Cuando se paró ante las puertas de Hogwarts al día siguiente, Youko no pudo reprimir un suspiro de alegría. Había anhelado tanto volver a encontrarse entre aquellas viejas paredes, que solo de pensar que iba a pasar otro año allí le aliviaba el corazón.
Empujando las grandes puertas se asomó y miró por los pasillos, totalmente desiertos a esa hora, pero que por la noche volverían a hervir de vida con la llegada de los alumnos. Cogió su equipaje de mano y lo dejó en el interior y sacando del bolsillo una pequeña caja la dejó en el suelo junto a la bolsa.
-"Finite incantatem"-- musitó ondeando ligeramente su varita y la pequeña caja creció hasta tener el tamaño de un baúl. Sonrió levemente ante las grandes ayudas de la magia. Sabía que si dejaba sus cosas ahí en cuanto ella desapareciera saldría de la nada un elfo doméstico y llevaría su equipaje al dormitorio. El cual, ahora que lo pensaba, no sabía donde estaba...
Bien, ya la informarían de eso... Intentó recordar durante un momento donde estaba la sala de profesores y cuando se acordó se dirigió hacia allí inmediatamente. Después de subir tres pisos, bajar uno, encontrar que estaba un piso más abajo de lo que tocaba y volver a subir uno más del correspondiente, no pudo más y gritó.
-"¡No podéis permanecer quietas ni un segundo!"-- tras esto las escaleras se quedaron mortalmente quietas y Youko pudo llegar al piso deseado. Refunfuñando y maldiciendo por lo bajo al loco que había tenido la maravillosa idea de hacer las escaleras móviles, no vio a la figura vestida de negro hasta que chocó con ella.
-"Señorita Silvara, alguien pensaría que siendo una auror y una brillante Slytherin, prestaría más atención por donde camina"-- la voz sedosa pero de borde afilado no era otra que la de su anterior Cabeza de Casa, el profesor Snape, aunque quizás ahora no tendría que llamarlo profesor.
-"Le ruego me disculpe profesor Snape. Le aseguro que no era mi intención tropezar con usted. Tendré más cuidado la próxima vez que las escaleras se encarguen de marearme y desorientarme"-- el tono de Youko era respetuoso pero frío y su cabeza volvía a estar alta y orgullosa. Era como si alguien hubiera apretado un botón que pusiera "Modo Slytherin On".
-"Eso espero. ¿Puedo saber que hace aquí, señorita Silvara?"-- inquirió Snape curioso sobre los motivos que habían traído aquí a tan "flamante" aurora.
-"Claro que puede, profesor. Soy la ayudante del profesor de DADA así como maestra del taller de duelo. Como sabe era una de mis especialidades"-- no pudo evitar sonreír interiormente cuando la mandíbula de Snape se fijó al hablar del puesto de profesor de DADA. Otro año más que no lo consigue, profesor... --"Y ahora si me disculpa me gustaría llegar hasta la sala de profesores, hablar con el profesor Lupin y averiguar donde está mi dormitorio. Que tenga un buen día profesor Snape. Le veré en la cena".
Snape cabeceó tiesamente y siguió su camino pensando en lo poco que había cambiado aquella joven. Y luego decían de él...
Eran casi las ocho. Ya tendría que estar en el Gran Comedor para el banquete de bienvenida. El día había sido bastante provechoso. En la sala de maestros encontró a Lupin (Remus, me ha pedido que le llame Remus...) y discutieron un poco el temario de los diferentes cursos. Al cabo de una hora había llegado el director saludándola demasiado efusivamente para su gusto personal y éste le habían indicado dónde encontrar su dormitorio. Tras despedirse educadamente del resto de profesores se dirigió a la Torre Serpens. Dumbledore había pensado que se encontraría más a gusto en los territorios de Slytherin, y no se equivocaba. Pasó el resto del día ordenando sus cosas.
Para cuando llegó al Gran Comedor ya estaba lleno con los alumnos de todos los cursos menos los primeros años, a los cuales podía oír al final de la escalera principal. Caminando apresuradamente por un lateral de la sala se dirigió a la mesa de los maestros y ocupó su puesto al lado del profesor Lupin. Musitando sus disculpas por el retraso levantó la vista y observó a los alumnos. Algunas miradas curiosas la observaban pero se desviaban pronto ante la gelidez que recibían a cambio. Recorriendo con la mirada la mesa de Slytherin sus ojos tropezaron con otros espejos grises que la miraban curiosamente. Recordaba a aquel muchacho, Malfoy, Draco Malfoy. Iba tres cursos por detrás de ella si mal no recordaba...
En ese momento se abrieron las puertas y los primeros años entraron, desviando su atención de Malfoy. Cuando la ceremonia de ordenación empezó no pudo evitar sentir de nuevo aquella alegría que le producía la sensación de estar de nuevo allí.
-"¿Qué opina de estar de regreso en Hogwarts, señorita Silvara?"-- preguntó el diminuto profesor de encantos, Flitwitch.
Youko sonrió levemente.
-"Es... como empezar de nuevo...".