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Hemos de ver en el mundo animal como cada especie constituye por instinto los vínculos sociales, conducta que poco se diferencia entre los grupos independientes de la misma casta, sean de la región que sean y por más que los separen mares y océanos. Si ajustamos cada una de ellas a principios humanos como la igualdad, la justicia, la solidaridad, el respeto, hemos de ver que de muy pocos animales podríamos aducir que le asisten nuestros valores. El ser humano ha experimentado cambios sustanciales en la gestión familiar desde que la historia es historia. No es igual una estructura familiar en la India que en Portugal, ni estas a las de Kenia. La variación ni siquiera tiene que ver con la evolución exigida por el entorno natural. Las familias fueron modificadas por la ingerencia de las conquistas, la guerra, las nuevas tecnologías, hasta la revolución industrial conspiró para retocar el seno familiar y hondamente las conductas licuadas en signos religiosos, que más que conspirar, obligaron y fijaron la estructura familiar. Los valores humanos bajo estas manifestaciones resultaron una utopía y hoy pueden observarse en las organizaciones familiares actuales. Falta de respeto entre los cónyuges, infidelidades, egoísmos, violencia, dominio y una gran dificultad para educar a los niños. Es extenso los cambios evolutivos de la familia en esa larga historia, la mujer primero e indirectamente los niños después fueron víctimas y en el ambiente de confusión y conflicto donde es casi imposible que puedan inferirse principios. Si imitáramos la conformación familiar al parámetro de los instintos, como animales, tampoco habría mucho para rescatar algún valor. Si cada familia se conformase a la conveniencia individual, nuestras sociedades serían un caos. Si continuamos como continuamos, pues seguiremos sosteniendo claros vestigios de brutalidad, de infidelidad, de falta de respeto, de desigualdad y desarraigo. De todas formas, de todas las estructuras familiares humanas, matriarcado, patriarcado, poligamia, convengamos que la mejor estructura familiar bajo estas simples indicaciones que puede mantener la posibilidad de afincar nuestros principios fundamentales, es la monogamia. Sin embargo, la monogamia llega a ser un peso demasiado fuerte para ser digerida para una mayoría ostensible. Los instintos del sexo, la necesidad de aparearse circunstancialmente y los excesos son tan corrientes que delinean otro sentido y concepto de formar una pareja, conjugando el grito de la llamada libertad sexual. En sistemas de cama abierta con hijos de procedencia incierta, no parece la mejor elección de donde surjan principios. Tampoco otras estructuras nos resultan cómodas como el viejo ordenamiento familiar de los esquimales donde una mujer podía ser entregada a un visitante con toda naturalidad, porque tal ordenamiento estaba condicionado a un género masculino dominante. De igual forma, las familias poligámicas del harem. En cuanto a bondades divinas, las religiones no han ayudado mucho sobre este tema ya que proclaman al hombre como cabeza del vínculo familiar y este germen conjuró para acentuar el dominio y el abuso del hombre sobre la mujer. No faltan circunstancias para apuntar y demostrar hoy día que la sepa social está falta de valores o enfermas o insensibles. La miseria y la ignorancia han provocado uniones que pueden semejarse a apareamientos salvajes. La falta de educación, el hambre y la ignorancia no han dejado una buena herencia. Niños ambulantes, sin arraigo, violentos, alejados de todo afecto, los niños duros de la calle aquellos sin comida. Estos tipos de “familia” tienden a montarse sobre la violencia, la infidelidad y la infelicidad de los hijos. “Hogares” que transmiten a su herencia la inseguridad, la falta de apego, hasta la brutalidad que peligrosamente alimenta la cultura de allá abajo. –“El imitar a nuestros antepasados nos hace adquirir las pasiones de nuestros padres, aun cuando envenenen nuestras vidas…”-, escribió Stendhal en 1822. Por otro lado las uniones por conveniencia han provocado no menos incidencia a la hora de preguntarse por la educación de los hijos y el sometimiento de uno de los cónyuges o de los dos. “Romeo y Julieta” es en nuestro tiempo el arquetipo literario de mera especulación artística. Hasta es vergonzoso demostrar sentimiento alguno por otra persona. El amor parece pertenecer a la ciencia ficción. Sin embargo, el amor existe y aun resiste la tradición, las viejas costumbres y los dictados de “libros sagrados” sumados a la escalada utilitarista del mercado que explica valores de independencia y libertad en el mundo de “Lolitas” y Crusoes con sociólogos enmarañados de abultados quehaceres y dificultades doctrinarias, que se resisten comprender, que las miserias del hombre no provienen del espanto circunstancial de un acaudalado en bancarrota o de una famosa “Lolita” engañada o de la salud de algún líder octogenario religioso o ideólogo. Existe un gran mundo de matrimonios por amor. Estos son los que pueden campear las dificultades de la escasez, pero difícilmente soportan la avalancha comercial y doctrinaria que deben afrontar sus hijos dentro del hogar vía Internet y la televisión y fuera del hogar donde todo está contaminado de utilitarismo que provoca más tarde o más temprano un estado de confusión extrema ante la