Laia salió de la clase de Flitwick completamente dormida. Las clases por la tarde le parecían horribles. ¿Por qué había cogido asignaturas extra? ¿A quien quería engañar con ese cuento de estudiante aplicada?
De repente, en mitad del claustro encontró a su gata blanca esperándola toda tiesa, con mirada ansiosa. Laia se acercó a ella y sintió lo que ésta quería decirle.
“Está aquí”
La gata empezó a correr, y Laia la siguió todo lo rápido que podía hasta llegar a las mazmorras.
Al llegar al despacho de Snape, Laia abrió rápidamente la puerta, sin pensar siquiera en llamar.
En el interior de la habitación se encontraba Snape, Bahn.
Y Lucius Malfoy.
Se quedó allí parada, mirando fijamente al señor Mafloy. Se encontraba mal, realmente mal. Y nerviosa.
“¿Y ahora que hago?”
Pero la voz del profesor de pociones la sacó de sus pensamientos.
- ¿Qué hace aquí Wallravenstein?
Antes que pudiera contestar, Lucius se acercó a la recién llegada.
- Señorita Wallravenstein ¿Cómo se encuentra? Justamente ayer hablé con su abuela.
Y dicho esto le tendió su mano. Laia acercó la suya, sin poder evitar un ligero temblor, y se la estrechó. No supo cuanto tiempo le estuvo dando la mano, pero a ella le parecieron años, ya que parecía que no pudiera soltarle. Una sensación agradable y desagradable a la vez le recorrió el espinazo.
Snape la sacó de sus pensamientos.
- El señor Malfoy y yo debemos aclarar algunos asuntos, si nos disculpan.
Laia miró a Snape aún sin haber tenido tiempo de borrar esa expresión extraña de anhelo y miedo de su cara, y se dirigió a la salida junto a Saffron Bahn, con la sensación de estar flotando.
El portazo la devolvió a la realidad. Se recostó contra la pared emitiendo un discreto suspiro y miró de reojo a Saffron, que ahora estaba cruzada de brazos delante de la puerta, levemente turbada.
- ¿Qué tal tu trabajo?
Saffron se giró, sorprendida que Laia le hubiera dirigido la palabra preguntando algo tan arbitrario... o no tanto ¿Cómo fiarse? Sonrió, pero era una sonrisa un poco triste, y contestó:
- Apenas he empezado, en realidad.
Se hicieron unos segundos de silencio. Laia volvió a hablar.
- Sabes... Me sorprende que el profesor Snape haya accedido a ayudarte con tu trabajo.
Laia miraba fijamente a Saffron, que en ese mismo momento se balanceaba lentamente, como intentando encontrar sentido a la frase que Laia le acababa de soltar. Luego disimuladamente Saffron giró la cabeza a un lado. Estaba bastante colorada, mucho más que antes, y se fijó en Mary-Sue, que se paseaba cerca de ella.
- ¿Es tu gato?
Laia afirmó con una expresión neutra.
- Si, es gata. Tiene el don de teletrans...
Pero en ese preciso instante se abrió la puerta violentamente y salió Lucius Malfoy con el rictus forzado, alejándose de las mazmorras con paso rápido y seguro, no sin mirar fijamente a Laia durante unos segundos, algo que a ella le produjo un cierto malestar.
Las dos chicas se miraron un poco desconcertadas, y se oyó la voz de Snape.
- Señorita Bahn, señorita Wallravenstein, hagan el favor de entrar.
Una vez dentro del despacho, Snape se levantó de su silla y se dirigió a Saffron Bahn.
- Vaya al armario a buscar lo que le he dicho. Le he dado la llave ya ¿Cierto?
Saffron asintió, se metió una mano en uno de los bolsillos y se dirigió a otra habitación a buscar lo que el profesor le había pedido.
Luego Snape dirigió a Wallravenstein una mirada crítica.
- ¿Y bien? ¿A qué había venido Wallravenstein? A tenor de la prisa que se daba debe ser algo importante.
Laia abrió los ojos desconcertada.
Lo había fastidiado. Sus impulsos la habían dejado al descubierto... o casi.
- Venía por lo de McGuillan profesor... Está enfermo.
Snape levantó una ceja.
- Eso lo sabe todo el colegio.
- No... no, es que está peor.
- ¿Qué tiene?
- No sé... algo de fiebre.
Laia no sabía si Snape se lo había creído, pero parecía satisfecho, así que la despidió y ella pudo salir del despacho y respirar tranquila.
En el frío pasillo hizo una valoración de lo sucedido. Bahn estaba visiblemente alterada, pero ella tampoco había controlado mucho la situación. Y la excusa... ¿Cómo sabía que esa poción que le había dado a McGuillan había dado resultado? Apretó el paso y se dirigió al recibidor. Si se daba prisa quizás alcanzaría a Lucius.
Afortunadamente Filch no estaba por allí, así que pudo dirigirse a las puertas principales y abrirlas suficientemente como para colarse por la rendija.
Ya había oscurecido y el clima era especialmente frío, a juzgar por el vaho que desprendía por la boca. Empezó a andar por el centro del patio y se dirigió al campo de quiddich, en una de las zonas con menos iluminación de los terrenos de Hogwarts.
La verdad es que no esperaba encontrarle, pero cuando ya iba a volver al colegio rozó una sombra negra y sé hecho hacía atrás en posición defensiva. Se oyó una risa apagada y la sombra habló.
- Sabía que vendrías, eres muy previsible.
La voz le delataba, Lucius Malfoy la había estado esperando. Él dio unos pasos y la luz de la luna iluminó sus cabellos y su rostro, el cual ahora sonreía con sorna. Laia susurró:
- No soy previsible.
- Para mi si.
Lucius Malfoy siempre la exasperaba. Laia bajó la mirada controlando su ira, pero él continuó, mientras daba vueltas a su alrededor.
- Así que Youko Silvara, la auror... Si te fijaras más, te darías cuenta que hay otra persona a quien deberías controlar.
Laia levantó la vista extrañada.
- ¿Quién? ¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo ha dicho?
Lucius se paró ante ella, y la miró fijamente.
- Tengo mis contactos.
- ¿Cuáles?
Lucius se echó para atrás otra vez. Estaba jugando con ella.
- No te lo puedo decir. Pero si, tengo espías.
Laia frunció el entrecejo y le miró rabiosa, muy rabiosa.
- Pues tus espías no se han fijado en cosas en las que si me fijo yo.
Lucius borró su irónica sonrisa. Laia sonrió esta vez y empezó a andar alrededor de él. Se habían invertido los papeles. Lucius la miró exasperado, pero intentando dominarse.
- ¿En qué?
Dijo, intentando demostrar que no le importaba.
- Vigila a tu hijo, no se meta en problemas.
Lucius abrió los ojos y se echó a reir con ese particular tono Malfoy tan desdeñoso. Laia mostró un rictus irónico.
“Lucius Malfoy siempre tan seguro de todo”
Silenciosamente se acercó a ella y pasó uno de sus dedos por la mandíbula de la chica, haciendo que ésta se turbara.
- He de irme. No te portes muy mal.
Y dicho esto se internó entre las sombras y ya no volvió a aparecer.
“Qué no me porte muy mal... Cómo si él fuera un ejemplo a seguir”
Dicho esto, Laia suspiró hondo y se dirigió a la escuela. Ya no hacía frío sino calor, mucho calor.