Como ya parecía algo común en su vida, Youko se despertó maldiciendo. No había cosa que odiara más que tener que madrugar. ¡Por Salazar! ¡Si apenas eran las siete! Pero Dumbledore había dejado claro que aunque ella no fuera una profesora como tal, si que era una ayudante, y que su obligación era estar presente en el desayuno. Más que levantarse se arrastró de la cama a la ducha y abriendo el grifo dejó que le cayera encima un chorro de agua fría, intentando despejarse. Tras soltar un pequeño grito por el severo contraste del agua helada en su piel, giró los grifos del agua caliente y se relajó. Apenas hacía cinco minutos que había salido de la ducha cuando sonó un afilado golpe en la puerta de su dormitorio.
-“¡Un momento!”—gritó malhumorada a quien estuviera al otro lado. ¿Quién demonios la molestaba a esas horas de la mañana?, pensó mientras se peleaba con unos pantalones y una camisa blanca. Cogiendo su túnica, se la puso por encima y se dirigió a abrir la puerta.
Decir que se quedó de piedra era decir poco. ¿Por qué demonios tenía que venir Snape a aquellas horas de la mañana?.
-“¿Puedo ayudarle en algo, profesor?”—inquirió arqueando sutilmente una ceja. “Espero que no venga a soltarme una charla sobre las locuras de convertirme en auror... Ciertamente le sentó como un tiro... bueno, a él y a todo Slytherin que se precie...” pensó mientras le indicaba con una mano que pasara.
-“Realmente, tan sólo quería saber el por qué de su... extraño y agresivo comportamiento con el señor Malfoy anoche”—tan sutil como siempre, el profesor Snape la observó recoger su material para la clase, y no se le escapó como la joven había tensado todos sus músculos a la frase.-“No creo que sea apropiado para una “profesora” dirigirse así a sus alumnos”.
-“Mira quien habla...”—musitó Youko por lo bajo.
-“Señorita Silvara, desconozco los motivos que la hacen actuar así, siempre a la defensiva, pero creo que el señor Malfoy no le ha hecho nada que mereciera el trato que le dio anoche, ¿me equivoco?”—inquirió Snape con aquel tono sedoso que solía usar en las clases. Ante la sacudida de cabeza de Youko negativamente, continuó.-“Muy bien. Entonces espero que ese comportamiento no se vuelva a repetir. Y antes de que pregunte si fue el señor Malfoy el que me avisó de su comportamiento debo decirle que no. Lo pude observar yo mismo. Consideraría conveniente que se disculpara con él”—aquello más que una sugerencia era una orden. Con aquel tono de “contradíseme y haré de tu vida un infierno” no había forma de decirle que no...
-“Como usted diga, profesor Snape. Ahora, si me disculpa, quería dejar estas cosas en la sala de profesores antes del desayuno. Le veré después en la mesa...”—tras eso Youko salió casi en desbandada de su propia habitación, notando como sus mejillas enrojecían no de furia, sino de vergüenza. ¿Cómo demonios iba a disculparse con Draco? ¡Espera un momento! ¿Draco? ¿Desde cuando le llamaba Draco? Merlín, esto empeora...
El desayuno fue tranquilo. Conversó un poco con Lupin sobre la primera clase que tenían. Youko todavía no había visto bien los horarios de los grupos pero sabía que tenían clase con los de 6º curso. Tras un simple café con leche y una tostada se levantó y salió del comedor. Con la vista pegada al suelo no vió a la persona ante ella hasta que estuvo a punto de chocar (¿dos veces en dos días? Aquello ya era demasiado...). Y realmente deseó no haber levantado la vista. Quien sino Malfoy estaba parado ante ella, sin su característica sonrisa pagada de si mismo que solía llevar puesta. Youko respiró hondo varias veces y habló.
-“Señor Malfoy, quería pedirle disculpas por mi comportamiento de ayer. No creo que fuera apropiado, ni muy educado por mi parte”—dijo con su voz más fría, pero todo se fue al traste cuando se le ocurrió fijar sus ojos en los grises de Malfoy y se sonrojó inevitablemente. Y como encima su piel era tan oscura... ¡Por Salazar, qué humillación!
-“No tiene por qué disculparse. Fui un poco impertinente.”—respondió Draco, aunque interiormente no podía evitar sonreír al evidente sonrojo de Youko. Parecía que después de todo no era de hielo...
-“Sí, bien. Ahora si me disculpas, tengo que llegar al aula”—Youko había conseguido hacer retroceder el rubor e intentó seguir su camino. Si iba a la sala de profesores no llegaría a tiempo a la clase. Cabeceando un poco tensamente a Malfoy se fue.
Después de dar un par de vueltas por los pasillos para calmarse un poco y de guiar a algunos primeros años que no encontraban sus clases, se dirigió hacia el aula de DADA. Entró sin mirar a ninguna parte y cuando llegó hasta la mesa del profesor donde ya estaba Lupin, le dio una pequeña inclinación y se giró ara ver a que casa tenía. No pudo evitar el gemido de desesperación cuando vio que el grupo eran Slytherin y Gryffindor y que Malfoy le estaba dirigiendo una divertida sonrisa. Youko suspiró...
-“Bien empezamos...”—musitó para si misma mientras Lupin hacía las presentaciones y empezaba con la clase...