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CAPITULO V

"Entonces hubo un gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos"

"Unos decían: —Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas somos muchos, y necesitamos grano para comer y vivir"

"Otros decían: —Por causa del hambre hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas para comprar grano"

"Y otros decían: —Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, empeñando nuestras tierras y viñas"

"Y ahora, a pesar de ser nuestra carne como la de nuestros hermanos y nuestros hijos como sus hijos, he aquí que nosotros estamos sometiendo a nuestros hijos y a nuestras hijas a ser esclavos.

Algunas de nuestras hijas han sido sometidas a servidumbre, y no tenemos posibilidad de rescatarlas; porque nuestras tierras y viñas están en poder de otros"

"Yo me enojé muchísimo cuando escuché su clamor y estas palabras"

"Lo medité y reprendí a los principales y a los magistrados, diciéndoles: —Practicáis la usura, cada uno contra su hermano. Luego congregué contra ellos una gran asamblea,

y les dije: —Nosotros, conforme a nuestras posibilidades, hemos rescatado a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a los gentiles. Pero vosotros, ¡hasta vendéis a vuestros hermanos, para que ellos vuelvan a ser vendidos a nosotros! Ellos callaron, pues no supieron qué responder"

"Y yo dije: —No está bien lo que hacéis. ¿No debéis andar en el temor de nuestro Dios, para no ser motivo de afrenta ante las naciones que son nuestras enemigas?"

"También yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y granos. Renunciemos, por favor, a esta usura"

"Por favor, restituidles en este día sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y renunciad a la usura que les demandáis por el dinero, por el grano, por el vino y por el aceite"

"Ellos respondieron: -Se lo restituiremos y nada les demandaremos. Haremos como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes y les hice jurar que harían conforme a esta promesa. Además, sacudí mi ropa y dije: -Así sacuda Dios de su casa y de su propiedad a todo hombre que no cumpla esta promesa, y que se quede sacudido y vacío. Y toda la congregación respondió: -¡Amén!- Alabaron a Jehová, y el pueblo hizo conforme a esta promesa"

Este pasaje de la Biblia revela a los creyentes la decrepitante actitud del prestamista, incluso “el Dante” iba a poner a los usureros prestamistas en un lugar profundo en el pozo del infierno.

Santo Tomás sostuvo que el préstamo es esencialmente gratuito y toda usura injusta; y así fue adoptado el juicio en los Concilios medievales; incluso el Concilio de Vienne (año 1315) en que declaró que debía ser castigado como hereje quien afirmase que la usura no es pecado, pues va contra algo revelado en la Escritura. Por tanto, la doctrina tradicional estipulaba que era un abuso exigir interés por algo que es esencialmente gratuito. No obstante las circunstancias socio-económicas en el siglo XIV, los moralistas y teólogos se pondrán de acuerdo en acomodar la cuestión del préstamo como algo legal, moral y hasta religioso.

Fue a partir de la familia Medici cuando comenzó el nuevo desafío económico que va a perdurar hasta nuestros días. Nadie discute en nuestro tiempo, ni teólogos, ni sociólogos, ni economistas que el crédito no sólo que es moral sino que es el único camino al desarrollo y prosperidad de los pueblos. Hasta el propio Vaticano tiene su banca.

El escudo de los Medici es la marca de los prestamistas y de la banca financiera. Aparecen en él varias monedas antiguas, el sekel de origen judío. Esta particularidad y la del nombre, según algunos historiadores, también sería de origen judío por cuanto Medici significaría proveniente de la Media, un uso común en la época ya utilizada por los helenos. Otra característica significativa era la dedicación en el tráfico de mercaderías y préstamos de dinero que ejercían los Medici análogamente a la casi exclusiva dedicación de los judíos en Roma. No obstante, fundamentalmente historiadores cristianos se han opuesto a admitir el origen judío de los Medici, aportando el hecho que tal apellido provenía “de médico”.

