Lo peor de todo es que en el banquete le había tocado sentarse al lado del grupito femenino más insoportable de Slytherin, una pandilla que murmuraba y soltaba grititos de indignación y sorpresa a medida que su cabecilla, Pansy -líder absoluta de ese grupo de impertinentes chillonas- iba relatando algo que parecía sumamente interesante.
Laia bajó los cubiertos y prestó atención.
-... una decepción, yo no entiendo como una chica como ella haya ido a una escuela de aurores nada más salir de Hogwarts. Bueno ¿Quién la conoce en realidad? Yo no se que pensar, realmente.
Aún no había terminado el discurso Pansy, que se oyó una suave risita desdeñosa. Laia lo reconoció al instante. Era el llamado Tono Malfoy, y Draco lo representaba a la perfección. Ahí estaba, sentado al lado de Pansy. Laia aún no se había dado cuenta de su presencia, pues la voluminosidad de su prometida no dejaba ver más allá, pero Draco había estado escuchando toda la conversación.
No hacía falta dar más pistas, Laia sabía del cierto a quien se refería.
A Youko Silvara.
¿Quién no conocía el suceso? Fue uno de los rumores el pasado año. “Una slytherin ha entrado en la escuela de aurores”. Laia levantó la vista y la buscó. Fue fácil encontrarla, poseía un cabello tan rubio que parecía casi blanco.
Se acordaba bien de ella, sobretodo de la primera vez que coincidieron en la sala común. Ella cursaba tercero, aún no había repetido curso. Silvara estudiaba quinto. Fue un año terrible, pues debido a unas amenazas a muggles que derivaron en petrificaciones, tuvo que sufrir interminables tardes de aburrimiento en la sala común, ya que a los profesores se les ocurrió imponer un toque de queda. Una de esas tardes Silvara estaba leyendo un libro en uno de los grandes sofás. Entonces pensó en retarla al ajedrez mágico para conseguir como fuera esa serpiente plateada que poseía. Al final no la retó, sabía que Silvara nunca accedería a apostar su serpiente por cualquier cosa que ella pudiera ofrecerle a cambio. ¿Aún la llevaría consigo?
Sumida en sus pensamientos vio como la gente se levantaba y se dirigía a la salida. Laia se levantó e intentó salir por la puerta lo más pronto posible para llegar a las mazmorras, pero una mano firme cayó en su hombro. Se giró y se encontró cara a cara con Jameson, uno de los cazadores de Slytherin y prefecto.
-Reunión de prefectos con el jefe de la casa.
Laia miró suplicante a Jameson y luego cerró los ojos, dedicando una retaíla interminable de insultos al aire -y al jefe de su casa-. Ella quería meterse en la cama, no quería entrar en el despacho de Snape y que le asignara responsabilidades tan pronto. Bufó exasperada y se dirigió a las puertas, casi atropellando a la gente. Jameson le seguía como buenamente podía e iba gritando unos pasos por detrás.
-¡Me lo ha dicho antes de entrar en el comedor! ¡Parecía molesto contigo! ¡Lo siento Laia pero creo que te echará una bronca!
De repente Laia paró en seco y Jameson chocó contra ella. Allí, un poco apartados del resto de la gente, se encontraba el director y una chica pelirroja, y detrás de ambos, Severus Snape. Ni Dumbledore ni la joven parecían haberse percatado de la presencia del profesor de pociones. Jameson le susurró al oido.
-Más vale que esperemos, Laia. A lo mejor está ocupado.
Laia observó la escena y se retiró a un rincón de mala gana. Entonces pudo ver mejor a la chica. Era la hija de unos diseñadores muy conocidos, gente de mucho dinero. Es más, ella misma llevaba tiempo adquiriendo diseños de sus colecciones. Se quedó mirando el borde de su túnica y pensando en su maravilloso acabado cuando Jameson la sacó de sus pensamientos con un golpe seco.
-¡Le ha dado un codazo!
-¿Qué?
-Qué esa chica le ha dado un codazo a Snape.
Laia miró a Jameson escéptica y volvió la mirada hacía Snape y la chica. No parecía que la escena hubiera cambiado demasiado. Por fin el grupo se disolvió y pudo llamar a Snape.
-¡Profesor!
Snape se giró y la miró por encima del hombro.
-Ah, la señorita Wallravenstein y el señor Jameson. Reunión de prefectos. Vengan a mi despacho.
...
Qué horror de reunión, una hora de discurso y una bronca. No, una bronca no, una... ¿Amenaza? ¿Qué pasaba con Snape? Laia siempre había salido beneficiada teniendo a Snape de profesor, pero este año... la miraba muy mal.
"Más vale que se dedique exclusivamente a sus estudios"
Le había dicho.
"¿Y que más podría hacer?" Dijo ella.
¿Y que obtuvo como respuesta?
“Únicamente me preocupa que una de las prefectas de Slytherin pueda volver a repetir un curso”
Bueno, deja de pensar en eso Laia, que por fin estás en la cama...