Youko se quedó helada mirando al hombre frente a ella, cogiendo la puerta con tal fuerza que un poco más le arranca un trozo. Resistiendo el impulso de cerrarle la puerta en las narices al padre de Draco aflojó un poco la mano en la madera... pero no la soltó... por si acaso...
-“Señor Malfoy... Es... un placer verle por aquí... ¿En qué puedo ayudarle?”—pregunto educadamente sin dejar de vigilar al otro mago. Había pocos magos a los que Youko les daría la espalda pero es que a Lucius Malfoy no querría ni encontrárselo de frente.
-“También es un placer verla señorita Silvara. ¿Le importa si hablamos dentro?”—respondió Lucius con voz sedosa y resbaladiza... *Como una serpiente*, pensó Youko.
-“Creo que lo que tenga que decirme puede hacerlo desde ahí. Además, no creo que tenga interés en estar en una habitación desordenada”—Youko no tenía muchas intenciones de dejarle pasar, el suicidio no estaba en su lista de prioridades...
-“¡Oh! Qué descortés por parte de un miembro de la familia Silvara”—dijo Lucius con sorna.—“Pero ciertamente no deseo hablar de lo que sucede entre mi hijo y usted en mitad del pasillo...”—añadió casualmente. Esto provocó que Youko palideciera ligeramente.
-“Muy bien, como desee, señor Malfoy. Pase”—y con esto Youko se apartó un poco de la puerta para dejarle pasar. Lucius entró en la habitación con la capa ondeando tras él mientras Youko daba un ligero vistazo al pasillo para comprobar que no había nadie. Cerró la puerta y giró para ver a su “invitado” sentado en uno de los sillones frente al hogar.—“¿Le apetece tomar algo: té, café, cianuro...?”—inquirió con bastante cinismo en la voz al tiempo que se ocupaba el otro sillón, pero al contrario que con Severus, esta vez no se relajó.
Lucius rió suavemente.
-“Se parece a su madre... por lo menos en el carácter... Y no gracias, no deseo tomar nada. Ahora, se que debe tener clases a las que asistir así que seré breve.”—dijo Lucius mientras Youko pensaba *Lástima que no haya aceptado el cianuro...*--“A llegado a mis oídos que mi hijo a estado tratando mucho contigo recientemente... incluso que el otro día... te besó”—Youko maldijo a Malfoy por ser tan directo y a Wallravenstein porque estaba segura de que había sido ella la que había informado a Lucius. Interrumpió al mago antes de que hablara de nuevo.
-“Mire, señor Malfoy, lo que su hijo quiere de mi es un misterio. No tengo ningún interés en él pero parece que su hijo no quiere entender eso...”—Youko habló tan fríamente como pudo pero ahora la interrumpió Lucius.
-“Realmente, no tengo ningún problema con el acercamiento de mi hijo. Tan sólo me preocupa que tu... digamos, delicada posición pueda ponerlo en peligro. Sus opciones, señorita Silvara, no han sido las mejores para los tiempos que corren...”—interpuso Lucius mirándola fijamente.
-“Mis opciones no son asunto suyo. Empieza a molestarme que todos me digan lo mismo”—Youko estaba empezando a perder la paciencia.
-“Vigila tu tono jovencita. Tan solo me limito a avisarte de que tal vez hayas escogido el lado equivocado en esta guerra... Y sinceramente, dudo mucho que ese viejo de Dumbledore te haya llamado única y exclusivamente para ser ayudante del lobo que ha puesto como profesor”—la voz de Lucius era ahora como acero, dura y amenazante.
-“¿Me está amenazando, señor Malfoy?”—el temperamento de Youko empezaba a subir a la superficie, respondiendo a Lucius con un borde desafiante en la voz. No iba a darle el gusto a Lucius Malfoy de dejarse asustar.