A ciencia cierta se sabe que esta familia de origen muy humilde, provenía de los barrios bajos y oscuros de Florencia y sus negocios no eran precisamente ni éticos ni morales ni legales, al punto tal que varios Medici debieron pagar cuentas con la justicia. No obstante llegó la época de prosperidad de la familia de una forma piramidal, vertiginosa y asombrosa, no precisamente por ser mercaderes sino por la usura. Aunque para los judíos también resultaba un pecado el préstamo con interés, no era tan grave su falta al hacerlo con cristianos y no con sus propios hermanos religiosos.

Los Medici sin embargo, considerados cristianos, les hubiera cabido la pena capital porque de igual forma que los judíos prestaban dinero y lo hacían con sus pares, no obstante en la clandestinidad lograban su objetivo logrando relacionarse con altos funcionarios del Estado y con no menos jerarcas religiosos que acudían a la familia por la medicina monetaria. Hasta que con su poder económico y de influencias lograron el poder político y la venia del Vaticano para establecerse en el centro neurálgico de Florencia, creando el primer banco mediante un ingenioso artilugio donde los intereses resultaban camuflados para no enfrentarse a los dictados bíblicos.

La Banca de los Medici muy pronto se convirtió en respetable y poderosa no sólo en Florencia sino en toda Italia y especialmente en Europa. La enorme fortuna que alcanzaron era incluso superior a la de cualquier monarca de la época. Tales circunstancias permitieron a los Medici proclamar dentro de su familia a más de una veintena de cardenales y tres papas, León X, Clemente VII y León XI. Además lograron numerosos altos cargos dirigentes de Florencia y a convertirse en miembros de la familia reales de Francia e Inglaterra.

Cósimo Medici hizo construir un gran palacio en Florencia que usó como banco principal a la vez que como residencia familiar. La planta baja era semejante a una fortaleza, con una puerta maciza y ventanas con barrotes para mantener alejados a los enemigos, pero los pisos superiores eran muy elegantes. Fue diseñado por el arquitecto Michelozzo, a quien Cósimo le encargó también que proyectara una biblioteca para el monasterio de San Giorgio Maggiore, en Venecia.

Los descendientes de Cósimo rigieron los destinos de Florencia hasta el asesinato de Alejandro de Medici, primer duque de Florencia, en 1537.

Los Medici fueron banqueros al servicio de la Santa Sede, de los reyes de Francia e Inglaterra y del duque de Borgoña.

Cosme Medici realizó fructíferas transferencias de fondos; Su hijo Pedro se asoció con el Papa en 1466 para explotar el monopolio del alumbre, creado por Pío II a beneficio de una eventual cruzada.

La escalada de los Medici al poder fue relatada en detalle en la crónica de Benedetto Dei.

Mas allá de lo anecdótico o histórico en la vida de esta familia, La Banca de los Medici fue el punto de partida de la Banca y economía mundial que ningún economista logró desarticular de sus pensamientos como si la economía sin crédito no podría existir y único camino del desarrollo y prosperidad de los pueblos e impensables para la antigua Grecia, los egipcios, el imperio romano, las dinastías chinas, los emperadores japoneses e incluso los incas y que hoy incomprensiblemente utiliza el Vaticano no sólo como banca, sino como paraíso fiscal

Aunque no descarto totalmente la utilidad del crédito en nuestras economías, repasemos el efecto del crédito en algunos países, para entender aquel principio de prosperidad y desarrollo de los pueblos, haciendo escala en pequeños detalles históricos como en Argentina en pleno proceso neoliberal. Los bancos del Estado, privados y otras financieras se quedaron con el depósito de sus clientes aduciendo quiebra de “sucursales”. En España los créditos hipotecarios fueron y son de vergüenza social y moral en el eje de la Unión Europea. Todos amparados en ley. En estos casos de política interna las bancas involucradas declararon un superhábil superlativo en las ganancias al cabo del año luego de expoliar los bienes ajenos. Pero más allá de estas circunstancias concernientes a cada país, debemos considerar los créditos del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. Su moral crediticia o ayuda ética con que se proclama esconde en el fondo el sometimiento de los países a una economía dirigida, que en principio no sería más grave que la pérdida de decisión y soberanía de los pueblos en cuestión, sumado a los intereses correspondientes que deben cumplir a rajatabla. Pero el negocio no sólo culmina con este gesto de “solidaridad bancaria”, sino que los gobiernos están obligados a aceptar el asentamiento de capital “adecuado” y la explotación de los recursos naturales según convenga a intereses de países que dominan la banca internacional y en estos aspectos sobran muchos botones.

