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CAPITULO XXIV

Santo Tomás de Aquino, advirtió en su momento sobre el libre albedrío La facultad de elección, aún por sobre los instintos, a pesar de ellos. En apariencia, esta acción parece ligada a un acto de libertad. Decía Séneca que –“… Libre es quien vive como desea aquel que no puede ser coaccionado, impedido violentado… ¿Acaso alguien quisiera vivir jamás, sufriendo, temiendo, suplicando, envidiando, deseando sin lograr satisfacciones, aspirando y cayendo?. Nadie. Pero ¿acaso existe un solo necio que viva sin sufrir, sin tener, sin caer, sin alcanzar la meta?. Ninguno. No hay, por consiguiente, nadie es libre… Las cosas son de dos maneras, algunas depende de nosotros, otras no. Depende de nosotros la opinión, el movimiento de nuestro espíritu, el deseo, la aversión. En una palabra, todas aquellas cosas que constituyen nuestros propios actos. No dependen de nosotros: el cuerpo, los bienes materiales, la reputación…, en una palabra, aquellas cosas que no constituyen nuestros actos. Las cosas que dependen de nosotros son libres por naturaleza no pueden ser impedidas ni detenidas. Aquellas otras en cambio, son débiles, esclavas, sujetas a impedimentos y por último ajenas a nosotros… Recuerda, pues, que si tomas por libres aquellas cosas que son esclavas por naturaleza, y por tuyas la que son ajenas, te sobrevendrán continuamente obstáculos tras obstáculos, y te hallarás afligido, turbado… Por el contrario, si no tomas por tuyo sino aquello que verdaderamente te pertenece y consideras ajeno lo que realmente pertenece a otros, nadie podrá jamás coaccionarte nadie podrá obstaculizarte, nadie podrá dificultarte, no te quejarás de nada, no causará a nadie, no tendrás ningún enemigo, nadie te dañará, pues que, en efecto, jamás recibirás daño alguno…”-

Pues bien, hasta la simple opinión podría ofender a alguien aunque dependa de nosotros. Algún deseo podría convertirse en vicio y la aversión es fuerte cultivo del miedo. Y está claro, que para Séneca, no hay ser libre, o bien la libertad constituye un hecho sufriente.

La libertad es un Bien, y por Bien, todo lo que se anhela con libertad es un Bien. Si se desea actuar, aun contra de si mismo, sin molestia a tercero, con un mal, un vicio, un deseo intrascendente, o cosa alguna que no esté aparentado con un bien, eso sólo es una conducta individual que nada tiene que ver con la libertad.

Un hombre libre es aquel que puede ser lo que debe ser por naturaleza. Y el ser humano es por naturaleza social, y el acto social, es la familia, el amor. El bienestar familiar es un anhelo de libertad. La educación es un anhelo de libertad. El conocimiento es un anhelo de libertad. La fe es un anhelo de libertad.

Que libertad es esa de obligar a un niño a que ame su libertad, someterlo para que ame a

su prójimo o castigarlo para que sepa respetar. El amor es algo subjetivo y natural. Si no hay amor no hay libertad ni justicia ni respeto. No sometamos al amor y todo se dará por añadidura.

La libertad está ligada al hecho de justicia y ellas a la concepción familiar. Un valor de actos subjetivos, porque por ese anhelo que concretamos en el hogar, es que aseguramos el respeto, la solidaridad, el cariño de unos a otros y lo trasladamos objetivamente en amor a la Patria y universalmente amor a la humanidad.

Es posible que haya quienes tengan pretensiones enfermizas como querer ser un perro, un gato o un águila, culturales como los Robinsón solitarios o colitas etoile y los abusos de la cirugía estética.

 “La paridad entre pares”, parafraseando a Aristóteles, es precisamente la paridad entre familias, pero el maestro aclaraba además sobre la imposibilidad de “la igualdad entre desiguales” en relación a la individualidad. Nuestro mundo no es un mundo de individualidades sino de pares sociales ligados por un sentimiento.

Tal vez sea posible que un engendro conviva con nuestros genes. Algunas aves dejan sus huevos en nido de especies distintas para que aquellas la empollen y alimenten hasta su adultez. Cuando esto ocurre, las crías verdaderas fallecen rápidamente por inanición. Algunos insectos depositan sus larvas en el lomo de otros insectos y estas se alimentarán al poco tiempo del cuerpo vivo de este último en forma lenta de manera tal que la muerte del infortunado coincide con el desarrollo total de las crías usurpadoras.