más leve desavenencia. La gran masa humana es el resultado de la influencia de una minoría con poder de influencia y monetario que a través de los medios de comunicación han ido formulando los criterios morales, sociales y económicos, incluso religiosos que se internalizan en la conciencia general y que se admiten como propios e inapelables aún cuando pesen en contra de su propios bienes. En nuestras sociedades resulta difícil vivir con amor con los desvalores sociales. La crisis familiar radica en las emociones humanas, en la falta de amor, en la disolución social del amor, en la desnaturalización del ser humano como tal. Emile Durkheim insistió en construir una nueva moral partiendo desde otros ejes de la problemática social y es cierto, estoy de acuerdo con él en que, búsquese donde se busque o como se busque estas sociedades están contaminadas, Durkheim aunque con buen criterio, tampoco halló lo solución a la nebulosa. Nuestras sociedades enmarañadas de principios provenientes “del más allá” alineados con matices culturales según provenían de las guerras continuas, del avance tecnológico, del campo del trabajo y las industrias, las familias debieron adaptarse al contexto de la sociedad cuando en realidad el contexto social debería haberse adaptado a la familia. De allí que no hay consenso sobre la definición de familia ni siquiera dentro de la trama cultural donde cada quien se desarrolla, ni puede haberlo en los soportes donde se apoyan los principios ni la jurisprudencia comparada. Cada estado lo plantea jurídicamente según las presiones de los poderes de influencia, tanto religiosos como políticos. De allí que tengamos familias de acervo industrial, familias de acervo económico, familias de acervo patriarcal, de acervo matriarcal, de acervo de la moda, punalúa, sindiásmica, monoparentales, poligámicas y otras, todas ellas con el tinte religioso que parece adecuarse a las circunstancias de los cambios con claras diferencias de igualdad entre el hombre y la mujer y las consecuencias confusas en sus hijos. Salvo en algunas familias rurales podía concebirse un equilibrio de armonía familiar, pero ni en estas surgía el reacondicionamiento de la mujer sumergida a su rol de desigualdad con su esposo. A partir de la mitad del siglo XX, con el avance del desarrollo industrial, las mujeres resultaron aptas para el trabajo, no por una cuestión de principios, sino de intereses económicos, ya que sus manos menos toscas que las de los hombres resultaron más adecuadas y eficaces a trabajos de manufactura de la producción en serie. No necesitó entonces mucho entendimiento para convencerse que ella misma podía procurarse los medios para sostenerse e incluso sacar a sus hijos adelante sin necesidad de un matrimonio donde tremendamente quedaba sometida. Los divorcios y las madres solteras comenzaron a ser moneda corriente en estas sociedades occidentales de manera asombrosa. Y hay quienes culpan del fenómeno a la conocida circunstancias de la “liberación femenina” de haber desarticulado el hogar familiar, sin siquiera estornudar o esbozar suspiros en sus fundamentos sobre el esquema del hogar familiar que fue y no ha dejado de ser una jaula de barrotes masculinos sobre el rol femenino. En la investigación realizada por Federico Engels sobre esta problemática podemos interiorizarnos de bastantes aspectos de la cuestión: “Hasta 1860 ni siquiera se podía pensar en una historia de la familia. Las ciencias históricas hallábanse aún, en este dominio, bajo la influencia de los cinco libros de Moisés. La forma patriarcal de la familia, pintada en esos cinco libros con mayor detalle que en ninguna otra parte, no sólo era admitida sin reservas como la más antigua sino que se la identificaba -descontando la poligamia- con la familia burguesa de nuestros días, de modo que parecía como si la familia no hubiera tenido ningún desarrollo histórico; a lo sumo se admitía que en los tiempos primitivos podía haber habido un período de promiscuidad sexual. Es cierto que aparte de la monogamia se conocía la poligamia en Oriente y la poliandria en la India y en el Tíbet; pero estas tres formas no podían ser ordenadas históricamente de modo sucesivo, sino que figuraban unas junto a otras sin guardar ninguna relación. También es verdad que en algunos pueblos del mundo antiguo y entre algunas tribus salvajes aun existentes la descendencia se cuenta por línea materna, y no paterna, siendo aquélla la única válida, y que en muchos pueblos contemporáneos se prohíbe el matrimonio dentro de determinados grupos más o menos grandes -por aquel entonces aún no estudiados de cerca-, dándose este fenómeno en todas las partes del mundo. Estos hechos, ciertamente, eran conocidos y cada día se agregaban a ellos nuevos ejemplos. Pero nadie sabía cómo abordarlos e incluso en la obra de E. B. Tylor "Investigaciones de la Historia primitiva de la Humanidad, etc." (1865) figuran como "costumbres raras", al lado de la prohibición vigente en algunas tribus salvajes de tocar la leña ardiendo con cualquier instrumento de hierro y otras futilezas religiosas semejantes.” “El estudio de la historia de la familia comienza en 1861, con el "Derecho materno" de Bachofen. El autor formula allí las siguientes tesis: 1) primitivamente los seres humanos vivieron en promiscuidad sexual, a la que Bachofen da, impropiamente, el nombre de heterismo; 2) tales