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Momentos de nuestra historia, en que fue virtuoso tener muchos hijos varones, no por una cuestión de la naturaleza humana, sino como un “bien social” imperativo en el uso de las armas. No era digno que el primer hijo fuese mujer. Y precisamente durante siglos y aun en la actualidad persiste esa concepción de diferenciación del sexo. No hubo griego ni romano ni renacentista ni filósofo de la época ni revolucionario francés que trazaron los principios de república, que redimiera el falso concepto del Bien y lo que es utilidad circunstancial, como aquel disparate de hijos varones disponibles para el “patriotismo” de las armas y las niñas relegadas al rol de ama de casa entre libertades, justicia y derechos. Virtuoso para los socráticos era el que entendía perfectamente de su oficio en relación a los que se dicen ser y no saben lo que son. Para los fundamentalistas religiosos, el virtuosismo es más supremo, ungidos de fe deben santificarse en la tierra. La virtud encendida de Sócrates, que era activa, entreveía el vicio, tanto como luego fueron los cristianos, los socráticos habían descubierto al mundo lleno de tentaciones y vicios. Nuestras sociedades han oscilado entre grandes ideas, algunas buenas intenciones y fundamentalmente arrebatos místicos y paroxismos escandalosos de la fe. La carne, la materia como pecado, hasta que surgió la idea ya trabajada por los helenos, la de los contrarios y a Dios único, no habiendo dioses perversos más que paganos, se le encontró el otro extremo, el diablo, al que había que eliminar de cualquier forma. El vicio resultó buscar a Dios a través de matar diablos con cruzadas, hogueras, y no hicieron más que matar gente... Montaigne, decía que para subsistir hay cosas naturales y necesarios como el comer y el beber… y naturales no necesarias como el ayuntamiento carnal… y otras ni naturales ni necesarias como el aderezo de nuestras cocinas y tal vez hubiera mencionado “alguna bebida cola” de conocerla. Indicaba además el francés, que ni tampoco las añadiduras que hacemos a los apetitos amorosos no es asunto natural. -“… nada admirar Numicio, es la sola manera de alcanzar y conservar la felicidad…”- aconsejaba el viejo Pitágoras. Licurgo apreciaba en el robo la destreza, a la par que consideraba que cada uno debía practicar con cautela y celo la conservación de sus bienes y merced a este ejercicio de víctima y victimario se obtenía un buen fruto para la disciplina militar. Protágoras estimaba que la verdad para cada uno era lo que a cada uno le parecía, mientras los pirrónicos dudaban que las cosas fueran una u otra. Cicerón afirmaba: -“Cada uno debe atenerse, de modo particular, a las características no viciosas, pero sin embargo propias de él, para realizar más fácilmente la conveniencia que perseguimos, en efecto, es necesario obrar de tal manera de no contrariar en absoluto a la naturaleza universal y, sin embargo, aun respetándola, seguir la nuestra, por lo cual, aunque haya otras de mayor peso y mejores, podamos, sin embargo, medir nuestros esfuerzos con la regla de nuestra naturaleza, pues necesario no contrariar a la naturaleza ni perseguir ningún fin que sea inalcanzable. De lo que surge mejor lo que no es conveniente, pero eso que nada nos conviene, si repugna al alma (invita Minerva), es decir, si se contraria y repugna a la naturaleza. Pues, como en todo acto particular buscamos nuestro oficio partiendo de la naturaleza originaria de cada uno, así se debe tener mucho mayor cuidado al establecer toda la vida, para poder hallarnos de acuerdo con nosotros mismos durante toda la vida, y no cojear en el cumplimiento de algún deber….”- En el siglo XVIII, Helvétius y los utilitaristas, basaron su ética en el principio de la satisfacción del interés individual. La finalidad del comportamiento humano, afirmaban, es gozar al máximo placer y evitar el dolor. No se trata de eliminar las distracciones y entretenimientos o goces cotidianos. Se trata de establecer el límite, el abuso. El vicio, aun el menos incidente en la salud o conducta, avala todo vicio. Pues a la corta o a la larga es permisivo al otro y al otro y al otro. Y aunque el vicio tenga origen individual, generalmente provoca daños a terceros. Es pues una dificultad social. La sodomía ha convertido a los pueblos en brutales y caóticos finalmente esclavizados fácilmente. La familia como eje social, principio que jamás fue sometido a la tortura de contradicciones. Fueron enlutadas sin embargo por los propios hacedores de la república, de las democracias, Platón y luego Jean Jacques Rousseau (convencido que –“…La más antiguas de todas las asociaciones y la única natural, es la familia…”-) proponían hijos comunes con paternidad estatal, obviando inconcebiblemente hasta la razón de los sentimientos humanos, los sentimientos de amor hacia los hijos y de estos hacia los padres. Los peripatéticos tenían mucho en cuenta la honestidad, pero su idea de honestidad, era no hacer al descubierto lo que se hace encubierto. Los estoicos no desaprobaban absolutamente nada que pudiera hacer una criatura humana. Diógenes se masturbaba públicamente, alegando a quienes los miraban, que lamentablemente no podía hacer los mismo frotándose el vientre para saciar el hambre. Se le preguntó a un sabio a quien se le sorprendió en el coito, qué era lo que hacía y este respondió -… sembrando un hombre…”-, sin sonrojarse más que se lo hubiese sorprendido sembrando ajos. Ya Ovidio indicaba como hecho aberrante que –“la becerra se entrega sin vergüenza a su padre; la yegua satisface los deseos del caballo que la engendró; el macho cabrío se une a las cabras concebidas por él, y el pájaro fecunda al pájaro al que ha dado el ser”… La ignorancia juntó adeptos más viciosos. En un mundo de cirenaicos, enfrentamientos de ideas, modelos conceptuales, adoctrinamiento religioso, no es absolutamente una extravagancia que muchos se inclinasen por creencias más sutiles como, las fábulas adivinatorias, las sectas con extraterrestre y los horóscopos que ganan prestigio porque sus pronósticos como el de las Sibilas, ingeniosamente responden satisfactoriamente las respuestas a las necesidades de sus clientes. Con la invención del Diablo el mundo de las ideas y del pensamiento libre se precipitaría, a fuerza de persecuciones, asesinatos, violaciones y hasta guerras bajo la bandera de la espiritualidad. Hobbes lo concibió oportunamente, el estado del hombre contra el hombre, todos contra todos en un mundo donde el heroísmo se caracteriza por semejarse a un ave rapaz: Leviathan. En cuanto a ideas, los debates de los viejos filósofos aun siguen en las discusiones de los pensadores modernos. Unos dicen que el bienestar está en la voluptuosidad, otros en la ciencia, otros en la privación del dolor, otros están convencidos que hay que dejar obrar a las divinidades que saben lo que nos conviene, otros sugieren el cielo por lo que hay que santificarse en la tierra, otros en no hacer absolutamente nada. |