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¿A qué cosa le teme la Iglesia Católica que cada vez que se convierte en religión de Estado sea donde fuere, comienzan las persecuciones, las injusticias, las diferencias de clase, la discriminación, mayor pobreza, crece la ignorancia, el odio, las apariencias y el ocultamiento tras una cortina de caridad, humildad, servicio y espiritualidad que envuelve todo movimiento de gobierno. Y los ejemplos históricos no provienen de la época de la Inquisición organizada de la edad media, sino de la inquisición de facto moderna inferida de los ejemplos con Musolini en Italia, con Franco en España, con Pinochet en Chile, con Videla en Argentina y muchos otros que han incidido e inciden en el cruel destino de millones de personas y muchos países que nos llevan al convencimiento que no son las armas que a luz se perciben las que desatan el fenómeno en particular, sino que vienen de un objetivo definido. Debemos perfilar profundo para encontrar razones. Veamos: Apocalipsis proviene del griego y significa revelación aunque la gente en general lo atribuye al caos y la catástrofe. Muchos antes de las profecías del Nuevo Testamente de la Biblia, en antiquísimas religiones, luego llamadas paganas, ya existía el trauma al fin del mundo y cada una ofrecía una alternativa de salvación, pero es precisamente la profecía de Juan el Evangelista la que provocará el trauma generalizado de occidente de este fin inminente. Ya hemos analizado cuando surgió esta obsesión, el miedo a la muerte, nos interesa desarrollar ahora como ha venido desplegándose durante todos estos siglos y como se manifiesta en el presente construyendo nuestro destino. Las sociedades secretas religiosas aparecieron en el oriente medio mucho antes que aparecieran en las sectas rebeldes judías, y el cristianismo en sus comienzos no fue ajeno, se desarrolló también con ritos secretos. Pero es con el “milenarismo” donde volverá a germinar estas antiguas prácticas y alimentar muy fuertemente el concepto del fin. El “milenarismo” surgió con las interpretaciones de los exégetas al Apocalipsis bíblico. Lo que era algo hierático clerical se convirtió después en un sumidero de intrigas sociales. En el siglo XII el monje calabrés Joaquín de Fiore (Gioacchino da Fiore, 1135-1202), creó “el reestablecimiento sistemático del milenarismo en la creencia en último progreso providencial hacia la culminación de la historia de salvación dentro de la estructura misma de la historia del mundo. Una puerta a una revisión fundamental de mil años de historia de teología cristiana”, tal como lo objeta Karl Lowith. Joaquín de Fiore, fue sublimado por el mismo Dante en “La Divina Comedia” al que definió como “de espíritu profético dotado” y luego Paúl Johnson en su “Historia del Cristianismo” lo describe como el más erudito, sistemático y “científico” de todos los creadores medievales de sistemas proféticos. El mismo Ricardo Corazón de León que lo conoció durante la Tercera Cruzada dijo que Joaquín de Fiore no era un rebelde, sino un elegante abate calabrés protegido por tres papas. Algunos comparan a Joaquín de Fiore con el talento de San Agustín. La visión de la obra del calabrés en su esencia anida en su visión de la historia como una manifestación progresiva de la Trinidad, como un proceso dividido en tres grandes fases a través de las cuales se pasa a niveles más altos de perfección, culminando en un estadio de plenitud y buenaventuranza caracterizado por la libertad, la santidad, la inocencia, el amor y la armonía contemplativa “ordo monachorum” El paso a la tercera época estaría marcado por hechos apocalípticos, enormes guerras y sufrimientos relacionados con la aparición del muy temido Anticristo, finalmente derrotado, el milenio abriría así sus ansiadas puertas. Dolcino, los Müntzer, los Campanella se inspiraron en las profecías de Joaquín de Fiore y en la Ilustración el esquema triádico de Joaquín influenció a G.E. Lessing y también tributaron a las teorías hegelianas y al marxismo. Saint Simon, Auguste Comté, Marx, Engels, Bakunin, Robert Owen en Inglaterra, Félicité de Lamennais en Francia y Wilhelm Weitling en Alemania. Por otra parte Robert Nisbet lo ha expuesto en su Historia de la Idea del Progreso y Ernest Lee Tuveson en Milenio y utopía y John N. Gray, autor del libro “Misa negra”, las utopías contemporáneas fueron atraídas por estas teorías del monje y alimentaron sus propias teorías, mientras la Iglesia aducía que aquellas provenían del submundo de la herejía y de la subversión que inspiraba a los rebeldes. El descubrimiento de América y la caída del imperio bizantino invitaron a pensar que tal descubrimiento era la tierra prometida o un signo de la llegada de los tiempos profetizados por San Juan. En ese tiempo, el monje Francisco de la Cruz, conminó a trasladar el Papado a Lima como si se tratara de la Nueva Jerusalén. La reforma protestante del siglo XVI fue caldo de cultivo para el desarrollo del milenarismo, tomando carismas diversos, imbuyendo hasta sociedades científicas. Isaac Newton escribió sobre la antigua profecía e hizo cálculos acerca del cumplimiento de sus plazos. El concepto de un milenio de paz y prosperidad en la tierra bajo el reino de Jesucristo no solo conserva toda la vitalidad en nuestro tiempo sino que son el eje de proyectos políticos como la izquierda utópica