Para Saffron, la mañana del viernes parecía maravillosa. Aun en camisón, se acercó a la ventana. Había dormido espectacularmente bien: sin pesadillas, sin despertarse. Haberlo contado todo había sido como soltar una carga pesada. No estaba sola, alguien se ocupaba de ella.
Severus Snape.
El simple recuerdo de la tarde anterior hacía que su estómago vibrara. Ya no recordaba los gritos, ni las miradas agrias de él. No. Lo único que podía recordar era que ella lo había abrazado. Ella había llorado, y él había tratado de consolarla. Se había sentido tan bien... Hubiera podido estar horas abrazada a el.
Merlín, hacía un día estupendo.
Se bañó, se vistió, y cuando estaba secándose el pelo, la sorprendió una llamada a su puerta. Ein llegó antes que ella, y si hubiera podido, hubiera abierto la puerta. Como le gustaba el protagonismo a ese gato...
Ella abrió la puerta, y la sonrisa se congeló en su cara.
- Pasa- fue lo único que dijo, abriendo la puerta del todo. El hombre entró en la habitación, dando unos nerviosos pasos. Durante unos minutos, ninguno de los dos dijo nada.
- Estuve aquí el miércoles- dijo él por fin- Pero parece que no estabas...
- Julius.. yo... - ella comenzó a hablar, pero realmente, no sabía que decir. Él le había escrito, ella le había respondido con una negativa; y de repente, el miércoles, ella lo había sentido en su puerta. Había decidido no abrir, pero, al parecer, el no había desistido.
- Solo quiero decirte que te echo de menos... déjame hablar, Saffron- dijo él cuando ella abrió la boca para decir algo- Han sido los peores seis meses de mi vida. Y solo quiero que sepas que te sigo queriendo igual que antes. Dame otra oportunidad. Solo otra oportunidad mas, Saffron. Y no dejare que te arrepientas.
Él la miraba expectante. Dios, ¿siempre había sido tan guapo? Ella evitó mirar los ojos azules de él. Julius era tan fácil de querer... había algo en el que te movía a ser dulce con él, y a abrazarlo y besarlo sin descanso. Eran demasiado parecidos. Ahora recordaba porqué había intentado por todos los medios no verlo desde que lo había dejado. ¿Cómo hacerle entender que ella lo quería, si, pero no del modo que él la quería a ella?
Saffron se había sentido la mujer más querida del mundo cuando estaba con él. Y en cierto modo, eso había llevado irremediablemente hasta el desastre. La horrible sensación de no poder corresponder, de sentirse una farsante, una estafadora. Como si lo estuviera engañando. Por merlín que lo quería. Era imposible no quererlo. Pero el no se merecía eso.
“Ve con alguien que te merezca de verdad” le había dicho ella, y él la había mirado dolido. “Soy yo el que no te merece” había respondido él. Y Saffron se había sentido miserable. Había dudado en ese momento, igual que dudaba ahora. No podía estar con alguien por gratitud, ¿verdad?.
Pero dios, todo era tan fácil con él. Tan fácil. Él la quería, ella lo quería. Quizás no de la misma manera, pero a el eso no parecía importarle. Quizás debería darle otra oportunidad... quizás...
De nuevo llamaron a la puerta. En cierto modo, era un alivio. O un alargamiento de la agonía, según se mirase. Ella corrió a abrirla.
- Severus... - dijo simplemente, sujetando la puerta. Y una gran sonrisa asomó a sus labios. El intento por parte del profesor de sonreír hizo que Saffron descartara completamente toda posibilidad con Julius. No mientras hubiera alguien que la hacía sentir así con una simple mueca.
Severus Snape la miró sonreír apoyada contra la puerta. Y pensó, que solo por eso, había merecido la pena subir siete pisos repletos de gritones (y asombrados) ravenclaws. Ella llevaba un bonito sari verde aceituna, pero él pudo comprobar rápidamente que aun no se había peinado.
-¿Estas lista?- preguntó suavemente.
-¿Lista?- se extrañó ella.
- Para ir al comedor, a desayunar- no pudo evitar un deje de impaciencia en la voz. Y al ver que ella aun seguía extrañada, se explicó- No debes ir sola por los pasillos... así que, ¿estas preparada o no?
- Sí... digoo, no, no.. aun me tengo que peinar...