relaciones excluyen toda posibilidad de establecer con certeza la paternidad, por lo que la filiación sólo podía contarse por línea femenina, según el derecho materno; esto se dio entre todos los pueblos antiguos; 3) a consecuencia de este hecho, las mujeres, como madres, como únicos progenitores conocidos de la joven generación, gozaban de un gran aprecio y respeto, que llegaba, según Bachofen, hasta el dominio femenino absoluto (ginecocracia); 4) el paso a la monogamia, en la que la mujer pertenece a un solo hombre, encerraba la transgresión de una antiquísima ley religiosa (es decir, el derecho inmemorial que los demás hombres tenían sobre aquella mujer), transgresión que debía ser castigada o cuya tolerancia se resarcía con la posesión de la mujer por otros durante determinado período”.”Bachofen halló las pruebas de estas tesis en numerosas citas de la literatura clásica antigua, reunidas por él con singular celo. El paso del "heterismo" a la monogamia y del derecho materno al paterno se produce, según Bachofen -concretamente entre los griegos-, a consecuencia del desarrollo de las concepciones religiosas, a consecuencia de la introducción de nuevas divinidades, que representan ideas nuevas, en el grupo de los dioses tradicionales, encarnación de las viejas ideas; poco a poco los viejos dioses van siendo relegados a segundo plano por los primeros. Así, pues, según Bachofen no fue el desarrollo de las condiciones reales de existencia de los hombres, sino el reflejo religioso de esas condiciones en el cerebro de ellos, lo que determinó los cambios históricos en la situación social recíproca del hombre y de la mujer. En correspondencia con esta idea, Bachofen interpreta la "Orestiada" de Esquilo como un cuadro dramático de la lucha entre el derecho materno agonizante y el derecho paterno, que nació y logró la victoria sobre el primero en la época de las epopeyas. Llevada de su pasión por su amante Egisto, Clitemnestra mata a Agamenón, su marido, al regresar éste de la guerra de Troya; pero Orestes, hijo de ella y de Agamenón, venga al padre quitando la vida a su madre, ello hace que se vea perseguido por las Erinias, seres demoníacos que protegen el derecho materno, según el cual el matridicio es el más grave e imperdonable de los crímenes. Pero Apolo, que por mediación de su oráculo ha incitado a Orestes a matar a su madre, y Atenea, que interviene como juez (ambas divinidades representan aquí el nuevo derecho paterno), defienden a Orestes. Atenea escucha a ambas partes. Todo el litigio está resumido en la discusión que sostienen Orestes y las Erinias. Orestes dice que Clitemnestra ha cometido un crimen doble por haber matado a su marido y padre de su hijo. ¿Por qué las Erinias le persiguen a él, cuando ella es mucho más culpable? La respuesta es sorprendente”.”No estaba unida por los vínculos de la sangre al hombre a quien ha matado”.”El asesinato de una persona con la que no se está ligado por lazos de sangre, incluso si es el marido de la asesina, puede expiarse y no concierne en lo más mínimo a las Erinias. La misión que a ellas corresponde es perseguir el homicidio entre consanguíneos, y el peor de estos crímenes, el único imperdonable, según el derecho materno, es el matricidio. Pero aquí interviene Apolo, el defensor de Orestes. Atenea somete el caso al areópago, el tribunal jurado de Atenas; hay el mismo número de votos en pro de la absolución y en pro de la condena; entonces Atenea, en calidad de presidente del Tribunal, vota en favor de Orestes y lo absuelve. El derecho paterno obtiene la victoria sobre el materno, los "dioses de la nueva generación", según se expresan las propias Erinias, vencen a éstas, que, al fin y a la postre, se resignan a ocupar un puesto diferente al que han venido ocupando y se ponen al servicio del nuevo orden de cosas”.”Esta nueva y muy acertada interpretación de la "Orestiada" es uno de los más bellos y mejores pasajes del libro de Bachofen, pero al mismo tiempo es la prueba de que Bachofen cree, como en su tiempo Esquilo, en las Erinias, en Apolo y en Atenea, es decir, cree que estas divinidades realizaron en la época heroica griega el milagro de echar abajo el derecho materno y de sustituirlo por el paterno. Es evidente que tal concepción, que estima la religión como la palanca decisiva de la historia mundial, se reduce, en fin de cuentas, al más puro misticismo. Por ello, estudiar a fondo el voluminoso tomo de Bachofen es una labor ardua y, en muchos casos, poco provechosa. Sin embargo, lo dicho no disminuye su mérito como investigador que ha abierto una nueva senda, ya que ha sido el primero en sustituir las frases acerca de aquel ignoto estadio primitivo con promiscuidad sexual por la demostración de que en la literatura clásica griega hay muchas huellas de que entre los griegos y entre los pueblos asiáticos existió, en efecto, antes de la monogamia, un estado social en el que no solamente el hombre mantenía relaciones sexuales con varias mujeres, sino que también la mujer mantenía relaciones sexuales con varios hombres, sin faltar por ello a los hábitos establecidos. Bachofen probó que este uso no desapareció sin dejar huellas bajo la forma de la necesidad, para la mujer, de entregarse por un período determinado a otros hombres, entrega que era el precio de su derecho al matrimonio único; que, por tanto, primitivamente no podía contarse la