Saffron estuvo encantada cuando por fin llegó hasta su habitación. Era espaciosa, con grandes ventanales (mucha luz, tal como a ella le gustaba) y un gran cuarto de baño para ella sola. Sonrió satisfecha al ver su equipaje ya perfectamente colocado en los amplios armarios.
- Ehhh, pequeñín, te he echado de menos- le dijo a su gato Ein, que se había acercado alborozado hasta ella cuando entró en la habitación. Saffron lo cogió en brazos, y Ein se restregó mimoso entre sus brazos. Lo dejó en el suelo, mientras se cambiaba de ropa- ¡¡No te puedes imaginar lo que me ha pasado!! Que vergüenza, Ein...
El gato escuchó toda la historia con atención, y Saffron hubiera jurado que sonreía. Se metió en la cama enseguida, durmiéndose al instante. Había sido un día demasiado largo y demasiadas emociones seguidas. Ein la miró un momento, y recostándose a los pies de la cama, también se durmió.
A la mañana siguiente, bajó a desayunar cuando ya casi no quedaba nadie en el comedor. Se bebió una taza de té, se comió una tostada, y se fue a la biblioteca. Pasó el resto de la mañana buscando libros que podrían servirle en su trabajo y tomando apuntes. Pronto le asaltaron dudas, y decidió que sería mejor buscar a alguien que le ayudara.
Afortunadamente, el profesor Binns no estaba ocupado.
- Siempre supe que usted tenía posibilidades en este campo- dijo el profesor sin poder disimular el orgullo que le producía que una de sus alumnas siguiera sus pasos- Usted fue una de mis mejores alumnas...
Acto seguido, comenzaron a discutir sobre libros y estudios. Saffron escuchaba apasionada todo lo que su antiguo profesor de Historia le decía, aunque nunca hubiera sido un gran orador, y los alumnos se durmieran en su clase.
-... Y este- le dijo Binns enseñándole un grueso tomo- es un clásico, aunque está mas que superado... Desde luego, lo tiene difícil. En este campo hay multitud de estudios...
Saffron asintió tristemente. De repente, la esperanza de pasar en Hogwarts otro año, se iba desvaneciendo.
-Aunque. - la voz del profesor Binns sonaba esperanzada- podría dedicar su estudio a un tema algo más restringido. Por ejemplo, las pociones curativas. Hay pocos estudios sobre el tema en la Edad Antigua. Pero, en ese caso, me temo que yo no sería la persona más indicada para ayudarla.
Saffron quedó pensativa durante un momento. El tema era atrayente, pero eso significaba que tendría que dedicar muchas horas al estudio de las pociones antiguas. Y, a su vez, eso significaba que tendría que necesitar mucha ayuda de Snape. No es que la idea no le atrajera (muy al contrario), pero había que saber que opinaba el profesor de Pociones al respecto. Iba a decir algo, cuando llamaron a la puerta, y tras abrirla, la oscura cabeza de Snape apareció tras ella.
- Ah, el hombre en cuestión- Dijo Binns alegremente- Pase, Severus, pase. La señorita Bahn y yo estábamos hablando de usted.
Snape le dedicó una mirada descreída y alzando una ceja, inquirió con voz untuosa: “¿Y podría conocer el tema?”. El profesor Binns se lo explicó todo, mientras Snape no le quitaba ojo, y Saffron creía que sus mejillas podrían prenderse en cualquier momento, de lo colorada que estaba. Ella aun recordaba el golpe que le había dado la noche anterior.
- Si a usted le parece bien, profesor- dijo Saffron mirando tímidamente a Snape, cuando Binns hubo terminado de exponer la cuestión. Severus Snape la miró brevemente, los ojos oscuros clavados en ella. Saffron creyó que los segundos se convertían en horas mientras él permanecía callado.
- Venga esta tarde a las cinco a mi despacho, y hablaremos.- dijo por fin; y Saffron se dio cuenta que había estado aguantando la respiración todo aquel tiempo.- Sea puntual, se lo ruego.
Saffron asintió, y se mantuvo en discreto segundo plano mientras los profesores comentaban algo relacionado con los horarios. Lo cierto es que apenas si los escuchó, pensando emocionada en la entrevista de aquella tarde en el despacho de Snape, mientras su cara reflejaba su expresión embobada. De repente, sintió una fuerte presión en el brazo. Tardó varios segundos en darse cuenta que era la mano de Snape la que provocaba tal presión.
- Señorita Bahn, regrese al mundo real por favor- dijo Snape con una voz que evidenciaba su irritación.- Llegaremos tarde al almuerzo si no despierta pronto.- y dicho esto, sujetó la puerta para que ella saliera del aula. Saffron salió, consciente de que Snape la seguía de cerca.
“Jo, ha dicho ‘llegaremos’” pensaba Saffron emocionada como una quinceañera cualquiera, ajena al hecho de que, un par de pasos detrás de ella, Severus Snape no apartaba la vista de ella, pensado que realmente Saffron Bahn era una chica extraña.
Aun para ser una Ravenclaw.