CAPITULOS

 

 I

  TAPA

XV

II   XVI
III   XVII
IV   XVIII
V   XIX
VI   XX
VII   XXI
VIII   XXII
IX   XXIII
X   XXIV
XI   XXV
XII   XXVI
XIII   XXVII
XIV  

 

 

  detener o activar movimiento (poner o sacar el cursor sobre el cuadro de color celeste)

CAPITULO XIX

Podemos acordar con la Biblia cuando afirma que con amor se llega a la fe, porque con amor también y de manera categórica es como surge la educación. La educación es un acto de amor, una interrelación de persona a persona que hace aflorar los sentimientos afectivos: el respeto, la solidaridad y la sociabilidad.

Es fácil determinar a los pueblos pobres y miserables… Idolatran un régimen civil como el más excelso, el más perfecto aun cuando padecen serias y graves tribulaciones y muchos se aferran a su destino después de la muerte,”con la salvación”.

Allí donde la educación y la información son manipuladas, se manipula la política y la cultura; se genera la ignorancia y la miseria fluye como consecuencia en tanto los valores se diluyen –“…Flojo remedio a los males es la ignorancia”, afirmaba Séneca.

Las ideas puras y los absolutos son cosa de suprema gracia intelectual, filosófica o artísticas. De gran valor por supuesto, por cuanto hacen aflorar la naturaleza del hombre, su capacidad de crear y razonar, ofreciendo gamas y alternativas para nuevos pensamientos, rechazando, admitiendo o floreciendo en nuevas. La eticidad motiva a esos quehaceres y nada que haya sido escrito debe prohibirse, condicionándola a la practicidad o utilitariedad circunstancial. El oscurantismo debe quedar en el pasado con la grosería del pasado. Nuestro presente exige información, una exigencia del estado natural del hombre con acceso al conocimiento irrestricto.

La instrucción religiosa es potestad de la familia. Ningún niño puede estar obligado, presionado, influenciado públicamente en estos menesteres. Son los padres los únicos que tienen la responsabilidad de orientarlos en la fe. La historia de la colonización debe ser ejemplo de nunca más. La fe no debe manipularse como ejercicio del sistema educativo.

Teniendo en cuenta que la educación implica concretamente activar las energías humanas por lo que proviene por naturaleza. No se puede alistar mentes alejadas de aquellos principios del amor familiar. Podemos instruir sobre el respeto, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, pero si no hay amor, se podrá tener la memoria, más esta no garantiza que el hombre se desarrolle como libre, justo, solidario. El amor es el que impera sobre las diferencias étnicas, religiosas, ideológicas. Es por el cual podemos asumir los valores y principios humanos y es el germen de la educación.

Los juegos pedagógicos modernos vienen con violencia, prosiguiendo que el héroe es el que mata a todos, el valiente es el que se expone más de la cuenta… La modelo etoile, la idolatría y la conversión religiosa, siguen siendo la institutriz de su forma. La Odisea, la Ilíada la Eneida y otros cantos épicos inspiraron a muchos de nuestros pensadores para encontrar la virtud humana. Y en aquella historia, la mujer relegada estaba destinada a cumplir el rol secundario y las religiones no enseñan lo contrario.

Los juegos del niño están relacionados a aquella etapa de la humanidad con dominio de territoriedad, dominio del grupo, que es su parte antropológica animal e instintiva y con mucha fuerza se inserta la cultura de aquellos valores arrancadas en las sangrientas luchas del hombre contra el hombre, sumado a los dioses y demonios con que ha sido enmarañada su fe y la penetración utilitarista del mercado. Pero hemos de ver, sin embargo, la fuerte inclinación al apego, que no obstante todo lo que le pesa, el niño tiende a “familiarizarse” con los otros conjuntamente con su potencial de conocer y buscar.

El interrogantes es… ¿la educación es la visión divina del hombre en la tierra?, ¿o aquella por la cual deben formarse los héroes de guerra?, ¿o la educación es insertar al niño al mercado?...