-“Nada más lejos de mi intención. Creo que se ha hecho un poco tarde y sin duda querrá asistir al desayuno.”—dijo Lucius mientras se ponía en pie y se dirigía a la puerta sin siquiera esperar a Youko, que le acompañó hasta la puerta pero manteniendo una respetuosa distancia entre ellos.—“Y no lo olvides... Ten mucho cuidado con lo que dices o haces, no pongas más en peligro ese bonito cuello”—siguió ligeramente burlón.—“¡Ah! Y si mi hijo te incomoda demasiado, siempre puedes escribirme”—añadió con una sonrisa burlona en los labios.—“Que tenga un buen día, señorita Silvara”—se despidió Malfoy y se alejó por el pasillo.
En cuanto Youko lo vio girar la esquina, cerró la puerta y dejó que toda la tensión se soltara de su cuerpo. Con las piernas temblorosas y apoyándose contra la puerta, empezó a resbalar hasta que se sentó en el suelo. Si no se tranquilizaba acabaría hiperventilando. “No pienses Youko, no pienses”, se decía en voz baja, “Lucius Malfoy no acaba de estar aquí, es todo imaginación tuya...”, repetía constantemente. Pero para su desgracia no eran imaginaciones y Lucius le había metido miedo en el cuerpo. Menuda auror estaba hecha, dejarse asustar así. Seguro que Moody le daría un buen tirón de orejas.
Cuando notó que sus piernas ya la podían mantener en pie, se acercó al escritorio y terminó de recoger sus cosas. Miró por la ventana la lluvia que estaba cayendo. Su humor estaba ahora más oscuro que aquellas nubes en el cielo... Con sus cosas en las manos y la cabeza llena de pensamientos oscuros, salió de la habitación y se dirigió al comedor y a las clases de la mañana.
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Durante las clases de aquella mañana había podido observar lo pálido y enfermizo que se veía Lupin. Claro, aquella semana habría luna llena y el profesor ya empezaba a sufrir los efectos. Así que lo más seguro sería que ella impartiría las clases a las cuales él no podría asistir. Por algún extraño milagro (quizá los dioses estaban siendo un poco bondadosos con ella), no se encontró con Draco en toda la mañana (y si tenía suerte, no se lo encontraría en todo el día...). La corta conversación con Lucius todavía seguía dando vueltas en su cabeza mientras se acercaba al comedor para la comida cuando oyó una voz llamándola, y provocando que se tensara inmediatamente. Pero se relajó al ver que era Saffron.
-“¡¡Ehh... hola!! ¿Que tal estás?”—preguntó la joven pelirroja en cuanto se puso a su lado.
-“Bien”—su voz no salió todo lo relajada que le habría gustado, pero bien, a lo mejor no se había dado cuenta.—“¿Y tú..¿Qué tal?”
-“¡Oh!, muy bien también. Estudiando mucho, ya sabes... necesito aprender muchas cosas nuevas... y el profesor Snape es muy exigente...”—Youko no pudo tragarse la sonrisa viendo lo apurada que se ponía Saffron en cuanto el nombre de Severus salía a escena.
-“Vaya... ¿sigue gritándote?”—inquirió con una expresión divertida en la cara.
-“Todos los días...”—aquello salió más como un suspiro que como una frase y Youko no pudo evitar reír, sintiendo como se le aligeraba un poco los oscuros pensamientos en su cabeza.
-“Snape es una buena persona, Bahn. Aunque no sepa como tratar a la gente... Si no, no hubiese aceptado ayudarte con tu trabajo”—le indicó a la chica que tenía una ligera expresión soñadora en su cara. Justo en cuento Saffron iba a volver a hablar llegaron a las puertas del comedor donde se encontraron ni más ni menos con el centro de su conversación: Severus Snape. El profesor miró fijamente a la pelirroja y ésta se sonrojo ante la curiosas mirada de Youko que observaba el intercambio.
-“Youko, Señorita Bahn”—saludó con bastante sequedad, como de costumbre, pero se apartó de la puerta para dejarlas pasar primero. Las dos jóvenes lo saludaron, aunque Saffron no consiguió esconder su sonrojo.
Siguieron su camino hacia el interior y mirando disimuladamente hacía atrás y comprobando que Severus estaba lo bastante apartado como para no oírlas preguntó si todavía seguían tratándose de usted. A Youko le parecía extraño, ya que Saffron ya no era una alumna y además estaba trabajando con él... más o menos... Y Saffron confesó que no estaba segura de que al profesor le gustara que le llamara por su nombre. Sólo de mencionarlo volvió a enrojecer.
