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En el futuro se deberá enfrentar una Economía de Mercado que precarizará aun más la situación del trabajador asalariado, pues los grandes monopolios industriales, tendrán acceso a la mano de obra barata y los Estados no podrán garantizar el derecho a un trabajo digno ni menos a un salario digno. La única competencia que se vislumbra es la competencia entre grandes mercados y grupos económicos de países industrializados, el resto, la población dependiente, quedará sometida y utilizada para seguir engrosando la producción de quien lo domina El trabajo asalariado es un derecho, fuente de la economía, generador del bienestar social, el desarrollo y dignidad de las familias. Un trabajador asalariado no puede vivir en una permanente situación de condena. Una República no puede permitir el ocio o el desahucio de quienes por las razones que sean han quedado fuera de la fuente laboral privada. La vida social natural de cualquier especie está relacionada con la actividad de cada uno de sus componentes, hasta en cualquier colonia de insectos cada individuo cumple su rol. Y podemos observar que en nuestras sociedades más antiguas nadie quedaba inactivo salvo por circunstancias muy extremas como las enfermedades, hasta los ancianos tenían sus particulares diligencias. Es con la primera herramienta que el hombre cambia su actividad instintiva que comienza fundamentalmente en el área de la caza y la pesca, luego al descubrir el primer brote de semilla y el progreso de la agricultura sus acciones sociales cambian radicalmente. Es el momento en que el ser humano inicia la modificación o la transformación de la naturaleza en forma inteligente con el fin de extraer beneficios. Algunos antropólogos aseguran que nuestra estructura física fue el desencadenante de tales circunstancias como el andar erguido y la disposición de nuestros dedos índice y pulgar (prensiles). Las tareas de laboreo de la tierra implicaron un esfuerzo nuevo que pronto el hombre logró auxiliarse con el empleo de animales para los quehaceres más duros y el transporte. La domesticación y el trabajo bruto. Esta inclusión de otras especies en apoyo a las faenas pesadas permitió más tiempo en las labores inventivas y creativas que nuestros primeros ancestros supieron aprovechar sin perder la división de tareas que a cada individuo correspondía en la tribu. Hasta que aquel homínido, con herramientas de caza más desarrolladas para matar animales, las utilizó en enfrentamientos contra otras tribus de su misma especie menos abiertas técnicamente a las que al principio aniquilaba o diezmaba obligándolos a huir y dispersarse. No tardaron aquellos conquistadores en darse cuenta que no sólo las mujeres de los grupos vencidos le servían para la reproducción, sino que además los hombres jóvenes y de características físicas fuertes podían ser utilizados bajó vigilancia y amenaza constante al reemplazo del trabajo bruto que ya realizaban los animales, por una cuestión muy simple, los animales salvajes no eran tan fáciles de domesticar y preparar en función a órdenes ni en tareas imposibles por su estructura física. Así comienza la esclavitud y el principio de un trauma y trama social que no ha dejado de asistirnos incorporándose en el pensamiento de filósofos y sociólogos. No es extraño pues que el trabajo esclavo como luego se iba a denominar con sólo el vocablo “trabajo” fuera considerado como una actitud de gente despreciable. En realidad “trabajo” deriva del griego “tripalis” que significa sostenido por tres palos, pero aun más deprimente aquella que proviene del latín “tripallium” que es un instrumento de tortura de tres palos. Bajo estas características el “trabajo” fue relacionado con sacrificio, esfuerzo, pena, castigo y sufrimiento. En la antigua Grecia, el ocio recreativo estaba relacionado con el hombre digno y libre y la esclavitud en relación del trabajo. Cicerón ya declamaba que el hombre auténtico era en función del “otium cum dignitate”. En la Biblia Yahveh le dijo al hombre:”Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás”. Guiados por estas consideraciones y deteniéndonos en aquel espacio histórico, podríamos inducir que, por un lado, el religioso, el ocio tal como Cicerón declara era escapar al designio divino; y por el otro, el del pensamiento griego, el ocio es la libertad y el trabajo la esclavitud. En Grecia, la idea del ocio, estaba vinculada al skolé (escuela). Aristóteles opinaba que trabajamos para tener skolé que suponía que el trabajo era el camino para ganar tiempo libre y dedicarnos libremente a aquellas ocupaciones que nos gustan. Claro que Aristóteles en este caso, suponía que el ocio es un despliegue y desarrollo de nuestro espíritu muy por el contrario al de la pereza. Existe una idea generalizada de que el estado de pigritia, la falta de ganas de moverse, la acedia, la accidia, la pereza, la negligencia y otros calificativos que incluso pueden llegar a ser negativos y peyorativos, corresponden a la idea del ocio. En muchas ocasiones este descuido en realizar movimientos o trabajo tienen que ver con enfermedades