Para cuando Youko llegó a su habitación estaba a punto de ahogarse por la falta de aire. Definitivamente, correr desde la biblioteca hasta su dormitorio en la Torre Serpens y subir escaleras a toda velocidad no era buena idea si quería vivir muchos años... aunque con la habilidad de Malfoy para provocarle un fallo cardiaco también la llevaba clara. Dejo sus cosas sobre la mesa y se dejó caer boca abajo en la cama. ¿Por qué demonios tenía que ser así? ¿Por qué no podía reaccionar como una persona normal? Noooo, ella o reaccionaba convirtiéndose en un trozo de hielo con patas o le daba el ataque de pánico. Y como estaba visto que con Malfoy no funcionaba la versión polo de Youko, su cerebro decidía por si mismo y optaba por el pánico.
¿Qué le diría su amiga Valerie de todo esto? Sí, podía imaginar a su amiga diciendo: “Tú solita te lo has buscado, que si el dichoso Potter atrae los problemas tu los buscas sola”. Y lo malo era que tendría razón, siempre llevando la contraria a los demás. Cuanto desearía poder hablar con su madre de todo esto, pero las relaciones con su familia habían ido de mal en peor desde que dijo que iba a entrar en la academia...
-“Bien, supongo que no tiene sentido preocuparme en exceso...”—dijo para sí misma mientras se incorporaba y se sentaba en el borde de la cama.—“Ahora, si Malfoy me está avisando... será cuestión de que me ande con ojo. Realmente no se que espera de mi Wallravenstein...”.
Decidiendo que era mejor no volver a la biblioteca y que no tenía ganas de aparecer por el comedor, optó por llamar a un elfo doméstico para que le sirvieran la comida en su habitación. El elfo no tuvo ningún problema y cinco minutos después Youko estaba disfrutando de una agradable comida caliente. Cuando terminó, consultó su reloj para ver si aún tenía tiempo hasta las clases de la tarde y, viendo que sí, cogió el planning para el taller de duelos y se puso a organizarlo. Así tendrían menos trabajo mañana por la tarde.
Una hora y media después y con un planning bastante bueno sobre la mesa, Youko salió de su habitación rumbo al aula de DADA. Por lo menos hoy no tocaban los 6º cursos de Slytherin y Gryffindor... Por lo menos...
******************************************************************
Las clases habían marchado muy bien aquella tarde. Lupin le había dejado dar una pequeña parte de la clase para que se fuera acostumbrando y aquello la había animado mucho. Después de una ducha refrescante y un cambio de ropa, Youko se encaminó al comedor para la cena. En uno de los pasillos se encontró con Saffron Bahn. Dudó un momento entre llamarla o no y al final optó por hacerlo.
-“¡Bahn! ¡Espera!”—llamó Youko en voz alta a la pelirroja mientras esta se para en seco y se giraba para verla acercarse con cara de curiosidad. ¿Qué querría Youko...? En un arrebato de *normalidad* cambió su sonrisa fría por una más amable mientras se paraba a su lado.—“Hola, perdona que te haya parado , pero como he visto que ibas sola... ¿Te importa si vamos juntas hasta el comedor?”.
-“No, en absoluto.”—respondió Saffron devolviendo la sonrisa. Empezaron a andar en silencio, hasta que Saffron preguntó.—“¿Qué tal has estado Youko? Nos hemos cruzado estos días por aquí pero no hemos tenido mucho tiempo para hablar”.
-“Cierto. Estoy muy bien, gracias. Las cosas no me van muy mal”—contestó mientras giraban una esquina.—“Por cierto, ¿qué pasó ayer con Snape? Porque los gritos que te estaba dando se oían desde la otra punta del castillo”—preguntó curiosa sobre la bronca en la cual había irrumpido la tarde anterior.
Saffron se sonrojó un poco... bueno dejémoslo, se sonrojó bastante, lo cual aumentó más la curiosidad de Youko, antes de contarle la pequeña confusión con las pociones. Cuando terminó Youko se quedó mirándola como si le hubieran salido antenas en el sitio de las orejas.
-“No te rías por favor”—pidió Saffron con un gimoteo, lo cual sólo consiguió aumentar más el entretenimiento de Youko, que al final se echó a reír.
-“¿Pero como no se te ocurrió prestar más atención a lo que te estaba diciendo?”—dijo cuando consiguió controlar un poco la risa.—“Lo que habría pagado sólo por ver la cara que puso Snape en ese momento...”
Para cuando llegaron al comedor, a Saffron parecía que le había caído pintura roja en la cara mientras Youko ahogaba unas risitas jocosas. Antes de entrar, respiró hondo y volvió a poner la máscara de fría normalidad que llevaba siempre. Hasta Saffron se quedó alucinada con el cambio en la expresión.
-“Bueno Saffron, ya hablaremos más tranquilamente otro día”—se despidió Youko mientras alcanzaba a Lupin, que estaba junto a las puertas.—“¡Remus!”—llamó al tiempo que se despedía de Saffron agitando levemente la mano.
-“Claro, cuando quieras”—respondió la pelirroja. “Después de todo, no es tan fría como parece”, pensó Saffron viéndola entrar con el profesor Lupin, que la saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa. Entró ella también y se sentó en la mesa de Ravenclaw.
Youko le empezó a contar a Remus como había planificado los horarios para las clases de duelo. Pero cuando llegaron a la mesa, percibió a otra persona más: Charlotte parecía que por fin hacía acto de presencia. Miró de soslayo a Lupin, que no se había dado cuenta. Se sentaron y entonces sí, cuando Remus se giró para saludar a Snape, la vio.
Un saludo torpe por parte de Remus, uno casi inexistente por parte de Charlotte y uno muy seco por parte de Snape. Youko fijó sus ojos en Charlotte y la saludó. Esta respondió con una ligera inclinación, apenas una sonrisa y siguió hablando con Snape. Y viendo que Remus se quedaba totalmente perdido decidió seguir charlando con él. Ciertamente tenía ganas de enterarse de lo que había pasado entre esos dos. Pero eso, quedaba en manos de Charlotte el decírselo. Ella ya tenía bastantes dolores de cabeza con sus propios problemas...