Un niño no es conejito de indias dispuesto a un experimento educativo con el que permanentemente se lo acosa. En concreto la educación, nada tiene que ver con esos parámetros.

Podemos domesticar a un niño como se domestica un perro hasta que el animal se conduzca de acuerdo a nuestras órdenes y exigencias humanas. Un león podría convivir en estas condiciones en nuestro departamento. Pero esas tendencias no serán la virtud del perro ni la del león. La educación no es domesticar.

Podemos instruir y disciplinar. El niño entonces conocerá la historia, las matemáticas, repetirá frases y su conducta será ejemplar de acuerdo a las exigencias de sus instructores. Pero la educación no es instruir ni disciplinar.

Muchos se desesperan para insertar al niño en el mercado, a la postre el niño hecho joven se desespera en el mercado.

Los valores que surgen del amor se aprehenden con amor. La educación es un hecho de amor. Un proceso natural de afecto y conducta. Por eso la maestra debe ser una extensión de la familia.

El niño no es paño desnudo para la utilidad de un artista ni un material informe pronto a modelar. Un educador no es un artista, ni médico, ni abogado, ni psicólogo, sino maestro que tal vez sea todas esas cosas juntas o ninguna, pero como tal, es primero un agente que ama a sus niños.

En la naturaleza, hemos observado como las hembras “solteras” de los simios y elefantes, acicalan a los jóvenes con cariño, dándole no sólo apego sino seguridad. Y luego los instruyen o lo amonestan vinculado por un sentimiento que va más allá de toda ciencia o convención.

En realidad, se podrá hipnotizar un niño, se podrá motivar con elementos bonitos o groseros, engañar o divertir en juegos o aplicar artilugios psicológicos para la enseñanza. Pero un niño, necesita un maestro, si se quiere, una mamá en la escuela.

Si los sistemas educativos se basan en el desarrollo de la profesión pedagógica, por encima de la educación, seguramente tendrán magníficos pedagogos con niños desquiciados. No olvidemos, -“…la letra a sangre entra”- aquel exabrupto de Montaigne.

No estoy infiriendo que una maestra no tenga capacidades intelectuales ni de conocimiento, sólo apunto a que si ésta no “siente” a “sus niños”, no puede estar frente a un aula. El afecto construye todo lo demás. Fuera que el niño sufra algún impedimento, el aprenderá a conocer y será sociable, no será retraído ni violento. Se sentirá seguro con su maestra y amigos en una etapa que seguramente le será inolvidable.

Durkheim decía que en la nueva sociedad industrial se requiere de un nuevo sistema de educación. Por un lado, el niño debía recibir la educación inicial de los padres y de la familia, en general, normas, valores y habilidades propias del grupo primario; por otro lado, las habilidades, normas y valores que establece la sociedad global, el país o la nación; el órgano indicado para realizar esta educación es la escuela.

Carl Jung se preguntaba… -“¿cuántos de nosotros hemos sido realmente preparados… para la segunda mitad de la vida, para la ancianidad, la muerte y la eternidad…”-

Parafraseando a Jung… ¿en qué hemos sido preparados”. Las civilizaciones modernas no sólo saben qué hacer con la educación de los niños, con la juventud, sino que no saben qué hacer con los “viejos”, que la ciencia los mantiene vivos por el artificio de la medicina moderna.

