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Establecía Aristóteles a la virtud como justo medio y hábito de elección –“… Se suele decir que no nada que agregar ni que quitar en las cosas bien hechas, estimando que el exceso o el defecto destruyen la perfección y el justo medio la conserva… Y la virtud, que es más perfecta y mejor que todo arte, igual que la naturaleza, tenderá al medio. Digo la virtud ética, porque ella concierne a los afectos y acciones, y en éstas tienen lugar el exceso, el defecto y el medio. De modo que la virtud es un cierto justo medio porque tiene al medio. En toda cosa continúa y divisible se puede tomar lo más (exceso), lo menos (defecto) y lo igual (medio): y eso, respecto a la cosa misma o respecto a nosotros… Llamo medio de la cosa los todos; medio respecto a nosotros, lo que no es excesivo ni defectuoso. Y éste no es único ni idéntico para todos… Así pues, la virtud es un hábito de elección que se halla en el medio respecto a nosotros, determinada por razón y como haría un sabio: equidistancia entre dos vicios, el uno por exceso, el otro por defecto….Por ello, es también grande y ardua empresa para cumplirse, pues es gran empresa asir el medio de cada cosa, como asir el centro de círculo no es para cualquiera sino para quien sabe… La Justicia es una virtud perfecta, pero no en sentido absoluto, sin relativo. Y por ello, parece, a menudo, la mayor entre las virtudes; ni Héspero ni Lucifer inspiran una admiración similar, y se sienta como proverbio el verso: -en la justicia se halla contenida toda virtud- Ella, pues, la justicia, no es parte de virtud, sin la virtud íntegra; ni, por otra parte, la injusticia es parte de vicio, sino todo el vicio entero. Por eso resulta claro de qué difieren la virtud y esta justicia: porque ésta es la misma, por no idéntica por su esencia, sino que, en cuanto es relativa a otro, es evidente como se distinguen lo justo y lo injusto, de acuerdo a estos conceptos: porque casi todos los actos conformes a la ley son prescritos por la virtud en general, pues la ley ordena una vida conforme a toda virtud e impide la conforme a todo vicio… De estas distinciones resulta e evidente que la acción justa es un medio entre el hacer y el recibir injusticia: pues el uno significa tener más, el otro menos (de lo debido) … Por ello la injusticia es exceso y defecto, porque es propia del exceso y del defecto: exceso de lo que absolutamente útil a si mismo, defecto de lo que es perjudicial… Es evidente que el recibir y el cometer injusticia, son males ambos…., pero aun es peor cometerla, porque el hacer injusticia va acompañado… de la maldad más completa y absoluta o casi… pero, el recibir injusticia, es una maldad e injusticia… Hay una especie de la justicia particular y de lo justo conforme a ella, que se aplica a la distribución de los honores, de las riquezas y de las otras cosas, de todas las que pueden distribuirse entre los miembros de un Estado… Como lo injusto es desigual y lo desigual injusto, es evidente que hay también un medio entre los desiguales, y éste es lo igual en cada acto, donde se da lo más y lo menos, se da también lo igual… Es menester, pues, que lo justo sea equidistancia e igualdad, respeto a cosas y a personas… Y debe haber la misma igualdad en las personas y en las cosas, porque en la relación en la cual están las cosas, en ella (deben estar) también las personas que las poseen: si en efecto, no son iguales, no deben hacer cosas iguales, antes bien, surgen de aquí contiendas y lamentos, cuando los iguales tienen posesiones y distribuciones desiguales, y los desiguales iguales… Lo justo se halla en la relación cuatro términos, por lo menos, y la relación de ser la misma, porque deben diferir igualmente las personas y las cosas. Entonces, como A: B, así debe D: D, alternando, como A: C, así B: C… De modo que la unión de A con C y B con D, proporcionan la justicia distributiva… La otra especie es la conmutativa, que surge en los cambios voluntarios e involuntarios… Lo justo, en los contratos es una igualdad y lo injusto es una desigualdad, pero no de acuerdo a la proporción dicha sino según la aritmética… donde no resulta ni más ni menos, sino lo mismo para las mismas personas, ello dicen tener lo propio sin pérdida y sin ganancia, por ello lo justo es el medio entre ganancia y pérdida… o sea tener lo mismo ante y después (del