como el autismo, el síndrome de Asperger, la fibromialgia, la fatiga crónica, la depresión, la distimia, la demencia y otras. Es decir, que la supuesta “vagancia” implica una anomalía funcional del sujeto que puede provenir desde una mala alimentación y hasta por cambios climáticos. Esta pereza con que muchos sociólogos han confundido con el ocio, ha provocado no menos confusas interpretaciones. Jofre Duzamedier afirma que el ocio es «el conjunto de operaciones a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente, sea para descansar o para divertirse, o para desarrollar su información o su formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales». Más allá de que el ocio es una función que el hombre decide y gestiona libremente durante el tiempo restante a sus responsabilidades sociales que posibilita su descanso o diversión, creatividad personal, o el progreso físico, intelectual e incluso el artístico o tecnológico. El ocio es una inserción a la convivencia familiar y social que se orienta a través de fiestas y tradiciones públicas, asistencia, participación en grupos o reuniones sociales. El ocio se convierte así no sólo en una función básica personal sino además social. Según señala Fichter, en todas las sociedades existen «diversos grupos sociales y disposiciones sistemáticas que están destinadas al descanso y las diversiones de sus miembros». J. Leloup destaca desmedidamente que “en la medida en la que el tiempo y los medios del ocio se extiendan a poblaciones más amplias, uno está autorizado verdaderamente a entrever una liberación de nuevas energías: si las civilizaciones han podido desarrollarse y progresar, aun cuando la casi totalidad de las poblaciones, inculta, permanecía marginada en tareas insignificantes, ¿quién podrá decir la exuberancia inventiva que se derivará de una humanidad extensamente liberada?”. Así como el ser humano necesita del ocio que no está exento del trabajo propiamente dicho. El artificio de nuestras economías modernas lo empujan al trabajo asalariado. Tengamos en cuenta que los animales son incapaces de extraer de la naturaleza más de lo que la naturaleza le ofrece y pueden modificarla es cierto pero sólo por su presencia en ella no por una planificación previa. Pueden abonar la tierra con su excremento, pueden equilibrar el ecosistema que conforman a través de su alimentación y polinizar la flora. El hombre fue el único que inició la modificación o la transformación de la naturaleza en forma inteligente con el fin de extraer beneficios. Obviamente para ello necesitó de un trabajo mental previo y luego un trabajo físico para concretar sus ideas y desarrollar la tecnología inventada. Vemos hasta aquí, por un lado, un trabajo mental que no necesariamente puede derivar en un trabajo físico, es decir una idea pura sin tecnología; y por otro lado, un trabajo físico que siempre es consecuencia de una idea pero que es el sine qua non de la tecnología y el arte. Sin trabajo físico no hay tecnología ni arte. Un profesor al frente de un auditorio realiza un trabajo físico mental al exteriorizar sus conocimientos a los alumnos, actividad que no se agota cuando en la soledad de su escritorio investiga, se informa o bien se auto complace en la lectura de algún libro. El trabajo humano es una consecuencia del intelecto. El trabajo animal es una consecuencia de la fuerza. Y el trabajo animal es el que nos ha sacudido desde que el hombre ha esclavizado al hombre pues se incorporó al pensamiento como si aquellos y estos infelices, animales fueran. En los textos de Gonzalo de Verceo y del Arcipreste de Hita, ambos, incorporaron la idea de "esforzarse" y "laborar". La organización religiosa del Vaticano presenta un esquema de sacrificio en los grupos de menor jerarquía con curas y fundamentalmente con las hermanas religiosas: “Ora y labora” es la premisa que divide estos grupos con la estructura superior de la Iglesia. Los llamados vasallos de “la fe” forman el frente que se confunde con la vida social o preocupación de los habitantes más humildes que asumen sin dudas de buena fe, pero no obstante deben cumplir a rajatablas el dictado de la elite eclesiástica que casi siempre no concuerda con la dignidad de los desahuciados y muchas veces contrario a la doctrina. “Ora y labora” es un ejército ocupado en la evangelización por su contacto directo con la gente, es cierto, pero al mismo tiempo es un colectivo de agentes de promoción y recaudación del óbolo que alimenta la economía vaticana. En el siglo XVIII los levellers pensaban que trabajar a jornal significaba perder los derechos naturales como ciudadanos libres, incluido el derecho al voto. A partir de la revolución industrial, el trabajo toma una nueva dimensión en el pensamiento. Auguste Comte, el fundador de la Sociología, sostenía que la división de trabajo lleva a la evolución social y Smith lo aprueba en su obra afirmando que es la fuente de riqueza. Pero estas concepciones eran “bonitas” pero puramente teóricas, pues la economía desde entonces no tiene reparo en principio humano alguno y mucho menos en el concepto de trabajo que no ha perdido aquella