CAPITULOS

 

 I

  TAPA

XV

II   XVI
III   XVII
IV   XVIII
V   XIX
VI   XX
VII   XXI
VIII   XXII
IX   XXIII
X   XXIV
XI   XXV
XII   XXVI
XIII   XXVII
XIV  

 

 

  detener o activar movimiento (poner o sacar el cursor sobre el cuadro de color celeste)

CAPITULO XIV

No hay Cristo, ni Mahoma, ni Confucio en las economías, ni en los gobiernos republicanos de estas repúblicas mal hechas, sólo corruptos en un sistema corrupto que obliga además corromperse para ser político, comerciante, productor o ser obsecuente y ladrón para mantener el nivel de elite.

No nos engañemos, un pueblo hambriento, ignorante y enfermo no tiene posibilidad de desarrollo, Sin hombres no hay economía, pero de igual forma, sin la justa razón ni justicia no hay economía; sólo saqueo, ladrones y “charcas” a conquistar.

Alegoría de la charca. -…Una ave vuelve de cacería desde la charca hasta su nido, con su buche henchido de pequeños pescaditos que luego regurgita en la boca de sus pichones… - Un acto que podemos relacionar como económico, si bien la economía de mercado es puramente acto humano.

Permítaseme esta licencia como preludio del razonamiento que desarrollaré más adelante -…El ave en cuestión, al otro, día, sale en busca de comida y al llegar la charca acostumbrada, la halla con un enorme cerco… Luego de varios esfuerzos fútiles, su naturaleza instintiva la conducen en búsqueda de otra charca… Pero esta, también se halla en las mismas condiciones que la anterior… Luego de trajinar todo el día, el ave vuelve a su nido sin haber podido alimentar a sus crías… Al siguiente día, repite la operación y visita además otras charcas alternativas con los mismos resultados…-

-…Finalmente al cabo de una semana, el ave sin más opción, abandona su nido y sus pichones fallecientes, partiendo con rumbo desconocido, tal vez el de su propia muerte…-

Dejemos a la imaginación continuar y: -…El ave hambrienta llega a un sitio donde igualmente han llegados aves en sus mismas condiciones, donde existe una inmensa charca con abundancia de peces… Por una razón inexplicable, la bandada comienza a utilizar su mente en la utilización de elementos para facilitar la tarea de pesca, hasta que surge un invento especial que le ahorra la necesidad de volar para obtener su presa…-

-…Luego las aves, construyen una coraza personal que cubre sus plumas y les permite eludir y defenderse de sus depredadores. Otras generaciones llegan, las nuevas han perdido sus plumas, sus alas y hasta aquella visión vigorosa que les permitía otear los peces para introducirse en picada al agua para sorprenderlos. Esta pérdida sin embargo, fue sustituida por la inteligencia y la tecnología que le permitió dominar el hábitat y le aseguró el sustento…-

-…Pasado un largo tiempo, esta nueva evolución del ave, al llegar a la charca habitual, son sorprendida por un enorme cerco, no obstante detrás de este, aparece un individuo de sus misma especie, que les dice: “he tomado posesión de este lugar de pesca por ordenamiento divino y como no puedo con tanta propiedad, he decidido darles una oportunidad de vida… Si cada uno de ustedes obtiene cien pescados diarios, yo les doy a cambio diez… Estoy convencido que ese es el precio justo, pues con ello podrán alimentar a sus familias…-

No lo he sorprendido con esta alegoría, porque usted habrá leído con detenimiento mis fundamentos y razones hasta aquí.

No podemos ignorar que la propiedad de la tierra se logró con pólvora y engaños. Los reyes podían apoderase hasta de bastos continentes con la aprobación divina mediante bula Papal.

Desde la Biblia, la mitología griega, hindú, las leyendas chinas, hasta la historia moderna, nos dan cuenta de los horrores de las guerras no sólo religiosas, sino de expansión territorial.

Algunos todavía creen que la monarquía fue aniquilada por los fervores independistas y que la democracia sepultó todo vestigio de ella. Sin embargo, aquel concepto de la nobleza no se perdió con el nuevo sistema y solapadamente se instituyó en los Estados con los mismos vicios de antaño. La Iglesia Católica conviviente de aquellos reinos, influyente en los formadores de la América incipiente, fue una de la más favorecida con la propiedad privada y acompañando a la nueva generación de burgueses terratenientes con nuevos artilugios se apoderaron de la tierra bajo la denominación de libertad y prosperidad camuflando los viejos feudos.

Desde los comienzos de la agricultura, cuando quizás aquella mujer en el lugar de campaña de su clan nómada, observó tal vez accidentalmente la germinación de una semilla comenzó a valorar la agricultura y finalmente el hombre se estableció. En el mito del trazado de Roma aparece la primera confrontación por la propiedad que tengamos noticia.

