pasillos.
Youko miró su reloj. Había quedado con Charlotte a las ocho y ya eran las siete y media. Cogiendo del armario su capa y su escoba salió del dormitorio, hacia las puertas del castillo. Por el pasillo se cruzó con Snape.
-“Señorita Silvara, ¿va a alguna parte?”—inquirió Snape arqueando una ceja al verla con la escoba en la mano y capa de viaje.
-“Sí, profesor Snape. He quedado con una amiga en Hogsmeade para cenar”—contestó Youko con educación mientras seguían camino hacia la entrada principal. Evidentemente, Snape iba al comedor para cenar.
-“Pues entonces que lo disfrute. Y tenga cuidado”—deseó Snape al tiempo que llegaban a las puertas de salida.
-“Muchas gracias, profesor”—Youko cabeceó levemente y abriendo las puertas, salió al exterior, montó en la escoba y se perdió en la noche.
Quince minutos después estaba ante la puerta de las Tres Escobas. Se enderezó un poco el pelo y la ropa y entró. Buscando entre las mesas descubrió a Charlotte en uno de los rincones, apartados de oídos curiosos. Se acercó rápidamente y se sentó frente a la Gryffindor rubia mientras saludaba.
-“Me alegra que confíes lo bastante en mi como para contarme esto”—dijo Youko mientras hacía una señal a Rosmerta para que las atendiera.
-“Y yo me alegro de tener alguien a quien contárselo”—respondió Charlotte. La camarera les tomo nota y después volvió su atención a Youko.—“¿Por dónde empiezo...?”.
-“Qué tal por el principio...”—Youko le dio una pequeña sonrisa alentadora y se preparó para escuchar...