descendencia sino en línea femenina, de madre a madre; que esta validez exclusiva de la filiación femenina se mantuvo largo tiempo, incluso en el período de la monogamia con la paternidad establecida, o por lo menos, reconocida; y, por último, que esta situación primitiva de las madres, como únicos genitores ciertos de sus hijos, aseguró a aquéllas y, al mismo tiempo, a las mujeres en general, una posición social más elevada de la que desde entonces acá nunca han tenido. Es cierto que Bachofen no emitió esos principios con tanta claridad, por impedírselo el misticismo de sus concepciones; pero los demostró, y ello, en 1861, fue toda una revolución”.”El voluminoso tomo de Bachofen estaba escrito en alemán, es decir, en la lengua de la nación que menos se interesaba entonces por la prehistoria de la familia contemporánea. Por eso permaneció casi ignorado. El más inmediato sucesor de Bachofen en este terreno entró en escena en 1865, sin haber oído hablar de él nunca jamás”.”Este sucesor fue J. F. Mac Lennan, el polo opuesto de su predecesor. En lugar de místico genial, tenemos aquí a un árido jurisconsulto; en vez de una exultante y poética fantasía, las plausibles combinaciones de un alegato de abogado. Mac Lennan encuentra en muchos pueblos salvajes, bárbaros y hasta civilizados de los tiempos antiguos y modernos, una forma de matrimonio en que el novio, solo o asistido por sus amigos, está obligado a arrebatar su futura esposa a sus padres, simulando un rapto por violencia. Esta usanza debe ser vestigio de una costumbre anterior, por la cual los hombres de una tribu adquirían mujeres tomándolas realmente por la fuerza en el exterior, en otras tribus. Pero ¿cómo nació ese "matrimonio por rapto"?. Mientras los hombres pudieron hallar en su propia tribu suficientes mujeres, no había ningún motivo para semejante procedimiento. Por otra parte, con frecuencia no menor encontramos en pueblos no civilizados ciertos grupos (que en 1865 aún solían identificarse con las tribus mismas) en el seno de los cuales estaba prohibido el matrimonio, viéndose obligados los hombres a buscar esposas y las mujeres esposos fuera del grupo; mientras tanto, en otros pueblos existe una costumbre en virtud de la cual los hombres de cierto grupo vienen obligados a tomar mujeres sólo en el seno de su mismo grupo. Mac Lennan llama "tribus" exógamas a los primeros, endógamas a los segundos, y a renglón seguido y sin más circunloquios señala que existe una antítesis bien marcada entre las "tribus" exógamas y endógamas. Y aún cuando sus propias investigaciones acerca de la exogamia le meten por los ojos el hecho de que esa antítesis en muchos, si no en la mayoría o incluso en todos los casos, existe solamente en su imaginación, no por eso deja de tomarla como base de toda su teoría. Según esta, las tribus exógamas no pueden tomar mujeres sino de otras tribus, cosa que, dada la guerra permanente entre las tribus, tan propia del estado salvaje, sólo puede hacerse mediante el rapto”.”Mac Lennan plantea más adelante: ¿De dónde proviene esa costumbre de la exogamia? A su parecer, nada tienen que ver con ella las ideas de la consanguinidad y del incesto, nacidas mucho más tarde. La causa de tal usanza pudiera ser la costumbre muy difundida entre los salvajes, de matar a las niñas enseguida que nacen. De eso resultaría un excedente de hombres en cada tribu tomada por separado, siendo la inmediata consecuencia de ello que varios hombres tendrían en común una misma mujer, es decir, la poliandria. De aquí se desprende, a su vez, que se sabía quien era la madre del niño, pero no quién era su padrea; por ello la ascendencia sólo se contaba en línea materna, y no paterna (derecho materno). Y otra consecuencia de la escasez de mujeres en el seno de la tribu, escasez atenuada, pero no suprimida, por la poliandria, era precisamente el rapto sistemático de mujeres de tribus extrañas. "Desde el momento en que la exogamia y la poliandria proceden de una sola causa, del desequilibrio numérico entre los sexos, debemos considerar que entre todas las razas exogámicas ha existido primitivamente la poliandria... Y por esto debemos tener por indiscutible que entre las razas exógamas el primer sistema de parentesco era aquel que sólo reconocía el vínculo de la sangre por el lado materno". (Mac Lennan, "Estudios de Historia Antigua, 1886; matrimonio primitivo”.”El mérito de Mac Lennan consiste en haber indicado la difusión general y la gran importancia de lo que él llama exogamia. En cuanto al hecho de la existencia de grupos exógamos, no lo ha descubierto, y menos todavía lo ha comprendido. Sin hablar ya de las noticias anteriores y sueltas de numerosos observadores -precisamente las fuentes donde ha bebido Mac Lennan-, Latham había descrito con mucha exactitud y precisión ("Etnología descriptiva", 1859) ese fenómeno entre los magars de la India y había dicho que estaba universalmente difundido y se encontraba en todas las partes del mundo. Este pasaje lo cita el propio Mac Lennan. Además, también nuestro Morgan había observado y descrito perfectamente en 1847, en sus cartas acerca de los iroqueses ("American Review"), y en 1851, en su "La Liga de los Iroqueses", este mismo fenómeno, mientras que el ingenio triquiñuelista de Mac Lennan ha introducido aquí una confusión mucho mayor que la aportada por la fantasía mística de Bachofen en el terreno