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Las invasiones para el saqueo desde la antigüedad hasta el medioevo no han quedado sepultadas, sólo que en el mundo moderno se disimulan bajo la descarada cortina que dice provenir de derechos, justicia y libertad y hasta con lo insolente de la voluntad de la ley divina. Se producen con la misma asiduidad y crueldad de los sucesos que nos anteceden y que ya no pueden esconderse ni caben en el entendimiento. El poder no reside en la inteligencia o en la buena voluntad o en los principios. Obviamente la forma de exprimir y dominar ha cambiado notoriamente desde Genghis Khan, Carlomagno o Francisco Pizarro. Los dominantes utilizan otras argucias para socavar el “terreno” que desean conquistar. Crean conflictos intestinos en los países que desean avasallar. Negocian intereses con gobiernos corruptos o no, presionándolos para expoliar recursos naturales a antojo y en casos extremos cuando las condiciones no son favorables recurren a la invasión armada lisa y llanamente en nombre de alguna libertad. Smith ni siquiera sospechó que el mercado de la droga, la prostitución, órganos vitales, plasma y seres humanos, armas, mafias y los paraísos fiscales podían instalarse en el negocio del ideal de economía liberal, donde es mejor infringir que sostenerse en la despiadada competencia desleal. Es mejor adular al poderoso que intentar sostener ideas de soberanía independiente. La economía de mercado que por fachada hace vislumbrar el bien de los pueblos. Pues no hará ni hace otra cosa que asegurar que los estados poderosos alienen países satélites en su franja de poder exprimiendo sus recursos naturales. EE.UU. enfrenta así al Mercado asiático y al Mercado Común Europeo y se asocia con estos en la piratería del petróleo donde se encuentre. Una globalización hecha de economía que paradójicamente no está sujeta a leyes ni reglas más que las económicas liberales montadas hipócritamente sobre la igualdad, la justicia y la libertad. Es que la colonización, la invasión o el sometimiento ya no se realizan sólo con petos ni lanzas. La libertad consiste en elegir entre varios verdugos, referido al hecho de estar pendiente a las potencias dominantes según dicten los programas económicos de los pueblos que se adhieren por obligación. La mayoría de la gente vulgar de estos pueblos que viven en prosperidad económica ignoran la política exterior de sus gobiernos dominantes, fundamentalmente ignoran de qué manera se piratean los recursos de otros Estados e ignoran que gran parte de su pasar es producto de la rapiña ajena. Los corsarios así, son venerados en Inglaterra. Las tropas norteamericanas en Irak y en el mundo son heroicas y humanistas que luchan por la libertad, mientras que el Viet-Nam del pasado fue vergüenza que no pudo esconderse, pero es pasado. Hiroshima, Nagasaki no volverán a repetirse y así las cosas se repiten sin que la gente común sepa que aquello que pasó está pasando. Y tal vez, inocentemente, puedan pensar que son solidarios al apostar un óbolo para la desgracia de otros países, cuya desgracia es precisamente producto del robo y la violencia a que es sometido por su propio Estado. Así como la desgracia de América de la conquista fue su oro y su plata. La conquista de Afganistán se debe al control del opio que algunas potencias occidentales perdieron en el momento de la devolución de Hong Kon a China. Las insurrecciones árabes en distintos puntos muy bien tamizadas de democracia y libertad y buenos fundamentos, en el fondo no son más que estrategias montadas en un escritorio para expoliar su petróleo. Somalia, un país sin recursos naturales es precisamente el ejemplo, como tantos otros, que a nadie le interesa piratear, ni siquiera con el pan de Dios. Otro Haití para el negocio solidario. Y el punto a destacar es, cómo y de qué manera los valores humanos de los pueblos, de los gobiernos, de los estados, de las religiones hacen reserva hipócrita ante el poder de la fuerza, disimulando o directamente haciendo gestos, bajando el pulgar. Hasta se nos ha hecho creer que el terrorismo mata y la guerra “sana”. Houssein ha sido juzgado y ahorcado por crímenes de guerra. Tal vez lo merecía por lo que se ha publicado del dictador. Pero de igual manera le corresponde al presidente Bush responder por los crímenes de guerra, por Guantánamo y las cárceles clandestinas ocultas en otros países, donde la tortura y la muerte son moneda corriente. Tampoco se juzgó a nadie en la gran guerra de Vietnam donde el ejército norteamericano usó gases mortíferos, bombas Napalm y ultimó a ciento de miles de civiles. Es más, es el único país que usó la bomba atómica contra dos ciudades. ¡Benditos sean! Gobiernos de pueblos miserables de este imperialismo desgarrador, mentiroso e hipócrita disimulan como disimulan sus miserias y lo peor, un ejército de intelectuales adictos justifican con gran elocuencia la “herejía” colgándose una gran cruz al cuello. Krishnamurti expresó: -“…No entraña un grado de salud el estar bien ajustado, a una sociedad profundamente enferma...”- A los llamados “nido de sotanas”, “nido de sables”, “nido de monarcas”, les precede el “nido de logias” grupos bajo la influencia milenarista con la particularidad de componerse con personas de diversas doctrinas, privando su fuente económica y poder o influencia en la economía mundial y a las que recientemente se han unido algunos monarcas europeos, según algunos analistas, como estrategia del Vaticano para mantener o aumentar su influencia de poder en estos estamentos. El gran poder de occidente, el dominio de los recursos naturales del planeta en gran porcentaje, los estados financieros y económicos de muchos países están en poder de estas cofradías en las que participan burócratas, economistas millonarios, obviamente la nobleza europea y el clero disfrazado con representantes. La forma más común de poder en nuestro tiempo es el poder fáctico (de hecho) que caracterizó a España durante el final del Franquismo y la Transición con la Iglesia, el Ejército y la Banca (o los capitalistas),[ ]que aún en el debate político español se sigue hablando de poderes fácticos post-franquistas todavía influyentes. Otros ejemplos de poderes fácticos pueden encontrarse en países de América Latina con la adición del poder exterior que supone la presencia de los intereses de Estados Unidos. El poder fáctico “es el que se ejerce al margen de los cauces formales (es decir, que no coincide necesariamente con el aparato del Estado) y se sirve de su autoridad informal o su capacidad de presión para influir políticamente. El poder fáctico ni está legitimado ni siempre busca la legitimación para ejercerse, pero ejerce de hecho el poder aunque no lo haga de iure (legalmente) ya que su mera existencia le hace ser determinante. Tampoco es necesario que se imponga por la fuerza: le basta con explicitar, o incluso con sugerir sus deseos para que se conviertan en realidad. La clave de su ejercicio es su capacidad de control de mecanismos externos a la política para lograr poder político, como por ejemplo el dominio de recursos vitales o estratégicos, que le dan el control de la ideología, la sociedad, la economía y la religión. Por ejemplo en vez de controlar un gobierno de turno, controlar o influenciar su legislación, de manera legal o cuasi-legal” Y no es casualidad que desde sus albores la Iglesia Católica halla abocado y aboque la necesidad de controlar la justicia, la educación y los tesoros solidarios públicos de los países en que ejerce hegemonía sometiendo a sus propios vasallos religiosos, a los prescindibles, los sin nada, los hambrientos y desesperados promocionando campañas y cruzadas que costea el mismo erario público en un negocio repugnante oculto bajo los tintes de solidaridad y ayuda social. La fe en el más allá, es una mirada medrosa al horizonte que impide vernos a nosotros mismos y si la ignorancia contribuye a no entender las causas de nuestros males, la sumisión a la autoridad nos pierde del camino correcto. |