Capítulo 26: NO PUEDO ASEGURAR QUE EXISTEN PERO QUE LAS HAY LAS HAY
No faltó quien criticara las barbaridades que obran en este libracho, dicen, me dijeron, que el tipo en los after hours, era el prototipo de garca. Y quién no lo es en el fondo, o a media superficie si las circunstancias así lo ameritan. Lo cierto es que todo hombre solo, va transitando distintas etapas o estadíos a medida que pasa el tiempo y se van asentando los cambios, se van curando las heridas, definiendo los objetivos. Pasada entonces la época del levante sin contenido, usted va necesitando una mujer inteligente, que lo haga recuperar el sentido de la palabra pensada, motivarlo a decir cosas que tengan algún valor para usted mismo, también la posibilidad de ver una buena película juntos, que lo acompaéen al teatro, o a ver Ópera, y no tanto Cirque du soleil, que aunque sea fashion, no es más divertido que los circos a los que nos llevaban en la infancia, donde los payasos vend&iiacute;an garrapiñadas en el intervalo y los trapecistas nos habían entregado la entrada en la ventanilla; pero esas ya son otras disquisiciones que no vienen al caso ahora, o sí?.
Pero dónde están las mujeres inteligentes, porque aunque a veces uno tenga dudas, que las hay las hay. Veamos entonces escenarios posibles donde hallarlas. No seguros, no se haga falsas ilusiones.
Que me dice de los talleres literarios. Cuando deambulaba por esos sitios, se sosten&iiacute;a la premisa de que, los que lo organizaban o mejor dicho, los daban, lo hacían con el único objetivo de levantarse minitas. Eso déjenme decirles es absolutamente cierto, yo lo hice y debo reconocer, con el resultado esperado. Pero veamos qué sucede con el que concurre a un taller. Compite acaso con el que lo dirige? Sí, amigo, anímese, las mujeres asisten a esos sitios únicamente para buscar un tipo, alguien dulce y sensible, que se abra el corazón delante de ella y escuche cuando ella hace lo propio. Nunca la escucharon, y ahí está usted para hacerlo, para conmocionarse y si puede incluso hasta las lágrimas con ese poema que chorrea gratitud y barroquismo, o una sublime sensibilidad, ambas cosas son posibles, y le indica el atajo hacia su ser íntimo. Es decir, para usted la llegada hasta su almohada o quien le dice a un porche donde charlar sobre vientos y mareas una noche de enero.
Otro grupo de pertenencia que les gusta (a ellas) son los talleres de pintura. Me decía mi amigo Gabriel, que se anotó en uno porque un amigo le dijo que el primer día te hacen pintar a una modelo en bolas. Claro, dije, el anzuelo perfecto para giles como nosotros, que no podemos dibujar un cartel de prohibido estacionar sin hacer un mamarracho y que vamos a ponernos frente a un caballete, con un lápiz o carbonilla en la mano y a mirarle lo que nos deje ver la modelo, sin saber por dónde empezar la tarea y tratando de que, si nos llega a acontecer un crecimiento corporal, no sea evidente a la vista de los compañeritos de clase.
Al final -me dice mi amigo-, como sin querer, todos los pintores como él, se iban acercando subrepticiamente a la modelo, como acecha un leopardo a su víctima, para preguntarle si podía ir a la oficina que había detalles del dibujo que quisieran perfeccionar. O si no la hab&iiacute;an visto en alguna pintura en el Museo de Bellas Artes, porque jurarían que es idéntica a la mujer de un cuadro de Pettoruti aunque claramente la modelo tiene 20 añitos y Pettoruti murió en el 71, pero tenga en cuenta que ella tampoco tiene idea de lo que le habla, le dan asco los viejos verdes que la acosan cuando termina la clase y que solo lo hace por unos míseros pesos que le servirán para pagar el alquiler de una pieza en Almagro, que comparte con un novio que la engaña y que tiene el físico de un luchador de 100% lucha (qué... pensó que iba a decir Titanes en el Ring? Ahí eran todos gordos). A la tercera clase, usted percibirá que los concurrentes son todos señores de su edad, que no hay una sola mujer, que también lo están mirando a usted y que se arrepienten de haber ido, sobre todo cuando deciden que esa es su última vez, casi simultáneamente con el aviso de la profesora de que la próxima clase, van a pintar una naturaleza muerta y la siguiente ya viene un modelo masculino (ahí debe ser cuando van ellas). El negocio está perfectamente pensado y empieza una nueva rotación de solitarios babosos como usted que buscarán nuevos horizontes. Ahí entonces no están las inteligentes.
Pero sin descartar el arte, un buen circuito es el de las Gallery Nights. Una verdadera paquetería de un nivel altísimo y con la elegancia que usted se merece. En el mismo nivel están las degustaciones o los cursos sobre vinos que están diseñados para nuestra patología. Sí, no se me ofenda, que si lo piensa bien no podrá negar que usted está un poquito raro, por decirlo de algún modo. Quiere que le diga algo? La mujer esa que estamos buscando -y que a esta altura pienso difícilmente exista-, va a llegar cuando uno menos se lo espera. Pedro, el diseñador de la tapa de todos mis libros, lo volverá a afirmar una y otra vez, cuando estemos ambos sentados en algún bar de Saavedra, su barrio querido, frente a una cañita Legui y el brindis que todo caballero debe realizar al menos una vez al año, nasdarovia y por las mujeres, lo más lindo que hay en el mundo para mirar y tocar, y por supuesto seguir buscando la nuestra, la que aunque no sea tan inteligente como pretendemos, nos sepa aguantar. Y si me permite, terminaré con un poema de mi próximo libro de poemas. Sí, que creía, que sólo escribo esta porquería? Además escribo otras:
PIEDRA LIBRE: EL/LA TIENE
Cómo querés tenerme? Encontrarme? si yo a ella no la encuentro. TT
Ella es una parte de mí que reconozco pero no siempre entiendo
Ella es invisible cuando quiere y desnuda sus ojos a las nubes claras
Ella te dice "teneme" y no te alcanzan las manos
tenés que inventar un estadio con tus dedos
levantar estatuas de bronce y ébano
decir el amor en todas las vocales
Ella es inencontrable pero asequible
tiene un andar de libélula rota
alas de cocodrilo y vestidos de lana blanca
En los países de espejos, en las calles de piedras aniñadas
ella desboca su palabra con alegría de té con tostadas
Ella reduce sus pies a besos, tiene labios de cartón fungible
pedacitos de estrella en la mirada
Ella tiene un corazón de columpio
que late arco iris
al ritmo de una melodía desprevenida que la canta
Ella tiene sus hábitos de mariposa en escalera
ritos de amores ineludibles razones de espada
Ella dice no encontrarse porque no sabe que la tengo yo
en la jaula de mis párpados
escondidamente dulce
hasta que despierte su canción de viento
y baile abrazos de grillo, barriletes, y le salga miel de sus escamas
Ella pretende escaparse, intenta escaparse, sueña
y yo que soy tan ella a veces
me la quedo mirando en la tierna espera de su florecimiento
de sus primeros pasos convertida en sí misma
en su medio mundo, en su media caja
y yo le traeré a ella, unos zapatos azules
una sonrisa plana y este poema que habla de esa parte mía que es de ella
que no sabe que quiero tenerla así como sea que sea
encontrarla pero sin inventos
gritarle suavemente
acá estás,
acá estás,
acá estabas.