Capítulo 20: LA PIZZA FRIA DE TU PIJAMA PARTY
Hay algo que uno tiene que saber, si es que no se lo han dicho aún, la mujer, cualquier mujer sin excepción, se queda a vivir con el hombre de su vida. Se pasan todo el tiempo proclamando la búsqueda como único fin y objetivo, y finalmente, si lo alcanzan, lo detectan, deciden que prefieren sufrirlo, verlo partir, extrañarlo, encontrar alguien que las consuele, por la dudosa pero firme decisión que tomaron al deshacerse de él, de no quedarse a su lado y óígalo bien, “ser feliz con un hombre” que bien podría haber sido Usted. El famosísimo príncipe azul, es solo un bluff de su maquiavélica mente. Un ídolo marketinero de la nueva filosofía femenina neomachista, que es a los ojos de cualquier hombre un tarado maricón.
Y si me permite la digresión, me acuerdo de aquel poema que le escribí a aquella hermosa peronista que me salvó de una caída al vacío:
LA TRECEAVA REVELACIÓN ( Se me cayó la autoestima )
Me dejaste abajo de un farol
Juan Gilberto
Soy el premio menor,
la equivocación manifiesta,
el príncipe pálido,
la pizza fría de tu pijama party,
Soy el pelotazo en contra,
el problema mismo,
el garrón engangrenado,
el último orejón del tarro sin dulce
la resaca.
Soy el separado, el disgregado, el descosido, el descamado,
el pozo vacante,
la pesadilla hueca,
la regla confirmada,
el metáforo pinchado,
el deprimente, el depresor, el deprimido de pomelo.
Soy de Ferro verdolaga, soy poeta, ave negra, manosanta.
Soy la peor de todas...., el peor de todos,
la peoranza.
Pero aproveche Ud. señora,
cómpreme un número por favor,
me queda el 13 y me gana,
aproveche, ya que el día en que la palabra y el corazón tengan valor,
los poetas naceremos pinguinos,
y nadie, pero nadie, ama a esos bichos.
La poesía siempre me auxilia.
Y a los hombres, qué nos pasa con estas confesiones, si esas, las confesiones de los momentos de llanto y convulsión, las del instante más sagrado de su vida, cuando con lágrimas en los ojos, nos miran y nos dicen en palabras, tono, complexión y compostura meditada, exclusiva, “sos el hombre de mi vida…”. Dicen. Que para qué lo hacen?, es simple, para generarnos confort, culpa y sobre todo duda. Y qué logran? Cierta satisfacción, modestia, y duda, ese objetivo lo logran y con creces. Son sinceras eso nadie puede dudarlo, pero son irreductibles, se aseguran del logro, de saber que no se equivocan, tienen que estar seguras de que encontraron al hombre, necesitan saberlo, de otra manera su objetivo no se cumple y no descansan hasta hallarlo.
En cambio en otras circunstancias y con un tono de más constricción y con una serenidad inconcebible para el tenor de la reflexión te confiesan en tono de amiga como me dijo la Salomone: Me compré una bicicleta y me cambió la vida. Así son, absolutamente incomprensibles y absurdas. Devastadoramente locas y hermosas.
El tema como podrá observar, es el del gran dilema que tenemos, en tanto que desde nuestra costilla, nacieron estos monstruos que nos asustan. Debemos acaso tratar de entenderlas, por contrapartida hacer que nos comprendan? O es acaso esta una utopía ridícula, que nunca llegará a consustanciarse.
Optemos por nuestra mayor virtud, a la hora de tomar las decisiones importantes de la vida. Que cuál es? La espontaneidad y lo mejor para nosotros, si claramente, miles y miles de veces hicimos lo debido, lo forzado, lo que suponíamos que ellas querían y de ninguna manera resultó. Es más, todo lo contrario, cuando hicimos lo que creíamos ellas esperaban de nosotros, aquello con lo que nos ganaríamos sin dudas un premio, un bonus track a la hora del amor, la confianza, todo redundó en fracaso, en un rotundo “así no, así no”, como dice la Legrand, cuando vos querés, cuando te conviene, siempre pensando en vos, siempre vos, el único que importa, quien te creés que sos, hubiera preferido … No me diga nada, el gesto lo delata, se siente representado, no creía que esto nos pasara a todos, verdad?, creyó que a usted solo le pasan estas cosas. Pues ya ve que no, que las muy perras (perdón por el exabrupto pero me salió de atroden) siempre se salen con la suya y nosotros terminamos pagando altos precios simplemente por querer complacerlas y denserio que eso queríamos. Bueno, entonces a fuerza de aprender de los errores cometidos y en eso convengamos que somos los campeones del mundo, vamos a cambiar en lo sucesivo, es decir para el futuro. Haga lo que le sale y en lo posible lo que ella no espera, sea impredecible. Ellas nos ponen siempre el mote de predecibles, y nunca más le diga, esto lo hago por vos. Agazápese, espere, acumule paciencia, deje que le pidan lo que quieren, aprenda a advertir qué lo que insinúan, es lo que desean fervorosamente, resígnese a la aspiración de convertir su ámbito en un principado. Sea el Bernardo del zorro para ellas y quien le dice entre ambos encontremos la fórmula para pasarla como queremos, merecemos, y cante como lo hacen los mexicanos “yo sigo siendo el rey” .