del derecho materno. Otro mérito de Mac Lennan consiste en haber reconocido como primario el orden de descendencia con arreglo al derecho materno, aunque también aquí se le adelantó Bachofen, según lo confiesa aquél más tarde. Pero tampoco aquí ve claras las cosas, pues habla sin cesar de "parentesco en línea femenina solamente" ("kinship through females only"), empleando continuamente esta expresión, exacta para un período anterior, en el análisis de fases del desarrollo más tardías en que, si bien es cierto que la filiación y el derecho de herencia siguen contándose exclusivamente según la línea materna, el parentesco por línea paterna está ya reconocido y fijado. Observamos aquí la estrechez de criterio del jurisconsulto, que se forja un término jurídico fijo y continúa aplicándolo, sin modificarlo, a circunstancias para las que es ya inservible”.”Parece ser que, a pesar de su verosimilitud, la teoría de Mac Lennan pareciole a su autor no muy bien asentada. Por lo menos, le llama la atención el "hecho, digno de ser notado, de que la forma de rapto (simulado) de las mujeres se observe marcada y nítidamente entre los pueblos en que predomina el parentesco masculino (es decir, la descendencia en línea paterna)”… "Es muy extraño que, según las noticias que poseemos, el infanticidio no se practique por sistema allí donde coexisten la exogamia y la más antigua forma de parentesco"…”Estos dos hechos rebaten directamente su manera de explicar las cosas, y Mac Lennan no puede oponerle sino nuevas hipótesis más embrolladas aún”.”Sin embargo, su teoría fue acogida en Inglaterra con gran aprobación y simpatía. Mac Lennan fue considerado aquí por todo el mundo como el fundador de la historia de la familia y como la primera autoridad en la materia. Su antítesis entre las "tribus" exógamas y endógamas continuó siendo, a pesar de ciertas excepciones y modificaciones comprobadas, la base reconocida de las opiniones dominantes y se trocó en las anteojeras que impedían ver libremente el terreno explorado y, por consiguiente, todo progreso decisivo. Ante la exageración de los méritos de Mac Lennan, hoy costumbre en Inglaterra y, siguiendo a ésta, fuera de ella, debemos señalar que con su antítesis de "tribus" exógamas y endógamas, basada en la más pura confusión, ha causado más daño que servicios ha prestado con sus investigaciones”.”Entretanto, pronto empezaron a ser conocidos hechos que ya no cabían en el frágil molde de su teoría. Mac Lennan sólo conocía tres formas de matrimonio: la poligamia, la poliandria y la monogamia. Pero así que se centró la atención en este punto, se hallaron pruebas, cada vez más numerosas, de que entre los pueblos no desarrollados existían otras formas de matrimonio, en las que varios hombres tenían en común varias mujeres; y Lubbock ("El origen de la civilización", 1870 reconoció como un hecho histórico este matrimonio por grupos (Communal marriage) ”.”Poco después (en 1871) apareció en escena Morgan, con documentos nuevos y decisivos desde muchos puntos de vista. Habíase convencido de que el sistema de parentesco propio de los iroqueses, y vigente aún entre ellos, era común a todos los aborígenes de los Estados Unidos, es decir, que estaba difundido en un continente entero, aun cuando se encuentra en contradicción formal con los grados de parentesco que resultan del sistema conyugal allí imperante. Incitó entonces al gobierno federal americano a que recogiese informes acerca del sistema de parentesco de los demás pueblos, según un formulario y unos cuadros confeccionados por él mismo. Y de las respuestas dedujo: 1) que el sistema de parentesco indoamericano estaba igualmente en vigor en Asia y, bajo una forma poco modificada, en muchas tribus de África y Australia; 2) que este sistema tenía su más completa explicación en una forma de matrimonio por grupos que se hallaba en proceso de extinción en Hawai y en otras islas australianas, 3) que en estas mismas islas existía, junto a esa forma de matrimonio, un sistema de parentesco que sólo podía explicarse mediante una forma, desaparecida hoy, de matrimonio por grupos más primitivo aún”.”Morgan publicó las noticias reunidas y las conclusiones deducidas de ellas en su "Sistemas de consanguinidad y afinidad", en 1871, y llevó así la discusión a un terreno infinitamente más amplio. Tomando como punto de partida los sistemas de parentesco y reconstituyendo las formas de familia a ellos correspondientes, abrió nuevos caminos a la investigación y dio la posibilidad de ver mucho más lejos en la prehistoria de la humanidad. De haber sido aceptado este método, las frágiles construcciones de Mac Lennan hubieran quedado reducidas a polvo”.”Mac Lennan salió en defensa de su teoría con una nueva edición del "Matrimonio primitivo (Estudios de Historia Antigua, 1876)". Aunque él mismo construye la historia de la familia basándose en simples hipótesis y de una manera artificial en extremo, exige a Lubbock y a Morgan, no sólo la prueba de cada una de sus aseveraciones, sino pruebas irrefutables, las únicas admitidas en los tribunales de justicia escoceses. ¡Y eso lo hace un hombre quien, apoyándose en el íntimo parentesco entre el tío materno y el sobrino en los, en el relato de César de que los bretones tienen sus mujeres en común por grupos de diez o doce, y en todas las demás relaciones que los autores antiguos hacen de las mujeres entre