Cuando entró al castillo, caminó como pudo entro todos los alumnos que se reunían en grupos y hablaban de sus vacaciones muy animadamente. En breves momentos todos estaría juntos en el comedor, y la selección de los de primero se llevaría a cabo. Comerían, y se irían a sus respectivas habitaciones.
Pero, ¿y ella?
No era profesora, no era alumna, a decir verdad nadie sabía que tenía que estar allí, excepto Dumbledore. Eso esperaba. Ella no había contactado con él, pero sus jefes en el Ministerio le habían asegurado que estaba al corriente.
Como no sabía dónde se suponía estaba su lugar, pensó en buscar a Dumbledore. Iría hasta su despacho y con un poco de suerte se lo encontraría por los pasillos. Eso era siempre lo que pasaba, era como si Dumbledore supiera que alguien le estaba buscando.
Comenzó a caminar hasta que salió del tumulto de alumnos emocionados (en la mayoría de los casos) y nada más percibir la amplitud del pasillo desierto se encontró con Minerva McGonagall, su antigua cabeza de casa.
Las dos se detuvieron y ninguna hizo ningún comentario durante unos instantes.
"Bien" pensó Charlotte "ahora que resulte que ni siquiera se acuerda de mi"
- "¿Charlotte Jenkins? " -preguntó intrigada.
- "Sí. Profesora. " -Dudó Charlotte.
- "Bueno! Cómo iba a poder imaginarme que este año iba a encontrarme a una Gryffindor rondando por los pasillos desiertos el día de la presentación. Creeme, desde hace un tiempo acá, eso es lo más común del mundo."
Ese comentario hizo la sentirse un poco turbada. Nunca había visto a McGonagall hablarle con esa familiaridad, y lo más extraño de todo, no entendía a qué se refería. McGonagall vio en su mirada que estaba completamente perdida, y se apresuró a darle una pequeña explicación.
- "No tiene nada que ver con usted, señorita Jenkins. me refería a otros alumnos. Pero puede que eso tampoco le diga nada."
- "A decir verdad, últimamente no hay nada que me diga nada." -sonrió. - "he estado de viaje durante mucho tiempo, y no he tenido muchas noticias con respecto al colegio... y bueno... a nada en general por esta parte del mundo."
- "Oh!, claro, Dumbledore me comentó que trabajaba para el Ministerio de Magia."
- "Sí, señora: 'Equipos de Reversión de Magia Accidental'. He estado destinada a países del norte del continente. Excavaciones, mucho frío, y pocas comunicaciones. Ya sabe."
- "Sí. El Ministerio y sus misterios."
- "Supongo que tendrá prisa. Buscaba a Dumbledore, pero supongo que la ceremonia estará a punto de comenzar y tendrán cosas que hacer. ¿No sabrá a caso dónde puedo alojarme?" -¿se suponía que Minerva sabía que se iba a quedar allí?, o ¿había metido la pata?
- "Dumbledore ya me explicó, dijo que podía quedarse en la torre Gryffindor si quería, o quizá disponerle un pequeño despacho."
- "Preferiría lo segundo, profesora. Aún no tengo muy claro algunas cosas y ya sabe..."
- "Sí, sí, espacio para trabajar. Tranquila, sígame."
Charlotte y McGonagall caminaron durante un buen rato hasta que llegaron frente a una puerta en el tercer piso.
- "Puedes dejar aquí sus cosas y bajar a la cena de presentación, la mesa Gryffindor tiene asientos suficientes si deseases darte un respiro antes de ponerte al trabajo."
Pensar en los suculentos platos que podían ofrecerle le hizo recordar que tenía hambre, y que en su bolsa sólo llevaba provisiones rancias de las que ya estaba cansada de comer. Decidió que iría. La profesora McGonagall se adelantó mientras ella dejaba las cosas en la habitación, y luego bajó tranquilamente hasta el comedor.
Cuando llegó, vio cómo todo el comedor dirigía las miradas hacia una chica tirada en el suelo y rodeada de armaduras que intentaban defenderse. Algunos alumnos reían, los profesores respiraban malhumorados, y la chica en cuestión intentaba mantener la compostura.
"Bueno, por lo menos pasaré desapercibida"
Al dirigirse hacia la mesa Gryffindor, echó una mirada a la mesa de profesores, suponía que Dumbledore la vería y quizá en poco tiempo aclarase algunas dudas de las muchas que tenía en su mente.
Pero no fue a Dumbledore al que vio. ¿Le mentían sus ojos? ¿Era una broma pesada? Dios mío! ¿Qué hacía Remus sentado en la mesa?
Su cabeza dio un vuelco, su corazón se desbocó, y sin darse cuenta fue retrocediendo con los ojos fijos en él.
¿Qué?
Cuando salió del comedor aún seguían con el alboroto. Nadie, probablemente, se había fijado en ella.
No se lo podía creer. Remus en el colegio. Había creído, se había mentalizado, que nunca más le iba a volver a ver. Y sobre esa creencia había conseguido seguir adelante. Pero ahora todo se desmoronaba.
Volvió corriendo a su habitación, con imágenes, pensamientos y un nudo en el estómago. Cuando entró, cerró la puerta rápidamente. ¿Cómo iba a poder hacer su trabajo en estas condiciones? ¿Cómo iba siquiera poder salir de esa habitación?