cambio)”- Si juzgamos antes de juzgar el reparto entre hombres, ya sería malicioso. El egoísmo y el interés de uno y el otro, el que entrega y el que recibe nunca alcanzaría a contentar a todos. Lo extraño de Aristóteles, es que el se refiere a cosas materiales, al reparto de bienes materiales, donde el exceso o la falta son circunstanciales, tal vez porque esa noche cuando el pensador trazó esas líneas habría bebido más de la cuenta. Convengamos que la Justicia es un Bien y para que sea tal, debe tener principio en otro Bien. La justicia se establece en el bienestar y dignidad de la familia, es de dónde surge, del amor. Sin sentimientos no habría ánimo para establecer normas humanas. Ahora bien, si se trata de normas de convivencias interesadas, egoístas, a fin de obtener del otro lo que el otro quiere del primero, sólo estaríamos apuntando a cuestiones contractuales y en estas cuestiones no pueden hallarse principios. Cuando los padres sufren por el sufrimiento de sus hijos y se preocupan por ellos y se desviven, tratando de darle seguridad, salud, educarlos, hacerlos crecer íntegros y hasta dar la vida por ellos. En definitiva, apuntan al bienestar de la familia. Es un acto natural, sin convenciones ni leyes ni tratos. Es injusto que padres violen a sus hijos, no se interesen por ellos, los abandonen, los golpeen con violencia y hagan de ese seno social un caos. Es que la justicia, siempre estuvo allí ligada a algo natural y cotidiano: el amor, en el bienestar y dignidad de la familia. Las sociedades conformes a pensamientos e ideas, no han sido justas y por cultura han impregnado el mundo de vicios. Esta incertidumbre indujo quizás a Norman Cousin a sugerir con pesimismo que –“el hombre contemporáneo es algo obsoleto… fuera de uso… amenos que pueda remontarse a un plano más elevado del pensamiento y de enfoque común de los problemas de la nueva civilización…”- Actuar bien con nosotros mismos, por la naturaleza de lo que somos, es un bien. Anhelar la formación de una familia es el bien social por naturaleza. Lo que la cultura imponga como deseo de un bienestar artificial como la adquisición de un automóvil, una joya… no es ni justo ni injusto, aun cuando deba depender de un reparto circunstancial. Lo justo es que podamos alimentar a nuestros niños como debieran. Lo justo es poder educarlos como debiéramos. Lo justo es darle el conocimiento como debiéramos. Lo justo es darle apego y cariño. Lo justo es cuidarlos y darle seguridad. Lo justo es amarlos. Cualquier acto que por indirecto que sea impida, obstaculice o denoste estas virtudes, son injustos. A partir de estas prerrogativas y faltas se podría establecer larga lista de lo que es injusto. Lo justo es el bienestar y la dignidad de la familia en todos sus aspectos. Lo injusto, es no darle oportunidades educativas y de conocimiento, no darle salud, no darle sustento, no darle un hogar donde establecerse, no permitir el desarrollo de sus miembros… no darle vestido… y así seguiríamos con cientos, hasta descubrir que estas faltas, son las faltas que han venido sufriendo las familias en nuestras sociedades contemporáneas. El vicio es una injusticia, la virtud es la justicia, pero no por contrarios, que por contrarios, anulando uno, se anulan los dos, lo que le correspondería también al bien o al mal y que por simple lógica también debería recaer en la siguiente proposición: -si existe Dios, como consecuencia existe el diablo. Y el bien es el medio entre el Dios y el diablo. Lo que esta claro que la Justicia no existe porque existe la injusticia, ni la virtud porque existe el vicio. En todo caso, la injusticia y el vicio son degeneraciones. Decía Epicuro –“La Justicia no tiene existencia por si misma, sino que se halla siempre en las relaciones recíprocas en cualquier lugar y tiempo en que exista un pacto de no producir daño… Entre animales que no pudieron hacer pactos para no provocar ni sufrir daños, no existe lo justo ni injusto: y así lo mismo sucede entre los pueblos que no pudieron o no quisieron concluir en pactos para no dañar ni ser dañados. El derecho de naturaleza es signo de la utilidad de no producirse ni sufrir recíprocamente daño… Es la esencia común lo justo es lo mismo para todos, pues es algo útil en la recíproca convivencia; pero, según las particularidades de los lugares y de las causas y todas las demás circunstancias, resulta que el