El profesor ya estaba sentado en su mesa, tranquilo y sonriente. Parecía estar leyendo la lista de alumnos mientras saludaba a los que iban llegando.
La clase aún no había empezado, y eso que Laia llegaba unos minutos tarde. La razón de su retraso era que le había salido un moratón en la frente. Genial, si pretendía que se olvidara el accidente del día anterior iba lista. Ya se lo había recordado María nada más abrir los ojos, tenía media frente de color azul. Eso menguaba significativamente su atractivo, y no estaba nada bien. Ella siempre tenía que estar perfecta. Pero nada podía hacer por su cara en ese momento, tenía la primera clase.
Defensa contra las Artes Oscuras.
Entró en la clase, saludó a María y se sentó a su lado. Por desgracia tenía a los dos gorilas de Malfoy delante de sus narices. A ver si ahora no iba a ver nada.
De repente se abrió la puerta y apareció Draco, con un aire de superioridad más elevado del acostumbrado. Se oyó un bufido desde la zona Gryffindor. Draco siempre provocaba eso en ellos. Desde primero ya se había convertido en el representante de Slytherin ante las demás casas, y eso fue gracias a sus continuos enfrentamientos con el trío maravilla de Gryffindor: Potter, Weasley y Granger. Qué por cierto ahí estaban, en primera fila, para no perderse ninguno de los movimientos de su adorado profesor.
Cuando ya estaban aparentemente todos los alumnos en la clase se volvió a abrir la puerta. Laia se giró y vio aparecer a Youko Silvara. Subió a la tarima sin desviar la mirada y saludó a Lupin. Vaya, era la ayudante del profesor, por eso estaba en el colegio. Recordaba que en cuarto también tuvo a Lupin de profesor, y que durante la luna llena tenía que venir Snape a sustituirle. Por suerte Silvara también era una slytherin... No tendría problemas.
Una clase amena y entretenida, a Laia le costaba reconocerlo. Cogió sus enseres y dedicó una mirada de fastidio a María.
- Qué muermo.
Si, le costaba reconocerlo.
Estuvieron andando hacia la siguiente clase, Transformaciones, cuando Laia se detuvo y dijo.
- Oye, yo tengo que volver a las mazmorras.
María la miró desconcertada.
- ¿Por qué? ¿Te has dejado algo en la habitación?
Laia hizo una mueca agresiva.
- No, solo tengo que ir a dar vueltas por las mazmorras como una imbécil.
- ¿Por qué?
Suerte que María era un poco simple.
- Cosas de prefecta.
María se dio por respondida y subió las escaleras rumbo al aula de Transformaciones. Laia abrió la puerta que llevaba a las mazmorras y recorrió corriendo sus húmedos pasillos.
Abrió la puerta que daba a la sala común. Vacía. Aún así la registró bien. Luego se dirigió a la enorme chimenea, hizo un movimiento de varita dentro de ella y esperó.
De repente se oyó un zumbido y un fuego sobrenatural bajó por la chimenea prendiéndola al instante. De entre las llamas apareció un rostro. Laia mostró una mueca de desilusión.
“Un simple secretario”
¿Cómo había podido esperar que fuera él quien se rebajara a aparecer dentro de una chimenea?
El secretario la miró con desgana, con la expresión de desagrado de alguien que ha sido molestado por una tontería. Laia lo ignoró y dijo, con voz seca y cortante.
- Sigo sin saber exactamente que hacer...
El secretario suspiró, bajó la cabeza y la miró fijamente, susurrando con un deje de evidencia.
- Decirme que has visto.
Laia alzó las cejas. ¿Qué había visto de sospechoso?
- Bueno... Ha vuelto Remus Lupin.
La expresión neutra del secretario daba a entender que no sabía quien era Remus Lupin. Los pobres secretarios del señor Malfoy nunca se enteran de nada:
- Un ex-miembro de Gryffidor, un hombre-lobo completamente arruinado. Enseña Defensa contra las Artes Oscuras... Por segunda vez. Es un buenazo.
Dijo Laia despectivamente.
- Ah, ya recuerdo. Le echaron.
El secretario no apuntó nada. Eso ya lo sabía todo el mundo, no era una novedad.
- ¿Algo más?
Laia negó con la cabeza. El hombre no parecía muy contento con los resultados de la entrevista.
- ¿Y Severus Snape?
- Hablé ayer con él. Hubo reunión de prefectos. Nada importante.
El secretario le gritó.
- ¿Nada importante? ¡Se supone que debía enterarse de algo importante señorita Wallravenstein!
- ¿En una noche?
- El señor Malfoy no estará muy contento de oir eso.
Ya está, ya lo había dicho. Laia bajó la cabeza. ¿Qué le diría a Malfoy? ¿Qué era una inútil? No, él comprendería que en una noche no se puede descubrir nada.
"Espera Laia, él nunca comprende nada"
Levantó los ojos y frunció el entrecejo.
- Hay una chica. Una antigua estudiante de Slytherin. Al salir de Hogwarts fue directa a la academia de aurores. Está en el colegio y es la ayudante de Lupin.
El secretario levantó la cabeza y la frente se le despejó.
- Pues vigílala.
Y seguido de una explosión, desapareció.
Laia se levantó del suelo y se dirigió a uno de los sofás. No sabía exactamente como había podido llegar al extremo de espiar a una slytherin. Se quedó allí sentada diez minutos, mirando fijamente la gastada alfombra.
De repente recordó las palabras de Snape del día anterior.
“Más vale que se dedique exclusivamente a sus estudios"
Si, más le habría valido.