- ¿Y piensas que voy a esperarte en el pasillo?- dijo el exasperadamente.
- Ehh.. no, no, perdona, pasa- y Saffron abrió la puerta del todo.
Ni en millón de años, Severus Snape hubiera esperado que ella estuviera acompañada. La agradable sensación de su estómago desapareció por completo, mientras miraba con acritud al otro hombre.
Julius no estaba mas contento que él. Aquel tipo le estaba mirando de una manera muy desagradable, encima que había estropeado la conversación entre el y Saffron. Suspiró imperceptiblemente.
- Oh, vaya, no os conocéis- dijo Saffron cuando cayó en la cuenta- este es el Profesor Severus Snape; este es Julius Strandberg, mi... un amigo...
Ambos hombres la miraron dolidos, y Saffron no entendió nada. Lo único que sabía es que el ambiente estaba tan denso, que hubiera podido cortarse y venderse a pedazos. Ambos hombres se dieron la mano sin mucho entusiasmo.
A Severus Snape no le gustó el tipo desde el primer momento. “Demasiado blando” se dijo a sí mismo. El tipo dejó caer que era auror, y Severus tuvo que reconocer que quizás no fuera tan blando como había pensado en un momento. Era igual, aquello no lo eximia de llevar una descuidada barba de dos días.
Saffron los dejó solos, introduciéndose el cuarto de baño para peinarse. Fue un alivio. Tenerlos a los dos en la misma habitación era como ver su pasado y su (incierto) futuro a la vez. Era... desconcertante.
Cuando salió de nuevo, ambos hombres estaban lanzándose tensas miradas suspicaces. Por primera vez, Saffron se dio cuenta de lo mucho que se parecían físicamente: Julius era como una especie de hermano menor de Severus, solo que más guapo.
El ambiente de la habitación era extraño, como si estuviera a punto de desatarse una tormenta.
Y entonces ocurrió. Algo por lo que Saffron había estado rezando para que no pasara.
- ¿Y puedo conocer el motivo de su visita a horas tan tempranas, señor Strandberg?- la voz grave de Severus resonó por toda la habitación. Saffron cerró los ojos.
- Me temo que son asuntos personales entre la señorita Bahn y yo lo que me han traído aquí, profesor- la voz de Julius había sonado perfectamente calma, pero Saffron sabía que estaba molesto.
- Pues me temo, señor Strandberg, que la seguridad de la señorita Bahn es un asunto mío, y que debo evitar que reciba visitas “molestas”.
Saffron parpadeó un par de veces. ¿Snape se iba a encargar de su seguridad? ¿Significaba eso que iba a acompañarla a todos lados?
- Profesor, precisamente la seguridad de la señorita Bahn es lo que me ha traído a Hogwarts, avisado por Dumbledore.
Saffron volvió a parpadear. “Maldición” pensó enojada “no se le puede contar nada a este condenado director”. Miró a los dos hombres, que ahora parecían dispuestos a sacar sus varitas y batirse en duelo allí mismo. Volvió a cerrar los ojos con fuerza. No quería mirar cuando empezaran a lanzarse maldiciones mutuamente. De repente, un crujido, hizo que volviera a abrir los ojos.
- BUENOS DÍAS PRINCESA!!!!- la morena cabeza de Guenolee apareció en la chimenea gritando a pleno pulmón. - ¿Qué? ¿cómo estas hoy? ¿un poco más lúcida? Mejor, porque tengo miles de cosas que contarte. Pero primero quiero que me digas si has hablado con ese maldito idiota de...
Saffron abrió los ojos desmesuradamente, y boqueó como un pez, intentando parar a Guenolee. Pero ella siguió hablando.
- Ahh, hola Julius!! Cuánto tiempo!! Al fin has decidido sacar la artillería pesada y lanzarte, ¿eh?. Y, por merlín, hola profesor Snape!!
La puerta sonó de nuevo. “Que alguien me pise la cabeza, por favor” pensó Saffron desesperada. Entre los gritos de Guenolee, y el denso ambiente de la habitación se estaba mareando.
Abrió la puerta de par en par. Minerva McGonaggal le dio los buenos días y entró apresuradamente en la habitación.
- Ah, Julius, al fin has encontrado a la señorita Bahn. Buenos días, Severus- lanzó una mirada reprobatoria a la habitación y sacudió la cabeza.