derecho no es lo mismo para todos… De las normas prescriptas como justas, lo que es considerado útil en las necesidades de la convivencia recíproca, tiene el carácter de la justo, aunque no resulte igual para todos los casos. En cambio, si se establece una ley que después no resulta más conforme a la utilidad de la convivencia recíproca, entonces ya no conserva más el carácter de lo justo. Y si después no continúan existiendo lo útil de acuerdo al derecho, pero ha existido antes, durante algún período, de acuerdo a aquella prenoción, durante este tiempo no fue menos justa para quien no se turba con voces vanas, sino que contempla la realidad. Cuando, en cambio, sin que se hayan producido cambios en las condiciones precedentes, resulta que las normas prescritas como justas para determinadas acciones, no se hallen de acuerdo con las prenociones de lo justo, ellas no eran justas. Y cuando, habiéndose producido cambios de las condiciones, las mismas normas prescritas como justas no beneficien más, el caso eran justas entonces, cuando eran benéficas para la recíproca convivencia de los conciudadanos, después cesaron ya de resultar beneficiosas y no fueron más justas…” “… No realices en tu vida que, conocido por tu prójimo, puede acarrearte temor… La serenidad espiritual es el fruto máximo de la justicia… el justo es sumamente sereno, el injusto lleno de las más grande turbación… Es imposible que confíe en permanecer oculto quien ocultamente ha violado algunos de los pactos recíprocos de no cometer ni recibir injusticia, aunque pase desapercibido infinitas veces en el presente. En efecto, es incierto si permanecerá oculto hasta la muerte…”- Por otra parte, decían los estoicos -“… no hubiesen podido existir los bienes, sin que, conjuntamente existiesen también los males. Pues siendo los bienes contrarios a los males, es necesario que ambos opuestos se mantengan sostenidos recíprocamente como pro mutuo y contrario esfuerzo: pues no se da contrario (por contrario que sea) sin el otro contrario. Efectivamente ¿cómo podría darse el significado de la justicia, si no existiesen las ofensas?. ¿O que otra cosa es la justicia si no la liberación de la injusticia?: y de la misma manera, ¿cómo se podría entender la energía, si no fuese por oposición a la inercia?, ¿y la moderación si no por oposición la intemperancia?. Y de la misma manera, ¿cómo existiría la prudencia si no tuviese como contrario a la imprudencia?. ¿Porqué, entonces, estos tontos no desean que exista la verdad sin la mentira?. Es el mismo caso, en efecto, de la existencia de bienes y males, de felicidad y malestar, dolor y placer. Se hallan ligados el uno al otro. Como dice Platón, por los vértices opuestos entre sí, si sacas uno, habrás quitado los dos…”- Esta retórica de antónimos, sin embargo podría ser peligroso al definir a Dios, por ejemplo en contraposición con el diablo, ya que por el mismo camino de este silogismo, sin diablo, Dios no existe. De la misma forma la dialéctica aristotélica con aquel “medio” entre virtud y vicio en un orden de reparto de cuestión que puede interesar a los materialistas. Ese mismo camino de la lógica puede admitir que un dedo existe porque existe el antidedo, o un ojo es un ojo porque existe su contrario. En el juicio sobre la justicia evidentemente Aristóteles estaba equivocado, igualmente como cuando por una interpretación errónea (pero infalible), el filósofo se opuso a la hipótesis de Jenofonte, sobre que los moluscos hallados en aquella época en el desierto de Egipto, testimoniaban la antigua existencia de un mar en esa región. Si la justicia fuese divina, dicen los epicúreos… “Dios, o bien quiere impedir los males y no puede, o puede y no quiero, o no quiere ni puede… o quiere y puede. Si quiere y no puede es impotente; lo cual es imposible ser Dios. Si puede y no quiere, es envidioso, lo que, del mismo modo, es contrario a dios. Si ni quiere ni puede, es envidioso e impotente, por lo tanto ni siquiera es Dios. ¿De dónde proviene, entonces, la existencia de los males…?”