Dewey establecía sus grandes dudas sobre lo que es la Educación… -“Se ha supuesto a veces que ese asunto de la filosofía de la Educación. Decir lo que la Educación debería ser. Pero el único camino para decir lo que debe ser Educación… Es el descubrimiento de lo que efectivamente ocurre cuando realmente tiene lugar la Educación. Y antes que podamos formular una filosofía de la Educación, tenemos que conocer como está constituido en concreto la naturaleza humana… La necesidad de una filosofía de la Educación es así fundamentalmente la necesidad de descubrir lo que la Educación realmente es…”-

Kant, por su parte, expresa: -“…Únicamente por la Educación el hombre llega a ser hombre. No es sino lo que la educación le hace… La Educación consiste en desenvolver de un modo proporcional y conforme a un fin todas las disposiciones naturales del hombre y concurrir así toda la especie humana a su destino…”. En tanto Foebel indica que: -“… el fin de la Educación es el desenvolvimiento de una vida fiel a su vocación, pura y por tanto sana…. Suscitar las energías del hombre como ser progresivamente consciente, pensante e inteligente, ayudarle a manifestar con toda pureza y perfección, con espontaneidad y conciencia, su ley interior, lo divino que hay en él, en esto consiste la Educación del hombre”.

Tanto Kant como Foebel no alcanzan a completar la idea en cuanto a definir el “espíritu” de la humanidad, o la “ley interior”, o lo “divino que hay en él”, o el “foco espiritual de carácter individual personal”, con lo que, este tipo de conclusiones, le dan a Dewey su perspectiva.

Hegel indica que: -“… El hombre es lo que debe ser mediante la educación, mediante la disciplina. Inmediatamente, el hombre es sólo la posibilidad de serlo, esto es, de ser racional, libre; es sólo la determinación, el deber. El animal acaba pronto su Educación; pero esto no debe considerarse como un beneficio de la naturaleza para con el animal Su crecimiento es sólo un robustecimiento cuantitativo. El hombre, por el contrario, tiene que hacerse a si mismo lo que debe ser; tiene que adquirirlo por si solo, justamente porque es espíritu; tiene que sacudir lo natural. El espíritu es, por lo tanto, su propio resultado…”-

Pestalozzi arguye: -“… que la Educación no es en el fondo más que -la ayuda para la propia ayuda- El niño debe actuar y hallar por si sólo tanto como sea posible; es decir, el Educador debe saber que la naturaleza instruye mejor que el hombre…. Toda la instrucción del hombre no es, pues, otra cosa que el arte de auxiliar a este anhelo de la naturaleza por su propio desarrollo” - René Hubert reforzará la idea de Pestalozzi diciendo que: -“… la educación no es más que un ayudante necesario…”-

Para Max Scheler -“La Educación es humanización, el proceso que nos hace hombres…

Este proceso mediante el cual, el mundo grande, el macrocosmos, se encuentra en un foco espiritual de carácter individual personal, el microcosmos; este convertirse en el mundo una persona por el amor y el conocimiento, no son sino dos expresiones para designar dos direcciones distintas del mismo proceso conformador que se llama educación, formación…” –

Jonas Cohn -“La Educación es el influjo consciente y continuo sobre la juventud con propósito de formarla” – Ernst Krieg: -“Educación es todo género de formación que surge la influencia espiritual”- Spranger asegura que –“Educación es la formación especial del individuo capaz de desarrollo adquirida por influjos naturales, unitaria y estructurada que le hace capaz para la actuación cultural objetivamente valiosa y sensible e inteligente para los valores culturales objetivos”.-

Dilthey –“La Educación es la actividad planeada por la cual los adultos forman la vida anímica de los seres en desarrollo”-

John Watson proponía –“… denme una docena de criaturas saludables, bien formadas y permítanme cuidarlas de acuerdo con mi propio mundo, y les garantizo que elegiré una al azar y la entrenaré para convertirla en la clase de especialista que yo prefiera: médico, abogado, artista, jefe de ventas e incluso mendigo o ladrón, haciendo caso omiso de sus talentos, gustos, tendencias, capacidades, vocaciones y razas de sus antepasados…”-

Esta manifestación de Watson es contundente y no exagerada referidas a “criaturas saludables, bien formadas”. Imaginemos, qué se podría hacer con niños débiles mental y físicamente. En lo concreto, nuestra cultura, religión y economía de mercado es la que hace por ellos y allí está la razón de nuestra desgracia.