Por naturaleza el hombre encontró un amplio hábitat que le permitió deambular por las llanuras y las sierras en busca de su sustento. El artificio del agro cultivo vino después y luego la cerca para defender la cosecha de la usurpación animal hasta que esto animó para arrebatarla al criterio original y desplazarla como propiedad privada y reserva individual contra intrusos de la propia especie.

Esto va a cambiar un principio lógico y natural, aquel que corresponde al individuo en relación al esfuerzo de lo que produce por el otro criterio de propiedad de lo plantado, cosechado, fauna, minerales y flora, el fruto de la tierra al arbitrio y beneficio de los unos así provenga del esfuerzo de los otros.

La única frontera del hombre en los principios de su historia civilizada fue su cultura e idioma, que por cultura e idioma se trazaron los límites concretos de tal o cual poblado. El territorio era de potestad social donde el individuo era libre de buscar su sustento en esos límites.

No es llamativo, es significativo. Los derechos plenos de propiedad no son propios de la Edad Media (ni siquiera del Antiguo Régimen), El rey era el dueño de las tierras, hasta que la extensión de su patrimonio comenzó a aumentar de forma incontrolable y a partir del siglo XI comienzan a desarrollarse los señoríos o señores feudales e incluso los feudos eclesiásticos que poco a poco llegaron a dominar el territorio administrado bajo “absque tamen aliquius prestacione servicii o nulli servitio obnoxium”, una fórmula de juramento, fidelidad y homenaje al monarca.

Al caer las monarquías este aspecto de propiedad de la tierra quedó vacío, pero el feudalismo se reactivó apoyándose en corrientes liberales ideadas desde la roca anglicana que también necesitaba recuperar posesiones de antiguas colonias independizadas.

Tras la Revolución Francesa, muchos países europeos, restauraron las monarquías en el invento monarquías democráticas y aquellos herederos reclamaron luego sus derechos impresos en la economía de Smith donde resalta la propiedad privada. La Iglesia Católica fue la más favorecida, fundamentalmente en América latina con estas cuestiones que nada tienen que ver con la eucaristía, la fe o Dios. En cuanto a la Iglesia anglicana, tales argumentos pasaron a manos del Estado y por ende a manos de la monarquía, por cuanto, a cambio de un Papa, la monarquía inglesa es patrona y gobierno de su propia religión. De esta forma dejaron huellas en todas sus colonias independizadas o no.

Para tener una idea de la dimensión de la riqueza que proporcionó la propiedad privada, basta un repaso a la época de Enrique VIII en Inglaterra. Este monarca perverso, sanguinario y demente se enfrentó al poder Papal de Roma, se autoproclamó cabeza de la iglesia anglicana, nombró los nuevos obispos a antojo y fundamentalmente incorporó a la corona los diezmos y todos los bienes de la Iglesia de Roma en Inglaterra. Así se inicia la Iglesia anglicana, no menos terrible que la otra que comenzó con Constantino. La fortuna expropiada fue de tal magnitud que sacó al reino de una grave crisis económica a raíz de las guerras y mantenimiento de la corte. Y este capital, sólo representaba para el Vaticano una mínima parte de su gran fortuna inmobiliaria existente en toda Europa y América latina, actualmente de su propiedad que no sólo corresponde a lo clavado como iglesias, monasterios y catedrales, sino a grandes extensiones de tierra fértil, las mejores que en su momento supieron controlar con el imperio, los reinos y las conquistas.

La doctrina liberal, nacida de los pensadores ingleses va a remarcar con fuerza este criterio de propiedad privada y va a tener el apoyo incondicional y enfático de la Iglesia Católica obviamente, con tal suficiencia que impregnó a sus fieles seguidores legistas e intelectuales obsecuentes en el asunto con acervo en un “derecho natural” sin cuestionarse de qué derecho o naturaleza se trata.

No olvidemos por otra parte, que las colonias que fueron expoliadas, exprimidas, vaciadas, lisa y llanamente fueron abandonadas dejando a los pobladores a merced de la desgracia.

Ni el socialismo científico sobre la propiedad común y su hipótesis del Estatismo, ni el

Socialismo de Cátedra, que sólo admite corregir los abusos de la propiedad privada. Y lo que señala la Iglesia Católica a través de las Encíclicas: ”Rerum Novarum”, “Cuadragessimo Anno”, “Mater et Magistra” ni la emitida por Pablo VI “De populorum progessio”, ni el neoliberalismo han fijado principios de propiedad que no sean para los intereses de una minoría de elite o para un sobredimensionado Estado en detrimento del desarrollo de los habitantes naturales.

De estos parámetros podemos comprender el pronunciado acento, el odio, la persecución, el exterminio de seres humanos que registró y registra nuestra historia hasta hoy día vinculada a los intereses de sostener como principio la propiedad privada en oposición a aquellos que se inclinan por una ideología contraria.