vieja mácula histórica. A partir de la revolución industrial, el trabajo considerado como algo despreciable vuelve de manera imperativa a la consideración de los pensadores, por cuanto el trabajador sólo es un productor en serie como si de una máquina se tratara, se utilizan niños, mujeres y ancianos con tal que el objetivo fuera rentable; sin considerar descansos, prevención sanitaria, seguridad o necesidades individuales o sociales del trabajador. Ante esta perspectiva, sacude el mundo económico el concepto de alienación que resulta especialmente relevante para Marx en la comprensión del trabajo. Wilde sostiene que “la contradicción general del sistema moderno de producción, la contradicción fundamental de la que nacieron todas las demás contradicciones, se estableció en los Manuscritos de 1844 y en la primera parte de La ideología alemana. La teoría de la alienación no fue simplemente un aspecto de su teoría social (de Marx), fue la piedra angular de la economía política…La teoría de la alienación era también una teoría sobre la especie humana, y la negación de esta esencia de actividad creativa dentro del sistema capitalista de producción que constituyó el punto de partida teórico de los análisis de Marx.” Desde mediados del Siglo XIX el trabajo en si, va a ser reemplazado por el trabajo asalariado. Con él emerge una valoración social más positiva de esta actividad por primera vez en la historia de la civilización, pero aún así el trabajador no ha perdido su marca. A partir de la Segunda Guerra Mundial en la que se desarrolla una Sociología del Trabajo más intensa, los viejos conceptos del trabajo vuelven a imprimirse conjuntamente con los nuevos y se funden en confusas ideas entre principios económicos y de desarrollo donde el trabajo sigue siendo esencial y el trabajador un dependiente de la demanda de mano de obra. Según sea mayor o menor demanda laboral, los trabajadores pueden quedar a merced de la total inactividad, a salarios precarizados y como en algunos casos bajo sistemas cautivos de esclavitud solapados y en consecuencia quedar fuera del sistema. El trabajador asalariado no es un engranaje material que se deshecha o se sustituye sin que estas alternativas no influyan negativamente sobre el conjunto social. Y la economía no es a la economía con bancas sobredimensionadas y burócratas caudalosos, sino que la economía es a lo social, fundamentalmente a lo social. El trabajador asalariado es base del desarrollo tanto o más que las inversiones de capital. De que vale el capital sino hay clientes para el consumo. El trabajador es el que moviliza la producción y la actividad del mercado con su salario. Precisamente las grandes corporaciones buscan países con gobiernos débiles o corruptos que permiten la explotación de los trabajadores. Obviamente se instalan con inversiones importantes de capital para obtener un producto barato como consecuencia de la precarización laboral. Su idea no es precisamente volcar la producción sobre esa sociedad a la que es posible que incluso no deje ni señal de su factura, sino que su intención lisa y llanamente es la de abrirse por medio de la exportación a otros países más desarrollados para competir deslealmente con las empresas allí instaladas que más tarde o más temprano contribuye a un desmejoramiento del potencial laboral. Si la explotación de las personas, la solapada esclavitud laboral hubiese sido atacada de cuajo en la globalización de la economía, el reparto no sería tan escandaloso como el que surge de esta hacienda. Unos pocos ricos y millones de personas en el desahucio total. Convencidos de que el trabajo tanto físico como mental es la manifestación de la inteligencia y que el trabajo asalariado es una consecuencia de la producción, debemos diferenciar uno del otro. Al segundo le cabe la posibilidad de estar al límite de la brutalidad, el trabajo animal o mucho peor la inactividad que conlleva a la miseria y a las consecuencias sociales nefastas que de allí provienen. De allí que surge la imperiosa regla de activar los mecanismos para que no haya persona alguna que sufra esas consecuencias y que el trabajo asalariado sea una contraprestación meritoria y no un sometimiento o una negación. El Estado deberá entonces disponer un presupuesto a fin de activar a su cargo a los que queden prescindidos de la actividad privada reincorporándolos a actividades convenientes, educativas, de producción, culturales etc. con un salario digno dispuesto en el mínimo vital y móvil. La dependencia del trabajador a los intereses del capital privado no puede quedar abortada por el fracaso del capital a quien presta servicio. Ni siquiera el trabajador dependiente se beneficia económicamente con el éxito de la empresa, salvo la de conservar su puesto laboral. Por tanto sea cual fuere el destino o la estrategia empresarial privada, el estado no puede permitirse la inactividad de sus ciudadanos. Véase que distingo el trabajo propiamente dicho que es una manifestación de la inteligencia con el trabajo asalariado que es un derecho y principio de subsistencia.
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