Los principios humanos no están en los vicios ni en los engendros sino en el propio recinto de la humanidad. Los comportamientos y conductas en la interrelación entre personas han cambiado, es cierto. Los métodos de comunicación, los nuevos artilugios de la tecnología y la accesibilidad masiva a ellos han producido nuevas actitudes y modales humanos. Hoy como nunca se puede hablar, criticar, opinar; pero también se puede mentir, presionar, engañar. La información y el acceso al conocimiento son tan prolíferos que es difícil evitar como antaño se evitaba hacer conocer lo que no era conveniente para un grupo hacer conocer.

Hasta el estado más poderoso del mundo, Estados Unidos, que maneja y manejó los medios de comunicación, no logró detener el flujo de información que se generó y se genera por Internet desde el mundo árabe, antes, durante y después de la guerra en Irak.

La libertad de expresión es la que ha irrumpido con vehemencia a pesar de los sofisticados intentos de penetración cultural dirigida, que también seduce a muchos bobos, ignorantes o débiles de espíritu. Las otras libertades y principios en estas repúblicas permanecen sepultados. No obstante, la naturaleza humana obliga. El arraigo, el conocimiento, el apego, el amor; los sentimientos y la familia siguen siendo principios y valores humanos incólumes, conciente o inconcientemente, afloran sin que muchos dan cuenta del porqué, contrastando lo que la cultura del mercado impone con sus efectos negativos psicológicos que producen, como el estrés o la angustia.

Sin el desarrollo del apego y el arraigo el hombre tiende a bestializarse y las sociedades no deben ser como muchas son, sociedades de bestias, esclavas de su propio infortunio, violentas o disciplinadas con violencia.

No sólo con dogmas y razón se hace el hombre, que no es una providencia obligatoria de inclinaciones de moral que dicen venir paradójicamente del conocimiento o del más allá o instituciones dogmáticas. El hombre es un ser con sentimientos que desarrolla en el seno familiar, donde sus actitudes naturales de sociabilidad, de amor al prójimo se alimentan de cariño. Y por esta razón además, no deben aislarse a los huérfanos del apego que deben desarrollar. La moral de la familia, es la moral social.

Buscar los principios de eticidad o moral y valores sociales fuera de la forma y figura familiar es el error más significativo del pensamiento humano, que aun intenta, a veces con buena voluntad, corregir los desmanes sociales de nuestra época. Pero de principios falsos los resultados son falsos aun cuando se proclame la libertad, igualdad y justicia. Las sociedades continuarán siendo robotizadas y la felicidad una panacea, confusa como algo que se alcanza con una pastilla o con dinero para comprar un rato de promiscuidad. ¿Qué es aquello que se dice, sobre libertades individuales? El hombre es libre en virtud de su sociabilidad no de su soledad. Cuando me refiero a la soledad me refiero a la soledad absoluta no circunstancial.

En una isla desierta, un ser podría convertirse en el individuo más “libre” del universo y aún así estaría sujeto a los dictados de su entorno, de la naturaleza y de la cadena alimentaria. Su libre albedrío debería regirlo para elegir el bien, abrigarse en tiempos gélidos y buscar la sombra en días de mucho calor, mantenerse sano y salvaguardarse de sus enemigos naturales. Ejercitar su cuerpo, ser ágil para su propia conservación y defensa o para perseguir su presa. Sería rey y al mismo tiempo esclavo de sus decisiones. Y dónde buscaría justicia… ¿en un rayo?, ¿en la lluvia?... ¿en un león?...

Este supuesto sujeto solitario sería un engendro, un ser dirigido hacia nada, híbrido, sin genética futura. La libertad de un ave nacida en cautiverio está en el entorno de su jaula y sólo franquearía ese límite por una sola razón, una única razón empujado por su necesidad social, buscando o encontrando su pareja. La virtud del ave es poder volar en su territorio (su entorno natural), alimentarse, huir de los depredadores, y fundamentalmente anidar, cuidar su prole y alimentarla.

¿Cuál es la virtud del hombre? ¿Qué cosa lo hace digno? ¿Es una virtud, o dignidad, aquella pretensión de perseguir los vicios a antojo por una cuota de hedonismo?, ¿es una virtud, o dignidad, aquello de abusar el contrapelo de su propia naturaleza? La virtud del hombre es su inteligencia y la búsqueda de conocimiento y esta virtud es tan importante como la virtud de su sociabilidad, formar un hogar, cuidarlo, educarlo, hacerse digno a si mismo y hacerlo digno a su familia. Dignidad en cuanto a la dignidad de su propia familia y todas las familias.

La libertad es el ansia que empuja a requerir la dignidad propia o ajena. La libertad es un bien. No es aquello que por individualismo conlleva al caos o al desorden donde cada uno hace lo que quiere. El caos y el desorden no son virtudes y la libertad supone no engendrar males, sino virtudes.