Sociólogos enmarañados de abultados quehaceres por tantas dificultades se resisten comprender, que las miserias del hombre, no provienen del espanto circunstancial de un acaudalado en bancarrota o de una famosa “lolita” engañada o la salud de algún líder octogenario civil o religioso.

A los filósofos y pedagogos les ha costado pronunciarse por el amor y deambulan por un espíritu, una pureza, una perfección que trazan pero no definen, dejando una gran brecha para los cazadores de la fe. Y la problemática de la Educación sigue sin resolver. Instruimos, domesticamos, pero no estamos educando.

Me he extendido sobre el apego, el amor, la familia, Los principios y los valores que de allí surgen. La familia es la primera educadora. Luego, la maestra tendrá esa responsabilidad, extendiendo los lazos afectivos. La educación es pues, un acto de amor que despliega y despierta en el niño su capacidad natural de interrelacionarse con otros.

Este proceso de educar comienza, como expresé, en el hogar, desde el nacimiento del bebé. Pero será difícil educar a un adulto e imposible educar a quienes padecen de afecto.

Se podrá tener la memoria para retener ciento de miles de volúmenes en la mente, pero la insensibilidad convertirá al sujeto, en violento, vicioso, corrupto que no se inmutará en mentir o presionar el botón para el exterminio de la vida, sea de la etnia que sea, aun de la etnia propia. Ser culto, ser un intelectual, un artista o un científico no califica para ser educado.

Cómo explicamos la ciencia de aquellos viejos vecinos felices, que quizás vivan a muy pocos metros de nuestros hogares, que han consolidado una familia de abuelos, padres, hijos y nietos en función del amor, donde aflora el respeto, la solidaridad, la justicia.

Se puede detectar aun hoy en la campiña, familias alejadas de la posibilidad del beneficio de la amplia gama de moderna tecnología que poseen las grandes urbes, lejos del acceso al conocimiento positivo; pero han desarrollado sin embargo, una alta concepción de la educación a través del trato familiar que se trasmite de generación en generación. No hacen falta allí las cataratas de leyes y normas para obligar a un comportamiento, sino que las conductas son morales por propia naturaleza y hasta el simple hecho de “dar la palabra” conlleva un compromiso más relevante que cualquier documento escrito.

Dijo Pitágoras: -“… todo hombre está creado bajo la dirección de Dios, para conocer y contemplar…”- En tanto Aristóteles insistía: - “… es evidente que el hombre racional elegirá, por encima de todas las cosas el conocer racionalmente, pues es el acto de su facultad. De manera que es evidente que, de acuerdo al juicio más soberano, la razón cognoscitiva es el mejor de los bienes. Por eso no se debe huir de la filosofía, si, como creemos, la filosofía es adquisición y empleo de la sabiduría y la sabiduría se halla entre los bienes máximos, y no se debe por amor a las riquezas navegar hacia las columnas de Hércules y exponerse a menudo a los peligros y, en cambio, querer evitar fatigas y gastos para conocer…”-

Nadie tiene una “tabla rasa” en el cerebro aseguraba John Locke –“… Supongamos, entonces, que la mente sea, como decimos una hoja de papel en blanco, desprovista de cualquiera caracteres escritos, sin idea alguna: ¿de que manera habrá de cubrirse?...”-

Platón aseguraba que –“lo que aprendemos es sólo un recuerdo de lo que aprendimos…”

El bien incorporado de la humanidad es el amor y el acto es el que por si educa. El bien a incorporar es el conocimiento para el desarrollo de la inteligencia, teniendo en cuenta que no por intelectuales significa que estamos a salvo de la estupidez, de la perversidad, de la cobardía, de la pedofilia, de la ostentación, de la corruptela y la obsecuencia. La falta de educación junto con la ignorancia nos acerca a la especie animal.