Saffron miró descreídamente su habitación, que parecia extrañamente atestada. La puerta volvió a sonar y Saffron pensó seriamente en la posibilidad de dejarla abierta, e invitar a toda la torre Ravenclaw.
- Eh, cuanto ruido, ¿estas montando una fiesta?- Helena intentó colarse en la habitación, pero una malhumorada Saffron se lo impidió, despachándola fuera.
Una fiesta. Sí, desde luego. Y ya puestos, que alguien enviara a Lucius Malfoy, sus amigos mortífagos, la selección nacional de quidditch, y a las Weird Sisters.
Ah, y a un par de dementores; gracias.
Saffron tenía jaqueca. Deseó subirse a una silla y gritar a pleno pulmón que se largasen. Pero no lo hizo. Aun así, McGonaggal pareció intuir la situación, y se despidió rápidamente. La siguiente fue Guenolee.
- Bueno, cielo, veo que estas acompañada y no puedes atenderme. Ya me contaras... - y había desaparecido. “La muy zorra” pensó Saffron cariñosamente. Casi podía verla, partiéndose de risa en el suelo de su casa.
De nuevo quedaron ellos tres. Las miradas de Snape eran ya de odio profundo, dirigidas contra un no menos tenso Julius. “Piensa, Saffron, piensa” se dijo a sí misma “distráelos, o te destrozaran ese precioso armario de sicómoro” La simple idea de que destrozaran su armario con hechizos hizo que hiperventilara.
- Ahh, Severus- dijo al fin- ya que estas aquí, podrías explicarme una cosa que no entiendo de una poción- se dirigió hacia su escritorio, donde estaba el libro que había sacado de la sección prohibida el lunes. Pero el libro no estaba donde ella lo había dejado.- maldita sea, juraría que estaba aquí...
Pero buscó y buscó, y el libro no estaba. Comenzó a asustarse. Estaba SEGURA de que había traído el libro hasta su habitación. Es mas, estaba segura de que lo había dejado allí.
- No está- dijo quedamente- El libro no está. Oh dios- y solo decir eso y mirarla a los ojos, Severus supo que algo iba mal. Se acercó hasta ella. Saffron lo miró asustada- El libro, se lo han llevado. Han tenido que entrar y llevárselo.
Ella sintió como el miedo crecía en su estómago, y serpenteaba por sus músculos, agarrotándolos. El horror de las implicaciones de lo que estaba diciendo, hicieron que apenas si pudiera respirar.
- ¿Y si ha entrado en mi habitación? ¿Y si ha entrado mientras dormía?- el terror la atenazó tanto, que solo pudo echarse a llorar. Buscó frenéticamente la mano de Severus, que se la apretó hasta casi hacerle daño. Pero fue Julius el que primero se acercó y la abrazó.
- Shhishh, cariño, no pasa nada, estoy aquí... - dijo Julius intentando calmarla. Severus soltó la mano de ella repentinamente, y vio al otro hombre abrazarla. No pudo menos que recordar la noche anterior, cuando ella lo había abrazado a el. Al ver a Julius consolándola con efectividad, no pudo menos que preguntarse si él había hecho que ella se sintiera bien o solo había sido un sustituto.
Un maldito y condenado sustituto.
Severus podía sentir como su estómago se abría lentamente, y tuvo la desagradable sensación de que sobraba.
- Ahora que esta acompañada, debo asumir que llegara perfectamente al comedor- dijo con la voz helada, dándose la vuelta. Saffron se apartó inmediatamente de Julius, y lo siguió hasta la puerta.
- Severus- llamó cuando el ya había salido. Snape se dio la vuelta, y volvió hasta ella.- Gracias.
Y Saffron volvió a cogerle la mano, apretándola cálidamente. Pero Severus la soltó enseguida.
- No tiene que darme las gracias, señorita Bahn- dijo con voz irritada- es solo mi trabajo. Un trabajo más.
Y, dicho esto, se dio la vuelta y comenzó a bajar los escalones. No vio la expresión dolida de ella. Saffron cerró la puerta tristemente.
- Un tipo de lo más desagradable- comentó Julius mientras se acercaba de nuevo a ella.
Saffron se apartó de el, y se quedó mirándolo sin decir nada.
“Un auror!” pensaba malhumorado Severus mientras bajaba las escaleras “maldito monigote, con esos ridículos pelos en la barbilla...”