del comunismo y de la derecha utópica del nazismo, así como de la derecha utópica neoconservadora y neoliberal británica y norteamericana (Tatcher, Tony Blair, George Bush y en las políticas del Fondo Monetario Internacional, instalándose en los fundamentos más profundos para enfrentar a un enemigo que resulta proveniente del Islam. El diario Sunday Times del 27 de marzo de 2009 el portavoz del Vaticano, padre Raniero Cantalamessa, afirmó que Joaquín Di Fiore fue citado tres veces en los discursos de la campaña electoral de Barack Obama como una autoridad moral y un visionario. Este concepto milenarista se instaló como un chip en el cerebro del poder occidental, provocó la reaparición de sociedades secretas, que más allá de sus ritos, se convirtieron en poco tiempo en bloques de influencia gubernamental hasta que algunas alcanzaron tal envergadura que comenzaron a controlar países, economías, negocios, sistemas de abastecimientos, energía, precios, banca, armamentos e incluso provocar guerras e invasiones. La palabra nihilismo fue introducida en el discurso filosófico por primera vez por Friedrich Heinrich Jacobi (1743–1819) en una carta enviada a Fichte en 1799. Jacobi usó el término para caracterizar el racionalismo, y en particular a la filosofía crítica de Immanuel Kant con el fin de llevar a cabo una reductio ad absurdum según el cual todo el racionalismo (la filosofía como crítica) se reduce a nihilismo, y por lo tanto debe ser evitado y reemplazado con un retorno a algún tipo de revelación o conocimiento trascendente. El milenarismo resultó el plato adecuado. El premio Nobel de Economía 2007 fue otorgado a tres investigadores estadounidenses por su trabajo acerca de una rama de la teoría de juegos que tiene relación con las ciencias económicas y políticas contemporáneas. El mismo encajaba en el asidero conceptual milenarista. El profesor Leonid Hurwicz, de 90 años y sus discípulos, Eric S. Maskin y Roger B. Myerson fueron a la postre responsables del fracaso, la debacle económica y crisis financiera mundial del 2010 con la que las corporaciones secretas lograron alimentarse a boca abierta. Esta teoría fue asimilada rápidamente por la economía del mercado norteamericano con la que experimentó un extraordinario y significativo repunte en el desarrollo financiero para determinadas entidades y así fue calcado a la economía global. La teoría en realidad resultó del mismo tinte pero aun más oscura y se mezcló perfectamente en el mercado financiero ya establecido. Hasta que el globo de bonanza por la cual los bancos más importantes se llenaron de dinero, explotó y la banca comenzó a tambalear. Lo insólito es que los gobiernos de Estado recurrieron al dinero público para llenar los agujeros de las mismas casas crediticias a costa de la crisis social, transfiriendo la quiebra a sus pueblos, hacia la masa trabajadora y hacia los más débiles Para los menos convencidos esta debacle sólo demuestra que los gobiernos de los Estados “satélites” ya no gobiernan, sino que están a merced de las sociedades “secretas” y la banca financiera. Ni justa, ni democrática, ni republicanas porque esos estamentos no necesitan del voto de los ciudadanos. Es necesario relacionar la importancia de las logias masónicas en este contexto y la asociación del propio Vaticano con la logia P2 descubierta en el escándalo que hemos transcripto, más allá de que a voces y documentos públicos la Iglesia condena estas agrupaciones. No obstante hemos de reconocer que a través del seno de la masonería, nutrida de los misterios y conocimientos desde Salomón hasta nuestros días, pasando por los Egipcios, los griegos, los romanos, los cabalistas, el mismo cristianismo, el judaísmo, la tradición Hindú, la magia, los druidas, los templarios surgieron las ideas de libertad igualdad que impregnaron las letras de la Constitución de Estados Unidos, la Revolución Francesa y su expansión a través de Napoleón, la independencia de Iberoamérica y la lucha contras los imperios, monarquías y estados absolutos, la secularización de las Universidades y de las ciencias, la abolición de la esclavitud, el laicismo en la enseñanza y hasta la propia Sociedad de las Naciones en la Organización de las Naciones Unidas, pero también en la derivación de logias como el Ku Ku Klan y otras de oscuros y repudiables procedimientos. Se imputa a los masones que en repetidas ocasiones hayan intervenido decretando muertes, entre las cuales son conocidas las de Luis XVI de Francia y Gustavo III de Suecia, aprobadas en la reunión de Francfort en 1784, así como la muerte de Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador y como la logia P2 que aludimos entre otras muchas que derivaron en la “supuesta” Teoría de la Conspiración. No es necesario describir aquí los ritos, historia, transmisiones, personajes, divisiones o su vinculación o no con el Opus Deis, los rosacruces, los jesuitas, los judíos, los templarios o el propio Vaticano. Existe abundante literatura al respecto, sólo relacionar la coincidencia de nuestras argumentaciones sobre las sociedades secretas económicas que nos sacuden y el concepto milenarista que parece coincidir con la máxima masónica transcripta junto con el símbolo masón en los billetes de un dólar "Novus Ordum Secularum" (Nuevo orden mundial), o bien en el “martillo o maza” que en todo tribunal de justicia baja el juez. |