-“Pues deberías preguntarle”—la animó mientras llegaban a la mesa de Ravenclaw—“A lo mejor te sorprendes”—y con esto la dejó sola mientras sonreía pensando en cuando se atrevería Saffron a llamar a Severus por su nombre...
Apenas se había sentado cuando Severus ocupó su lugar. Atrayendo su atención, y aprovechando que Remus todavía no había llegado preguntó.
-“¿Conoces mucho a Bahn?”—su rostro era una máscara impasible cuando preguntó.
-“Realmente no. Tan sólo de verla por la escuela cuando todavía estudiábamos y de haber hablado un poco con ella estos días... ¿por qué?”—contestó Youko mordiéndose el interior de la boca para evitar que se formara una sonrisa divertida en su cara.
-“Por nada. Tan sólo curiosidad”—respondió escuetamente Severus mientras desviaba su atención a su copa, dando así por finalizada la conversación.
Youko iba a preguntar algo más pero en aquel momento llegó Lupin, en peor estado que durante las clases y saludándolo decidió intentar establecer una pequeña conversación para ver si lo animaba un poco.
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A medida que los días de la semana pasaban Lupin iba teniendo peor aspecto hasta que al final el miércoles no apareció en el desayuno y Severus la avisó de que ella daría las clases de DADA y que si necesitaba ayuda no dudara en llamarle. Como quería llevar el salón de duelos con Lupin decidió atrasarlo hasta la semana siguiente y así poder dedicarse a las clases con más tranquilidad. En toda la semana no dejó de pensar en la conversación con el padre de Draco, y al final llegó a la conclusión de que más le valía estar atenta y observar los movimientos de Wallravenstein, por si acaso. Draco le mandó un par de notas intentando quedar con ella pero decidió ignorarlas. Evidentemente al chico no le gustó ser ignorado e intentó acercarse a ella, pero Youko siempre procuraba rodearse de otros alumnos o de desaparecer en cuanto podía. Charlotte tampoco se había dirigido a ella en toda la semana así que dio por sentado que cuando la chica quisiera hablar otra vez lo pediría.
Para el fin de semana, con el primer partido de Quidditch de la temporada, Slytherin contra Ravenclaw, Remus apareció de nuevo, mucho más saludable con al principio de la semana aunque todavía un poco pálido. Fueron juntos hasta la tribuna de los profesores y ocuparon sus asientos. La conversación era ligera hasta que aparecieron Severus y Charlotte, y Remus se calló y observó con tristeza en los ojos a la joven rubia.
En cuanto salieron los equipos la atención de Youko se centró en el juego. Aunque reservó un momento para dar gracias por que Lucius Malfoy no hubiera venido a ver el partido, ya que algunas veces cuando ella estudiaba había asistido. Para su sorpresa observó que Laia ocupaba el puesto frente a los aros. Claro, que ahora que lo recordaba, el jugador titular estaba enfermo... Y aunque intentó evitarlo, alzó la vista sobre el resto de jugadores y vio a Draco dando un par de vueltas con la escoba. Y justo cuando iba a retirar la vista, Draco se giró y la miró y sonrió. Youko maldijo, se sonrojó y bajó la mirada.
El resto del partido lo pasó entre mirar a los jugadores pasarse la quaffle y esquivar bludgers y lanzar rápidas miradas a Malfoy que estaba buscando la snitch junto con Cho Chang, la buscadora de Ravenclaw. El partido apenas duró una hora pero fue tiempo suficiente para que Slytherin machacara al otro equipo en un partido bastante agresivo para su gusto. Una vez bajo de la tribuna y a punto de irse al castillo junto a Remus, miró hacia los vestuarios y en la puerta vio a Malfoy mirándola con una sonrisa en los labios. Y ella, inconscientemente, y sin saber por qué. Le devolvió la sonrisa antes de alcanzar a Remus que ya estaba a mitad de camino...