Entonces la libertad no puede estar ligada a una impresión individual caprichosa o no caprichosa, sino que es la permanente búsqueda de la dignidad humana. La social, por cuanto en soledad el hombre es un partido, una mitad inconclusa. Una actitud del yo hacia lo ello, esa es la libertad. En el nosotros está la libertad. En la actitud que induce a la armonía, el orden social y el conocimiento; la dignidad del yo, que es propia además de los ellos. Y la dignidad de las personas está imbuida en la dignidad de la familia.

No somos indignos porque nos pescamos un resfriado, o porque una tormenta arruinó nuestra cosecha, o porque un perro furioso quiso atacarnos; pero si lo somos, en cuanto al otro humano que intenta coartar o coarta nuestro desarrollo familiar, eso es lo que nos humilla sobremanera.

Si bien la dignidad tiene un sentido subjetivo alimentado por una cultura que le ha hecho creer al hombre que ir a la guerra es lograr la dignidad; que la adquisición ampulosa de lujos y placeres; el dinero, es en definitiva el fin de sus virtudes; pues no tendremos más de lo que ya tenemos; zopencos humanos llevando a cuestas sus estrés o angustias que la naturaleza les cobra a cambio de su insaciabilidad.

La dignidad se mide desde el yo con respecto a los ellos. La naturaleza puede ser causa de muchos infortunios humanos. Pero es el infortunio que nos causan otros humanos lo que nos produce humillación. Los sistemas sociales humanos nos causan humillación en un mundo donde todos viven humillados, con codicia, con violencia, con promiscuidades, atesorados por una cultura que paradójicamente, dicen, nos lleva a la felicidad.

¿Es acaso un homosexual digno de su homosexualidad? Las inclinaciones sexuales como las enfermedades, no hace ni deshace la dignidad. El hombre es virtuoso en ser lo que es y lo que debe ser; un ser educado, social, inteligente y de conocimientos.

Como ser social, imbuido de amor, el hombre, la mujer tienden a la armonía de su hogar, al cuidado y desarrollo de sus hijos. Como ser inteligente y de conocimientos tiende a pronunciarse en la filosofía, la moral y las ciencias. Lo justo, la justicia, deriva de esa dignidad humana. Lo injusto es socavar en cualquier punto esa dignidad.

La libertad sin justicia no es libertad, Libertad es la búsqueda del ámbito de aquello por lo que el hombre busca su dignidad, la dignidad verdadera. La igualdad es que todos por igual tengamos las mismas oportunidades para ser dignos de nosotros mismos.

Un enfermo, un discapacitado, contingentemente; una mujer, un hombre, un niño, un anciano, capacidades físicas o intelectuales, nos hacen desiguales. La fe religiosa, la cultura, el lugar de nacimiento, igualmente se adosan para hacernos diferentes y sumada la personalidad de cada uno. Cada ser es un ente sui géneris.

De qué manera entonces la igualdad y justo para uno sería igualdad y justo entre otro desigual. Aristóteles, hasta diferencia un rico de un pobre. Pero la igualdad, como la libertad y la justicia, no son principios individuales, sino sociales, y el pleno bien social, es la familia. Son los miembros adultos de la familia los que gozan de todo contrato social. Y así debería ser por cuanto, esos, los plenos, les son dados por su bien humano.

La igualdad, la libertad y la justicia, son bienes sociales, que provienen del bien social, la sepa de la sociedad. Los que están fuera de la familia, son desiguales evidentemente, por cuanto no están inclinados hacia la naturaleza de la sociedad, aunque vivan de ella.

La familia proviene de una pasión humana, pero no cualquier pasión, sino del amor desde las fibras del alma humana. La igualdad debe estimarse entre las dignidades familiares, no entre individuos, aunque las prerrogativas recaigan entre miembros sociales.

Si las sociedades humanas no pierden de vista su origen la humanidad tendrá nuevas oportunidades. Si las sociedades no son más que sociedades de dioses y demonios, pues enteramente seguiremos en el infierno. Con estas debilidades y viviendo de estas debilidades, la propuesta es un hombre santificado que más que gozar de la vida debe gozar con la muerte. Shopenhauer pensaba, tomando las prácticas ascéticas del budismo y del cristianismo la idea de una automortificación, sobre que debemos inspirar aquello que toda existencia está llena de sufrimiento y de miseria y que la raíz de la existencia es la lucha y el dolor, por lo tanto no tiene sentido el optimismo que mueve en el hombre la voluntad de vivir -“lo que hay que aniquilar”- dijo –“…es la voluntad para la vida…”- Qué libertad es esa que destina vivir negando la propia naturaleza de lo que uno es.