los bárbaros, deduce sin vacilación que la poliandria ha reinado en todos esos pueblos! Parece que se está oyendo a un fiscal que se toma entera libertad para amañar sus conclusiones y exige, en cambio, al defensor la prueba más formal y más jurídicamente valedera de cada palabra que éste pronuncie”.”Afirma que el matrimonio por grupos es pura invención, y queda, así, muy por debajo de Bachofen. Según él, los sistemas de parentesco de Morgan no son sino simplemente fórmulas de cortesía social, demostradas por el hecho de que al dirigir los indios la palabra hasta a un extranjero, a un blanco, lo tratan de hermano o de padre. Esto es lo mismo que si se quisiera asegurar que las palabras padre, madre, hermano y hermana son puras fórmulas de apóstrofe sin significación, porque a los sacerdotes y a las abadesas católicas se los saluda igualmente con los nombres de padre y madre, y porque los frailes y las monjas, lo mismo que los masones y los miembros de los sindicatos ingleses, se tratan entre sí de hermanos y hermanas en sus reuniones solemnes. En una palabra, la defensa de Mac Lennan no pudo ser más floja”.”Pero quedaba un punto en el que era invulnerable. Su antítesis de las "tribus" exógamas y endógamas, base de su sistema, lejos de vacilar, se reconocía universalmente como el fundamento de toda la historia de la familia. Se admitía que el intento de demostrar esta antítesis hecho por Mac Lennan era insuficiente y estaba en contradicción con los datos por él mismo aportados. Pero se consideraba como un evangelio indiscutible la antítesis misma, la existencia de dos tipos, exclusivos entre sí, de tribus autónomas e independientes, de los cuales uno tomaba sus mujeres en la misma tribu, mientras que al otro le estaba eso terminantemente prohibido. Consúltese, por ejemplo, "Orígenes de la familia", de Giraud-Teulon (1874), y aun la obra de Lubbock, El origen de la civilización”.”Aparece luego el trabajo fundamental de Morgan, "La Sociedad Antigua" (1877), que forma la base de la obra que ofrezco al lector. Aquí Morgan desarrolla con plena nitidez lo que en 1871 conjeturaba vagamente. La endogamia y la exogamia no forman ninguna antítesis; la existencia de "tribus" exógamas no está demostrada hasta ahora en ninguna parte. Pero, en la época en que aún dominaba el matrimonio por grupos -que, según toda verosimilitud, ha existido en tiempos en todas partes-, la tribu se escindió en cierto número de grupos, de gens consanguíneas por línea materna, en el seno de las cuales estaba rigurosamente prohibido el matrimonio, de tal suerte que los hombres de una gens, si bien es verdad que podían tomar mujeres en la tribu, y las tomaban efectivamente en ella, venían obligados a tomarlas fuera de su propia gens. De este modo, si la gens era estrictamente exógama, la tribu que comprendía la totalidad de las gens era endógama en la misma medida. Esta circunstancia dio al traste con los restos de las sutilezas de Mac Lennan”.”Pero Morgan no se limitó a esto. La gens de los indios americanos le sirvió, además, para dar un segundo y decisivo paso en la esfera de sus investigaciones. En esa gens, organizada según el derecho materno, descubrió la forma primitiva de donde salió la gens ulterior, basada en el derecho paterno, la gens tal como la encontramos en los pueblos civilizados de la antigüedad. La gens griega y romana, que había sido hasta entonces un enigma para todos los historiadores, quedó explicada partiendo de la gens india, y con ello se dio una base nueva para el estudio de toda la historia primitiva”.”El descubrimiento de la primitiva gens de derecho materno, como etapa anterior a la gens de derecho paterno de los pueblos civilizados, tiene para la historia primitiva la misma importancia que la teoría de la evolución de Darwin para la biología, y que la teoría de la plusvalía, enunciada por Marx, para la Economía política. Este descubrimiento permitió a Morgan bosquejar por vez primera una historia de la familia, donde, por lo menos en líneas generales, quedaron asentados previamente, en cuanto lo permiten los datos actuales, los estadios clásicos de la evolución. Para todo el mundo está claro que con ello se inicia una nueva época en el estudio de la prehistoria. La gens de derecho materno es hoy el eje alrededor del cual gira toda esta ciencia; desde su descubrimiento, se sabe en qué dirección encaminar las investigaciones y qué estudiar, así como de qué manera de debe agrupar los resultados obtenidos. Por eso hoy se hacen en este terreno progresos mucho más rápidos que antes de aparecer el libro de Morgan”.”También en Inglaterra todos los investigadores de la prehistoria admiten hoy los descubrimientos de Morgan, aunque sería más exacto decir que se han apropiado de ellos. Pero casi ninguno de estos investigadores declara francamente que es a Morgan a quien debemos esa revolución en las ideas. En Inglaterra se pasa en silencio su libro siempre que es posible; en cuanto al propio autor, se limitan a condescendientes elogios de sus trabajos anteriores; escarban con celo en pequeños detalles de su exposición, pero silencian, contumaces, sus descubrimientos, verdaderamente importantes. La primera edición de "Ancient Society" se agotó; en América las publicaciones de este tipo se venden mal; en Inglaterra parece que la publicación de este libro ha sido saboteada sistemáticamente, y la única edición en venta de esta obra, que forma época, es la traducción alemana”.”