- -“Entre los semejantes, lo honesto y lo justo están en la reciprocidad”- decía Aristóteles -“…en efecto, esto es igual y equivalente. La Desigualdad entre iguales, y la disparidad entre pares es contraria a la naturaleza: y ninguna cosa contraria a la naturaleza es honesta… Así la igualdad parece y es justa; pero no entre todos, sino, más bien, entre iguales. También parece justa la desigualdad, y en efecto, lo es, pero no entre todos, sino entre desiguales. Quien suprime lo siguiente: -entre qué personas-, juzga mal, también. Y eso sucede porque juzgan en causa propia, y casi todos son malos jueces de las causas propias… Efectivamente, algunos, si son desiguales en algo (por ejemplo, en las riquezas) creen ser desiguales en todo; otros, si son iguales en algo (por ejemplo, en libertad), se creen iguales en todo. Pero no dicen lo que es esencial… La rectitud (de la ley) debe entenderse en el sentido de igualdad. Y lo que es igualmente recto es lo que beneficia a todo el Estado y a la comunidad de los ciudadanos… ¿Qué beneficia más?: ¿Ser gobernados por un hombre excelente o por excelentes leyes?... mejor es aquello que no está sujeto en absoluto a pasiones, que aquello no a lo cual ellas son connaturales. Ahora bien esas pasiones se corresponden a las leyes, mientras que toda alma humana, necesariamente la posee…”- La justicia humana debe estar acorde con la constitución natural del hombre y no sólo con su naturaleza a medias sino con toda la naturaleza. Las turbaciones del pensamiento nacen de los juicios y opiniones, y no son suscitadas por fuerza alguna de la naturaleza y es que donde nace la injusticia, que la misma razón intentó ponerla al otro extremo como equilibrio de la virtud. La justicia es un bien humano en si mismo. Es cosa simple, basta con encontrarla en el amor donde se origina, paradójicamente donde menos se la ha buscado. ¿Es justo que le transmitamos a nuestra herencias, potenciales de hábitos de los vicios, sólo porque nuestro libre albedrío emborrachado de cultura insípida, nos indujo a beber más de la cuenta?. Esta acción aunque parezca subjetiva e intrascendente, no es justa ni para nosotros ni para la humanidad. Un ser débil en la naturaleza tiene pocas esperanzas de sobrevivir en la evolución de la vida en la selección del más fuerte. El hombre en cambio, a través de su sentimiento, es quizá el único ser que protege a sus proles enfermas y lo hace por un sentido de lo justo imperante en sus instintos de cariño, apego, sin razonamiento o convención y luego lo adosa a su operaciones mentales como un principio familiar. Si el objeto de la justicia sólo es aplicable a un orden de reparto, evidentemente la materialización de la justicia adquiere otro tono de significación que en sociedades corruptibles como las nuestras distorsionan totalmente aquel principio. En nuestro siglo, nuestros predecesores ya han sido diezmados y ha bastado someter una generación para que la próxima ni siquiera se entere de su desgracia. Es precisamente la fuerza y el miedo la que convierte esclavos, pero más que cobardía como apunta Rousseau, las sociedades ignorantes, viciosas y sin apego son el caldo de cultivo para que refuercen sus cadenas. En manos de abogados y bufetes jurídicos independientes el desdichado “cliente” cae en un mercado mercantilista tan sólo por el mero hecho de intentar defender sus derechos o reclamar lo que le pertenece e imposible procederlo a través de los instrumentos que les ofrece el Estado. En estos asuntos, el incauto podrá esgrimir la cuestión de presupuesto o aquello que todo el mundo tiene un abogado gratuito que proporciona el Estado. Es que encima nos creen estúpidos, por cuanto aquel profesional tiene encima cientos de expedientes que debe atender al mismo tiempo, sin motivación económica más que su escueto salario para enfrentar no sólo un abogado que recibe mayor incentivo económico, sino muchas veces a un bufete jurídico que mueve decenas de profesionales detrás de un cliente adinerado. El sistema judicial también merece profunda modificaciones para que el estado de derecho esté al alcance de todos en igualdad de condiciones y no convertido en industria o comercio jurídico. Esta perspectiva obliga a una nueva dimensión orgánica del Estado con una Constitución dinámica, el voto directo impensable en el actual sistema, la anulación absoluta de los partidos políticos, la abolición de la propiedad privada, el acceso gratuito a la vivienda familiar y el trabajo sostenible. Cuestiones que trataremos extensa y constitutivamente en la segunda parte del discurso pues nos queda por resolver otros asuntos importantes para completar fundamentos dentro de esta concepción.
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