La deuda externa de los Estados Unidos es casi el triple de la suma de las deudas externas de todos los países del mundo. Y cómo es posible que el país más rico del mundo no se halle a las puertas del sepulcro económico. Incluso estas circunstancias han servido para que muchos oradores políticos admiren y promulguen con fuerza la bendición crediticia. Pero lo que se oculta en realidad es que las deudas externas soberanas de Estados Unidos se aplica con dólares, la moneda fiduciaria que la Reserva Federal puede emitir a voluntad si fuera necesario. Los tenedores mundiales, incluso ahora China, de grandes cantidades de letras estadounidenses no pueden exigir o presionar por la devolución inmediata de esa deuda, porque esto generaría que se imprimieran más dólares con la consiguiente caída estrepitosa del valor cambiario. Es decir no solamente significaría la ruina de Estados Unidos sino también la de sus acreedores. Mucho peor aún, si la economía estadounidense cayera en estado default, todas y cada una de las economías mundiales se precipitaría de igual forma. El problema es significativo y grave en esta dependencia mundial.  Hasta cuando soportará dimensionarse este aparato que sigue creciendo sin que ningún economista haya advertido la situación. Cuál será entonces el futuro de esta economía de inversión de capital y crédito, pues no será otra que explotar con su sobredimensionada estructura. Las fisuras son elocuentes, calentamiento global, desertificación, cambio climático y paradójicamente más infelices con hambre y miseria. En cuanto a la magia del crédito todo depende de lo que haga o deje de hacer Estados Unidos y sus socios inmediatos, Inglaterra e Israel. La enorme deuda “externa” cada vez más dinosáurica del país del norte y su allegado Inglaterra no pueden detenerse y necesitan alimentarse cada vez con más avaricia, hasta que el globo toque fondo en los recursos y se produzca no sólo el caos de la economía mundial sino más gravemente, la insuficiencia alimentaria.

Vale la pena reinscribir un pequeño trozo expresado más adelante en cuanto a los comienzos del poder de la banca privada. “Cosme Medici realizó fructíferas transferencias de fondos; Su hijo Pedro se asoció con el Papa en 1466 para explotar el monopolio del alumbre, creado por Pío II a beneficio de una eventual cruzada”

En resumen, lo que se expresa en letra grande son los intereses que se adecuan, según dicen a una moral económica, pero en letra muy pequeña se adosan comisiones, servicios, compensaciones, etc. Por encima de todo este enmarañado recital, si el cliente se atrasa en un pago, el banco parece tener toda la ley en mano, para aplicar un abusivo recargo con otras recargas de gastos administrativos, gastos en correspondencia, gastos jurídicos y otros etc.

William Shakespeare reunió en “El Mercader de Venecia” el drama preexistente de la usura y la miseria del préstamo en forma particular a mediados del 1500. Pero en el último siglo pasado y el presente, Shakespeare hubiera encontrado material suficiente del drama y la estafa social que ejecutan las grandes corporaciones bancarias.

El drama final en estas cuestiones es que en nuestras democracias tal como la han concebido hasta ahora, la decisión sobre la vida y supervivencia de las personas recaen en una minoría que conducen la economía y acuerdan deudas con créditos o proyectos cuya consecuencias recae en el sometimiento del Estado y fundamentalmente sobre la población en general donde los más débiles arriesgan su subsistencia bajo el lema absurdo “el pueblo gobierna a través de sus representantes”. Y paradójicamente los nuevos Medici de la economía mundial sostienen sus ganancias y sus fortunas y los economistas responsables del debacle social mantienen sus status económico incólume. La mayoría de ellos, los fracasados en funciones públicas, vuelven a la banca para asumir cargos ejecutivos y gerenciales. Una verdadera distopía.

El verdadero índice de desarrollo de la economía no debería medirse por el PBI (Producto bruto interno) sino por el producto digno justo. Medir pirámides y oro o catedrales y banca, nada tiene que ver con la razón de un pueblo expectante, ignorante y mísero.