¿Por qué esa reserva, en la cual es difícil no advertir una conspiración del silencio, sobre todo si se toma en cuenta las numerosas citas hechas por simple cortesía, y otras pruebas de camaradería en que abundan las obras de nuestros reconocidos investigadores de la prehistoria? ¿Quizá porque Morgan es americano, y resulta muy duro para los historiadores ingleses, a pesar del muy meritorio celo que ponen en acopiar documentos, tener que depender en cuanto a los puntos de vista generales necesarios para ordenar y agrupar los datos, en una palabra, en cuanto a sus ideas, de dos extranjeros de genio, de Bachofen y de Morgan?. Aun pudiera pasar el alemán, pero ¡el americano!. En presencia de un americano vuélvese patriota todo inglés; he visto en los Estados Unidos ejemplos graciosísimos. Agréguese a esto que Mac Lennan fue, en cierto modo, proclamado oficialmente el fundador y el jefe de la escuela prehistórica inglesa; que, hasta cierto punto, en prehistoria se consideraba de buen tono no hablar sino con el más profundo respeto de su alambicada construcción histórica, que conducía desde el infanticidio a la familia de derecho materno, pasando por la poliandria y el matrimonio por rapto. Teníase como grave sacrilegio manifestar la menor duda acerca de la existencia de "tribus" endógamas y exógamas que se excluían absolutamente unas a otras; por tanto, Morgan, al disipar como humo todos estos dogmas consagrados, cometió una especie de sacrilegio. Además, los hacía desvanecerse con argumentos cuya sola exposición bastaba para que todo el mundo los admitiese como evidentes. Y los adoradores de Mac Lennan, que hasta entonces vacilaban, perplejos, entre la exogamia y la endogamia, sin saber qué camino tomar, casi se vieron obligados a darse de puñadas en la frente, y exclamar: "¿Cómo hemos podido ser tan pazguatos para no haber descubierto todo esto nosotros mismos hace mucho tiempo?”.”Y como si tantos crímenes no fuesen aún suficientes para que la escuela oficial diese fríamente la espalda a Morgan, éste hizo desbordarse la copa, no sólo criticando, de un modo que recuerda a Fourier, la civilización y la sociedad de la producción mercantil, forma fundamental de nuestra sociedad presente, sino hablando además de una transformación de esta sociedad en términos que hubieran podido salir de labios de Carlos Marx. Por eso Morgan se llevó su merecido cuando Mac Lennan le espetó indignado que el "método histórico le es absolutamente antipático" y cuando el profesor Giraud-Teulon se lo repitió en Ginebra, en 1884. Y, sin embargo, el mismo señor Giraud-Teulon erraba impotentemente en 1874 ("Orígenes de la familia") por el laberinto de la exogamia maclennanesca, ¡de donde sólo Morgan había de sacarlo!”.”Huelga detallar aquí los demás progresos que debe a Morgan la prehistoria; en el curso de mi trabajo se hallará lo que es preciso decir acerca de este asunto. Los catorce años transcurridos desde que apareció su obra capital, han aumentado mucho el acervo de nuestros datos históricos acerca de las sociedades humanas primitivas. En adición a los antropólogos, viajeros e investigadores profesionales de la prehistoria, han salido al palenque los representantes de la jurisprudencia comparada, que han aportado nuevos datos y nuevos puntos de vista. Algunas hipótesis de Morgan han llegado a bambolearse y hasta a caducar. Pero los nuevos datos no han sustituido en parte alguna por otras sus muy importantes ideas principales. El orden introducido por él en la historia primitiva subsiste aún en lo fundamental. Incluso puede afirmarse que este orden va siendo reconocido generalmente en la misma medida en que se intenta ocultar quién es el autor de este gran avance”. De la investigación y opinión de Engels, de acuerdo o no, en parte alguna de la evolución histórica de las familias o el determinante trazado por lo religioso, no he hallado un soporte del que pueda inferirse un principio justo entre el hombre y la mujer y los hijos en la familia. Es inconcebible pues, que nuestras sociedades se apoyen en aquellas teorías e historias para reforzar sus jurisprudencias y aboguen con declamaciones de igualdad donde no pueden hallarse ni pizcas de este principio. No es sorprendente entonces que entre tanto alboroto y confusión hayan predominado las ideas místicas hasta nuestros tiempos donde obviamente tampoco encontramos la equidad. He buscado un paralelo en otras especies para ajustarme a la premisa de valores concretos y por cierto he hallado mejores caudales que en nuestras evolucionadas familias. No es un capricho la determinación que a partir del único ente natural que trasciende los instintos, el mejor bien con que la naturaleza nos dota, el amor, los sentimientos, haya trazado esta idea. El lazo principal, el eje de familia, la pareja, el núcleo familiar es el amor. De allí que ocurra el matrimonio o la familia de facto. Es a partir de ese momento real donde se genera el germen posible de todo principio familiar que se traslada a los hijos consanguíneos o por adopción. Un núcleo familiar hecho de amor comparte el proyecto vital de existencia en la que se forjan fuertes sentimientos de pertenencia, de apego intenso, de respeto e independencia. El núcleo familiar es el ámbito susceptible de asegurar la renovación genealógica y la formación educativa de la prole. Este núcleo, la pareja, puede o no engendrar hijos como en el caso de personas de la tercera edad o del mismo sexo, o por decisión propia, o por otra cualquiera otra razón sin que por ello pierda el sentido de lo que son, siempre que el amor sea el desencadenante. Esto implica desligarse de los criterios éticos o religiosos, de los conceptos hasta ahora “valorados” de familia e incluso en el ámbito del derecho que no ofrece garantía en ninguna de su abultada y borrosa jurisprudencia que por indebida y disímil no tiene proyección general y mucho menos universal. El ente familiar debería ser un bien y un bien no debería tener varias estructuras según sean las regiones o tradición o religión que se trate. Un bien humano es para toda la humanidad. Por eso la sepa social debería ser única no un paradigma. Con los paradigmas y las utopías no puede construirse el bien social justo, solidario e igualitario. El matrimonio ha sufrido duros embates de la moral y de la ética equivocada e incluso en épocas resultó una obligación con una presión sin atenuantes so pena de padecer no sólo la desaprobación social sino también jurídica. Hasta que en los últimos tiempos para responder a cuestiones consonantes con la libertad, no tardó en sucumbir la familia al propósito y antojo de cada individuo o de grupos colectivos que elaboraron sus propias relaciones conyugales y convivenciales, perdiéndose la verdadera esencia de familia, sumergida en el espectro de intereses de la moda, económicos, hedónicos e incluso para favorecer una ciudadanía extranjera. Convengamos que con estos males no favorecemos en absoluto la moral y ética de la familia, porque si bien la pareja conformada bajo estos parámetros puede resultar armónica, el fin de esta sociabilidad, los hijos, no tendrán buen sustento educativo ni buena base para el desarrollo sensible. Educación y sensibilidad de los que he hablado El núcleo familiar es un proyecto de vida humana alimentada con amor y sin dudas es la pareja conformante la que inicia todo el proceso. La pareja es la sepa, es la arquitecta de esa estructura y a quien le cabe toda la responsabilidad y todo el derecho civil. Si la suma de familias conforma la sociedad, el “contrato social” no puede establecerse con individualidades, pues “Crusoes” y “lolitas” son ajenos a la perduración social. Durkheim encuentra en el viejo contrato social un factor de anomia, ya que no garantiza el orden. El flujo de afectos y principios sociales pues, tiene como eje generador a la pareja, la comunidad de vida en todo su sentido interpersonal en el desarrollo y crecimiento social prescindiendo de vanas sacralidades. La responsabilidad civil de la sociedad entonces no puede recaer en manos de colectivos ajenos ni de solitarios. La familia humana no solamente es un núcleo generador de vida sino fundamentalmente generador de amor y por ende miembro absoluto del “Contrato social”. La mujer soltera con hijos adolece por un lado de la presencia paterna. En estas condiciones, los niños aunque reciban todo el apoyo, el cariño necesario y educación, teniendo en cuenta el aspecto psicológico como lo hemos analizado más arriba, les afectará sobremanera en el efecto emulativo que condicionará su enlace futuro social con respecto a formalizar con otro el affectio convivencional. Las llamadas familias monoparentales (compuestas por un solo progenitor) provenientes de rupturas de pareja, aumentan el riesgo de pobreza o bien resultan un fracaso en la educación final de sus vástagos. Si consideramos a la mujer soltera con hijos una familia núcleo no sólo se produciría una fisura en la unívoca concepción, sino que además la familia se tornearía en relación a la filiación materna y fundamentalmente se reniega de plano la paternidad y se obstaculiza la posibilidad del hijo en cuanto a saber, relacionarse y educarse con su padre, un legítimo anhelo de paternidad como lo es naturalmente el anhelo de maternidad. La mujer soltera con hijos, el hombre viudo o la mujer viuda con hijos, deben retornar y permanecer dentro del hogar familiar del que proceden, consanguíneo o por adopción o según sea un hogar familiar sustituto donde el niño pueda crecer y valorar la relación de los adultos o seguir valorándola hasta cumplir la mayoría de edad. Los niños huérfanos o abandonados no pueden alojarse en hogares colectivos sino en hogares de familias. De esta forma, los niños siempre son miembros de grupos de familia efectiva que favorecerá la educación y la inserción en el mundo social de los adultos. En cuanto a las consideraciones civiles del Contrato social, las personas viudas no pierden su condición de miembros por cuanto el hecho imprevisto u ocasional le acaece ajeno a su voluntad ejercida en su momento, en tanto los padres de hijos en adulterio quedan fuera automáticamente de su conexión con el “Contrato social” independientemente de su pareja en matrimonio, obviamente por las circunstancias de grave incertidumbre y riesgo social en la que queda anegada la prole en cuestión. Debemos diferenciar y no confundir el modelo núcleo familiar con el grupo familiar. El grupo familiar está asociado a la herencia genética directa o indirecta en línea colateral especialmente en caso de los niños adoptados: tíos, sobrinos, abuelos, cuñados, hermanos, etc. independientes del status o núcleo familiar que conforma cada uno de ellos. |